Estaba hecho.
Estaba física y moralmente agotado, pero estaba hecho.
Las agujas del dolor se le acercaban pero las contenía tercamente, del mismo modo que la muggle contenía sus lágrimas.
Metódicamente, se había reunido con todos y cada uno de los profesores de Hogwarts borrando de su mente todos los recuerdos de la muggle.
En los Carrow había implantado el recuerdo falso de verla enferma y moribunda, para tener una coartada en el caso muy probable de que el Lord preguntara por ella.
En unas horas, había desaparecido.
Entró en el cuarto. Aún olía a ella.
Una abrumadora tristeza se instaló sobre sus hombros.
Recorrió la estancia con la mirada, viéndola en cada detalle de la habitación, en las cientos de cosas que ella había cambiado: el rincón en el que desordenadamente trabajaba con sus pociones ("Tenga cuidado con como coloca los ingredientes, puede confundir componentes peligrosos". "Nah, señor Snape, me daría cuenta al abrirlos, los peligrosos tienen olores repulsivos". "Esos los marco yo para los alumnos, en la naturaleza, o en las tiendas, no huelen así", "Pero qué listo que es usted".); la cama, que el mantenía pulcra y ordenada hasta la hora de acostarse, perpetuamente deshecha, las sábanas revueltas que Winky cambiaba metódicamente todas las mañanas; flores... había flores en la habitación y no las secas que él usaba para sus pociones, flores primaverales de este cálido abril que había vuelto a ser enero de repente; los botes de champú y jabón con aromas nada varoniles; los libros que leía; apuntes... si es que a esa enmarañada letra se podía llamar apuntes... Pareciera que hicera cien años que faltara y apenas unas horas hacía que la había tenido envolviendo su cuerpo.
Snape suspiró.
Un trozo de tela blanca desgarrada gritaba desde el suelo. Snape recogió la prenda. ("¿Cree que el suelo es lugar para dejar la ropa?". "Puede recogerla cuando quiera") Distraidamente se la metió en el bolsillo.
_Winky_ llamó.
Con más pesar que a ninguno de los otros, Severus alteró los recuerdos de la elfina.
Podía haber inventado una conmovedora historia que mantuviera a salvo su recién recuperada salud mental. Pero se sentía cruel. Ella no estaba. No estaría más. A pesar de que él se lo había hecho prometer a golpe de cadera. Y si él tenía que sufrir ese dolor... la criatura que tenía delante podría sufrir el suyo.
Con un gesto borró la salvación de la desgraciada criatura. Ya le pediría a otro elfo que retirara su ropa, sus túnicas ("esto resultaría mejor con una falda corta") Todo cuánto de ella quedara allí, desaparecería por la mañana (puede quedarse con mi alma para que le caliente por las noches). Eso a lo mejor era más difícil de erradicar.
_Dios...
Snape rió sarcásticamente. Hasta eso le había dejado.
Trató de reponerse. Esto no era como lo de Lily, ella está viva y a salvo. Viva y a salvo.
Él, era él el que se hallaba perdido. ("¿Hay pociones para curar el alma?". "Siempre podemos recurrir al método muggle").
Pasó la noche bebiendo, encontrándole el amanecer con una botella vacía en las manos que no había cumplido su cometido de hacerle olvidar.
Viviría por ella.
¡Oh, Dios, que sí lo haría!
Snape cerró los ojos...
Ahora no encuentro valor para morir.
Con el pulso tembloroso, apuntó su sien con su varita y extrajo un hilo plateado que quedó enganchado a la punta y lo vertió dentro de la botella.
Empezó por la despedida en la calle, y luego la despedida en su casa y uno a uno fué sacando cada pensamiento en los que ella aparecía, llenando la botella. Eso no haría que la olvidara, pero impediría que pensamientos y sentimientos tan intensos le paralizaran ahora que necesitaba estar más alerta.
Miró la botella y se vió reflejado, deforme y se dedicó media sonrisa asqueado de sí mismo.
Tenían razón todos.
Era un traidor.
Era un cobarde.
Encendió la chimenea.
Sacó la blanca e íntima prenda que había guardado en el bolsillo.
No pudo resistir la tentación de aspirar su aroma.
Luego las tiró al fuego y la miró obsesivo hasta que desaparecieron por completo.
