Quiero ser escritora

Pequeños milagros

Desde aquel día que salí de la librería y tuve la suerte de encontrarme a esas chicas ya llevo tres semanas trabajando en el maravilloso mundo de las mascotas. ¡¿Qué tal?! Mi complejo de apartamento se transformó en un santuario para caninos y felinos. Abierto todos los días, inclusive los fines de semana. Había apartado los muebles para aprovechar todo mi espacio.

No tenía que salir corriendo a comprar nada, sus amos lo dejaban todo conmigo: su comida, sus juguetes predilectos, sus champuses y otros productos para su higiene, su correa. Saqué una vieja ponchera que tenía que sirviera de tina para mis nuevos amigos peludos. En varias zonas de la casa dejé varias páginas de periódicos abiertas por si ellos necesitaban ir al baño y en ese caso, intervenía yo con una pala y una bolsita de plástico. A veces tenía que llevar unas pinzas porque la caca era insoportablemente maloliente y no quería mi casa estuviera siempre oliendo a excremento. Como mi apartamento queda cruzando el parque, me llevaba a mis animales a pasear. En el crepúsculo, los dueños venían de sus trabajos a recoger a sus mascotas y me pagaban por haberlos cuidado. Ganaba un poco menos de un salario mínimo pero la clientela era abundante. ¿Sabéis cuántas mascotas hay en CosmosXiaolin? ¡Muchas!

Y eso era lo bueno de este trabajo, yo espero que mis clientes les cuentes a sus amigos que tienen mascotas de mis servicios. En líneas generales intento cuidar perros un día y gatos en otro, no quiero nada de peleas que acaben mal en mi apartamento. Del día en que les estoy contando tenía a mi cuidado seis bolitas de pelo. Dejé cinco platos en la cocina y serví una ración de perrarina más o menos igual en cada uno, los llamé y corrieron a zambullirse en su comida. Al sexto lo llevé a tomarse un baño. Para esto es bueno utilizar guantes de goma y yo ya tengo los míos, traje mis cubos de agua, mi esponja y los otros productos también están aquí. Eché agua y empecé a enjuagar su piel hasta que saliera espuma. El labrador se comportó muy bien hasta que vio la comida y se salió de control. Saltó de la bañera y corrió como loco hacia la cocina, lo jalé del collar para llevarlo devuelta al baño, pero me arrastró con ella y en pocos segundos el suelo de mi apartamento estaba mojado, cubierto burbujas de jabón y champú olor a flores...

Cuando recuperé el mando, le llamé la atención a Kalúa y créanme que traté parecer firme y hasta le dije que yo mandaba aquí, en su lugar ella me saltó encima, tirándome y comenzó a lamerme la cara cariñosamente. Es difícil disgustarte con estos animalitos. Ojalá pudieran limpiarse solos. ¡Demonios! Rabito se hizo fuera del periódico. Quizá por esta razón es que mi padre no quiso comprarme un cachorrito. A los nueve, yo estaba entusiasmada de querer una perrita, tenía que ser niña, la bautizaría con un nombre como: Fashion. Completamente geek, lo sé. Y él me regaló a Moshi. Terminé de bañar a Kalúa y luego encendí la televisión y puse comiquitas. A los perros les gusta, se quedan quietos y embelesados con los dibujos animados como si fueran niños lo suficiente para darme tiempo de limpiar el desorden que había hecho Kalúa y Rabito. Tomé en consideración si debía dejarlos ir al parque porque no se comportaron bien, pero ¿ya qué? Es mejor que destruyan el parque a que ensucien a mi glamoroso apartamento. Me vi obligada a cambiar de camiseta porque la anterior se mojó y es mala idea salir con una camiseta blanca que al empaparse se vuelve transparente por arte de magia. Agarré los juguetes, recogí la pala y las bolsas de plásticos, busqué las correas y apagué la tele, todos esos ojitos me prestaron su atención.

-Vamos a salir al parque, ¡se me portan bien porque si no regresaremos al apartamento y les diré a sus dueños lo que hicieron! ¿entendido? –los perros se me quedaron viendo perplejos y creo que eso significa sí.

No puedo bajar por el ascensor con esos canes. Los chuchos y yo fuimos por las escaleras. Estaban inquietos por salir, me arrastraban de las corras impulsándome, movían contentos sus colas y ladraban emocionados. Sorprendí a Clay limpiando unos grafitis en la pared del vestíbulo.

-¡Clay!

-¡Hola Kim! ¡woo-wee, vas muy bien acompañada compañera! ¿a dónde vas? –se hincó en una rodilla y acarició la cabeza de Kalúa.

-Al parque, ¿pero tú qué estás haciendo?

-¿No es obvio? Limpio unos grafitis, órdenes de papá. No estoy en contra del arte urbano, sin embargo, creo que debería haber espacios destinados para esto.

-¿El conserje no puede hacerlo?

-Está en cama con mucha fiebre y necesita reposo. No hay nadie más a la orden. Estoy bien, hace dos horas esto estaba peor. Créeme.

-De acuerdo, si tú lo dices. Nos vemos.

-¡Ve con cuidado!

Me he dado cuenta que suceden con frecuencia estas calamidades. Ruidos molestos, daños a la propiedad como este y en ocasiones afecta a los vecinos. Una señora se quejaba de que fue víctima de un ataque, de una ventana alguien había tirado una cubeta llena de no sé qué de porquerías. Al parecer teníamos entre nosotros un mal vecino. No he podido saber quién es. Clay me remite: Esto tiene firma de Omi. Como sea, yo estaba siendo halada de un tirón hacia debajo de la calle 86 del este con mis bolas de pelo con ganas de llegar a la zona para perros en el parque. Hasta ahora, tanto Pinto (bien llamado) y Preciosa (definitivamente no acertaron con su nombre) habían dejado un presente en la acera para mí. Metí las manos en el bolsillo de mi gabardina en donde había guardado las bolsas de plástico antes de salir del edificio y recogí las heces. No veo dónde dejar esto -¡aj! ¡huele mal!- arrugué la nariz. Sin embargo, eso no era lo peor. Porque prestamente después de depositar el humeante paquete número dos en un alegremente marcado pipote de basura: ¡Mantenga nuestra ciudad limpia por favor! Comenzó a lloviznar. Sabía donde había dejado mi paraguas: en el apartamento.

¡¿Cómo puede estar sucediéndome esto?! Hacía un día soleado hace un instante y ahora una llovizna lo estropea todo. Odio cuando mi cabello está húmedo. ¿Qué debería hacer? ¿sigo caminando al parque o devolverme a mi apartamento? Regresar. Pues no sé cuánto tardará en escampar. Los perros disfrutaban sin ningún problema la lluvia, chapoteaban los charcos y se sacudían la humedad. Si bien, a los dueños no le haría ninguna gracia si los ven así. A los que tienen perro, ¿saben si ellos se resfrían si permanecen debajo de la lluvia?

-Bien, amigos, parece que hoy no podremos ir al parque. Lo siento, iremos otro día.

Me di media vuelta, sacudí el puñado de correas y dimos los primeros pasos. De golpe me detengo. El estómago se me retuerce y se me hace un nudo en la garganta. Maldita sea, esto no puede ser: ¡Es mi EX! ¡¿qué está haciendo aquí?! Reconocería a esa mata de cabello roja a donde quiere que fuese. ¡Oh cielos! ¡¿por qué a mí?! ¡¿por qué a mí?! Qué impertinencia pues juré que no volvería a cruzarme con él ni aunque fuera el último hombre en la Tierra. No, no, él no puede verme ni saber dónde vivo. ¿Me habrá visto? ¡tengo que huir!

-Chicos, parece que tenemos un ligero cambio de planes.

Me las arreglé para bordear con cautela desviándome a la derecha evitando quedar a la vista de mi ex, empero Kalúa se resistió y corrió de bruces hacia mi ex, arrastrándome a mí y los otros perros. Irremediablemente nos enredamos en seis correas. Quedamos frente a frente.

-¡Jack!

-Por el amor de Dios, Kimiko –dijo- ¿qué demonios estás haciendo?

Ahí tienen una de las razones por las que Jack y yo rompimos. Quiero decir, ¿cuán difícil es recordar que prefiero Kim y odio Kimiko? Y, en serio, era lindamente obvio lo que estaba haciendo. Entonces lo recordé. Gasté en exceso la tarjeta de crédito que él me regaló en mi cumpleaños cuando fui a una excursión en Manolos. Me asustó la cara de Jack al momento de revisar la cuenta de todo lo que tenía que pagar. Parecía víctima de una taquicardia. Pero no. En realidad era un colapso nervioso que culminó en un ataque de furia. Nunca lo había visto tan enojado como en esa oportunidad. Me dijo que deberíamos tomarnos un tiempo. Y ¿cómo se supone que debo interpretar eso? ¡Break up! Fue el último hombre en mi vida. Le sacudí las correas hacia él. Jack apenas bajó la mirada.

-¿Qué demonios te parece que estoy haciendo? –mi voz tenía un deje hostil. Jack pareció no importarle y rodó los ojos.

-No me digas que todos estos... son tuyos... –se estremeció.

Sin inmutarse por mi molestia, él me miró desde una posición encorvada hablando mientras luchaba por aflojar cada vez más las estrictas correas-lazo. Una parte de mí se sintió tentada a plantar el talón de mi zapatilla izquierda de deporte Prada en su culo y darle un pequeño empujón. Pero eso habría alterado a los perros así que me las arreglé para ahogar el impulso y soltar un bufido.

-No, son de los vecinos. Los cuido mientras ellos trabajan y luego me pagan –alzó una ceja.

-¡¿Estás trabajando?! –exclamó estupefacto- vaya, tu padre me comentó algo, pero nunca me imaginé...

-Espera, ¿mi padre? ¿hablaste con él? ¡¿cu-cuando?!

Por supuesto, ¿cómo pude obviarlo? Su padre y el mío fueron a la misma universidad. Eran compañeros de clases y los dos se hicieron muy buenos amigos después de graduarse. Se puede decir que es un amigo cercano a la familia y con mayor razón su único hijo, es decir, Jack y yo crecimos juntos. Tuvo suerte de haber nacido en el seno de una familia adinerada y tiene todas las cualidades del característico chico rico: Guapo, inteligente, convencional y simpático. Nadie puede quitárselo, Jack ha sido bendecido con unos modales tan agradables que le es fácil hacer amigos. Pero también tiene sus defectos como tal: timador, superficial, manipulador, pomposo e increíblemente es un snob que llega resultar un auténtico pesado.

Lo sé porque fui su novia y estuve con él, salvo que antes no me importaba porque Jack lo compensaba con su ingenioso sentido del humor. Lo tiene como ningún otro. A mi padre le cae bastante bien Jack, pero eso es porque es el hijo de su amigo y la unión entre nosotros es fortalecer las empresas que dirigen ambos y porque Jack tiene talento para manejar los negocios.

-Hace unos días sí, fui a verlo porque necesitaba que realizara un pequeño trabajo para él y nos quedamos hablando. Le pregunté cómo habías estado y dónde estabas, me dio entender que te volviste loca y que dejaste la casa para hacer tu vida o algo así. Y esa es la historia, ahora los dos estamos aquí y pude comprobarlo por mí mismo –dijo recogiendo a Kalúa y elevaba las correas de nylon- si quieres saber mi opinión no me parece que sea rebuscado que empieces a producir por ti misma o que hayas decidido buscar techo propio. Cuando yo tenía dieciséis también me sentía inútil.

-Uhm, gracias –puse una mueca.

-Aunque me vas a perdonar por decir esto, pero alguien como tú se merece un oficio mejor que este. Sabes, si necesitabas empleo pudiste haberme llamado y te hubiera conseguido un trabajo de recepcionista en una pequeña empresa de relaciones públicas o si lo prefieres...

¿Es en serio? Para alguien como Jack eso era un cumplido, lo habría considerado como un acto supremo de caballería. Lo que había olvidado mencionar es que mientras él no hubiera estado cotilleando con su amigo de mis pechos, había llenado los espacios en blanco de la conversación con comentarios sobre mi culo. Con todo lo que es de esperar, tener un poco de variedad en la vida no es tan malo. O al menos eso es lo que me dije a mí mismo cuando yo avanzaba con dificultad, fuera de esta mañana, lista, capaz, pero no del todo dispuesta a escoltar a un grupo de pequeñas máquinas de caca en su paseo manantial.

-Eres muy gentil, pero me gusta luchar mis propias batallas. Además, no he tenido noticias tuyas desde que... terminamos... ¿cómo iba a presentarme en tu casa o llamarte así?

-¿Terminamos? ¿qué? Ah no, yo no dije eso, dije que era mejor tomarnos un tiempo.

-¿Un tiempo? ¿acaso tú llamas dos años un tiempo para una relación? –le discutí.

-¡Maldita adolescencia! La época más estúpida de mi vida, una vez más hieres mi orgullo al recordarme esa mancha. Cometí un gravísimo error al haberte dejado ir. Me sentí culpable después y créeme que intenté llamarte, pero no era un asunto que podría arreglar a través de una simple llamada telefónica, fui a tu casa y no tuve el valor de tocar el timbre. Pasé días preparándome y pensando lo que iba a decirte, sin embargo, mi padre...

A mi lado, Jack logró finalmente liberarse de las correas y los perros también se esforzaban por soltarse, sus collares de engarce alrededor de sus pequeños cuellos ya que gemían por el parque. Todos a excepción de Boomer que parecía a punto de producir otro paquete. Hice una mueca.

-Bueno –dije alegremente, tirando de la correa de Boomer con la esperanza de distraerlo- tú probablemente tienes algún compromiso pendiente.

-En realidad me tomé el día libre en el trabajo, pero sabes me contenta que hayamos tenido este encuentro casual porque así me facilitan las cosas –se aclaró la garganta.

-¿Acaso querías verme? –mierda, ¡¿por qué dije eso?! Era una pregunta estúpida ¿por qué querría hacerlo? Es millonario y si quiere salir con una chica, puede escoger a cualquiera. Y yo no soy la única chica que hay en el mundo. Es imposible que haya pasado estos dos años pensando en mí. Al menos tuvo la amabilidad de parecer avergonzado, escondió la mirada mientras seguía hablando.

-Desde hace tiempo he tenido deseos de hablar contigo, luego de charlar con tu padre sentí renovadas las esperanzas -¡¿esperanzas?! ¡¿esperanzas de qué?! Me quedé allí escuchando sin decir nada- no sabía donde vivías y llamé a Keiko, pensando que ella sí sabría, me dijo que podría encontrarte aquí y tenía razón, este... y quería saber... –se rascó la cabeza- ¿si te molesto si decido acompañarte? Después de todo, aún cuando ya no seamos novios, todavía somos amigos.

Se calló intermitente, esperando mi respuesta, y me regaló aquella entrañable sonrisa que me metía en problemas. No, no, no, yo no quiero volver a caer en el mismo hoyo que hace dos años. No quiero salir con Jack Spicer de nuevo. Pero más que eso, yo no quería abordar el tema porque sabía que si él me invitaba a salir o se me insinuaba, no me iba a resistir y aceptaría. Soy estúpida, esa es mi naturaleza. Puedes pedirme discutir acerca de zapatos de alta costura y estoy en todas partes. Si me pones en una habitación a solas con un hombre, mi fortaleza se disuelve. Dura y cruel realidad. ¿Qué le digo? ¿cómo salgo de aprietos sin ser grosera? Abrí la boca, esperando alguna excusa inteligente saltaría a la mente. Nada. En lugar de la inteligencia, sacudí las correas.

-Pues no sé, tenía pensado llevar a los perritos al parque antes de que se amotinen, pero ha comenzado a llover y no traje paraguas...

-¡Está bien! Podemos usar el mío –no sé cómo lo hizo, pero Jack hizo aparecer un paraguas abierto sobre nuestras cabezas- me sorprende que no lo supieras, el reporte meteorológico anunció que habría llovizna para hoy.

-¡Oh! Yo-no-sabía –farfullé- bueno, si quieres acompáñanos.

-¡Esa es mi Kim! –se echó a reír. Excepto, por supuesto, yo no era su Kim por más tiempo.

Me imaginé que era sólo cortés. En adicción a eso, estaba parada en esa llovizna con perros empapados y no me sentía del todo atractiva. Quizá era lo mejor que Jack podría hacer. Los dos empezamos a caminar hacia el parque y cuando estábamos a mitad de camino, extendió su mano, su dedo meñique rozaba mi pulgar. No sé qué pensar. Su tono parecía sincero, su expresión penitente. Lo más probable es que yo sea un pelele. Y él sabe como empujar mis botones. Lo que hizo que por un momento fuera bastante incómodo. El momento se estiró y finalmente estalló cuando llegamos a la zona para perros, yo puse a los perros en libertad. Gracias al cielo. Me aclaré la garganta. Nos sentamos en un banco, intenté sentarme lo más alejada de él posible en tanto exprimía mi cabello. No lo dejé hablar, tomaba la delantera y cuando sentía que quería hablar sobre nosotros, cambiaba el tema de conversación.

Nunca me gustó que me dijeran escritora. Es una palabra fea. Sé que proviene del vocablo "escribir", ¡hello! Familia de palabras, pero esa palabra es un muro que constantemente se estrella en mí contra. Recuerdo que cuando era niña y adolescente, la mayoría de la gente se sorprendía cuando les decía que me gustaba leer y escribir. Es inusual encontrar a personas de mi edad que tengan ese tipo de inclinaciones porque si mencionaba mis otras habilidades era poco espectacular. Tomando un ejemplo, si en suma algún momento la conversación se pone aburrida y/o lenta suelo asombrar a los neandertales con mis conocimientos literarios, armar una historia conectando una serie de palabras sin sentido o realizar análisis detallados (pienso que tengo eso que llaman inventiva de escritor, ¡ay maldición! He vuelto a decir esa palabra). No lo sé, yo siempre he sido buena con morfología, gramática, ortografía, sintaxis y literatura en especial desde que tengo memoria. A veces percibo detalles que otros no ven a simple vista y me parecen fascinante algunos puntos que pueden parecer tediosos para la gran parte de la población humana. He llegado a pensar que soy una extraña criatura salida de un libro...

¡Ups! ¿lo ve vuelto a hacer? ¿verdad? Me salí de contexto, ¿en qué estaba?... ¡Ah sí! Estaba ocupada entreteniendo a Jack. ¡Qué descaro! Yo ni siquiera me encogí de hombros y había tomado mi mano.

-Escucha Kim...

-¡¿Qué?! ¡¿te sientes mal por la otra vez?! ¡no te preocupes! ¡perrrrrrrdonado! No te guardo ningún rencor.

-¡Qué bien! Pero eso no es lo que quería decir, estaba preguntándome si no te gustaría que más tarde...

-¡Disculpa! Voy a ver cómo están los perros. Los dueños me matarán si les pasa algo, luego me resucitarán y volverán a matar, otra vez me...

-¡Sí! ¡sí! Ya entendí. Vete tranquila.

Revisé a los perros, viendo que estaban sucios de lodo hasta la coronilla, jadeaban felices y a mi parecer estaban bien. En realidad, en ese momento, casi todo estaba bien a pesar de la postura tan ridícula de Jack. Todavía estaba echando humo cuando me di cuenta que había dejado de llover. Por si fuera poco el sol empezó asomarse más allá de los mechones grises de las pelusas de nubes.

-¡Ya volví!

-Menos mal, Kim, antes no me dejaste terminar y quería...

-¡Lo siento, no puedo! ¡me tengo que ir! Los amos vienen a buscar a sus perros a esta hora y debo estar en el apartamento. Lo que tengas que decirme tendrá que esperar, fue un gusto en volver a saludarte ¡no me llames, yo te llamaré a ti! ¡Adiós! ¡Cuídate!

Escapé de ahí con mis perros a la velocidad de la luz. Ojalá que Jack no me haya seguido hasta mi apartamento o si no me veré forzada a mudarme a Argentina, teñirme el cabello de rubia, cambiarme el nombre y vender perros calientes al público en los estadios de béisbol. En el instante en que recogí las correas, él era cosa del pasado. Esporádicamente el hombre puede resultar tan exasperante. Keiko me debe rendir una explicación de por qué le ha revelado información sobre mi paradero a mi ex. No pienso perdonarla si no me da motivos convincentes. En la noche me desocupé. Traté cocinarme espagueti con albóndigas a partir de una receta en internet. Me resultó chamuscada, ¿qué más le voy hacer? Fui a mi cuarto, me hice una sesión de manicura y cuando el barniz de uñas violeta intenso se me secó, cogí el teléfono y la llamé.

-Kim, por favor, no me mates. Piensa bien lo que vayas hacer antes de cometer una locura.

-¿Lo dices por Jack?

-¡No te burles de mí! Tú sabes de lo que hablo. Él sonaba desesperado, te juro que si no me hubiera dicho que era importante ni que habló con tu padre jamás le habría dicho nada...

-¡Keiko! ¡le dijiste a mi ex donde encontrarme y me prometiste bajo ninguna circunstancia que si él venía a preguntarte sobre mí no dirías una palabra! ¡traidora!

-Pero en la mejor manera posible, por supuesto. Ya te dije que sucedió, llamó a mi celular y en ese momento estaba en la escuela, la maestra titular no fue hoy y yo tuve que quedarme a cargo de los niños en el salón. Te lo juro, si pudieras verme tendría levantado el meñique. Era recreo, unos niños se estaban peleando, una niña lloraba porque otro niño agarró su oso de peluche y el resto hacía mucho escándalo ¿alguna vez has sido maestra de preescolar? Él no paraba de presionarme y quería quitármelo de encima, ¡además ni siquiera le dije donde vivías si no en qué lugar podrías estar porque sé que te molestarías conmigo y no sabía que hoy precisamente saldrías!

-Bueno... en eso tienes razón.

-¿Y qué quería?

-Hablar conmigo. Él me acompañó hasta el parque y estuvimos hablando de cómo han sido nuestras vidas desde la última vez que nos vimos. Despertó generoso, me apoyó cuando le hice el comentario que quería ser independiente aunque una parte de mí cree que es parte de su actuación ya que tengo la ligera intuición de que él quiere volvamos…

-¡No! –exclamó.

-Pues así es, lo hubieras visto cómo se comportó hoy. Tal vez alguien le vino con el chisme de que mi familia tiene propiedades en una mina abandonada de diamantes o descubrió cuál es el estado de la cuenta corriente de papá.

-¡Kimi no! ¡tú no puedes volver con tu ex! ¡GRAN ERROR! Le puedes entregar casi todo a un hombre: Tu cuerpo, tu tiempo y tu corazón; lo que jamás debes entregarles es tu poder. Si cortaste con él se supone que esa ES la idea.

-Lo sé, no quiero nada que tenga que ver con él. Pero Jack parece decidido y ahora que sabe dónde encontrarme, se pondrá fastidioso...

-¿En serio no me perdonarás por eso?

-No lo he decidido –dije- tengo que colgar. Mañana tengo trabajo qué hacer.

-Está bien, igual tengo que seguir despegándome lustrillo del cabello. ¿Después hablamos?

-Después hablamos. Cuídate.

Colgué. Bajé de la cama, no para regresar el teléfono sino para sacar un libro (Contrarreloj). A mitad de página guardaba todo el dinero que he ganado en estas semanas. Soy pobre para tener alcancía. Lo conté desde la cama. Mi cuenta de cheques estaba en extrema necesidad de apoyo a la vida, pero si comía ramen para las dos próximas dos semanas y continúo con el paseo de perros durante el mes, podría comprarme un nuevo par de pantalones vaqueros. ¡Hasta podría perder algunos kilos también! Creo que mi libro tendrá que esperar. Me estoy quedando sin ideas. Cuidar animales no me era suficiente. ¿En qué otra cosa podría trabajar sin que me moleste en mi primer trabajo? ¿qué? ¿cuidar niños? ¿cómo hace Kei? Claro esto sería diferente porque no voy a ser su maestra si no su niñera... No me acerco ni siquiera a los estereotipos: La malvada niñera que quiere torturar a los pobres niños o la guapa, dulce y perfecta niñera de la que se enamorará el incauto padre soltero. Puede ser. Como sea, la triste verdad es que de plano necesito el dinero. Estoy dispuesta a hacer casi cualquier cosa para pagar la renta y poder subsistir. Lo consultaré con la almohada –bostezo- por ahora.

Esta es la décimo tercera vez que vengo a husmear los libros de la librería del Sr. Fung. Lo lamento, no puedo evitarlo, no sería tan latosa si la tienda no quedara tan cerca de casa. Os juro que si hubiera una boutique de ropa y zapatos igualmente por aquí no lo dejaría en paz. Al principio, se me acercaba para comprobar si quería comprar o en qué podía atenderme. Ahora cuando me ve entrar se limita a saludarme y seguir con sus tareas. Me parece que ya está acostumbrado a mi presencia y que está consciente que me gusta explorar. En algunas ocasiones nos quedamos platicando acerca de libros cuando no hay nadie más en la librería aparte de nosotros, el Sr. Fung me ha recomendado varios de su librería (al parecer los ha leído casi todos). Me he quedado sorprendida de la sabiduría del anciano. Cuántas cosas ha aprendido leyendo libros y ¡cómo asimiló los idiomas tanto inglés como castellano leyendo novelas!

En una oportunidad me comentó que no es primitivamente de CosmosXiaolin, él junto con su esposa emigraron desde China por la situación laboral de él. Trabajaba en una editorial corrigiendo textos hasta que su esposa enfermó de gangrena y decidió montar esta librería para quedarse cerca de ella y así cuidarla, por desgracia la pobre no pudo aguantar y murió. Lleva viudo desde casi veinte años. A raíz de eso, fue cuando él me dijo sobre los idiomas... al mudarse aquí no dominaba muy bien el español. Asimismo le he explicado un poco sobre mi mudanza al vecindario y por lo tanto comprendía por lo que estaba pasando.

-¿Y cuánto te falta para completar el precio?

-Hablando de cifras redondeadas como unos cien.

Otro de los motivos por los cuales me he quedado en la librería es que me parece bastante frecuente encontrar al viudo recogiendo y ordenando libros. Y bueno me gusta ayudar a los demás. No consigo explicar por qué, los estantes parecen seguros y a menos que un huracán pase por aquí no sé porque siempre están en el suelo.

-¿Puedo hacerle una pregunta? –dije- ¿por qué siempre hay tanto desorden? He visto cómo todos los días organiza los libros y al otro día parecen que vuelven a cambiar de lugar.

-Se trata de... mi nieto –contestó el anciano con un hilo de voz- mi hijo trabaja sin cesar de lunes a lunes, no tiene a quién cuide a mi nieto después de la escuela conque me pide que le haga el favor de quedarme con él y no tengo el corazón para negarme o dejar desamparada a la pobre criaturita. No puedo abandonar la librería tampoco puesto que no tengo a nadie más que la cuide por lo que él se queda aquí jugando, es un niño hiperactivo si se da cuenta. Hasta que llega la noche que es cuando mi nuera puede recogerlo se queda conmigo.

-¿Eso es lunes a viernes? –asintió. ¡Esta es mi oportunidad! Sin lugar a dudas los dioses de la buena suerte me estaban sonriendo. Hoy, por lo menos, me ubicó como uno de los pocos elegidos ¿y saben qué? Eso se sintió bastante bien- tal vez yo pueda ayudar. Para costearme mis estudios trabajo las tardes cuidando a niños –¿quién va culparme? Una mentira piadosa e inocente no lastimará a nadie- y me sería gratificante poder ser de utilidad para su hijo y usted.

-¡Oh, señorita no podría hacer eso! La responsabilidad de mi nietecito me la delegaron a mí y tendría que chequear con mi hijo para ver si también él está de acuerdo. Creo que no sería buena idea.

-¿No confía en mí?

-No es eso si no que mi nieto ha sido cuidado por otras niñeras y todas ellas se han quejado de mi santo diablillo por las travesuras –se rió nervioso- él no es malo, él es travieso como cualquier niño de su edad. Hay que tenerle paciencia y saber entenderle, a fin de cuentas es un niño y necesita divertirse, confieso que algunas de sus bromas son pesadas y a menudo la situación escapa de mis manos, pero no las hace con mala intención ¡en el fondo es buen niño!

-Sr. Fung no tiene que preocuparse por eso... –le susurré tranquila tocando su hombro.

Tenía que convencerlo que su mejor opción era dejarlo conmigo. Todo niño está en libertad de ejercer sus derechos y deberes y desenvolverse en su espacio. No tomaría a ningún niño como difícil, todos ellos necesitan comprensión y recibir amor. Cada niño en mi vida es una nueva experiencia. El Sr. Fung vaciló en su respuesta y seguí insistiendo, a la larga accedió. Era tarde para retractarme cuando me dio el nombre del santo diablillo: Omi. No podemos estar hablando del mismo niño, en mi edificio también Clay hablaba sobre un fulano Omi. Excepto que la primera vez en serio pensé que no nos referíamos a una persona. Grande fue mi sorpresa cuando descubrimos que éramos vecinos. Si yo vivía en el cuarto piso, él vivía en el primero. A veces su nietecito pasaba las tardes en su apartamento. Qué pequeño es el mundo. Si él era el responsable de los actos vandálicos, había metido a mi casa un monstruo de estatura corta. Mal plan.

¿Qué si sé con quién estoy tratando? Bueno, un niño no es un perrito. Pensé varias maneras de pasar la tarde: Podríamos almorzar juntos y conocernos mejor, lo ayudaría hacer su tarea (¿qué grado estaría cursando? Es primaria, el nivel de dificultad no debe ser tan horrible) y quizás hacia el final veríamos la tele o jugaríamos ¿a qué le gusta jugar a los niños de hoy? Lo averiguaría esta tarde. Su abuelo trató de comunicarse con su padre, lamentablemente el señor apaga su celular cuando está trabajando. Al menos pudo notificarlo a su esposa. Otro dato que debía tener en cuenta es que la dieta del diablillo es en base de frutas, vegetales y hortalizas y en los martes y jueves recibe clases de artes marciales a las cuatro de la tarde. Revisé el calendario. Hoy no le toca entrenamiento. El Sr. Fung concertó que subiría con su nieto y regresaría a las seis. Estaba preparando una ensalada (¡primera vez que la cocina no se incendia ni hago un desastre! ¡¿por qué no se me ocurrió antes?!) cuando alguien llamó a la puerta. Me limpié las manos con un trapo y salí abrir mostrando mi mejor sonrisa.

Ahí estaba el Sr. Fung acompañado del santo diablillo.

Omi me estudiaba con sus negros ojos angulosos bien abiertos, su cabello lacio (y para ser un muchacho, lo tenía un poquito largo) es negro como el carbón, una banda blanca con el símbolo de una calavera levantaba su flequillo, la camisa holgada y de mangas cortas roja, pantalones cortos negros y tenis desgastados. Era de contextura liviana, pequeño y delgado. La barbilla del niño alcanzaba mis rodillas. No parecía intimidante, si es cuestión de ternura ¡tiene diez! ¡es el hermanito menor que siempre quise tener!

-¡Ah, hola Kim! –saludó cordial, sus manos estaban sobre los hombros del niño-. Te quiero presentar a mí nieto: Omi –el niño hizo una reverencia, después volvió a evaluarme con la mirada- Omi, esta simpática y linda señorita es Kim, cuidará de ti las próximas horas ¿está bien?

Acto seguido, volteó a su nieto hacia él y le murmuró unas palabras en tono de advertencia. No sé hablar chino mandarín. Incluso no puedo entender la mitad de lo que dice el Sr. Fung (habla galopante). Discúlpenme si soy inútil como traductora. Omi lo observó y le contestó en su idioma. Creo que intenta defenderse o asintió. Al menos es lo que leo en su expresión.

-Por favor avíseme a la librería si Omi hace una travesura –dijo entregándome una tarjeta.

-Estoy segura que no será necesario. Omi y yo seremos grandes amigos.

-Bueno, me tengo que ir. ¡Hasta pronto! ¡Omi compórtate bien, no olvides lo que te dije! – permaneció ahí con su vista clavada en mí. Hasta que su abuelo bajó por el ascensor, él no giró la cabeza para cerciorarse de que se había ido.

-De acuerdo Omi, no seas tímido, puedes... –el niño pasó directamente a la sala como Pedro por su casa, su mirada escudriñó de pies a cabeza el espacio de la vivienda- o si lo prefieres entra de una vez.

Cerré la puerta y volví al apartamento. El muchacho hurgó en cada centímetro del salón. Se paseó alrededor; revisó los estantes, cogió unos libros que le llamó la atención, leía el título, luego los tiraba al piso. ¿Así que era eso lo que hacía en la librería de su abuelo? Los recogí de inmediato y tratando de ser cariñosa le dije a Omi que si tomaba un libro, su obligación era devolverlo donde los encontró. Se me quedó mirando con sus ojos grandes cargados de ilusión. No dijo ni una palabra. Omi se acercó a la mesilla de noche, levantó cada objeto de porcelana y arrugó la nariz cuando miró uno con un patrón de gatos (¡oigan no es mi culpa! Fue un regalo que me hizo Jack en nuestros tiempos de novios pensando que me gustaban los gatos y como soy una dama no lo rechacé, por supuesto), se inclinó a oler las amapolas del florero y estornudó. Quizás demasiado cerca. Se sacudió la naricita, se metió las manos en el bolsillo de sus shorts y siguió explorando. Se me hacía complicado seguir su ritmo. Él tenía pies ligeros. Estuvo jugando detrás de las cortinas, encendiendo y apagando las luces, estirando y comprimiendo los cojines. Fue a la cocina a husmear en el refrigerador.

-¡Aquí estás! –jadeé- ¡oye, no te me vuelvas a escapar de mi vista ¿sí?! Tu abuelo me dijo que eras vegetariano y fui esta mañana a comprar los ingredientes necesarios para preparar una ensalada, ojalá tengas hambre.

-No te molestes, ya comí –su español era fluido. Su voz era ronca-, pero voy a querer esto.

Sacó un tazón de dulces y regresó a la sala. Arrojó las almohadillas al suelo y se echó en el sofá.

-Bien, entonces dejemos el almuerzo para luego. ¿Qué te parece si hacemos algo divertido? Quiero que los recuerdos que te lleves de este día sean especiales...

-¡Oh, ya creo que serán especiales! –se rió- sólo que mi planificación es diferente.

-¿Ah sí? ¿diferente cómo? –ensanchó una sonrisa diabólica y se llevó a la boca otra gomita de oso- okey, no digas nada, Omi, tu abuelo insistió en que no aceptara esta tarea y he oído varios comentarios tuyos nada agradables, pero he decidido dejar eso de lado. No quiero ser tu enemiga ni deseo que me mires como si fuera una adulta que quiere imponerte órdenes ni tampoco como tu niñera. Quiero que me mires como una amiga incondicional, sabes podría ayudarte con los deberes que te mandan de la escuela. Si tienes problemas con ejercicios de matemáticas puedes mostrarme tu cuaderno y lo resolveremos juntos, ¿te parece?…

-Linda oferta, pero no me interesa. Las matemáticas no sirven de nada para un futuro artista marcial –dijo mascando. Tragó y después añadió con una sonrisa, sus ojos negros esconden una perversa diversión- esto va a ser más fácil de lo que creí.

-Defíneme "más fácil" –sonreí.

¡ESE MOCOSO ES UN ROMPE CUELLOS! ¡APENAS HA PASADO MEDIA HORA Y ME HA DADO UN DOLOR EN EL CULO POR ESTAR DETRÁS DE ÉL! ¡NO PUEDO CREER QUE LA POLICÍA NO HAYA INTERNADO EN UN REFORMATORIO A ESE PEQUEÑO DIABLO! ¡REPRESENTA UNA CLARA AMENAZA PARA EL MUNDO! Omi había sacado la bolsa negra del cesto de basura y se puso a regarla por todas partes. Lo perseguí alrededor de la sala intentándola quitársela, después de que él no me hiciera caso cuando se lo pedí de buena manera. Pero está bien la culpa fue mía, por tonta, creí en serio que quería ayudarme a sacar la basura cuando me lo pidió con su carita de ángel. Ahora, no sé de dónde sacó el espray, pero lo atrapé haciendo dibujos en la pared. Sus manos estaban llenas de pintura roja incandescente. Lo peor no fue eso si no cuando invadió mi habitación. Estaba saltando en mi cama.

-¡Omi no puedes estar aquí! ¡te bajarás y te saldrás inmediatamente del cuarto!

-¿O si no qué? –me desafió todavía rebotando- ¡oblígame a bajar!

-¡Eres un muchacho grosero! ¡no eres lindo! ¡baja ahora mismo o... o... te acusaré!

-¡Ay, ay, ay! –su sonrisa se borró, saltó una vez más y cayó sentado en el borde de la cama- una acusación como esa deshonraría el nombre de mi familia y mancharía el legado de mis ancestros guerreros. Los héroes que defendieron con su vida al país. ¡Oh, ¿qué voy hacer?! –se agarró la cara y frunció los labios preocupado. Crucé los brazos, no parecía afectarle mi amenaza. Más bien creo que está actuando- ¡ah sí! ¡ya lo sé! ¡ACÚSAME! No me importa.

Abrió la puerta de mi closet y se escondió detrás de la ropa, ¡sus manos sucias manoseaban mis jeans y contaminaban de pintura mis hermosas blusas! ¡NO PUEDE SER! ¡espero que se borren las manchas con detergente!

-¡Estás en tremendos problemas jovencito! –lo acusé con el dedo- pero hoy me prometí que nada me sacaría de mis casillas así que dame esa blusa… –intenté que mi voz se mantuviera firme a pesar de que la ira hacía mis dientes castañear y mis puños temblaban. Las lágrimas querían salir de mis ojos y derramarse sobre mis mejillas.

-Está bien, toma tu blusa. Ya no la quiero –me la arrojó en la cara- aquí hay otras cosas más divertidas con las que puedo jugar –se encogió de hombros y se fue.

-¡¿Qué?! ¡regresa!

¡¿Cómo pude perder de vista a un niño?! Salió del cuarto y ya no está. ¿En dónde se habrá metido? No debe andar muy lejos pues que le eché cerrojo a la puerta. Es un niño pequeño puede ocultarse fácilmente. Registraba en la cocina de no ser porque escuché algo romperse en el baño. Te encontré, troglodita. No quería parecer perturbada, caminé despacio.

-Omi, lo pensé y creo que será mejor que conservemos la calma. Voy a bajar la guardia si tú también lo haces. Sal de tu escondite.

La puerta estaba abierta cuando llegué, mi error fue caminar hacia adelante y subestimar al niño. Tropecé y me caí. Omi me había montado una trampa, no tiró ese acondicionador por accidente. Lo hizo para atraerme. Desenrolló un carrete de hilo rojo, colgó un extremo de la bisagra de la puerta y tiró del otro. Afortunadamente, excepto por mi orgullo, no salí herida. Omi saltó jubiloso.

-¡Ay ya! ¡El guerrero vuelve anotar!

Increíble, derrotada por un salvaje de un metro cincuenta. Debo admitir que el niño tiene lo suyo. Y es brillante. Realizó un recorrido para conocer la ubicación de las cosas y asimismo evaluó las condiciones, los pros y contras, para elaborar sus trampas. Lástima que no estaba dispuesta a darme por vencida. Me levanté. Vi que se escondió en el cuarto de la lavadora y se metió en ella. Creyó que no lo he visto. Qué equivocado está. Lo engañaré con el mismo truco. Me hice la tonta y lo llamé un par de veces. Encima de la lavadora tenía el cesto de la ropa sucia, agarré una lona y la tendí en el suelo. No subí el cesto. En cambio, fingí que me iba pisando muy fuerte. Me trepé a la lavadora y pateé la puerta. Omi salió minutos después y suavemente me bajé. Lo "embolsé" y me llevé mi costal improvisado a cuesta del hombro a la sala. El pequeño niño chino comenzó a gritar, quiso liberarse y luchó por salir. Pero yo había anudado bien la manta. ¡SÍ, LA PEQUEÑA SABANDIJA ESTÁ EN MIS MANOS! ¡PUNTOS PARA LA NIÑERA!... Ejem, ¿dije eso? Cof, cof, cof. No, quise decir que tengo la situación bajo control.

-¡Jajaja, ya no eres tan rudo dentro de esa manta, ¿verdad?! –reí.

-¡Ay ya! ¡Ay ya! ¡Ay ya!

-Buen intento, tus patadas karatecas no te ayudarán en esta oportunidad.

-¡¿PATADAS KARATEKAS?! –replicó- ¡es SHAOLIN! Practico en el monasterio Shaolin el antiguo y precioso arte del kung fu mantis del norte. Aprende algo de cultura, mujer.

-Ah, ah, ah, ese tono de voz no conseguirá que te ayude.

-¡Kim, por favor, te lo ruego, déjame salir! ¡Esto no es gracioso! -obvio, como sabe que no puede escapar recurre a negociar- ¡soy claustrofóbico! No soporto los espacios cerrados y... creo que estoy viendo la luz, ¿es esa verdad? ¡la que se asoma por allá! Estoy quedándome sin aire –jadeó teatralmente- no respiro, no respiro, ¡adiós mundo cruel!

-Omi, hazte un favor a ti mismo ¿okey? Inventa una mejor excusa que esa.

Arrojé la bolsa al sofá. El niño soltó un berrinche entre dientes. Me senté al lado y, por fin, dentro de un espacio de cinco minutos extendí las extremidades, recosté la espalda y apoyé la nuca de un cojín. Respiré profundo. Ya puedo descansar tranquila.

-Está bien, me descubriste, no soy claustrofóbico ni tampoco estoy muriéndome. Pero hablo en serio cuando dije que no me gusta estar aquí, por favor, libérame.

-¡¿Estás loco?! Para que me hagas la vida de cuadritos. ¡No señorito! Hasta que regrese tu abuelo permanecerás ahí.

-¡Por favor suéltame! –gimió- asumo la derrota, admito que podrías ser una buena guerrera.

-¿Estás reconociendo que soy tan buena bromista como tú? –jadeé.

-Dije que CASI –alzó la voz prepotente- y sí lo reconozco, para ser una mujer está bien, si no me hubiera distraído un cuarto de segundo estoy seguro que habría escapado airoso de tu trampa. Quién sabe, con un poco más de práctica podrías ocupar el segundo lugar porque es imposible que exista alguien tan bueno, además de mí –se rió.

-Ajá, olvídalo –o sea, no sólo me tengo que conformar que sea un niño travieso (si es que se le puede dar esa denominación porque burlarse del dolor ajeno y un sentido del humor tan retorcido es un acto bajo hasta para alguien de su estatura) y pesado si no que sea engreído y sexista.

-Te doy mi palabra de Guerrero Shaolin, por favor, libérame. No más bromas pesadas, pero no quiero pasar otro minuto más encerrado en esta bolsa. He aprendido mi lección.

-¿Es seguro confiar en ti?

-¡Por favor, por favor, por favor, por favor! –lloriqueó- he descubierto lo que siente la gente cuando sufren mis bromas y ¡no me gusta! ¡déjame ir!

Cielos, suena desesperado. Me da pena. De todas maneras es un niño, no debo ser dura con él. Necesita disciplinarse, es todo. Está bien. Aflojé el nudo y lo saqué de la funda. Estaba sudando y jadeando.

-No más bromas –repitió- gracias.

Se sentó en el sofá a descansar conmigo. Durante los diez minutos siguientes no hizo nada. Parecía que era cierto hasta que se levantó. Lo agarré del brazo impidiendo que se moviera.

-¿Qué te pasa? Voy a la cocina por agua. Estoy cansado, no intentaré nada, te di mi palabra.

-¡Te estaré vigilando pillo!

Omi me dijo una palabra y se soltó. Creo que quiso decirme: Como sea, en mandarín. Para ser tan enano y liviano es un niño fuerte o sabe elegir sus vegetales. Por poco me dislocó la columna vegetal de las patadas y puñetazos. ¡Ay! me duele los músculos del cuerpo. Sobre todo los del cuello y las piernas. No me pareció haber corrido tanto en otras veces. Ese niño derrocha mucha energía. Regresó a la sala cargando dos vasos de agua. Obsequiándome su sonrisa más tierna me tendió un vaso. Tuve miedo.

-Tranquila, es agua fría. También me serví, no le echaría nada a mi propio vaso.

Buen punto, agarré el vaso. Si le hubiera echado algo creo que el agua olería mal o hubiera cambiado de color. Al comprobar que no había trucos, lo bebí. Dejé el vaso en la mesilla y tan pronto como volví a tenderme en el sofá hipé. Me llevé la mano al pecho. Omi bebía su agua calmado. Hipé otra vez. ¡Oh-mi-Dios! Era víctima de un ataque de hipo. Yo no me reí, ¿qué otra razón puede ser? Omi me silbó y me enseñó el jabón líquido de la cocina, el que usaba para lavar los platos.

-¡¿T-TÚ?! ¡hip! ¡pero si (hip) me dis-te (hip) tu (hip) palabra (hip)!

-¡Crucé los dedos, no cuenta! –se rió en mi cara. Lo agarré de los brazos y zarandeé furiosa.

-¡TE MATA (hip) MATARÉ (hip) MOCOSO!

-¡Abuso infantil! ¡abuso infantil! ¡Esta mujer se volvió loca! ¡Abuso infantil!

Salvado por el maldito timbre… ¡¿Quién importuna a esta hora?! Sea quien sea lo echaré a patadas, luego me las arreglaré con la versión china de Bart Simpson. Me fui hasta la puerta agarrando muy fuerte el brazo al diablillo para que no escapara. ¡Era el Sr. Fung! ¡Oh no! ¡¿ya son las seis?! ¡tan rápido pasaron las horas persiguiendo a este chiquillo! La sonrisa de su cara se borró y fue sustituida con una expresión en blanco, sus cejas se levantaron hasta tocarse. Ah claro ¡estaba atrapado con las manos en la masa! Hipé.

-Hola Kim, vine a recoger a Omi. ¿Se portó bien mientras no estaba? ¿no causó molestias? –esta era mi oportunidad para desquitarme con Omi. Podría aprovechar este momento para denunciar los atropellos acometidos, lo que le hizo a mi sala, a mi ropa y a mí persona. Y divertirme viendo cómo lo regañan y lo castigan. Bueno, Omi dijo que no le importaba que lo denunciara. Tal vez porque está acostumbrado que las personas se quejen de su conducta y soportar otro castigo era normal para él. Pero no podía olvidar que este niño era mi fuente de ingreso. Recordé lo que me había planteado cuando acepté a cuidar al niño.

-Todo estuvo maravilloso, Sr. Fung, su nieto es un buen niño y se comportó excelente. Nos divertimos mucho jugando durante la tarde ¡hip! –el Sr. Fung puso los ojos desorbitados, la quijada de Omi estaba fuera de su sitio. Ambos estaban boquiabiertos por mi respuesta.

-¿En serio? –sonrió, parecía entusiasmado- ¡vaya!

-Puede creerlo, Sr. Fung. Francamente lamento que haya tenido que terminar (¡hip!) espero ansiosa que me vuelva a visitar mañana ¡hip!

-Esto es una noticia espléndida. Ven Omi, tu padre tiene que enterarse de esto. Eso lo hará feliz.

Omi no se recuperaba de la sorpresa cuando su abuelo agarró su hombro. Se lo quería llevar corriendo para oír los detalles de la boca del muchacho. Casi se olvida de despedirse de mí y pagarme. ¡Eso me puso feliz! Fue como si esas horas de trabajo nunca hubieran existido. ¿Lo ven? Las buenas acciones se pagan con buenas acciones.


A/N: Cerramos el tercer capítulo. Uf, qué intriga, si ustedes estuvieran en el lugar de Kimiko ¿qué es lo que harían? ¿denunciarían las travesuras de Omi o no dirían nada? Y en ese caso, ¿serían capaces de pasar otro día cuidando al diablillo de Omi sabiendo cómo es? Pónganse en una situación en que estén tan desesperados por ganar dinero como a nuestra protagonista y me responden. Saben, estaba examinando el transcurso de esta historia a través de la línea cronológica que he elaborado y me he dado cuenta que este fic no se desencadena a partir de una sola acción si no que tiene una secuencia de objetivos pequeños. Es como la propia serie y las novelas de amor por mucho que aborrezca la comparación. Me explico, vamos a usar a mi fic Contrarreloj de ejemplo, la acción principal de Kimiko y Raimundo era descifrar las pistas del asesino que iban encontrando en el camino mientras con el tiempo su historia de amor se desarrollaba. Todo era un proceso continuo sin interrupciones.

En cambio, Quiero ser escritora, el argumento según el sumario del fic es acompañar a Kimiko mientras escribe su primera novela al mismo tiempo echamos un ojo a la vida amorosa de la protagonista. Pero miren esto. El objetivo del primer capítulo: Kimiko se establece en su apartamento y da su primer paso a la independencia. El objetivo del segundo y tercer capítulo: Para consolidar lo que inició en el primer capítulo ella debe encontrar trabajo los cuales serán cuidar mascotas y ofrecer servicios de niñera (sí, se le puede decir que es definitivo). ¿El objetivo del capítulo cuatro? Lo encontrarán si se leen el final de este mismo episodio. Déjenme contarles un secreto: a inicios de este fic yo dije que pretendía explicar el "origen" de Duelo Xiaolin (no es de extrañar si en el sumario Kimiko escribe una novela llamada Duelo Xiaolin) en realidad me refería que repasaríamos algunos episodios de la serie versificados en AU en tanto eran mezclados con la historia original mía.

Si juntamos los cuatro capítulos iniciales tenemos el primer episodio de la serie, pero desde el punto de vista de Kim: Una linda japonesa se muda a un edificio y conoce a 3 fulanos (Omi, Raimundo y Clay) que jugarán un papel fundamental en su vida. Vimos al Maestro Fung y saludamos a Jack, quien parece ansioso de quitarse su etiqueta de ex y volver a retomar una relación con Kimiko. ¿Dónde está Wuya? Aparecerá en un punto especial del fic luego. Lo mismo para el querido Dojo. No versificaré a todos los episodios de la serie porque me volvería loca y también hay que incluir el material AU original mío, elegiré a unos cuántos. Yo estoy plenamente segura que en este fic cuento con lectores inteligentes y sabrán cuáles episodios escogí. Lamento si a partir de ahora las actualizaciones son lentas o me tardo tanto como la otra vez ya que volví a clases y estoy agotada de deberes (mis profesores no tienen nada qué hacer que amargarme mi vida, saben). Es posible que la siguiente actualización la publique en dos semanas para "matar el tiempo".

Lo que caí en cuenta es que en las noches es cuando mi cerebro se pone a trabajar y es cuando me siento más inspirada, el resto estoy mirando el techo sin saber qué hacer. Y odio quedarme sin inspiración ni ideas. Espero poder solucionarlo, actualmente me estoy viendo un dorama cómico (Jardín secreto), ¿ya yo les he dicho cuánto los adoro? Creo que sí, lo que más admiro de ellos es que son sencillos. No como esos culebrones que se ven en las telenovelas. Y bueno, necesito de reírme de algo. Si mi internet no se consumiera, créanme que estaría todo el tiempo buscando doramas y alimentando mi colección de música. ¡Oh! También buscando vídeos Xiaolin. Pero la vida no es justa y yo no puedo hacer nada porque soy pobre.

¿Qué tal les han parecido los personajes que conocimos hoy? Como dije en el anterior capítulo: No son chicos buenos. Ustedes dirán: Ah bueno, Jack en la serie es un villano ¡¿pero Omi?! ¡ese Omi es un enano diabólico! ¡además que tiene cabello! No me siento a escribir pistoladas, sé muy bien lo que hago, ese look no será para siempre (spolier para tranquilizar a mis lectores conservadores) y Omi malo es lo más genial que pude hacer para el fic *risas*. En el borrador del fic y cómo había descrito a Omi al inicio (los que leyeron Contrarreloj saben a qué me refiero y los que no aguárdense hasta el otro capítulo), era un chico bueno y casi aburrido con alguna que otra frase sincera… quería que Omi destacara, o sea, debía tener alguna cualidad para que Kimiko decida convertirlo en el héroe de su historia. Independientemente, si el fic explicaría el origen de Duelo Xiaolin su participación tenía que figurar entre las mejores y hasta tal punto su personaje estaba en la obligación de robarse la atención de los lectores, ¿opacar a Kimi y a Raimundo? Por un momento sí. El papel del antagonista estaba libre, quería que fuera Jack, pero había inconsistencias y al final Omi se ganó el papel antagónico por sus propios méritos. Hice unas pruebas y el resultado fue excelente. En otras notas del autor estarán los detalles.

-Pero Omi no puede interferir en la relación romántica de Raimundo y Kimiko, digo, él puede hacer la vida de Kimiko un miserable infierno, sin embargo, él no puede...

¿Y tú que sabes? Eso habrá que verlo.

Las limitaciones de Omi se reducen a que es un niño y tiene las mismas necesidades de uno, pero del resto le echa carro que jode porque en teoría es muy inteligente y esa cualidad lo convierte un buen villano. Es un niño, es lo que hace cómico su personaje y en una comedia todo puede pasar. He aprendido que nunca hay que subestimar a un niño. ¿Un niño travieso tiene motivos para que separar a una pareja? No se los diré, tendrán que leerlo para descubrirlo. En mi opinión adoro su personaje. Si ustedes me lo preguntan todos aman a un rebelde, en serio, son los personajes más queridos por el público.

Encerramos con las incógnitas que nos dejó este capítulo: ¿Existirá un método secreto para domar a la fiera de Omi? ¿volveremos a tener noticias de Jack? ¿y Raimundo? ¿habrá un modo menos doloroso de ganar dinero? ¿qué sorpresas vamos a encontrar en el capítulo cuatro? ¡descúbranlo! Entretanto coméntenme qué tal les pareció este capítulo a través de sus comentarios. ¡Nos leemos querida Latinoamérica! ¡cuídense y hasta la próxima semana!