Hola! allá va otro capítulo. Tened un poco de paciencia que Peeta irá cobrando cada vez más protagonismo, pero por ahora estoy intentando situar la historia. Este es un capítulo más de transición, pero espero que os guste, y si me podéis dar algún review os lo agradecería, para saber qué opináis y si vosotros cambiaráis algo.
Gracias!
6. EL MUSEO
Al día siguiente no me levanto demasiado pronto. Al fin y al cabo no he de ir a trabajar hasta las 18, y esta noche he vuelto a tener pesadillas. Así que me quedo en la cama hasta bien entrada la mañana, disfrutando del silencio y la tranquilidad de mi casa.
Cuando por fin me levanto, me propongo llamar a Gale. Algún día voy a tener que decirle algo. Pero me acobardo pronto y le envió un mensaje
"Estamos metidos de lleno en un caso de desapariciones múltiples. Sé que tenemos que hablar, pero ahora no puedo. Dame más tiempo".
Espero que esto por ahora, le baste porque aunque no sea lo que quiere oír, es lo único que le puedo ofrecer.
Salgo a buscar un gimnasio, y encuentro un estudio de "Hot Yoga". Bueno, me digo, ya que estamos intentando "dar oportunidades" vamos a probar con esto. Entro y me quedo en la siguiente clase. Lo más sorprendente no es que salga relajada y bien de la clase, sino que prácticamente desde el principio me he sentido así. Decido que voy a combinar el correr con el yoga. Muy orgullosa de mi misma por este avance. Subo a casa, repaso varias notas del caso mientras como una ensalada rápida y me visto con más atención que ayer, para no repetir el asunto de los calcetines. Para un turno de noche repasando videos, me pongo casual, unos pantalones anchos y una camisa blanca fina de media manga. Como no me da pereza secarme el pelo con este calor, me lo dejo suelto para que se seque al aire.
Aunque llego pronto, no me sorprende encontrar a Finnick ya allí. En esta unidad, parece que nadie tiene vida propia… o al menos no tienen casa propia.
Con su habitual estilo burlón, que ya empiezo a conocer me pregunta si Johanna ayer me hizo el tercer grado.
- Supongo que sí, aunque casi me dio más información sobre vosotros.
- ¡Ah! Ya sabes ¿mi compromiso con Annie?
- Hmmmm, no. Nos centramos más en Peeta y la secretaria de prensa… ¿cómo se llama? ¡Ah sí, Glimmer! – Igual me estoy comportando como una adolescente, pero no quiero que crean que me importa lo más absoluto, porque, no me importa en absoluto y bajo la cabeza para reafirmar mi afirmación mental.- Bueno pues ¡Felicidades! No sabía nada.
- Daremos una fiesta de compromiso, dentro de poco, seguro que Annie está encantada de que te invite. Espero que para entonces este caso esté cerrado.
Nos ponemos a ver vídeos y más vídeos, sobre todo de tráfico. No deja de ser un trabajo de lo más aburrido y pesado. Pero parece que hoy lo podremos dejar acabado. Cuando son sobre las 21 suena el teléfono de Finnick que sale de la sala para contestar y rápidamente vuelve a entrar.
- Nos vamos, tenemos que avisar primero a Boggs. Recógeme a la salida. Te lo iré contando por el camino.
Me levanto de un salto, ayudada por la adrenalina, está claro que ha pasado algo importante. Y bajo al garaje, para coger el coche y salir a por Finnick. Apenas llevo treinta segundos en la entrada cuando aparece corriendo y entra en el coche casi de un salto.
- Vamos al MOMA, yo te indico.
La llamada que acaba de recibir es de Peeta. Cree que pueden haber desaparecido otros niños, hermano y hermana de la fiesta en que se encuentran en el MOMA. Aparcamos en el sitio reservado para coches oficiales y entramos en el museo. Todo está lleno de carteles sobre la "Fundación Mellark para jóvenes promesas del arte". Así que Peeta, no sólo trabaja en el hospital, tiene su propia consulta privada y es asesor del FBI sino que además tiene una fundación artística. Empiezo a ver qué es cierto lo que me decía sobre no dormir.
Nos quedamos en la puerta de una sala, cuando veo que vienen hacia nosotros, Peeta y Glimmer, con un increíble vestido dorado que deja poco a la imaginación y que debe valer mi sueldo de un mes, y unos tacones que si llevara yo, no solo andaría como un pato, sino que estaría mareada por la altura. En ese momento pienso en mis pantalones anchos y mi pelo sin peinar.
Conforme se acercan, ella le coge del brazo. Igual Johanna estuviera equivocada, y el "Golden Boy" de Nueva York estuviera de nuevo comprometido. Desde luego, estoy de acuerdo con Johanna en que no me parece que sea la mujer ideal para un hombre como Peeta, aunque salta a la vista por la cara de Finnick que los hombres tienen otra opinión. Esa es una de las razones por las que nunca he perdido la cabeza por un hombre. Son demasiado previsibles. Noto que la situación me ha puesto bastante incómoda.
- Hola, gracias por venir los dos. Os pongo al día rápidamente. Puede que aún no sea nada, pero es bastante extraño. Los Lyuden vinieron a la fiesta con sus dos hijos, un niño de 13 años y una niña de 15. Hace aproximadamente dos horas los mandaron de nuevo a casa en el servicio de limusinas que tenemos contratado para este evento.
Sus padres se empezaron a preocupar cuando nos les llamaban. Entonces contactaron con el servicio y con el portero del edificio y les ha confirmado que no han llegado.
Han avisado a la policía, que están contactando con bomberos y hospitales por si ha habido algún accidente, pero por ahora nada.
- No cuadra mucho con las otras desapariciones.- comenta Finnick- Además dos niños de la parte alta de la ciudad llamarían mucho más la atención que dos niños de La Veta. No digo que no sea nada Peeta, pero es posible que esto sea un secuestro por rescate.
- ¡Eso espero! – interrumpe Glimmer de forma altanera – no quiero tener que explicar que esto es obra de la misma persona y menos sin tener pruebas concluyentes.
- No lo sé – sigue Peeta – tengo un mal presentimiento con este asunto. Si no os importan volveré con vosotros a la oficina.
Glimmer le mira con un mohín en la cara, que entiendo que el sexo masculino considere adorable, aunque para mi sea como si me dieran una patada en las tripas.
- Lo siento Glimmer – dice con cautela Peeta.- ya nos tomaremos esa copa otro día.
Damos la vuelta los tres, y salimos del museo. Lo cierto, es que la despedida entre los dos ha sido más fría que otra cosa, pienso mientras se me escapa una sonrisa.
- ¿Qué era eso Mellark?... ¿Glimmer de nuevo? ¡Buen chico! – Finnick se echa a reír a carcajadas
- Odair, no saques conclusiones, es una fiesta de la fundación y tenía que haber presencia de la oficina del alcalde,… Y parece que la única disponible era ella. ¿Os importa que pasemos por casa para cambiarme?
Lo cierto es que con Glimmer a su lado, y preocupada por mí aspecto, no me había fijado en él, pero lleva un esmoquin que le queda como un guante y va peinado de una manera más formal que los últimos días. No me extraña que la rubia explosiva o en el hospital de mi hermana estén locas por este hombre…. Espera ¿Cómo? ¿Qué acabo de pensar? Me empiezo a sonrojar yo sola.
- Katniss has estado muy callada hasta ahora ¿qué piensas? – me pregunta Finnick
Por nada del mundo les voy a explicar lo que estaba pensando. Así que adoptando una pose más profesional les digo:
- Puede ser que sea muy pronto para sacar conclusiones y quizá sea casualidad, pero en La Veta desaparecieron un niño y un niña, y aquí también. Estoy con Peeta en que resulta extraño, y yo también tengo una mala sensación. De todas formas si es un secuestro al uso, no tardarán mucho en ponerse en contacto con los padres para el rescate.
Hemos llegado al apartamento de Peeta que está muy cerca del MOMA, y justo enfrente del Central Park… ¡esto debe valer lo que no está escrito!. Cuando introduce la llave en el ascensor y marca el último piso, ya no me sorprendo. El apartamento, es un dúplex en el centro de Nueva York, decorado de una forma minimalista, pero se nota el buen gusto allá donde mires. Me fijo en los cuadros, que dan una nota de color y alegría a la decoración en blanco, negro y plata que domina el salón. Los cuadros son abstractos, de colores cálidos y absorbentes.
- Solo tardo 5 minutos en cambiarme, estáis en vuestra casa- dice mientras sube las escaleras.
¿Está de broma, verdad? Sólo mi casa es más pequeña que su salón. Desde luego esto, no es como estar en mi casa. Me acerco a la ventana con Finnick, pese a lo poco que me gustan las alturas, para ver las vistas increíbles de Manhattan y el skyline. Es tan impresionante que me corta la respiración. Pocas vistas, a excepción de mis montañas, me han hecho sentir tan pequeña. Puede, que después de todo, Nueva York no esté tan mal.
