Allá va! por favor decidme que os parece! este es mi capítulo favorito hasta ahora. Mucho Everlark en acción y una pequeña cena... no todo siempre ha de ser trabajo :-)
9. EL COMPROMISO
Durante unos días, parece que las cosas se tranquilizan, aunque eso no es bueno para nosotros. Atascados con la furgoneta, sin más pistas que la limusina y su conductor, nos centramos en hacer una reconstrucción de sus últimas horas. Por lo que tenemos, Brutus Hemings era aficionado al juego y tenía varias deudas, por eso aceptaba cualquier trabajo ocasional que se le ofreciera. Sin embargo, está claro que esto no ha tenido nada que ver con las deudas, está demasiado ligado al secuestro y asesinato de Rue. Y no parece que estén relacionados de ninguna manera.
Otro tema es intentar averiguar, qué son los números encontrados en Rue y en el coche del último secuestro. Y por qué no lo encontramos en la desaparición de Paul. Así qué volvemos de nuevo a La Veta, pero sin resultado. Tenemos demasiadas incógnitas abiertas.
La presión empieza a pesar y el ánimo en el equipo no es muy alto así que Peeta nos invita a todos a una velada en su casa para celebrar el compromiso de Finnick y Annie. Al fin y al cabo es domingo.
Quedamos sobre las 19.30 en su apartamento, así que tengo unas tres horas libres hasta entonces, aunque tendré que invertir la mitad de ese tiempo en el trayecto de ida y vuelta a mi casa. Aunque es posible que nunca me acostumbre del todo al metro, empiezo a saborear la tranquilidad de tener cada día 45 minutos al menos para mí, sin llamadas, ni mails,….así que en el trayecto del metro aprovecho para sacar un libro. Con la visita a Snow y a su biblioteca me entraron ganas de repasar algunos clásicos. Recordaba haber leído con mi padre "Los doce trabajos de Hércules", así que cuando busqué en la caja de libros, que aún seguía en la entrada y lo encontré, me puse con él sin pensarlo más.
Cuando llego a casa, me meto debajo de la ducha e intento relajarme y dejar la mente en blanco, como tengo más tiempo de lo habitual, aprovecho para ponerme una mascarilla de mango en el pelo y relajarme. Luego me arreglo las uñas y las pinto de un color marfil. Me seco la melena con más esmero del habitual y me pongo mis vaqueros favoritos, una camisa negra con escote en V y unas sandalias altas azules. Cuando termino de arreglarme me doy cuenta de que estoy nerviosa, y que no entiendo por qué me he arreglado tanto… Enfadada conmigo misma, por esta tontería, me niego a mirarme al espejo y salgo rápidamente hacia el metro. Aún no tengo muy claro las líneas del inmenso metro de Nueva York. Cada vez que veo un mapa estoy como 5 minutos intentando situarme, tan gigante me parece. Así que tardo algo en situarme y coger las líneas adecuadas. Aun así llego con tiempo al apartamento de Peeta, Antes de llamar, me planteo si no sería de mejor educación esperar hasta la hora en punto, aunque luego creo que podría ser embarazoso, porque veo que hay una cámara de seguridad enfocándome desde el techo. Así que respiro hondo y llamo a la puerta, cuando se abre veo a Cecelia al otro lado.
- Hola Katniss, llegas pronto, eres la primera. Si no te importa, aprovechando que ya estás aquí, puedes encargarte de los que vayan viniendo, me he de ir. El catering ya está dispuesto en el salón, solo falta sacar las copas que las encontraras en la cocina. ¿No te importa, verdad?
- No, claro que no. ¿Dónde está Peeta?
- ¡Oh, acaba de subir a ducharse! No tardará mucho. Bueno Katniss, muchas gracias. Nos vemos pronto
Sola en el apartamento de Peeta me siento rara, tras sacar las copas de la cocina me pongo a curiosear. Tiene una televisión enorme en una de las paredes, y una gran colección de películas. No me extraña que queden aquí todos juntos, es casi más grande que algunas salas de cine de nuestro pueblo cerca de las montañas. El salón es precioso y acogedor. Una de las paredes es de cristal y se ve Central Park, que con la entrada del verano tiene un color verde exuberante. El verde es mi color favorito, pero no tan claro, sino algo más oscuro. Vuelvo de nuevo la cabeza hacia la estancia, la última vez, con la poca luz y los acontecimientos no me fijé demasiado en la decoración, tan solo en el contraste de los cuadros. Me acerco a uno de ellos, de un naranja mágico, como el de un atardecer. La textura del cuadro, le da vida y relieve. Dejo mi mirada descansar en él y absorta como estoy, doy un respingo asustada cuando oigo unos pasos y a Peeta gritar
- ¡Cecelia! ¿está todo listo, necesitas ayuda?
De pronto, veo a Peeta descalzo, acercándose por el pasillo, con tan solo una toalla y el torso desnudo mientras se sacude el pelo con unas de las manos. La desnudez siempre me ha abrumado, al contrario que a mi hermana y madre con vocación sanitaria. Cuando me ve, se queda parado y pone cara de sorpresa pero no se lo ve avergonzado como me encuentro yo en este preciso momento. De todas formas sé que tengo que decir algo para romper el hielo pero la única frase genial que se me ocurre es:
- Hmmmm, Cecelia se ha ido. Me ha dejado encargada de las copas y de abrir la puerta – digo tartamudeando. Y rápidamente aparto la mirada. Con Peeta medio desnudo en la misma habitación me encuentro bastante nerviosa.
- Katniss, no. Eres mi invitada, ponte cómoda. Me visto y bajo en 5 minutos. Yo me encargo.
Los siguientes cinco minutos son los más largos y más embarazosos de mi vida. Sin poder evitarlo, me levanto de nuevo del sofá en el que apenas he estado sentada unos segundos y me pongo de nuevo a observar los cuadros. Esta vez, uno azul con diversos matices y degradados. Aunque no es figurativo, me recuerda la sensación que tuve en mi viaje al mar, y consigue que me vuelva a relajar. No sé quién es el artista porque no están firmados y posiblemente no lo conocería. Pero me parece un pintor interesante ya que estos cuadros me evocan recuerdos y sensaciones.
- ¿Te gustan? – dice Peeta acercándose donde estoy
- Sí, me parecen increíbles, ¿quién es el artista?– digo aún cohibida por el recuerdo de su presencia antes. Peeta lleva una camiseta blanca y unos vaqueros negros… y huele exquisitamente, lo que no me ayuda a contener mi turbación.
- Bueno, son míos. Muchas gracias por la crítica.- dice con una sonrisa franca y algo tímida. No hay nada de orgullo o prepotencia en ella, y por eso resulta tan magnética, al igual que sus ojos.- ¿De verdad te gustan? – repite ilusionado.
- Sí, me encantan. Son,… no sé cómo describirlos. Pero me hacen sentir algo. El naranja me recuerda a un atardecer en las montañas. Es cálido. Es como estar en casa. Y este azul, es relajante, casi puedo escuchar las olas…
He tenido que acabar la frase mirando al suelo. Me siento de nuevo avergonzada, ahora por mi boba explicación. Ha de pensar que soy una imbécil, pero levanto la vista y me doy cuenta que Peeta me mira a los ojos con una expresión indescifrable y profunda que me marea un poco. Entre los dos se crea un silencio hipnótico que no es incómodo. Cuando está a punto de decir algo, suena el timbre y se da la vuelta rápidamente mientras se va a abrir la puerta. Me siento confusa por lo que acaba de pasar, por este momento que podría calificar de ¿inacabado?
Empiezo a escuchar voces animadas y risas que provienen del pasillo, cuando veo a Annie y Finnick entrar y me saludan. Les vuelvo a dar la enhorabuena por su compromiso, y comienza a llegar el resto de la unidad. Están todos, Boggs, Thresh, Johanna, Delly, Madge, incluso Effie y el director Abernathy.
La velada transcurre plácidamente entre risas y anécdotas de la unidad. Lo cierto, es que llevan trabajando todos juntos varios años y forman un gran equipo. Se nota que se preocupan los unos por los otros y que son casi una familia. La cena es deliciosa, Peeta nos comenta que es de un italiano que se encuentra en Queens. Hay distintas ensaladas regadas con aceite de oliva y distintos tipos de pasta con salsas. Cuando terminamos el anfitrión se levanta y hace un brindis
- ¡Por Annie y Finnick! Y porque siempre tengamos una excusa tan buena como esta para reunirnos. – nos levantamos todos para brindar con ellos y me fijo en que Annie está realmente emocionada. Finnick le toca la mejilla con un gesto tierno y ella le mira fijamente, como si no hubiera nada más en el mundo. En cuanto acabamos, Peeta continúa.- Odio esta parte, pero tengo que anunciar unas reglas a las que me ha obligado Haymitch si quería preparar esta fiesta. Así que culpadle a él: nada de alcohol después de la cena y nada de películas policíacas. Así que ni Seven, ni El silencio de los corderos,… ni ninguna en la que haya asesinatos o desapariciones o secuestros,…
- ¿Nadie ha hablado de espíritus, no? – dice Johanna de forma maliciosa. Annie se opone rotundamente porque no le gustan las películas de miedo pero Johanna continúa exclamando- mira el lado positivo, así podrás arrimarte a Finnick!
Finalmente todos nos ponemos del lado de Annie. Al fin y al cabo es su día, así que le dejamos que escoja ella entre la colección de Peeta. No me sorprende comprobar que coge una comedia romántica, y un clásico: "Desayuno con diamantes"
Aunque somos muchos, cabemos perfectamente en los sillones y sofás del amplio salón de Peeta. Pero este se tumba en una alfombra negra y mullida con un cojín. Le miro extrañada pero Johanna se da cuenta y me dice en voz baja, porque está empezando la película.
- No te preocupes Katniss, siempre hace lo mismo. Cualquier diría que tiene unos sofás de miles de dólares aquí.
Con las luces apagadas, me voy atreviendo a fijarme en él. Aun rodeado de lujo, sigue pareciendo el chico sencillo de mi instituto y voy reconociendo en él gestos que ni siquiera sabía que recordara o que alguna vez hubiera sabido. Cómo se pasa la mano por el pelo revuelto apartando algún mechón de los ojos. Esa medio sonrisa que tiene cuando algo le hace gracia. O la mirada fija y absorta cuando está concentrado en algo. Me obligo a apartar la mirada, porque estoy convencida de que Johanna me observa, y no quiero dar pie a ningún malentendido, pero una y otra vez, como si fuera un imán, desvió la mirada de nuevo hacia él. Y veo cómo se queda dormido. Así parece todavía más joven, parecido al chico que yo recuerdo.
Cuando acaba la película, nos levantamos para irnos. Peeta nos acompaña a la puerta para despedirnos. Yo me he quedado la última porque, aunque suene tonto, me he perdido buscando el aseo. Cuando se despide de mí, sólo quedan Haymitch y Effie en el portal.
- Katniss- me dice- ¿te acuerdas de lo que me dijiste antes sobre el cuadro naranja? ¿qué te sentías cómo si estavieras viendo un atardecer en las montañas? – asiento con la cabeza, confirmando – Pues, eso es justamente lo que tenía en mente cuando lo pinté.
Sorprendida, le miro a los ojos y abro la boca para responder pero en ese momento llega el ascensor y Haymitch me interrumpe:
- Vamos novata, que se hace tarde.
Peeta se inclina y me da dos besos en la mejilla. Con su contacto cierro los ojos y noto como el calor se extiende por mi mandíbula y cómo se me cierra el estómago. Azorada, le doy las gracias y las buenas noches, con un murmullo de voz. Empezamos a bajar en el ascensor y cuando estamos casi llegando a la planta baja Haymitch se gira hacia Effie y le pregunta divertido:
- ¿De quién era esa canción que decía algo así como… "All you need is…?
Antes de que acabe la frase doy las buenas noches y salgo corriendo a pedir un taxi.
