Ea, lo siento, no me he podido resistir.

Me quejo de que la historia era larga y ahora voy y la continúo...

Para los/las que queráis acompañarme de nuevo, se llama Alma tenebrosa y comienza así:

Snape seguía enfadado.

_¿Puedo levantarme de esta silla de ruedas ya? Estoy harto de que me empujen por todos lados como si fuera un anciano impedido.

Demons cerró encendió las luces de su piso y cerró la puerta.

_ No_ pero, enseguida, se apiadó de él _. Está bien, sólo un poco. Puedes marearte.

_No sé que tiene que ver una herida en el cuello con las piernas.

_No sé por qué te has empeñado en pedir el alta en el hospital, Harry, mi Harry, no el suyo,_aclaró innecesariamente_ dijo que deberías quedarte un par de días más.

Snape gruñó.

_Odio ese lugar, odio estar tendido en una cama sin hacer nada, odio a las enfermeras que vienen a todas horas a tomarme la temperatura, a darme pastillas que no quiero tomar y a intentar lavar mis partes íntimas, como si yo no tuviera manos. Odio las visitas de tus amigos, oir a todas horas cómo te llaman nena y comentan cosas sobre nosotros como si yo fuera sordo y como te besan y te abrazan y me miran como si fuera un bicho raro.

Snape se quitó la manta que le tapaba y se levantó vestido únicamente por un camisón con el logotipo del hospital, que apenas cubría sus rodillas. Demons tuvo que esforzarse por mentenerse seria al verle de esa guisa.

_Sobre todo, odio, odio... _ dijo con voz profunda_ no tenerte para mí solo y no poder besarte cuando se me antoje.

Severus rodeó con sus brazos el cuerpo de ella, estrechándola, apoyando su mejilla contra la de ella, hablando en el oído de ella. Era embriagador sentir una ella de carne y hueso entre sus brazos. Una ella nada huidiza, una ella real y que le correspondía. Una ella que encontró como un inesperado e incómodo fardo, que tuvo que apartar de las garras de los mortífagos un bastante en contra de sus planes. Una ella que le había costado mucho dejar atrás, cuando tuvo que hacerlo, para cumplir con las órdenes de Dumbledore. Una ella que arriesgó su propia vida para salvarle y que lo consiguió contra todo pronóstico. Una ella que había cambiado su visión del mundo_ ahora resultaba bastante más apetecible_ y una ella que deseaba tener siempre, siempre,... siempre... entre sus brazos.

Ella pusó sus manos en la espalda de él, tocando su piel desnuda por la abertura posterior del camisón y deslizó sus dedos por la columna vertebral abajo.

_ Severus, no llevas ropa interior. Podías habérmelo dicho...

_ Por lo visto tuvieron que cortar la ropa en el quirófano antes de operarme. Cortar. Toda la ropa, ¡para tocarme en el cuello!.

Dijo a su oído, manifestando su mordaz criterio al respecto de lo que suponía una incompetencia, apartando el pelo de su oreja con su nariz mientras, una mano fría, la mano fría de ella, le tocaba descaradamente las nalgas.

_Necesito desprenderme de este olor a... aséptico_ se deshizo de su abrazo y se dirigió a la única puerta del piso, el baño.

Ella le seguía y trató de sostenerle del brazo pero él se volvió a mirarla. Severus era el único hombre capaz de gruñir con la mirada. Paula se rindió alzando las manos y dejó que entrara solo a la ducha, aunque le hubiera encantado esparcir la espuma por todo su cuerpo y... bueno, tendría que esperar.

Severus cerró los ojos dejando que por su espalda cayera el agua cálida, limpiando su cuerpo y, sobre todo, su alma.

Si estaba preocupado por la suerte que habrían corrido en Hogwarts y por la lista de bajas, de momento, su mente embotada no iba a hacer nada por enterarse.

Se había dado cuenta que estaba cansado, cansado de preocuparse por todo, cansado de ocuparse de todo, y realmente, lo que quería era olvidarse de todo. Al menos... de todo lo concerniente a Hogwarts.

Ahora, tenía que centrarse en este nuevo comienzo. Hacer las cosas bien. No equivocarse de nuevo. Tomar las decisiones adecuadas.

Paula le vió salir de la ducha, con una corta toalla enrollada a su cintura, el pelo mojado y el cuerpo humeante. Tranquila, nena, es todo para ti, se dijo mientras exhalaba lentamente, conteniendo las ganas de lanzarse a su pecho. Aún estaba convaleciente.

Severus se sentó en el sofá, a unos metros enfrente de ella.

_Ahora que vamos a convivir juntos, deberíamos poner unas normas,_ propuso con seriedad _ ...señorita Demons.

_Mantengo la de permitirte andar por ahí solo envuelto en una toalla. Y me llamo Paula, por si se te ha olvidado.

Snape resopló, como aburrido, Tú... usted... qué más daba.

_ La primera norma es que me reservo el derecho de llamarla señorita Demons cuando me plazca, sobre todo, cuando la devore.

_ De acuerdo, siempre que yo pueda llamarte Severus, incluso..._ ah, esa mirada felina y aguda en los ojos de ella_ cuando me devores.


Lo que sigue, por aquí:
s/11841128/1/Alma-tenebrosa