Capítulo 3.
No sé muy bien qué pensar de mí mismo. Para haber sido rechazado, la verdad es que estoy muy tranquilo. No sé, le pedí salir sin pensarlo demasiado, así que no estoy del todo seguro de haber esperado un sí realmente. Fue simplemente un impulso del momento.
Sin ninguna duda, la chica me gusta. Es preciosa, y muy divertida. Y saber que me ha rechazado porque ya le gusta alguien... vaya, curiosamente no me desanima, ni me ha sentado mal. Creo que incluso me gusta más ahora. Es una buena chica.
- ¿Cuándo te darán tu nuevo móvil? -Me pregunta Atsushi, ya en la habitación del hotel.
Está terminando de recoger con los dedos las migas del fondo de la bolsa de patatas que tiene en la mano, mientras yo recojo todos los envoltorios que ha dejado no solo en su cama, también en la mía. En fin, no me importa.
- En unos días, cuando estemos de vuelta en Akita.
Es una suerte que no use demasiado el teléfono, puedo vivir tranquilamente sin ese trasto. Claro que debe de ser una molestia para él tener que dejarme el suyo cada vez que necesito hacer alguna llamada. Aunque mis gastos no son ni por asomo tan grandes como los míos cuando le compro chucherías, y ya ni hablemos de lo que gasta él.
- Los partidos han sido interesantes, ¿verdad? -Pregunto como si nada, por hablar de algo. La verdad es que ver a los chicos de la Generación de los Milagros es algo impresionante. Me hubiera gustado poder verlos jugar juntos alguna vez. Sin embargo, no sé si yo me atrevería a jugar contra ellos. No me cabe la menor duda de que Taiga sí que lo haría. Él también ha estado increíble en el partido de esta noche.
- Ehh... no me apetece hablar de baloncesto ahora... Estoy cansado -Me responde, arrastrando las palabras y colocándose boca arriba en su cama.
Aun no es demasiado tarde, así que pensamos en ver alguna película. Claro está, no nos decidimos por ninguna. Atsushi empieza a ponerse nervioso, al ver que ya no le quedan más bolsas de patatas -fallo mío, no me había dado cuenta-, así que se levanta de mala gana y decide ir a darse un baño. No puedo evitar poner los ojos en blanco, pero sonriendo a pesar de todo. A veces me siento como una madre cuando estoy con él.
Qué película podría poner... una americana no, tendría que ponerla con subtítulos. Será mejor consultar la guía, a ver cuáles hay. Mientras pienso esto, distraído, oigo algo vibrar. Es el móvil de mi amigo, en la mesilla entre las dos camas individuales.
- ¡Atsushi, te llaman! -Le aviso, porque como no se de prisa perderá la llamada. No me responde, supongo que no me escucha por el ruido del agua.
Quien le esté llamando debe de tener muchas ganas de hablar con él, porque pasan los segundos y el móvil no deja de vibrar. Suspiro, y aunque no me gusta demasiado la idea, cojo el aparato para ver quién está llamando. Tal vez sea importante, a Atsushi no le molestará. Cogeré el recado para cuando salga del baño.
Oh. Vaya, qué casualidad. Una casualidad terrible que me encanta. No puedo evitar sonreír al pulsar la pantalla táctil para contestar.
- Mukkun, ¿por qué has tardado tanto? Ya me estaba poniendo de los nervios...
- Lo siento, Mukkun está ocupado en estos momentos.
- ¡Oh! ¿Eres... Himuro-san?
- Hola -Me noto la sonrisa hasta el punto de que sé que me va a doler la cara más tarde, pero no me molesta. Es genial estar de tan buen humor sólo por el hecho de escuchar la voz de la chica que me gusta. Sobre todo porque sé que empieza a ponerse nerviosa al hablar conmigo-. ¿Cómo estás?
- Bien, gracias... ¿Y tú? -Le respondo, y se hace el silencio por unos instantes. Es como si pudiera escuchar lo que está pensando. Pero parece que duda en si preguntar o no. Es curioso, por lo que Atsushi me ha contado de ella no es una chica tímida-. ¿Por qué tienes el móvil de Murasakibara-kun?
- Yo no tengo, ¿recuerdas?
Me rio, pensando en que soy un poco malo con ella. Sólo por este comentario sé que se va a sentir fatal, y que se disculpará de nuevo por romperme ese bendito aparato. La verdad, no me molesta haberme quedado sin él. Cómo no, Satsuki me pide perdón otra vez. Y otra vez, le digo que no pasa nada. Después nos volvemos a quedar en silencio. En fin, no nos conocemos y soy el chico al que ha dado calabazas hace unas pocas horas, es normal. Pero no quiero que cuelgue todavía.
- ¿Qué estás haciendo?
- Nada, antes estaba preparando mi habitación. Una amiga viene a dormir, ha ido a su casa a por algunas cosas.
- Vaya, qué bien. Pero, ¿ha ido sola? Ya es de noche, podría ser peligroso.
- Estará bien, Aomine-kun ha ido con ella.
Dice el nombre de su amigo con tranquilidad, ya debe imaginar que sé de sobra quienes son los miembros de la Generación de los Milagros.
- Menos mal -Digo sin más, pensando que con ese chico tan enorme su amiga estará segura, sin duda. Debe de ser esa chica con el pelo blanco tan largo que estaba con ellos durante los partidos de hoy.
Es una conversación trivial, pero bueno, me conformo con esto. Aunque parece intranquila. Me pregunto si habrá pasado algo. Tal vez por eso quería hablar con Atsushi. Pero es mejor que no diga nada, no quiero molestarla.
- ¿Y tú qué haces? -Pregunta de repente, sobresaltándome un poco. Debo de llevar bastante tiempo sin decir nada.
- Antes de que llamaras estaba pensando en poner una peli, pero tu amigo Mukkun no deja de decir que no a todas las que propongo.
Satsuki rie. Es una risa suave y tranquila, y se nota que procura no abrir la boca para no soltar una carcajada. Por un momento siento que la cara me arde, e incluso puedo oir cómo mi corazón late más rápido. Es increíble, el efecto que esta chica empieza a tener en mí. Le gusta otro chico, me ha rechazado, y ni siquiera sé si nos volveremos a ver una vez haya terminado la Winter Cup. Pero no me importa. Me gusta. ¿Qué más da si no llega a pasar nada entre nosotros? No es necesario, si puedo tener esto. Si puedo hablar con ella de vez en cuando, aunque sea por teléfono, aunque sea de cosas superficiales, ya me basta. En fin, nadie sabe lo que puede pasar en el futuro. Pero... por ahora, estoy bien con esto.
- Satsuki, ¿te parecería bien si te llamo mañana? -Me atrevo a preguntar, sin entender cómo es posible que sea tan atrevido. Tal vez suene engreído, pero nunca he tenido que pedir estas cosas a las chicas.
Oigo cómo se sorprende, y se queda callada. Empiezo a ponerme nervioso. No dice nada durante unos pocos segundo que se me hacen eternos, supongo que duda. A lo mejor está intentando pensar en la mejor forma de decirme que no, sin herir mis sentimientos. Bueno, si es así, mejor ahora y no cuando me guste tanto que pueda hacerme daño.
- Sí -Susurra, y siento que me da un vuelco al corazón. En principio creo haber oído mal, así que decido esperar a que siga-. Sí, me gustaría mucho.
Se me escapa un suspiro de alivio, y sonrío intentando no emocionarme demasiado. No dejo de sorprenderme por estas emociones, en el fondo aun desconocidas para mí. Es mucho más agradable de lo que me había imaginado.
Continuará
