¡Nuevo capítulo! Por ahora el caso sigue avanzando, igual que los recuerdos de Katniss sobre Peeta. En el capítulo que viene veremos a un gran gran personaje. Y en el siguiente... buenos personalmente el capítulo 9 me encanta,... pero eso ya será para el viernes ;-)
Como siempre, os agradecería reviews porque me encantaría saber qué os parece!
Buena lectura. Por si no lo he dicho, aunque es evidente, los personajes son de Suzanne Collins.
7. MÁS SECUESTROS
Aunque cuando llegamos a la oficina son casi las 11 de la noche, ya está todo el mundo allí, incluso, para mi sorpresa el Director Abernathy, lo que me intimida bastante.
- Tengo un mal presentimiento con este caso.- dice
Es la tercera persona que en voz alta expresa su sospecha sobre este caso. Cualquiera fuera del FBI pensaría que estamos siendo poco analíticos, pero ya en la academia nos enseñan a seguir las pruebas, pero también nuestros instintos. Y de intuición, sé mucho.
Recuerdo una vez que estaba con Gale en los bosques, era también principios de verano y habíamos subido al lago a refrescarnos tras comprobar las trampas. El día era plácido y lento. Me encantaban ese tipo de días en los que el tiempo más que pasar, discurrían como un río pesado, poco a poco pero inexorablemente. El lago era un lugar que me traía recuerdos agridulces, la mayoría relacionados con mi padre. Los mejores momentos los pasé con él aquí, pero el lago también me recordaba su muerte. Supongo que por eso sentía siempre cierta intranquilidad, en cambio todo se borraba cuando entraba en el agua. Me encantaba tumbarme hacia arriba y flotar, sintiendo donde me tocaba el sol, escuchando el silencio a través del agua e imaginándome que me mecían las olas. Sólo, una vez, había visto el mar. En una excursión con el instituto, pero se me había grabado para siempre. El tacto como de terciopelo de la arena caliente bajo mis pies, el ruido de las olas, y la sensación de que te atrapaban entre ellas.
Cuando acabamos del baño, estaba relajada y tranquila, pero apenas pasaron unos minutos, cuando un escalofrío me recorrió. No sabía por qué pero algo había cambiado en el ambiente, era tenso. Como la calma que procede a la tormenta.
Gale, ajeno a todo seguía hablando de dónde pensaba poner las próximas trampas, de las próximas rutas que deberíamos cubrir si abríamos nuestro servicio de guías,…. le mandé callar llevándome el dedo, en gesto de silencio, a la boca.
Ahí estaba, la sensación seguía ahí. Agarré el arco y lo cargue con una flecha. Gale hizo lo mismo, al ver que iba en serio. Apenas habían pasado unos segundos, cuando de pronto escuchamos un gruñido y un oso enorme y gigantesco salió corriendo del bosque hacia nosotros. Sin retroceder empezamos a disparar, pero el oso seguía inevitablemente en nuestra dirección, hasta que finalmente le acerté en un ojo. El oso paró en seco y finalmente dio la vuelta desapareciendo de nuevo entre los árboles. Corrimos hasta el puesto de guardabosques más cercano, para informarles del ataque del oso y de que estaba herido. Es cierto que cazábamos pero nunca un animal tan noble y maravilloso. Los osos eran respetados en las Addirondack, eran uno de nuestros orgullos.
Gracias a Dios, lo encontraron horas más tardes todavía con la flecha clavada, y consiguieron reducirlo para curarlo. El oso se quedó tuerto, pero la historia empezó a circular entre los vecinos y los turistas, y me dotó de cierta fama que nos vino muy bien para nuestro pequeño negocio. Gale siempre decía que tuvimos un golpe de suerte, pero yo sabía que detrás había más.
Esa intuición mía, parece que también la compartían Haymitch y Peeta y por desgracia, no parecía conducir a nada bueno. Si finalmente nuestros temores se cumplían hablábamos de 4 niños secuestrados, un asesinato… y ninguna pista consistente.
- Beete, empieza con las cámaras del museo y aplica reconocimiento facial. Quiero los antecedentes de todos los que estaban en esta fiesta esta misma noche. Y mañana, todos vosotros empezaréis a interrogarlos. Si finalmente han secuestrado a esos niños por dinero y no hay relación, podré respirar tranquilo. Si en 24 o 48 horas no sabemos nada, tendremos que asumir que se trata del mismo sujeto y que nos enfrentamos a un psicópata. Peeta, cuéntanos todo lo que recuerdes de la fiesta.
Peeta se levantó de la silla y dio la vuelta a la mesa, hasta quedar situado al frente, delante de las pantallas. Me fijé en que tenía ojeras y parecía cansado. Tomó aire y tras una pausa comenzó.
- Es la gala anual de la fundación Mellark. Cada año dotamos con una beca a diez artistas jóvenes, les pagamos los estudios y organizamos una serie de exposiciones. El año termina con la selección de una de sus obras para una subasta benéfica en el MOMA. Este es el tercer año que se organiza. No recuerdo nada fuera de lo normal, ni que hubiera ningún incidente. Supongo que había mucha gente y yo me dediqué a hablar con mis invitados. Lo mejor será que le pida los datos a mi asistente, para que nos envíe los nombres de todas las empresas contratadas y comprobemos con seguridad que todo estuvo tranquilo como recuerdo. Siento de no ser de mucha ayuda.
Miro a Peeta, me doy cuenta de que sé reconocer esa mirada que tiene, aunque intenta aparentar que está tranquilo y mantiene la voz firme. Sin embargo yo sé, que se siente, de alguna forma, culpable.
Como cuando ganó el estatal a su hermano. Peeta pertenecía al equipo de lucha del instituto y era uno de los mejores luchadores. Uno de sus hermanos mayores, Hunk, también pertenecía al mismo equipo. Generalmente quedaban primero y segundo en los campeonatos regionales. Su hermano le ganaba siempre, ya que era casi dos años mayor y era más fuerte y con mayor envergadura. Ese año la prueba era en nuestra ciudad, concretamente en el gimnasio de nuestra escuela. Tanto Prim y yo, como Gale y sus hermanos nos acercamos a ver el campeonato. Los pequeños estaban emocionados, ya que además de pasar una tarde de competición, la lucha era un deporte importante en Albany, les habíamos prometido comprar unas palomitas y un refresco. Así que era como si fueran navidades o un cumpleaños para ellos, ya que no solíamos tener dinero para esta clase de dispendios.
Cuando entró nuestro equipo, todo el pabellón se puso en pie para aplaudir. Todos entraban con cara de concentración, menos él que no hacía nada más que mirar al público como si buscara a alguien, nervioso. Varias chicas de nuestro curso y cursos anteriores le saludaban con efusividad. Seguro que era a una de esas chicas a la quería encontrar en la mirada.
En un momento determinado, antes de empezar su primera pelea, volvió a mirar a las gradas y se fijó en mí, lo que no era extraño, porque Rory, Vick y Prim se estaban desgañitando mientras animaban y eran los más escandalosos de la grada.
La competición seguía su curso y Peeta iba pasando rondas como era de esperar, hasta que llegó a la final, y le tocó competir contra Hunk. El primer periodo, fue como de tanteo, supongo que porque los dos se conocían muy bien. Pero en el segundo Peeta tomó la iniciativa, y pocos segundos antes de que acabara consiguió inmovilizar a su hermano que no pudo hacer nada.
Cuando ganó el combate, estábamos todos dando saltos de alegría, había sido una gran sorpresa, y Peeta era mucho más querido que su hermano mayor en nuestro instituto. En la entrega de medallas, Hunk se negó a darle la mano a Peeta que se volvió a mirar hacia donde estaba yo y sonrió con tristeza. Con las luces era imposible que distinguiera a nadie, pensé mientras se me ponía la carne de gallina al ver su abatimiento.
Cuando acabó la entrega de medallas, salimos a la noche fría. No habíamos recorrido ni cien metros cuando me di cuenta que me había dejado la bufanda. Les pedí que siguieran camino a casa mientras volví a por ella. Entré en el pabellón a oscuras. Reinaba un silencio sobrecogedor, sobre todo cuando lo comparaba con el bullicio de adolescentes animando de hacía solo unos minutos. Por fin, llegué hasta nuestros asientos y encontré la bufanda tirada bajo mi asiento. La cogí y empecé a salir hacia el pasillo, cuando los oí. Estaban discutiendo. Hunk le decía a Peeta que era su oportunidad de que un buen ojeador lo viera y le dieran una beca para una buena universidad y que le había arruinado el futuro. Peeta se defendió y murmuró algo por lo bajo, pero su hermano se rio con desdén mientras daba un portazo y salía. Me mantuve escondida tras las taquillas, pero no pude evitar asomar la cabeza y mirarle. Sus ojos estaban llenos de una mezcla de culpabilidad y dolor. Los mismos ojos que veía ahora.
Sorprendida me doy cuenta de que sé más de Peeta Mellark de lo que pensaba. Está claro que nunca me ha sido indiferente y que lo he observado desde la distancia.
Peeta, Johanna y Madge se están preparando para ir a casa de los Luyden a esperar que haya alguna llamada y a revisar las habitaciones de los niños, por si encuentran alguna indicación sobre sus últimos días. Sin poder contenerme, me acerco a él y le digo:
- Sabes que no es culpa tuya ¿verdad?
Me mira cansado y dice:
- Lo siento, no puedo evitar pensar que soy responsable de lo que ha pasado. Eran mis invitados, eran mis empleados, era mi fiesta. Yo tendría que haber estado más atento,…. muchas gracias por preocuparte.
Me sonríe ladeando la cabeza y noto que me punza el corazón de una manera que no sé definir. Igual que me pasó en el gimnasio. No quiero darle mucha importancia así que lo achaco a su empatía y a su capacidad de transmitir, que de alguna forma consigue llegar a la gente que le rodea.
Una vez que se van, el resto nos quedamos repasando los datos de las empresas contratadas por Cecelia, la asistente personal de Peeta, para la gala. La compañía de limusinas, es la que más nos interesa, se llama Panem Lim y forma parte de un holding denominado Capitol Enterprises. La noche va pasando sin que tengamos ninguna noticia.
Sobre las 4 de la mañana nos llaman desde la oficina central de policía de Nueva York porque han encontrado la limusina abandonada al norte de la ciudad y un cadáver que podría ser el del conductor al que han pegado un tiro en la sien. Los niños no aparecen, nos comentan, pero hay que peinar mejor la zona por si acaso.
Cuando llegamos ya está criminalística examinando el lugar. No podría ser más sombrío y sucio. En un área industrial abandona. Pienso que ni las ratas querrían vivir allí.
La policía científica no encuentra nada: ni huellas, ni restos de piel, ni más sangre… el escenario está limpio como una patena, menos la luna trasera del coche, en el que aparece pintado un número 10.
Me recorre un escalofrío. Definitivamente nos estamos enfrentando a algo más tenebroso, que unos secuestros normales.
