Hola a todos,

Aquí va el nuevo capítulo, espero que os guste aunque es algo de transición, pero da alguna clave importante. Así que ¡todos atentos!

Por otro lado, como siempre, gracias por los reviews y sobre todo gracias a mi beta, Tamynna, ¡que está aportando muchísimo a la historia y a la gramática de la misma!

Es posible que la semana que viene no pueda actualizar, porque al tener que revisar la historia tardaremos un poco más. Pero Después de este parón de dos semanas, intentaré volver al ritmo habitual de un capítulo semanas.

Gracias y espero que los disfrutéis!


15. DESPUÉS DE LA TORMENTA

Siento que alguien me aprieta el hombro y susurra mi nombre, pero estoy tan cansada que me cuesta despertarme.

- Agente Everdeen, es la hora, despierte ya por favor. – me dice nerviosa la enfermera – dentro de nada empezarán las rondas y no pueden encontrarla aquí o me meteré en un lío.

Por fin abro los ojos y veo a la enfermera joven e ingenua de anoche con cara de preocupación porque pueden descubrirme en la habitación de un paciente donde no debo estar, después de todo, no es familiar mío, al menos no directamente.

Me explico, como familiar directo solo tengo a Prim, pero lo cierto es que la familia de Gale; Hazelle, Rory, Posy y Vick son como si fueran familia mía también. Pero Peeta… Peeta tan solo es sobre el papel un compañero de trabajo, antiguo conocido de clase y de Mayfield y la única persona que consigue que no tenga pesadillas por la noche, pienso con un suspiro. El problema es que eso no lo convierte en familia y no justificaría mi pequeño desacato a las normas.

Así que renuente pero decidida porque no quiero que la enfermera sufra las consecuencias, me levanto de la cama para marcharme. Estoy a punto de girarme para irme cuando pienso que si realmente fuera mi prometido le daría un beso, así que me agacho y le beso en la frente, esperando que mi pantomima no pase desapercibida por la enfermera. Pero en el momento en que poso los labios en la frente y siento su calor y su aroma como a canela le acaricio la cara y le beso en los labios. No le había besado desde la cueva, aunque posiblemente este beso no cuente porque está dormido, sí cuenta para mí.

Todavía con el calor del roce de sus labios sobre los míos salgo de la habitación para volver a mi casa.

Cuando llego y antes incluso de abrir la puerta, escucho el sonido del teléfono. Me pongo a buscar las llaves en el desastre que siempre es mi bolso, pero por desgracia en cuanto abro la puerta deja de sonar. Como no tenemos contestador, ni identificador de llamadas ya que es un teléfono muy antiguo no sé quién habrá llamado, pero si es importante pienso que volverán a llamar.

Llego hasta la habitación y me tumbo quince minutos porque aún tengo una hora antes de que lleguen Finnick y Johanna a por mí. Cierro los ojos solo un instante para descansar pero me quedo dormida y me despierto sobresaltada con el sonido del teléfono de nuevo.

- Diga – contesto con voz dormida.

- ¡Katniss, gracias a Dios! – escucho que dice una voz cantarina al otro lado de la línea que no es otra que la de Prim – Dijiste que estarías en casa y llevo llamándote toda la noche ahí. Incluso llamé al teléfono desde donde llamaste pero siempre salía el buzón de voz. ¿Estás bien? ¿Qué ha pasado? ¿Dónde has estado?

Le explico rápidamente y sin entrar en detalles comprometedores sobre lo que ha pasado: el secuestro, la teoría que tenemos de que está relacionado con los casos que estamos investigando en Nueva York, la búsqueda de pruebas por el bosque, el accidente y rescate de Peeta, la llegada de mis compañeros ayer…

- Entonces ¿Peeta está bien? – la escucho alarmada

- ¡Oh sí Prim! No te preocupes, estuve con él en el hospital hasta que despertó de la conmoción y el Doctor Cinna nos dijo que estaba bien pero que lo mantendría en vigilancia algunas horas más en la UCI. Además cuando me fui esta mañana dormía profundamente y… – en ese momento me callo dándome cuenta de que he dado más información de la que debería. Y sé que mi hermana se ha dado cuenta porque está en silencio. Intento disimular diciendo – Bueno, ya sabes hacen excepciones para que nos quedemos con él. Ser agente del FBI tiene sus ventajas.

- ¿Para qué os quedéis? Si Johanna y Finnick llegaron ayer y esta noche has dormido con él, asumo que eres la única que se ha quedado con él.

- Bueno, sí, pero no es importante. Quiero decir, antes no estaban y anoche estaban cansados y yo no y decidí quedarme – digo mientras sé que mi hermana no se ha tragado el cuento que le estoy soltando ni por un instante.

- Como digas, Katniss, nada importante – dice riendo – simplemente no puedes pisar un hospital más de unas cuantas horas antes de ponerte verde y ahora resulta que has estado en uno casi 3 días acompañando al Doctor Mellark.

- Es un compañero Prim, lo haría por cualquier compañero. Y en parte me siento responsable de su accidente.

- Ajá, desde luego. Es eso. Bueno, como no voy a conseguir sacarte nada más, y veo que estás bien y estupendamente acompañada te dejo que he de ir a trabajar.

- De acuerdo, Patito, un beso.

- Un beso, Katniss… y cuídate hermanita y cuídalo.

Y antes de que pueda replicar me cuelga el teléfono. Miro la hora y sin apenas tiempo para tirarme algo de agua en la ducha, me visto de forma informal, ya que además no hay mucho de donde elegir, a estas alturas deberíamos haber estado de vuelta en Nueva York. Cuando llegan Finnick y Johanna ya estoy esperándoles en la puerta.

- Katniss ¿Cómo va eso? – me saluda Finnick.

- No tienes muy buena cara – dice Johanna.

- ¡Oh! Pues no sé. No he dormido mucho rato esta noche – confieso ya que apenas he dormido dos horas con la excursión nocturna al hospital. Para cambiar de tema les digo - ¿Habéis desayunado? Porque estoy hambrienta.

- Me temo que no, pero hemos traído un café del Starbucks, ya cogeremos algo más de camino. Tenemos muchos kilómetros que hacer. Beetee nos ha pasado cinco aeródromos a los que deberíamos ir. Es posible que tengamos que hacer noche fuera, así que coge alguna muda. – termina Finnick.

- De acuerdo, no tardo nada. ¿Queréis pasar? – lo pregunto más que nada por cortesía, ya que me gusta mantener mis cosas privadas para mi, afortunadamente declinan los dos.

Entro en la casa y arreglo rápida una bolsa con el pijama, una muda de ropa interior, una camiseta y lo básico para el aseo. Cojo también el iPod, esperando que me ayude a dormir esta noche y a enfrascarme en mis pensamientos en el coche. Tengo mucho que pensar. En cuanto salgo, veo que ya están sentados en el coche, y que me han dejado el asiento de copiloto.

- Hemos pensado que como eres de aquí, mejor vas delante para guiarnos – dice Finnick con una sonrisa.

- Bueno, realmente lo ha pensado él – le contradice Johanna – porque yo creo que con el GPS seremos capaces de llegar a todos los sitios. Es una excusa que está utilizando porque dice que soy una pésima copiloto. No me engañas, Odair.

- Está bien – dice con impaciencia – pero es que ¡Johanna, lo eres! Eres el peor copiloto del mundo. Te pasas el viaje dándome órdenes: frena ahora Finnick; a la izquierda Finnick; ahora podrías adelantar Finnick …

Johanna pone los ojos en blanco y grita exasperada echándose hacia atrás en el asiento mientras dice: "- Está bien, primera parada: Johnstown".

Salimos hacia el oeste de Mayfield y me cuentan cuál es el itinerario escogido: Salisbury, Utica, Albany, Saratoga Springs y finalmente Queensbury.

El viaje hacia Salisbury es corto, apenas una hora, pero es precioso ya que atravesamos el sur de las Adirondak y parte de los veinticuatro mil kilómetros cuadrados que conforman este parque natural. Estas montañas aunque no muy altas si son salvajes y majestuosas.

Nada más empezamos a subir a un pequeño puerto de montaña que tenemos que salvar para llegar a Salisbury escucho una especie de gemido de placer de Finnick mientras come algo. Me giro con cara de sorpresa hacia él.

- ¿Un azucarillo? – me pregunta.

- ¿Para el café? – le digo con cara de no entender qué me está preguntando porque ya me bebí el café nada más entrar en el coche.

- No. Te pregunto si quieres un azucarillo, para comer… Me encantan

- Hmmm, no. Gracias – digo mientras escucho a Johanna reír en el asiento de atrás.

Sin más incidentes reseñables llegamos a Salisbury y al pequeño aeródromo que tienen pero aparte de un par de turistas que querían un vuelo sobre las montañas no tienen más registrado en esa fecha. Lo mismo ocurre en Utica. Así que nos dirigimos a Albany a ver si tenemos más suerte. Nos lleva mucho más tiempo revisar la información en este último aeródromo, ya que Albany es la ciudad más grande de los alrededores. Pero tampoco parece haber nada de relevancia en los datos que le hemos enviado a Beetee. Sin embargo el empleado que nos está atendiendo nos da una nueva perspectiva. Es un hombre rubio, alto y que responde al nombre de Scott, aunque todos le llaman por su apellido: Marvel.

- ¿Están buscando solo alquileres de helicópteros de la semana pasada, correcto?

- Exacto - le confirmo.

- Bueno, es que este aeródromo también es base de repostaje para helicópteros que van y vienen de la ciudad de Nueva York. Cuando paran aquí tienen que dejar el registro del helicóptero. Pero como esos datos son privados, necesitaría que trajeran una orden de registro.

- Perfecto, hablaremos con nuestro superior para que se la envíen y nos pueda enviar la información que tenga.

Decidimos ir hasta Saratoga Springs para cenar y dormir allí. Escogemos una hamburguesería a la entrada de la ciudad. Estamos pidiendo, cuando suena el teléfono de Finnick que se disculpa un momento y se levanta para hablar con Annie.

- Creo que debería llamar a Peeta para ver cómo está – comenta de forma casual Johanna mientras saca el teléfono.

Me revuelvo en la silla incómoda, porque es algo que ha estado todo el día en mi mente, pero como he perdido el teléfono y aún no tengo sustituto no he podido hacer. Me preocupa que Peeta piense que no me haya acordado de él en todo el día y también me preocupa que ayer me viera durmiendo con él… para qué negarlo.

- Hola rubito ¿Cómo estás? – dice con alegría Johanna en el teléfono, haciendo una pausa continúa con un ceño en la frente - ¡Oh! Vaya Peeta, lo siento, de verdad que lo siento. Es una bruja, ya sabes lo que pienso de ella, pero no te preocupes. – de nuevo hace una pausa, mientras Peeta en el otro lado debe de estar terminando lo que sea que está diciendo para que Johanna, y por extensión yo, estemos preocupadas. – Sí, estamos todos bien, mañana regresamos y te contamos ¿Quieres hablar con alguien?

En ese momento se me para el corazón y no sé si es por la posibilidad de que quiera hablar conmigo o no. Pero es algo que descubro enseguida cuando oigo a Johanna decir:

- No claro, no te preocupes. Buenas noches.

La desilusión que siento queda palpable en mi rostro porque en cuanto mi compañera se da cuenta le excusa diciendo que está cansado y que aún le duele la cabeza. Pero yo sé que hay algo más, ya que parece que Peeta estaba preocupado por algo y Johanna lo ha relacionado con una bruja, así que como decía mi padre "Blanco y en botella: leche". Y estoy segura de que la leche, en este caso, se llama Glimmer. Y se me revuelve el estómago con ese pensamiento.

En cuanto traen la comida aparece de nuevo Finnick por la puerta con una sonrisa de oreja a oreja.

- ¿Por qué estás tan contento? – le pregunta Johanna.

- Cosas del amor, ya se sabe…

Lo dice con cara de felicidad mientras yo pienso que lo cierto es que no sé cómo es el amor, pero seguro que no es esta montaña rusa que siento cuando estoy con Peeta Mellark. O eso creo. O bueno, más bien, eso espero. Hasta ahora mi plan ha salido muy bien y no quiero desviarme de él, ya que no está en mis planes preocuparme más de lo necesario por ningún hombre. Ni aunque ese hombre tenga los ojos más azules del mundo ni la sonrisa más irresistible. Finnick me saca de mis ensoñaciones bruscamente.

- ¡Katniss! ¿me oyes?

- No, perdona, Finnick, estaba distraída. – respondo mientras junto las manos en un gesto de perdón.

- Decía que se me ha olvidado comentarte que tu hermana te estuvo llamando a mi móvil y dejó un mensaje porque no te encontraba en casa.

- Sí, hablé con ella esta mañana finalmente, supongo que estaba dormida cuando llamó, ya que estaba muy cansada – miento. Pero Johanna enseguida me pilla y pregunta.

- ¿No decías que apenas habías dormido un par de horas?

- Bueno sí, quiero decir no… igual dormí más de lo que pensaba.

Lo cierto, es que mi intento de salir por la tangente ha sido ruinoso, y puedo ver como Johanna me mira y me sonríe con malicia, pero debe de haber un Dios que escuche mis plegarias aunque sea de vez en cuando y no continúa con el interrogatorio. Terminamos de cenar y nos vamos a nuestras habitaciones en uno de los moteles. Una habitación sencilla pero limpia y tranquila.

Sorprendentemente consigo dormirme, pero de forma no tan sorprendente me despierto cuando aún es de noche, acuciada por una pesadilla horrible. Intento desecharla pronto de mi pensamiento escuchando música y tratando de respirar con calma. Hubiera preferido salir a correr un rato, pero no tengo de nada, ni zapatillas, ni pantalones de deporte... Así que me aguanto e intento pasar el resto de la noche lo mejor que puedo sin cerrar los ojos, porque cada vez que lo hago veo el rostro de Peeta azul y sin vida, como el de mi padre bajo la nieve.

Finalmente amanece y se hace la hora de continuar con el trabajo. En el aeródromo de Saratoga conseguimos el nombre de un piloto que alquiló un helicóptero en la misma fecha que la desaparición de Maysee. Aunque no parece que nos vaya a llevar a nada ya que nos comentan que parecían dos parejas de amigos, le enviamos el nombre y el número de la seguridad social a Beetee para que busque si hay algo que nos pueda ayudar.

En Queensbury tampoco tenemos más suerte. Y con un balance tan poco halagador nos volvemos a Mayfield, ya que Effie nos ha informado que tenemos el avión privado de la unidad esperando para que podamos regresar a Nueva York. También nos comenta que tengo un móvil nuevo replicado en el centro comercial de la ciudad. Solo con esto mi día mejora exponencialmente, la perspectiva de recoger y ver de nuevo a Peeta también ayuda.

Cuando llegamos vemos a Peeta sentado en una silla de ruedas y al doctor Cinna con él.

- Tómatelo con calma muchacho – escucho que le dice – Y dentro de unos diez o doce días te podrán quitar los puntos de la pierna. Sería recomendable que alguien te fuera haciendo curas a esa herida para que sane antes.

Con un fuerte apretón de manos, el doctor se despide él y de nosotros. Peeta se sienta detrás con Johanna y está inusualmente callado durante todo el trayecto al aeropuerto e incluso le veo fruncir el ceño en alguna ocasión. No es un gesto habitual en él, pocas veces lo he visto tan preocupado por algo. El día de la pelea por el campeonato con su hermano, el día del museo…

Sin embargo, conforme nos alejamos de Mayfield en el vuelo de regreso, empieza a interesarse por lo que hemos encontrado, lo que hemos hecho y veo como poco a poco, se relaja y va sonriendo. Poco a poco vuelve a ser el hombre encantador que todos conocemos.

Sobre las siete de la tarde llegamos de nuevo y finalmente a Nueva York. Me siento contenta de estar de nuevo aquí. La experiencia en Mayfield ha sido bastante sobrecogedora y espero que cuando esté de nuevo en mi piso, podré volver a dormir. Pero, la suerte no está de mi lado y en cuanto enciendo el móvil me encuentro un mensaje de mi casero.

- ¡Maldita sea, no puede ser! – exclamo en cuanto termino de escuchar la grabación.

- ¿Qué pasa? – preguntan los tres asustados.

- Mi piso ¡Está inundado! Tenían que venir a arreglar las cañerías del baño pero han explotado antes. Me ha dicho mi casero que el seguro me cubre un hotel ¿Sabéis de alguno cerca de la oficina? – digo apesadumbrada porque se ha ido al traste mi idea de descansar en mi cama tranquila.

- Quédate en mi casa – me ofrece Peeta rápidamente.

- Muy amable, pero no quiero molestar y tengo el seguro así que no es necesario – respondo aunque una vocecilla en mi mente que no sé de qué zona de mi cerebro sale me está diciendo que diga lo contrario. Pero Peeta insiste.

- Por favor, quédate en mi casa. Tengo muchas habitaciones vacías… de verdad. Además yo me quedé en tu casa en Mayfield.

Cuando acaba la frase me sonríe y como me pasa siempre que me dedica esa sonrisa especial, soy incapaz de negarle nada y acepto.