¡Muchas gracias por los reviews, los follows y los favourites! intentaré subir otro capítulo este domingo.

2. EL PRIMER DÍA

Al final se ha hecho tarde y mañana he de madrugar. Dejo la última caja con los libros sin arreglar y me meto en la habitación a dormir. Pero como muchas de mis noches apenas duermo unas horas y me despierto de mis pesadillas con la respiración agitada. Aún quedan un par de horas para que suene el despertador pero ya no tiene sentido intentar volver a dormir. Oigo como la ciudad se despierta: el tráfico, los cláxones, los pasos de la gente, e incluso pájaros… Empieza a entrar luz por la ventana. Esa es una de las razones por la que escogí este apartamento. Es pequeño, solo tiene un dormitorio, con un baño anexo y un salón, con la cocina en el mismo espacio. Pero tiene dos grandes ventanales que dan un pequeño parque y está orientado de forma que entre el sol y la luz la mayor parte del día.

Me levanto y pongo la cafetera mientras me meto en la ducha, el agua fresca para quitarme el calor que hace. Me pongo el albornoz gris y me voy secando el cabello con una toalla. Mi pelo es moreno a diferencia del rubio casi platino de Prim. A la vez que me tomo el desayuno y miro el mapa del metro para llegar a la oficina. Me acerco al armario y saco un traje de chaqueta azul marino y una camisa blanca de gasa sin mangas. Me trenzo el pelo aun mojado, cojo unos zapatos y el bolso y salgo de mi apartamento hacia el metro. Odio el metro y los espacios bajo tierra en general, pero en Nueva York no es posible desplazarse de otra forma. Ahora es cuando pienso que más vale que el sol y el parque me compensen por los casi 50 minutos que tengo que estar bajo tierra para llegar a trabajar

Llego a las oficinas que están en Manhattan y presento mis credenciales. Me dicen que debo ir primero a registrarme con personal y que allí ya me indicarán cómo he de proceder.

La verdad es que el edificio es enorme, y agradezco haber llegado pronto y que no haya mucha gente o aún me sentiría más perdida. Llego a los ascensores y marco la planta 25, que es donde me espera la secretaria Effie Trinket, según me han comentado. Me hundo de nuevo en mis pensamientos, sobre cómo será estar en una unidad de verdad, cómo me acogerán mis compañeros, o si habrá algún recién aterrizado como yo. De pronto el ascensor para mientras suena un pitido y me lanzo a salir por las puertas tan pronto como se abren sin mirar al frente. Me tropiezo contra un hombre de traje gris que intenta entrar también a toda prisa en el ascensor. Con el encontronazo, se me cae el bolso y los papeles que llevo en la mano para personal, me agacho a recogerlo mientras lo escucho a mis espaldas murmurar, conforme entra en el ascensor, "Lo siento, es una emergencia", justo cuando acabo de recoger mis cosas me giro y levanto la vista frunciendo, enfadada, el ceño, porque ni siquiera se ha parado a ayudarme. Justo cuando están a punto de cerrarse las puertas del ascensor veo unos ojos tremendamente azules mirándome pero no logro distinguir la cara del hombre aunque algo en ella me resulta vagamente familiar y lejano

Me aliso la ropa y giro a la derecha como me han indicado, cuando estoy delante de la tercera puerta, llamo educadamente. Una voz me indica que pase. Cuando entro, una mujer con un chillón traje rosa me mira y dice:

- Buenos días, La agente especial Everdeen ¿supongo? - Asiento con la cabeza y continúa- Yo soy la secretaria Effie Trinket, estoy en vuestra misma unidad, me encargo la parte más burocrática de vuestro trabajo, así que créeme cuando te digo que pronto seré una de tus mejores amigas.

Me guiña un ojo y sonríe, y consigue que me relaje y se disipe la tensión en el ambiente.

- Has venido pronto, estupendo. La puntualidad y las maneras son de las cosas que más valoro de los agentes en este trabajo. Por desgracia – dice levantado la mirada al techo- la mayoría no son así aunque no es fácil porque esto casi siempre es un caos. De hecho, aún no son ni las 8 de la mañana y ya tenemos un aviso de emergencia y a todo el mundo corriendo por los pasillos.

Vuelvo a asentir con la cabeza, me aclaro la garganta y abro la boca por primera vez desde que entré al despacho

- Sí, ya me he dado cuenta. Creo que me he tropezado con alguien con mucha prisa mientras salía del ascensor.

- ¡Ah bueno!, te has debido de cruzar con uno de los componentes de tu equipo o con alguien del equipo de la Unidad de Conducta de Quántico que están aquí para ayudarnos con uno de los casos de desaparecidos. Ahora - me dice - ¿puedes darme los documentos que acreditan has sido asignada aquí? – Le tiendo los papeles, los repasa, pone un par de firmas y sellos y me tiende una tarjeta provisional – Ya terminaremos los formulismos más adelante, pero toda tu unidad está reunida, así que te llevaré a ver al Director Abernathy que te acompañará a la primera reunión.

¡Genial! Pienso, es mi primer día de trabajo y ya llego tarde, aunque obviamente no tenía forma de saber que eso iba a pasar, creo que mi día no ha empezado demasiado bien.

Effie se levanta de la mesa y me indica que le siga. Nos encaminamos entre pasillos y puertas todas iguales. Si me dejaran ahora aquí creo que no sabría volver sobre mis pasos, y eso que era la primera de mi promoción en cuanto a actividades de orientación se refería, pero claro, eso era en el exterior, no en un laberinto de paredes blancas.

Por fin, tras lo que parece una eternidad, nos detenemos frente a un despacho. Effie llama a la puerta y tras un "adelante" que podría calificar entre hosco y muy hosco, abrimos la puerta y entramos en la habitación.

El director es un hombre rubio, con el pelo algo largo y revuelto. No parece afeitado y está somnoliento. A juzgar por su aspecto y por las mantas que hay sobre el sofá que queda a mi izquierda, ha pasado la noche allí. Está claro que no hay que ser Sherlock Holmes ni una agente especial recién licenciada del FBI para llegar a esa conclusión me digo.

- Director Abernathy, le presento al nuevo miembro de la Unidad de Desaparecidos. Katniss Everdeen. – Tras esta presentación escueta le tiende mi historial, da la vuelta y se marcha sin cerrar la puerta.

Tras ojear un poco la carpeta y su contenido, Abernathy me espeta:

- Vaya, ¿otra hija del gran Estado de Nueva York? ¿Qué te hizo cambiar esas malditas montañas por esta ciudad, que posiblemente esté más maldita a tenor de lo que vemos aquí cada día?

- Es por mi hermana señor, trabaja en un hospital aquí en Nueva York, es interna de segundo año.

- Bueno, ha quedado claro que no es porque quieras trabajar ni en desapariciones ni …

Antes de que acabe lo interrumpo

- No señor, por supuesto que quería trabajar en secuestros y desapariciones de menores, me refería a que…

- Está bien Agente Everdeen sólo estaba bromeando. Pero no bromeo cuando le digo que no quiero que me vuelva a interrumpir.- Para y hace una pausa. Tras un momento de silencio levanta la ceja como para darme permiso y respondo con un avergonzado "Sí Señor, tiene razón, disculpe". Tras mi disculpa, Abernathy continúa- Por lo que veo en su historial, parece usted toda una superviviente. Eso espero, por su bien, porque para trabajar aquí hace gente muy especial. Ahora vayamos a conocer a su nuevo equipo.

Se levanta y empieza a caminar con paso poco seguro hasta que se tropieza con la mesa, maldiciendo su suerte, y a la mesa de paso, salimos del despacho y llegamos a una gran sala de reuniones, con pantallas y pizarras. Hay aproximadamente unas 8 personas, lo que confirma la afirmación de Effie de que no solo está mi unidad sino también la de conducta. Está claro que la unidad de conducta, una de las unidades de élite de la Agencia, no se mueve por un caso cualquiera de secuestro así que parece que mi primer caso va a ser un gran caso.