19. EN EL LABERINTO DEL MINOTAURO

Tras un desayuno más bien taciturno, en el que ninguno de los dos tiene muy claro qué decir o cómo romper el hielo, nos desplazamos hasta el estudio.
Peeta se pone en su mesa y yo me quedo en uno de los sillones en frente de él.
—Bueno, ¿por qué no indagamos algo en tu teoría sobre los tribu…? —Y en ese momento caigo en algo que no pensé cuando Peeta lo mencionó ayer— ¡Tributos! Rue había escrito "tri" en la tierra cerca de donde encontramos su cuerpo. ¿Cómo no nos dimos cuenta antes?
—Pero eso no prueba mi teoría… —dice Peeta sonriente, y vuelve a parecerse a sí mismo.
—Pero sí prueba tu intuición sobre que los secuestros son una especie de ofrenda…
— ¿A un monstruo? —comenta apesadumbrado.
—El que les secuestra ya es un monstruo, pero parece que esto no es casual. Creo que deberíamos investigar algo más sobre la mitología griega ¿no?
Después de varias horas revisando e investigando por internet, intentando evitar Wikipedia, empiezo con el resumen de lo que sabemos, mientras lo apunto en una pizarra, haciendo un croquis.
—Minos, hijo de Zeus y Europa, pidió ayuda a Poseidón para que le ayudara a convertirse en rey de Cnossos, la actual Creta. Poseidón hizo salir un toro blanco del mar con la promesa por parte de Minos de que lo sacrificaría después en su honor. Pero Minos decidió que el toro era demasiado preciado para el sacrificio y cogiendo otro toro de su manada, sacrificó a este último. Sin embargo el engaño no pasó desapercibido para el Dios del mar que entró en cólera y para vengarse inspiró en la mujer de Minos, Pasífae, un deseo carnal hacia el toro.
Para consumar su unión con el toro blanco, Pasífae pidió a Dédalo que la ayudara a construir una vaca. Fruto de la unión del toro y Pasífae nació una criatura, medio toro medio hombre. Minos horrorizado con ello castigó a Dédalo a construir un laberinto en el que esconder a la bestia, que exigía de sacrificios humanos para alimentarse.
Tras la derrota de Atenas ante Creta, Minos decretó que cada año siete jóvenes y siete doncellas se entregaran al Minotauro como tributos.
Uno de esos tributos fue Teseo, hijo del Rey de Atenas. Sin embargo Teseo consiguió matar a Asterión con una espada mágica y escapar del laberinto siguiendo un ovillo que tenía.
Estos regalos los consiguió de una de las hijas de Minos, Ariadne, que estaba locamente enamorada de él, sin embargo Ariadne fue abandonada por Teseo, según algunas versiones en Naxos y se casó con Fedra, su hermana pequeña. —Acabo poniendo los ojos en blanco como si me esperara este final.
—Hay otras versiones, sin embargo —continúa Peeta— que dicen que Ariadne se quedó dormida en Naxos, con intervención de los dioses, para que se casara con Dionisio.
Es cierto lo que dice Peeta, pero sigo pensando que la primera versión es más "real", si algo puede ser real dentro de la mitología.
—En cualquier caso —añado rápidamente para cambiar de tema —no sabemos por qué son doce parejas de tributos, asumiendo que son doce porque es lo máximo que hemos encontrado hasta ahora.
—No es tan raro, si lo piensas. Tanto el siete, como el doce son números mágicos o perfectos. El número doce tiene muchos significados simbólicos: doce meses del año, doce símbolos del zodíaco, perfecta división del cielo, doce horas nocturnas y doce horas diurnas y hay doce dioses griegos principales…
—Y doce son los trabajos que tuvo que realizar Hércules, en el último de ellos salvó a Teseo de Hades… —susurró mientras me giró a mirar por una de las ventanas. Me debato si contarle a Peeta mi sospecha, pero si hemos llegado hasta aquí es por su teoría, así que continúo— ¿Sabes? no es más que una corazonada, y posiblemente no esté relacionado, pero cuando estuvimos interrogando a Snow por la desaparición de los Lyuden, estuvimos en su despacho y parecía el decorado de una película clásica griega: estatuas, ánforas, esculturas e incluso su biblioteca estaba repleta de clásicos.
—Eso solo demuestra que tiene gusto por las antigüedades —dice Peeta sonriendo maliciosamente.
—Sí, pero estuvimos hablando de los doce trabajos de Hércules. ¿No es demasiada casualidad? —Pregunto mientras observo que él también empieza a dudar—Es cierto que no encontramos nada concluyente.
— ¿Sabes? Conozco a Snow, de pasada. Estamos juntos en una junta benéfica.
-¿Y?
—Me resulta extraño pensar que una persona comprometida con los menos favorecidos pueda ser un psicópata… aunque, por otro lado creo que sé que la gente no siempre es lo que parece. Un claro ejemplo es mi madre.

Pues yo no lo tengo tan claro, pienso, tu madre parecía una bruja y es una bruja. Pero por dos razones evito comentarlo. La primera es que, pese a todo, es la madre de Peeta y yo no soy nadie para meterme con ella. Y la segunda es que ese pensamiento no ayuda a mi argumento de que Snow tiene algo raro.

— ¿Ya habéis mirado si tiene Capitol alguna relación con los otros casos?
—Lo cierto es que no —respondo mientras me tiro en el sofá agotada— Le pediré a Beetee que lo investigue a ver si encuentra algo.
—Ey, creo que me ha entrado hambre ¿Por qué no seguimos pensando en lo que pueden indicar los números en la cocina? O mejor, ¿te apetece que cojamos una hamburguesa en el mejor sitio de Nueva York? Luego podemos pasarnos por la oficina y hablar con Beetee
—Mellark, tú sí que sabes lo que necesita una chica —respondo asistiendo en tono burlón.
Peeta me da la mano para levantarme del sofá pero con tanta fuerza que acabo cayendo entre sus brazos, mis manos sobre su pecho. Él pasa su brazo por mi cintura y me atrae hacia él.
—Katniss —susurra mientras siento que me derrito junto a él— no lo que cualquier chica necesita, lo que tú necesitas.
Me mira fijamente y frota su nariz contra la mía. El contacto hace que cierre los ojos y entreabra la boca esperando sus labios, pero…
— ¡Vámonos! —grita mientras da un salto y se dirige a la puerta mirándome con picardía— Las damas primero…
Y hace un gesto con la mano para indicarme que pase. Me cuesta unos segundos, los que necesito para recuperarme de la impresión de mi "no beso", para darme cuenta que sabe muy bien lo que está haciendo. Pero lejos de enfadarme por su juego, comienzo a reírme… y él se me une.
Llegamos a Donovan's en Queens y cogemos unas hamburguesas especiales, sin olvidarnos una para Beetee, que lleva, casi de guardia continúa, desde que empezó el caso.
En el taxi, ya que Peeta sigue sin poder conducir y con las muletas al menos durante unos días más, empezamos a comentar que pueden significar los números.
—Generalmente los números podrían significar cualquier cosa, desde orden de los secuestros a orden de cómo encontraremos los cadáveres. Pueden tener un significado geográfico de dónde se les ha secuestrado, o de dónde aparecerán. Pero por desgracia, puede significar cualquier cosa que pase por la cabeza de ese psicópata — digo abatida. — Es muy difícil comprobar una de estas teorías.
—Entonces, igual, deberíamos empezar por lo que sea más fácil de descartar ¿no? — replica Peeta.
—Por ejemplo, el significado geográfico… —confirmo con una sonrisa.
Cuando le contamos todos nuestros "avances", por llamarlo de alguna forma a Beete, no sabe si somos unos genios o si se nos ha ido la cabeza. Por mi parte puedo decir, aunque jamás en voz alta, que sí se me ha ido un poco la cabeza: del caso, de mis principios de vida, de Gale… y que la culpa de esta distracción es de un cierto rubio de sonrisa radiante.
Ahora mismo no me incomoda ese pensamiento, sino que me llena de un calor que me hace sentir ligera y despreocupada de mi misma… Aunque sé que en algún momento la Katniss que siente que se ha de enfrentar al mundo sola porque es menos peligroso volverá. Pero hoy no, pienso, hoy no.
Peeta está sentado junto a Beete, mirando el ordenador de forma concentrada, mientras introducen parámetros para la búsqueda.
—Primero el ordenador nos va mostrar dónde se han producido las desapariciones de los siete niños, por orden: Bronx, Manhattan, Suffolk y Mayfield —comenta Beete, mientras aparecen los puntos rojos que indican los lugares de las desapariciones— ¿Cómo lo queréis acotar?
—Al estado de Nueva York —digo convencida— Por ahora solo se han producido en este estado.
—Está bien, lo limitamos al estado de Nueva York. Primero pondré que nos haga una búsqueda geógrafica.
En la pantalla del ordenador, vemos cómo se dibujan ocho regiones.
—¿Por qué ocho, Beetee? —Pregunta Peeta —según nuestra teoría deberían de ser doce.
—Bueno, nos está indicando las ocho regiones en las que se divide este estado: Las llanuras del Atlántico, las llanuras Hudson, los montes Adirondack, las sierras Tug, las llanuras de los grandes lagos, las llanuras de San Lorenzo, la meseta de los Apalache y la meseta de Nueva Inglaterra que es donde se localiza la ciudad de Nueva York…
—Eso hace que sean dos desapariciones en las llanuras del Atlántico, una en los montes Adirondack y cuatro en Nueva Inglaterra. Creo que podemos descartar el factor geográfico—dice Peeta decepcionado mientras se pasa la mano por el cabello estirándolo hacia atrás. Es un gesto que hace cuando está inquieto o nervioso—. No tiene ningún sentido.
—No — digo pensando algo de repente. Algo que posiblemente sea una tontería como todo lo que llevamos pensando durante el día de hoy… pero, no perdemos nada—. ¿Podrías probar a que te dividiera geográficamente en doce zonas, teniendo en cuenta que cada zona ha de ser una o dos desapariciones?
—Sí, claro. Es sencillo — dice mientras introduce la nueva condición de búsqueda en el sistema— Voilà.
Y en ese momento aparece el mapa dividido en doce regiones.
—Parece que hemos encontrado un patrón…—exclama Peeta sorprendido, como si no se lo creyera.
Porque lo que nos muestra la pantalla, son ocho regiones geográficas sí. Pero una de ellas, está dividida en cinco distritos.
—Las llanuras del Atlántico, las llanuras Hudson, los montes Adirondack, las sierras Tug, las llanuras de los grandes lagos, las llanuras de San Lorenzo, la meseta de los Apalache y… El Bronx, Queens, Manhattan, Brooklyn y Staten Island. Doce.
En ese momento, suenan todos nuestros teléfonos con alertas. Hay cuatro desapariciones más, así que podremos comprobar nuestra teoría en pocos minutos.
Nos acercamos a la sala de reuniones. Nos sorprende comprobar que prácticamente, en pocos minutos todos los miembros del equipo estamos allí ya.
— ¿No tenéis ninguna casa? —dice Haymitch con sorna aunque le delata una nota de orgullo.
—Haymitch —pregunto— ¿Dónde se han producido las desapariciones?
—Bueno, lo que os voy a contar rompe un poco nuestro esquema. Aunque con el secuestro solo de la niña en las Adirondack, ya podíamos haberlo sospechado. Han secuestrado a tres adolescentes, dos chicas y un chico todos de diecisiete años en Queens. Y a otro chico de catorce en Brooklyn.
—Bueno —dice Beetee mirándonos alternativamente a Peeta y a mí—Es cierto, que cambia el patrón de las parejas pero el patrón geógrafico sigue estando intacto.
— ¿Patrón geográfico? —pregunta Boggs interesado.
Por segunda vez hoy, pero ahora con la ayuda de Beetee, explicamos no solo el tema de las parejas de tributos, y las doce zonas, en las que según creemos se producirán los próximos movimientos de nuestro sujeto.
—Ostras, realmente estabais muy aburridos hoy — bromea Finnick — es una teoría un poco rebuscada ¿no creéis?
—Al menos, es una teoría —nos defiende Haymitch—algo más de lo que he escuchado del resto de vosotros desde que esto empezó.
—Antes de desecharla, podríamos comprobar otros patrones. Sólo habéis tenido en cuenta dónde se han producido las desapariciones ¿verdad? —Asiento con la cabeza, mientras Madge contnúa— ¿Por qué no miramos otros patrones?
—¿Cómo cuáles? — pregunto, aunque creo que sé dónde quiere llegar.
—Pues: dónde viven, o dónde nacieron, o a qué escuela van,…
Beetee se pone a teclear rápidamente los nuevos datos.
—Hmm, definitivamente no es dónde viven tampoco…pero ¡Fijaos! —dice señalando la pantalla con una amplia sonrisa.
—Es dónde nacieron… —dice Peeta.
Toda la sala se queda en silencio, pero es un silencio cargado de sonrisas y de la importancia del momento. Por fin, después de semanas sin pistas, sin nada a los que agarrarnos, sin más que decepciones, tenemos algo.
Sabemos dónde se producirán los próximos secuestros, si no conseguimos pararlos antes, sabemos cuándo acabará aunque no cómo. Y también sabemos que…
—No es al azar— digo, confirmando las sospechas de todos —si rapta a estos menores de acuerdo a su lugar de nacimiento, no puede ser al azar. Ha de haber un nexo común.
Peeta me mira porque entiende a qué me estoy refiriendo, o mejor dicho a quién. Pero aún no estoy preparada para lanzar una acusación sobre uno de los hombres más importantes de esta ciudad sin ningún tipo de pruebas. Aunque pienso hacer una pequeña investigación por mi cuenta,…
Boggs nos pone en dos equipos para que cubramos las dos desapariciones. Cuando nos levantamos para irnos, noto como Peeta tiene problemas para hacerlo incluso con la muleta, pero no soy la única que se da cuenta.
—Mellark, tú a casa. Necesitas cuidarte esa pierna, y no nos ayudarás nada sobre el terreno—dice Haymitch con una voz que no admite dudas sobre lo que ha dicho—. Por hoy, ya te has ganado el sueldo chico.
—Eres consciente de que el FBI no me paga ¿verdad Haymitch? —Dice con tono jocoso, aunque mira agradecido a Haymitch —Está bien, me iré a casa.
Mientras todo el mundo sale de la sala, me quedo un momento más solo para decirle.
—Te veo luego…
—Por supuesto —y me coge la mano para apretármela.
Sin embargo, la realidad es que apenas vuelvo a ver a Peeta durante la semana y media que sigue. A los últimos secuestros se añaden los de otras parejas de tributos. Así es cómo hemos decidirlos llamarles, en honor a la teoría de los doce distritos. Esta vez en las sierras Tug, las llanuras del Hudson y en las de los grandes lagos…
Parece que los acontecimientos se están acelerando, y si nuestros sujetos siguen a este ritmo y no conseguimos detenerles antes, acabará en una semana. Sólo quedan otros tres distritos.
Pese a no haber visto a Peeta prácticamente en los últimos diez días, debido a los viajes fuera de Nueva York y a que él ya ha empezado de nuevo a trabajar en el hospital, hemos estado en contacto: alguna llamada, muchos whatsapp e incluso alguna noche en la que se ha deslizado en mi habitación para tumbarse conmigo y mecerme entre sus brazos.
Esta mañana, no es distinta en principio. Me despierto en su apartamento y estiro el brazo para comprobar si está a mi lado, pero solo encuentro una almohada vacía y las sábanas frías. Sin embargo puedo todavía oler su aroma y sé que en algún momento de esta noche ha estado conmigo.
Me desperezo con una sonrisa que parece eterna en mi cara cuando puedo sentir a Peeta a mi lado. Es increíble lo que el chico del pan consigue solo con su presencia a mí. Y es algo que no deja de ser un poco perturbador.
Cuando abro los ojos, veo que hay un sobre encima de la almohada. Lo cojo, algo temerosa, pero emocionada a la vez.
Lo abro y veo que es una invitación para un baile. Para una gala benéfica que tendrá lugar en un par días. También lleva adjunta una nota.
"Katniss, querría habértelo dado en persona, pero dormías tan apaciblemente que no he querido despertarte…y no sé si podré verte hoy. El próximo viernes he de asistir a un evento y me gustaría que me acompañaras. ¿Querrás venir conmigo como mi cita?
Un beso,
Peeta".
Ni siquiera he terminado de leer la nota cuando mi cabeza empieza a trabajar con todos sus engranajes, haciendo que me sienta frenética y poniendo impedimentos a asistir con él, aunque sé que lo estoy deseando.
No tengo vestido, pienso, y aunque tuviera puede ser que tenga que trabajar esa noche. ¿Y una cita? De verdad, ¿Estás preparada para tener una cita con Peeta Mellark?
En ese momento, suena mi teléfono y veo que entra un correo electrónico de Peeta.
"Supongo que ya estarás despierta y alucinando con el sobre. Pero deja que te diga un par de cosas: El vestido ya está encargado, Prim se ocupó de eso. Y Haymitch me ha asegurado que, a no ser que se acabe el mundo, el viernes no tienes guardia de noche.
Así que pregúntate esto, en vez de todo lo que esté pasando en tu cabeza: ¿Por qué no?"
Empiezo a reír cuando termino de leerlo. Porque el "timming" y el contenido del mail han sido tan perfectos, que parecía que estuviera dentro de mi cabeza. Pero ha conseguida para toda la ansiedad de esta mañana. Y sin analizarlo más, decido que por una vez, no sea mi cabeza la que ponga las limitaciones.
Cuando le doy al botón de enviar el email que he escrito en respuesta al suyo, me tiro de golpe en la cama sobre mi espalda sintiéndome más valiente y feliz que en mucho tiempo. Puedo imaginar la expresión de Peeta cuando lo lea. No me resulta difícil imaginar esa sonrisa suya, que hace que mi mundo cambie de arriba abajo, mientras lea mi escueto "Hecho Mellark. Tenemos una cita".
Ahora, lo mejor será que me levante y me dirija a la oficina. No sin antes llamar a Prim para saber exactamente qué vestido pretende que me ponga.


Hola de nuevo, siento el retraso pero sigo trabajando en la historia y ya tengo dos capítulos más terminados, así que espero no tardar tanto para la siguiente actualización, que como podéis adivinar va a resultar muy muy Everlark e interesante.

Gracias por seguir con esta historia. Espero vuestros reviews para ver sí os ha gustado el capítulo y como esta evolucionando la historia... Por fin parece que el FBI ( y Katniss y Peeta en otro plano) van avanzando algo!