Quiero ser escritora

El sol y la luna

Es aquí: El monasterio Shaolin. Llevo caminando durante cuarenta minutos perdida porque dejé en casa sobre la mesa el papel con las indicaciones del Sr. Fung y cuando me di cuenta estaba en la buseta. Apenas recordaba y tuve que preguntar, pero cada dirección me llevaba a la contraria a dónde quería llegar hasta que tuve valor de acercarme a un vigilante y él me envió por aquí. Era más impresionante que las imágenes en internet y las pelis que he visto. Tengo entendido que los monjes Shaolin son mundialmente conocidos por sus exhibiciones de fuerza, flexibilidad, resistencia y gran capacidad por aguantar el dolor. Del mismo modo ellos son disciplinados, nobles y rechazan la violencia pese de infundir las artes marciales. ¿Adivinen qué? Omi no encaja en el perfil. Niños de todas las edades y razas, uniformados de anaranjado, practicaban en parejas en el patio. Ninguna de esas cabecitas era la de Omi. Fui con un maestro, bueno, en realidad con el primer adulto que vi y me confundió al inicio como una nueva aspirante, cuando le expliqué que yo buscaba a un alumno en particular me señaló con el dedo al único estudiante apartado del resto. Omi entrenaba con un muñeco un poco más alto que él. No quise interrumpirlo, decidí ver lo que hacía. El muchacho paró al muñeco que no dejaba de titiritar, se paró en una mano y lo pateó dos veces con ambos pies. Se volvió a poner de pie de un salto en el aire.

-¡Asombroso! –aplaudí.

-¿Qué haces tú aquí? –exclamó sorprendido- se supone que me recogería mi abuelo, ¿dónde está él?

-Cuidando la librería, él me pidió que te pasara recogiendo a esta hora en el monasterio. Así que vístete y vámonos.

-Si él no iba a venir me lo hubiera dicho esta mañana en la escuela –dijo con voz apagada-, perdiste tu viaje, no necesito que me lleves: Conozco el camino. Puedo cuidarme solo.

-Qué amable –repuse sarcástica poniendo una mueca- ¡escúchame bien! Mientras no tengas la mayoría de edad o tus padres o tu abuelo consideren que eres lo suficientemente maduro para no necesitar de un adulto responsable ¡estás conmigo! ¿de acuerdo? Te guste o no, eso ya es decisión de ellos. Sé un niño bueno y vístete, no tenemos todo el día –le tendí la mano y Omi me rechazó.

-Creí que no ibas a querer cuidarme luego de lo de Queso, a propósito ¿qué hiciste con él?

-¡Ja! vas a tener que esforzarte más si quieres deshacerte de mí. Tu amigo se fue a un mejor lugar.

-¡¿LO MATASTE?! –gritó boquiabierto.

-¡Por supuesto que no! ¡¿cómo crees?! ¡NO! Sólo... lo eché de mi apartamento, debe andar por ahí –Omi suspiró de alivio- okey, fin de la discusión, ¿nos vamos ya?

-¡Claro! –repuso- ¡si me alcanzas el paso!

Omi no pretendía cambiarse su uniforme de monje. Desapareció dentro del templo de mala gana y buscó su mochila junto a un grupo. Me quedé sorprendida. Mientras los otros bolsos de los demás estudiantes eran coloridos, alegres, con diseños atractivos e imágenes de súper héroes y personajes animados, bien cuidados y recién lavados. El suyo estaba maltratado y desaliñado como si no lo hubieran enjuagado con agua y jabón desde hace largos diez años, los sujetadores parecían a punto de descoserse en cualquier momento. De hecho percibí que en la parte inferior del morral había un agujero y para enmendar el inconveniente el niño (o sus padres en todo caso) usaron cuatro alfileres. Era la mochila más triste que había visto. Y en un niño peor aún. ¿Acaso su abuelo sabía esto? ¿por qué sus padres no le compraban una mochila nueva? ¿no tenían dinero? Apenas la levantó, dos cuadernos se cayeron al piso. No llevaba libro ni otras cosas como videojuegos o algo así. Se lanzó a recogerlas, yo tomé una hoja, pero él me la arrebató antes que pudiera leerla:

-¿Qué es?

-Una citación... para mi padre. ¿Nunca has visto una?

-¿Citación? Eso es para los niños que se portaron mal, ¿qué hiciste esta vez?

-Inicié una guerra de papelillos y un soplón me delató.

-¿Y por eso te castigaron?

-No, me castigó porque me descubrió peleando con el soplón en el patio del recreo... ¡él no debió haberme acusado! ¡Pagó las consecuencias de sus actos!

-¡Omi, sabes que eso no se debe hacer! ¡actuaste muy mal hecho! Una guerra de papelillos y luego golpear a un compañero de clases, ¿los monjes no te han enseñado que la violencia nunca es el mejor camino? Piensa como eso afectará tu expediente ¡a tu familia!

-Ya lo pensé y digo que me da igual, nunca puedo divertirme, siempre son reglas y reglas –movió los ojos fastidiado- tengo más de estas –zarandeó la hoja con fuerza- la directora me confesó que mi expediente es el más grueso que haya visto en sus treinta años de educación ¡hasta van a tener que abrirme un segundo! ¿Pero tú qué entiendes? No finjas interés.

-¿Tu abuelo sabe que te han dado una citación?

-No veo cuál es la necesidad de hacerlo –respondió tranquilo- ¡y tú no vas a echar la sopa! ¿entendiste? ¡Calladita! Esto es entre mi padre y yo –no me dejó responder, Omi metió todo en su morral y se marchó sin esperarme.

Así que también es en la escuela. Si es capaz de desafiar a sus mayores, compadezco desde ahora a los pobres niños que estudian con él. Es un niño problema. Sin embargo, me llama la atención que parece que no le importa. Bueno, acaba de admitir que no es la primera vez. Confirma lo que decía Clay. Pensándolo bien esta escuela parece cara, ¿por qué no podrían pagar un bolso entonces? La verdad no estoy segura ni quiero parecer entrometida. Omi no parece dispuesto a hablar. El muchacho se despidió de su maestro haciendo una reverencia y diciendo unas palabras en chino. Tomamos un taxi de regreso a casa.

-¿No tienes otra mochila? –le pregunté a medio camino. El niño se había quedado mirando sus pies, no levantó la cabeza para responderme:

-No.

-¿Por qué no le pides a tu padre que te compre una nueva?

-Porque no puede, tengo que arreglármelas con este mientras tanto.

-Y si no puede, ¿quién paga la matrícula de tu escuela de artes marciales?

-Eso es clase aparte. Mi abuelo se encarga de eso, lo hace para mantenerme alejado de estar pensando en musarañas o eso dice él. No sé lo que quiere decir con exactitud.

-¿Por qué se no lo dices a él?

-Haces muchas preguntas, ¿acaso estoy en un interrogatorio o en un examen oral?

-Bueno, tranquilo. No te enfades, no seguiré preguntando más.

A Omi no le gusta que le interroguen, parece muy incómodo con el tema. Apenas mencioné el asunto del morral, su expresión corporal demuestra ansiedad y de inmediato se abrazó el bolso como a la defensiva. Le echó un ojo al agujero, los alfileres no funcionaron y susurró entre dientes. Si no lo mal entiendo creo que quiso decir que tenía que solucionarlo con un paño cuando llegara a casa. Cometí la imprudencia de intervenir otra vez y le propuse que podría coserlo (nunca he cosido un botón en mi vida, pero quería ayudar porque sentí algo de lástima por el niño) y la reacción de Omi fue casi agresiva. Hasta que llegamos a casa no volvimos a dirigirnos la palabra. Abrí la puerta y él entró, ¿a dónde tiene pensado ir?

-¡Alto, alto ahí! ¡¿a dónde crees que vas?! –acusé, quitándome el bolso. Omi se volteó con los ojos pelados.

-¿A dónde crees que voy? Al lavabo, me quiero enjuagar la cara y las manos. No lo hice en el templo ¿está prohibido lavarse? –claro que no, ¿qué le respondo? Me siento imbécil por preguntar, aún si no fuera verdad no me respondería sus verdaderas intenciones, entonces el niño sonrió maquiavélico y volvió al ser el de siempre- ah ya entiendo, ¿tienes miedo? ¿de qué haga una broma verdad? Créeme que ni siquiera había pensado en eso.

-¡No tengo miedo! Soy precavida. Espero que lo que te haya pasado en la escuela te enseñó a pensar antes de actuar.

-Sí, me hizo reflexionar –admitió en voz baja, cruzó los brazos- no podré hacer bromas por ahora, si no quiero que me atrapen seré más cuidadoso en cada movimiento.

-¡Ni se te ocurra intentar algo Omi...!

-¡¿Pero qué es lo que te pasa, mujer?! No me puedes acusar de algo que no he hecho, vengo cansado del entrenamiento y lo único que quiero hacer es lavarme y comer.

Lo acusé con el dedo y lo miré seria. Estaría vigilándolo. Se mordió el labio conteniéndose de reírse y se fue al baño sacudiendo la cabeza. No puedo tomármela a la ligera esta vez, caí dos veces seguidas en sus bromas porque se lo permití. A ver, a ver... mi plan de ataque me dijo que llegaría a eso de las cinco de la tarde. La ensalada de Omi está guardada en la nevera. Lo único que tengo que hacer es servirla en un plato. En cuanto a mí, me prepararé chuletas de cerdo. Cortesía de Clay quien muy gentil subió a mi apartamento a dejarme este regalo hace días. No había pensado en nada y no estaba de humor para ponerme creativa, quiero mantener mi vista en Omi. No puedo dejarlo a solas porque armaría una catástrofe. Comencé a freírlas en el sartén. Iba demasiado bien. Raro, por lo regular se queman o saben mal. No soy la mejor chef del mundo, empero tengo la disposición de ser cada día mejor y aprender de mis errores. Para siempre no puedo ser mala. Salvo que en algunas ocasiones yo no puedo evitarlo y almuerzo comida precocinada.

Entonces suena el teléfono de la sala. ¡¿Pero quién será el maldito?! Aborrezco cuando me desconcentren mientras cocino. Aún cuando sé que no me oye, grito que se espere, y apago el horno para evitar una catástrofe. El teléfono dejó de sonar, pero eso es porque el niño lo cogió, ¡¿con el permiso de quién?! ¡Si se puede saber! Se encaramó a la cómoda y cruzó las piernas.

-¿Hola? ¿quién habla? –preguntó sonriente- ¡no! ¡no! Un momento, yo le pregunté primero, ¡pero qué insistente! Yo soy el novio de Kimiko, no puede hablar con ella en este momento porque está cocinándome... -¡maldita sea! Se dio la vuelta y bajó, se fue corriendo directo a la cocina echando carcajadas. Llevé el auricular a la oreja.

-¡¿Qué?! ¿hay alguien ahí? ¿hola?

-Estoy yo. ¿Quién es? ¿Raimundo?

-¡Kimiko! ¿eres tú? ¿Por qué no me habías dicho que tenías un novio?

-¿No crees que debiste haberme preguntado eso antes de invitarme a salir? –cuestioné, él no respondió y lanzó un gruñido- ¡claro que no tengo novio! Ése era Omi ¿por qué creíste eso? ¿no escuchaste que era la voz de un niño?

-Ah, por supuesto, el famoso Omi –vaciló ignorando la pregunta-. Me habías hablado de él la otra vez. ¿Cómo pude olvidarlo? Llamaba para cerciorarme si vas acudir a nuestra cita, todavía tengo tu taza guardada, pasaré a la hora que acordamos ayer y te iba a decir que al lugar al que vamos iremos a pie. Mi coche está en el taller después de lo que le hiciste. Así que no lleves zapatos incómodos, por favor, y ponte bonita. Sé puntual. Y mándale mis saludos a Omi.

-¡Claro que lo soy! ¡no necesito que me digas lo que debo hacer o no, Pedrosa!

El hijo de fruta me cortó. ¡Ni siquiera tuvo la amabilidad de escucharme! Aj, estos hombres (Raimundo, Omi y sin mencionar a mi ex) me van a volver loca. Si Clay se rebela también, no soy ni capaz de imaginarme qué es lo que haré. El plato de Omi estaba puesto sobre la mesa y él se había encaramado a una silla para llenar un vaso con jugo.

-¿Por qué le dijiste eso?

-¿Qué dije qué? ¡Vamos mujer, ayúdame a recordar! Digo muchas cosas todos los días, no me puedes decir así sin más... ¡oh espera! ¡ya caigo! ¿Por qué le dije que yo era tu novio al tal Raimundo? –bajó sosteniendo el vaso sonriente- imaginé que si hacía eso te molestaría, ¡también a él!

-¡Omi no tienes ningún derecho a atender mis llamadas! –reproché- ¡eso es mi privacidad! Y mientras pises esta casa vas a tener que respetar mis reglas, ¿ha quedado claro?

-Lo sé pero es que el teléfono estaba sonando mucho y tú te tardabas. Yo estaba cerca. Pero está bien, si eso es lo que quieres, no lo volveré hacer –alzó los hombros, resignándose. Yo aún mantenía mis brazos cruzados-. ¡Palabra de monje! –con el dedo índice trazó una equis en el pecho, justo en el corazón y bebió un sorbo al vaso- ¿ese Raimundo es tan importante para ti, me equivoco? ¿te gusta no es así?

-No me gusta –respondí con calma- es sólo mi vecino de enfrente, nos conocimos el día en que me mudé. Nos tropezamos en la entrada al edificio entretanto él mantuvo el equilibrio, yo me caí al piso. Estoy segura que él debe de pensar que soy una torpe. ¡En cambio él...! Es perfecto en todo lo que hace (¿o debería decir propone?), guapo, carismático y seductor. Hasta el momento todos nuestros encuentros siempre terminaron mal y conmigo haciendo el ridículo: primero ese, después cuando derramé su café, luego cuando golpeé su coche ¡ni siquiera sabía si tenía uno y todavía me acusa de haberlo hecho adrede! ¡hasta me disculpé! Y para rematar, ¡el ratón...!

Fue como si olvidara con quien conversaba y hablara para mí sola. Omi estaba tranquilo en la mesa comiendo, bebiendo y escuchándome atento sin interrupciones. Si no lo conociera, diría que es un niño educado. Odio ser un libro abierto. A menudo acabo contándole a una persona todos mis problemas sin querer a un extraño. Mi padre dice que es porque me gusta ser escuchada y cuando estoy a punto de explotar. Necesito vomitar lo que siento. Es una reacción normal, el punto es que no estoy con la persona indicada que debe enterarse detalles de mi vida amorosa.

-Adelante –me alentó- te sigo escuchando, estoy seguro que podemos llegar a una solución entre los dos. Ahora... –dijo Omi con el típico acento que utilizan los psicólogos- ¿cómo me dijiste? Hablabas sobre un ratón, ¿qué te pasó? ¿es posible que este ratón represente a todas tus dudas y ansiedades en tu subconsciente, acerca de la relación que tienes con Raimundo?

-¡Ah no! ¡ni creas que caí en tu trampa! Fingir que estás interesado en mí y usar mis puntos débiles en mi contra ¡ni soñarlo!

-Yo ni siquiera he dicho nada –berreó- al contrario, no me molesta. Las niñas de mi clase se reúnen en el recreo para discutir quién es el niño más lindo del salón y esas tonterías...

-¿Y cómo lo sabes? ¿acaso quieres saber si figuras entre los favoritos? –Omi arrugó la nariz enfadado.

-¡NO! –chilló- se me resbala lo que digan las niñas y su estúpido juego, no es mi culpa que estén hablando de eso mientras intento hacerles una broma. Ay ¡¿sabes qué?! ¡no tengo por qué estar explicándote esto! Seguiré comiendo.

El diablillo tiene razón. Si no me apresuro, Kei llegará y no habré almorzado. ¡Después de eso: mi cita! Lo peor que podría pasar en la historia sería que Raimundo conociera a Omi. Hablando en serio, retomando lo que dije antes ¿por qué alguien como él estaría interesado conmigo? Probablemente soy un juguete para su perversa diversión. Igual que Omi. Meto un bocado en mi boca. Al segundo siento que me picaban los ojos y la lengua, me ardía la garganta, las lágrimas se desbordaban por mis mejillas y salía humo por mis orejas. Yo me había convertido en una chimenea viviente. ¡SALSA PICANTE! ¡QUÉ MAL ROLLO! Salí volando directo a lavabo, ni siquiera me volteé hacia el refrigerador, en ese momento no me importaba que sea para enjuagar los platos. Los pulmones y la boca me quemaban. Sentía que iba a escupir fuego en cualquier momento. Abrí el chorro de un tirón. Metí la cabeza y empecé a beber desesperada. Luego de refrescarme (casi media hora ventilando mi lengua), me puse a pensar. Omi se había quedado mirándome sin hacer nada. ¡¿De dónde vino esta salsa picante?! ¡yo no la eché! ¡y si hubiera sido así habría tenido mayor cuidado! La única oportunidad en que descuidé la cocina fue cuando Raimundo llamó, Omi estaba en la cocina entonces... ¡ah claro! Ya todo tiene sentido.

-¡Omi! ¡¿podrías explicarme por qué mi comida tiene salsa extra picante?!

-¡¿Ves?! –no se estaba refiriendo a mí, le hablaba el techo- ¡ahora esta loca me culpa de sus errores! ¡¿lo ves, lo ves, lo ves Buda?! ¡las personas conspitaculan contra mí siempre!

-Conspiran –corregí.

-¡¿Lo ves Buda?! ¡Hasta ella reconoce que conspiran contra mí! -¡¿qué?! Yo no dije eso, él manipuló mi respuesta cuando lo estaba corrigiendo, ¡de verdad!- ¡soy una víctima de todas las injusticias! ¡En cuanto a ti, loca! No me quedaré aquí sentado a escuchar las acusaciones de algo que obviamente sí hice ¡ahora con permiso!

Él agarró su plato y salió de la cocina. ¡Enano del demonio! Tienes suerte de ser menor de edad o te habría cocido en aceite vivo, ¡en serio! No pienso en meterme problemas legales. Suficientes tengo con aprender a sobrellevar la vida como una chica ordinaria. Al menos ya podré comer sin temor a que mi cocina se incendie. Me estremecí de pensarlo. De que Omi puede él lo haría. Al cabo de dos horas la tarde transcurrió normal porque mantuve vigilado al diablillo. Tengo el presentimiento de que está tramando algo con la licuadora. No sé qué es. En cualquier caso ya me ha echado 3 bromas hoy: el ratón, la llamada y la salsa. Decidí que me vestiría luego de que Omi se fuera. No puedo estar tranquila dejándolo solo. Estaba leyendo una revista cuando Keiko tocó la puerta.

-¡Oh! Están tocando la puerta, ¿quién podría ser?

-Como si no lo supieras –gruñó Omi desde el otro extremo- actúas pésimo.

¿En serio soy tan previsible? Le respondí al niño con otro gruñido. Omi me sacó la lengua. Mocoso insolente. Me paré a recibir nuestro invitado sorpresa. Keiko me abrazó. Fue como si nos viéramos por primera vez en semanas y lo de esta mañana era un producto onírico. El niño fingió demencia, pero lo pesqué mirándonos a hurtadillas.

-¡Hola niña! ¡¿Cómo has estado?! ¿recibiste mi mensaje? –Kei estudió muy bien su libreto. Me besó en ambas mejillas, venía cargando con las bolsas de compras del centro comercial- ¡Oh cariño, no me dijiste que estabas con alguien! Espero no interrumpir nada importante, sabes cómo detesto molestar en donde no me llamen... –añadió.

-No te preocupes, me contenta que estés aquí, no te respondí porque me quedé sin batería. Te pido disculpas por eso. ¡Ven! ¡pasa a la sala! Quiero que conozcas a alguien: Omi, él es el niño a mi cuidado, el nieto del Sr. Fung. Omi, ella es Keiko, mi mejor amiga.

-¡Ay qué mono! –Keiko se lanzó sobre el niño y estiró sus mejillas, no tienen idea del susto que cogí porque temí que él respondiera groseramente o sacara una flor que escupe agua, de las que tienen los payasos- ¿este es Omi? ¡pero es adorable! Miren esos ojitos tiernos, ¡tan pequeño!

-¡Eh, eh, eh! Quiero acotar que NO SOY pequeño, soy compacto. Que es muy distinto.

-¡Lo que tú digas, terroncito de azúcar! –le alborotó el pelo, Omi cerró los ojos con fuerza y se estremeció ligeramente- ¡ah, pero Kimi, cuando me hablaste de él me imaginé que era un niño más grande, más...!

-Keiko –mascullé entre dientes. Es cierto que Omi aparenta ser inofensivo a primera vista, sin embargo, son apariencias porque en esencia es todo lo contrario. Es parte de su encanto. Hasta yo reconozco que me engañó la otra vez. Omi es muy listo, a lo mejor prefiere ver lo que tramamos antes de actuar para considerar nuestras estrategias... me estoy volviendo una paranoica. Lo sé.

-¡Quiero decir...! Que la otra vez me estabas comentando un documental de niños huérfanos en China ¡pobrecitos! Hasta sentías la necesidad de adoptar a uno. No voy a quitarle mucho tiempo a tu niñera, Omi lindo –me reí en silencio, no pude evitarlo. El susodicho desencajó la mandíbula, desaprobándome- vine a ver como estaba quedando el guión de la obra.

-¡Oh sí! ¡aquí está! –saqué unas hojas en blanco y se las mostré.

Nosotras nos sentamos en el sofá en tanto Keiko disimulaba leer. Omi no nos siguió. Como parte del plan, quedó insatisfecha de que esta historia pudiera ser del agrado de los niños. Y cumpliendo mi parte debía convencerla de que sí. Tuve que improvisar. Créanme que jamás he hecho algo como esto en mi vida. He leído cuentos infantiles a niños en las fundaciones que frecuentaba. Pero de ahí a inventar historias... ¡nunca! No sé en lo que pensaba cuando se me ocurrió. Quizá me confié porque he leído mucho y estaba segura que podría hacerlo. En mi infancia era eso lo que me entretenía. Lógico, esa era yo, ¿por qué Omi reaccionaría igual? Porque a todos los niños les gusta. Un buen libro nos deja llevar por la imaginación, descubrimos el mundo, creamos uno, detenemos el tiempo, aprendemos a pensar, sabemos que estamos vivos. Me llegó la inspiración:

-¡Pero bueno, ¿qué hay de malo una isla habitada sólo por monstruos?!... –no sé qué tipo de historias le gustan a Omi, cuando yo era una niña me encantaban los cuentos de princesa y me parece que Omi tiende más hacia las aventuras y el terror, y pude captar el momento en que volteó el cuello para ver de qué hablaba- ¡Oye Omi! ¿podrías venir acá un segundo, por favor?

-¿Qué quieres?

-Estoy escribiendo un guión para una obra de teatro infantil que dirigirá mi amiga Kei y me gustaría tener en cuenta la opinión de un niño, ¿te gustaría participar? –Omi abrió la boca y estoy ciento un por ciento segura que rechazaría mi petición, pero no lo dejé hablar-: verás, mi historia habla sobre un niño, más o menos de tu misma edad, él vive y a la vez estudia en un convento religioso junto a otros niños. A pesar de que se parece, habla y actúa igual que los demás, es diferente, en el sentido de que es un niño "extraño" –dibujé unas comillas al aire- no lo digo porque le guste pintar afanosamente en su block de dibujo, subirse a los árboles, su forma peculiar de vestirse o permanecer en la gruta encantada de la villa si no porque mi pequeño protagonista fue bendecido por una asombrosa capacidad de ver cosas que las personas corrientes no lo haría.

-¿Qué cosas? ¡Digo! No es que me esté interesando en tu cuentecito, pero...

-¡Creo que me estoy adelantando un poco! Volveré a empezar, pese de los intentos de hacer amigos los demás niños se alejaban aterrados pues las cosas que asustaban normalmente a los chicos como la oscuridad y los monstruos bajo la cama atraían su atención; el único amigo que lo comprendía era el padre Francisco y a su vez profesor de matemáticas, para él era normal que su alumno tuviera esa fascinación.

-¿Ese alumno tiene nombre? –interrumpió Omi.

-Debería, no lo he pensando, ¿qué tal si le ponemos Koki?

-¿Koki? –alzó una ceja- ¿qué clase de nombre es Koki?

-Koki de Kokimoto, es un nombre japonés, ¿te parece? –Omi asintió convencido- sigamos. Koki no sabía que tenía esa habilidad de la que te estaba contando hasta que un día apareció un hombre lagarto cuando en una mañana él, los otros chicos y el padre se internaron en la maleza y llegaron a las faldas de una colina al lado de una quebrada.

-¡¿Un hombre lagarto?! ¿acaso era un monstruo?

-Como era de esperarse, los niños salieron a jugar mientras eran supervisados por el fraile. Koki prefirió quedarse rezagado a dibujar bajo la sombra de un árbol cuando escuchó crujir unos arbustos detrás de él, pero cuando Koki volteó no había nada. Estaba seguro de haber oído algo, no obstante, decidió no insistir. Se dijo a sí mismo: A lo mejor es el viento, estoy en un lugar desierto y cualquier cosa puede suceder o es una broma de mi imaginación. Las cosas habrían quedado así de no ser porque lo escuchó otra vez...

Durante el resto de la tarde permaneció sentado con las piernas cruzadas, había agarrado un cojín y apoyado los codos en él mientras me escuchaba con atención, sin hacer bromas. ¡Un auténtico milagro había producido! ¡¿quién lo diría?! ¡resultó! ¡Los cuentos lo tranquilizan! Tal como la música calma a las bestias. Si pudiera me besaría a mí misma. Por ahora puedo felicitar a mi cerebro. ¡Vaya! Mi cerebro no únicamente sirve para calcular. Por otra parte, estoy asombrada por mi historia improvisada. No creía que fuera tan buena. Para ser sincera pensé que fracasaría. No es que sea pesimista, es que nunca he hecho nada como esto ¿lo he dicho antes?

El abuelo Fung tocó el timbre. Habíamos pasado la parte en que el muchacho intenta avisar de la presencia del hombre lagarto al fraile y los niños y ninguno le cree, su confrontación directa con el hombre lagarto, el prodigioso descubrimiento de que es el hijo del Rey de los Monstruos, ahora rehén de la malvada bruja Maruja, y por lo tanto Koki es el príncipe, su viaje a la Isla de los Monstruos y la llegada al Castillo. Nos quedamos justo en la parte en que se enfrenta por primera vez a la ruin villana de mi historia y hechizó al hombre lagarto, el mayordomo real del Rey de los Monstruos.

-¡¿Qué?! ¡¿por qué tiene que ser justo ahora?! –chilló Omi decepcionado que no escucharía el final de la historia.

-A duras penas estamos en pleno desarrollo de la obra, pero si tú quieres podemos hacer un trato puedo contarte el final mañana y me prometes contarme tu opinión, ¿está bien?

-Bueno... ¡trato hecho! –asintió firme.

Se levantó obediente y se fue con su abuelo. No tuve que mentirle esta vez. Aunque fueron dos horas fugases su nieto se portó bien. Para mañana esta obra habrá acabado. ¡Oh vamos! Debo escribirle algún final, no puedo pretender que dure eternamente. Estoy consciente que Omi volverá a hacer travesuras cuando termine, lo que puedo hacer es ingeniármelas como Sherezade y comenzar con una nueva historia, las suficientes mientras me permita estar a salvo de las bromas. Kei se quedó un rato. Al igual que nosotros, también quedó interesada por mi historia y me preguntó si esa historia había sido de mi invención o si la había visto. No pude reconocer mi voz cuando dije que había surgido de mi cabeza. Sólo sé que cuando yo inventaba esa historia, pensaba en Omi. Estaba en la obligación de escribirle un cuento que le gustara. Le pedí a Kei que mañana se acercara hasta mi casa para prepararme en mi cita con el idiota. No había tenido tiempo para ir al centro comercial y creo que necesitaba una ayuda para mi guardarropa.

Al día siguiente, si no hubiera tenido mi cabeza puesta sobre mis hombros estoy segura que la habría perdido. Estaba muy intranquila pensando en la cita. Afortunadamente, Kei actuó con calma por las dos y pensó en todo. Como buena amiga, trajo varias prendas de su closet y viendo lo que tenía disponible nos pusimos creativas. ¿Qué? Somos mejores amigas, nos prestamos ayuda en todo lo que necesitamos en especial en casos de extrema emergencia de moda y si hablamos de chicos... ¡oh! Las cosas que podrías comentarles.

Elegí una blusa strapple negra con una impresión de dos cayenas rojas y solapa con botones y mangas cortas, un pantalón tubo color rojo y una cartera de mano de marca Channel. Me encanta el escote de corazón de esta blusa. Decidí llevar un peinado de medio lado. He aquí una prueba de lo bien despistada que soy, se supone que el idiota me señaló que me llevara zapatos cómodos y yo, bien inteligente, agarré un par de adorables y calientes zapatos de tacón rojo Jimmy Choo. El idiota no especificó si debía ir casual o formal. A los hombres no le prestan mucha atención a estas cosas y menos perciben el esfuerzo que hacemos por vernos lindas para ellos, pero eso es porque los críticos no los atacan en las secciones de moda. Bueno, este look "semi-formal" no pasará desapercibido. Estaba probándome cuáles eran los accesorios ideales que combinaban cuando por segunda vez consecutiva en el día sonó el timbre. ¡Ay no! ¡es Raimundo!

-¿Quieres que lo distraiga mientras termina? –inquirió Keiko.

-¡No, está bien! Ya casi termino. ¡Ay! ¿quieres ayudarme a ponerme este collar?...

-Kim, ¿podrías de una maldita vez salir? Llegaremos tarde.

Abrí la puerta. Mientras estaba matándome por hallar un look que gritara que soy una chica atrevida y divertida, Raimundo optó por uno sencillo y... ¿cómo decirlo? Muy a su estilo, él es práctico en cuanto a selección de ropa. Me estoy dando cuenta. Se despegó del marco de la puerta y me estudió con la mirada de pies a cabeza. Un silbido se escapó de sus perfectos labios. ¡Oh, salvaguárdenme dioses brasileños!

-Hola –me aclaré la garganta- espero que no sea muy tarde, aún estaba en el tocador cuando llamaste. ¿Estamos listos para irnos?

-Kimi –Keiko se puso detrás de mí.

-¡Kei! Raimundo, ella es mi amiga Keiko. Kei, él es Raimundo... mi vecino...

-¡Guau! –suspiró, pensé que haría alguna de sus payasadas como presentarme por sí misma y coquetearle directamente, susurrarme al oído si él tiene un primo o hermano o pedirle su número de teléfono. Pero no lo hizo, al contrario, se comportó muy respetuosa y mantuvo la compostura lo cual llamó mi atención porque chicos como Raimundo son los que hacen que pierda la cabeza inmediatamente- ¡encantada! ¡Kimiko me ha contado tanto sobre ti que me parece conocerlo de toda la vida! –Keiko, no me humilles. Tampoco es que te he hablado de Raimundo todos los días. Sin embargo, él se tardó dos segundos para reaccionar que había otra persona además de nosotros. Tal vez no escuchó lo que dijo Keiko fijándose en mí.

-El placer es mío, Keiko. ¿Su amiga habla mucho de mí? –maldición.

-¡Oh bueno, sólo lo justo! Me ha dicho que es muy apuesto, ¡no decía mentiras!...

-¡Keiko, por favor! –mascullé. Quiero limpiar mi nombre, ¡yo no he dicho tal cosa! ¿o si lo mencioné? Como a veces hablo sin pensar. Raimundo se rió entre dientes.

-Me voy, no quiero interrumpir a los tórtolos en su cita. ¡Nos vemos, Kimi! –camino hacia las escaleras, me hizo un gesto con la mano y me habló en un tono inaudible. Leí sus labios. Quería que la llamara. Seguro para enterarse de los detalles de la cita y mi opinión qué tal besaba, aunque… ¿qué iba a decirle cuando me insinuara ese punto? Tampoco es que yo he tenido buenas experiencias o he besado a muchos para "comparar", ¿por qué estoy diciendo esto? No son buenas señales los besos en las primeras citas, creerá que soy una fácil... ¡No! Lo que quiero decir es que no estoy desesperada, ¡no! Dije que no estoy pidiendo... Mejor me callo.

-Mañana verás si sigues viva, Keiko Izumi –gruñí.

-No te molestes con tu amiga por eso –pensé que había querido decir que estaba consciente de que ella jugaba cuando-: no necesito que Keiko me diga que yo te gusto. No soy ciego. Es lindamente obvio.

-¡¿Disculpa?! –repliqué- ¡tú no me gustas, Raimundo Pedrosa! Te recuerdo que esta cita fue idea tuya, me dijiste que era lo que querías a cambio de mi taza.

-Lo sé, y aún así, te arreglaste sólo para mí esta noche. Qué detalle. Estás bella, mi princesa –sonreí un poco, siento como el calor sube a mis mejillas. De parte de un chico tan apuesto debería sentirme complacida, pero no sé porque no me siento tranquila. Raimundo sonríe más y comienza rodearme mientras observaba como ave de carroña asechando su presa- el escote te queda muy sexy.

-Gra...

-Aunque una tabla de planchar siempre será una tabla de planchar.

-...cias.

Me gustaría abrir un paréntesis aquí. Quiero decir que no tengo complejos con mi cuerpo y nunca los tendré. Admito que hay mujeres con pechos más protuberantes que los míos y sí, uso una talla pequeña de brassier ¿y qué? Soy feliz, pienso que eso no quita que una mujer luzca menos sexy. ¡Sin embargo, no es razón para que me molesten con esas tonterías! No voy a dejar que su comentario me afecte. Eso es lo que quiere. No le daré el gusto.

-Sabía que no todo podía ser bonito en esta cita –le dije calmada- no voy a permitir que me arruines la noche, Pedrosa. Entonces, ¿vas a quedarte ahí parado o nos vamos ya?

Me adelanté hasta el elevador, me dedicó una gran sonrisa y me acompañó en un instante. El idiota se recostó de la pared y me lanzó una mirada. Él se quedó ahí observando sin decir nada. Intenté no devolverle la mirada. Fueron minutos incómodos. Se abrieron las puertas y pasé. Me siguió y presionó el botón de planta baja. Ahora que lo pienso si sabía que íbamos a pie y llevaba zapatos de tacón, pudo haberme avisado... ¿por qué no lo hizo? ¿para verme sufrir? Estúpido. Cuando salimos del complejo residencial, el idiota trató de poner su brazo alrededor de mis hombros y estrecharme con su cuerpo. Le advertí con una mirada asesina de que graves consecuencias podrían sucederle. Al parecer entendió el mensaje y tiró de su brazo haciendo que pareciera un despreocupado estirón.

-¿A dónde vamos?

-¡No, no! No te voy a decir nada, aguaría la sorpresa. Cuando lleguemos allí, lo sabrás.

-Es mejor que no hagas que me arrepienta de esto –gruñí.

-Confía en mí, princesa, cada paso vale la pena –me aseguró sonriente.

Llegamos hasta la esquina, nos detuvimos frente el semáforo y esperamos que cambiara. Y el idiota no había quitado su expresión de la cara. ¿Habrá tenido un buen día en el trabajo o está feliz de que me está haciendo perder mi valioso tiempo? Oigan, se supone que yo hice un trato en acudir a una cita con él mientras me diera mi taza. Bien, ¡¿dónde está mi taza?!

-Así que... ¿qué estudias? No me has dicho a qué piensas dedicarte.

-Ingeniería de software, voy para el segundo semestre.

-Uhm, no se me había ocurrido. Si bien debe ser obvio si tu padre es dueño de una pequeña empresa de compra y venta de videojuegos. En realidad, ¿crees que podrás caminar cómoda los próximos cuarenta minutos en tus zapatos Jimmy Choo? Al lugar a dónde vamos está algo lejos. Digamos que no es por esta urbanización –campanas de advertencia taladraron mi cráneo y me vino a la memoria la llamada que me hizo esta tarde de que trajera zapatos cómodos, ¡es verdad! No supe qué responder ni se me ocurrió un argumento contundente- ¡no me digas! Lo olvidaste. Típico -me lanzó esa mirada típica masculina que hacen cuando dicen en un tono burlón: Mujeres. Esta era mi turno para defenderme. El semáforo dio luz roja y ambos cruzamos instintivamente.

-No me importa cuánto tiempo tome. Estaré bien, estoy acostumbrada.

-Otra alternativa sería que te llevara cargando, ¿te gustaría, princesa?

-¡NO! –resoplé. Raimundo se rió entre dientes, al rato añadí entre dientes-: tenías que haber dejado el auto en un taller esta semana.

-Bueno, princesa, míralo de esta manera: no contaminamos el aire. Es mucho mejor para el medio ambiente si el coche pasa menos tiempo en la carretera. ¿Lo ves? Seamos felices.

-Se me ha pasado por completo, el diablillo me dio mucho trabajo ayer y al final del día me quería tirar a la cama y no hacer nada. Apenas tuve tiempo para pensar qué iba a ponerme.

-¿Qué hizo esta vez? –preguntó.

En el camino le hablé tranquilamente sobre Omi y sus travesuras. No olvidé ningún detalle. Qué ironía, ¿no estáis de acuerdo? Ayer conversaba sobre él con Omi. El otro día nada más pude hacer una pequeña referencia. Estuvimos riéndonos y admito que fue divertido. Aún si hablar de Omi no era el tema favorito de conversación de los dos era entretenido. Hasta que le comenté cuál fue la cura que encontré contra las bromas pesadas. Antes que pudiera decir algo. Yo dije:

-Por alguna razón, Omi me ha escogido para ser el blanco de sus diabluras.

-Era de suponerse...

-¡¿Disculpa?!

-Tienes cara de buena -¡¿cara de buena?! Tuve ganas de preguntarle cuál era la diferencia entre una cara buena y una mala y cómo llegó a esa conclusión, no lo hice porque temí que la respuesta me haría enfadar y en lugar de eso, quise darle la vuelta a la tortilla.

-¿Ah sí? Pues tú pareces que sabes mucho sobre moda y no eres mujer –en buena hora, mi mente se acordó de aquel comentario que hizo de mis zapatos. Salvo que entonces no sabía cuán caro me costaría eso- ¿cómo sabías cuál era la marca de mis zapatos?

-¿Qué? ¿eso? No es la gran cosa, he comprado zapatos para muchas de mis novias.

-¡Vaya! ¡eso no me lo esperaba!

-¿Sorprendida, eh?

-No me sorprende que sólo hayas tenido muchas novias –aclaré- más bien me maravilla que hayas tenido alguna. Con ese carácter de seguro las habrás espantado al tercer día.

-Te sorprendería todas las pequeñas cosas que he aprendido en cada una de mis relaciones. Pero créeme que mi carácter no es la razón por las cuales éstas llegan a su fin. ¿Siempre acostumbras llevar ropa de marca en tus citas? No, espera, incluso si no es una cita también –dijo.

-¿Acaso es un crimen estar a la moda? –repliqué.

-No lo es –no dijimos nada a continuación.

¿Quería insinuarme algo con esa pregunta? ¿quería decir que le parezco superficial porque llevo una cartera Channel? Igualmente debe de estar intrigado por lo que dije acerca de sus relaciones. Uhm, él no me contradijo, hasta creo que lo aceptó y reafirmó que había sacado ventajas de ellas. No sé si todavía Omi me tiene con los pelos de punta, no percibí tristeza en su voz. Caminar se me ha vuelto una tortura, los talones se me han enrojecido y empieza a dolerme las plantas de los pies. Avanzamos dos calles hacia el norte. Ya era mediodía. Y hacía calor, menos mal ando con los hombros descubiertos...

-Listo. Hemos llegado.

-¿Un árbol? –me quejé- ¿me hiciste caminar cuarenta minutos por un árbol? ¡¿y en tacón?! –era bonito el roble, no estoy en contra de la naturaleza, pero me parece que he caminado mucho para encontrarme con otro árbol.

-No el árbol, Einstein. Detrás de él.

¡Oh! Eso es diferente. Se refería a las columnas de mármol que rodeaban a la bonita fuente, el agua cristalina brotaba disparada hacia arriba de tres cántaros que sostenían cada una de las tres sirenas sentadas en una gran roca y derramaba hasta la parte inferior. Aquí no acaba la magia. Me percaté que nuestros pies estaban sobre una calle asfaltada de adoquines. Y en nuestro entorno un paraíso turístico: A ambos lados están hileras casi niveladas de tiendas, residencias, floristería, un restaurant de comida china, agencia de viaje. Hasta aquí llega el olor del café molido por la mañana, y es delicioso. Capté que Raimundo había venido a esta parte de la ciudad, no desperdiciaría tiempo en detenerse a admirar la atractiva parada. Casi chocó contra el idiota. Mis pies exigen un descanso.

-¿Lo ves, princesa? Valió la pena cada paso. Vamos a la panadería, allí sirven los mejores croissants que he comido nunca y cuentan con una vista afrodisíaca de esta fuente, he oído que si lanzas tres monedas tu deseo más anhelado llegará a cumplirse. Por supuesto no creo en eso (hace falta más que desearlo para obtenerlo). No obstante, este lugar es más mágico que Disneylandia.

-Bien, vamos allá. Quiero probar que tal son esos croissants que son para morirse.

Entre los dos se había creado una atmósfera incómoda. No quería darle la razón. Y tampoco quería desperdiciar mi día entero en esto. Debido a que es un día de la semana y en horas de la mañana el local no estaba muy concurrido. Nos acercamos a la barra. Él tomaría nuestra orden y yo iría a buscar una mesa. Ambos pediríamos croissants y capuchinos, como él iba a pagar la cuenta ni me fijé en los precios. Había muchas mesas de dónde escoger. Pero a mí siempre me ha gustado las que están colocadas afuera, al aire libre. Es muy romántico… desterré esa idea de la cabeza. El idiota me siguió. La caballerosidad ha muerto. Tuve que agarrar mi propia silla. Ni se tomó la molestia, se sentó primero y esperó que yo hiciera lo mismo. Cada quien con su plato y empezamos a comer. Sentí que uno de los dos debía de decir algo. Las otras veces él era quien tomaba la iniciativa. Debe de ser mi turno.

-Vaya, no conocía ese lado romántico tuyo –comenté. Él frunció el ceño.

-No, princesa, no soy romántico –declaró serio.

-¿Ah no? ¿a qué llamas una situación en que un hombre invita a una mujer a comer en una panadería con un paisaje estupendo y lo mantiene en secreto?

-Si ser romántico es regalar flores artificiales y chocolates en cajas con forma de corazones cada aniversario, escribir carticas de amor perfumadas y recitar poemas, entonces no lo soy.

-¿Recitar poemas? Yo siempre consideraba que la poesía es el alimento del amor.

-De un gran amor, sólido y fuerte, puede ser. Pero si se trata de una atracción ligera hasta el mejor de los sonetos podría matarlo –estoy oficialmente asombrada. Me quedé sin palabras, primera vez que escuchó algo como eso y decidí no opinar nada al respecto, di un sorbo al café. Creo que se me notó mi cara decepcionada porque añadió al segundo después- ¿tú qué piensas?

-¿Eh?

-De lo que dije, claro, ¿qué piensas que puede estimular el amor en una pareja?

-¡Ah! Eso es fácil: Bailar. Si no le gusta bailar ni a él o a ella, debe de ser muy aburrido, es una de las tantas actividades que pueden compartir juntos y a la vez divertirse... –Raimundo abrió los ojos más de la cuenta- ¿tú bailas?

-No si no puedo evitarlo –contestó sincero- no quería decirlo antes, pero me he dado cuenta que eres muy romántica.

-¿De dónde has sacado eso? –inquirí con una mezcla de sorpresa y curiosidad. ¡Ay Kimiko, qué maleducada! No hables con la boca llena.

-Tu forma de responder, tu actitud corporal, tus expresiones lo dicen todo.

-Lo dices como si fuera algo malo –dije en un hilo de voz.

-No me malentiendas, bombón -replicó- el amor es un bello concepto inventado por los que decidieron establecer el día de San Valentín para aumentar las ganancias de las compañías burocráticas con la compra de flores, chocolates y peluches. A lo largo de la historia se ha revalorado con historias absurdas como Romeo y Julieta, perdiendo su verdadera esencia…

Se cortó a sí mismo y su mirada parecía ausente. Raimundo había terminado de comer y se quedó a esperarme. ¡Ay! Nunca podré ganar una competencia de comida contra un hombre, son muy rápidos ¡hasta Omi y él es un niño! Pagó la cuenta, tuvo la amabilidad de desechar por mí nuestros vasos de plástico y servilletas. Los platos los colocó encima de la papelera y caminó cerca de mí hasta la puerta, sin tocarme. Comenzamos a caminar. En oposición a cómo empezó la cita, fue muy tranquilo. Lo noté distante e inconforme. ¿En qué pensaba? ¿Yo qué pensaba? Raimundo no es quien creía que era… No baila, no flores, no corazones, cero romance, ¿qué cualidades tiene entonces? ¿qué fue lo que me atrajo de él un principio? Siento como si me acabara de enterar que mi canción de amor favorita fue escrita acerca de un sándwich. ¿Enserio existen seres humanos qué no creen en el amor? ¿cómo pueden vivir así? Nunca he visto nada parecido. ¿Acaso sólo está buscando a las mujeres para tener una aventura? Si es así, paso. A lo mejor mis estándares están muy altos. Lo cierto es que estoy decepcionada. Ni siquiera estábamos a tres calles de llegar cuando solté:

-Bueno, no fue tan malo.

-Nunca me imaginé que eras esa clase de... –Raimundo murmulló unas palabras difíciles de comprender. Parecía que estaba hablando él solo- de haberlo sabido no hubiera mencionado...

-¿Decías algo?

-Kimiko, lo he estado pensando... –dijo despacio- creo que no deberíamos vernos más. No soy la clase de chico que quieres.

-¿Qué quieres decir? -¿a qué se refería con eso de: "No soy la clase de chico que quieres"? No lo entiendo. Él extendió mi mano y colocó mi taza, luego la cerró en un puño.

-Quiero decir que deberíamos salir con otras personas. Ahora eres muy "pequeña" para mí, tal vez en dos años o después de graduarte podríamos volver a intentarlo, pero por lo pronto guardemos nuestra distancia. Lo siento.

Acto seguido, él siguió caminando. Sin decir más.


A/N: ¡Buenas, buenas, mis Xiaoliners! ¡¿cuánto tiempo ha pasado desde la última vez que actualicé?! ¡Un mes entero! ¿Cuál es mi excusa? Además de la tesis, los exámenes y los trabajos que me han impuesto semana tras semanas (sin contar las arrecheras que me he llevado) estoy preparándome para 2 exámenes súper importantísimos que podrían definir mi vida y necesitan mi entera dedicación. Para ser exactos uno en esta semana que viene y en otro en la arriba, también en la semana que viene presento mi tesis. ¡Por favor deseadme suerte! La universidad no es un juego. Pero en julio estaré desocupada y las actualizaciones volverán a ser semanales mientras estaremos en las expectativas. Claro como expliqué antes en ningún instante pienso abandonar este fic. Menos después de comprobar que sin haber publicado nada tengo más de doscientas visitas. ¡Ohhhhhhh! Así que estáis pendientes, me conmueve. Me prometí a mí misma que esta semana estaba en la obligación de actualizar, debía ser un capítulo largo por mis semanas de ausencia, y aquí les traigo el capítulo. No me es de extrañar si en sus reviews comienzan con: ¡¿ALICE ESTÁS VIVA?! O estén pegando gritos porque actualicé.

Básicamente vimos en este capítulo que Kimiko ya le está empezando gustar la idea de inventar historias. Me imagino que ustedes pensaron que su primera historia es Duelo Xiaolin, pero díganme ¿quiénes aparecen de primeros?

-Dashi y Wuya.

Ajá, y si todavía no ha conocido a ninguno de los dos, ¿cómo puede hablar de ellos? Y en cuanto a Dojo, puede aparecer más adelante, no importa, él tiene que aparecer en un punto especial del fic. Dashi y Wuya aparecerán por primera vez en el capítulo que viene o en el otro, debo cuadrar algo. Lo que me mató de risa en este capítulo fue en el momento en que Omi se hizo pasar por novio de Kim delante de Raimundo. Jajajaja... Hago mención especial que la historia que se estaba contando era mi fic abandonado de El Príncipe de los Monstruos, la dejé botada porque de la noche a la mañana (y mis estudios) me quitaron las ganas de escribirla, quizá más adelante, en un futuro, vuelva a tener la inspiración porque era una historia buena.

Cabe mencionar que no tengo ni remota idea de cuáles son las medidas de Kim, en mis manos no está el metro que usan las costureras. Y tampoco voy a estar inventando con eso (pero tengo un chiste muy bueno que incluiré en el fic). Las únicas medidas que sé son las mías que son ultra mega confidenciales, no porque me avergüence si no porque no quiero despertar envidia en nadie *sonrisita*. Ni de buena manera querrá decirme cuáles son sus medidas ni me voy a poner a comparar con las otras chicas de la serie y aparte de que Kim "está creciendo" en la serie. Okey, eso sonó friki.

¿Cuántas caritas decepcionadas hay en el público? Si tuvieran una cita con Raimundo y se darían cuenta que no es romántico, o en otras palabras, él no es el hombre que se habrían esperado ¿cómo se lo tomarían? No, ¿qué les parece cómo quedó el final? Me colmarán de preguntas: ¿Pasarán dos años? Claro que no, mis malvaviscos asados, yo me encargaré que eso se adelante. Tal vez Raimundo no necesita ser romántico para conquistar a Kimi-chan. Y Kimi-chan guarde un truco más bajo la manga. Y eso qué pasó en el principio, cuando Omi actuó raro, ¿una mochila rota? Y ese castigo... Ay Omi, nunca aprendes ¿verdad?

Se los debía desde hace tiempo mis malvaviscos asados. Las canciones que recomiendo para el fic, les explico para los que no me conocen que yo trabajo en función de "una banda sonora" y tengo una canción para cada momento, así tenemos en primer lugar: All I want is everything (traducción: Todo lo que quiero es todo)de Victoria Justice lo pensé como tema principal del fic para el argumento de lo que tiene que hacer una pobre chica para ganarse la vida entretanto ve a sus sueños volar; At the beginning (en español: En el comienzo (contigo)) de Donna Lewis feat. Richard Marx es la canción romántica del fic, enfocada desde el punto de vista de ambos principales que describe como un par de extraños que comenzaban un viaje lleno de sueños al final se dieron cuenta que sus vidas estaban enlazadas. Abro un paréntesis aquí: Normalmente escojo un máximo de dos canciones por fic romántico, pero hace poco parece que he recibido más inspiración de Afrodita que de las musas y tenemos:

Love me like you do (Ámame como tú lo haces)de Ellie Goulding, una hermosísima pieza quepodría describirnos como una joven enamorada que espera que el chico del que es dueño su corazón "dé el primer paso" (sí, creo que podríamos decirlo así), pero digamos que tiene una peculiar manera de amar que es distinta a la de ella... la pensé para Kimiko. Mientras que en el otro lado del ring Scar (Cicatriz) de BOIS, la música te transporta a las calles lluviosas de París (a mí al menos) y la letra es preciosa, narra los pensamientos de un hombre que es incapaz de declarársele a la chica que ama por su orgullo y sufre por ello, además de los golpes que ha recibido en el pasado. Ejem, obviamente la pensé para Raimundo y es mi canción favorita de las que he escogido, en segundo lugar está Love me like you do. Si quieren entenderlas, deben leer la letra traducida al español.

Pero no sólo pensé en ellos. Si no también en otros personajes tal como Omi. Si es tan importante... debería tener un tema propio para eso escúchense la canción de Pequeno Cidadão "O sol e a lua" (traducida: el sol y la luna) si leen la letra en español se darán cuenta que es como un cuento sobre la vez que el sol le propuso a la luna matrimonio y ella lo dejó plantado con la respuesta porque no le correspondía, entonces el corazón del sol se congeló. Sí, ya sé, no tiene nada que ver con Omi, pues que no fue rechazado por ninguna niña (no debería, Omi está muy pequeño para pensar en esas cosas, pero yo conozco a varios fans y el comportamiento humano y sé que en capítulos adelantes ustedes querrán que le dé a Omi un interés romántico ya que el amor entre dos niños representado en tele es tan tierno e inocente). Si Omi es rechazado, es por sociedad ya que por más que me duele admitirlo: Él es un inadaptado social. Escogí la canción por la música, es pegajosa, y te imaginas a Omi haciendo una travesura al instante, aparte de que la canta un hombre y en el coro lo acompañan niños... en las historias de este tipo, novelas rosas, a veces el escritor añade a un niño para dar ternura a la trama y se convierta en el cómplice del o la protagonista, siendo principal partidario para que se queden juntos los enamorados. Yo no, Omi tiene un fin diferente. Y en posteriores capítulos sabrán cuál es. Aunque más que ser un apoyo, Omi tiene su propia historia y es un personaje independiente... ¡pero de todas formas, OMI ES HORRIBLEMENTE ADORABLE! Como diría una de mis amigas: ¡violable! Yo considero que la violación es un tema delicado, prefiero usar el término fu-fu-papachón (de apapachar).

-¡YA SUÉLTAME! ¡ME ESTÁS ABRAZANDO! ¡Se supone que soy malo!...

¡Ahhhhhhhhhh, fu-fu-papachón te ves tan tierno cuando frunces el ceño! De todos modos sirvió para nombrar al capítulo en honor a Raimundo y Kimiko que son tan opuestos como la luna y el sol. Otra de las que recomiendo es: Ever After High (jajajaja, sin comentarios al respecto) a Kimi-chan le gusta leer finales felices ¿por qué no?; I still believe (Todavía creo) por Hayden Panettiere, también fue pensando en Kimiko; Jai Ho (Tú eres mi destino) es una cancioncita alegre para el fic como tal. Bien, para cerrar estas notas. Me encantaría recibir sus calurosos comentarios dándome la bienvenida o sus regaños por haberme tardado tanto, ¡pero eso es culpa de mis profesores! ¡arréglenlos con ellos! En fin, ¡nos leemos entonces!

Mensaje para guest: Ah okey... no he dicho nada. Pues yo prefiero que me respeten a que me teman. Aunque admito que provoca hacer eso con unas cuantas personas y eso me recuerda que la última vez que me vengué de una chica (una de las tantas) que se porta muy mal conmigo, la hice llorar. Bueno, gracias por tomarte tu tiempo por leer y comentar. ¡Nos leemos en otro comentario!

Mensaje para N.Z.A: ¡Hola! Jajajajajaja, ni lo digas ¿acaso no leíste arriba? Estamos en las mismas. Muchas gracias por tus palabras de aliento y tomarte la molestia de leer y comentar. ¡Nos leemos en otro comentario! ¡cuídate!