Hola a todos de nuevo!
Ante todo, gracias a Pauli21, JekaMellark, Gpe77, Everlarkglee4ever y a Katri por los reviews. Y todos los que habéis añadido la historia como vuestra favorita o con alerta. ¡Cada vez somos más!
Espero que os guste este capítulo que cuelgo en la mágica noche de San Juan.
13. EL RESCATE
Me despierto sobresaltada con un trueno. Me he quedado dormida. No tengo ni idea de qué hora será pero ya se empieza a adivinar el amanecer. Siento los brazos de Peeta junto a mí y siento su tibieza y calor. Su respiración es débil. Me giro poco a poco hacia él y le paso un dedo desde la frente al cuello trazando su mandíbula, disfrutando cada segundo de esa caricia y del contacto de su piel. Muy bajito susurro su nombre varias veces, pero cuando no despierta me asusto. ¿Habrá empeorado la lesión? ¿Habrá perdido la conciencia? Me reclino y le zarandeo
- ¡Peeta, despierta! ¿me oyes? – noto que mi voz está un poco aguda debido al histerismo que empiezo a sentir, la boca se me queda seca. En ese momento veo que abre los ojos, pero tiene la mirada perdida, no es capaz de centrarla en mí. Está confundido y no parece sabe dónde se encuentra. - Peeta, estoy aquí. Estoy contigo - y le estrecho la mano, apretando fuerte para que pueda concentrase en una cosa.
- ¿Kat…Katniss? – puff respiro aliviada - ¿Dónde estamos, qué ha pasado?
Se me cae el alma a los pies en ese momento, ¿se ha olvidado de todo lo que ha pasado? ¿de nuestro beso? Me recrimino enseguida porque eso no es lo importante, lo importante es que salga de esta.
- Tuviste un accidente mientras buscábamos pistas de la niña desaparecida, caíste por una ladera de la montaña hasta el río. Baje a por ti y te saqué,..
- ¡Ah sí! Ya recuerdo, me trajiste aquí y tenía mucho frío.
- Sí, encendí un fuego y te preparé una sopa y,… – me callo cuando estoy a punto de añadir "y me besaste, el mejor beso de mi vida por cierto". Pero no me atrevo por si no se acuerda, no quiero añadir más confusión a su estado ya de por sí confuso.
- ¿y? – pregunta.
- Y te dolía la cabeza debido a la contusión. Al final te quedaste dormido – Acabo su frase, no sin sentirme un poco decepcionada.
- ¡Oh, vale! pensaba que,….
- ¿Qué pensabas? – le reclamo con urgencia.
- Pensaba que me habías besado.- y me guiña un ojo que hace que mi boca me traicione con una gran sonrisa.
- Bueno técnicamente me besaste tú a mí.- y remarco mucho la palabra "besaste". Si quiere jugar a este juego, yo también sé jugar. – Creo que ya estás mucho mejor, así que me voy a buscar ayuda. Y ya me pensaré si los envío a por ti –digo ofendida mientras hago el amago de levantarme de su lado. Pero él me coge de la mano y me tira con fuerza hacia él. - ¿qué quieres ahora Mellark? He de irme.
- Te acompaño.
- ¡No, no puedes! Estás débil, has perdido mucha sangre por la herida de la pierna y aunque la doctora es mi hermana, sé que los golpes en la cabeza hay que tomarlos en serie y mantenerse inmóvil al menos veinticuatro o cuarentaiocho horas. Tú te quedas aquí.
Parece que mi discurso no ha surgido ningún efecto porque se intenta levantar. Pero en cuanto apoya la pierna herida y se levanta, cae de golpe. Vuelve a perder todo el color, incluso de los labios. Me acerco rápidamente a comprobar que está bien.
- Lo siento, tienes razón, no puedo ir contigo, la pierna no me aguanta, y la cabeza me estalla. – me dice con tono triste. – Pero te daré el código para desbloquear el teléfono. Es el ochocientos cinco.
- No te muevas ¿de acuerdo? – Le miro extrañado porque parece que se ha ruborizado, y no sé por qué. Pero sin perder más tiempo le acerco todo lo que puede necesitar, el agua, las aspirinas y algo de leña para que pueda lanzarla hasta la hoguera y no se mueva. – Volveré lo antes posible.
- ¡Katniss! ¿ni…..ni un beso de despedida? Por si acaso…
No sé muy bien que responderle, pero me ha sonado a una despedida y se me cae el alma a los pies cuando me doy cuenta de que Peeta cree que no saldremos de esta. Así que aunque por un un lado me muero de ganas de besarle de nuevo, no quiero que piense que yo tampoco creo que lo vaya a conseguir. Por eso estoy completamente decidida a negarme cuando me sonríe de nuevo y aunque no es su sonrisa luminosa de siempre sino una sonrisa que refleja el cansancio que siente ya que enseguida cierra los ojos. Mi voluntad empieza a titubear. Esa sonrisa del chico del pan, va a ser mi perdición si no empiezo a controlarme. Me acerco hasta él y me inclino para susurrarle al oído: "Si estás despierto cuando vuelva Mellark, tendrás tu beso". Haciendo un esfuerzo que me parece sobrehumano, me separo de su lado y le doy un casto beso en la mejilla.
Apenas salgo de la cueva empiezo a mojarme. Está lloviendo de nuevo aunque no con fuerza. Me oriento con facilidad. Sólo he de llegar hasta el río que queda a mi derecha y después seguirlo contracorriente. A buen paso, llego rápidamente al lugar donde se encontraba Peeta. Hasta aquí era la parte fácil ya que la dificultad estriba en encontrar un buen sitio por el que poder ascender hasta el risco. Me paro para observar lo que me rodea, y decido adentrarme en los bosques para ver si hay algún sendero que vaya hacia el norte, y esté menos inclinado. Porque la opción de subir por donde bajamos la descarto de inmediato.
Cuando llevo un rato caminando veo una especie de sendero entre la densa vegetación. Está empinado, pero creo que seré capaz de hacerlo. Me giro, y miro en dirección a la cueva, como si con ese gesto pudiera sentirlo más cerca de mí, si pudiera sentir ese beso. Veo de nuevo su imagen, sus ojos azules, su piel pálida, y su sonrisa… Pero esto es una solemne tontería ¿Cuándo me he vuelto tan sentimental? Así que sacudiendo la cabeza con firmeza, empiezo a trepar por el sendero. Es más complicado de lo que parecía desde la falda de la montaña, pero ya he perdido mucho tiempo y no puedo volver atrás. Mi ritmo no es muy alto, y avanzo poco a poco. Siento un cansancio en las piernas y en las brazos debido al rescate de ayer, a dormir poco y en el suelo y ahora que lo pienso no he comido. Le di la sopa la sopa a Peeta, pero con su confesión, y lo que siguió se me olvidó por completo comer. Me doy cuenta de que vuelvo a sonreir como una boba, como es posible ¿si solo fue un beso?. En ese momento me tropiezo con la raíz de un árbol y caigo dándome un golpe en la frente, cerca de la ceja, que me empieza a sangrar. Me está bien empleado por estar distraída y no mirando donde voy. La sangre caliente me baja por la cara, así que me paro un momento a descansar, cojo una gasa de mi botiquín y la pego con un trozo de espadrapo mientras aprovecho para comer una chocolatina. No sé cuánto tiempo llevaré caminando porque no tengo reloj, ni puedo tener la referencia del sol pero calculo que hará más de dos de horas que salí de la cueva… ¿Cómo estará?
Me levanto y sigo caminando, aunque me duele el corte de la cara, puedo notar como el azúcar y el chocolate me dan nuevas energías para seguir subiendo esta maldita montaña. Pero conforme pasa el tiempo y sigo sin ver el final empiezo a pensar que me he perdido y me embarga un sentimiento de urgencia y de desesperación como cuando buscaba a mi padre. En cualquier caso, y gracias a mi entrenamiento en Quántico, consigo controlar este ataque de pánico, y concentrarme con todos mis sentidos en mí. Cierro los ojos, y me repito: "Soy Katniss Everdeen, tengo 27 años. Soy agente del FBI. Estoy aquí por un caso de secuestro. Mi compañero Peeta Mellark está en una cueva y necesita mi ayuda… necesita mi ayuda". Abro lo ojos y voy girando poco a poco sobre mis pies 360 grados, tratando de absorber no sólo con mis ojos sino con el resto de mis sentidos dónde me encuentro. Puede parecer increíble pero en los bosques no sólo te puedes dejar guiar por la vista, son tan importantes el oído y los olores, que son capaces de indicarme dónde está el río o la hierba húmeda, cuál es es sendero que seguirían los animales, así que con mi "modo cazadora on" descubro que me he desviado más al oeste de lo que pretendía. Sin dudarlo rectifico mi camino y subo con determinación.
En apenas cuarenta minutos consigo salir a una llanura y descubro el risco donde comenzó todo este desastre. Me dirijo corriendo hacia el árbol y encuentro la chaqueta de Peeta mojado. "Por favor, por favor que el teléfono funcione y tenga batería". Cuando saco el iphone de Peeta veo muchísimas llamadas y mensajes pendientes pero me pongo a desbloquearlo. El código era el ochocientos cinco y marco en la pantalla el 0 – 8 – 0 … Antes de marcar el último 5 me paro porque me doy cuenta que es la fecha de mi cumpleaños. ¿Peeta tiene como bloqueo la fecha de mi cumpleaños? Me llevo una mano a la boca mientras me escucho emitir un sonido de sorpresa. De pie bajo la lluvia, herida, preocupada y agotada como estoy, noto un sabor salado en mis labios. Muevo la mano de mi boca a mis ojos para encontrarlo anegados de lágrimas porque no soy capaz de asimilar de otra manera el sentimiento que me sobrecoge ahora mismo. Rápidamente llamo a los servicios de emergencia y les doy mi posición. Me piden que les espere donde estoy porque mandarán un helicóptero a por nosotros. En poco menos de 20 minutos veo un helicóptero rojo y blanco del que se descuelgan varias personas del centro de rescate. Tras comentarles la situación, el médico me revisa la herida y me pone unos puntos rápidos y una gasa. Me fastidia que pierdan el tiempo en mí cuando Peeta puede necesitarles pero son inflexibles con sus protocolos. Por fin, preparan un rápel para que podamos descender por el acantilado.
Soy la segunda en descender, y en cuanto está todo el equipo abajo les guío hasta la cueva. Primero caminando y después corriendo, sin querer retrasar más el momento de ver con mis propios ojos que sigue bien. Antes de llegar a la cueva empiezo a gritar su nombre, para que sepa que he vuelto, pero no escucho respuesta y aunque no me extraña sí se me encoge el corazón.
Cuando llego a su lado, aún estoy sola, he dejado a todo el equipo atrás pero sé que llegarán enseguida. Lo veo tumbado en la misma posición que esta mañana con los ojos cerrados y tan blanco como un fantasma. Apoyo mi cabeza en su pecho pero no siento ninguna respiración. Grito su nombre pero no reacciona y cuando le toco la cara está frío
El médico y el resto del equipo de rescate me apartan de su lado. Veo como rápidamente empiezan a hacerle la respiración asistida y le colocan una máscara con oxígeno.
- Hay que aumentar su frecuencia respiratoria o no llegará hasta el hospital – me dicen.
Durante varios minutos le ponen varias vías de suero y medicación y le abren la vía respiratoria. Yo me he quedado paralizada, junto a la pared y me parece verlo todo desde la distancia, a través de la neblina, como si lo que estuviera pasando no fuera realmente a mí. Como si fuera un sueño, o mejor dicho una pesadilla. Cuando lo ponen sobre la camilla, parece que han conseguido estabilizarlo y empezamos a caminar en sentido contrario al que veníamos ya que con la camilla no conseguirían subirlo. Por eso han acordado otro punto de encuentro con el helicóptero. Un claro en el bosque desde el que lo podrán subir con la camilla y la polea, tanto a él como al médico y a uno de los sanitarios. Pero no podrán bajar ni llevarnos al resto.
Cuando llegamos al claro se prepara todo para el rescate, antes de que me dé cuenta ya lo están subiendo, y en shock como me encuentro me fijo en que no me he despedido de él. Aunque nadie del grupo quiere preocuparme y decirme la verdad sobre la gravedad del asunto veo en sus rostros serios que no confían demasiado en que lo consiga. Uno de los guardas me coge de los hombros y empezamos a caminar hasta llegar a un puesto. Desde allí me han de llevar en coche hasta el hospital donde esté Peeta.
- No se preocupe Agente, en cuanto lleguen con el helicóptero nos avisarán por radio para informarnos.
Asiento con la cabeza, casi sin fuerzas, porque me encuentro como anestesiada del dolor y el cansancio. Pero desde ese momento cada vez que escucho un ruido procedente de la radio pego un brinco en el asiento. Por fin y tras lo que parece una eternidad escucho.
- Equipo de Rescate Addirondack rojo, les avisamos desde el hospital. El paciente está estable. Repito, ahora mismo está estable.
Todo el coche estalla en aplausos y suspiros de alegría, menos yo. Yo no puedo sonreír ni permitirme esperanzas hasta que lo vea con mis propios ojos. Además sólo han comentado que está estable, no han dicho que esté fuera de peligro. Tengo una hermana que es médico, y sé que lo que han dicho sólo confirma que no ha muerto.
Tras llegar al hospital me acompañan hasta su médico, el Doctor Sean Cinna, y hasta Peeta, que está en la unidad de cuidados intensivos. Puedo verlo a través del cristal conectado a toda clase de monitores y aparatos.
- El Doctor Mellark, sufre varias heridas además de una leve hipotermia que ahora mismo no nos preocupa y que incluso puede ser que haya sido un golpe de suerte porque le ha ayudado a ralentizar sus funciones vitales. Además del corte en la pierna que ha necesitado de varios puntos de sutura, tiene una contusión muy fuerte en la cabeza y ahora mismo está inconsciente. Esto es lo que nos preocupa y lo que tendremos que monitorizar en las próximas veinticuatro horas que serán vitales. Esperemos que cuando vaya bajando el hematoma despierte. Pero aún es muy pronto para ver cómo va a evolucionar.
- Puedo… ¿puedo entrar con él?
- Agente Everdeen en estos casos cuando tenemos a un paciente en la UCI no es lo más indicado.
- Por favor,…. Doctor Cinna. Sé que es una tontería, pero mientras estuve a su lado, esas horas en la cueva conseguí mantenerlo despierto y no puedo evitar pensar que si no estoy con él, no volverá a abrir los ojos. – Le suplico mientras añado mentalmente: esos preciosos ojos suyos.
- Está bien, Agente Everdeen. – me dice con una sonrisa. – No es lo habitual pero creo que en este caso sería posible una excepción.
Me siento la persona más agradecida del mundo así que le doy un abrazo al sorprendido doctor mientras le doy las gracias y entro rápidamente al puesto de control de la UCI para que me den los guantes y la máscara que he de llevar. Me siento en una silla a su lado y le cojo de la mano. Apoyo la cabeza entre nuestras manos entrelazadas. Y empiezo a cantar, muy bajito la canción del valle. Sin ser consciente del tiempo que pasa, escucho que se abre la puerta y entran varias personas. Son Finnick y Johanna.
- ¡Oh, Katniss! ¿Cómo estáis? – pregunta Johanna con gesto de preocupación.
- Hola. Yo,…. Yo estoy bien, es por él por el que nos tenemos que preocupar. No no saben si despertará – digo mientras se me quiebra la voz e intento aguantar las lágrimas
- Tranquila, Peeta es fuerte, saldrá de esta. Y tiene una gran razón para vivir – dice Johanna mientras mira mi mano agarrada a Peeta y sonríe. Pero de momento no me importa lo que piensen mis compañeros. Sólo me importa seguir agarrada a él como si eso fuera a ser lo que lo mantuviera con vida.
- Katniss – dice Finnick interrumpiendo mis pensamientos – tenemos que ir donde nos han dicho que encontraste la chaqueta de Maysee, es importante que podamos determinar algo más. No tenemos muchas pistas y tenemos que aferrarnos a lo que encontramos.
- No, yo no puedo ir. No voy a dejar a Peeta pero os puedo explicar dónde está.
- Por supuesto Katniss, por eso iremos Johanna y yo. Tú quédate con él y consigue que vuelva pronto.
La sonrisa de Finnick es cálida. Cuando salen los dos de la habitación, Finnick se despide de Peeta con un "despierta pronto, colega" y Johanna se agacha, y le da un beso en la frente mientras le murmura algo al oído.
Al poco rato me quedo dormida con el bip del monitor que me indica que el corazón de Peeta sigue latiendo. Minutos u horas después, siento una caricia en la cabeza y la levanto poco a poco aún dormida, esperando encontrar al Doctor Cinna o a Johanna y a Finnick, incluso a Gale. Pero escucho decir con apenas un hilo de voz.
- Hola preciosa
Es la voz de Peeta, más ronca de lo habitual pero tan cálida como siempre. Me queda quieta por un momento para asegurarme que no estoy dormida y que no es un sueño. Pero cuando me giro encuentro su mirada y la clavo en la mía.
- Hola – le contesto con una tímida sonrisa - ¿Cómo te encuentras?
- Regular, me duele la cabeza – se queda callado y me hace un gesto con la mano para que me acerque hasta él - Por cierto ya estoy despierto, así que puedes besarme cuando quieras.
Bueno, ya no hay de qué preocuparse. Peeta ha despertado y estará bien.
Espero actualizar la próxima á un capítulo mucho más tranquilo y menos dramático ;-)
