Quiero ser escritora

Día perfecto

-Ahora calentaremos en un caldero con aceite de oliva los ajos, las cebollas, el pimentón y los ajíes. Luego añadiremos los tomates, el puré de tomate y el vino dulce...

-¡Espérese un momento, señora, va muy rápido! ¡¿O es que cree que los televidentes somos tan buenos cocineros como usted?!

La mujer había empezado a sazonar las cuatro pechugas de pollo con sal y azúcar y todavía no terminaba de desmechar las mías. Son acerca de las una y treinta y cinco de la tarde, me desperté tardísimo y hambrienta. Me encontré que no estaba en mi cama si no en el sofá. En mi otra casa esto no me sucedían este tipo de cosas porque teníamos una doméstica, ella me despertaba a las ocho en punto y me traía el desayuno a la cama servido en una bandeja. No estaba en mi habitación, así que no programé el despertador y me perdí el desayuno. Me fui directo al cuarto de baño y tomé una ducha larga. Hasta que mi cabello estuviera planchado y seco no salí de ahí. Fui a la cocina y busqué mi almuerzo, luego me acordé que no estaba listo y si quería comer, tenía que preparármelo yo misma. Entonces recordé que a esta hora pasan un programa de cocinay encendí la tele. Saqué los ingredientes y me puse a trabajar.

Creí que esto de cocinar sería pan comido, pero me equivoqué. Me estaba enredando y por estar apresurada de seguir la marcha, todo me estaba saliendo mal. ¿Puedo preguntar qué se creen estos programas de cocina? Apenas ellos muestran la receta un cuarto de segundo y al minuto siguiente tienen todo sobre la mesa, la cocinera explica rápidamente mientras tanto hace la comida. ¡Pero ellos son televisión! Pueden cortar el tiempo y editar todo para que se vea rápido, ¿cuál es la finalidad de esto?

-Pelamos la cebolla y la picamos por la mitad. Sacamos la pulpa así, la rellenamos con el guiso de pollo y la colocamos en un molde refractario, ¿vieron que fácil es?

-Ah sí, fácil para usted y difícil para mí –gruñí derrotada- ¡al diablo con todo! Lo anotaré, ¿en dónde dejé mi lápiz? Yo lo vi por aquí...

Me agaché en el piso en busca de mi bolígrafo azul, escudriñé con la mirada el mesón y me atreví a mirar los cajones por si lo había metido allí por equivocación. No fue sino hasta que me rasqué la cabeza que se enganchó entre mis dedos (lo tenía detrás de la oreja, ¡qué tonta!). No tenía papel para anotar. Oh bueno, improviso con mi mano. Me volví a la tele…

-¡Ya está! Sus cebollas rellenas están listas para comer, les recomiendo que sean servidas acompañadas de arroz y una ensalada verde...

-¡¿Qué?! ¡¿ya lo hizo?! ¡¿cuándo?! ¡¿cómo?! ¡¿cuánto me tardé?! ¡Si fueron tres minutos! ¡no es justo! –crucé los brazos enojada y empecé hacer pucheros.

-...Si usted terminó, tiene las cebollas rellenas listas en su mesas y siguió las instrucciones demuestra que es un estudiante excelente. Si está echando el Gouda rallado por encima y solamente le falta meterlo al horno, es un estudiante regular. Si por el contrario, se atascó desmechando las cuatro pechugas de pollo y perdió el hilo de las indicaciones usted es un estudiante estúpido.

¡AHHHHHHHHHHHHH! ¡¿acaso escuché mal?! ¡Lo que me faltaba! ¡que me insulten en televisión nacional! Si no es porque supiera mi nombre, no me hubiera importado ir al canal y lanzarle en la cara sus estúpidas cebollas. ¡Aj! Se acabó los malos tratos y apagué la tele furiosa. Hoy se cierra la cocina. Ordenaré por catálogo la comida. La próxima más vez que intente cocinar no será por televisión, menos con ese programa de pacotilla. Le diré a Keiko y a Clay que no lo vean nunca más. ¡Son unos groseros! ¡¿es qué la audiencia es tan idiota para no darse cuenta de eso?! Ay no, trataré de calmarme antes de meterme en internet. No quiero asustar al repartidor.

Me siento una completa inútil. Se suponía que sería diferente a partir de hoy. Me cocinaría mi propio almuerzo, no que me lo traerían hecho. Doy lástima, ya lo sé. Fracasé cocinando. Espero no tenga la misma suerte para encontrar empleo. Me prometo que no volveré abusar de las compras por catálogo y cocinaré. Aunque la comida sea tan deliciosa y tan sólo baste con calentarla en el microondas. Uhm. Con el poco dinero que me sobra de lo que mi mamá me dejó en la herencia puedo pagar el pedido. Hubiera tenido más, pero mis ahorros de pequeña los gasté en ropa y zapatos. Es un gran alivio que no tenga que preocuparme por pagar mi matrícula. El repartidor era un muchacho con la cara cubierta de acné y pelo negro, se comportó algo tímido, firmé que había recibido la entrega y la acepté. Cerré la puerta tras él y fui a la mesa a comer. Miré el reloj, a pesar de que me levanté tarde me da chance de salir a la calle y buscar trabajo. Traté de apresurarme y terminar de comer para vestirme. Fue fácil encontrar la ropa, el reto fue elegir los zapatos ideales que combinaran. Verán, si hay algo que odio en definitivo es repetir conjuntos. Elegí una cartera y guardé mi celular, mi estuche de maquillaje, un trozo de papel y un bolígrafo por si necesitaba anotar algo. Luego de eso, salí.

Ninguna de las tiendas a las que me gustaba ir tenía solicitud para una vendedora. Todas las tiendas de la lujuria las dejé pasar delante de mí. Tuve que hacer un esfuerzo sobrehumano para contener mis deseos por quedarme a admirar las vidrieras. Confieso que sufrí la agonía de no entrar. No estaba de compras si no buscaba empleo. Es una lástima. Estoy segura que me habría ido muy bien, a excepción de Keiko, no existe nadie más que yo sobre maquillaje y moda. Hubiera sido divertido aconsejar a las compradoras que conjuntos debían escoger y cuáles no. Bueno, tuve que intentarlo. Caminé durante media hora revisando cada anuncio. Todos ellos son ofertas para recibir clases particulares de física, química y matemática; un curso de computación y publicidad. Se me da muy bien los primeros, pero creo que tendría que tener un aval que certifique que estoy en capacidad de impartir cursos de computación y dar clases de esas materias.

Seguí investigando otra media hora.

Por ser un día de semana, las calles no estaban muy concurridas. De no ser pues que estoy acostumbrada a utilizar tacón estaría muerta del cansancio de tanto caminar sin descanso. En líneas generales son zapatos incómodos y ahora que lo pienso siento una punzada en mi talón. ¡Uf, menos mal que ahí hay un banco libre! Me senté y me quité mi tacón de color turquesa, la planta del pie está roja. Pararé unos cinco minutos. Estoy al lado de un kiosco y en donde hay un kiosco venden periódicos y en los periódicos están los clasificados sobre ofertas de empleo. Cogí uno. Ojeé las páginas buscando los clasificados, pasé mi dedo por la columna deslizándolo hacia abajo mientras leía rápidamente, entrecerré los ojos como las letras parecían nadar frente mis ojos y hallé una vacante disponible solicitando a una moza en una cafetería. Bien, en estos momentos no me importaría trabajar limpiando pisos. Anoté la dirección y me embarqué, cruzando los dedos de que nadie más ha venido por el anuncio.

¡Oh-mi-DIOS! Mi suerte está cambiando a mi favor desde aquel desastroso incidente en la cocina ¡ya tengo empleo y estoy tan feliz por eso! Llegué hace una hora al establecimiento, vi que el cartel solicitando empleo todavía no lo habían quitado de la vitrina y lo despegué. Entré y me acerqué a uno de los camareros. Me dijo que hablara con el gerente en la oficina y luego de un rato en esperar que desocupara con el teléfono, le expliqué que había visto el anuncio y que necesitaba el empleo. Él me evaluó con la mirada y me dijo que podría tomar el trabajo, pero hoy estaría en supervisión. Dependiendo de mi resultado podría quedarme.

Estaba tan emocionada que me lancé y le di un beso en la mejilla. Me tuve que cambiar de ropa: Ponerme una braga azul, me obligaron a quitarme mi blusa turquesa de Marc Jacobs y a usar una chemise roja algodón con el logo de la cafetería en el pecho y tenía que llevar en la cabeza una gorra del mismo color que la braga. Me recogí el pelo en una cola de caballo con un gancho. Luego el gerente me llevó detrás de la barra y me explicó lo básico. Apenas le entendí la mitad de las palabras de lo que dijo ¡hablaba muy deprisa! Y yo que creí que la señora del programa de cocina tenía ese puesto. Me dejó hacerme mi trabajo. Hasta ahora he llevado cuatro órdenes y aprendí a usar la maquinita del café exprés. ¡Era muy fácil! En especial porque la clientela no era abundante. No me malentiendan; este lugar es fantástico, las paredes estaban hechas de cristales transversales, el local tenía forma de un semicírculo y como estábamos en una esquina podríamos ver a las personas pasar de una cuadra a otra y los automóviles cruzar. Esta parte de la ciudad era buena porque inevitablemente la gente debía franquear por este punto. Aunque las canciones son anticuadas: habían puesto un jazz aburridísimo, me pregunto quién es el encargado de poner la música aquí, hubiera hecho lo que fuera para que quitaran esa música tan deprimente y colocaran algo mejor como This is my dancefloor.

-¡Sale una orden! Aquí tiene, señor.

-Gracias.

-Discúlpeme señorita –dijo una voz varonil- ¿podría darme un café doble, descafeinado, sin crema ni azúcar por favor?

-En un momento se lo doy...

Jalé la palanca y salió un chorro de café de uno de los tubos, esperé que se detuviera y volví a halar. Saqué una pajita de plástico y a punto de abrir la bolsita de azúcar, me recordé que la orden no llevaba.

-¿Dijo sin crema ni azúcar?

-Así es, princesa.

¿Princesa? Me di la vuelta y lo vi: ¡El hombre guapo y misterioso de ayer! El vaso se soltó de mis manos y se botó en el piso, el café ensució todo. ¡Oh no! ¡no puede ser! ¡qué torpe! ¡Y él ni siquiera se dio cuenta! Estaba demasiado afanado escribiendo en un block de notas amarillo. ¡Tengo que limpiar esto antes que mi jefe se dé cuenta! ¿dónde es que guardan los utensilios de limpieza? Salí de mi puesto y le pregunté a uno de los camareros, él me señaló con un ademán una pequeña puerta. Ésta abría a un closet, saqué el coleto y una cubeta. Fui al baño de mujeres rapidito y la llené en el lavamanos. Me fijé que nadie usaba un cubículo, el baño estaba desocupado y como todos en la cafetería estaban tan pendientes de sus vidas nadie vio lo que estaba haciendo o lo que hice. ¡Menos mal! Regresé a mi puesto, mojé el coleto en agua y limpié la mancha de café.

-¿Todo está bien allá abajo?... –el hombre de intensos ojos verdes había levantado la vista y me estaba mirando.

-¿Eh? ¡s-sí! Todo está muy bien. Ya le traigo su orden.

Exprimí el coleto dentro de la cubeta y me los llevé para guardarlos en el closet de limpieza en donde los había encontrado. Olí mis manos. Huelen a trapo mojado, de ninguna manera iba a servir café así. Fui al baño otra vez a lavarme.

-Siento haberlo hecho esperar –le dije cuando salí.

-Para nada –le sonreí tímidamente y me volví hacia la máquina- tú eres muy propensa a los accidentes.

-¿Cómo? No entiendo.

-Me refiero a que ayer tropezamos cuando nos conocimos y te caíste. Y hoy derramaste mi café –y yo que creí que no se había dado cuenta.

-Por lo regular no. Me parece que es cosa de un estigma, pero en realidad siempre alguien me atrapa cuando caigo. Siento mucho lo del café, es que me sorprendió –no me dijo nada, no sé si son ideas mías o ese era su comportamiento natural: serio y reservado- no eres muy conversador ¿o sí?

-¿Qué? ¡Oh no, todo lo contrario! Soy una persona sociable, pero quiero concentrarme para terminar de escribir esto. Se suponía que tenía que estar listo hace una hora.

-¿Y por qué no lo terminas en casa?

-Pensé que encontraría la inspiración que necesitaba aquí y digamos que "estoy escapado". Esta es mi hora de descanso, yo trabajo allá –inclinando la cabeza suavemente señaló una infraestructura blanca. Altísima como una torre y que en cada piso iba haciéndose estrecha. En la cúpula tenía un reloj digital. Conozco ese lugar, ¡lo he visto en la tele!

-¡Oh, pero si eso es El Mundo! ¿eres periodista? ¿para qué sección escribes?

-Sí, escribo para el cuerpo de deportes en la sección de futbol.

-¡Suena divertido! Tener que asistir a esos eventos y luego escribir sobre ellos. ¡Qué genial!

-Nah, no es la gran cosa –se encogió de hombros- a veces llega a ser un trabajo aburrido. Pero al menos alimenta el bolsillo y eso me es suficiente.

-¿Y lo que estás escribiendo es un artículo, verdad? ¿sobre qué? –quise acercarme e intentar leer. Pero me cerró la libreta antes que pudiera ver. Apenas pude echar un vistazo a su letra, posee una caligrafía algo engorrosa: escribe en cursiva.

-Lo siento, en el periódico nos piden ser discretos.

-¿Y acaso es discreto si te pones a escribir en un sitio público en el que cualquiera es capaz de venir a mirar?

-Ah no, pueden pensar que estoy escribiendo cualquier cosa, no necesariamente un artículo de periódico y de todas las personas aquí, tú eres la única que ha querido entrometerse.

-Lo lamento –bajé la cabeza apenada- no te preocupes, no leí nada, escribes increíblemente rápido. Ni yo podría escribir así.

-Nada de eso. Yo escribo muy lento –sacudió la cabeza.

-Ya veo, aquí tienes tu café –decidí no agregar nada.

-Gracias –me dijo dedicándome una amable sonrisa y lo aceptó.

Pensé que se iría a una de las mesas, pero no lo hizo, él estaba instalado cómodamente en la barra. Puede que no piense quedarse mucho tiempo puesto que no tiene sentido ocupar una mesa y marcharse o también puede que no esté tan enojado conmigo.

-Vale, no te sientas mal, olvidaré lo del café y que quisiste mirar mi block de notas sin mi aprobación sólo porque eres una chica linda, ¿estás comenzando hoy? –me preguntó. Había dejado a un lado su libreta y parecía dispuesto a hablar conmigo. Giró su dedo señalando el lugar, estaba esperando mi respuesta.

-¡Ah! ¡Sí! Técnicamente hoy estoy bajo supervisión. Espero causar una buena impresión al gerente ya que del resultado de mi desempeño depende que me quede o no con el trabajo.

-¿Este es tu primer trabajo?

-Sí, al menos lo será temporalmente para cubrir los gastos que consuma el apartamento, la comida y uno que otro capricho mientras estudio. No tengo pensado quedarme atendiendo una cafetería para siempre –me reí- antes no necesitaba trabajar porque vivía con mi padre, pero desde que decidí mudarme...

No pude continuar. No sé ni por qué se lo dije, mis palabras salieron de mi boca sin haberlo pensado, de repente le estaba contando la historia de mi vida a un desconocido. Uno de mis peores defectos, la gente se entera de mis secretos antes que yo me entere. Es fácil discernir mis pensamientos y eso me fastidia.

-¿Entonces antes vivías con tu familia? –cuestionó atento, animándome a seguir contando. No entiendo cuál es su repentino interés en mí, aparte de haber decidido irme de casa ¿cuál fue la última vez que tomé riesgos en mi vida? ¿quizá cuando acepté el reto en aquella vez que estaba en una pijamada en casa de Keiko jugando "verdad o reto" y yo no quise decir la verdad? Y tuve que salir para gritarle a todo el barrio que mi nombre era Kimiko Tohomiko y me gustaba la mascota del equipo de futbol americano de mi escuela (o sea, ni siquiera al capitán). Qué horror. Admitámoslo, soy la chica más aburrida del mundo.

-Mira, no creo que sea prudente contestar esa pregunta, te he dicho muchas cosas sobre mí y yo ni siquiera sé cuál es tu nombre. Las chicas buenas debemos tener cuidado.

Una señora con su hijo se acercaron a pedir un capuchino y dulces de gomita. Me sirvió de excusa para darle la espalda a mi vecino y fingir que estaba tremendamente concentrada en jalar una palanca. Saqué un empaque de gomitas de abajo y se lo entregué al niño mientras terminaba de preparar el capuchino. La orden está lista. Y ella me pagó.

-Tienes razón –admitió- no me he presentado convenientemente: Soy Raimundo Pedrosa. Sentí curiosidad, es todo, no lo tomes personal.

-¿Curiosidad? Debes estar bromeando, no hay nada interesante sobre mí. ¡Sólo mírame! –gemí desanimada poniendo una mueca.

-Te estoy mirando –me dijo. Sus ojos eran penetrantes y había enseriado las facciones- y no creo que seas aburrida... Así que ¿por qué te mudaste? Todavía no me terminabas de contar.

-Q-q-quería independizarme de las tarjetas de crédito, el talonario de cheques y el dinero de mi papá. Él es el dueño de una pequeña empresa de compra y venta de videojuegos, es muy reconocida aquí. Desde que tengo uso de razón estoy acostumbrada a una vida acomodada.

-¿No estabas a gusto?

-No es nada más eso, sentía que era tiempo de vivir mi vida. No quería exprimir dinero a mi papá, quería ser independiente y todo lo que tuviese fuera por mérito propio.

-Con tu mala suerte, yo no metería mis manos en el fuego -¿me pareció haber oído bien? Él no cree que pueda lograrlo, abrí la boca, pero él rápidamente añadió-. Entiendo: Nueva ciudad, nuevo apartamento, nuevo trabajo, nueva vida –pone una mueca. Miró su reloj de muñeca- se me ha hecho tarde y tengo asuntos que resolver… –acto seguido, Raimundo tomó sus cosas, dejó su dinero en la barra y se fue. Ni siquiera le había dicho cuánto era. Imagino que ha venido numerosas veces, que sabrá cuál es el precio y por eso no preguntó. Lo conté, sobraba la cantidad ¿lo habrá hecho a propósito?

-¡OYE! ¡¿QUÉ TIENE QUE HACER UNO PARA PEDIR UN CAFÉ?!

-¡Lo siento!

Por estar distraída con Raimundo, no había atendido al resto de la clientela. Estaban hechos unas fieras. De vuelta al trabajo.

A las seis de la tarde era cuando más se atestaba el establecimiento. Debía tener en cuenta a varios pedidos a la vez y recordar de quién era cada orden. Ya me estaba volviendo loca y peor, ¡me estaba despelucando! Los clientes no tenían ni un gramo de paciencia, los otros empleados me reprochaban que tuviera prisa y apenas soy nueva en esto, me pregunto qué le habrá pasado a la otra persona que estaba antes de mí. Como sea, ¡soy una persona! Y yo no soy una máquina. Los granitos de café salían hasta por mis oídos. Había preparado el trigésimo capuchino del día cuando la palanca de la maquina se atrancó. ¡Ay no! ¡ahora no! Créanme que intenté desatascarla siendo lo más cuidadosa posible, jalé y seguí jalando.

La palanca se movió y salió un chorro de café. Creí haber solucionado el problema. Serví el vaso y cuando quería cerrar el chorro no pude. El café borbotaba sin parar empañando mi bello piso recién trapeado y reluciente. Yo quise detenerla ¡lo juro! Halando las palancas y apretando botones, pero ¡parecía que botaba más! Saqué varias servilletas y traté de taparlo, de todas formas no sirvió y volví al inicio. ¡Qué desastre! ¡y creo que me partí una uña en el esfuerzo! Oía los gritos detrás de mí. Les pedí paciencia. Ni me hicieron caso. Intenté llenar todos los vasos. En el suelo se había formado un lago de cafeína. Esto seguiría hasta que la máquina se quedara sin café. ¿Dónde se apagará esta cosa? Me agaché en busca del enchufe para desconectarla. Más quejas y reclamos. ¡Un demonio! ¡¿es qué no ven que este pedazo de máquina está averiado y trato de solucionarlo?! ¡Aj! Lo dejé, agarré al azar varios vasos y empecé a repartirlos a lo loco...

-¡¿OYE, DÓNDE ESTÁ MI ORDEN?!

-¡YA QUIERO MI CAFÉ!

¡¿CUÁL ES LA DEMORA?! ¡¿POR QUÉ NO LLEGA LA COMIDA?!

-¡¿POR QUÉ SE TARDAN TANTO EN ATENDER?!

-¡ME ESTOY MURIENDO DE HAMBRE!

-¡ME VOY DE AQUÍ!

-¡Por favor, no se vayan, esperen! En un momento los atiendo. Permítanme un minuto de al menos... ¡les tengo su café!

-¡¿Qué sucede aquí?! –gritó alguien.

El grito me asustó, confieso, no me lo esperé (no me suponía que fuera el gerente). Resbalé con el charco y caí de espaldas. Intenté de sujetarme pero mi mano no encontró nada en que apoyarse y los vasos salieron volando y el café se me vino encima manchando mi uniforme. Éste estaba tan caliente que lo sentí atravesar la delgada tela que lo separaba de mi piel, produciéndome un terrible ardor. Apenas podía moverme. ¡Nadie se molestó en ayudarme a levantarme! El gerente me miró con reprobación. Cruzó los brazos y musitó unas palabras inentendibles que parecían querer decir: Hablaremos luego en mi oficina. Me imagino que era para arreglar cuentas y discutir cómo iba a responder a los daños ocasionados y limpiar esta catástrofe. Y ¡ah! Por supuesto, despedirme y echarme a patadas de la oficina. Pero mi cabeza no podía pensar nada. La algarabía de la gente era un zumbido en mis oídos.

¡Qué humillación!

Me sentía terriblemente mal y torpe. Nunca había hecho el ridículo frente a tanta gente. Mi día perfecto se arruinó. En mi hermoso cielo azul apareció una nubecita gris que opacó mi felicidad. Me levanté antes que las personas siguieran tomando más fotos de mi caída y las subieran a sus redes sociales desde sus teléfonos inteligentes. Me palpita la cabeza y se me escapa un sollozo. Me tapo la boca para reprimirlo. Parpadeo rápidamente para despejar las lágrimas de los ojos y por si acaso, me seco las mejillas con el dorso de mis manos y sorbo mi nariz. No me gusta que me vean llorar en público. No por debilidad si no porque se me corre el rímel y me veo horrible. Siento deseos de salir corriendo, regresar a casa, llorar en mi almohada, esconderme en mi cama y no salir jamás. Pero sé que no puedo hacer eso ya que esta no será la última vez que me equivoque y la gente se ría de mí, para eso tendrá que mudarme a una isla desierta si no quiero que nadie me mire porque en la vida cometeremos errores siempre. Nadie nació perfecto. Debería salir por la puerta trasera. Sin embargo, eso sería como estar avergonzada y no he hecho nada malo para que deba estarlo. No, si voy a salir... será por la puerta de enfrente.

Me quité la gorra, recogí mi bolso, fui por mis cosas y cruzo la puerta como una flecha. Sin mirar a nadie como si no fueran dignos. El semáforo está en rojo para los vehículos o para algunos. Un conductor loco salió de la nada y de no ser porque retrocedí a tiempo hubiera trapeado la autopista con mi culo. No estoy de humor para los graciosos ni pienso perder el tiempo con excusas baratas como por ejemplo el típico: "no te había visto". Y digamos que no estaba en mis cabales en ese preciso instante.

-¡OIGA! ¡¿QUÉ LE PASA?! –rugí furiosa- ¡¿EL SEMÁFORO ESTÁ EN ROJO?! ¡TIENE QUE DETENERSE! ¡¿ACASO NO LO SABE?! –sé que debí haberlo rodeado y seguir con mi camino, tal vez estuvo demás mi comentario, pero ese tipo pudo haberme arrollado y me hacen enojar las personas que no cumplen las normas. Así que me subí al capote del coche y lo atravesé al igual que si fuera parte del pavimento, al final salté y sin voltearme le grité- ¡POR GENTE COMO USTED ES QUE TENEMOS MÁS MUERTOS EN LA MORGUE! ¡DEBERÍA REGRESAR A LA ESCUELA DE MANEJO PARA VER SI APRENDE A RESPETAR EL CRUCE DE LOS PEATONES, LOCO!

Los vidrios del coche eran ahumados y estaban subidos. No sabía si el conductor era mujer u hombre. Ni me fijé en su placa para reportárselo a la poli. No se me ocurrió. No hablo en el idioma automovilístico, pero era un bonito Mitsubishi cromado de un plateado fulgente.

Caminé directo a casa. Rebasé el parque, me volví a trepar al muro y lo franqueé. Llegué a mi apartamento, me enjuagué mis lágrimas traicioneras y me encerré en mi cuarto. Me tiré en la cama, estiré mi brazo y abracé mi osa de peluche fuertemente. ¡Oh vamos, no pongan esas caras! ¡todas las chicas tuvimos un animal de peluche alguna vez! Los chicos también, no crean que me olvidé. El mío es una osita, se llama Moshi y ha estado conmigo desde que era una niña, fue un regalo de papá. Siempre ha estado ahí en mi cuarto como una elegante pieza de decoración. No he sido agradecida, parece que me acuerdo de su existencia cuando me pongo triste. Y al estar triste se me antoja comer helado de chocolate. Casi me levanto a "robar" un poco de la nevera cuando me acuerdo que soy pobre y no hay helado.

¿Qué voy hacer? Una vocecita dentro de mi cabeza dice que debería volver mañana, hablar con el gerente y pedirle un segundo chance porque tal vez esta sea la única oportunidad que tenga de conseguir empleo. Para ser franca no me apetece regresar ni por clienta. Tengo dos motivos: El primero es por miedo (¿miedo a qué? No sé, se me ocurre que es al rechazo, no estoy segura) y la segunda es porque presiento que quizás esto no es para mí y los agravios de hoy hayan sido unas señales. Pero si no sirvo para atender una cafetería, ¿entonces para qué? ¡Ay! –cierro los ojos y rio sin alegría-. Esto tiene mi marca, ser contratada y despedida el mismo día. Me gustaría creer que no he sido la única. Si bien me parece inverosímil. Hoy no fue tu mejor día, Kimiko, trata que mañana sí –me dije a mí misma- esta semana debes encontrar empleo. Sí. De pronto el cielo se ha oscurecido y nada más deseo ahora –bostezo largo- es descansar y reponer energías.

¡Ring! ¡ring! ¡ring!

¿Uhm? ¿quién demonios está llamando a esta hora? Perezosamente extendí el brazo y cogí el teléfono.

-¿Hola? ¡¿hola?! ¡¿quién es?! –no me respondió. Siguió sonando desesperadamente- ¡llame más tarde, ¿sí?!

Lancé el despertador-teléfono lejos de la cama. ¡Ring! ¡ring! ¡ring! ¿no era que me deshice de ese ruido molesto? De mala gana entreabrí los ojos. Ya era de día. ¿Me quedé dormida? ¿están tocando la puerta? Me restregué con fuerza y estiré los músculos. Salí de la recámara y me fui a echar un vistazo a través de la mirilla. ¿Quién podría ser? Cabello negro y corto, ojos oscuros, piel de color crema, menuda, blusa azul escotada, pantalones bajos y tacones. ¡Sólo puede ser Keiko!

-Hola, ¿Kimi estás ahí? ¡soy yo, Kei, tu mejor amiga! ¡ábreme la puerta!

-Maldición... –mascullo entre dientes, me tapo la boca. Espero que no me haya escuchado- quiero decir, ¡ya voy! ¡aguarda un momento!

¡Oh no, Keiko no puede verme hecha un desastre! ¡debo apresurarme! Disparada como una bala fui al cuarto de baño. No tienen idea de la valentía que reuní para verme en el espejo y me quedé con los pelos de punta ¡parezco un mapache con esas ojeras espantosas! Eso me pasa por llorar, ¿acaso no les dije? Cojo el corrector líquido y de forma vertical lo difumino debajo de mis ojos. Luego con polvo compacto me maquillo hasta que quedara totalmente uniforme a mi color de piel. Cepillé mi cabello, haciendo un intento de deshacer los nudos y al final me amarré una cola. Me lavé la cara y con el maquillaje borré cualquier indicio de que pasé la noche llorando. ¿Qué haría con mi uña rota? La mejor solución sería limar mis uñas de manera que todas estén a una altura casi igual. Me cambié rápidamente la horrible camisa por una playera con dibujos y unas licras.

-¿Kim, estás ahí? Si quieres vuelvo otro día, no te molestes.

-¡¿Pero qué dices?! ¡no es ninguna molestia! Tú sabes que yo te adoro –casi vuelvo a sufrir otra de mis famosas recaídas cuando me dirigía abrir la puerta. ¡Uf! Me salvé, Kei se iba.

-¡Kimi!

-¡Hola Kei!

Nos abrazamos y la invité a pasar. A Kei le gustó cómo había decorado el apartamento. Me elogió por mi buen gusto. Yo le agradecí y antes de pasar a hablar de otro tema me adelanté y le conté que estaba en problemas. Nos sentamos y comencé por el día de ayer. Necesitaba desahogarme para poder liberarme. Esperé que Keiko escuchara y comprendiera por lo que estaba pasando. Como buena amiga, apoyó mi decisión sobre conquistar mi independencia, además de añadir que era hora de demostrar a todos lo fuerte que soy. Le referí en detalles mi accidente con la máquina de café, mi caída y que fui despedida en menos de veinticuatro horas. Me sentía mal y que estaba necesitada de un empleo. No esperaba menos, mostró su incondicional apoyo. Al menos no me tuvo lástima.

-¡Qué fuerte! ¡debí haber estado ahí para defenderte de esa chusma! ¡no te eches la culpa de algo que no hiciste! Tú no fuiste responsable que esa máquina se estropeara, se supone que es trabajo de ellos revisar que todos los equipos funcionen bien, ni loca regreses de rodillas a ese lugar a pedir trabajo ¡no te merecen! Tú eres quien eres y yo sé que esos bichos luego se arrepentirán de haberte echado de tu establecimiento.

-¿Tú crees eso en serio? Es que pienso que pude haber dejado la máquina así y reportarla al gerente para ponerla fuera de servicio.

-¡Basta! –me dijo poniéndome una mano al frente- el daño estaba hecho y no podías hacer nada, no me es de extrañar que era posible que ellos te acusaran de haberla descompuesto y no te sientas mal, esa casucha no es la única fuente disponible en el país. Vamos anímate y mírale el lado amable: no te saldrán más granitos de café de los oídos y ese feo uniforme de mesera te sienta falta –me jaló- lo que necesitas es relajarte y olvidar tus preocupaciones. Y ¡ya sé lo que haremos: vámonos de compras al centro comercial! Verás cómo te animas.

-Muchas gracias, eres muy amable, pero no puedo: No tengo dinero. Tendremos que dejarlo para otro día... aunque –pensé en voz alta- ¿qué tal si me acompañas a dar una vuelta?

-¡Oh! Bueno, si tú quieres está bien.

Evitamos la ruta que conduce al parque. A Kei no le gusta pasar tiempo al aire libre, eso me recuerda lo mucho que odiaba la clase de educación física en la secundaria (eso era porque no le permitían llevar sus botas). Mientras paseábamos por la avenida íbamos pensando en qué podría trabajar. A no ser que aprendiera repostería repentinamente el único empleo que hay por aquí es el de repostera. Es eso o trabajar en la pescadería. ¡Puaj! ¡mi cabello olería a pescado todo el día! No tengo nada contra el pescado, o sea, vengo de Japón y amo comer sushi. Pero no me agradaría trabajar en un lugar como ese. Claro, entre eso o ser prostituta. Lo primero es un trabajo honesto. Entonces Keiko me dio una magnífica idea: en vez de ir a buscar empleo, yo misma debería montar uno. Ella me sugirió que podría abrir un negocio de bisutería; comprar hilo, algunas cuentas y otras cosas y ponerme a confeccionar pulseras y collares para mujeres de todas las edades. Y si nos ponemos creativas, también haríamos ganchos, colas y accesorios para el cabello. Eso sería dulce para las niñas. Hasta se ofreció ayudarme con los encargos. ¡Podríamos construir una sociedad! La idea es genial lo admito y es una lástima nunca me he destacado en manualidades. No sé cómo hacer una pulsera. Y comparada con Kei, ella es una diosa artesana. Sus manos son una joya y la he visto diseñar ropa hermosa. Bueno, es maestra.

-¿No sabes cómo hacerlo? ¡está bien! ¡no importa! ¡Yo te enseño! Es facilísimo, incluso sé que venden revistas que explican cómo hacerlo, ¡no! ¡¿pero qué digo?! ¡en internet también enseñan! ¿Sabes qué hago cuando necesito consultar algo? Reviso los vídeos, resultan más instructivos y aprendes rápido.

Kei no pierde las esperanzas. Es una chica dinámica. Espero que tenga suficiente paciencia con una chica que no ha hecho "nada" durante su vida. Nos detuvimos frente la librería. El otro día no entré porque quería desocuparme. Estoy libre y pobretona. Conserva un aspecto anticuado, le hace falta el toque femenino.

-¿Qué pasa Kim? ¡espera! ¿qué estás haciendo? ¿no crees que deberíamos preguntar si está abierto?

-Lo está, no te preocupes. Vamos a entrar.

Oí el tintineo de una campanita. No hay nadie además de nosotras. Quizá el encargado salió un momento. El suelo era de madera y los estantes clasificados según el género. Me fijé que había un segundo piso subiendo la escalera en espiral. Tras la barra distinguí una pequeña puerta blanca. Keiko se fue a explorar las revistas de moda metidas en las cajas. No es una lectora empedernida como yo, pero le gusta la lectura romántica. A las dos nos apasiona y hemos sido tentadas más de una vez a querer vivir un romance con un hombre similar al de las historias que leemos.

Estaba admirando la colección de clásicos de la literatura cuando agarré uno: El fantasma de la ópera de Gastón Leurox. Lo abrí y ojeé las páginas. Este libro es una edición especial por los comentarios y análisis que hay al final y ¡oh, mira eso! Hasta hay una bibliografía de Gastón. Es una pena lo que le pasaba el pobre fantasmita, leí la obra cuando tenía quince y me entristecí cuando acabé. No es una novela rosa solamente, se refiere sobre la crueldad humana. Lo único que él quería era ser amado, no obstante, todos lo trataban como si fuera un monstruo y en eso lo convirtieron. Me enterneció tanto que luego de tantos años todavía amara a Christine como la primera vez. El acto de amor más noble: Dejarla ir para que ella fuera feliz. ¡Ah! Disfruté el musical, yo no me podía sacar la canción principal de la cabeza por días... y la sigo cantando... no puedo evitar bailar en el pasillo.

-Buenos días jovencita, ¿la puedo ayudar en algo? –me dijo con amabilidad una voz ronca. Se trataba de un viejecillo de agradable sonrisa y piel es de color hueso. Su barba blanca me recuerda al personaje de Merlín de El Rey Arturo. Estaba cargando una pila de libros.

-¡Ay! –di un respingo- no lo había visto, ¿usted es el encargado?

-Así es, señorita. Dígame en qué puedo ser útil, ¿está buscando algo específico?

-En realidad vine con mi amiga. Estamos explorando las novedades.

-¿Con que las novedades? –sus ojos azules se clavaron en mi libro- ¿acaso te interesan ese tipo de libros? La sección de literatura romántica está por allá –señaló-, un poco después de los cuentos infantiles.

-No dije que buscaba literatura romántica.

-No lo hizo, pero lo supuse. Si necesita otra cosa hágamela saber, estaré acomodando estos libros en los estantes de ciencia ficción.

Asentí. El anciano pasó de largo llevándose los libros. No es que fui a comprar libros, hablé en serio cuando dije que no tenía ni una miserable monedita. Pero si tenía curiosidad por ir a visitar la sección de literatura romántica, ¿no aprovecharían la oportunidad de explorar la librería? Sea cual sea el libro de su preferencia. ¡Ups! Casi me llevo este clásico, lo devolví a su estante y sondeé los anaqueles. Estos eran identificados con un letrero, el que buscaba estaba más al fondo. ¡Cuántos libros hay! Si fuera por mí me quedaría para siempre leyendo todos y cada uno de ellos. ¡Qué feliz me siento! ¡Oh, ¿qué es eso?! ¡Demonios! Odio que la gente no guarde los libros en su lugar correspondiente. Este que está aquí como por ejemplo debería estar en algún lado que diga terror. ¡Oh-mi-DIOS! ¡aquí está! Son los libros de mi autor favorito, mi príncipe de Versalles, ¡están todos ordenados alfabéticamente! Incluso el último que sacó: 49 semanas. Tiene apenas unas semanas de haber sido publicado y ha roto récord de ventas, siempre he querido comprarlo, pero cuando voy ¡está agotado!

Y esta... es tal vez la última vez que lo vea, ¡o si no tendré que esperar un año entero! Y no quiero esperar. Reviso el precio. Casi me desmayo, está totalmente fuera de mi alcance. Si quiero que esté en mis repisas voy a tener dos empleos y tresdoblar mis turnos. La pregunta es… ¿de dónde saco dos empleos? Suelto un bufido y me llevo el libro. Encontré al anciano encaramado en una escalera de metal, subiendo los libros.

-¡Ah! ¡regresaste! ¿viste algo de tu interés?

-Pues sí, tengo una duda ¿cuántos le quedan de este? –indagué mostrándole el ejemplar que tenía a la mano.

-No muchos, varias jovencitas como tú me han preguntado por ese libro.

-Oh ya veo...

-¿Lo quieres?

-Me encantaría, pero no puedo pagarlo. No tengo el dinero en este momento.

-No te preocupes niña, está bien –repuso sonriendo- puedo apartártelo y puedes regresar por él hasta que tengas la cantidad exacta. No hay problemas porque soy el único encargado.

-¿En serio podría hacer eso por mí? ¡Oh gracias! ¡muchas gracias...!

-Fung.

-Sr. Fung.

Finalmente una buena noticia en esta semana. Vuelvo a sentirme bien. Como mi papá suele decir cuando está de excelente humor, a la gente buena le suceden cosas buenas y si tardan en llegar es porque son de las mejores. ¡¿Qué?! ¡es verdad! Nunca está de sobre creer en el destino, en los actos de buena voluntad y ocasionalmente en la magia. Siempre es bueno un poquito de magia en el bolsillo. Keiko y yo salimos de la librería. Ella sí compró algo: una revista. Bendita su suerte. Le comenté que había visto el libro de mis sueños en la librería y conseguí que me lo apartaran hasta que pudiera reunir dinero y pagarlo.

-¿Pero por qué desgastas energías? ¿por qué no compruebas si está en PDF y lo descargas?

-¡No entiendes! No sería igual. Soy de la vieja escuela, prefiero leerlos a la mano... para mí los libros son un tesoro que hay que saber cuidar con cariño.

-Eso es genial, amiga, pero... perdona que te arruine la fiesta ¿con qué money lo pagarás? El dinero no crece en macetas.

-No –admití, encogiéndome de hombros- ya pensaré en algo. Sólo hay que creer.

-¡Te lo juro! La pobre no aguanta otro día más encerrada en casa, necesita salir a divertirse, se suponía que iba a llevarla al parque a jugar, pero me he comprometido quedarme hasta la noche y no puedo romperlo. No sé con qué cara le voy a decir a Sonrisitas que hoy tampoco podrá ser...

¿Habrá sido coincidencia que escuchara esto justo cuando pedí un empleo? Me volteo y veo a dos mujeres hablando por la calle. Una de ellas tenía a un cachorrito y la otra parecía que estaba hablando de su perrito. ¡A un niño no lo bautizarían con el nombre de Sonrisitas! De pronto se me prende el foco y se me ocurre una idea fabulosa para ayudarlas a ella y a mis problemas económicos. Seguro que están pensando lo mismo que yo. Kei captó al segundo después. Es posible que no me lo permitieran, pero vale la pena intentarlo. Mostré mi mejor sonrisa y corrí hasta esas chicas. Sé amistosa y linda, me dije para mis adentros.

-Espérame aquí. ¡Oigan! ¡Disculpen! ¡necesito hablar con ustedes!


A/N:

"Entre tu orgullo y mis prejuicios"

¿Les he comentado que esta historia está inspirada suavemente en Orgullo y prejuicio de Jane Austen? Yo sólo me vi la película (la adaptación del 2005) y quedé encantada. He querido leer el libro, no lo he conseguido, y si lo descargo en PDF... creo que en mi PC explotará si descargo un material tan pesado. Me enamoré de los protagonistas, la esencia del argumento y me quedé enganchada con el final, chillé como una fangirl. Es tan dulce el Sr. Darcy 3 Entonces por si encuentran cierta similitud ya lo saben (los modernos Elizabeth y Darcy, jajaja). ¿Cómo han estado sus vacaciones? ¿la pasaron a lo grande o fueron como yo que se quedaron en casa a disfrutar películas (y en mi caso particular, escribir)? ¿a dónde fueron? Yo al cine, ¡vi a la Cenicienta! Muy linda, la recomiendo para aquellos que son amantes de los cuentos de hadas. Estoy como que… encantada. Odio que me interrumpan cuando estoy en plena inspiración, eso me pasó en el desarrollo del final de mi fic Contrarreloj y cuando me puse a escribir este, estaba como que mirando el techo preguntándome: ¿qué hago? Poco a poco fui recuperando mis energías.

He leído los comentarios y de inmediato los he respondido, aquellos que son usuarios saben que les envío un PM y en cuanto a los huéspedes no me queda otro remedio que escribirlos en el próximo capítulo. Me contenta tener en cuenta su apoyo para este fic. Haré todo lo posible para no decepcionarlos. Aunque no soy de naturaleza romántica, me esforzaré (si bien he notado que todos y todas los que me han escrito le gustan mis bellas historias de amor) y tengo varios planes en mente para esos dos, por favor no se olviden lo que dije arriba sobre Elizabeth y Darcy, ustedes los conocerán a su debido tiempo. Y admito que soy una persona seria, trabajaré mi máximo por esta comedia... dicen que nací madura para mi edad (nunca me he andado con estupideces porque me parecía absurdo traer problemas innecesarios y odio en serio que me regañen, si van a hablar de mí que sean cumplidos ni siquiera cuando era más pequeña me permitía esa clase de tonterías), pero que soy divertida. Suena contraproducente pero quizá eso sea porque muchas veces hago saber mi opinión para bien o mal de algunos.

Quisiera discutir con ustedes sobre mi protagonista, Kim (¡ojo! No le digan Kimiko), en mis notas de autor de hoy. Como saben los que me conocen me gusta que destaquen mis personajes principales y busco que la estrella del fic tenga algo mágico que atrape a mis lectores. Por alguna razón es el protagonista (o ella). No quiero ponerlo como un súper héroe si no como una persona que pueda ser comprendida por los lectores. Esta chica tiene el encanto de una princesa (si obviamos esa parte en que paso por encima de un auto, lo es), no se preocupen no la haré tan insufrible porque tampoco me gusta que mis protagonistas sean blancas palomas al cien por ciento. Esta Kim se ha ganado mi afecto porque es un vivo ejemplo de la perseverancia, de la bondad, de la alegría y el soñar. Esta frase fue hecha especialmente para ella: "Nunca está de sobra creer en el destino, en los actos de buena voluntad y ocasionalmente en la magia", Kimi cree en la magia. A pesar de las circunstancias que atraviesa, Kimiko siempre podrá regalarnos una sonrisa. Ahí pueden apreciar lo que les digo. ¿No les pareció majestuosa la actitud que asumió en la cafetería frente a esas personas tan desagradables? Se darán cuenta que tendrá que soportar cosas peores en el camino para poder alcanzar la felicidad.

Deberíamos ser como Kim, quitarnos nuestros zapatos, correr hacia el campo y gritar que creemos en la magia y no nos avergüenza. Kim me recuerda a mi hermana. Yo no soy así, me parezco más a Raimundo. Serio, reservado y misterioso. En contraposición a la alegre, abierta y locuaz Kimiko. Tranquilos, aún quedan rasgos del verdadero Rai (tienen que leer para descubrirlo). ¿Raimundo será opuesto en otras cosas a Kim?

-¡Seguramente!

¿O son más parecidos de lo que aparentan ser a simple vista? Leer para averiguar. En ambas situaciones ¡es un GALANAZO DE TELENOVELA! Guapísimo y ¡periodista! ¿quién lo diría? Él es un personaje inolvidable. Sin embargo, prefiero hablar sobre él en cuanto sepamos más detalles. En cuanto a Kimi, aprenderemos mucho de ella en el transcurso de la historia. Tengo que decir en la parte donde la señora de la televisión dijo: Si por el contrario, se atascó desmechando las cuatro pechugas de pollo y perdió el hilo de las indicaciones usted es un estudiante estúpido.Morí de la risa. Claro, en una comedia todo puede pasar. Conocimos a tres nuevos personajes: Kei (la mejor amiga de Kim de la cual nunca la vimos en la serie), su osito de peluche Moshi de la serie de Xiaolin Chronicles y Fung (obvio que el Maestro Fung, ¿cuál otro Fung puede ser? Y en este fic es el amable bibliotecólogo de la librería y algo me dicen que más adelante será más que eso para nosotros). En el capítulo que viene conoceremos más personajes pero cumplo con participarles que ellos no son chicos buenos... Uno es sustancial para el fic como lo es respirar para nosotros los mortales.

-¡¿CÓMO ES QUE UNO DE LOS LIBROS DE KIM SE LLAMA 49 SEMANAS?!

¡Ah eso! Los libros del anónimo favorito, del dichoso Príncipe de Versalles, de Kim en realidad son mis fics Raikim disfrazados de libros en este mundo utópico, están tanto los publicados como los futuros proyectos. Para no tener broncas con nadie y hacerme publicidad. ¿Muy chulo, verdad? Ah, ya estoy hablando como los mexicanos.

Otra cosa rápida, Kim es una fashion girl y víctima a la moda, a veces la confundimos como una persona frívola, y yo de verdad que no estoy al corriente de la moda. A mí no me enloquece la moda, me gusta echar una miradita y evaluar la ropa de las Misses y las modelos de revista, sobre todo en la de gala, sin embargo, no estoy pendiente de los desfiles y esas cosas. Eso sí, cuando me quiero vestir. Soy igual a Kimiko. Siempre tengo que investigar alguito para mis fics. SIEMPRE. La Kim de Quiero ser escritora (déjenme aclarar algo, Kim sigue siendo Kimiko en todos los fics AU que yo escribo así como la Virgen María sigue siendo la Virgen María, aun si la llaman la Divina Pastora, la Rosa Mística, la Virgen del Valle, la Milagrosa, la Virgen de Guadalupe, la Virgen del Carmen, la Virgen del Coromoto, la Virgen de la Chiquinquirá, etc.; lo que sucede es que Kimiko se adapta al escenario que le escojo ya que suponiendo, ustedes no nacieron en la familia que nacieron si no en una familia de millonarios o en un barrio pasando hambre, ustedes saben lo que tienen). Además no me parece que sea extraña esta cualidad ya que desde Duelo Xiaolin, Kimiko es una fashion girl. Lo que pasa es que a diferencia de otros fics, aquí yo acentué esa cualidad full. Seguro que les tiene preocupados esa torpeza de Kim, descuiden, no pienso dejarla así para siempre... eso que se cayera todo el tiempo fue accidental y es un chiste interno del fic. Pobrecita.

Le di ese rol a Kimi porque quería una protagonista con la que mi amada audiencia femenina pudiera identificarse o siquiera acercarla. A través de este fic yo quiero que encuentren a la diosa de la moda que duerme en el interior de las lectoras del fic. ¿Quién mejor que Kim para ese trabajo? A todo el mundo le cae bien Kimiko. Todos los fans de Duelo Xiaolin la amamos (trae sus ventajas ser la única chica del grupo). De eso yo me he dado cuenta, no existe nadie que odie a Kim.

-¿Quieres transformarnos en Kimiko o qué rayos?

No sería malo, quiero que vivan la novela, es todo.

¿Cuál será el trabajo definitivo de Kim? ¿volveremos a ver a Raimundo? ¿Kim podrá comprar el libro de sus sueños? ¿a quiénes verán en el próximo capítulo? No son OCS (una pista para los que no me conocen, no me gustan los OCS, sorry). Por fis, por fis háganme saber lo que piensan de mi historia y contribúyanme con un review. Harán feliz o muy desgraciada a la escritora de este fic. Cuídense, corazones de melones, nos leemos en el capítulo siguiente ;)


Mensaje para N. Z. A.: ¡Hola! Uhm, a ti yo no te había visto antes... ¡supongo que eres nueva en el fandom! ¡saludos! Soy Alice, ¿qué tal? Ah, veo que apuestas tus energías a Kim. Pues esa es la idea original, la protagonista debe conectar con el público y hacer que se sienta identificado, ¿y qué mejor que sea una lectora alocada? Kimiko, Omi y Raimundo son la ley de este fic. Kim es fantástica. ¿Qué te puedo decir? Por supuesto que era Raimundo el joven apuesto de la última vez, ¿quién más podría ser? Bueno sin nada más que agregar, gracias por tomarte tu tiempo de leer y comentar. ¡Espero que nos volvamos a ver! ¡hasta luego!