Allá va el capítulo 14. Espero que os guste! tiene algún momento muy romántico ;-) pero no adelanto más.
Ya me comentaréis que os parece... por favor, por favor decidme que os parece.
Por cierto, si alguien le apetece hacer de beta que me lo diga.
Gracias como siempre por seguir Los Juegos de Nueva York
14. UNA CANCIÓN DE CUNA
- Por cierto ya estoy despierto, así que puedes besarme cuando quieras.
Cuando le escucho decirme esas palabras, y veo su sonrisa traviesa no sé muy bien si reír o llorar. Pero en cualquier caso sería de felicidad. El alivio que siento tras la tensión de las últimas horas es liberador. E incluso me permito bromear de vuelta con él.
- Va a ser que no listillo, el trato era que cuando llegara a la cueva estuvieras despierto… así que no te lo has ganado. Creo que han pasado ya unas cuantas horas.
- Bueno, ¿y qué tengo que hacer para ganarme otro?
Me sorprende que tengamos este nivel de confianza, e incluso podría decir que me encanta por el cosquilleo que siento en la piel. Pero para decir la verdad no sé qué responder. No sé si seguirle el juego o cortar esto ahora cuando todavía puedo. ¿Pero realmente quiero? Pienso.
Todo lo que ha pasado las últimas horas puede resultar confuso pero para nada ha sido desagradable. Y no puede haber nada de malo en esto que siento. Sin embargo no me atrevo a decir lo que pienso y doy un paso atrás.
- Hmmmm me lo voy a pensar, Mellark
- Un poco de compasión Katniss, acabo de regresar de entre los muertos – dice poniendo una mueca en la cara y frunciendo los labios.
Es tan cómica la cara que pone que estallo en carcajadas y él me sigue, aunque en ese momento entre una enfermera y nos riñe. Bueno más bien, me riñe, porque no es lo más apropiado después de un fuerte golpe en la cabeza y de estar algo más de veinticuatro horas insconciente. "Iré a buscar al Doctor Cinna" dice con voz ofendida. Tan pronto se va me giro a Peeta para disculparme.
- Lo siento, tiene razón, debería de haber tenido más cuidado – pero en vez de añadir lo que me gustaría, simplemente le sonrío y me guardo para mí lo que estaba pensando, que estaba tan inmensamente feliz de ver que estabas bien que me he dejado llevar.
Peeta me mira divertido, sin embargo. Y veo "algo" más en sus ojos que no sabría descifrar cuando añade: "Habría sido mejor que me besarás, no sé si te habrían reñido por eso". Y me saca la lengua a modo de burla cuando acaba la frase.
- ¡Oh! Eres imposible - exclamo sorprendida, y nos ponemos de nuevo los dos a reir.
- Vale, vale, voy a dejar de hacer tonterías que me duele la cabeza – y cierra los ojos cuando lo dice.
Preocupada me acerco a él por si necesita algo. Le todo en el hombro y se lo aprieto para que sepa que estoy con él. Se abre la puerta de nuevo y entran Johanna y Finnick con cuidado, sin saber aún las buenas nuevas.
-¡Estás despierto!- dicen al unísono.
Una emocionada Johanna se abalanza hacia la cama para abrazarlo. Finnick también llega junto a él y se tumba encima de Johanna abrazando a los dos como si fueran niños pequeños y estuvieran jugando a tirarse unos de otros. Yo me retiro un poco porque me siento algo fuera de lugar. Ellos se conocen de hace años pienso con algo de envidia.
- ¡Finnick! levanta ya que me estás tirando de la vía,… - gruñe Peeta.
- Claro, pero Johanna puede seguir abrazada a ti ¿no? – le replica divertido.
- Por supuesto. Jo puede hacerlo siempre que quiera. A parte que la conozco de hace más tiempo que a ti, es mucho más guapa que tú.
Johanna le mira con cariño, le da un beso largo en la mejilla y le coge la mano entre las suyas. Al ver la escena, se me gira el estómago y me siento incómoda. Creo que será mejor que salga de la habitación con cualquier excusa, pero no hace falta porque entra el Doctor Cinna y nos manda a todos salir mientras le hace unas pruebas a Peeta.
Nos acercamos a la cafetería para tomar una café. Me cuesta caminar, estoy dolorida de los últimos días, tanto física como mentalmente. Tal vez este agotamiento sea la causa, por la que tengo los sentimientos a flor de piel. Con el primer sorbo de café siento que el líquido caliente se extiende por mis venas y músculos sacándome, algo, de mi aturdimiento.
- Y qué ¿cómo ha ido la búsqueda de Maysee? – pregunto.
- Algo nuevo tenemos. Aunque no es mucho. Encontramos la chaqueta en las rocas que nos comentaste. La chaquete estaba marcada con sus iniciales, lo hemos comprobado también con sus padres y nos confirman que la chaqueta es de la niña. La hemos enviado al laboratorio haber si pueden encontrar algo, aunque después de la lluvia lo dudo – Afirma Johanna.
- Esto refuerza la hipótesis del secuestro, y en ese caso que sea nuestro sujeto. Es poco probable que una niña tranquila como la definen sus padres, monitores y profesores se aventurara a subir por allí ella sola. Es más plausible que la llevaran por ese camino. – me explica Finnick - Lo que no tenemos claro, es qué hicieron con ella después o cómo se la llevaron. Una niña de su edad no tiene mucho aguante.
- ¿Helicóptero? – pregunto – es como nos rescataron a Peeta y a mi.
- Sí, es una de las teorías. Hay muchos aeródromos a una distancia que podría cubrir un helicóptero. Beete está mirando primero los que tienen servicio de alquiler para ir a hacerles una visita. Nos llevará unos días. Así también podremos esperar a Peeta y volver todos juntos. – me responde Johanna.
Tras tomarnos el café, volvemos a la habitación de Peeta, pero el Docto Cinna nos está esperando en la puerta.
- ¿Cómo está? – le pregunto.
- Bien, por ahora. No parece que haya ningún tipo de daño, pero me gustaría mantenerlo un par de días más para que vaya bajando la inflamación. El corte de la pierna, no está infectado, pero está costando más que se cierre. En cualquier caso, lo que os he comentado, no le daré el alta hasta dentro de un par de días.
- Bueno, no hay problema, tenemos trabajo y nos vamos a quedar por aquí varios días. Gracias Doctor – digo mientras me dirijo a la habitación.
- Otra cosa, esta noche, prefiero que se quede solo. Hice una excepción por las circunstancias excepcionales. Pero aún tiene dolores de cabeza y creo que sería mejor que descansará … en vez de que haya alguien haciéndole reir – me dice con fingida voz enfadada. Me sonrojo como una colegiala a la que han encontrado cometiendo una falta y no ayuda, las miradas interrogantes que me lanzan mis compañeros.
- ¿No es posible que me quedo yo esta noche? – dice Johanna
- No, nadie. El Doctor Mellark ha de descansar pero os dejaré que os despidáis de él. Os veo mañana para comentaros cómo evoluciona ¿de acuerdo?
- Sí Doctor. Gracias – Conforme se aleja el médico me vuelvo hacia ellos y les digo - ¿Alguno podría dejarme su teléfono? He de llamar a mi hermana, estará preocupada.- Finnick me tiende el suyo y murmuro un gracias, mientras entran en la habitación yo marco el número de teléfono de Prim pero no me lo coge y Le dejo un mensaje. – "Prim, soy Katniss. No sé si me habrás llamado pero he perdido el móvil. Es una larga historia ya te contaré con más calma, pero estoy en Mayfield, en casa, por si quieres llamarme allí. Un beso."
Cuando entro yo también, ya se están despidiendo de Peeta. Se le nota que está cansado y que le afecta la medicación. Verlo tan desprotegido y vulnerable hace que me entren unas ganas terribles de abrazarlo. No es la primera vez que tengo este sentimiento, me ha pasado siempre, desde el día del pan. Es como una necesidad innata de protegerlo, como hizo él conmigo.
- Bueno, parece que esta noche te toca descanso, Peeta – dice Johanna - pero mañana vendremos a verte otra vez. Por la tarde. Tenemos que hacer un par de visitas por aquí antes.
- ¿Cómo va el caso – pregunta.
- Nos han dicho que nada de trabajo… ni risas – le responde Johanna con un guiño. – Así que te vemos mañana.
Se agacha para besarle en la mejilla. Mientras Finnick le choca la mano y le da un abrazo. Me pongo nerviosa cuando llega mi turno. No soy muy buena con estas situaciones, al menos nada natural. Así que opto por hacer lo que me vaya a resultar menos embarazoso y decido darle la mano, mientras le doy las buenas noches. Pero Peeta me empuja hacia él. Vaya, sigue estando fuerte pese a todo, pienso. Me da un beso como a cámara lenta en la mejilla y me dice al oído: "Buenas noches" y se me pone toda la carne de gallina. No es lo que ha dicho sino cómo creo que lo ha dicho. Sin atreverlo a mirar a los ojos, me dispongo a salir con mis compañeros cuando suena el móvil de Finnick, que mira la pantalla y pone cara de desesperación, mientras coge el teléfono.
- Hey – responde de forma lacónica. Tapa el altavoz y mira a Peeta. – Es Glimmer está preocupada, quiere hablar contigo ¿te la paso o quieres descansar?
- No, está bien hablaré con ella – dice, lo que me sienta como una patada en el estómago. Finnick le acerca el teléfono y le pregunta si quiere que esperemos fuera a lo que responde que no con la cabeza. – Hola Glimmer – y hace una pausa – estoy bien, no te preocupes, no ha sido para tanto. – Vuelve a callar un momento y sigue – No llores, de verdad estoy bien, ya te lo he dicho. Gracias a Dios, estaba conmigo Katniss y me salvó.
Como no me atrevo a mirarlo en todo el rato, no sé si me ha mirado o no, cuando ha hablado de mí, pero lo prefiero así. Por fin, acaban la conversación y nos vamos. Finnick y Johanna se van a quedar en el motel, pero antes me llevan a casa. Cuando entro me golpea todo de golpe, el cansancio y la soledad. Me doy una ducha rápida, lo único que quiero es meterme en la cama y dormir como mil años, pero tan pronto estoy tumbada y cierros los ojos me doy cuenta de que no voy a poder dormir. Salgo al porche trasero y saco una mecedora. Aunque es verano he de taparme con una manta fina.
"Estrellas" pienso, en ningún sitio se ven las estrellas como en Mayfield. Con mi familia, solía salir al jardín en las noches calurosas de verano. Mi padre sacaba su guitarra, y cantaba, mientras mi madre, Prim y yo nos tumbábamos en esta misma manta a encontrar constelaciones y jugábamos a ver estrellas fugaces. Sin darme cuenta me pongo a cantar bajito una canción de cuna que le cantábamos los dos a Prim para que se durmiera cuando tenía pesadillas.
Los echo de menos. Mucho. Echo de menos mi familia. Echo de menos a mi mejor amigo. Echo de menos sentir que alguien se preocupa por mí y que formo parte de algo más grande que yo misma. Y también, para que me voy a engañar, echo de menos a Peeta Mellark.
Una vez que abandono la idea de dormir, me visto y concluyo que lo mejor será que salga a dar una vuelta a ver si consigo relajarme y sacudirme este sentimiento de pérdida y nostalgia que me come. Nostalgia de tiempos tan pasados que parece que ni siquiera me ocurrieron a mí. Absorta en mis pensamientos, voy caminando por Mayfield hasta que llego, sin darme cuenta, de nuevo al hospital. Sé que es muy tarde y que no me dejarán ver a Peeta pero al menos, ya que estoy aquí lo voy a intentar. Subo hasta la planta donde se encuentra cuidados intensivos. Gracias a Dios la enfermera que hay de noche no es la que miro con cara de asesina esta tarde o no tendría nada que hacer. He de pensar en una estrategia para que me deje entrar. Veo que es una chica joven, y que está leyendo una novela rosa, mientras se muerde el labio y tiene los ojos acuosos. Me recuerda a la romántica de mi hermana. Así que decido jugármela a una carta, al fin y al cabo, algo he estudiado sobre caracteres y conducta,… y manipulación pienso.
- Buenas noches – le digo con la voz más dulce que consigo encontrar. – Agente Everdeen.
- Oh, buenas noches, agente. ¿Necesita algo?
- Hmmm ya sé que es tarde, pero necesitaba ver a mi compañero, ya sabe, el Doctor Mellark.
- Lo siento, no es posible. Está dormido y tenemos órdenes de que no se le moleste por nada de trabajo. Sólo están permitidas las visitas de familiares y no es el caso.
- Bueno ¿puedo confiarle algo? – ahora o nunca Katniss, vamos. Me animo mientras me inclino y le digo en voz baja – Es mi prometido, pero ya sabe que entre compañeros no está permitido, así que no lo sabe nadie. De verdad ¿no podría dejarme entrar aunque sean un par de horas?
- La verdad no sé – dice titubeante, pero su voz me indica que está a punto de claudicar así que sigo
- Por favor,… significaría mucho para mí.
- Está bien, pero sólo un par de horas. De todas formas ha tomado un calmante muy fuerte y estará dormido.
- ¡Muchísimas gracias enfermera! es que no puedo dormir sin él.
Finalmente entro en la habitación de Peeta, que está profundamente dormido. Su respiración es tranquila y profunda. Solo con verlo dormir, ya me relajo. En vez de acercarme a la silla donde dormí la noche anterior me acerco a su cama y me tumbo con cuidado de lado junto a él, con una mano en su brazo. Al menos la última parte que lo que le he dicho a la enfermera es verdad, pienso. Y también pienso que va a ser un problema en breve, porque está claro que antes o después tendré que dejar de dormir con mi chico del pan. Pero eso no será esta noche al menos.
Y con ese pensamiento me quedo dormida mientras tatareo esa canción de cuna para ahuyentar cualquier pesadilla que pueda tener.
