Snape estaba sentado. Tenía la cabeza apoyada en la mano y su pelo caía ocultando su rostro. La voz de Lucius le sacó de su ensimismamiento.

_El Lord te llama, quiere verte.

Al fin.

De repente se sintió tranquilo. Mucho, mucho más tranquilo.

Su estómago había estado contraído desde que conoció el atraco a Gringotts. Supo que iba a ser el detonante. El Lord le mandó llevar la espada a la cámara de Bellatrix, seguro que tendría algo más escondido allí, porque Potter ya tenía la espada. Así que, finalmente, el chico había encontrado lo que buscaba y ahora El Lord lo sabía.

Les había reunido a todos, el ataque sería inminente. Sólo tenía que comprobar algo, dijo. Advirtió a los Carrow de que Potter tal vez quisiera entrar en la sala común de Ravenclaw.

Se lo dijo a ellos, obviándole a él. De hecho, casi no le había mirado. Pero él no se dió por aludido y dejó la reunión y volvió al colegio y esperó.

Logró pasar las horas, una a una, haciendo algo mecánico como ese ungüento para las heridas, algo fácil que había hecho cientos de veces conociendo de memoria cada paso, sin tener que pensarlo, pero se sorprendió añadiendo esencia de lavanda.

Como no, tenías que aparecer.

No se dejó tentar.

Luego comenzó a caminar por los eternos pasillos del castillo hasta que sintió la marca candente en su brazo. El estómago amenazaba con salir por su boca.

Alecto había avisado: Potter estaba en Hogwarts.

El señor tenebroso había acertado y el chico había intentado entrar en la sala común de Ravenclaw. Se deslizó por el pasillo como una sibilina serpiente. Necesitaba encontrar a Potter. Habría de enfrentarle y el chico tendría que haber mejorado mucho desde el año pasado si quería ganarle porque, que le derrotara era el único medio para poder ser el poseedor de la varita de saúco. Y mientras tanto habría de buscar la forma de decirle que la única manera de vencer al Lord, sería ser vencido-guión-asesinado por él.

O sea, pan comido.

Pero en el pasillo, no encontró a Potter, sino a Minerva McGonagall. El maldito niño que vivió estaría escondido bajo la capa invisible, (luego, soy yo el cobarde) seguro. La profesora le atacó como una leona. (Cuánto rencor acumulado, Minerva). Y tal vez hubiera podido con ella, con ella y con Pomona y Flickwitt y con unos cuantos más, pero...pero el Lord comenzó a llamarle, con mucha urgencia. Estaba lejos, muy lejos, pero se acercaba y quería verle inmediatamente. Decir que la marca dolía, era decir poco. Hubiera podido arrancarse el brazo de un mordisco y no lo hubiera notado. No podía batirse en duelo así. No, a menos que quisiera caer desmayado. (No huí, me fuí).

Pero a pesar de la urgencia por reclamar su presencia, el señor tenebroso aún no había ido a encontrarse con él. Tan solo le habían comunicado que el Lord quería que se quedara allí, que no se uniera a la batalla. Que esperara.

Pues bien, la espera había acabado.

Con parsimonia sacudió su capa y estiró sus mangas casi cubriendo sus manos.

_ ¿Cómo lo consigues?_preguntó Malfoy con rencor_ A pesar de todo, nunca pierdes tu dignidad. Nunca te he visto humillado por nada.

Snape levantó una ceja.

_Olvidas tus días de prefecto, Lucius, cuando era humillado día sí, día también por aquellos Griffindors.

_Aún así, nunca te dejaste intimidar por ellos, no te escondiste en ningún baño a llorar. Asumías las burlas de ellos y de los que se reían de la broma. Muy pocos aparte de esos se atrevían contigo.. y ellos iban en proporción de cuatro a uno. Siempre le diste mayor importancia de lo que tenía.

Snape se encogió de hombros indiferentemente. "Ha pasado mucho de aquello ya".

_Has cambiado Severus.

La voz de Severus era lejana, distante, como la de un narrador.

_¿Cambiado?¿Desde entonces, dices?¿Desde que era un... pringado... en el colegio?¿Desde que era un destacado mortífago impulsado por tu mismo apoyo al círculo más cercano del Lord?¿Desde que me convertí en un traidor, al que escupiste en la cara, tras la desaparición del señor tenebroso? ¿Desde que tras su regreso me convirtiera en uno de sus más allegados, cosa por la que también me he ganado tus burlas? Cambiado..._los ojos de Severus no miraban a Lucius, miraban a través de él, contemplando quizás el hilo del tiempo de su vida con todos y cada uno de los actos que le habían traído aquí, hasta este momento_... todos hemos cambiado. Mírate.

Lucius agachó la cabeza. Poco quedaba del altanero mortífago de porte aristocrático y de su mirada desdeñosa. En su lugar había un hombre pálido, despeinado, ojeroso y preñado de miedo.

_Dignidad_continuó Severus_ . Tú tienes mujer y un hijo, al que siento no haber traído hasta aquí y apartarle de la lucha, créeme que lo hubiera hecho de haber podido.

Lucius asintió.

_Yo, en cambio, sólo tengo mi dignidad.

_ No parece que estés tranquilo. Temes algo. El Lord...

Snape suspiró.

_Son horas inciertas. Todos estamos expuestos a ciertos peligros.

La serenidad con la que hablaba Severus era cuando menos, sorprendente.

_ Está en la casa de los gritos_ comunicó Malfoy.

Una mirada de sorpresa alumbró un momento los ojos de Snape. Curioso. El destino tiene guiños curiosos. ¿No era allí dónde James Potter, «el héroe» le salvó de una muerte segura a manos del delicado licántropo Lupin?

Parece ser que la muerte es pertinaz.

Lucius le tendió la mano. Severus la miró un instante, sopesando opciones. Finalmente, se la estrechó. Al fin y al cabo, hubo un tiempo en el que fueron amigos.

Su habitual paso largo y enérgico le llevó brevemente a la casa de los gritos. ¿Para qué demorar lo inevitable?. Tener más tiempo, sólo serviría para hacer de nuevo balance de su vida. Y para eso, había tenido tiempo más que de sobra.

No había sido un buen hombre y ningún legado había quedado tras de sí. Si fuera recordado por algo sería por ser el traidor que mató al mejor mago de todos los tiempos. No tenía familia, ni amigos, ni nadie_ ahí su pensamiento se quebró, pero no, no dejó, no podía dejar que..._ nadie que fuera a recordarle «imperecederamente». Suspiró.

Su vida había sido una sucesión de desgracias y desatinos y si su papel en la guerra había sido importante, no era mérito suyo, sino de Dumbledore.

Así que no sintió miedo cuando el señor tenebroso clavó sus pupilas verticales en él. Esta sería su última actuación.

De lo único que se arrepentía, era de no haber cumplido el último encargo de Dumbledore: avisar a Potter de la dura tarea que le quedaba por cumplir.

En su tono habitual narró al Lord el avance de la batalla. Pero el señor tenebroso le interrumpió: «a partir de ahora no creo que resultes indispensable».

Qué delatora sentencia.

Luego le habló de la varita.

Snape tenía que quemar su último cartucho. Pidió una y otra vez volver a por el chico... con terquedad, una y otra vez. Rayando en lo absurdo.

No podría cumplir esa última misión. Odiaba fallarle así a Dumbledore y sobre todo ...a Lily. ¡Si tuviera un momento...!(«a Lord Voldemort no se le piden momentos»). ¡Si él le permitiera...!

El señor tenebroso solo pensaba en la varita de saúco y en las proezas que no cumplía, cuando finalmente el Lord le apuntó con ella, sacó la suya.

Simplemente, por inercia.

Nada podía contra él. Pero de tener que morir, lo haría luchando, varita en mano, abriendo el pecho al avadakedabra fatal. Muerto de la misma forma que su amada Lily.

El Lord levantó su varita.

Snape tembló.

No. No, no, no, no , no.

¿Por qué tenía que morir? Su vida había sido una sucesión de desgracias y desatinos... y de todos ellos este era el peor desatino.

¿Por qué tenía que morir?.¿Por qué no había escapado con ella cuando tuvo oportunidad?. ¿Por qué continuaba pegado al suelo en lugar de desaparecerse? Él tenía un motivo para morir, ¿verdad?. Un motivo importante, doloroso y terrible, ¿verdad? Y ahora, en el último momento, ese motivo se le escapaba.

El Lord terminó el movimiento de su brazo sin que Severus cayera al suelo.

¿Sería posible...?

No, no era posible. La burbuja que contenía a Nagini se elevó en el aire, atrapándole en su interior. Siempre era así, un momento de debilidad y desastrosas consecuencias.

Ni siquiera iba a tener la ocasión de morir luchando como un guerrero, pensó que lo haría a manos de una bestia inmunda e irracional pero no, no iba a ser el Lord.

La dentellada no dolió. Fue rápida y letal abriendo las venas de su cuello y la sangre y la vida se le escapaba por la herida abierta de su garganta.

Y el Lord se marchaba ya dejándole agonizante en el suelo. ¿Por qué? ¿Por qué no había acabado con su vida por su propia mano? ¿Le había considerado indigno? ¿No se habría atrevido por algún retorcido sentimiento de culpabilidad?

Con las últimas fuerzas que le quedaban lanzó un legeremens, incapaz de abandonar este mundo sin conocer esa última respuesta.

Así que mientras el Señor Tenebroso pasaba al lado de su cuerpo casi inerte, él supo lo que había solicitado Demons como favor en aquella lejana ocasión: Había pedido que nunca, jamás, volviera a dañarle con su varita.

Si hubiera podido se hubiera reído de ello. Tenía que haberle enseñado antes que con el diablo no se pueden hacer pactos, siempre se sale perdiendo.

Hace frío y no deja de tragar un líquido espeso y caliente.

Y va a morir solo.

Y ha olvidado por qué.

Cierra los ojos pero una presencia cercana le hace volver a abrirlos.

Milagro.

Es Potter. El insolente y aborrecible niño que vivió aparece en el momento justo, como hacen los héroes y le hace recuperar la memoria. Como puede, le da los recuerdos: el recado de Dumbledore y motivos suficientes para que confíe en él. Motivos para que crea en él.

Le mira.

Sus ojos...

Él tenía un motivo para morir y ahora lo recuerda.

_ Mírame...

Los ojos de su Lily le acompañan mientras el frío se apodera de él y la oscuridad le devora.

Los ojos de Snape pierden su brillo enganchado a ellos.

En su cabeza se rinde. La negrura se cierne sobre él como un manto.

Y su último pensamiento es que él tenía un motivo para vivir...y que tenía los ojos vulgarmente marrones