22. Caminando por el pasado.

Es imposible, no voy a dormir. E incluso si duermo será peor, me repito por décima vez a mí misma. Cojo el teléfono de nuevo, pero no hay mensajes.

No. No hay mensajes, ni mails, ni whatsapp ni ningún tipo de intento de comunicación conmigo. No es que me sorprenda, pero si me entristece y me deja una sensación desagradable en el estómago, una contracción en el pecho, y escozor en los ojos... Pero no cae ni una lagrima: ¿tendré acaso ya los ojos secos? No sería una mala alternativa, pienso.

Son las cuatro y media de la madrugada. Noche cerrada más bien, pero estoy cansada de dar vueltas a todo, tanto físicas y reales en la cama sin encontrar una posición, como metafísicas en mi cabeza. Si estuviera en casa me adentraría en la montaña, pero estoy en Nueva York, así que la única solución es salir a correr... Me preguntó si necesitaré una linterna, o frontal, a estas horas.

Lo más parecido que existe en Nueva York a los bosques es Central Park, aunque eso está demasiado cerca de él, pero no creo que salga a correr con su pierna aún no recuperada cien por cien por lo que finalmente me decido por ir al corazón de Manhattan.

Bien, sólo por el hecho de tener algo que hacer, me siento mejor. Igual la solución es estar ocupada las veinticuatro horas del día. Ahora mismo me parece una idea maravillosa. Casi me siento un genio pienso con sorna y pesar.

Pero me levanto, me visto con la ropa de deporte y salgo del apartamento. Llegar a Central Park en metro a estas horas es un paseo rápido, poco más de treinta y cinco minutos, aunque no es agradable porque mis pensamientos, vuelan a un lugar y a un momento, prohibidos. No importa lo que intente concentrarme en la música de mi iPod, a todo volumen y que suena por los auriculares, o que sacuda la cabeza para sacar de mi cabeza las imágenes que se conjuran para no darme un momento de descanso y de paz.

Supongo que el acercarme a su apartamento es inevitable que me inunden las imágenes: su boca en mi boca, sus manos entre mi pelo, sus piernas enredadas con las mías, el sonido de su respiración, y sus ojos clavados en mi... Incluso ahora la sensación de calor en mi piel, es apenas tolerable. El recuerdo sigue siendo tan abrumador como la realidad de la noche anterior. Se me eriza el vello de la nuca y los brazos, así que me alegro cuando llego a la cincuenta y nueve y puedo salir al aire libre, donde el viento me besa fresco en la piel y me devuelve al aquí y ahora.

Centro mi mente en lo que tengo delante de mí, un increíble e interminable Central Park.

Es un trozo de paraíso en medio de una de las metrópolis más grandes y caóticas del mundo. Sin embargo el tiempos transcurre distinto entre sus confines, no por nada tiene una parte llamada "Alicia en el país de las maravillas" o el "Strawberry fields" un homenaje a Lennon. El parque tiene algo de mágico e irreal que lo hace irrepetible. Pero mi parte favorita es el intrincado, laberíntico y salvaje "The Ramble" que te sumerge en caminos sacados de las Adirondack. Y eso es lo que necesito hoy.

Empiezo a estirar mis músculos en las escaleras que bajan hasta uno de los múltiples lagos existentes en el parque y empiezo a caminar a paso rápido, para calentar, hasta el camino destinado a bicicletas, vehículos de parque y corredores como yo.

Pese a lo intempestiva de la hora ya se ven grupos de personas corriendo y entrenando, no muchos pero alguno, aquí y allí. Posiblemente más gente de la habitual debido a que a esta hora aún no hace el calor agobiante de un típico día de junio, me pregunto cómo será en un frío día gris de invierno cuando la nieve cubra todo el verde y la vida que florece ahora. Comienzo a correr a un ritmo lento pero constante que consigue que focalice mi mente en mis piernas y mi respiración.

La rutina siempre ha sido uno de mis métodos para mantenerme centrada, y creo que hoy lo voy a conseguir. Realmente creo que le voy a poder apartar de mi mente hasta que, ilusa, divisó el edificio del MET y la palabra "arte" entra en juego. Porque el arte lleva a la pintura, y la pintura a Peeta y la imagen de Peeta consigue cortarme la respiración. Paro jadeante y me doblo por la mitad, las manos en la cintura mientras mi cabeza descansa en mis piernas. Tras unos segundos, o minutos, de descanso recupero la compostura y empiezo de nuevo.

El problema no es caerse, sino no levantarse. Y yo siempre me levanto, incluso tras la muerte de mi padre.

Decido cambiar de rumbo y me dirijo hacia la zona oeste, hacia el Ramble pasando por la fuente de Bethesda, completamente desierta excepto por unos pájaros, posiblemente sinsajos, que beben de su agua.

Cojo uno de los caminos serpentinos que se adentran en el espeso bosque donde las hojas bloquean el sol que sin embargo consigue filtrarse a través de ellas. Lo que en Mayfield son hojas de un verde oscuro pero brillante, como mi habitación en el ático de Peeta, aquí son menos vívidas, debido a la falta de lluvia y al constante azote del astro solar.

"¡Katniss, atenta!" me reprendo, porque correr por aquí necesita de toda la atención posible y yo estoy pensando en hojas, en dormitorios y de nuevo, en la persona en la que no debería de pensar... Pero incapaz de centrarme en lo que estoy haciendo me pongo a repasar mentalmente la lista de la compra para la cena de esta noche con Gale.

Pero obviamente, pasa lo que estaba predestinado y antes de acabar la lista con los ingredientes del estofado que pensaba cocinar, piso en falso con el pie derecho y resbalo cayendo con la cadera y la pierna encima de una raíz rugosa que sobresale de la tierra.

— ¡Mierda! — exclamo frustrada y dolorida tirando la cabeza hacia atrás. La apoyo en el suelo y permanezco en esa posición estática por unos momentos, simplemente consciente del dolor en mi lado derecho. El dolor es bueno, el dolor hace que me concentre sólo en el y en nada más.

Cuando por fin me decido a comprobar los daños que me he causado, me miro la pierna y compruebo que no tiene muy buen aspecto, completamente raspada. Además estoy convencida de que el cardenal que me va a salir en la cadera va a ser enorme. Por fortuna, no me he roto nada.

"Hoy no es tu día, Katniss" me digo a mi misma en voz baja. "Y ayer tampoco" dice una voz en mi cerebro. Una voz no muy bienvenida ahora mismo por cierto.

Con ese ánimo me dirijo poco a poco y cojeando hacia la salida oeste con la ochenta y dos, cerca del museo de historia natural. Coger el transporte público, está descartado, menos mal que llevo dinero y puedo parar un taxi para que me lleve a casa.

Y me lleva a casa directamente sin pasar por el supermercado para comprar. Por culpa de la cena de esta noche me distraje y caí al suelo... O para el caso, por culpa de Gale y su visita por sorpresa que ha puesto mi vida patas arriba.

El resto de la tarde pasa más rápido de lo que quisiera, pero eso es lo curioso con el tiempo ¿verdad? Parece que la métrica, que los segundos, no son los mismos ni tienen la misma duración. Cuando quieres que no se acabe un momento pasa rápido y cuando quieres evitar otro momento llega en un suspiro. Es como una maldición.

El timbre suena finalmente anunciando su llegada.

Hasta que veo entrar a Gale por la muerta, mi respiración pasa por todas las fases posibles, desde la ausencia de ella hasta la hiperventilación. Pero una vez que veo su cara, su sonrisa y sus ojos grises se me olvida por qué estaba nerviosa.

—¡Gale! — exclamo y me lanzo a sus brazos. Es un gesto muy efusivo en mi pero después de estas últimas horas de angustia y ansiedad, mi amigo se me aparece como un refugio, algo sólido y familiar a lo que agarrarme.

—¡ Cualquiera diría que te alegras de verme, Catnip! — dice riendo y feliz.

—Por supuesto que sí ¿Qué te hacía dudarlo? — pregunto de forma inocente, aunque cuando veo el ceño en su cara, me doy cuenta de que hemos entrado en un terreno pantanoso

—No quiero hablar de él — dice, sin ni siquiera pronunciar su nombre. Lo que está bien, porque incluso pensar en su nombre me duele.

—Pues hablemos de lo quieras, eres mi invitado y tienes derecho a hablar de lo que te apetezca —digo de nuevo riendo intentado suavizar el ambiente para que no cambie.

—Completamente de acuerdo contigo, hablemos de cosas más agradables. ¿Cómo está Prim? Me encantaría verla algún día de estos y comer o cenar con ella. Además Rory me mataría si paso por aquí y no la saludo.

—Eso es cierto — comento con ligereza.

—También es cierto que los Hawthorne siempre estamos persiguiendo a las chicas Everdeen…

—Bueno, igual es vuestro destino, Gale— digo con la voz más neutra que puedo, esperando que no suene como un flirteo. Rápidamente cambio de tema —. Y hablando de destinos… no tenemos nada para preparar la cena, así que preveo que tendremos que salir a cenar. Cuando volvamos podemos preparar tu cama, espero que el sofá sea cómodo.

Entro en la habitación cojeando mientras pronuncio las últimas palabras de espaldas a él, prefiero no ver su mirada y leer decepción o dolor en ella. Últimamente con Gale siempre es así, pasamos de la familiaridad y la comodidad de dos personas que han pasado toda su vida juntas, a dos personas que han de estar poniendo continuamente límites en su comportamiento y en sus palabras, y eso no es natural entre los dos.

"Esto es lo que pasa cuando un amigo se convierte en un amante, que todo se estropea" pienso amargamente recordando que acabo de cometer el mismo error.

Salimos a la calle y el calor se paga instantáneamente a mi piel. A Gale también le molesta así que acabamos en un restaurante italiano que está justo en la esquina y que anuncia en la entrada que dispone de aire acondicionado. Con la temperatura que hace hoy, es casi más importante el frío que el menú. Pedimos unos antipasti, dos platos de pasta y una botella de Lambrusco. No me sorprende comprobar que Gale escoja el ragú, nada podría hacerle cambiar el gusto que siente por la carne. Yo sin embargo escojo algo más ligero, porque aunque llevo todo el día sin comer, de hecho desde la fiesta de hace dos noches pienso sorprendida, la realidad es que sigo teniendo el estómago revuelto. Y eso es raro en Katniss Everdeen, generalmente no me quita el hambre nada. Es difícil no comer cuando sabes qué es estar hambriento. Pero no es más que otro de los efectos colaterales de lo que pasó con Peeta: insomnio, falta de apetito, apatía… y una opresión constante en el pecho.

La velada pasa agradablemente entre copa y copa de vino, nos esforzamos para hablar de todo pero de nada en realidad: del tiempo, de mi caída en el parque mientras corría, de cómo ha afectado a nuestra ciudad la desaparición de la niña, de lo preocupados que están por las faltas de lluvia de este invierno y de lo que puede suponer este calor en caso de un incendio, de su familia,… y antes de darnos cuenta ya estamos en los postres y pagando la cuenta.

Cuando me levanto de la silla, noto las burbujas del vino en mi cabeza, y pierdo por un momento la estabilidad, pero Gale me agarra del brazo sin dejar que caiga al suelo.

—Creo que has bebido demasiado, Katniss, así que deja que te ayude a llegar sana y salva, sin más caídas a casa. Sabes, no es propio en ti caerte, siempre has caminado con paso seguro y silencioso, como los animales del bosque.

—Central Park no es como casa — le digo molesta, pero dejo que entrelace su brazo a mi cintura mientras llegamos a mi diminuto apartamento. La bebida me ha afectado más de lo que pensaba, no es que haya bebido mucho, pero apenas he cenado y esa siempre es una mala combinación.

lTan pronto llegamos a casa, me dejo caer en mi cama sin deshacer, y como puedo le indico a Gale donde coger las sábanas y las toallas. No recuerdo cerrar los ojos, ni el beso que me da en la mejilla mientras apaga la lámpara de noche.

Sumida en un sueño pesado debido al vino, las pesadillas no tardan en llegar:

Me encuentro en el bosque, otra vez en el bosque, siempre es un bosque. Los árboles y el suelo cubierto de un manto blanco y yo estoy allí rodeada por árboles y vegetación frondosa, pero apenas llevo ropa y siento un frío glacial, cuando escucho gritar mi nombre.

—¡Katniss! ¿Dónde estás?

—¿Peeta? — respondo sin estar segura de que sea él, pero temiendo que lo sea porque quién fuera sonaba asustado — ¡Peeta!

—¡Katniss, necesito ayuda! — le oigo gritar de nuevo.

Conforme voy avanzando hacia la voz, escucho el agua del río a lo lejos. Y comienzo a correr consciente de que tengo poco tiempo. Cuando llego a la orilla lo veo sujeto a una roca, pero antes de que pueda decirle que estoy aquí y que esto ya lo hemos vivido y saldrá bien, lo veo desaparecer bajo el agua.

Me tiro al río desesperada y el agua helada se clava en mi cuerpo como si fueran puñales afilados, no puedo gritar su nombre porque la sangre no me llega a los pulmones para poder chillar, noto que me empiezo a ahogar, que algo me sujeta y me oprime y me lleva hasta el fondo. Intento patalear y liberarme cómo puedo…

—¡Catnip, para, estate quieta! Soy yo, es un sueño ¿vale? — oigo que aúlla Gale en mi oído. Sin embargo mi cuerpo no termina de aceptar esos brazos y se debate furioso para recuperar su libertar —Está bien, está bien, te suelto ¿ves? Shhh, tranquila —susurra.

Estoy sentada en la cama, jadeando, todas las sábanas revueltas a mi alrededor y mojadas debido al sudor. Me cuesta situarme.

Cuando mis ojos se habitúan solo a la luz de la farolas que entran por la ventana, y mi respiración entrecortada empieza a normalizarse, me doy cuenta de que estoy con Gale, en mi habitación, a salvo…y que Peeta también estará a salvo aunque muy lejos de aquí para protegerme con su presencia. Caigo como un peso muerto sobre el colchón de nuevo, como si me aplastara la realidad.

—Lo siento, era una pesadilla ¿te he despertado?

—No, no te preocupes aún no estaba dormido, estaba viendo la tele. No ha pasado ni una hora desde que llegamos —dice mientras se acerca a mí y me rodea con un brazo mientras con la otra mano me acaricia la cabeza —Todo está bien, no te preocupes y aunque estuviera dormido no me habría importado.

En ese momento, siento que me lleva más hacia él y me besa en los labios. Aún dormida y algo afectada por el alcohol tardo en reaccionar, pero su lengua en mi boca hace que recobre todos mis sentidos de golpe.

—No, Gale —le digo suavemente pero le aparto de mi cuerpo.

—Es por Peeta ¿verdad? Algo ha pasado con él en los últimos meses. Te sientes mal por estar conmigo debido a él.

Respiro hondo antes de contestar:

—Sí, pero igual que me sentía mal por ti si estaba con él.

—Si pensara que eso es cierto, casi podría soportar todo lo demás — responde afrontando mi mirada.

—Es cierto. Pero también es cierto lo que has dicho sobre Peeta y yo los últimos meses.

Gale deja escapar un bufido de exasperación.

—¿Qué sientes por él? No. Mejor no me lo digas… ¿qué sientes por mí? Yo te quiero Catnip.

Parece que ya ha llegado el momento de la verdad entre nosotros, y lo mejor que puedo hacer es ser sincera con él, se lo debo. Así que no le contesto solo a mis sentimientos por él, sino que también estoy dispuesta a hablar sobre mis sentimientos por Peeta si me lo pregunta.

—Lo sé. Y yo también te quiero Gale, pero... Pero no de la misma manera. Lo siento.

—Deberías habérmelo dicho hace tiempo ¿sabes Katniss? Y no dejar que viviera con esta esperanza ridícula.

—No lo sabía Gale…

—Eso es una excusa muy pobre y además no es cierta.

—¡Es la verdad! —grito exasperada.

—Pero ahora sí lo sabes. No eres tonta Katniss y yo tampoco, y los dos sabemos qué ha cambiado en la ecuación desde este verano.

—No sé lo que siento por Peeta, si es a eso a lo que te refieres.

—Yo creo que sí lo sabes, pero que no lo quieres admitir. Te debería de decir algo que seas capaz de poner tus sentimientos por mí en claro ahora pero no lo que sientes por él.

—Las cosas, Gale, no son siempre blancas o negras, ni tan sencillas.

—No para mí. Por desgracia sé que el tiempo me dará la razón — dice sumiéndonos los dos en un silencio lleno censuras que se pueden escuchar sin embargo.

Se levanta con actitud cansada, los hombros caídos y la cabeza gacha. Aunque me duele verle así, una parte de mi siente que se ha liberado de una carga.

Antes de que Gale salga de la habitación, suena mi teléfono con el sonido de alerta del trabajo. Y cojo el teléfono apresuradamente para leer lo que ya me imaginaba, pero no por eso el golpe es menos duro y dejo escapar un suspiro.

—¿Pasa algo? — me pregunta Gale.

—Sí, ha desaparecido un niño de 13 años y una adolescente de 18 años en las llanuras de San Lorenzo y se nos pide que vayamos a la oficina lo antes posible. No sé cuándo podré volver — le digo mientras me levanto y me acerco a él —. Lo siento de verdad Gale.

Y le estoy pidiendo perdón por todo: por nosotros, por lo que ha pasado y lo que ha dejado de pasar, y sobre todo por lo que no pasará.

—No te preocupes Katniss. Ve a trabajar. Ya nos iremos viendo por aquí.

Pero lo cierto es que a partir de ese momento, no paso apenas por casa y no coincido con él durante toda la semana. A los dos días desaparecen dos niños más y, como un reloj, dos días después, la otra pareja de niños, confirmando nuestras sospechas de que son 12 distritos, y de que los secuestros se producirían en Staten Island y la meseta de los Apalache.

Sólo queda un niño y por los últimos acontecimientos pasará dentro de dos días.

Pero cuando llega el momento, ocurre otro suceso inesperado, que hace que perdamos todas las esperanzas de llegar jamás al fondo de este asunto con un final feliz.

Maysee aparece muerta.


Hola a todos, siento muchísimo, muchísimo, el retraso en el capítulo.

Como habréis podido ver es un capítulo muy introspectivo y estamos casi todo rato en la cabeza de Katniss, pero creo que después de lo sucedido con Peeta, el baile y la ruptura, ella estaría hecha un lio.

Tambien muchas gracias por los follow y favoritos y por los review, me encanta saber que pensáis de la historia y me da ánimos para continuar. Estoy haciendo un pequeño analisis y os agradecería que los que habéis llegado ya a este capitulo me dijerais cual es hasta ahora vuestro capítulo favorito, por ahora el que más opiniones ha tenido ha sido el 16 pero me encantaría que me lo dijerais. No os costara más que un minuto con que me pongáis un número es suficiente ;-)

El capítulo 23 esta escrito más de la mitad y una vez llegado a eso quedarán unos cinco más (a no ser que algo se crucé por el camino) así que estamos casi casi en la recta final para descubrir el misterio.

¿ Emocionados, tristes o las dos cosas?

Que paséis buen fin de semana y GRACIAS POR LEER!

por cierto también he escrito en este tiempo dos one shot: Castillos de arena y Luces del norte, espero que podais leerlas: la primera es muy tierna pero a mi me encanta luces del norte... Hay mucho mucho Everlark :-)