=8. Como recién casados=

Como bien le habían dicho a Hikaru el fichaje que había obtenido en el Tokyo, incluía, además claro de una buena paga, ciertos privilegios que le acomodarían a las mil maravillas. Por ejemplo, el seguro médico que le cubría lesiones y hospitales en caso de necesitarlos, ya fuera en el campo, entrenando o fuera del soccer. Igualmente, se le ofrecía la adquisición de un nuevo auto —aunque Hikaru creía que eso era chantaje, pues para obtener el carro necesitaba filmar comerciales de TV— y claro, también le ofrecían, una vivienda.

Una vez arreglados los papeles legales, Hikaru había recibido fotografías y un contrato de alquiler para obtener el departamento que el Tokyo le ofrecía. Si bien, el departamento alcanzaba a resultarle algo excesivo, había descubierto el por qué. Tanto a él, como a Misugi, las nuevas adquisiciones del Tokyo, les habían ofrecido un departamento, en el mismo edificio, en la misma zona residencial y del mismo tamaño, puesto que los directivos habían pensado en cubrirles las mismas necesidades. Si bien, ambos tenían la necesidad de comer, relajarse y ducharse, ambos departamentos incluían una cocina, un comedor, una sala, dos baños y 3 habitaciones.

Para Misugi, aquella oferta sentaba de maravilla pues desde hacía un tiempo, Yayoi, quién por fin podía anunciarse como su novia, vivía con el As de cristal y por tanto era seguro que la chica, seguiría viviendo con él. Hikaru, por su parte, se había aterrorizado en cuanto Misugi le planteó la posibilidad de vivir con Yoshiko.

¡Solo tenían una año saliendo! ¡Y ella nunca había pasado la noche con él! Si bien, disfrutaban mucho pasando tiempo juntos, Hikaru siempre la había ido visitar, comían, lavaban los trastos, e inclusive llegaban a cocinar juntos; pero siempre, sin excepción alguna, Hikaru se había retirado a su hogar al caer la noche. Nunca había pasado una noche con Yoshiko en ningún sentido en que pudiera tomarse aquella oración. Y si bien no pasaba nada con pasar una noche en el mismo lugar, aunque no llegara a más, Hikaru no deseaba incomodar a su novia. ¿Cómo se suponía que iba a plantearle el que se fuera a vivir con él?

:-:-:

—Entonces, ¿jamás has pasado la noche en casa de Yoshiko?— volvió a preguntar Jun. Hikaru se ruborizó y negó con la cabeza. Ambos chicos estaban en los vestidores del Sapporo, solos y conversando sobre el dilema de Hikaru.

—No, nunca.

—Bueno, pero recuerda que vivir juntos no significa algo más que compartir las labores del hogar y el mismo techo. Si lo desean, ni siquiera tienen que compartir la misma habitación. Cuando Yayoi se mudó conmigo, ella dormía en otra recámara puesto que yo estaba enfermo y cuando me recuperé, una noche vimos una película juntos, nos quedamos dormidos, la experiencia fue agradable, despertar con Yayoi a mi lado, quiero decir. Entonces decidimos compartir la cama, pero nunca ha pasado nada, si tú y Yoshiko no desean que pase nada, no hay ningún problema, ¿cierto? Todo se trata de que busquen sus propias comodidades, amigo mío— le dijo el As de Cristal.

Hikaru lo pensó un poco, ciertamente, su amigo tenía razón. Pensándolo bien, tampoco era demasiado exagerado, conocía a Yoshiko desde el colegio y sobre todas las cosas, la amaba; aquello solo sumaba a la ecuación el inmenso respeto que el chico le profesaba a su novia. Con una radiante sonrisa, el castaño asintió y se propuso mentalmente, proponerle a Yoshiko que se mudara con él, a Tokyo, a la misma ciudad y a la misma casa.

¡Qué el Dios del soccer le amparara!

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=Por la tarde…=

=Departamento de Yoshiko=

—Entonces ¿ya hablaste con tu directora?— preguntó Hikaru, sorprendido. Desde la cocina, Yoshiko rió y asintió con la cabeza.

—Sí, le dije que me apenaba mucho pero que tenía que mudarme y por tanto renunciar a la escuela. Se puso algo sentimental y casi me hace llorar, pero al final, me concedió la salida. Tal parece que no es demasiado difícil salir de la mafia, ja, ja, ja— se mofó ella— Ahora bien, si tu partida está programada para dentro de una semana, tengo que apresurarme, Yayoi me dijo que no será difícil que encuentre empleo en alguna escuela de Tokyo, pero lo que no he logrado encontrar es un buen alquiler— por un momento, la mirada de Yoshiko bajó al suelo, apenada.

—Este…. Yoshiko, sobre eso, tenemos que hablar. Hoy recibí el contrato de alquiler del Tokyo— comenzó a decir Hikaru acercándose a la barra de la cocina, para estar más cerca de su novia, cuando hubo llegado, Yoshiko se recargó en la barra del lado contrario, esperando a que Hikaru hablara— Es un buen alquiler, el departamento de Jun y Yayoi está en el mismo edificio… ¡Ah! Cierto, los chicos viven juntos— anunció Hikaru en una sonrisa, tratando de no mostrarse nervioso.

—Sí, lo sé. Yayoi me puso al tanto de ello— aseguró la castaña en una sonrisa.

—Bueno… sí, eso. Entonces, el departamento está muy bien ubicado y también equipado. Este… es solo que… am… es demasiado amplio para mí— un leve sonrojo cubrió las mejillas del chico y Yoshiko lo miró intrigada— Yo… bueno, si tú no lo deseas, no hay ningún problema, no deseo obligarte a nada, es solo, me pareció una oferta viable y bueno, el tiempo, pero yo no quiero que pienses que es para presionarte, no claro que no… es solo, bueno, sabes que, y tú y yo, nosotros, bueno, podríamos y la idea de Jun no es demasiado alocada y yo, bueno, es que…

—Hikaru— le cortó Yoshiko— Detente un momento. ¿Dé que estás hablando?— le preguntó.

—Sí. Yo… Yoshiko… ¿Te gustaría…? Te… ¿Te gustaría… vivir…? ¿Te gustaría vivir conmigo?— le cuestionó. Durante un momento, Yoshiko miró a Hikaru sin saber que responder, la pregunta en sí, era sencillamente fácil, pero la respuesta, abarcaba mucho más que un o un no.

Vivir con Hikaru, implicaba algo más que vivir. Vivir con tu novio, siempre era algo más que solo vivir. Vivir con Hikaru significaba tener que acoplarse a la manera de vivir del castaño, significaba tener sus horarios y compartir desde el baño hasta las responsabilidades de la casa. Conocía a Hikaru desde que eran unos niños, llevaban ya un año saliendo, habían pasado muchas cosas juntos, victorias, derrotas, una loca, tardes de cocina, noches de cenas, fiestas, risas, un poco de todo. ¿Conservarían esa misma relación si se mudaban juntos? ¿O es que pasaría lo que todo mundo decía? Los primeros días de casados.

—Me encantaría— aseguró la chica con una sonrisa. Hikaru respiró aliviado.

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=Tres semanas después… (Viernes, 03:00 PM)=

=Tokyo, Japón. Departamento de Hikaru y Yoshiko=

Dicen por ahí, que todos los cambios son para bien. Y aquel cambio, claro que había tenido muchas cosas buenas. Desde el ámbito profesional, las cosas habían mejorado bastante; para Hikaru y Jun quiénes habían sido admirados en su primera llegada al Tokyo, los entrenamientos estaban siendo un poco duros dado que se les pedía se acoplaran a sus nuevos jugadores y el próximo inicio de la temporada de soccer, que estaba a solo un mes de comenzar. Sus horarios, seguían siendo d de la tarde, aunque especialmente ellos dos, entrenaban todas las tardes un poco más; su capitán, un experto del juego defensivo estaba completamente anonadado por tener a tan talentosos chicos en su equipo y exigía de ellos el ciento por ciento de lo que pudieran dar. Sus camisetas, habían sido mandadas a hacer, con los números 12 para Hikaru y 14 para Jun, pues estos, imitaban los que habían utilizado durante la selección.

Del lado de Yayoi, quién disfrutaba mucho estar estudiando como enfermera profesional, la escuela en Tokyo le había abierto sus puertas y su educación se había visto respaldada por las largas temporadas en que había cuidado de Jun. Yoshiko, había recibido una carta de recomendación de su antigua directora, lo que le valió la entrada segura a un buen jardín de niños particular de la zona; ambas chicas, ocupaban su tiempo de 9 de la mañana a 2 de la tarde. Y siempre, se encontraban en la estación de buses o en la entrada del edificio.

Entonces y solo entonces; estaba el ámbito de parejas. Apenas se hubieron mudado, Hikaru y Yoshiko habían acordado que como Jun había propuesto no compartirían habitación, la tarde primera de su llegada, había sido completamente para poner en orden las cosas y por la noche, bastante cansados habían cenado comida rápida y se habían quedado dormidos en la sala tras ver Batman: el caballero de la noche.

A la mañana siguiente, muy contentos, habían acudido a llenar la despensa, haciendo las compras de toda la semana y al regresar habían cocinado juntos y charlado sobre las posibles escuelas donde Yoshiko podría trabajar. Los problemas, por así llamarlos, habían llegado el primer lunes, en que Hikaru marchó al campo a entrenar. Como aún no había llenado el contrato de trabajo con el kínder, Yoshiko había pasado su día de aquí para allá en la búsqueda de su trabajo y la buena noticia, había sido que lo había logrado. La mala, se le había olvidado que en la vida compartida, alguien tenía que cocinar y como había sido el primer día de Hikaru, este no había llegado hasta las 4 de la tarde, muy cansado y muy hambriento, tan solo 5 minutos después de que Yoshiko hubiera entrado al apartamento. Y por como lo vio, Yoshiko supo que no pensaba ponerse a cocinar y por cómo le rugía el estómago, también advirtió que se había olvidado dejar la comida preparada. ¡Vaya error de compañera de vivienda!

El martes, en su primer día de trabajo, Yoshiko había regresado en punto de las 2:30 para preparar la comida y el problema había sido, el regreso de Hikaru. Al parecer, el castaño había pasado una dura práctica, pues tras besarla a modo de saludo había dejado a Yoshiko plantada en la sala para retirarse a su cuarto a dormir. El muchacho, solo había despertado para comer, en punto de las 5 y echarse de nuevo sobre la cama; sin reparar en que Yoshiko, había tenido que pasar la fregona varias veces, para deshacerse de los restos de tierra y césped que los tacos de soccer de Hikaru habían dejado.

Y ahí había empezado todo. Las semanas que le precedieron a aquella, los chicos se las habían visto con la interminable lista de diferencias. Yoshiko, se quejaba de: las zapatillas sucias de Hikaru, de su poca cooperación a cocinar o fregar los trastos, que si el chico ensuciaba mucho, que sí era demasiado perezoso y ni qué decir del cesto de ropa, porque aunque el castaño aseguraba que Yoshiko no tenía por qué lavarle la ropa, Yoshiko insistía en que él no debía dejar que se acumulara en la cesta.

Hikaru de su parte argumentaba que Yoshiko era demasiado estricta con la limpieza, que no se prestaba para trabajar en equipo pues siempre le corría de la cocina cuando intentaba ayudarle y que además de todo, dejaba por todo el departamento, papeletas, libros, trabajos y demás artefactos de escuela, con los que el chico tropezaba a menudo.

La discusión que habían mantenido, había otorgado un punto a los argumentos de Yoshiko, cuando Hikaru olvidó por las prácticas rellenar la despensa, en base a la lista que Yoshiko había realizado. Según su acuerdo inicial, semanalmente, sería Yoshiko quién apuntara lo que necesitaran y Hikaru quién lo comprara camino de regreso de la práctica sabatina. ¡Por los dioses! Hikaru no estaba dándole un buen uso al excéntrico Corvette que había adquirido. Ni siquiera porque tenía un auto, podía haber pasado a comprar la despensa.

—Vamos Yoshiko, no te alteres, todo está bien. Es simplemente que necesitan acomodarse. Cuando yo comencé a vivir con Jun fue difícil también— le dijo Yayoi desde la barra de la cocina. Ambas chicas, se encontraban en el departamento de los castaños, ya que aunque Yayoi vivía en el piso de abajo, las chicas necesitaban charlar, más de lo que lo hacían camino a sus hogares.

—Sí, pero a ti, Jun no te hacía fregar el piso dos veces al día, ¿cierto?— se quejó Yoshiko.

—Claro que no. Pero tampoco me prometía ir a las compras. Aunque Hikaru lo haya olvidado, Jun no lo hizo, ni siquiera pensó en ello. Estaba enfermo. Hacía pocas cosas, yo me ocupaba de todo y de él. Cuando mejoró, cuando pudo hacer algo más que solo esperar los tratamientos, entonces me lo prometió y lo olvidó, claro que lo olvidó. Los chicos son despistados por naturaleza, vivir con alguien solo lo hizo más despistado aún. Yoshi, tienes que entenderlo, si los chicos pudieran sobrevivir solos, no viviríamos con ellos, de nosotras depende que no pierdan la cabeza. Somos guías, somos consuelos, somos amigas, somos apoyos, somos eso que los complementa. Si Hikaru lo está pasando mal, tú debes ayudarlo a centrarse, a recordar lo que promete. Y cuando tú la pases mal, Hikaru estará para ti. Ese es el verdadero convenio que hace al vivir con alguien, no ver quién rellena la despensa. Eso simplemente, son las reglas de convivencia que imponemos para estar bien entre los dos— le explicó la pelirroja.

Yoshiko suspiró y miró la comida frente a ella. No lo había pensado. Pero había terminado cocinando sushi, la comida preferida de Hikaru. Y en la nevera, les esperaba un jugo de arándanos bien frío, el preferido el castaño. Porque Yoshiko siempre pensaba en Hikaru, porque sin darse cuenta le gustaba pensar que tenían su pequeño matrimonio; que ella cocinaba para él, que lo esperaba a que llegara y ¡qué bonito había sido! No solo esperarlo a que apareciera por su hogar cada tarde luego de entrenar, duchado y alegre; sino verlo desde que mostraba su agotamiento, hasta que suspiraba por estar en casa, cuando se cambiaba y arreglaba, cuando miraba maravillado la comida y sobre todo, el momento en que abría la puerta y sus ojos brillaban, porque quizás olvidaba las compras, porque quizás se le pasaba que el auto servía para más que para llevarlo al campo; porque no la hacía a un lado a ella. Hikaru siempre se alegraba de verla, la besaba dejando en el beso cada gota de amor que le profesaba, la miraba y sonreía, porque por más cansado que estuviera, se sentía completo al verla ahí, con él. No esperándolo, no cocinándole, simplemente estando, simplemente pensando en él.

Sonrió.

—Tienes razón— le dijo, justo cuando la puerta se abría y por ella, entraba Hikaru con dos bolsas en cada mano y seguido de Jun. Apenas lo vio aparecer por la puerta, Yoshiko dejó lo que hacía y lo recibió con un beso. Lo hizo soltar las bolsas y desparramó todo el contenido de las mismas en el suelo. Jun rió por lo bajo y pasó de largo para dejar a la pareja saludarse.

Cuando Hikaru y Yoshiko se separaron, el chico sonreía de oreja a oreja:

—Y eso, ¿por qué fue?— preguntó, radiante. Estaba duchado, bien arreglado, olía a canela y a fragancia Armani. Era viernes y aun así, había pasado a hacer las compras (las bolsas que habían caído), había entrenado y cumplido su palabra. Y sin que ella se lo dijera. Porque Hikaru pensaba en ella todo el tiempo, porque era su simple recuerdo el que le apremiaba a cumplir sus promesas y no fallarle. Porque en realidad, solo necesitaban acostumbrarse.

—Porque te amo— le aseguró la chica y acto seguido, ambos sonrieron y se agacharon para recoger las compras que habían caído. Desde la barra, donde Jun había dejado él sus bolsas y saludado a Yayoi con un dulce beso, los chicos miraban a los castaños recoger su despensa, con una sonrisa en los labios. ¡Pero qué bonita pareja la de Hikaru y Yoshiko!

—Y bueno… ¿se quedan a comer?— preguntó Yoshiko en una sonrisa cuando hubieron terminado de recoger el contenido de las bolsas.

—Claro, sería estupendo— aseguró Yayoi en una sonrisa. Jun y Hikaru se miraron y sonrieron:

—Partida de FIFA— exclamaron al mismo tiempo y tras besas a sus respectivas novias, ambos se tumbaron en el sofá, encendiendo el Xbox.

Bueno, no se podían pedir muchas cosas. Después de todo…

—Maniáticos del soccer— aseguró Yoshiko y Yayoi, tuvo que darle la razón.

Continuará…

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N/F:

*Batman: El caballero de la noche es una película basada en el cómic homónimo de DC, protagonizada por Christian Bale. ¡Una muy buena recomendación!

*Armani es una compañía de moda Italiana. La compañía diseña y fabrica productos en varias categorías, incluyendo accesorios de moda, prendas de vestir, cosméticos, fragancias, etc.


N/A:

¡Buenas a todas! Pues, ¿qué decirles? Ya estamos en la recta final, este capítulo 8, es el último que dejo el tiempo pasado, dado que para la siguiente entrega, estaremos leyendo la vida de los enamorados en la época actual en la que se desarrolla la colección. Para las lectoras que han seguido desde el principio esta colección, espero sea algo emocionante estar cada vez más cerca, de saber lo que tanto impacto a la selección y lo que volverá el Mundial, lo que yo llamo: Un Mundial de Locos.

Para mis nuevas lectoras, espero que esto les esté agradando y si por ahí, no han seguido todas las historias, ¡ánimo! que siempre hay muchos detalles de los que vale la pena enterarse, con todo mi cariño, las invito a leer, esta colección desde su inicio hasta esta, la séptima entrega.

De antemano, gracias por leerme y seguirme.


GRACIAS A TODAS POR LEER


Con cariño, JulietaG.28


¡El balón es nuestro amigo!—