18. EL INCIDENTE

Cuando me despierto por la mañana, siento los brazos de Peeta a mí alrededor y mi cabeza sobre su pecho. Siento también el calor que emana de su piel y el aroma dulce a vainilla y canela. Me quedo quieta casi sin respirar para no despertarlo y disfrutar un poco más de la sensación. Sin embargo, él ya está despierto.

—No has tenido pesadillas — dice.

— ¿Qué?

—Que esta noche no has tenido pesadillas.

Tiene razón. Por primera vez en estas últimas semanas he dormido de un tirón, sin despertarme por pesadillas o por ansiedad. Simplemente he soñado con mi familia.

—Pero he tenido un sueño —comento —. Estaba persiguiendo a un pájaro a través del bosque y escuchaba a mi padre cantar a lo lejos.

— ¿Adónde te llevó? —me pregunta, apartándome el pelo de la frente.

—No lo sé, no llegué. Pero sabía que el pájaro me llevaba hasta él y de alguna forma sabía que mi madre y Prim estaban con él. Me sentía contenta.

—Bueno, has dormido como si estuvieses contenta.

—Peeta —le digo sabiendo que no soy la única que tiene pesadillas por la noche— ¿Por qué nunca sé cuándo tienes una pesadilla? Quiero decir, que ya hemos pasado juntos algunas noches y nunca te he oído gritar.

—Ni idea. Creo que yo no grito, ni me muevo, ni nada. Simplemente me despierto paralizado de terror.

—Deberías despertarme. Me gustaría poder ayudarte y tranquilizarte como hiciste tú conmigo ¿Sobre qué son tus pesadillas?

—Katniss, quiero contártelo. Pero…

Peeta se queda mirándome, callado, como dudando de si decírmelo o no. Como luchando contra los demonios de sus sueños. Sus ojos azules brillantes se oscurecen por un momento y me recuerdan a un pozo oscuro y profundo. Busco su mano entre las sábanas y se la aprieto esperando así darle valor y confianza en mí, pero sin intentar forzarle.

—Peeta no tienes por qué contármelo si no estás preparado o si crees que será peor… o que no soy la persona indicada —digo esperando que no sea la última de mis razones la causa. Heriría mi orgullo, porque yo siento que podría contarle cualquier cosa que me preguntara.

—¿No lo entiendes, verdad? No entiendes el efecto que ejerces en los demás.

Realmente no sé a qué se refiere, pero no me quedo preguntándomelo porque empieza a hablar. Lo hace bajito, casi susurrando y cierra los ojos como si no pudiera afrontar mi vista, o mi mirada.

—No tengo una sola pesadilla o sobre un solo tema, pero siempre hay algo común. Siempre empiezo escondido de algo, o alguien más bien. Sé que he de estar callado si no quiero que me encuentre, que un solo ruido será fatal y descubriré mi escondite. Y entonces todo se volverá sangre y ruido. Unas veces es mi madre. Otras veces es Cato.

Podría imaginar de qué habla cuando sale a relucir su madre. Incluso puedo dibujar en mi mente a un pequeño Peeta, escondido en un armario escapando de los gritos de esa arpía. Y me cuesta controlarme para que no caigan lágrimas de mis ojos. Pero no tengo ni idea de qué se refiere cuando habla de ese tal Cato.

—Después de acabar en Harvard, me moví a la Universidad de Nueva York, a hacer un postgrado sobre psicología forense, en concreto sobre la psicología de la violencia: los desórdenes de la personalidad, las reacciones al estrés post traumático… El trabajo que nos asignaron para final de curso fue estudiar a los autores de matanzas colectivas, qué las motivaron, análisis de los hechos, qué se podría haber hecho para evitarlas, mecanismos de aviso para detectar a autores potenciales… Los grupos estaban constituidos por cuatro estudiantes. En el mío éramos Clove Siblings, Cashmere Nolan y Darius Kale.

Fuimos a la biblioteca del campus, y como era finales de mayo, estaba abarrotada, pero conseguimos sentarnos en una mesa que quedaba vacía a la entrada de la misma, supongo que nadie quería esa mesa porque era de paso, pero no teníamos otro sitio donde ponernos. Tras repasar lo que llevábamos y asignar las nuevas tareas me levanté junto con Clove para buscar la bibliografía necesaria para las referencias que queríamos incluir en el estudio.

Apenas llegamos a la sección que buscábamos al fondo de la biblioteca cuando escuchamos unos golpes muy fuertes y gritos. Pronto nos dimos cuenta de que era un tiroteo. Clove empezó a gritar, pero yo sabía que debíamos echarnos al suelo y mantener la calma hasta que supiéramos qué estaba pasando y dónde estaban el o los tiradores. Supongo que después de todo, algo había aprendido tras años de maltrato por mi madre.— Dice abriendo por fin los ojos, que clava el techo.

Conforme Peeta ha hablado, he recordado la masacre. Prim ya estaba en Nueva York cursando sus estudios. Fue ella la que me envió un mensaje para confirmarme que no había pasado en su campus y que estuviera tranquila.

—Sabía que teníamos que echarnos al suelo, estar callados e intentar buscar refugio. Así que la cogí del brazo y la eché a tierra cubriéndola con mi cuerpo mientras le tapaba la boca para evitar que chillara, susurrándole al oído que todo saldría bien, que no se preocupara porque estábamos casi al final de la biblioteca… aunque también sabía que era una auténtica lotería.

Los disparos cesaron eventualmente, pero el silencio que los siguió era más aterrador que todo el estruendo anterior, porque sabíamos que quién fuera estaría buscando más víctimas. No sé cuánto tiempo pasamos acurrucados, incluso intentado no respirar, alertas al menor ruido. Hasta que me decidí a hacer algo.

Le pedí que se quedara quieta, escondida como estaba entre dos estanterías y que llamara a los servicios de emergencia mientras yo buscaba un sitio donde poder escondernos. Clove estaba asustadísima y me pidió que no la dejara sola, pero yo le prometí que no le pasaría nada y que estaría más segura donde se encontraba. Arrastrándome llegué hasta la esquina derecha de la fila en la que nos encontrábamos…

Es curioso lo que retiene el cerebro. No podría decirte qué tiempo hacía, si era cálido o frío, qué desayuné esa mañana, si había nubes o brillaba el sol... Pero sí recuerdo que estábamos en la fila K29.

Cuando llegué al final, saqué con mucho cuidado la cabeza. Tras comprobar que no había nadie me levanté y recorrí los dos pasos que había hasta la siguiente hilera de estanterías. Mi objetivo era llegar hasta la pared este para ver si había posibilidad de escondernos en las salas de estudio, cuando ya estaba cerca, retumbó otro tiro. Uno aislado, muy cerca de donde nos encontrábamos. Miré a Clove, que estaba a unos quince metros de mí, tenía la cara entre las manos y temblaba como una hoja. Pero cuando se escuchó otro disparo, se levantó corriendo hacia donde yo estaba… Aún puedo verlo a cámara lenta. Le hice gestos con la cabeza y las manos, demasiado asustado para moverme o chillar ya que sabía que solo conseguiría atraer la atención hacia nosotros. Pero ella no reaccionó.

En el momento en que salió al pasillo, se quedó paralizada, mirando hacia la entrada de la biblioteca. Y en ese momento sonó un disparo y la vi caer de espaldas. Había sangre por todas partes pero seguía respirando, podía ver cómo le subía y bajaba el pecho.

Empecé a escuchar el ruido de helicópteros: uno, dos o tres…, no sabría decirlo. También sirenas de vehículos. Pero yo seguía inmóvil, contemplando como se le escapaba la vida a Clove, sin acercarme pero sin ser capaz de esconderme.

De pronto junto a ella apareció Cato, con un subfusil cruzado en el pecho y una pistola en la mano. Cuando me vio al final del pasillo me dijo con voz fría: "Vaya, Mellark, esperaba encontrarte hoy por aquí… también. Deja que termine con esto antes y me pongo contigo". Y disparó a Clove en la cabeza, sin pensarlo ni un momento. Sin dudar.

Sin dudar, repito en mi cabeza mientras Peeta continúa.

—Supongo que para ser capaz de entrar en una biblioteca de estudiantes y arrasar con todo, no se pueden tener dudas.

Conocía a Cato, había sido uno de mis compañeros de piso durante el primer semestre. Era hijo o nieto, no recuerdo, de alguien muy importante. No sé si debido a eso su actitud era prepotente y autoritaria. Pero eso no era lo peor, era cruel y sádico. Disfrutaba maltratando a la gente, ya fuera la gente de servicio de la residencia o a Darius que también vivía en nuestro mismo piso.

Una tarde, llegué antes porque nos anularon una de las clases y encontré a Darius envuelto en una sábana o en alguna clase de tela mientras Cato la emprendía a golpes con él mientras le gritaba barbaridades. Sin pensarlo dos veces me lancé contra él y lo aparté de Darius. Comenzamos a pelear hasta que tras un puñetazo conseguí tirarle al suelo.

Cato desapareció rápidamente en su habitación mientras me ocupaba de levantar a Darius y ver si estaba bien, pero Cato salió enseguida con una pistola en la mano apuntándonos: "Os creéis muy listos y muy valientes ¿verdad? Todos en esta maldita universidad… me la pagaréis" y salió dando un portazo. Tras reportarlo a la seguridad del campo, Cato fue expulsado del campus, o eso pensábamos, porque el siguiente semestre lo volvimos a ver en algunas clases.

Supongo que tal como decía, su familia era muy influyente.

En el momento en que disparó a Clove, aproveché para deslizarme detrás de la estantería y corrí hacia la entrada de la biblioteca para intentar escapar por la puerta o las ventanas. No creo que hubiera acabado bien el asunto para mí, sino fuera porque la policía entró y lo derribó.

Asesinó a más de veinte personas, entre ellas a todos mis compañeros. Estudiábamos a monstruos, estudiábamos cómo evitar que esto pasara, no fuimos capaces de evitarlo y no puedo evitar sentirme culpable.

Por eso cuando Johanna me preguntó si quería colaborar con el FBI acepté enseguida, para mí es una forma de reparar lo que hice —acaba mirándome a los ojos.

—Peeta, tú no tuviste la culpa, no pudiste hacer nada…

—Es posible —dice interrumpiéndome — pero ¿Qué habría pasado si yo no hubiera entrado esa tarde en la habitación y le hubiera golpeado? ¿Habría estallado su rabia?

— ¡Por supuesto que sí! Estaba enfermo, el detonante pudo ser cualquier cosa.

—Es posible — vuelve a repetir —pero eso no hace que me sienta mejor.

Le acurruco contra mí mientras le acaricio la cabeza intentando apartar todos estos pensamientos de su mente. Nos quedamos mucho rato en silencio hasta que se decide a romperlo.

—Nada de bibliotecas hoy ¿Vale? Mejor hacemos la búsqueda por internet —dice intentando aliviar el ambiente con un sonrisa. Se levanta de la cama y justo cuando va a salir por la puerta se gira y me dice —Gracias por escuchar, Katniss, te veo en un rato en la cocina.


Hola, aquí estamos de nuevo después del verano, con muchas ideas para seguir con la historia.

La idea de este capítulo, a mi parecer importante, es de mi beta Tamynna.

Espero que os haya gustado, es un capítulo que me resultó complicado escribir por el tema que trataba.

Como siempre ¡Quedo a la espera de vuestros comentarios!