Quiero ser escritora
6º
Quien soy
-¡El desayuno está listo! –profirió en voz alta- ¡apresúrate o se enfriará! ¡Y no lo calentaré!
Omi entreveía las pretinas de sus zapatos deslustrados, sentado en la cama, antes de ponerse por encima de la cabeza su camiseta. Era una habitación pequeña con un closet y una cama, cuasi ningún juguete a la vista, excepto por un mazo de cartas en la mesilla de noche donde tenía su mochila. No importaba pues sus cosas no ocupaban totalmente el cuarto. Asimismo el resto de la casa era vacía, dotada de condiciones precarias que implican la ineficiencia de servicios públicos y la falta de materiales para terminar de construir ciertas zonas. Mohíno, salió con un asa de la mochila colgándole el hombro. Wuya sacaba la basura y la metía en una enorme bolsa negra. En el comedor había un plato de cereales. Las hojuelas salpicaron la mesa. Se nota que lo hizo desganada. ¡Oh no! Él la conocía bien y esta no era la primera vez. ¿Cuántas veces le había dicho que le gustaba el cereal servido con leche?
-Wuya... –ella no levantó la vista, siguió afanada en sus quehaceres hogareños- ¡Wuya, ¿y la leche?!
-¿Qué? ¡¿me has creído tu sirvienta?! Abre la nevera y búscala tú mismo, todavía tienes dos manos ¿no?
Omi decidió no añadir más. Estaba cansado de soportar a diario las quejas de Wuya acerca de su inconformidad con la vida. Fue hasta el refrigerado y sacó el poquito de leche que aún queda. Para ser tres personas, la comida se acababa muy deprisa.
-Estoy harta, ¡HARTA DE VER COMO PASAN LOS DÍAS Y SIGO HUNDIDA HASTA EL CUELLO EN ESTA POBREZA! Dashi me prometió villas y castillos, ¡estúpida! Jamás le debí haber creído. En ningún lado mencionó que eso me haría esclava de unos adiciones 38 kilos de lo que únicamente sirve para dar problemas y mortificaciones a esta pocilga de mendigos. ¡Sí cómo no! –remedó- "ya lo verás mi amor, pasaremos cada minuto de nuestra vida juntos" –Omi la oía mientras desayunaba, todos los días se repetía el mismo reproche- y no vienes si no hasta medianoche sólo para echarte en la cama a dormir y no hacer nada. Un vago, un vago, ¡yo me casé con un vago! Parece que llevo viviendo mil quinientos años en una caja. ¡Y tú, muchachito, –su dedo largo y flácido lo señaló-: cuando termines de comer lavas tu plato! Es hora de que hagas algo productivo en esta casa.
Omi fingió demencia. Wuya continuó rezongando. Su padre, en eso nadie podría quitarle la razón: nunca lo veía. Sin un día libre. Siempre trabajando para nada. Apenas lo que ganaba era suficiente. Ni era capaz de recordar su voz. Wuya y su padre tenían cerca de cuatro años de matrimonio, es decir, Wuya y el hijo de su esposo llevaba conviviendo varios años, pero su relación era catastrófica desde el primer momento. Ninguno de los dos había puesto de su parte para entenderse. Dashi era el punto medio entre ambos y aunque el pobre hombre alguna vez intentó conciliarlos, le fue imposible. A punto de terminar escuchó el claxon del Malibú de su abuelo. ¡Aleluya! Tiró la cuchara y se fue, Wuya salió detrás de él acarreando la bolsa de basura. Justo en el momento en que uno de los vecinos estaba regando la parcela de su jardín, la saludó:
-¡Buenos días, Wuya!
-¡¿Qué tienen de buenos?! –refunfuñó- el día amaneció horrible, tendré que recoger la ropa si no quiero volver hacer doble trabajo después.
-Ah –da igual que hubieran nubes en el cielo, el día siempre comenzaba mal, pero el vecino decidió no darle crédito a sus palabras despectivas- ¿y tu hijo ya se va a la escuela?
-¡Ese niño NO ES mi hijo! ¡es hijo de su padre! –Omi reaccionó indiferente. Wuya se había encargado de informar a medio vecindario que el muchacho no era su hijo, si bien ni le era suficiente porque todavía se quejaba de convivir con el peor hijastro del mundo, también se ocupó de que los vecinos lo supieran- mi hijo sería muy diferente: no sería grosero, no sería un vago, no traería citaciones a la casa ni nada del colegio excepto buenas notas, no sería... ¡oye, mira a este, ¿adónde crees que vas?! ¡¿y los platos?!...
Omi cerró la puerta del automóvil antes de seguir escuchando. Wuya parecía una autoridad en conocer los defectos de su hijastro, siquiera había intentado esforzarse en buscar si tenía virtudes o le quedaba al menos una. No le importaba en lo más mínimo. Subió la mochila a sus piernas y para evitar mirar a su abuelo, simuló revisar su bolso. Encontró la citación de casualidad metida en el cuaderno de lengua. Ni su padre ni su madrastra sabían sobre ella. No porque se le olvidó mencionarla si no porque no valía la pena molestar a su padre con pequeñeces absurdas, Wuya... ¡¿para qué?! Sólo añadiría un nuevo elemento a la lista negra que escribió especialmente para Omi y su abuelo ¡ni soñarlo! Él no entendería. Los adultos no entienden. Todo lo contrario, lo complican. En cuanto a su problemilla, a primeras horas de la mañana no hablaría ni se acercaría a la dirección, es más, se haría el loco y cuando la directora o la maestra preguntaran por su padre diría que no pudieron venir por el trabajo o equis cosa, se inventaría una excusa. Honorables ancestros, por favor, cuando hable con la gordota métanme labia para librarme de esta, suplicaba el rebelde.
-Omi –el niño oriental cerró la cremallera- creo haber escuchado a tu madre...
-Ella no es mi madre, es mi madrasta, ¿necesitas que yo también te lo repita? –de la misma forma, Omi confirmaba a sus compañeros que Wuya era su madrastra.
-Bueno, no discutamos por eso, la escuché decir algo sobre unos platos.
-¡Ah sí! Me encargaré de eso cuando regrese. No te preocupes.
-Cambiemos de tema, Omi, ¿tú piensas terminar el año?
-¿Qué clase de pregunta es esa? Claro que sí.
-Es que el otro día tuve una conversación con tu maestra, nos encontramos por accidente de camino al supermercado y obviamente, le pregunté por ti y me dijo que tú siempre llegabas tarde y nunca ponías atención en clase y, en adicción a eso, en vez de "socializar" con otros niños lo que haces es molestarlos.
-¡Eso no es verdad! –repuso-. No llego tarde a su clase todo el tiempo, sólo me retrasé una vez y eso era porque estaba en la oficina de la directora, no paseando por los pasillos como te quiere hacer creer, ¡y ella lo sabía, sólo que exagera! Y eso otro es mentira, tengo todas sus clases anotadas en mi cuaderno y siempre la escucho, no es mi culpa que tenga una voz soprano y a veces se nos escapa a mí y a otros compañeros un ligero bostezo...
-¡Alto, alto! ¿Soprano? ¿no querrás decir voz soporífera?
-Eso fue lo que dije; deberías comprobar que funcionan tus audífonos, abuelo –Fung volteó los ojos-. No he reprobado un examen desde tercer año, ¿no lo ves, abuelo? Te quiere poner en mi contra porque me detesta.
-Ahora eres tú el que está exagerando, Omi, tienes muy mal concepto de tu maestra. Hablé con ella, no te olvides, y no me parece que sea mala. Ella ama y se preocupa por todos sus estudiantes y es excelente profesora. Estoy conversando esto contigo porque quiero salir de dudas y ver en que puedo ayudarte mientras pueda. Recuerda, una gota de conocimiento es mucho más valiosa que un mar de fuerza. Dime cuánto es tu promedio.
-No lo sé, ¿seis? ¿siete? –el niño miró hacia arriba estirando las piernas sobre el tablero del automóvil. El abuelo frunció los labios como gesto de desaprobación, lo notó de inmediato- ¡¿ahora qué?! No voy mal como otros ni tampoco soy un cerebrito como el chiflado de Ping Pong... ¡quiero decir, Boris! Mi buen amigo Boris.
-Me alegra que llegaste a ese punto tú solito, ¿también vas a decirme que es mentira que tú molestas a otros chicos? –lo miró de reojo- Omi, enderézate y baja los pies. Contéstame.
-¡Ese es otra fea mentira para difamarme! Me llevo bien con los chicos de mi curso, tengo amigos. Todos me quieren y respetan, ¡mira ya estamos llegando! ¡te lo demostraré!
El niño saltó del carro. Justo subiendo las escaleras y llegando a la puerta se avecina uno de sus secuaces. Jermaine Marsden, un niño más alto que el protagonista de este capítulo, por un año es mayor que él, ojos grandes y cafés, descendencia afroamericana, orgulloso de su afro y que casi era común ver que tenía debajo del brazo un balón de basquetbol. Jermaine es el mejor amigo de Omi. Y por lo tanto, es el principal colaborador en las travesuras del muchacho asiático. Al revés de su amigo, es algo perezoso en cuanto a los estudios (pues en los deportes, sobre todo en el baloncesto, destaca fácilmente) y menos listo. No encontré otra manera más afable de decirlo. Lo siento. Leal, confidente, y sigue a Omi a todas partes. Para él es "su ídolo". Lo agarró del brazo y se escudó detrás de él. Fung sabía que Jermaine era uña y carne con su nieto y todo lo que éste pudiera decir era controlado por Omi.
-Anda, Jer, díselo a mi abuelo.
-¿Decirle qué? –Omi le pisó el pie- ¡auch!
-Tonto, en tu bolsillo, te lo escribí ayer –masculló entre dientes. El abuelo Fung esperaba en el auto. A la vista de los dos sacó el papel y lo leyó muy mal disimuladamente.
-Omi es inocente –mirada a hurtadillas al papel-. Es un niño honesto y bueno, no haga caso de lo que dice la maestra y... y... ¿qué dice aquí? –Omi se dio una palmada en la frente- me vas a disculpar, chino, pero tu letra es la peor de toda la clase.
Necesitaba un plan de emergencia. La suerte estaba de su lado hoy, Ping Pong igualmente estaba llegando a la escuela. Su abuelo Barkey Le Bois lo traía en su más moderno Toyota. Omi no tenía nada contra de Ping Pong. Él es el némesis de Omi. Boris Antonio Rolf Jean Pierre Gaulle LeGrand IV, o sólo Boris (llamado entre Omi y sus secuaces como Ping Pong por el tamaño de su cabeza y su rapidez en el habla), vivía en la zona poderosa de la ciudad, el "típico nerd" de la clase, su casillero estaba atiborrado de calificaciones de 10. Ingenuo, amable, dulce, popular y querido por sus compañeros y profesores debido a su integridad y empatía con todos. Era cumplidor de las normas y miembro honorable de la liga de los Boy Scouts. Cuenta la leyenda que una vez salvó un gato de una casa en llamas y el alcalde en el nombre de la ciudad, le otorgó un premio que descansa en el centro de una repisa colmada de premios, todos son trofeos de oro. ¡Pero oigan! Esto es una comedia, no están obligados a creer todo lo que digo. No necesariamente. Aunque lo de los premios es verdad. El punto es que es un modelo a seguir.
Omi y Ping Pong habían intercambiado palabras pocas veces y se trataba de lo mismo en cada oportunidad: Lo siento, no volveré a repetirlo; ¡perdóname esa!; juro que no volverá a pasar... ¿lo adivinaron? Pues sí, todas son de Omi. El muchacho había fijado en Ping Pong sus bromas pesadas, a él y a las niñas para ser exactos. Y es que Omi disfrutaba molestarlo, no sabía por qué. Ping Pong era un buen niño, nunca le hizo daño, menos despertar en él la envidia. Omi es el rey de los engreídos. Cualquier fan debe estar al tanto de eso. Y es cierto que a menudo lo comparaban con él: Deberías actuar más como Boris. A él no le afectaba. ¿Sería por esas ridículas gafas, el color "fosforescente" de su piel, su estatura chaparra o su manera ridícula de caminar? ¡Nada de eso! Si no porque Boris es muy crédulo. Boris no se la llevaba mal con Omi ni le guardaba rencor por sus bromas (en su corazoncito no cabe un sentimiento tan venenoso), de hecho, quería ser su amigo. Y confiando en que Ping Pong es un chico recto, el abuelo creería más en su palabra.
-¡Boris! ¡amigo! –exclamó Omi.
-¿Omi? ¿qué me vas hacer...?
-Abuelo Fung, quiero presentarte a mi más reciente amigo: Boris, él evita que me meta en problemas. ¡¿Quién no puede adorar a este chico?! –Boris le quería preguntar en que líos se metió, pero su nuevo mejor amigo lo abrazó hasta dejarlo sin aliento. La cara del pequeño se puso azul de repente, trató de apartarse y respirar. En su lugar, Jer se sumó al abrazo.
-Ni creas que te vas a salvar de esta, Omi. Le diré a Kimiko que te supervise mientras haces tu tarea.
-¡No hablas en serio, abuelo! ¡ella me tiene que contar la historia antes!
-Será después. Nos vemos más tarde.
Su voz no sonaba convencida. Omi quitó su expresión ingenua y cambió por una de alivio. Acababa de acordarse de que hoy se enteraría del final de la historia. Apenas el coche de su abuelo desapareció en la autopista. Jaló las orillas del suéter del niño y tapó su cabeza.
-De la que me salvaste Ping, ¡muchas gracias! Te la debo. Ya te puedes retirar –lo empujó.
El niño tropezó con el primer escalón y cayó de espaldas. Tanto Omi como su camarada se echaron a reír. Parece que el pequeño Ping tenía problemas para quitarse su suéter o tal vez le tenía miedo a la oscuridad. Empezó a pedir ayuda. Los otros continuaron burlándose.
-¿Quién apagó la luz? Chicos, esto no es gracioso ¡por favor, ayúdenme!
-¡Boris, ¿quién te hizo esto?! –intervino una voz chillona. Es Megan, otra compañerita de la clase de Omi, acompañada de un grupo de amigas que venían juntas a la escuela; el suéter era una ropa característica del francesito aún con la cabeza tapada- ¡miren nada más! El trío mejor portado de todo quinto año: Omi y su pandilla, ¿no te cansas nunca de molestar a los demás?
-¡Miren quién lo dice! –se rió sin alegría, acusó la patineta que la niña traía-: Está prohibido traer a la escuela cualquier objeto que no sea útiles escolares.
-¡Ya lo sé, genio! Pero sucede que esto es un regalo que me hicieron mis tíos y como sabes, uno nunca puede rechazar un regalo.
-¿Tú y esa patineta? No me hagas reír, no podrías ir ni siquiera hasta en la esquina montada en esa. Vete a lo que mejor saber hacer, niña: jugar con tu muñeca Barbie en tu casa rosada.
-¡Ay, Omi, eres un niño grosero y pesado! –chilló Megan- ¡además de desactualizado: ¿no sabes que las niñas podemos ir en patineta y mucho más?! Te demostraré que puedo ir hasta la esquina y de regreso con una malteada en la mano.
-No sería mala idea: Será gracioso presenciar tu caída y ver como lloras cuando tu malteada de fresa arruine tu vestidito, ¡ñi ñi! –le dijo con acritud al mismo tiempo que Jermaine soltó una risita tonta. Megan le sacó la lengua, Omi le devolvió el gesto- vámonos de aquí, Jer, el ambiente se ha puesto demasiado rosa para mi gusto.
Megan era la mayor parte del tiempo una niña dulce y simpática, a diferencia de otras niñas le gustaban cosas que a los niños suele gustarle (como la patineta, ustedes vieron), pero eso no le quitaba su lado femenino y menos su afinidad con las demás. Era mejor no hacerla enojar ni a ella ni meterse con sus amigas porque en el acto salía a defenderlas. Como Omi suele jugarles bromas a las niñas y su comportamiento machista le sale muy natural, los dos no se la llevaban bien. Él había preparado una nueva travesura para hoy, no obstante, por la sanción de ayer sabía que no era el momento adecuado para ponerla en acción y debía prescindir de ella hasta quién sabe cuándo. Era una verdadera lástima pues que esta era para Megan y las niñas. Junto a Jermaine fue hasta los casilleros, tocó tres veces uno de ellos y de ahí salió su segundo secuaz: Tiny Sims, un niño macabro que estudia con los otros dos, de tez pálida y ojos obscuros, de la misma estatura que Omi. Si no estaba con sus amigos, lo podemos encontrar en su casillero. Unidos conformaban el trío del horror.
-Dime, ¿la tienes? ¿la tienes? ¡¿la tienes?! –Tiny sacó de un bolso un globo azul. Omi y Jer se acercaron a oler. ¡Qué asco! Retrocedieron rápido, ¡una bomba fétida!
-Buen trabajo –asintió Omi presionando el puente de la nariz. Olía asqueroso.
-Ten, vas a necesitar esto –dijo Tiny, entregándole una caja de cerillo. El niño aceptó el regalo, guardándolo en el bolsillo.
-¿La vas a poner en el baño de las niñas? –inquirió Jermaine.
-Iba hacerlo. Ahorita es arriesgado jugar mi pellejo, no sólo la directora está encima de mí si no que la maestra le dijo no sé qué cosas a mi abuelo y él también está en mi contra. ¡Te prometo que esta me la vas a pagar, Megan! ¡así sea lo último que haga!
-¿Qué harás entonces, chino? No puedes quedártela o si no la broma se te revertirá.
-Ya pensaré en algo. ¡Qué rabia! –gruñó- a veces desearía regresar en el tiempo y cambiar cosas que he hecho.
-¿Cambiar cosas malas por cosas buenas? –preguntó Jermaine.
-¡No! Cambiar cosas malas por las mismas cosas malas sin que me descubran.
Tiny y Jermaine asintieron con la cabeza. Omi tenía razón. Se escuchó la campana en cada recodo de la institución, eso quiere decir que la directora hablará por el micrófono. Era una llamada para el alumno Omi, era solicitado para acercarse a la dirección. Su nombre se oía cuatro veces por trimestre a través de los altoparlantes. Tiny y Jermaine le desearon buena suerte. Omi iba planeando su discurso en el camino y respiró profundo delante de la puerta.
Giró el picaporte. Ahí estaba la directora sentada y la maestra al lado. Se sentó y antes que nada, suplicó de rodillas perdón.
-Ay señora directora, no sea mala, tenga piedad, le suplico que me perdone la vida; por favor, se lo ruego, mi padre no pudo venir, pero yo le prometo que no se repetirá, a partir de ahora seré un niño bueno y ya le dije a mis amigos que cada vez que me porte mal me pellizquen, ¡sé que no me lo merezco! Pero estoy arrepentido de lo que hice, mi padre...
Y por ahí se extendía. No permitió hablar a la una ni a la otra. Le hubiera dado resultado, pero esta no era la primera vez. La directora alzó la voz y le ordenó guardar silencio. Esto había ido demasiado lejos, si no se le ponía un alto a esta situación el niño progresaría con su actitud incorregible. Más que nunca necesitaba disciplinarse. La solución sería convocar a sus padres personalmente. Omi no se esperaba eso e imploró con fuerza que no lo hiciera y le impusiera un castigo, que no llamara a casa. Descolgó el teléfono y le atendió Wuya, le parecía oír los gritos de semejante mujer por el auricular. Le comunicó el problema de cabo a rabo. Este era su fin en definitivo. Bajó la cabeza en espera de que le ordenaran retirarse.
-Listo, eso era todo. Gracias por su atención, señora Wuya –colgó, se volvió a Omi- bien, te puedes ir Omi.
-¿Para qué? Si soy niño muerto –susurró.
Se levantó y se fue de inmediato a clase acompañado de la profesora. Podía intentar otra de sus travesuras.
Las clases transcurrieron iguales a cualquier otra sin nada que contar. Omi haciéndose el irreverente del salón con sus respuestas mordaces en la clase de historia, pues la profesora interrogaba a la minoría que suponen tienen dificultades en el proceso de aprendizaje y/o tienden a desorganizar el curso, el caso de Omi. Aún estar sentado en el segundo pupitre en la primera fila no le era impedimento para armar revuelo. Y como de costumbre sale Ping Pong a dar la respuesta correcta. Jermaine y Tiny intentaron dialogar con Omi acerca de lo que sucedió en la dirección y excusarse, ellos lo esperaron afuera de la oficina como leales amigos, pero no los dejaron a solas. Sin embargo, Jer y Tiny igualmente tenían acumuladas sus fechorías en enormes expedientes y otra falla ahora los arruinaría de por vida. En medio de la clase, la profesora recordó a sus alumnos de una prueba que debían presentar el lunes. Más de la mitad del alumnado chilló. Boris suspiró aliviado, había estudiado con antelación y su fin de semana estaba a salvo.
-Tenía que ser el nerd de Ping Pong –gruñó Omi.
La última clase era en el salón de música. Nadie escuchaba a la maestra. Los niños pegaban gritos, corrían de una u otra dirección o tocaban instrumentos. Omi aprovechó juntarse con sus amigos. Jermaine y Tiny aguardaban impaciente saber cómo le había ido y sea cual sea el resultado estarían allí para apoyarlo. El refrán dice: Los niños siempre dicen la verdad. Omi podría ser muchas cosas negativas, pero no era un mentiroso. Él contaba la verdad a su modo y tengan en cuenta que no importa el género que escoja, en el desenlace sería el héroe de su propio cuento.
-Y entonces ¡zas!... Fue una suerte que recibí un entrenamiento Shaolin y estaba preparado para afrontar cualquier situación, o de lo contrario no habría salido vivo de esa oficina.
-¡Cielos! ¡qué valiente!
-Sigo sin entender, ¿por qué no atacaste a la gordota con una de tus legendarias patadas?
-¿Eres lento, Jer, o qué rayos...? Uno: Sólo debo emplear mi fuerza para hacer el bien y eso no es hacer el bien. Dos: ¡¿quieres que me meta más problemas de los que ya tengo?!
-¿Qué te sucede Omi? No estabas tan feliz como hace rato –sonrió Megan. Esta vez estaba sola.
-¡Ya cállate Megan! Si no fuera porque quedan apenas diez minutos, te respondería.
A la par se escuchó el timbre de salida. Los niños voltearon hacia arriba. Ah, esa campana que solíamos amar en nuestros viejos días en la escuela. Qué tiempos aquellos. Expresaron gritos de júbilo, tiraron los instrumentos y cogieron sus mochilas. Hicieron carrera para ver quién llegaba primero a la puerta. Boris no parecía animado, se entristecía bastante cuando llegaban a su fin las clases. Omi y sus amigos fueron los últimos en salir. Tiny y Jermaine caminaban juntos. Tiny vivía un par de cuadras más hacia la izquierda de donde se emplaza la residencia Jermaine. En esa zona sólo hay complejos de bonitos apartamentos. Pero antes querían saber cómo se las ingeniaría Omi frente a Wuya. Para ser sinceros, le tenía algo de miedo a la mujer. Cuando se enojaba hasta los mismos guerreros Shaolin que tanto hablaba el chino se escondían. Cada vez que lo visitaban a su casa debían esperar afuera porque esa señora no le gustaba a los niños y por lo tanto, no permitía que entraran, porque, según ella, destruirían la casa en segundos. Era grosera con ellos, no imaginaban como la soporta Omi.
-Haré el intento de convencer a mi abuelo que me acompañe, si me hace muchas preguntas, me veré obligado a confesar. ¡Me regañará! Pero no podrá castigarme. Si no... me retrasaré, no después de las ocho porque cierra la puerta y me quedaré afuera, usaré mis maniobras de guerrero Shaolin para evitar todo tipo de contacto y me fingiré el dormido si en dado caso manda a mi padre hablar conmigo. Voy a ver que me invento, chicos, no se preocupen por mí y si tengo que enfrentar a la bruja ¡pues la enfrento! No le tengo miedo a esa mujer. Aún no existe mayor villano que no puedo afrontar un valiente guerrero Shaolin.
-Me parece bien, chino, tanto la comadreja y yo te deseamos la mejor de las suertes –sonrió Jermaine, poniéndole una mano en su hombro. Omi apenas asintió.
-¡Oye Omi! –interrumpió Tiny- no sé si son ideas mías o está sucediendo, pero creo que esa mujer te está esperando.
Omi se volteó y reconoció a Kimiko.
-¡Caray! Es la niñera, de seguro mi abuelo le ordenó recogerme en esta dirección.
-¿Tú? –se bufó Tiny- ¿tan grandote y con niñera?
-¡Aj, lo estás malinterpretando todo comadreja! –espetó Omi molesto- mi abuelo la contrató para vigilarme, no para cuidarme, él no confía en mí. Bueno, ¡hasta la otra muchachos!
-Pues... ¿qué te parece, Jer?... –inquirió Tiny cruzando los brazos bajo el pecho cuando Omi se desapareció.
-Que lo van a calcinar vivo. Pero no importa, estaremos ahí para recoger sus cenizas.
-¿Qué? ¡no me refería a eso? ¡es tema viejo! –Tiny se quitó su gorra de béisbol y golpeó a su despistado amigo, éste se sacudió el pelo-. Claro que lo superará, seamos optimistas, yo me estaba refiriendo a la niñera... desde este ángulo –giró la cabeza 65 grados hacia el este- es demasiado bonita para él ¿no crees?
Jermaine puso los ojos desorbitados. No lo había notado. ¿Qué niñera? Omi se paró delante de Kim. El pequeño pillo notó que sus ojos azules estaban hinchados y sus mejillas rosadas, estaba seguro que no era un nuevo rubor. Lo había visto antes. ¿Estuvo llorando? Muy bien trató disimularlo, pero no resultó. Abrió la boca. Quería preguntarle. Decidió no hacerlo. La haría enfurecer y tener dos mujeres enfurecidas sonaba entretenido y a la vez arriesgado. Es mejor no entrometerse con el dolor ajeno por el momento. Lo hubiera querido así. Sí, iba a esperar.
-Tienes algo... diferente esta mañana –sonrió pícaro. Cambió el tema- ¿sabes algo? No creí que durarías tanto. Por primera vez me con... con... –movió los ojos hacia arriba- la tenía en la punta de la lengua ¿cuál era la palabra? ¡No me ayudes! Puedo solo, ¡ah ya! Me conforta que me haya equivocado y conste que no soy de los que admiten.
-Hoy estás de buen humor, ¿puedo saber la razón de ese milagro?
-Bien ¡me descubriste preciosa! Estoy de buen humor porque me diste tu palabra de que me contarías el final de esa historia, ¡recuerda que si no hay final no te daré la opinión que tu amiga necesita! ¿eh?
-Sí lo recuerdo –rió- ¿nos vamos?
-Nos vamos, mi lady.
Su abuelo lo habría traído hasta la librería en su coche. Kimiko no tenía coche, tomarían un autobús que los dejaría en la parada del parque y de ahí continuarían derecho. El muchacho no encontró raro que ella se encaramara al muro y lo cruzara igual que la mujer de la cuerda floja. A diferencia de Clay que la miró con desaprobación o el imbécil que puso una mueca; a Omi le pareció divertido y gracioso y se unió en su orquesta, entusiasmado. Extendió los brazos y atrás de un pie, puso otro. Hoy no hay muchas personas en el parque. Es un poco extraño porque es viernes. Quizás es muy temprano. Esto le traía buenos recuerdos. Omi se echó a reír.
-Hace años, mis padres y yo veníamos mucho a pasar tiempo en el parque, organizábamos una merienda al aire libre –comentó- a mí me gustaba trepar este muro, siempre que podía, porque mi madre temía que me lesionara –Kimiko se volvió hacia él. Omi había saltado el muro y ahora estaba de espaldas, mirando el cielo, hablando con otra persona- ¡pero eso fue antes! Ya ni salimos, después de que mamá dejó su empleo todo cambió en absoluto y papá tuvo que tomar doble turno. Trabajo, trabajo y más trabajo. Nunca cuentes con él, bastante ocupado para regalar unos minutos... si no lo supiera, diría que está desaparecido.
-Y, oye... no quiero parecer entrometida, ¿pero por qué tu madre abandonó el empleo?
-Cosas de la vida –se limitó a contestar- nos falta cruzar esta vereda y llegaremos, démonos prisa ¡me muero de hambre!
-¡Omi espérame ahí! ¡no corras!
Es imposible que un niño permanezca con carita triste más de diez minutos. Pues se supone que siempre deben estar radiantes de alegría. Es extraño y a veces admirable la facilidad en que tiene de reponerse tan. Ni el mismísimo Omi estaba consciente por qué decidió contarle o pensar en voz alta aquel aspecto de su vida. Llevaba conociendo a Kimiko tres días, Omi sería incapaz de conversar algo tan delicado con sus amigos Jermaine y Tiny. Pocas veces admitía su inconformidad frente a su abuelo, jamás ante otra persona. Bueno, tampoco él le insistía en el tema ya que sabía que al pequeño le incomodaba. En el fondo se sintió libre de haberlo dicho por fin. Tal vez Kimiko no era tan pesada para ser adulta y mujer. Ella nunca trabajó con niños en otras ocasiones, si bien es innecesario decir que todos los niños sienten el deseo de ser escuchados y comprendidos. Creyó que se había vuelto loca, sin embargo, pensó por un brevísimo segundo que había mal juzgado al diablillo sin saber qué había tras de él. Puede que realmente no sea malvado. Si no travieso como diría su abuelo. La carrera terminó marcando la victoria de Omi. Como no tenía llaves aguardó saltando impaciente de que Kimiko llegara. Luego se fueron en el ascensor.
-Omi me vas a perdonar, pero toda la mañana estuve afuera y no tengo listo el almuerzo de ambos. Tendré que cocinar ahora, ¿te parece bien si preparo tallarines?
-Cualquier cosa está bien en tanto no me sirvas hígado de vaca ¡puaj! –dijo instalándose en el apartamento.
-¿Te puedo hacer una pregunta...? ¿por qué decidiste ser vegetariano? ¿se debe por el estilo de vida Shaolin que escogiste?
-Por una parte sí, pero en realidad es porque me gustan los animales. Yo estoy en contra de cualquier forma de maltrato. He considerado a menudo que son mucho mejor compañía que los seres humanos –no podía estar hablando en serio para ser un niño. Kimiko pensó que él bromeaba como de costumbre cuando en verdad estaba siendo sincero.
-Ah sí... ¿Tienes mascotas?
-No, a papá no le molestan, pero a...
-A tu madre no le gustan –terminó Kimiko.
-¡Ella no es mi madre! –espetó tajante. Hasta Kimiko pudo darse cuenta que esa afirmación le molestó. Omi recobró la compostura segundos después, se echó en el sillón- así que dime ¿por qué estabas llorando esta mañana?
-¿Yo? ¿llorando? –Omi asintió. Kimiko no lo admitió y se rió, él imaginó que reaccionaría así y estiró las piernas encima de la mesita- ¿estás seguro? Creo que me confundes con otra persona, no puedo llorar aunque quisiera... se me estropearía el rímel.
Él puso los ojos en blanco. Las mujeres son superficiales. Todas ellas. Tardan horas y horas arreglándose las uñas y pintándose la cara. No saben otra cosa que vivir quejarse de que no tienen nada que ponerse cuando su armario está repleto de punta a punta. Y chillar por cada ser vivo que ven arrastrarse en la tierra. No obstante, eso no es lo peor, si no es que siempre consiguen que los chicos hablen de ellas ni digan cuando un chico se fije en una de ellas, es como si borraran su memoria y olvidara las cosas divertidas y verdaderamente importantes. ¿Para qué las inventaron? No, mejor, ¿por qué tienen que hacer que los chicos se enamoren de ellas? Debería alguien algún día armar un cohete y enviarlas a la luna. Así ahorraríamos montones de problemas. Omi puso una mueca. Pensándolo bien, las únicas mujeres que sí valen la pena tenerlas aquí son las madres. El resto sí pueden irse a la luna. Ni se molesten en regresar. No señor, a Kimiko le preocupaba más que su maquillaje se echara a perder.
-Yo sé lo que vi –insistió- ¿esto tiene que ver con el tal Raimundo? ¿te hizo algo?
-¡¿Raimundo?! Querido Omi, ¡qué cosas inventas! –más risas forzadas, alborotó su cabeza. El niño hizo un puchero, ¡¿por qué los adultos siempre hacen eso?!- ¿por qué desperdiciaría mis lágrimas por ese imbécil? Esto no tiene nada que ver con que ese idiota me haya dejado en nuestra primera cita... no... –su sonrisa se borró y entró en la cocina. Omi se levantó de un salto y asomó la cabeza, había puesto la tabla de madera sobre la mesa y estaba picando una col. Rápida, secó una lágrima en su mejilla izquierda. Se volteó y miró a Omi.
-Pues tú no pareces que estás bien.
-¡Tonterías! Si yo soy muy feliz –dijo con voz quebrada. Omi arrugó la cara- lo que pasa es que siempre me deprimo cuando cocino tallarines. ¿Quién está pensando en Raimundo? En ese bicho perverso, orgulloso, cínico, mujeriego, inhumano y tan sexy... ¡qué maldito! ¡NO! ¡NO ESTOY LLORANDO POR ÉL!
Las mujeres acostumbran a encerrarse en sí mismas y no hablar de sus sentimientos. Ella no puede por más que quiere, es un libro abierto y resulta útil para saber en qué está pensando. Omi pudo escoger burlarse, en lugar de eso sintió compasión. Remolcó un banco y se subió para estar a la altura de la chica.
-¡Oye, tranquila! No tienes que pagarla conmigo... si tú quieres puedo darle una lección.
-¿Una lección?
-Sí, tú ya sabes, una broma. Se me están ocurriendo varias en este momento, ¡mira! ¿qué te parece si...?
-¡No! ¡no! ¡Omi, basta de bromas! Tienes suficientes problemas para meterte en otros.
-¡Chispas! No me puedo divertir –rezongó. Su mirada se extravió un momento, se sumergió en lo profundo de sus cavilaciones. Le parecía injusto que alguien que no fuera él molestara a su niñera. Y por otro lado, esta era la perfecta oportunidad para poner en funcionamiento la broma que había preparado las niñas esta mañana. ¡Sí! ¡eso es! ¡ese tipo nunca sabrá que lo golpeó! O por qué huele tan hediondo su apartamento. Sonrió triunfante y se bajó.
-Omi, ¿a dónde vas? –advirtió Kimiko.
-Voy a ver si encuentro a mi amigo peludo. ¡No tardaré! ¡Volveré para el almuerzo! Palabra de monje.
Omi salió corriendo, se llevó consigo su mochila. Kimiko dejaba las llaves muy cerca de la puerta. No le costó tomarlas y descubrir la que abría la puerta. Ella había dicho la otra vez que su vecino vivía al frente. Sería estúpido que tocara el timbre y lo dejara pasar. Hubiera sido más fácil para el diablillo si ambos vivieran en casas. Piensa, Omi, piensa. Debe haber otra entrada por aquí. Podía infiltrarse en el apartamento de la señora del cuarto piso porque jamás cerraba la puerta y era cuestión de usar una ganzúa o simplemente empujar. Esta vez no molestaría a la de siempre. Sería un adulto y éste sería más precavido. El niño encontró la solución: el sistema de ventilación. Éste le llevaría a cualquiera de los apartamentos. Sólo alguien de corta estatura y delgado podía gatear a través. De vez en cuando ser compacto trae ventajas. El niño jaló la ventanilla y se metió por ahí. Ustedes pensarán que tal vez él necesitaría la ayuda de un destornillador para abrir la ventanilla, que eso debería estar bien asegurado. En el mundo normal quizá, aunque ni así. En las caricaturas es un hábito común y nadie dice nada. Ustedes tampoco. Omi gateó, divagó un rato y por casualidades mágicas de la vida, suerte Xiaolin o como lo quieran llamar, vio una salida. Tan fácil como entró, él salió.
Éste debe ser el apartamento de Raimundo. ¿Qué como lo sabe? Bueno, es un apartamento y no puede pertenecer a una chica. En comparación con el de Kimiko, aquél era de un estilo fresco y espontáneo. El suelo era de alfombra de terciopelo azul marino, hay pocos cuadros colgando en las paredes. La habitación era amplia, probablemente la sala de estar. El niño observó lo que le interesaba. Hay una computadora en un rincón. Detrás del canapé hay un balón de futbol. ¡Sí! Definitivamente no era el apartamento de una mujer, ¿mujeres jugando futbol? ¡por favor! Quien sea que sea su dueño lo usaba mucho, le hace falta una limpieza a esta pelota. En cuanto al canapé, le gustaba más que el que tenía Kimiko. Tal vez era por la ausencia del diseño de flores y el color azul rey. Muy varonil. Pero éste era muy duro para Omi. No podía saltar en él. La última actividad del sujeto fue en este escritorio, la lámpara está apagada, hay unos papeles, pero el café está caliente. ¡No perdamos más tiempo! Sacó la bomba fétida. ¿Cuál sería el lugar más idóneo para ponerla? ¡en el baño! Claro. ¿En qué parte? Caminó por el corredor. La puerta del baño estaba entreabierta.
-¡Aquí es! –dijo colocando la mochila en el suelo. Sacó la caja de cerillo, encendió uno y la fue acercando a la bomba- eso es... un poco más y...
-Quizá deberías tratar de acercar la mecha de fuego debajo de la bomba –la concentración de Omi fue saboteada y saltó de la emoción, el cerillo se fue en el drenaje. Se dio la vuelta, había un hombre que lo estaba observando en la puerta con mucho interés, el muchacho se apresuró en ocultar detrás de él la bomba.
-¿Quién eres tú? –exclamó- ¡¿Raimundo?!
-El mismo, ¿quién más podía ser? –dijo él- tú debes ser el niño que está cuidado Kim: Omi. Oye, no te ofendas, pero te imaginé más alto... no pareces tan temible...
-¡Oye, amigo, más respeto a quién te dirige! –soltó el niño- no soy pequeño, soy compacto.
-Pero admiren eso: El pequeñín tiene carácter. ¿Qué te trae por aquí? Si me hubieras dicho que vendrías a visitarme, habría comprado galletas para los dos. Esta mañana pasé cerca del supermercado.
-¿Galletas? –Omi estaba sorprendido. Si lo había atrapado a punto de explotar una bomba fétida porque no lo amonestó y lo sacó a patadas del apartamento como lo suelen hacer los adultos en vez de aparentar ser amable con él.
-Anda, suelta esa bomba y vamos a la sala.
Omi puso los ojos desorbitados. Se deshizo de la bomba fétida y siguió curioso al conocido. Si se trataba de una táctica para aprehenderlo y llevarlo con Kimiko, lo atacaría. Raimundo fue a la cocina. Estaba seguro que guardaba una golosina por ahí. Vacío, vacío. Esto no. Lo otro tampoco. Rebuscó y encontró un frasco. ¡Justo lo que quería!
-Omi, ¡piensa rápido!... –le lanzó el frasco. El niño lo atrapó en el aire, el extraño le incitó a abrirlo y en su interior había una bolsa de gomitas azucaradas. ¡Cielos! El hombre asintió y el niño comenzó a comer. Con tanto que le gustaban los dulces.
-¡Vaya, muchas gracias, señor...!
-¡¿Señor?! No, no, odio que me llamen señor. Me hace ver viejo, llámame Raimundo, pero de nada.
-Lo siento, se... Raimundo. No se repetirá.
-Espero que te gusten las gomitas, llevo bastante tiempo que no compro galletas. A mi casa no me visitan niños todos los días.
-¡Sí me gustan! –contestó.
Raimundo le sonrió y caminó a través del cuarto, alborotándole el pelo de paso. ¡Ay! ¡¿dos veces en un día?! ¡¿por qué los adultos hacen eso?! Omi tuvo que reacomodarse. Raimundo se sentó en el escritorio a terminar de beber su café. El menor había olvidado por qué había venido aquí.
-Tengo una duda –dijo- ¿por qué, si sabías que tenía una bomba fétida, no te enfadaste?
-¿Yo? ¿enfadarme? –Raimundo rompió a carcajadas- eso de enfadarme no va conmigo y no puedo enojarme con algo que me trae a la mente viejos recuerdos; cuando era niño también me gustaba fabricar bombas fétidas caseras para molestar a los mayores y a otros niños, a tu edad había hecho doce bombas y más todavía. Claro, tenía más, pero era una de mis bromas preferidas. Verte en el baño me recordaste a mí. Ahora soy yo quien tiene que preguntarte a ti, ¿Kim te dijo que vinieras?
-¡¿Qué?! ¡¿ella?! ¡Nah! Esto fue cosa mía, Kimiko ni siquiera sabe que estoy aquí (pues, si lo sabría, no lo aprobaría nunca de los nunca).
-¿Ya has probado una de esas?
-Sí, mis amigos y yo lo hicimos una vez en clases de ciencias cuando todos estábamos en el laboratorio. ¡Todos salieron corriendo y huyendo de Ping Pong porque pensaban que fue él! Aunque eso no fue nada comparado con el día en que se me ocurrió poner en la cabeza de una de las niñas una larva –se rió, Raimundo lo escuchaba sonriente- iba intentar ponerla en el baño de las niñas, pero no pude porque me castigaron y si me descubrían una vez más: ¡suspendido! No sería malo para mí, pero mi padre me reprendería hasta cumplir los treinta.
-¡Oh sí! Los adultos siempre desbaratan las mejores bromas del siglo, si tú quieres pasar a la historia como uno de los más terribles bromistas en tu escuela te aconsejo que insistas en tu plan. Lo que un buen bromista comienza, jamás lo deja a medias.
-Hablas como si tuviéramos la misma edad y quieras o no aceptarlo, tú eres también adulto.
-Lo soy, pero moderno. Soy de los que se adaptan a los nuevos cambios y tampoco te creas que no me guste disfrutar de una broma. La diferencia no es mucha, ¿cuántos años tienes?
-¡Once años!
-¿Once años? Entonces te llevo el doble. Está bien, olvídalo, si quieres puedo suministrarte consejos y pasarte alguna de mis mejores bromas, sin embargo, un bromista se destaca por su originalidad... es hora de dejar las bromas en manos de la generación actual.
Omi tardó más de lo que dijo que iba a demorar, charlando animadamente con Raimundo y las travesuras que hizo a lo largo de su vida. El niño no podía resistirse abrir su expediente y contar sus aventuras. Ambos se reían a alegres carcajadas de sus propias fechorías. Nunca pensó que existiera un adulto que lo comprendiera tan excelente y loara las diabluras. Tuvo que reconocer que unas de sus bromas eran bastante buenas. Bien, serían excelentes si a él se le hubiera ocurrido. Con alguien así era inverosímil caerle mal. La visita era maravillosa hasta que escuchó el grito de Kimiko. Oh, oh, ya se dio cuenta que Omi se escapó. Debería estar hecha una furia.
-¡Es Kimiko! Ya debo volver.
-De acuerdo –dijo levantándose- puedes venir cuando quieras. Serás bienvenido.
-¡Lo haré! ¡otra vez gracias! –Omi giró la perilla y se marchó. Kim estaba afuera de brazos cruzados. El niño soltó un chillido, ¿ahora qué excusa daba?
-El ratón cuenta buenos chistes, ¿no es así?
-¡Oye! ¡tú estabas avisada! ¡te dije que buscaría a Queso!
-Pero no en el apartamento del imbécil. ¡Te ordené que no fueras!
-No te preocupes, a la final no pude hacer nada. Me sorprendió infraganti.
-Ya veo, tus gritos de terror se escucharon desde la cocina.
-¡Intenté resistirme, mujer, en serio! Creí que era un pesado y, en cambio, no pude odiarle. Tiene algo que no puedo explicar, que lo hace simpático. ¡No me digas que estás enfadada!
-No lo estoy –suspiró bajando la guardia- vente. El almuerzo está listo –hizo un ademán.
Falsa alarma. El volcán no hizo erupción. Fue una velada incómoda. El niño no sabía cómo sentirse. Había hecho una nueva amistad, pero traicionó su confianza. Ya podía escuchar lo que estaba pensando, lo podía mirar a través de sus ojos: Fraternizas con el enemigo. Tragó duro y bebió una bocanada larga para arrancar el mal amargo de la boca, fingiendo que no estaba frente él. Se sintió mejor cuando salió del baño y nuevamente le dirigió la palabra. Estuvo conversando con su abuelo, pues ésta preguntó por la tarea. Omi quiso librarse de la tarea y pasar a escuchar el cuento. Hacer la tarea. ¿O sea, quién fue el de la idea? ¿acaso no es bastante ir a la escuela a escuchar lo que tienen que decir los maestros y copiar apuntes? Quita demasiado tiempo escribir un pocotón de cosas y luego aprendérselas para olvidarlas cuando no la necesites, es decir, después del examen. Omi solamente las hacía cuando tenía humor o no tenía nada en mente por hacer. Por lo común, Jermaine hacía su tarea. ¿Por qué razón? Omi es un muchacho listo, él se las arreglaba para que él o Tiny lo hiciera. No le era una idea atractiva tener que hacerlas en compañía de una chaperona.
-Vamos Omi, estoy segura que puedo ser de gran ayuda.
-¡No! ¡olvídalo!
-Bien, hagamos esto: Si no haces la tarea, no habrá final de la historia.
-Qué cruel, esa es una jugada es muy sucia –chilló Omi, agarrándose el pecho como si una flecha atravesara su corazón- estás aprendiendo, preciosa...
La tarea era de historia. Aj, ¿a quién le interesa lo que logró una bola de gente en el pasado si vivimos en el presente? Es una clase tediosa y su favorita para echarse una siesta, lástima que la maestra no estuviera acorde. Hace un mes que se cumple la tremenda sacudida que le dio para despertarlo. Kimiko decía que era importante comprender el pasado para entender el presente y orientarse en el futuro. ¿Cuál clase era divertida? ¿Lengua? No, en contraste a sus compañeros le costaba un poco comprender la clase, incluso Jermaine le iba mejor. La más querida de todas... ¡matemáticas! No, demasiados números y cálculos. ¿Ciencias? Igual a la de historia, ¿a quién le interesa? Inglés, si menos puede con lengua, peor en inglés. La mejor clase de todas era la de educación física y ¡la de música! Práctica y sencilla. Aparte de que es una delicia fastidiar la clase de la profesora. Era una vieja histérica. Con Kimiko ayudándolo terminaron en menos de una hora. Las respuestas estaban en el mismo libro. Y ahora que lo pensaba, la maestra dijo que de ahí extraería las preguntas del examen.
Posteriormente, Omi se echó en el piso como si estuviera en una playa imaginaria y Kimiko se sentó. Cuántas aventuras le deparaban al príncipe de los monstruos en la isla, cada lugar estaba más loco que el anterior (su favorito fue cuando abordaron un barco pirata fantasma) y cuántos amistades había trabado, después que no tenía a nadie, se hizo amigo de un chico lobo juguetón, una Medusa de mal genio, un vampiro de acento rumano exagerado con una adicción extraña hacia el jugo de tomate, una momia claustrofóbica con un miedo singular a la oscuridad y un Frankeinstein de corazón bondadoso cuyas extremidades se descosían a cada media hora y veinticinco minutos. Después el secuestro de los amigos del príncipe por parte de la bruja y su confrontación en su casa, el sacrificio de Frankeinstein y la derrota de Maruja definitiva. ¡Fue encerrada en una caja de rompecabezas para toda la eternidad! Fue enternecedor el final, los poderes del príncipe maduraron y resucitó a Frakeinstein, ahora como su leal caballero. Todos se quedaron en la isla y vivieron felices para siempre.
-...el fin.
-Estuvo genial, me encantaría ir cuando se estrene la obra y así podré arruinarle la diversión al chico a mi lado que apenas está conociendo la historia –Kimiko puso una mueca- ¿crees que podrías arreglar con tu amiga para ver si puedo colearme?
-Veré que puedo hacer –contestó ella con una sonrisita nerviosa. No podía decirle que esto era un fraude para distraerlo.
-¡Sí! –exclamó- ¡otro! ¡otro! ¡otro!
-¿Otro? Pero si no he pensado nada...
-¡Uno de terror! Esta vez que asuste, cero comedia ¿está bien?
-Bueno –Kimiko se estremeció pensando y continuó con voz ultratumba- esta es la historia de un hombre con un cuchillo... –Omi se inclinó sutilmente- que untó mantequilla a su pan.
-¡Oye! ¡no se vale! ¡hiciste trampa!
Unos gritos de una mujer altanera comenzaron a escucharse en las escaleras interrumpiendo la "escalofriante" narración de Kimiko. Discutía con alguien sobre algo. Decía algo sobre el ir a subir a verlo. La niñera fue entreabrir la puerta. Aun si no sabía quién era, quería mirar el rostro de la mujer que armaba semejante alboroto. Cada vez se hacía más presente. Omi reconoció la voz de la mujer y se escondió detrás de Kimiko.
-Cierra la puerta.
-¿Por qué?
-¡Sólo cierra la puerta y no preguntes!
-¡AQUÍ ESTÁS! –Kimiko recibió un portazo en la cabeza cuando Wuya empujó la puerta y jaló a Omi del brazo violentamente. Más atrás, venía el abuelo Fung jadeando por subir las escaleras- ¡¿con que querías burlarte de mí, mocoso ingrato?! ¡¿Cuándo pensabas decirnos lo de la citación?! Ah ya sé, ¡nunca! Si fuera por ti todavía seguiríamos engañados. ¡¿Acaso te has puesto a pensar en el sacrificio que hace tu padre todos los días de su pobre vida para pagar esa miserable escuela a la que vas y le salgas con otra de estas...?! Seguro te sentirás orgulloso de que estés a un paso de la expulsión –reprendió zarandeándolo fuertemente.
-¡No me molestes, Wuya! –chilló Omi- ¡¿a ti cuándo te he importado?! Si más bien eres tú la que estás a un paso de convencer a mi padre de que me envíe un internado para siempre.
-¡CÁLLATE! Tú no tienes derecho de hablarme en el tono que se te pegue la gana mientras esté casada con tu padre y sea mayor. ¡Me tienes harta! Ni un minuto más puedo soportar tus gritos, tus malcriadeces, tus pataletas, tener que mantenerte... tú no eres bueno para otra cosa que para causar problemas y traer desgracias a esta casa.
-¡Mi padre y yo estábamos mil veces mejor antes que aparecieras, bruja! En vez de ser yo quien me vaya, ¿por qué no te vas tú? ¡eres lo único que sobra en esta familia!
-¡Omi! –aseveró su abuelo. Wuya no le prestó importancia.
-¡¿Eso crees?! Cuando lleguemos, tu padre se enterara de lo que hiciste y acudirá contigo a la escuela. Estarás encerrado en tu habitación, tienes determinadamente prohibido salir, no llamadas, no juegos, no amiguitos, no futbol ni nada en absoluto ¡¿me oíste?! Esta noche no cenarás.
-Wuya... eso último, ¿no crees...?
-¡No Fung, no estoy exagerando! –gritó Wuya- Dashi ha sido demasiado condescendiente y es por eso que este niño ha salido descarrilado, es hora de que aprenda por las malas. Se te terminará la suerte a partir de ahora –lo sacudió bruscamente. Kimiko intervino cuando vio la cara de pavor que contrajo Omi, la fuerza con que esa mano huesuda meneaba ese brazo y el humo que salía por las orejas de la mujer, la trémula actitud de Fung. Esta situación se salía de control y Kimiko no toleraba permanecer en las sombras.
-Oiga, no quiero entrometerme en su relación, pero me parece que no debe tratar a su hijo...
-¡¿Mi hijo?! Él es hijo de su padre. Ese mocoso no es ni jamás lo reconocería como alguien de mi sangre.
-De acuerdo... –Kimiko decidió que la opción más inteligente no sería contraria a la señora, por muy incompatible que estuviera con su idea de castigo-, pero pienso que con amor una solución apare…
-¡¿AMOR?! Si quiere amor ¡VENGA A DESENTIERRAR A SU MADRE Y USTED NO SE META EN LO QUE NO LE INCUMBE, ENTROMETIDA!
-¡Wuya, por amor del santísimo! –gimió el abuelo escandalizado.
-¡TE ODIO! –chilló con voz aguda el niño a punto de llorar.
Wuya arrastró al niño fuera del apartamento, amenazándolo con más castigo si no cerraba el pico. Su declaración desgarradora se oía a través del pasillo. Kimiko juró que Raimundo, inclusive, se asomó en su puerta a ver qué pasaba. La muchacha estaba congelada. En una respuesta no había tanta acidez y pudor como aquella. ¿En serio esa mujer es real? ¿y Omi era forzado a vivir con tal aberración? Era una bruja en verdad. Los rumores de Clay eran verdaderos. Su padre se había casado por segunda vez con una mujer despreciable. ¿Dashi? ¿sería el padre de Omi? Fung apenas podía hablar.
-Discúlpela, por favor, está alterada.
No añadió nada, no tenía nada que hacer allí. Su lugar era acompañar a su nieto y eso fue lo que hizo exactamente.
A/N: Cerramos un nuevo capítulo hoy y nos generamos expectativas enormes. Pues sí, se habrán dado cuenta, Kimiko no es la única narradora que hay. Confieso que antes yo manejaba múltiples puntos de vista y a veces resultaba confuso, la mayor parte del tiempo me parecía feo que hubiera una línea por el medio que cortara una narración e iniciara otra. Quiero ser escritora no puede ser contada nada más por Kimi, hay cosas que me gustaría que se le adelantaran a ella. El fic tiene dos narraciones: El narrador protagonista (Kimiko) y el narrador omnisciente aunque se me sale un poco el diálogo elíptico, que cuenta la historia del querido Omi. Esta idea se me ocurrió en base a mi más reciente lectura El Código Givenchy. Un capítulo hablaba la protagonista, el otro era la historia de otro personaje, pero era contado en tercera persona. Mientras Kimi nos habla de lo que sucede a su alrededor. En la historia de Omi se dirá que es lo que le sucede directamente a ella. Hubiera contado la historia de Omi en primera persona, pero temo que si lo hago se me pierdan (la mente de Omi es desordenada). Me parece fantástica porque podemos entrar en contacto con nuestra heroína y al mismo tiempo, con Omi. Raimundo y Clay estarán en ambas historias. ¡Atentos!
El capítulo de hoy fue largo, no tuve inconvenientes en ello ya que llevaban esperando desde mayo. Estoy totalmente libre y a disposición de ustedes y el fic. Presenté la tesis y el examen del que les comenté la otra vez. Me queda nada más esperar los resultados así que deséenme todavía suerte. He leído sus comentarios y están respondidos al final de las notas del autor, como siempre he cumplido. Sé que actualizo los martes, pero ya tenía el capítulo listo y como sé que estaban esperando actualicé como un regalo de mí para ustedes.
Bien malvaviscos asados, el otro día estaba chequeando los episodios de Duelo Xiaolin y seleccionando cuáles iba a representar. Tal vez escoja la esencia de algunos episodios para hacer guiños en el transcurso del fic. De la primera temporada tenemos: Un viaje de mil millas (que duró durante cuatros episodios por tratarse del primero), los demás sí durarán como un episodio normal, ahí está: Duro como una roca, El peine de la red enredadiza, Katnappe, Shen Yi Bu, Mi amigo Omi y En persona.
Las siguientes temporadas estoy todavía revisando, eso sí, está más que seguro que los episodios: Juzgando, Salvando y Encontrando a Omi se reutilizarán. Recuerden que el episodio mezclará material original y la esencia del episodio, En persona, por ejemplo, no quiere decir que Raimundo se va unir de la noche a la mañana a la mafia (ni con la propia Wuya, ella en este fic es ama de casa) y el otro episodio sale de ahí, así no pasa en el mundo real y debemos ser realistas. Digamos que lo descifraremos de otra forma y Kimiko exagera.
Ahora que sabemos un poco más de la situación de Omi, puedo hablar con seguridad: Omi crece en el seno de una familia disfuncional, madre ausente, su padre trabaja de lunes a lunes las veinticuatro horas del día y aún así gana sueldo mínimo que apenas alcanza para cubrir los gastos en total y encima, su actual esposa no se lleva nada bien con su hijo. Realmente no conozco las condiciones socioeconómicas del templo en que vive Omi en la serie, por tratarse de monjes deducimos que tienen una vida humilde y lo que hemos visto hasta ahora sobre Dashi (el padre de Omi), es que con todo lo que es él no vive ni siquiera en un palacio. Así que por eso Wuya, Dashi y Omi viven en un barrio pobre donde cada quien debe defenderse solito. Dashi y Wuya son del mismo tiempo cronológico, mientras Dashi se nos da entender que es un buen hombre que no puede pasar tiempo con su hijo por razones laborales y apenas llega a casa se tira a dormir (según su esposa es un perezoso, en la serie hemos comprobado que es cierto) y Wuya es una mujer amargada (al igual que en la serie) que trata mal a Omi, ¿le gustó la metáfora en que dice que parece que ha vivido en una caja por mil quinientos años? De su verdadera madre no sabemos nada, su padre brilla por su ausencia y el rechazo de su madrastra, Omi vive casi huérfano. Y digo casi, porque tiene a su abuelo: el Sr. Fung, la única persona que le muestra cariño. ¿Qué les parece? Y hay más misterios que encierran la casa de Omi...
Decidí casar a Wuya y a Dashi porque el conflicto de Duelo Xiaolin comenzó con ellos, al mismo tiempo relacionarse con Omi (y explicar el gran parecido físico que tiene con Dashi, hay varios headcannons que afirman que Omi es descendiente de Dashi) puesto que estarían bien que estuviesen directamente estuvieran vinculados con el chiquitín, así habría una división entre el bien y el mal. De la misma manera el Maestro Fung. Y conocimos un poco de su vida en la escuela. Para ustedes no debería ser sorpresa que sus bromas continúen en el ámbito escolar y sus notas sean lo suficiente para pasar el año. Vimos algunos compañeros de clase que también aparecen en las series. Megan y Jermaine son de Duelo Xiaolin entre tanto Tiny y Ping Pong son de Crónicas Xiaolin.
Jermaine y Tiny son los secuaces de Omi. Siguen siendo los mismos, salvo con algunas características modificadas. Ellos son como los típicos cómplices del villano, uno es un tonto y el otro es más o menos apto. El más o menos es porque el jefe, Omi, siempre es mostrado como el más inteligente y hábil. Los otros dos le siguen porque no "tienen nada mejor que hacer". Nunca he hecho nada parecido y decidí hacerlo porque pienso que será divertido. Ping Pong es el niño nerd de la clase de Omi, el rival, el némesis y le queda como anillo al dedo el papel. En la nueva serie, Ping parece un niño aplicado y listo, sostiene una sana rivalidad con Omi (pero eso es por iniciativa de Omi), así que en vez de tener a otro chico malo decidí darle su lugar de chico bueno para seguir con la competencia. Megan es una niña... los puedo ver desde aquí, se están montando una película en la cabeza y dirán que ellos comparte una relación similar a la de Kimiko y Raimundo. Pues en la serie no vimos mucho de Megan aunque me pareció simpática.
Es una niñita con mucho carácter, discúlpenme si exagero un poco y les parece que es marimacha. Omi es un niño con ideologías machistas en la cabeza y a Megan le gustan las cosas de niños, pero no por eso pierde su lado femenino. Mi intención es demostrar que las chicas pueden hacer las mismas cosas que los chicos, alguien de su misma edad necesita callarle la boca a Omi.
Gracias a las historias, Kimiko y Omi se están acercando por lo menos. A la postre el miedo de Kim se hizo realidad: Omi y Raimundo se conocieron. He planeado muchas conversaciones entrambos, pero me preguntaba cómo harían que se conocieran. Yo lo intenté para que se conocieran con Kimiko de intermediaria y el resultado fue patético (no me gustó), en su lugar, que haya sido tan fortuito me encantó. Raimundo y Omi se la llevan genial en líneas generales. Raimundo dice que en su infancia fue igual a Omi. No es sorpresa para quienes lo conocen. Y esa cercanía entre los dos me pareció cuchi. Desgarrador el final de este capítulo, no les mentiré, Wuya es un encanto de señora y también quería ingeniármelas para que conociera a Kimi. Si la pondría como villana, debía de ser por una razón convincente. Sé que él actuó mal, pero es horrible humillar a los niños en público. Es lo peor que una persona podría vivir. Eso lo sé. Me escriben sus comentarios de los que les ha parecido este capítulo, que opinan de Omi, qué tal la actitud de Wuya, qué les parece sus amiguitos en la escuela, su relación con Kim o su recién descubrimiento sobre Raimundo. Ustedes digan. En el capítulo que viene esta historia dará un giro inesperado con lo que sucederá. Estén pendientes malvaviscos asados. Sin más que agregar me despido. ¡Nos leemos en la semana que viene!
Mensaje para guest: ¡Holis! Lamento si te hice esperar, pero aquí está la continuación del fic. Me contenta saber que te gustó el anterior capítulo. Es cierto que fue divertido y ansío que este también sea igual o mejor. ¿Deprimida? Por grado de intensidad... ojalá que no haya sido nada serio y sea lo que sea tenga solución. Para cuando leas mi mensaje todo esté bien. Gracias por comentar y leer. ¡Nos vemos en la siguiente parte y hasta entonces no olvides cepillarte los dientes después de cada comida! :D
Mensaje para anónima mex: ¡Hola chica! ¡Te me habías extraviado! ¿Cuántos meses en que no leía un review tuyo? Creí que no volvería a saber de ti luego del último que me dejaste en Contrarreloj. Sí, tengo puestas mis esperanzas en el fic. Hasta ahora los cinco capítulos han sido encantadores de principio a fin. Veo que te esmeraste en este review, ¡me pone tan alegre! :3 ¿Quién no puede enamorarse de este chico malo? Omi encabeza la lista de mis personajes favoritos, pues que como dices, es condenadamente adorable y a la vez genial. De hecho, el capítulo está basado en sus andanzas. ¡Esa era mi intención! Que todos y todas nos sintiéramos identificadas con Kimiko-chan de una u otra forma, ¡la edad no impone límites, chica! ¿te parece que Raimundo sigue siendo Raimundo pese de todo? Uf, me tenía eso, era una de mis mortificaciones, si lo crees así te creeré. ¡Omi, eres un malvado! No hay problema, Chase responderá tu pregunta en cuanto salga... (ahora estamos en la primera temporada de la serie). ¡Gracias por leer y comentar! ¡Espero verte por aquí más seguido!
