Quiero ser escritora
8º
Déjame conocerte
Son las doce horas y treinta minutos de la tarde. Es miércoles. Los empleados habían salido a tomar su descanso o todos están en la cocina. Nunca he visto el establecimiento tan vacío. Desde el exterior me fijé (la pared frontal, que conformaba la fachada, era hecha de vidrio). Clay era el único que trabajaba, estaba limpiando las mesas. No me extraña, siempre fue un muchacho trabajador. Pueden estar seguros que si el jefe preguntó, sin dudar, levantó la mano. Se me encoge el estómago. Debo admitirlo, si Keiko debía elegir a alguien de esta ciudad para enamorarse, me alegro que haya escogido un hombre bueno. Pero me cuesta imaginar la dupla Clay-Keiko. Dada las relaciones fugases e intensas de Keiko, no quisiera que se le rompiera el corazón ¡y todo fue por mi culpa porque por mí es que se conocieron! Sí, sé que él es mayor de edad y puede caerse y levantarse las veces que quiera y que Clay no sería el primer ni el último hombre en el mundo en aguantar una ruptura; asimismo estoy consciente que existen un gran número de hombres que han podido atravesar esa fase. No sé si podré quitarme este remordimiento si eso llegara a pasar.
No pude acercarme anteriores días puesto que estuve atareada; los quehaceres del hogar, los perros y Omi me acaparan. Hoy me desocupé. Sea lo que sea, ya te comprometiste. Suspiré hondo y entré. Esto sí que es divertido, Clay conversaba con un mimo o él trataba de hablar con un mimo. El mimo ensayaba sus trucos frente a Clay haciéndose de cuenta que resistía contra una tempestad. ¿Soy yo quién lo está imaginando? Su rostro era ensombrecido por el agotamiento. Vaya, Clay era conocido por su legendaria paciencia porque era eso mismo.
-Oye, amigo –dijo entre pausas- te lo repetiré otra vez: tu trabajo es fantástico, es ingenioso, me hiciste reír, pero ya está bueno ¿sí? En este local no se acepta a otros personajes que no sean vaqueros. Nuestro negocio es la comida, no el entretenimiento. Lo siento mucho, pero tendrás que mostrarle lo que haces a otro establecimiento –el mimo no le prestó atención, él estaba sumergido en su mundo imaginario. Ahora piensa que es jugador de golf... sí, es eso, está sosteniendo un palo invisible y le pegó a algo. Lo más seguro que a una pelota porque parece que quiere ver que tan lejos llegó. Clay se armó de paciencia y volvió a insistir- mira si por una vez dejaras de jugar y me escucharas harías las cosas fáciles, me rehúso ponerme grosero, pero aquí no queremos a mimos –afirmó él con aplomo-, y en cuestión de minutos volveremos a reabrir así que te suplico que te retires. Por favor.
El mimo está jugando a que es un vaquero, está haciendo redes con una soga invisible. Clay se dio un golpe en la frente, impaciente, y tratando de no perder la amabilidad, lo tomó por atrás y empujó suavemente hasta la salida. Le abrió la puerta y lo sacó. El mimo no opuso resistencia y le siguió la corriente. Apenas salieron. Cerró la puerta. Aliviado, secó el sudor de la frente con la pañoleta azul que colgaba en su cuello. El intruso no trató de regresar, se perdió de vista haciendo sus monadas. Crucé los brazos bajo el pecho y reí entre dientes.
-Que alguien me pellizque y me diga si estoy soñando porque creo que acabo de ver a Clay perder los estribos por primera vez en su vida.
-¿Qué? ¿eso? –señaló con el pulgar hacia atrás- ¡nah! He soportado peores, es nada más que me desagradan los mimos. Esta mañana se apareció por el local perturbando a la clientela y tratamos sacarlo por las buenas, pero comprobaste por ti misma que él por sí solo no saldría y todavía después del receso nuestro amigo mimo seguía aquí, yo era el único que no quería llamar a la policía. Como nadie quería dirigirle la palabra, me ofrecí de voluntario –me dijo dedicándose a absterger una mesa.
-¿Te desagradan los mimos? Yo pensé que no existía nada en la Tierra que te desabriera ya que tú eres el chico que no puede mirar la maldad que hay en otros.
-Eh, lo que quise decir en realidad es que todos nosotros tenemos algo de bondad.
-¿Hasta Omi?
-Hasta Omi, sí, podrá descolocarme la cabeza varias veces, pero nunca me expresaré mal de él. Es un niño, y en los corazones de esos pequeños no habitan sentimientos podridos como en los que podría haber en un adulto. ¡Demonios! Disculpa mi vocabulario, otra vez dejaron chicle bajo de la mesa. Detesto también eso –se hincó para raspar debajo usando una pala- ¿y qué estás haciendo por aquí, compañera?
-Estoy aquí por mí almuerzo –mentí-, Kei y yo habíamos acordado almorzar juntas, pero le surgió un compromiso y canceló a último momento. Cuando me notificó estaba por llegar y decidí que voy a esperar, ya que luego me corresponde buscar a Omi. Si te acordarás de mi amiga, Kei, estuvo conmigo la otra vez...
-Sí –asintió- me acuerdo que su pelo era corto.
-Kei es mi mejor amiga, nos conocimos en la secundaria. Había una profesora muy estricta que impartía clases de química y desde el primer día nos dijo que las prácticas se realizarán a dúo, escogida por ella, mediante los resultados de una evaluación diagnóstica y un test de compatibilidad que aplicó ese día. Kei fue mi pareja, hasta el momento yo no sabía mucho acerca de ella, salvo que la solían regañar en ocasiones porque la pescaban maquillándose en clases. Al principio nos tratábamos como simples compañeras, empero cuando descubrió que usábamos el mismo labial y un incidente en que su pelo se tiñó de rosa una temporada, desde entonces somos como hermanas.
-¿Secundaria? Casi siempre las amistades en el liceo se pierden, la de ustedes es un caso de un millón. Tú eres excelente en química, así que ella también debe de serlo ¿no?
-Sí, Kei es muy inteligente e ingeniosa, trazó un método para aprenderse la tabla periódica usando las iniciales de marcas de moda y maquillaje, nombres, actores y princesas.
-Vaya, sí que es ingenioso. No se me hubiera ocurrido nunca, a mí me costaba estudiar esa materia (mi memoria es pésima) –suspiró- qué lástima que ustedes no estudiaban conmigo cuando iba a la secundaria.
-La química era una de sus materias que mejor se le daba, pero no te preocupes, Kei no era tan buena en inglés como tú. A lo mejor, si se ponen de acuerdo, te podría enseñar química y tú le darías clases de inglés, aún no es tarde para aprender ¿a qué no es buena idea? –él se echó a reír suavemente, pude notar como sus mejillas se incendiaban de color rojo- es raro, siempre aposté que estudiaría química en la universidad y en vez de eso, escogió educación. Tampoco se le da mal porque es paciente, atenta, dulce, ama a los niños y a su profesión.
-¡Oh, eso es muy importante! –añadió- la educación no es fácil.
-Eso sin mencionar las maravillas que hace con las manos.
Bien, he mencionado algunas de las virtudes de Kei a nuestro Romeo que se supone atraería un buen concepto de ella. Pero todavía no sé lo que él piensa sobre ella y además que sería una excelente idea si ambos se volvieran acercar. Ya saben, compartir. Por otra parte, debo variar el tema para que la conversación gire en torno a Kei porque llamaría la atención.
-También quería ser la primera en comentarte la gran noticia...
Me tendí en una silla y le comenté mi plática con el Sr. Fung y mi decisión de participar en ese concurso de escritores. Él fingió asombrarse pues la verdad estaba consciente que adoro los libros y tengo una inclinación por la literatura, ya era tiempo de que despertara mi vena artística (¡oigan! Yo no lo dije, fue él). Tomar parte en este concurso sería un comienzo y si llegase a ganar, algo que no dudaba, era una catapulta al éxito; en otras palabras, me alentó a entrar. Sabía que algún día lo que leí me valdría para alguna cosa importante. Obviamente preguntó cuál es el sumario de mi novela, en su pregunta imprimió un tono de curiosidad y de interés, fue ahí cuando le pedí que me aconsejara. Fui sincera y le dije que no tenía idea en absoluto de qué podría escribir. No tenía ni el título ni protagonista ni trama. El triángulo vital para el nacimiento de una gran novela. Mi mente estaba en blanco y necesitaba ayuda.
A Clay le gusta leer, para él es un pasatiempo celestial (no como yo, para mí es una pasión, quizás por eso discierne la diferencia entre nosotros de por qué si era más probable que yo me metiera a escribir historias que él) y lo sé porque me ha dicho que leyó todos los libros de la biblioteca de sus padres. En un tiempo me pedía prestado mis libros. Dejó de hacerlo porque el trabajo y la familia lo absorben. Podemos decir que Clay "sabe" de estas cosas. Él se tomó sus segundos para pensar. Había sacado mi pluma rosa y una libreta para apuntar como buena secretaria.
-Bueno, normalmente los escritores basan sus obras en eventos que sucedían a su alrededor o entraron en contacto con dichas circunstancias de forma directa. En la antigua escuela, los escritores se inspiraban en los viajes que los impresionaban, a menudo usaban la narrativa para expresar su posición con respecto a un tema (muy por lo general los acontecimientos que se desarrollaban en su país) y en las historias que se escuchaban por ahí. Con un poco de imaginación, los escritores tomaban eso y lo "exageraba bellamente". Aunque también eso depende de cómo es el escritor, para entender por completo –hizo unas comillas al aire- una obra es necesario adentrarse a conocer la vida personal del autor, la época en que vivía mientras la escribía y con eso me refiero a los aspectos sociales, económicos, políticos y tal vez culturales de la sociedad en que está. Mira a Edgar Allen Poe, sus escritos son de terror y el tipo era un lunático, ¡brillante! Pero no estaba en sus cabales cada vez que escribía.
-Lo que dices tiene mucho sentido –admití- aunque escribir sobre mi postura acerca del país y convertirlo en ficción requiere un nivel de complejidad y un análisis profundo, yo apenas estoy comenzando, no quiero arriesgarme tanto, prefiero comenzar por algo más limitado.
-Muchas veces no nos damos cuenta, sin embargo, los escritores plasman su personalidad en sus trabajos quieran o no. Hasta la forma de describir y narrar nos informa más de lo que uno piensa. Te aconsejo que el título de tu obra sea corto y pegadizo –añadió-, algo que sea fácil de recordar. Y en cuanto a la elección de tu protagonista... no sé como decírtelo, busca a alguien que te parezca interesante e inspírate a través de él o ella. Por ejemplo, Alexander Dumas padre, cuando escribió El conde de Montecristo se inspiró en la vida de un zapatero para crear al personaje principal del conde.
-...alguien interesante –escribí rápidamente en la nota de mi celular. Leí en voz alta los tres consejos y lo guardé, me volví hacia el vaquero- oye, ¿cuál es tu género favorito?
-Uhm, me gustan todos los géneros, no tengo predilectos –dijo pensativo-. Pero si hablamos de que estoy frente a varios libros diferentes y debo comenzar por uno, creo que tomaría el de aventura. No lo sé.
-¡Gracias!
-No hay de qué. Sólo prométeme que apenas acabes el primer capítulo, me lo prestarás para leerlo –sonrió.
-Lo haré –le devolví la sonrisa-, pero también te prometo que tendrás una mención especial en mis agradecimientos. –él se ruborizó, bajó la vista sonriente- por casualidad, ¿a las ocho de la noche de este viernes estás disponible?
-¿Por qué me preguntas eso? –inquirió lentamente.
-Kei y yo acordamos ir al The Buzz Lounge este viernes por la noche y nos gustaría que nos acompañaras –le expliqué. Esa invitación me la acabo de inventar, mis palabras habían salido de mi boca tan espontáneamente que no pude retractarme, ni Keiko ni yo cuadramos nada; no obstante, conozco el horario de Kei y estoy segura que no tiene compromisos este viernes ni me rechazaría la propuesta, no resistirá la idea en lo más mínimo salir de su casa por ir a un centro nocturno y menos si va quién le gusta. Sus ojos rodaban la cuenca de sus órbitas, mi ofrecimiento le quitó las palabras de la boca, el pobre se precipitó con la mesa que acababa de limpiar. Me reí un poco. Se ve tan tierno cuando está nervioso.
-¡Ah! Me hacen una oferta muy generosa de la que debo rechazar. Tengo demasiado trabajo por hacer no sé si me da tiempo...
-¿Qué tienes? –interrumpí- clases no, estamos en vacaciones y el semestre no empieza si no hasta el próximo mes y trabajas en la mañana.
-Sí, es cierto, pero tengo que cubrir trabajo atrasado en el establecimiento y mi padre quiere que lo ayude, los frenos de su auto no andan bien. Además, mis hermanos...
-Clay, no eres la niñera de tus hermanos, Patrick es mayor de edad (dos años menor que tú) y Jessie casi tiene dieciocho, puede cuidarse sola, ¿no dices que los viernes los pasa en casa de una de sus amigas? Y no te preocupes por el coche, puedes llevarlo entre hoy o el jueves y recogerlo temprano. ¿Trabajo atrasado? ¿de qué hablas? Si haces horas extras, se supone que este es tu descanso y estás trabajando –debo obligarlo a venir, esas no son razones si no excusas para no asistir. Si no quiere venir es por su timidez- ¿cuándo fue la última vez que fuiste al cine, a la playa, al parque o a un museo? Dime qué hiciste en tu última reunión de amigos. Apuesto que eso fue hace mucho, ¿no es así? Es admirable lo que haces, pensar en ayudar a otros antes que pensar en ti, son pocas las personas que todavía hacen eso y es una actitud muy noble, pero permites que vaya al extremo…
-No veo cuál es el problema –dijo incómodo-, es mi familia y son mis colegas, cumplo mi papel como el hijo mayor y estoy haciendo mi trabajo.
-Ahí es donde te equivocas, no te dije que debas dejar de hacerlo si no que inviertas algo de tu tiempo en ti porque si no piensas en ti, ¿quién lo hará? Tampoco será el fin del mundo si sales a divertirte una noche, apenas tienes veintidós años, estás en tu derecho de disfrutarlo.
-No lo sé, Kim –replicó guardando los utensilios de limpieza- tal vez es mejor que no vaya, no quiero estorbarles ni arruinar su día, ¿qué haría yo en The Buzz Lounge? –se rió tímido.
-No sabrás si no vas –animé- vamos, será divertido, sólo seremos tres amigos conversando y riendo. Acércate y si te sientes mal, te marchas, ¿qué pierdes con intentarlo? –creo que ya lo convencí. No me objetó y su mirada se clavó en el piso. Podríamos ir o encontrarnos allá, charlaríamos y beberíamos un poco, a continuación me haría la desentendida y me separaría un par de veces para dejar solos a los tórtolos. Es una cita disfrazada de reunión de amigos.
-Bueno... ¿por qué no? Es una reunión entre amigos –sonreí, ¡lo logré!- este... ¡Kim! Quería saber si... ¿podría invitar a alguien?
-Ah –dispénsenme, ahora la sorprendiera era yo. Mi cita se transformó en doble cita- claro. ¡Le comunicaré la noticia a Kei! ¡estará emocionada! –cogí mi bolso y ya me alistaba para salir cuando...
-¡Kim! ¿no era que ibas almorzar aquí?
¡Por supuesto! Qué torpe, se me había olvidado. Tenía que seguir con mi teatro, me puso la silla y tomé asiento. Se fue tras la barra mientras el personal volvía a ocupar sus posiciones. La gente empezó a entrar. ¿Qué más da? Cogí la carta de menú, seleccionando que comería. Me pregunto quién sería el invitado sorpresa de Clay. No le pregunté, parecería importuna. Me imagino que es un hombre, no invitaría a otra mujer a no ser que sea su novia. Y él no tiene. Está demasiado ocupado para una relación. Si hasta se siente incómodo para ir hasta un club nocturno conmigo. ¿Quién podría ser? Aparte de mí, no lo he visto en compañía de otros amigos. Los hombres que rodean a Clay son sus colegas de trabajo y su hermano. Oh-por-Dios, ¿qué he hecho? En la puerta me veo a mí y a Keiko agarradas de la mano con un vaquero, mi pareja es Pecos Bill (un muchacho flacucho y larguirucho, lleno de pecas, nariz grotesca, y pelirrojo) y el club acaba de transformarse en una cantina western.
¡Ay exagero! Clay ni su acompañante se aparecerían vestidos como el lejano oeste, este es el disfraz que les obligan a ponerse, afuera es distinto. Ni siquiera he visto a mi pareja para sacar conclusiones rápidas. No conozco los modales ni la personalidad de los compañeros de Clay. Pero sí a Patrick y no se parece en nada a su hermano. Ellos son el día y la noche. Patrick es inmaduro, ordinario, orgulloso e infantil, lejos de ser caballeroso como Clay. No es el día y presiento que va a ser una larga noche. Dejo de hablar, el camarero viene atender mi orden.
Esto puede parecer increíble, pero Omi no me ha vuelto a causar problemas ni ha intentado jugarme otra travesura. Llegamos al apartamento, comemos y espera impaciente su cuento. Este lunes andaba malhumorado, en el transcurso de la tarde se quejó del castigo impuesto. Pero no me habló de la relación de su madrastra y ya con lo que me refirió su abuelo, no lo quise presionar y dejé que se desahogara. Me contó que jugaba como delantero en el equipo y su número era el 10 (me imagino que es uno de los mejores), sus compañeros se enojaron por qué no asistirá al partido. Sus ojos brillaban cuando me platicaba sus cosas. A los niños les gusta ser atendidos, en vista de que su padre siempre está ausente por razones laborales y su madrastra no lo haría, su abuelo y yo éramos los únicos que él tenía. El martes lo llevé a su entrenamiento y no conversamos tanto como el día anterior.
Pudo arreglar el problema de su mochila, no usó alfileres si no una pañoleta. Omi y yo nos era más cómodo narrar/oír el cuento si nos sentábamos de piernas cruzadas en el piso. En el sofá no era lo mismo pues que no podíamos mirarnos frente a frente. La historia de hoy era continuación de la segunda parte de este martes acerca de las peripecias que vive un niño cuando su extraño profesor de biología le encomienda una tarea chiflada: cuidar un Bonsái. Pronto se dará cuenta que este árbol podría ser la cura para salvar su mundo.
-¡¿Quééééééééé?! ¡¿un árbol sostiene el planeta?! –me interrumpió cuando estaba contando la leyenda de los árboles gemelos.
-Árboles gemelos y sí, uno, porque el otro murió. Y no, ellos viven en un pedazo de tierra, como un pequeño país, que se desprendió hace mucho tiempo y flota suspendido en el cielo –aclaré-, pero ¡oye! No sólo hay que preservar los árboles del cuento, también los nuestros, ya que sin ellos las consecuencias serían tan nefastas como están viviendo los personajes de nuestra historia.
-¡¿SIN LOS ÁRBOLES NOS MORIMOS?! –exclamó.
-En cierta forma, salvo que el hombre no lo sabe o se le ha olvidado, en los últimos tiempos talan y queman los árboles desmesuradamente y no siembran semillas que germinan como nuevos árboles.
-Es una pena que no haya más Guerreros Shaolin, –comentó- les habría dado a esos villanos su debido merecido –se agarró del cuello y tiró- ¡ah! –fingió haber recibido una punzada en el estómago y sacó la lengua. Yo me eché a reír.
¡Ring! ¡ring! Es el sonido del timbre. Alguien está tocando a la puerta. Qué raro, no espero a nadie y todavía es temprano para que Fung busque a su nieto, le ordené a Omi mantenerse quieto mientras iba abrir. Cogí la llave, la pasé por la cerradura y empujé la puerta, no había nadie... de mi altura. Un pequeño tiraba de mi blusa; traía puesta una gorra azul y blanca un poco más grande que su cabeza, alto y delgado, de piel cetrina, usaba una chaqueta de pata de gallo (pasada de moda) de color azul marina, en su cuello cuelga un crucifijo, camiseta blanca y jeans rotos. A su lado lo acompañaba otro chico, cabello castaño, más corto que su amigo, ojos negros, el rostro pálido y demacrado; llevaba un suéter bermellón con capucha y sin cierre, jeans y zapatos deportivos degastados. ¿Esa es la moda de los niños de hoy en día? Observé con preocupación, requieren hacerse una revisión lo más pronto posible.
-Buenas tardes, señorita... ¿Está el chino? –preguntó con una vocecita.
-¿Disculpa?
-¡Jer! ¡aquí estoy! –Omi estaba detrás de mí, ¿no le pedí que no se moviera? Jer y el otro se movieron a donde está su amigo, se saludaron con esos saludos secretos de mano que hacen los chicos. Los tres se hubieran olvidado de mí porque se fueron hablando tranquilos.
-¡Omi! ¿quieres decirme algo?
-¡Ah! Te presento a Jermaine Marsden y a Tiny Sims, estudiamos juntos y son mis amigos. Jer, Tiny, ella es la señorita Kim Tohomiko –me presentó él.
-Omi, sabes que no puedes traer visitas sin mi aprobación –crucé los brazos bajo el pecho.
-¡Lo siento! El error fue mío al no decirte, perdóname esta oportunidad, no se repetirá. No haremos ruido ni jugaremos entre los muebles, nos sentaremos a jugar cartas y eso es todo, ¡anda Kimita de mi corazón! –se arrodilló en el suelo e imploró con ambas manos- ¡no seas malita! ¡anda, por favor, di que sí pueden quedarse! –se arrastró por el suelo, me agarró del ruedo de pantalón y me sacudió- ¡te invitaré a un helado! ¡te limpiaré los platos! ¡lo que me pidas, pero déjalos quedarse! ¡¿sí?!
-Sólo a las cartas –suspiré. Omi brincó de la felicidad- y mañana tú limpias tu plato. ¿Tengo tu palabra?
-¡Palabra de monje! –dijo con la mano derecha al corazón y la izquierda elevándola.
Él y sus amigos se fueron corriendo a la mesa. Como prometieron, se pusieron a jugar a las cartas. No sé a que estaban jugando, era un juego en el que ambos se retaban a duelos pues que era la palabra que ellos solían repetir: Te reto a un duelo, mi no sé qué contra tu como quiere que se llame. Se "lanzaban unos monstruos", respondían a los ataques amplificando los poderes o anulando las estrategias del enemigo. Eso tiene sentido. Uno pensaría que es algo producto de lo que vieron en una serie infantil. Pero luego hablaban sobre duplicar o triplicar las semanas y un pocotón de cosas de la escuela que no sé cuál es la relación con el juego. Fui a llevarles jugos y me quedé mirándolos jugar. Omi levantó la vista, percibiendo que estaba aquí.
-¿Te importa? Estas son cosas de hombres.
-¡No, sí! Ya veo, no les molestaré más si me dicen que es a lo que juegan.
-¿Qué no es obvio? Estamos apostando, y no, no puedes unírtenos –contestó Omi.
-¡¿Apostar?! ¡¿qué es eso?! Ustedes son muy jóvenes para apostar ¡¿cómo se les ocurre?! – le repliqué. Omi me chitó poniendo una carta en el campo, Jermaine se detuvo a analizar su siguiente jugada- no pueden sacarle dinero a sus padres para perderlo en un juego de azar.
-No apostamos dinero ¿cómo crees? No somos tan usureros para robar, no nos subestimes porque somos niños, sabemos lo que hacemos. Apostamos tareas de la escuela. El perdedor hace la tarea del otro.
-No hemos apostado nada material –agregó Jermaine-, excepto aquella vez que apostamos un dinosaurio de juguete que encontramos en el ático de Tiny.
-Unas veces gano yo, algunas ganas Jer y otras gana Omi. Es equitativo.
-¡¿Ves?! Te angustias demasiado. Estaremos bien, puedes irte a descansar querida –añadió.
-¿Y por qué en vez de repartirse sus tareas en juegos al azar no aprovechan ese espacio para hacerlas juntos? –insistí. Ignorando que me llamó "querida".
-Lo intentamos una vez y no funcionó –contestó Jermaine- todos nos reunimos en mi casa y en vez de hacerla nos pusimos a conversar de otras cosas, es mejor que estemos solos para evitar distraernos. Te toca jugar Omi, mi carta aumenta el poder de mi monstruo 40 puntos.
-No cantes victoria, ésta anula los poderes superiores a 120 puntos. Con esto, yo me declaro vencedor de esta partida, caballeros.
-Está bien, los dejaré tranquilos. Estaré por aquí si ustedes me necesitan, pero les advierto que esa no es la mejor manera para la formación de un futuro profesional. Ustedes mismos son los que se perjudican.
Fui a mi cuarto un momento a buscar mi IPod y mis audífonos. Ya había fregado los platos y he dejado para última hora la limpieza general del apartamento pero para eso prefiero que no estén los niños presentes. No quiero calarme reclamos de que "soy alérgico al polvo". Y en honor a la verdad debo andarme con cuidado de esos niños. Hasta el presente, Jermaine y Tiny se han comportado civilizadamente. Sin hacerme mucha idea puedo imaginar qué es lo que se necesita para ser amigos de Omi.
-Pues yo me voy a dedicar al arte, ¿de qué le serviría a un artista matemáticas o ciencias?... Cuando sea grande me compraré un estudio para pintar todas mis obras y luego las montaré en una exposición –comentó Tiny después de reflexionar sobre lo que dije.
-Dímelo a mí, los jugadores de basquetbol todavía menos.
-Yo... –el tercer niño se encaramó a la mesa, los otros dejaron de mirar su baraja y alzaron la vista- ¡me convertiré en un valiente Guerrero Shaolin! –se paró con la clásica postura del Kung Fu de las Mantis Religiosa del Norte; separando ambas piernas, inclinó las rodillas, sus manos encorvadas simulaban las tenazas, realizó unos movimientos y volvió a quedarse de pie- si no incursionaré en el territorio de la política.
-Omi bájate de la mesa –le ordené.
No se lo tuve que ordenar dos veces, el niño dio un gran salto, rodeó la mesa y se sentó en su sitio. Era su turno de echar sus cartas. No tenía remota idea de que a él le simpatizara la política, siempre habla de lo orgulloso que está por descender de una generación de audaces Monjes Shaolin que participaron en feroces batallas y es normal su primera declaración, es lo mismo cuando un niño sueña convertirse en súper héroe. Líbranos señor de los corruptos.
-¿Y tú, Kim, qué eres?
-¿Hablas de mi profesión? –pregunté echándome sobre el sofá, el niño asintió. Sus amigos se volvieron a verme, pronto era el blanco interesante- bueno, al igual que ustedes, todavía estudiando para ejercer como ingeniera de software. Son los encargados de analizar, diseñar o instrumentar sistemas de información –me apresuré a decir; ellos pusieron una mueca, no les queda claro el concepto de ingeniero de software y continué- usan técnicas y disciplinas afines a los sistemas de información, tales como aspectos administrativos, organizacionales, estadísticos y control de proyecto –Omi y su séquito alzaron una ceja- soluciono problemas usando la computadora.
-¡Ahhhhhh! –dijeron al unísono.
-O sea, ¿te la pasas estudiando el santo día para luego sentarte frente a una computadora las veinticuatro horas? Para eso obvia los estudios y comienza a trabajar de una vez.
-No es tan fácil como crees Omi, requiere una especialización –le expliqué.
-¿Y por qué estudias eso? –intervino Tiny.
-Porque es en lo que me destaco, además mi padre me aseguró que si cursaba la carrera me aseguraba un puesto en su empresa.
-¿Sólo por eso? ¿no era que querías ser independiente?... –dijo Omi- perdona que te lo diga, pero tu trabajo suena aburridísimo. No, no, no, tú no tienes cara de ser ingeniera, eres más... yo pienso que deberías trabajar como "cuentacuentos". O eso es donde yo te colocaría.
-Siento romper tu burbuja, pero no se acepta cuentacuentos como empleo ni puedo adquirir un beneficio lucrativo. En todo caso, la única manera de vender mis creaciones literarias es siendo escritora –repliqué- o estudie literatura.
-Entonces bien, conviértete en eso. Harás felices a muchas personas con tu talento –dijo.
Sacudí la cabeza. ¿Por qué me quedé callada cuando Omi dijo todas esas cosas? Mi carrera no es aburrida; sólo porque trabaje en la empresa de papá no significa que soy dependiente, de todas formas no iba a trabajar gratis. Aunque claro, eso lo habíamos conversado cuando ni se me cruzaba por la cabeza la idea de mudarme. No sé si la propuesta sigue en pie luego de la discusión. De acuerdo, lo confieso, que esto quede aquí entre nos y no se lo digan a él. Escogí la carrera porque me estaba quedando sin opciones, no sabía que estudiar y mi padre me aconsejó tomarlo, su actual empleado ya estaba en condiciones de jubilarse y antes que culminara el último semestre estaría trabajando y ganando dinero; entonces lo hice. No me juzguen. Me gusta mucho la computación y entrar en el negocio de los videojuegos no está tan mal, juego con ellos de vez en cuando. Sí soy un completo desastre hasta para planificar mi plan de vida. ¡Quiten esa mirada ahora mismo! ¡les recuerdo que estoy escribiendo por el dinero!... si bien fue decisión mía y me gustó... eso me recuerda que...
Saqué la libreta de mi bolso y revisé los tips que Clay me dio esta mañana:
1º: Escribir sobre los acontecimientos que te rodean.
2º: Título corto, pegajoso y fácil de recordar.
3º: Escribe sobre alguien que te parezca interesante...
Si escribo acerca de una persona real, escribiría de lo que le sucedería y de ahí me inspiraría para inventar el título. ¿De quién escribiría? La respuesta estaba frente a mis ojos, ¿cómo es que no lo vi antes? Un rayo de luz descendió encima del niño que usaba banda en la cabeza. ¿Y por qué no? Su vida es interesante ¿no les parece?, es un niño pobre que ha aprendido a defenderse por sí solo y su mayor sueño en la vida es alcanzar el grado de ser un Guerrero Shaolin. Es una trama novedosa y un poco nostálgica, pero promete una gran aventura. Con un poco de imaginación la convertiré en una novela genial. Y esto de los duelos me ha dado una idea. Antes de escribir en la computadora, anotaré todo o si no se me olvidará. Volví a sentarme y cuando encendí el IPod un estridente heavy metal estaba dejándome sorda.
-¡OMI!
-¡¿Qué?! ¿no te gusta el metal? ¡Deberías!... –repuso, le hice una seña- ya voy. Ya voy.
Omi eliminó la música metal de mi IPod y volvió con sus amigos. ¿Cuándo lo había hecho? Debe ser hace poco. Ni aún con las historias deja las travesuras. Mientras ellos jugaban, yo me puse a escribir el borrador del primer capítulo. Anoté las ideas principales y otras que tal vez podría implantar en el resto del camino. Hice una descripción física y psicológica de mi personaje principal. Entre tanto el pequeño Guerrero Shaolin ganó en todas las partidos. Jermaine y Tiny se despidieron antes de las cinco de la tarde. Tenían mucha tarea por hacer y querían comenzarla. No son tan perezosos como Omi, él plácidamente fue a la despensa y cogió una manzana de mi cesto. Iba saliendo de la cocina cuando se encontró conmigo.
-¿Ahora qué hice?
-Ni siquiera te pregunté eso, ¿ves cómo están tan equivocado? Eso es tu consciencia –reí, él puso una mueca-. Nada más quería felicitarte porque ganaste en todas las partidas, ¿cómo le hiciste? Ni yo podría.
-¡Un Guerrero Shaolin JAMÁS revela sus secretos! –hizo un movimiento, de sus mangas se escaparon varias cartas escondidas. Él miró a su alrededor, pero no dijo nada.
-Hiciste trampa –él negó con la cabeza- ¡claro que sí! Ahí en el piso está la prueba.
-Alguien las plantó ahí. Estás muy histérica estos días, actúas como si fueras mi esposa. Te recomiendo que tomes un baño de burbujas, son divertidos y a la vez alivian el estrés.
Me asedió y le metió una mordida grande a la manzana, ¿así que por eso me llamó querida? ¡Ay niños! Después de este episodio me convencí que hice bien en escoger a Omi como mi protagonista. Claro, el héroe de mi historia no sería igual a él, al menos en los detalles pues me gustaría que tuviera su perspicacia y su falta de recato. Le gustará a los lectores. Eso sí, te sería un chico bueno. Quiero que Omi vea en él un modelo a seguir y aprenda los rasgos positivos. No dormí ese miércoles. Lo intenté, pero apenas me acosté en la cama mi cerebro no pensó en otra cosa que no fuera en la novela. Mi mente operaba nuevas ideas, estaba tan ansiosa por verlas plasmadas que me obligué a salir de la cama y me senté a escribirlas en la computadora. Estuve tecleando, borrando, pensando, reescribiendo y otra vez pensando.
El sueño empezó a reclamarme en un intermedio de las tres y cuarto de la madrugada. Pero yo no quería dormirme y preparé café. El jueves apenas dormí unas pocas horas después de desayunar, como a Omi le tocaba entrenamiento tuve más oportunidad de estar a solas con el ordenador. No me gusta que me espíen mientras estoy a la mitad de un proceso creativo.
Durante estos tres días estuve nada más pendiente de mi novela, que me olvidé de la doble cita. No se preocupen, Kei llamó el jueves por la tarde y me preguntó qué había pasado con Clay, qué averigüé. No mucho, le comenté que lo había invitado a una reunión con nosotras en The Buzz Lounge y que me inventaría una excusa para no asistir y dejarlos solos; pero él me anunció que llevaría a un amigo con él. Kei sonó un poco decepcionada, no por la cita si no porque el número de personas era más alto del que ella quería, no dejó que me molestara y agregó que podría ser una velada divertida. Cambió su tono de voz por uno más alegre y me exigió saber los pormenores, es decir, sus gustos y disgustos. No le quise contar mucho, es mejor que ella lo descubra y además, si le decía todo ¿de qué hablarían en toda la noche?
Esa plática por teléfono me mantuvo entretenida una hora y cuando volví a estar en paz con mi novela perdí el hilo de la idea. Estuve dándole vueltas y vueltas, revisé el capítulo varias veces y sentí que algo le hacía falta al capítulo. No sé... como un elemento clave. Pero no se me ocurría nada bueno. Espero que la historia no muera ya que me encariñé rápido con ella. El funeral me haría trizas. Apenas le eché un vistazo de reojo al reloj supe que me faltaban exactamente cuatro horas para elegir mis zapatos, mis accesorios, mi bolso, mi peinado, mi ropa, mis zapatos, mi maquillaje, llamar a Clay y ¿ya dije mis zapatos? ¿tres veces? Ah.
Mi elección fue mi chaqueta favorita D&G (¡estoy enamorada de esa chaqueta! La primera vez que nos vimos fue amor a primera vista; y sabía que tenía que comprarla, que tenía que estar en mi armario, en un lugarcito especial visible en que cualquier chica se moriría de la envidia de sólo mirarla por encima, así que no dudé dos veces en gastar una cierta cantidad de dinero, fue por ella que mi relación con Jack se fue a pique) y una blusa Juicy Couture, de color rojo, para la parte superior estaba listo. De cintura para abajo, estuve decidiéndome cuál pantalón escogería y escogí mis vaqueros negros Diesel y en cuanto a los zapatos, fue la excusa perfecta para estrenar mis tacones Givenchy. Mi bolso fue un modelo de Bruno Magli de la línea de bolsos de mano que sacó en primavera/verano del año pasado. El color blanco y plateado es perfecto para lucirlo de noche. Clay llamó mientras me peinaba para confirmar y notificar que su amigo y él nos esperarían a las afueras del club, reunidos todos entraríamos juntos. Nadie canceló.
De qué va la cita doble, va.
Kei llegó para echarme una mano con el maquillaje. Ella vestía adorable con ese conjunto Dior. Para mis citas y circunstancias especiales utilizo los cosméticos de la marca Lacome. Si no, el casual, y preferido de todas, MAC. Apenas metí lo indispensable (mi celular, mis llaves, mi maquillaje, mi pluma rosa y mi libreta donde tenía escrito el borrador del primer capítulo de la novela por si acaso la velada o el amigo de Clay se ponían empalagosos para mi gusto). Nos fuimos en el coche de Kei. Sería poco ético llegar a pie. Y si una tenía auto, ¿por qué molestarse llamar un taxi? Las dos hablábamos entusiasmadas en el trayecto. Por otra parte, un enjambre de mariposas se había escapado y revoloteaba por mi estómago, hoy vería al misterioso amigo de Clay. Por favor, por favor, su hermano no, su hermano no, por favor. No había una larga fila de gente esperando para entrar, las luces del establecimiento estaban prendidas. Las calles están vacías. Excepto por unos cuantos hombres reunidos en semicírculo, charlando y bebiendo licor. Cuidado si no están fumando yerba.
-¿Tú lo ves? –inquirió Kei aparcando el coche. Reconocer a Clay sin el sombrero es misión imposible. Me volteé hacia atrás y recorrí de lado a lado.
-No, está muy oscuro. Bajemos, ellos estarán cerca del club, es lo que dijeron... no entrarían sin nosotras.
-De acuerdo.
Nos quitamos los cinturones de seguridad y salimos a explorar el perímetro. Era una noche fría. Suerte que traje mi chaqueta. A Keiko no le afecta tanto el frío, sufre más por el calor. No caminamos mucho, Clay sí nos vio y gritó mi nombre muy alto. Dimos media vuelta, él venía hacia nosotras y atrás se le acercaba su amigo. Clay sin su uniforme de mesero se ve extraño. Es una de las pocas veces que viste normal. Debo admitirlo, se ve guapo diferente.
-¡Chicas! Por fin llegaron, estuvimos esperándolas en la esquina, ¿cómo están? –saludó- les quiero presentar a mi amigo, Raimundo, son mis amigas Kimiko Tohomiko y Keiko Izumi. Chicas, él es mi mejor amigo: Raimundo...
-Pedrosa.
Tiene que ser una broma. Esto va mal, muy mal. Fue instantáneo, apenas nuestras miradas se encontraron, mágicamente las sonrisas de nuestros rostros se desvanecieron. De todas las personas en el mundo… ¡¿él es su amigo?! No, no, no ¡¿por qué?! ¡Él no! ¡¿qué hice en mi otra vida para ser sancionada de esta manera?! ¡Cobradora de impuesto! Sí, debí haber sido eso. Nunca lo pensé... ¡Clay es una buena persona! ¡¿cómo puede ser amigo de este idiota?! No me importaría que mi cita fuera con su hermano. A decir verdad, ¡¿por qué dejó en casa a su hermano esta noche?!
-¿Ustedes ya se conocen?
¡No puedo creerlo! ¡¿Tierra, por qué no te abres para que me tragues?! Raimundo no movió ni un músculo. Su mirada permaneció en mí, estudiándome con intensidad ¿qué pasará por su cabeza? ¿estará enojado o sorprendido? ¿un poco de ambas? ¿Clay le ocultó yo vendría? Su rostro grabado en piedra, sus ojos penetrantes y feroces.
-Sí –no se podía negar el filo de ira en su voz y se me encogió el corazón. Pero no quise que él supiera que lo encontraba intimidante. Y mantuve mi postura erguida.
-Kim... si lo deseas –Kei me tomó del brazo. Clay no conocía tan bien como mi amiga mis expresiones.
-¿Desear qué cosa? Ya estamos aquí, ¿qué esperemos? Entremos.
Su semblante no se suavizó, pero vi un destello de algo cruzar sus ojos. Se metió las manos en los bolsillos mientras se movía hacia la entrada. Sin más qué hacer, lo seguí en silencio, felicitándome a mí misma en secreto porque fui capaz de mantener el aplomo en mi voz ni bajé la guardia. No había ningún lugar para correr, después de todo. Por una hora, he estado diciéndome a mí misma que esta reunión me divertiría, la pasaría genial. Ahora que estaba aquí, sigo aferrada a ese pensamiento, y nada iba hacerme cambiar de opinión.
En especial Raimundo Pedrosa.
A/N: ¿Estupefactos? El amigo secreto de Clay es Raimundo. Yo sé que no. Razón nº1: Clay y Raimundo son mejores amigos en la serie, son contemporáneos el uno al otro y pueden hacerse las típicas bromas masculinas. Razón nº2: Pues que era muy obvio. ¿Y qué es lo que pasará en esta velada? Seguro se pone entretenida, ¿a qué sí? Deben leer el capítulo próximo para averiguarlo. Si estuvieran en los zapatos de Kimiko, ¿qué es lo que harían? ¿Se irían de la fiesta o seguirían adelante? Curiosezco, curiosezco. Esta idea de la reunión social se me ocurrió hace un par de días, recientemente cuando me acuesto no paro de pensar en nuevas ideas para el fic... a propósito, ¿saben cuál es la gran novela de Kim? Si no se hacen una idea, lo sabrán pronto.
-¡Oh por favor...! Sería una falta de respeto que no lo adivinaran, se la pusiste bomba con eso de las cartas. Ahí escribiste la palabra clave.
¿Quién lo diría? Ella se basó en el terrible Omi para inventarla. Por cierto, la historia que Kimi le contaba al niño es Mi adorado árbol de Bonsái, es uno de mis fics. Me hace gracia la relación entre Kimi y Omi, él la trata de tú a tú, son tan íntimos de repente, me reí con "actúas como si fueras mi esposa". Ya conoció a los dos amigos de Omi, los habíamos visto en el episodio seis. Lo que disfruté de aquí fue la opinión de Clay sobre los libros y sus escritores. Es una opinión personal, debo decir. Pobre Clay, abnegado, responsable, trabajador, piensa en los demás antes que él mismo... ese es el buen Clay. ¿Se dieron cuenta que él conocía a los cuatro Monje Xiaolin? ¿Kei logrará enganchar al vaquero favorito de todos en su red? ¿o será al revés? Supongo que si se acordarán del mimo que los monjes enfrentaron en el segundo episodio de Duelo Xiaolin. Yo les dije que esto era un guiño a Duro como una roca en las notas del otro capítulo. Clay es una roca, no expresa sus sentimientos. ¡Casi se me olvidaba! ¿qué opinan del plan de vida de Omi? La política... y veo que esa conversación me servirá para más adelante.
Estoy pensando en hacer los capítulos como los tenía antes, un poco más corto, para ahorrarles el sufrimiento.
Esta es la novela romántica de los opuestos.
Raimundo es todo lo contrario de Kimiko y no hablo en el sentido biológico solamente, mientras él es anti-romántico ella es romántica, ella es torpe y él es perfecto, uno es serio en tanto la otra desborda alegría, él mantiene los pies en la tierra y ella es soñadora, ella está loca por la moda y él es reservado y fresco, él es misterioso y ella es un libro abierto, él es un flojo y ella trabaja duro y por ahí se van. Nuestra otra pareja, Clay y Keiko, coincido que el vaquero necesita a una mujer que lo empuje. A mí me parece que Kimi andaría con una chica que compartiera sus mismos gustos y fueran tal para cual, casi gemelas. La atrevida Kei y el tranquilo Clay tienen química, ¿no es así?
-¿Qué hay de Omi?
¿Qué pasó con Omi? Él es un niño. Todavía no tiene edad para pensar en esas cosas, sus estudios son prioridad en el momento y ahora debemos quitarle ese gusto por esas abominables bromas...
-¿Qué hay de Megan? Tiene su misma edad.
¿Van a insistir con eso? Yo soy fiel partidaria de que Omi y Megan se queden juntos y confieso que esa no va a ser la última aparición de Megan, pero aquí apenas son niños. Al igual que a Kimi que me afinqué en su gusto por la moda, a Omi se "la agarré" por su lado machista. Sé que muchas pensarán que Omi necesita dulzura, pero alguien así, necesitamos callarle la boca. Y si muestro a una niña sumisa, a lo mejor él pensará que tiene razón. Me van a disculpar si a veces me excedo un poquitín con Megan (déjenme decirles que desde la primera vez que la vi se mostró una muchacha extrovertida), mi defensa es que las chicas deben demostrar que también podemos. A quién podía poner así tranquilita era a Keiko que no sabemos cómo es su personalidad, pero ya tienen mi punto de vista de la parejita de Clay. En lo personal, yo estoy enamorada de la pareja protagonista. Nos tiene mucho que enseñar y amarán cada uno de los pequeños gestos de ambos, Raimundo nos obsequiará una nueva visión del amor que revolucionará lo que creíamos que era romántico.
Bueno, eso es todo, malvaviscos asados. ¡Nos leemos en el próximo capítulo! Gracias a todos por tan hermosos comentarios. Espero con ansias los siguientes. ¡Cuídense!
