Nuevo capítulo, bastante largo esta vez. Espero que os guste y espero los reviews!


4. EL CHICO DEL PAN

- Hola… ¿Katniss?- dice Peeta y me estrecha la mano

- Hola – digo, con una voz que no parece mía. Estoy tratando de dilucidar si se acuerda de mi o no. Pero ¿por qué tendría que acordarse de mí? Nunca hablábamos en el colegio, y aunque me salvara la vida, es posible que para él no representara nada. Me quedo callada sin saber cómo reaccionar. Nunca he sido muy buena con las palabras y no sé si dar a entender que lo conozco o no. De pronto me avergüenzo de mi misma. ¡Vamos Katniss, ya eres mayor, y trabajas en el FBI! ¿no vas a hablar con Peeta ni ahora?. Así que tomo la decisión de arriesgarme. - ¿Peeta… Mellark, verdad?

- Sí- dice él como aliviado por algo.

- Soy Katniss Everdeen, si no me equivoco íbamos juntos al colegio en Albany. Bueno – digo tras una pausa – creo que incluso a algunas clases.

- Por supuesto, no estaba seguro que te acordaras de mí, lo cierto es que no hablábamos mucho – me dice mientras sonríe y se le ilumina la cara. No sé muy bien, pero esa sonrisa hace que yo no pueda evitar sonreírle de vuelta.

Nos quedamos callados un momento, mientras nos miramos a los ojos. No sé qué pensará él, pero yo no puedo evitar pensar, que sigue igual de atractivo y franco que siempre. En ese momento Johanna nos interrumpe diciendo:

- Vaya, vaya ¡qué casualidad! De verdad sois los dos de esa pequeña ciudad tuya Mellark. – y haciendo una pausa continúa .- Por cierto, creo que ya os podéis soltar las manos.

En ese momento me doy cuenta que la mano de Peeta sigue en la mía, y la suelto rápidamente. Me duele la mano y le tengo que haber cortado la circulación por la fuerza con la que le estaba apretando debido a los nervios. No puedo evitar sonrojarme, menos mal que esto es muy oscuro y nadie ha podido darse cuenta.

- Johanna, siempre te he dicho que mi pequeño pueblo como tú lo llamas, no es tan pequeño. Pero claro, eso lo sabrías si hubiera conseguido que salieras de esta ciudad alguna vez

- ¡Oh Mellark, ya sabes que no soy una mujer de campo! – dice sonriendo de forma traviesa. – Por cierto, antes de que llegaras le estábamos explicando a Katniss de qué huías esta mañana. Igual quieres acabar tú la historia – Y le saca la lengua en un gesto de burla.

Peeta le mantiene la vista a Johanna sin dejarse intimidar:

- Bueno, tenía una urgencia en el hospital – me explica – pero a Johanna le gusta meter la narices donde no debe, y ver más allá, como buena agente del FBI que es. No le hagas caso, la mitad de lo que dice no es verdad.

Mientras Johanna le lanza una mirada asesina, comienzan a sonar los teléfonos de todos con un aviso de emergencia.

- Está bien chicos- dice Finnick- se acabó el descanso. Boggs quiere que subamos la oficina.

Nos dirigimos hacia la puerta. Paddys está apenas una manzana alejado del edificio del FBI. Los ánimos han cambiado, y las caras son serias. Subimos hasta nuestra planta para encontrarnos en la oficina con Boggs y Beete. Sin esperar a que nos sentemos, Boggs comienza:

- Han encontrado a la niña muerta, apenas hace unas horas, cerca del río. En cuanto la han llevado al forense y la han identificado nos han llamado. Alguien tendrá que ir a avisar a la familia y acompañarlos para que, de forma oficial, identifiquen el cadáver. Después que os den los primeros datos, ya que no nos han contado mucho más. Beete, les comentas qué tenemos con la furgoneta.

- Está bien, con los datos que os han dado, que es una furgoneta azul, bastante antigua lo cierto es que no tenemos mucha información. Sin embargo estamos mirando las cámaras de tráfico que están más cercanas al punto donde desapareció, pero esto es como buscar una aguja en un pajar. También estamos revisando los vídeos de los bancos de ese barrio, pero necesitaría que fuerais a la zona y pudieseis traer más videos de otros establecimientos a ver si podemos conseguir una dirección de hacia dónde huyo.

- Peeta y Madge deberían de ir a ver a la Señora Tree y acompañarla al hospital. El resto, no hacéis nada aquí, así que podéis volver a casa, hasta que tengamos nuevas pistas o hasta las 7am.

No puedo evitar que se me empiecen a formar lágrimas y sólo pienso en la mirada de Daisy cuando le digan que su hermana ha muerto.

- Pero yo estuve esta mañana en casa de la familia y me gustaría acompañarlos.

- Agente Everdeen para su primer día creo que ya ha tenido bastante, y cuando le diga que se vaya a descansar debería de aprovechar.

- Boggs, deja que nos acompañe. Una de las hermanas de Rue confía en ella, será más fácil. – replica Madge.

Boggs no parece muy convencido pero al final asiente. Salimos los tres, y nos dirigimos de nuevo a La Veta. Peeta y Madge van sentados delante hablando sobre el caso y yo aprovecho para enviarle un whatsapp a Prim diciéndole que un rato estaré en su hospital.

No puedo evitar mirar por el espejo del retrovisor por el que puedo espiar a Peeta. Ahora lleva el pelo más largo y revuelto, de una forma casual pero elegante. Tiene la mandíbula cuadrada y unos pómulos altos. Y por supuesto están sus ojos, de un color azul inimitable. Me fijo en sus pestañas, nunca me había fijado en sus pestañas, son tremendamente largas. En ese momento me mira también a través del espejo y bajo la mirada avergonzada, como si lo estuviera espiando, aunque claro eso es exactamente lo que estaba haciendo.

El camino a La Veta es mucho más rápido con apenas tráfico, cuando Peeta aparca frente a la puerta, nos quedamos en silencio, se nota la tensión en el coche:

- Katniss, será mejor que se lo comunique Peeta, él es…., bueno, él sabe cómo hacer estas cosas – dice Madge

- Puede ser, pero prefería no tener que hacerlo nunca – dice con una medio sonrisa triste.

Se me encoge el corazón, y me doy cuenta de que estoy muy agradecida por no tener que hacerlo yo. Llamamos a la puerta y nos abre una mujer un poco mayor que la Señora Tree.

- Sí, ¿qué querían? – nos dice con un tono de aversión en la voz

- Buenas noches, somos del FBI y necesitamos hablar con la Señora Tree. Es importante ¿podría decirle que salga?

- Ahora se lo digo, pasen por favor al salón.

Volvemos a pasar a la sala de esta mañana, solo está iluminada por una lámpara de pie que apenas da una luz amarillenta. No puedo evitar mirar hacia la cortina donde esta mañana estaba escondida Daisy, pero no la veo. Cuando entra la madre de Rue no es necesario que le demos la noticia, solo con vernos las caras que tenemos, lo sabe.

- No – dice gritando – no – y cae de rodillas al suelo mientras su hermana le abraza y ambas no pueden parar de llorar desconsoladamente.

Peeta se acerca a ellas, y también se agacha. Coge de los hombros la Señora Tree y la mira a los ojos. La Señora Tree para de llorar por un momento mientras le mira.

- ¿Rose, verdad? – dice Peeta, con una ternura en la voz que no es posible que no te conmueva. Ella asiente .- ¿Le importa venir a sentarse conmigo?

Y la ayuda a levantarse, mientras noto que le aprieta la mano con firmeza para llevarla hacia el sofá. No sé cómo lo ha hecho, pero su simple acercamiento a la madre de Rue, su mirada, su contacto, han actuado como un bálsamo y se ha tranquilizado. Peeta comienza a explicarle que hemos encontrado muerta a una niña de la edad de Rue que coincide con los datos de ella pero que nos debe de acompañar al hospital para poder identificarla. Mientras la Señora Tree llora desconsoladamente pero en calma mientras está con Preta, me doy cuenta de que alguien me toca la mano por detrás. Cuando siento el contacto, sé que es Daisy, y no quiero girarme para enfrentarme a unos ojos que esta mañana brillaban con esperanza pero ahora estarán muertos. Pero sé que he de girarme y enfrentarme a esta niñita. Tomo una bocanada de aire y me giro a la vez que me arrodillo, sin llegar a decirme nada, me abraza y se pone a llorar. No puedo evitar sentir que la he fallado, que no podido conseguir salvar a su hermana.

Una de las razones por las que pedí la plaza en la unidad de desapariciones de menores es porque algo innato en mí desde la muerte de mi padre hace que quiera proteger a Prim, y estas niñas me recuerdan a Prim. En un plano menos romántico, soy una cazadora. Y el FBI es un lugar perfecto para cazar a los animales que son capaces de asesinar a una niña de 12 años. Ese pensamiento hace que me recomponga y afrente la mirada de Daisy con confianza

- Le cogeremos, no te preocupes.- Digo convencida. Ella asiente

- He de subir con los pequeños, estarán preocupados. Gracias Agente Everdeen

Salimos de la casa y volvemos camino a Manhattan y al hospital. La sala del forense se encuentra en un sótano profundo. Salimos del ascensor y nos adentramos en un pasillo eterno, iluminada por unos tubos que da una luz blanca, y que le confieren un aspecto desolador. Peeta lleva a la señora Tree del brazo, pero ella se tambalea por el camino. Sé cómo se siente, y eso no hace más fácil mi trabajo. Por fin llegamos junto a una puerta, Peeta sienta a la madre de Rue en un banco y le dice a Madge que cuide de ella mientras él va a hablar con el forense, Darius. A los pocos minutos sale acompañado de un hombre pelirrojo, y de piel blanca que nos indica que pasemos.

Nos conduce a una camilla y levanta la sábana.

- Señora Tree ¿es Rue? – pregunta Peeta

Ella asiente y se desfallece. No cae al suelo porque la cogen tanto Peeta como Darius al vuelo. Cuando se recupera algo, Peeta la sube a urgencias para que la traten. Mientras Madge y yo nos quedamos con Darius que nos explica lo poco que ha podido ver, ya que no ha empezado a hacer un análisis formal.

- Lo que puedo deciros, es que murió aproximadamente hace 48 horas, aparentemente desangrada. Tenía múltiples cuchilladas en el cuerpo, aunque ninguna aparentemente profunda o mortal. Por el informe que he podido ver de criminalística, había bastante sangre y rastro de ella, parece que la niña escapaba de algo. Pero hasta dentro de unas horas no tendré el informe definitivo. Espero que por ahora esto os ayude

Le damos las gracias y salimos de allí. Paramos en urgencias, lo que es perfecto porque es donde está haciendo su rotación Prim. Vamos al mostrador, donde nos espera Peeta. Mientras Madge le pone al día de lo que nos ha contado Darius yo pregunto por mi hermana, y una enfermera se ofrece a avisarla de que estoy aquí. Me acerco a ellos, pero no han pasado ni un par de minutos cuando escucho a mi hermana gritar mi nombre y abalanzarse sobre mí. Apenas me da tiempo a ver a una muchacha rubia con bata blanca y con una sonrisa de oreja a oreja antes de fundirme en un abrazo con ella.

Esa es Prim, esa es mi adorada hermana. Todo lo contrario a mí, es de trato y sonrisa fácil. Tierna y extrovertida. Desde que yo la recuerdo siempre ha tenido vocación de ayudar a los demás. A Prim es imposible no quererla. Le sonrío y la cojo de las manos.

- Os quiero presentar a mi hermana, la Doctora Primrose Everdeen- digo con un mal orgullo disimulado – Prim, estos son compañeros de mi unidad, Madge Undersee y Peeta Mellark.

- Encantada, soy Prim, nada de Doctora Everdeen aún. Hola Madge, un placer conocerte - le dice y le tiende la mano. Se gira y mira a Peeta.- Pero al Doctor Mellark ya lo conozco, bueno no personalmente, claro - dice ruborizándose. – Todos en el hospital le conocen. Es todo un héroe por aquí .- Acaba con admiración

¡Perdón, que está pasando aquí! Pienso con una sensación de incomodidad. Parece que todo el día está girando alrededor de este hombre.

- Bueno, no es para tanto.- Sonríe Peeta avergonzado

Antes de que pueda continuar esta extraña conversación, al menos muy extraña para mi. Se oye correr a varios médicos y enfermeras.

- Prim, vienen varios heridos por un derrumbamiento. ¡Corre te necesitamos!

Prim poniendo cara de circunstancias me da un beso y sale corriendo con sus compañeros. Enseguida la sala se convierte en un hervidero de personas. Peeta nos coge y nos lleva hacia otra salida.

- Bueno, ¿os llevo a casa? – pregunta

- No, no es necesario- dice Madge.- Thom ya ha acabado su turno y pasa a por mi. Esta noche me quedaré en su casa, aprovechando que ya estoy en el centro. Os veo mañana.- Y se despide mientras sale.

- Katniss, ¿te acerco?

- Hmmmm. No, no es necesario, creo que cogeré el metro – contesto.

- ¿A estas horas? No es muy seguro dependiendo de dónde vayas. Ya sé que estoy hablando una agente del FBI, pero aun así me quedaría más tranquilo si te llevara a casa.

- No, de verdad, no quiero molestar .- Y además, pienso, no quiero deberle nada más al chico del pan.

- No es molestia Katniss. Después de días como hoy, con lo de Rue,.. ya me entiendes… . No soy capaz de dormir, al menos durante un buen rato. Me harías un favor, si dejas que esté ocupado un rato más. Igual así evito las pesadillas. - dice con voz cansada y ojos tristes. – Lo cierto, es que no duermo mucho.

Igual me estoy engañando a mí misma, pero si esto se trata de hacerle un favor a él, y no al revés, puede que me deje acompañar a casa.

- Está bien, pero no vivo demasiado cerca. Estoy en Brooklyn.- Tras unos segundos de vacilación añado. – Gracias.

Pero que conste, que le doy las gracias por educación, porque yo no necesito que me acompañe a casa, me valgo sola y lo estoy haciendo para que pueda descansar bien. Como si me estuviera leyendo el pensamiento, Peeta me responde que gracias a mí.

De camino a casa, en su coche, un precioso BMW X6, me pregunta la dirección que introduce en el GPS y pone música

- Patrick Doyle. – dice – Me encanta su música. Es un compositor, sobre todo de bandas sonoras de películas. ¿Te gusta el cine?

- Sí, claro, como a todo el mundo, aunque no soy una gran experta.

- Oh bueno! Yo tampoco – exclama.- no soy ningún cinéfilo o crítico pero tengo una gran colección en casa. Los chicos de la unidad vienen a casa de vez en cuando a hacer algún maratón. Cada vez escoge uno el maratón que tenemos que ver. No te puedes imaginar, lo fastidiadas que estaban Johanna, Madge, Annie y Delly el día que Bogss escogió las 5 de Rambo. Bueno, lo cierto es que yo tampoco estaba muy contento, pero tenía que disimular. Team Boys, ya me entiendes.

Cuando me doy cuentas los dos nos estamos riendo a carcajadas. ¿Cómo es posible? Acabamos de dejar a una niña asesinada y a su madre destrozada, apenas hace una hora. Pero Peeta Mellark es así, me digo. Ya en el colegio, conseguía que la gente se sintiera bien con él. Siempre sentía envidia de ñps feliz divertido que parecía su grupo. Hoy lo he podido ver con Rose y ahora conmigo. Como si eso no fuera bastante, tanto Madge como mi hermana han insinuado algo así también. Ha conseguido disipar el ambiente tenso que pudiera haber entre nosotros, después del día tan duro y extraño que hemos tenido. Después de no saber nada, uno del otro durante diez años. Alguien tiene que mencionar el tema de Albany, así que me decido y pregunto.

- ¿Vas mucho por casa?

- No, lo cierto es que sólo para Navidades y algunos días en verano. Me encantan los atardeceres en las montañas en verano. No los he encontrado en ninguna otra parte. ¿Y tú?

- Bueno, al principio, mientras Prim seguía en casa, volvía todos los fines de semana. Y así podía seguir con el puesto en el mercado. Las vacaciones también las pasaba allí con las rutas turísticas y de caza. Luego Prim se fue a la universidad y yo entre en Quántico, y desde entonces solo he vuelto un par de veces. La última justo antes de venir aquí. Aunque no lo creas hice la mudanza ayer mismo y Gale me ayudó a trasladar mis cosas.

- Gale y su madre eran los que llevaban el puesto contigo ¿verdad?

- Sí, Gale es mi mejor amigo. Nos conocemos desde poco después de la muerte de mi padre.

- Por cierto, espero no resultar inoportuno, pero me enteré de lo de tu madre hace un par de años. Lo siento. Siento no habértelo podido decir antes…

Murmuro un gracias a media voz, y de pronto dice Peeta con voz traviesa

- Pero claro, no sabía dónde estabas. No se puede decir que habláramos mucho en el instituto o que me prestaras mucha atención. Katniss, la gran cazadora. Todos te temían por allí. – Y se pone a reír.

Ya está, ya lo ha vuelto a hacer, pienso con exasperación. ¿Cómo lo consigue? Después de las palabras sobre mi madre, se había vuelto a llenar el coche con tensión y yo estaba deseando llegar a mi casa para salir de este espacio reducido con él, pero de pronto, con un par de frases y una sonrisa, nos sentimos de nuevo cómodos.

En ese momento giramos una esquina y veo mi calle.

- Es aquí le digo, un par de edificios más adelante.

Peeta para el coche en segunda fila en frente de mi puerta y se despide.

- Muchas gracias Katniss por dejarme traerte, creo que ya estoy más tranquilo. ¡Me parece que incluso podré dormir cuando llegue a casa!

Me da la mano para despedirse y se inclina para darme dos besos en la mejilla.

- Gracias a ti por acercarme. Nos vemos mañana en la oficina

Salgo del coche y me dirijo a mi casa. Hasta que no abro la puerta, me despido con la mano y cierro, no se va. Está claro que es un caballero, como comentó Delly. Una vez dentro del portal, me apoyo en la puerta, y empiezo a pensar en lo intenso que ha sido el día. En cómo es de cierto, que el mundo es un pañuelo. Ayer mismo estaba pensando en Peeta y en lo que habría sido de su vida y hoy me lo encuentro en mi misma unidad. Empiezo a subir los 3 pisos hasta mi apartamento, repasando las conversaciones que he tenido con él. Cómo creo que se sintió aliviado cuando le reconocí en el bar y lo increíble que estuvo al comunicar la muerte de Rue. Inmersa en mi reencuentro con Peeta Mellark, entro en mi casa, y le doy al contestador, mientras entro en el dormitorio a ponerme el pijama, para ver si puedo dormir unas cuantas horas. El primer mensaje es de mi casero, esperando que todo esté bien el apartamento, me dice que se pasará en un par de semanas para revisar las cañerías del baño. El segundo es de Gale.

Me quedo helada mientras escucho su voz en el contestador y no anticipo nada bueno:

"Catnip ¿cómo te va? Ya sé que quedamos que me llamarías en unas semanas cuando estuvieras asentada y tuvieras algo que contar, pero no he podido evitarlo. Llegar de nuevo a Albany, pasar por tu casa, entrar en los bosques y sentir tu ausencia, me ha hecho darme cuenta de que esto no está bien. Te echo de menos, lo sabes. Y aunque quedamos que no hablaríamos de lo que pasó tras la muerte de tu madre…. Bueno, bien, no estoy de acuerdo en eso y necesito hablar contigo. Te conozco, y sé que vas a odiarme cuando escuches esto. Por eso he preferido dejarte un mensaje para que lo vayas procesando. Te llamo en unos días. Un beso"

Me derrumbo en la cama, tras escuchar el mensaje. No, pienso, no puedo con esto ahora. Son demasiadas cosas, el caso, Nueva York, Peeta, Gale…. Sin saber muy bien por qué, me doy cuenta de que Peeta y Gale no conviven demasiado bien en mi pensamiento. Gracias a Dios estoy agotada y antes de poder pensar nada más, acabo dormida a medio vestir.