17. ¿DE VUELTA A LA OFICINA?

El despertador suena muy pronto a la mañana siguiente. Aunque he dormido muchas horas, debía de estar muy cansada, no me apetece levantarme de la cama. ¡Se está tan bien aquí! Me digo perezosa. Pero hoy toca volver a la oficina: Y primero pasar por la cocina, pienso sonriendo para mis adentros mientras recuerdo en la "guerra de harina" de anoche.

Sin embargo cuando llego a la cocina, no es a Peeta a quién escucho haciendo ruido y preparando un desayuno sino a Cecelia.

—Buenos días —digo tímidamente llamando la atención sobre mi misma.

—Hola Katniss —dice. No parece sorprendida, por lo que entiendo que su "jefe" ya le ha avisado de mi estancia en su casa—. ¿Quieres un zumo o prefieres café? Estaba preparando uno para mí. También hay tostadas o huevos. Coge lo que prefieras.

—Gracias, un zumo será estupendo—respondo y cojo una tostada que unto con un queso que encuentro también sobre la mesa de la cocina—.Disculpa el aspecto de la cocina. Se nos cayó el tomate… y la harina.

Miento como una bellaca, ya que no estoy preparada para confesar el juego de anoche, porque me parece que es algo privado, aunque no tenga mucha importancia. ¿No le molesta a Peeta que haya siempre alguien en su casa? Yo no podría acostumbrarme a estar rodeado de extraños. Aunque recuerdo que Cecelia es una extraña para mí, pero no para Peeta, claro.

—¿La cocina? —pregunta extrañada— La cocina estaba perfecta esta mañana. La recogería Peeta, parece que no ha podido dormir esta noche. Otra vez.

Tomo nota mental de dos cosas en este momento:

La primera que Peeta ya me comentó la primera noche en el hospital que le costaba conciliar el sueño, y ahora lo confirma Cecelia.

La segunda, que ayer me engañó al decir que estaba cansado y le dolía la pierna. Y después recogió la cocina. Parece que mentir se le da mejor que a mí.

Y hablando de Peeta le pregunto:

—Por cierto ¿dónde está?

—Bueno, estaba cansado, finalmente cuando llegue y se ha acostado. Pero me ha dicho que te diga que se conectará para la reunión del grupo.

—Eso me recuerda que debería de ir saliendo ya, si no quiero llegar tarde —que es lo que me pasa habitualmente.

Me despido rápidamente y cuando llego al vestíbulo me doy cuenta que no sé si he de girar a la derecha o a la izquierda para llegar a la oficina.

Y obviamente vuelvo a llegar tarde, pero sorprendentemente no soy la última, lo que me alegra, ya que Boggs y Haymitch no la cogerán conmigo. Esta mañana les toca a Finnick y a Annie. O no.

—¡En esta unidad no hay nadie que sepa ponerse el despertador a la hora para llegar en punto! —berrea Haymitch.

—Jefe, es lo que pasa cuando me envías, semanas antes de la boda, fuera de Nueva York sin mi prometida.

Se miran de forma tan tierna que pienso que se han librado. Hasta Boggs sonríe, pero Haymitch es algo más duro.

—Oddair, ya tendréis permiso después de la boda ¡Así que ni sueñes tener días antes también! — acaba gritando.

Y con eso, empezamos el día con Peeta al teléfono. La realidad es descorazonadora. No tenemos mucho a dónde agarrarnos, conforme hacemos balance de lo que tenemos. Boggs lo resume rápidamente:

—Dos niños desaparecidos en La Veta. Rue (muerta) y Paul desaparecido. Aquí apareció en el cuerpo de la niña el número once. Otros dos niños desaparecidos en Manhattan, los hermanos Luyden y otro muerto, el conductor de la limusina de la empresa perteneciente a Snow. Aquí apareció un 10—. Continúa con un gesto que estaría entre la desesperación y la ira — La pareja de niños, desaparecidos en Suffolk. Y el mensaje del número 4. Y por último Maysee, desaparecida en Mayfield. Y con el número 12. La mejor pista que tenemos por ahora, es que se usó un helicóptero. Así que…

Pero Haymitch que lo que parece es impaciente, le corta y acaba él mismo la presentación.

—Así que no tenemos nada, señores. Este fin de semana todos aquí en turno de doce horas—. Todos bajamos la cabeza conscientes de la importancia del caso, pero frustrados por no tener tiempo para descansar y olvidarnos algo de él. ̶ Menos Everdeen, después de la aventura con Mellark se merece un descanso. Aunque antes, pasa con Johanna a ver al juez Chaff y que os dé esa orden. Y si no quiere, le recordáis que me debe una.

Siento la mirada asesina de mis compañeros por ser la única que librará sábado y domingo y frunzo el ceño para que vean que estoy disconforme con la decisión de Haymitch. Pero es puro teatro porque en el fondo estoy feliz de tener unas horas para mí y para relajarme. Sin embargo Johanna se da cuenta y en cuanto estamos solas en el coche, no deja pasar la oportunidad de bromear sobre lo que ha dicho Haymitch.

̶—Algún día, Katniss, deberías explicarnos la "aventura" con Peeta en detalle.

—Ya la sabes, Johanna. Y no fue una aventura sino una pesadilla más bien —digo excusándome.

—Bien, en ese caso. Tendré que preguntarle a Peeta qué pasó, por algo soy su mejor amiga. Bueno…, y Delly también, pero no cuenta. A Delly no le gusta cotillear —Dice con un sonrisa que no le cabe en la cara.

Toda la sangre de mi cuerpo se agolpa en mi cara, y noto el calor en las mejillas. A estas alturas debo de parecer un tomate. Además yo no me ruborizo como Prim, a quién se le ilumina la cara y sus mofletes se colorean de una forma encantadora. Sino que toda mi cara se pone como el disco de un semáforo en rojo. Odio sonrojarme.

Cuando Johanna me mira se pone a reír a carcajadas.

—Me encanta que estés pasando un buen rato a mi costa — le digo fastidiada sin poder contenerme.

—¡No seas descerebrada Katniss! Peeta no contaría nada por nada del mundo. Si incluso tardo años en decirme que estaba en…

Ahora es su turno para callarse y ponerse roja y el mío para tirarle de la lengua, porque creo que lo que va a decirme podría resultar muy interesante.

—Continúa por favor… — le digo haciendo un gesto con las manos. Pero Johanna es rápida y se repone enseguida.

—Que tardo meses, quería decir, en confesarme que estaba saliendo con Glimmer, iba a comentar.

Y con esas palabras se me cae el alma a los pies. Iba a decir enamorada, pienso, iba a decir que estuvo enamorado de Glimmer. Me quedo pensativa con la mirada al frente mientras llegamos a las puertas de los juzgados mientras Johanna sigue desvariando sin sentido sobre Peeta y la impresionante secretaria de prensa del alcalde. Como matizando sus palabras, pero haciéndose un enredo aún mayor.

—Pero ya no saben juntos ¿sabes? Ya te conté lo que pasó. Bueno, no te lo conté porque no lo sabemos exactamente, pero lo que sí sabemos es que no salen juntos. Eso es lo importante. No salen juntos — acaba puntuando cada una de las palabras.

La miro extrañada, como si ocultara algo. Pero me hace gesto despreocupado con la mano cuando me acaba diciendo: "¡Oh, a quién le importa de todas formas!". Y se gira para sonreírme de forma inocente.

¡Maldita sea, a mí me importa! Pero no lo digo en voz alta porque sería demasiado embarazoso, y porque no sabría explicarle por qué me importa sin pronunciar la palabra ¿celos?

Al ser viernes los juzgados están muy llenos y nos cuesta pasar la cola de seguridad de la entrada. Después tenemos también cola para poder hablar con la secretaria del Juez Chaff. Le contamos lo que necesitamos pero Portia, que así se llama, parece dubitativa.

—No sé agentes, el juez sale hoy pronto porque tiene un fin de semana reservado con su mujer. Su aniversario — nos dice bajito como si fuera un gran secreto de estado.

—Estoy convencida que si le dice al juez que nos envía el Director Abernathy no tendrá pega en retrasar unos minutos su viaje para ayudarnos. El juez y el director son muy amigos, sabe— dice desplegando toda la dulzura de la que es capaz Johanna Mason, lo que no es decir mucho. He de decir que en este punto nos parecemos demasiado — parece que el juez le debe una.

Portia levanta la ceja incrédula, pero coge el teléfono y le comenta al juez exactamente lo que le ha comentado Johanna. Sin embargo en cuanto termina de hablar podemos oír a través del teléfono y de la puerta de su despacho, es decir en estéreo, al juez Chaff gritar indignado: "¿Ese borracho tramposo de Haymitch quiere que le haga un favor? Dígales, que le digan que hasta que no reconozca que hizo trampas en la última partida de póquer que ni se acerque él ni nadie de los suyos a mi juzgado. Y que si necesita algo urgente, vayan al juez de guardia".

Si no fuera, porque eso va hacer que nuestro trabajo vaya a ser más complicado, hasta sería gracioso. Después de perder la otra parte de la mañana para descubrir que el juez de guardia está haciendo un levantamiento de cadáver en la otra parte de la ciudad. Lo dejamos por imposible. Y Johanna me dice que ya que ella tiene que trabajar mañana podrá volver a conseguir la orden. "Será mucho más fácil" dice soltando un bufido.

Cuando salimos del edificio judicial que parece una colmena, con todas esas personas entrando y saliendo sin orden, Johanna me pregunta si quiero que me deje en algún lugar. Pero deniego con la cabeza. Hace una tarde estupenda y pretendo llegar al Central Park para darme un paseo y sentarme con una bebida fría en una terraza… y disfrutar. Nos despedimos y doy por empezado mi primer fin de semana completamente libre desde que vivo aquí.

Estoy a punto de cumplir mi objetivo, llevándome la bebida helada a los labios cuando suena el teléfono y veo una llamada de la persona que más temo en estos momentos. Está bien no de la persona que más temo, que sería Gale, si no de la segunda que es mi querida hermana pequeña. Respiro hondo y bajito me digo para darme coraje: "Allá vamos"

—Hola Prim ¿cómo va?

—Hola Katniss, ¿dónde estás? ¿Ya en Nueva York?

—Sí, llegamos anoche. Iba a llamarte hoy, pero acabo de salir de trabajar…

̶ No importa, no te preocupes. Esta noche libro ¿te parece si me acerco a tu casa y nos ponemos el día?

Aquí está, ya ha llegado el momento. A ver cómo se lo cuento sin que se ponga a gritar.

—No estoy en casa Prim. Las cañerías del baño explotaron y no tengo techo ni agua.

—¿Cómo es que no me has llamado para venirte conmigo? ̶ pregunta ingenuamente, pero pronto se da cuenta de las implicaciones y continúa un tono levemente escandalizado. Definitivamente esto no va a acabar bien. ̶ Oh, oh, si no estás conmigo… ¿Dónde te estás quedando Katniss?

—Prim, antes de que te lo diga, prométeme que no te vas a poner a chillar… — pero antes de acabar ya sabe la respuesta y efectivamente se pone a gritar. Incluso me la puedo imaginar dando saltos, y palmas si no fuera porque ha de sujetar el teléfono con una de las manos. Aunque en un tiempo sorprendentemente corto escucho la línea en silencio—. ¿Prim, estás ahí?

—Sí, sí. Está bien, ya me he tranquilizado. Ha sido la sorpresa inicial. Pero puedes confiar en que me comportaré… y no diré nada el hospital — dice como si eso fuera una opción.

—Gracias. Por cierto, te he dicho que te iba a llamar yo porque necesitaba pedirte un favor. Ya que estoy quedándome en su casa, y necesita que le vayan haciendo curas en la pierna, había pensado que una forma de pagarle el favor sería que te acercaras para curarle. ¿Te parece bien? — Una vez que he expresado la idea que me rondaba en la cabeza la he oído en voz alta no me parece tan buena idea. ¡De hecho es la peor idea que he tenido en mi vida!

—Claro Katniss, iré esta noche. Pero ¿sabes que no es necesario, verdad? Me refiero a todo este trueque de favores que te empeñas en controlar.

—Te mandaré la dirección por whatsapp ¿te va bien a las siete esta tarde? ̶ pregunto, obviando su comentario porque no sé qué contestar. Simplemente no me gusta la caridad.

Vuelvo dando un pequeño paseo al apartamento que parece vacío. Me acerco al salón y llamo a Peeta. Parece que no está en la casa porque no me contesta. Aunque no me gustan las alturas, salgo a la terraza para observar la ciudad. Es enorme, la terraza aunque Nueva York también, y da la vuelta al ático en forma de ele. Está dividido en varias zonas.

La primera frente al salón (donde estoy ahora), no tiene muebles ni plantas, solo a los lados unos árboles pequeños que forman un pasillo hasta la barandilla de obra, como la entrada hacia el jardín. Una vez en el fondo, si giras hacia la izquierda empieza el jardín, flores, arbustos y una pérgola con una planta trepadora. Dentro de la pérgola hay un cenador con mesas, sillas y sillones de exterior. Si finalmente giras de nuevo a la izquierda, completando la ele, hay un jardín esta vez tipo japonés, con rocas y aguas, bambú y musgos. Varios bonsáis y un pequeño estanque. Es una obra de arte y se respira tranquilidad en él.

Entonces es cuando me fijo que el jardín da a una cristalera, y que lo que hay dentro es un espacio diáfano, lleno de cuadros. Peeta está dentro, trabajando oculto, excepto las piernas, detrás de un lienzo de gran formato. Me quedo contemplando la escena cuando se asoma para descansar la vista en el jardín y me ve. Lleva una camiseta manchada de colores, azul, rojos, naranja, amarillo…, el mismo parece un cuadro. Me saluda y me hace un gesto con la cabeza para que le espere en el salón.

Apenas llevo diez minutos en el salón, cuando aparece por el pasillo, con una camisa limpia y la muleta. En cuanto se acerca veo que pese a que se ha limpiado las manos y la cara, aún le queda algún rastro de pintura.

—Hola ¿Cómo ha ido el día? —me pregunta —¿habéis conseguido esa orden?

—No, la verdad es que ha sido una pérdida de tiempo. Mañana volverá Johanna. Como acabe pronto llamé a mi hermana, a Prim—digo haciendo una pausa —Si no te importa, se pasará esta noche a verme.

—Por supuesto, esta es tu casa… —parece inseguro cuando lo dice, así que le miro con ojos interrogantes y lo que supongo será un ceño entre mis cejas, ya que me extraña su tono ̶ mientras estés aquí, quiero decir.

—Gracias, es importante para mi pasar tiempo con Prim, y con sus turnos y este caso, he podido verla menos de lo que quisiera—Trago un momento para continuar con el tema "sensible" que quiero sacar —Ya que es médico y tú necesitas una cura en esa pierna, le he pedido que te eche un vistazo esta noche. Es lo mínimo que puedo hacer por tu generosidad por dejarme quedarme.

̶ Es un placer Katniss, ya te lo dije. No me debes nada…

—Ya —digo interrumpiéndole — pero me gustaría hacer algo por ti, de vuelta.

—Si te vas a sentir mejor, me parece un trato justo ̶—dicen sonriendo, aunque la sonrisa no la veo reflejada en sus ojos como otras veces. Es menos luminosa.

—Por cierto, como mañana no tienes que trabajar me gustaría compartir contigo una teoría que tengo sobre los secuestros. Quería ir a la biblioteca. Ya sé que existe internet y Wikipedia y que sería más rápido. Pero a veces es difícil saber qué información es veraz y cuál no. ¿Te parece bien?

—¡Si claro! Pero ¿no me adelantarás nada de esa teoría? —añado entusiasmada por la idea de pasar un día en la inmensa e increíble biblioteca de Nueva York.

̶ Bueno, es sobre las parejas secuestradas. Sé que no todas las pistas son concluyentes. Pero el tema de secuestrar a parejas jóvenes, me recuerda al laberinto del minotauro y a los tributos que enviaba Atenas. Pero eran 7 parejas de jóvenes en total y sin embargo en este caso sabemos que al menos habrá 12 parejas… no sé es confuso y quería ir a comprobar algunos libros de mitología griega e historia antigua. Es posible que sea una tontería y una teoría loca— dice acabando la frase mientras se pasa la mano por el pelo.

Antes de que pueda responder, el portero llama avisando de que Prim acaba de llegar. Así que apartamos las cuestiones de trabajo mientras sube mi hermana.

Por supuesto no debería de ser una sorpresa ver como Prim y Peeta se entienden al momento, ambos son personas abiertas, amables y encantadoras. Tras finalizar la cura, Prim, con una actitud muy seria y profesional le dice a Peeta:

—Todo va bien, la herida está cicatrizando sin problemas, pero como es profunda aún tardará algo en cerrarse del todo. Posiblemente en 5 días podamos quitarte los puntos, pero es posible que aún notes dolor, así que con calma. Aprovechando que mi hermana está aquí, puede ayudarte con lo que necesites.

Peeta no conoce a Prim como la conozco yo. Pero esa afirmación, a priori inocua y sensata, implica por detrás muchas otras cosas. Ese tono lo conozco desde hace más de veinte años. La miro con cara de pocos amigos, esperando que Peeta no se dé cuenta de lo que quiere decir mi hermana, pero afortunadamente él está ya dirigiéndose a la cocina.

—Prim ¿te quieres quedar a cenar? Nos han dejado varias ensaladas frescas y pescado al horno.

—No gracias Peeta, he de volver a casa a repasar unas notas para mañana…otro día—dice guiñándome el ojo. Lo que demuestra mi anterior hipótesis.

Rápidamente Prim recoge sus cosas y me pide que la acompañe a la puerta. Antes de que pueda echarle una regañina, se encoge de hombros, me da un beso en la mejilla y se gira para marcharse metiéndose en el ascensor

—Katniss, deberías de darle una oportunidad—dice.Y las puertas se cierran dejándome sin palabras.

Vuelvo a la cocina donde escucho a Peeta trastear con los platos y la muleta.

—He pensado que igual podríamos cenar algo rápido y después ver una película ¿qué te parece?

—Me parece perfecto pero… con un par de condiciones—digo mirando a Peeta que parece muy poco convencido—. La primera es que has de hacer caso al médico y dejar que te ayude. Así que por favor siéntate y yo terminaré de prepararlo todo.

—Eso lo puedo hacer, ¿cuál es la segunda?

—La segunda —digo sonriendo —es que haya palomitas y pueda escoger la película.

—Katniss, ¡eso son tres condiciones! Pero acepto siempre que no quemes las palomitas ¿serás capaz de hacerlo? —dice tomándome el pelo.

La cena transcurre tranquilamente, hablamos básicamente de nada y de todo. Es muy fácil hablar con Peeta, consigue que la conversación fluya. Nos trasladamos al salón con el bol de palomitas que dejamos en la mesa y nos ponemos a ver una película de Fincher. Pero antes de acabar yo ya me he quedado dormida.

Peeta me despierta cuando acaba la película y me doy cuenta de que tengo la cabeza en su regazo. Con las luces apagadas y solo la luz de la televisión para iluminarnos, remoloneo un poco más, alargando la sensación de bienestar que tengo.

—Creo que deberías ir a dormir —me dice bajito mientras me acaricia el pelo.

—¿Y tú?

—Yo no tengo sueño.

Recuerdo la conversación de esta mañana con Cecelia cuando comentó que Peeta no había podido dormir en toda la noche.

—¿Por qué no, Peeta? Cecelia me dijo que anoche no pudiste dormir. Y tú mismo me dijiste que duermes poco.

—También tengo pesadillas Katniss —me dice con tristeza.

—¿Quieres contármelo?

—Preferiría que no. No al menos de noche. De noche todo parece que es verdad. Por eso muchas noches me quedo pintando en mi estudio hasta que amanece. De alguna forma, pintar mis demonios hace que me sienta más libre. Posiblemente vaya ahora.

Me levanto de su regazo y le miro a los ojos. Aunque apenas hay luz, veo sufrimiento en su mirada. Algo en mí, posiblemente el vino que hace me encuentre desinhibida, hace que pronuncie las siguientes palabras.

—¿Quieres dormir conmigo? Yo…, bueno verás yo no he tenido pesadillas las noches que dormí contigo. En mi casa, en la cueva… e incluso en el hospital— digo tímidamente—.Solo dormir, pero dormir contigo hace que me sienta segura.

—¿Así que no fue un sueño, verdad? ¿En el hospital? —dice sonriendo— Sabía que estabas ahí, podía notarte incluso con la medicación, protegiéndome de todo lo malo.

Le cojo la mano mientras me levanto y lo llevo a mi habitación. Nos metemos en la cama, solo con la ropa interior puesta. Uno de sus brazo haciendo de almohada para mí y el otro abrazándome por la cintura. Una de mis manos descansando sobre su pecho firme. Cara a cara.

Cierro los ojos, porque no soy capaz de afrontar su mirada penetrante. Y necesito concentrarme y poner toda la fuerza de voluntad de mi parte para no lanzarme a su boca. Aunque lo deseo, aún no estoy preparada para dar ese paso. No quiero perder a un amigo como me sucedió con Gale y ahora mismo necesito a Peeta a mi lado, y él a mí acompañándonos por las noches. No hace falta complicarlo más.

Le digo buenas noches y me contesta. Empiezo a notar que el sueño me vence pero antes de quedarme dormida creo que le oigo susurrarme al oído: "Siempre".


Siento el retraso en publicar pero espero que os guste este capítulo. Cuando mi beta lo tenga acabado es posible que lo modifique, porque siempre ayuda muchísimo (y mejora lo escrito por mi) con sus sugerencias.

Si tardo algo más en publicar no os preocupéis que sigo con la historia, pero me llevará algo más de tiempo.

Un saludo a todos