Quiero ser escritora

11º

Algo en qué creer

Estoy oficialmente consternada y en shock. ¿Con el permiso de quién, cree Omi que puede llevar a mi apartamento todo lo que se consigue en la calle? Primero fue Queso y ahora trae a un reptil. El pillo, sin decirme nada, lo escondió dentro de su bolso en este tiempo. No sé cómo logró escaparse y cuando estaba en la cocina ¡ahí estaba! Pegué el susto de mi vida y creo que me desmayé. Sufrí una severa contusión en la cabeza al impactar contra el suelo. En un inicio pensé que esa cosa se escapó de la alcantarilla. Cuando me desperté, estaba en el sofá recostada y tenía puesta una compresa de hielo en el golpe para detener la hinchazón (al menos caí de espaldas). El niño sacó una fuerza de un hombre adulto o de diez pequeños hombres de quién diablos sabe dónde, me arrastró a la sala, me acostó en el sofá y me sirvió primeros auxilios. Pude recordar lo que sucedió en cuanto vi a la pequeña cosa encaramada en su hombro. Me traté de levantar, pero la sangre se me subió a la cabeza de hacerlo y me volví a caer. Omi me detuvo alzando la mano.

-¡Espera, Kim! No hagas nada sin escucharme, el pequeño ha sufrido bastante por hoy. Está asustado.

-¡¿Asustado?! ¡¿y qué hay de mí?! ¡Cielos, Omi, me gusta cómo me ayudas...! Creo que me debes una explicación ¡auch!

-Tú no entiendes. No es su culpa. No le gusta estar aislado en espacios cerrados ni con tanta oscuridad, él solamente quiso salir. No fue su intención asustarte ni tampoco es responsable que los animales te asusten. Lo rescaté justo esta mañana antes de que el auto de Raimundo lo atropellara, llovía en cantidades y había muchas personas, sólo quería un refugio y cruzó cuando el semáforo todavía estaba en verde… Sabes que los animales no entienden señales de tránsito. Y tuve que salvarlo, comprende que no podía dejarlo ahí y morir, y me lo traje. El resto de la historia creo que ya lo viviste. Por favor, no digas nada, y déjalo tranquilo. No causará problemas...

El pequeño lagarto me observaba con sus grandes ojos amarillos y sus orejas bajaron. Creo que estaba suplicándome mi perdón. Omi apretó la mandíbula. Suspiré. Me parece que soy permisiva. No quiero imaginarme cómo será cuando tenga mis propios hijos, ser demasiado consentidora no es bueno.

-Está bien, ¡pero sólo esta vez! –asentí haciendo un ademán- y si hace popó lo limpias tú.

-¡Muchas gracias, Kim! –se inclinó haciéndome una reverencia. Agarró al pequeño lagarto y se puso a dar vueltas en medio de la sala- ¡¿qué te parece, Dojo?! ¡te puedes quedar!

-¿Dojo? ¿Ya le pusiste nombre?

-Sí ¡¿no es genial?! Pienso adoptarlo como mascota ya que no tengo a Queso –escupió esas últimas palabras con énfasis. Volteé los ojos, ¡le dije que lo sentía! ¿qué más quiere? ¡¿un perdón por escrito?! Lo lamento en el alma, no estoy en contra los lagartos, pero no soporto a los ratones ni de chiste iba a buscarlo- me quedé sin hacer nada en las tardes.

-¿Tan rápido superaste la pérdida de Queso? Creí que te gustaban los ratones.

-Me gustan los animales que puedan ser entrenados en beneficio de la maldad. Qué poco me conoces, Kim. Aunque me costará esconderlo de mi madrastra, un ratón puesto que era chiquito, ¡pero un lagarto es distinto!

-¿Tus padres dejarán que te lo quedes?

-¡Es mi padre! Ella no es mi madre ni nunca lo será. Wuya no es como tú, que al menos se aterra al principio y luego los tolera, ella odia a los animales y sé que bajo ningún concepto me va a dejar con mi mascota porque no quiere que sea feliz. Mi papá es muy influenciable y quizá se convenza con lo que ella le diga. ¡Pero hoy me debo imponer! ¡Si no me aceptan a mi mascota, entonces no me aceptarán a mí!

-¿No crees que estás siendo un poco duro con tu madrastra, Omi?

-¡Claro que no! Desde que se casó con papá vive para despreciarme. No pierde oportunidad para decirle a todos en el barrio el mal hijo que soy ni desaprovecha un segundo para instar a mi padre que me meta en un internado para jóvenes con problemas. Ella es la que empezó y de ninguna forma permitiré que se salga con la suya esa vieja bruja. No esta vez. Mi papá va a tener que oírme... –suspiró y desvió la mirada- hoy ella debía recogerme en la escuela y no lo hizo. Está claro que soy una molestia para su matrimonio. Si Raimundo no hubiera aparecido, me habría mojado en todo el camino.

-¿Tú te encontraste con Raimundo?

-¡Sí! De camino al monasterio, un poco más y habría atropellado a Dojo. De no ser porque había recibido un entrenamiento para ser Guerrero Shaolin, no habría estado preparado para enfrentar a cualquier situación. Raimundo se ofreció a llevarme en su coche a pesar de que iba acompañado -¡¿acompañado?! Decidí que no me importaba en absoluto- él iba con una señorita muy bien bonita. Me dijo que le gustaba, ¡hasta me preguntó qué opinaba de ella! – él reparó que me sentía incómoda contándome esto y se sentó a mi lado- no te pongas triste, Kim. Sé cómo te sientes, la persona que quieres no te presta atención porque pasa su tiempo con otra persona y es horrible. No merece que ni te preocupes por él.

-Creía que él y tú son amigos.

-Lo somos, pero lo de ustedes es otro asunto y tú tienes un trato especial por ambigüedad.

-¿No será antigüedad?

-¡Eso mismo!

Él me conoció tres días antes que Raimundo ¿y gané ese privilegio? No quiero que Omi me vea en este estado. Odio que la gente me vea llorar. Nada más lo he hecho frente a Kei y mi hermana mayor, Tomoko, porque les tengo confianza. Omi cumplió su palabra de Guerrero Shaolin, no sólo lavó los platos después de comer si no también la orina de su animal. Nos pusimos a hacer la tarea de lengua. Omi no es muy brillante en esa asignatura, tiene fallas a nivel de ortografía y redacción. Sin mencionar su problema con el argot. Creo que es tal vez pues que está adaptándose aún al español. Según él porque las redacciones son de niñita, no para los "machos alfa". Estamos entrenadas para escribirnos recaditos y pasarnos las unas a las otras.

-¡Son chismosas hasta en el papel! –refutó.

-¡Omi! –llamé su atención-. Debo decirte que estás muy equivocado. Hay un sinnúmero de escritores famosos por las excelsas obras que han escrito: cuentos, novelas, guión de teatro y hasta poemas de amor que compusieron para sus enamoradas. Y ellos son hombres.

-¡Aj! ¡eso no es para mí!

Omi encendió la televisión y se puso a verla mientras tanto escribía. Dojo se trepó al sofá, tendiéndose junto a mí. Sabes llegas acostumbrarte y descubres que no es tan malo. Prefiero eso que un ornitorrinco. No quise ofender a nadie. Mis respetos a los que aman a Phineas y Ferb; debo admitir que me sentí tentada a tocar su piel, era tan brillante, lo hice y sobreviví. Se siente suave, húmeda y escamosa. ¡Ah! Voy a tener que lavarme. ¡Ups, se los debía! Se me había olvidado con este asunto del lagarto. Cuando salí del apartamento de Raimundo, llamé a Keiko para disculparme por mi conducta vergonzosa de anoche. No podía recordar qué cosas hice bajo ese estado, pero sabía que lo había echado a perder. Apenas hablamos de lo que me pasó, Keiko estuvo comentándome sobre Clay. La escuché por teléfono, súper enamorada y muy feliz; hablaron de muchísimas cosas, consiguió intercambiar números de teléfono y estaba segura que Clay le agradaba. Le comenté lo que Raimundo dijo en el baño y le advertí que se cuidara las espaldas. No me hizo caso, estaba en las nubes pensando en pajaritos preñados volando en retroceso. No dejaba de suspirar cuando me colgó. Decidí no darme mala vida por ello. ¿En dónde me quedé en el presente? ¡Ah sí! Dojo y yo estábamos en el sofá. Yo escribía. Y en ese momento le mostraba mi laptop.

-¿Qué tal te parece que voy? –obviamente no espero una respuesta. Si no, me habría tirado por el otro lado del sofá. Me quedé viendo a Dojo, ¿qué no eran familia de los lagartos los dragones? Estoy segura que existen dragones en China, digo, vi Mulan y... mejor me callo, busco en internet. Creo que se me está ocurriendo una buena idea.

-No vas mal –contesta Omi sin perder de vista la televisión- recién leí el primer capítulo y me gustó. Si ibas a escribir una historia de Guerreros Shaolin me hubieras pedido mi ayuda, soy un experto mucho mejor que Google para esas cosas. Si quieres saber algo sobre China, pregúntale a alguien de allá, o sea, a mi abuelo, a mi padre (pero él está ocupado) o a mí…

-¡Espera, espera, ¿cuándo fue que averiguaste lo de la historia?!

-Ayer estaba aburrido y abrí tu computadora. No fue un desafío averiguar tu contraseña, fue tan predecible –se rió-. Pero no te lo quería decir hasta que me lo contaras por ti mismo. Tu protagonista es genial, ¡es tan idéntico a mí! Me siento agasajado, lo único que le critico es que es tan chico bueno y eso lo hace aburrido, ¿sabes qué creo que deberías hacer? Haz que cometa alguna travesura o desobedezca al maestro. Él me recuerda tanto a mi abuelo, ¿es él en quién te inspiraste? Como sea, un protagonista nunca se olvida si se hace notar...

El enano quizás tenga razón. Creo que llevaré a cabo su consejo, ¿pero en qué desobedecía el maestro? Mi protagonista, al igual que todo ser humano, debe cometer equivocaciones y porque tácitamente se cree perfecto en mi historia, es hora de demostrar que es tan humano igual que el resto.

-No es mala idea. La consideraré. Bueno, ya que sabes de mi historia, dime qué opinas si yo agregara otros protagonistas para que acompañen al héroe –lo he estado pensando desde el sábado- me gustaría agregar el viejo truco de los elementos, el héroe es el Dragón del Agua (el del viento lo usaron y creo que vi uno protagonizado por el fuego) y los nuevos ingresos complementarían los demás elementos: Viento, fuego y tierra.

-¡Arruinas todo! ¡Que sea en solitario! Si hay otros cerca de mí perderé mi estilo.

-¡No lo haré! Siempre el protagonista es uno, ¿por qué no puedo romper la tradición y hacer que otros también sean importantes? No te preocupes por tu puesto, el tuyo es especial. Y para que veas, voy introducir a Dojo en la historia. No como lagartija si no como un dragón cómico que puede crecer metros de altura y volar, es el encargado de llevar a los chicos en sus misiones, ¿qué te parece?

-Suena bien –repuso encogiéndose de hombros.

-Omi... en semana y media tocan las inscripciones en la universidad, pensaba en meter para ingeniería de software segundo semestre porque no veía en qué otra cosa podría servir, pero en estos días he reflexionado y he descubierto que tal vez estés en lo cierto y esa carrera es muy aburrida. No quiero echarte el cuento completo, no obstante, escogí esa carrera porque no tenía ni idea de qué me gustaba. Quizás ingeniería no es para mí y que me haya quedado pobre no es coincidencia si no para darme cuenta que mi vocación es la literatura, escribir, innovar, expresar y creo que solicitaré un cambio de carrera. ¡Me inscribiré para estudiar en literatura! ¡¿qué te parece?! –Omi se echó a reír. Me quedé perpleja, no sabía que elegir una carrera resultara tan gracioso- ¿cuál es el chiste? A ver si puedo reírme yo también.

-¡¿Tú?! ¡¿en LITERATURA?! –siguió riendo, se desplomó en el sofá y pataleó carcajeando con fuerza. A quemarropa se puso serio y añadió-: no durarás ni una semana.

-¡¿Qué?! ¡¿en qué te basas para decir eso?! ¿Acaso no eras tú quien me decía que debía de estudiar literatura porque mejor se me daba y que, además, ingeniería era aburrido?

-Lo dije... hace días. Ya cambié de idea. Debes vivir con el progreso, linda. Literatura no es una buena opción, con tu suerte ni yo metería las manos en el fuego por ti...

¡Qué simpático! Cerré furiosa la laptop y me aparté. Una voz en mi consciencia me increpó señalando que fue una mala idea comentársela a Omi. Ese niño no me respeta, es un sexista neandertal. ¿Cómo creí que iba apoyarme? Nota mental: No te escuches a ti misma. Cuando el Sr. Fung llegó, Omi metió a Dojo en el bolso y se despidió a secas. Posteriormente de ese rollo que tuvimos, no le dirigí la palabra ni él me volvió a sacar el tema o mencionar algo. Mi única compañía fue Dojo, el lagarto. Doy vergüenza lo sé. En serio ¿tan horrible fue que decidiera cambiar ingeniería de software por literatura? Ignoren a Omi y a su comentario y contesten a mi preguntan, please, ¿creen que estoy precipitándome? ¿opinan que escoger a literatura como ocupación en la vida es una locura? ¿o piensan que debería continuar?

Tampoco es que llevo meditando en ello desde ayer si no lo he estado recapacitando el día en que el niño me dijo que mi carrera era aburrida porque no lo hacía con motivación tomé esa carrera porque tendría un trabajo asegurado y me entiendo con los números. No porque me gustara. Y cuando iba a la preparatoria, mi asignatura favorita era lengua, los profesores que me impartieron clases comentaban que mostraba siempre entusiasmo y mi trabajo en la redacción y ortografía era intachable. Las obras que la escuela montaban eran producciones mías. ¡Y Kei me debe una! ¡¿o cómo explicarían que ella llegó a convertirse en Julieta en la adaptación de The tragedy of Romeo and Juliet?! Y los pequeños cuentos que escribía para la escuela en la semana del libro por mero ocio, siempre obtenían el primer lugar, los jueces elogiaban mi impecabilidad. Me fue bien en la literatura, al escribir minuciosos análisis de las obras, memorizar sus autores, fechas de publicación e investigar las tendencias literarias (debo decir que mi favorita es la romántica). Ejem, me gustaba hacer la tarea de castellano.

Pero me encanta aún más escribir mi libro, añadí a cinco personajes a la historia basados en Clay (¡oigan! Su nombre merece aparecer allí, fue quien me inspiró), el idiota (prometió que iba ayudarme, además dijo que le gustaba mi historia, ¿qué es una historia sin un idiota en el grupo?) y yo (me parecía que había muchos varones y necesitaba un equilibrio, voy a dedicar mi historia a los niños y hay chicas que leen, no todas las mujeres son malas, deben sentirse identificadas con alguien de su mismo sexo. Pero no se asusten, llevará el nombre de Keiko... no soy tan egocéntrica); Dojo también está incluido tal como indiqué la última vez, es el guardián del pergamino de los Shen Gong Wus y el "medio de transporte" de mis Monjes Xiaolin, incluí a un nuevo villano Jack Spicer (mi ex cumple los requisitos, aparte de que es divertido). Ahora sí creo que quedo bien, ese mimo que vi en el restaurant me ha dado una estupenda idea para escribir el segundo capítulo. Clay debe protagonizarlo pues que sin él esta historia no es posible. ¿Por qué antes no pensé en estudiar literatura?

Soy tan necia.

Ya está, he decidido que voy a estudiar literatura. Me inscribiré, si mi pensamiento al final del semestre continúa siendo el mismo, voy a llenar mi planilla para inscribirme el segundo. Por ahora –bostezo largo- creo que voy a dormir. Cené comida precalentada, amanecí muy temprano, ya hice las modificaciones al primer capítulo y estoy cansada. ¡Ah, dulces sueños para ustedes también!

¡Hola, Kimi! ¿cómo has estado? Lamento los inconvenientes causados y no haberte podido ir a visitar, he estado atendiendo asuntos del trabajo que me imposibilitaron escaparme y te pido disculpas por eso.

Sé que no tengo perdón así que en compensación convencí a papá organizar una pequeña reunión familiar ¿y qué crees? ¡Él aceptó! Tienes que estar lista y presentarte puntual en el Buffet Dush a las once.

No desayunes y lo más importante no le reproches a papá, te apoyo en tu decisión de independizarte, pero no lo juzgues... tú sabes que él está herido porque su princesita se fue de casa. Intenté llamarte y decírtelo por el teléfono, pero imaginé que estabas en la ducha y no insistí. Así que por eso preferí escribirte un mensaje.

¡Eso es todo, hermanita! Cuídate – Besos de Tomoko.

¡Ah! ¿Y para esto me despiertan de mi descanso de belleza? Me olvidé apagar el teléfono –mis ojos entrecerrados piden una segunda vuelta, no he salido de la cama y no tengo deseos de hacerlo-. Nota mental: En el futuro, antes de ir a la cama apagar el teléfono. Seguro que puedo dormir quince minutos. ¿Qué hora es? Son las diez y veinticinco de la mañana… ¿lo ven? Llegaré... ¡¿SON LAS DIEZ VEINTICINCO DE LA MAÑANA?! ¡MALDICIÓN!

Salté de la cama y me caí bocarriba en camino al baño. ¡Auch! Soy un desastre caminante. Me apoyé del respaldo de la cama para levantarme y me metí a ducharme. Y tuve un ligero problema porque no pude encontrar mi cepillo. Hubiera preferido plancharme el pelo, pero como comprenderán, ando corta de tiempo y me peiné con uno de esos estilos rápidos que aprendes en la tele. Elegí un coqueto vestido Stradivarius de colores vivos con estampas de rosas en diferentes tamaños y colores, de mangas tres cuartos, el escote en forma de V y un cinturón delgado. ¡Adivinaron! Me encantó este vestido porque resalta mis bubis y delinea mi cintura, sin mencionar que en la parte inferior queda acampanada. ¡¿Zapatos?! Creo que me llevaré estos de acá. Los agarré pero no los pude levantar. Por alguna desconocida razón estaban fijados al suelo. Por más que me esforzaba por despegarlo, menos se movían. Creo que alguien los pegó al suelo con silicón o pega loca... ¡maldita sea, esto tiene que ser obra de...!

-¡OMI! ¡CUANDO TE PONGA LAS MANOS ENCIMA VERÁS COMO TE ENTERAS!

¡Mierda y más mierda! Ya veré luego como los quito de ahí. Elegí unos tacones Dior. Tuve que maquillarme en el camino porque mi casa queda algo lejos de Buffet Dush. No estoy de humor para sutilezas. Llamé un taxi y éste vino enseguida. Pude siquiera aplicarme el rímel y rubor en mis pómulos, el brillo en los labios no puede faltar. ¡Me muero porque conozcan a papi! Es un hombre estricto y serio, pero tiene corazón de niño y me refiero es que a veces se comporta igual a uno. No importa las circunstancias en que él esté, siempre tiene la razón; es mal perdedor, a menudo hace berrinches, en las discusiones adopta una postura infantil y ni me atrevo a decir lo que dice cuando está probando sus videojuegos.

Me agarró el pánico cuando me paré en el recibidor. Pero pronto me tuve que quitar ya que estaba en el medio y estorbaba el paso de los que entraban y salían. El Buffet Dush no es un local muy grande, su aspecto externo es similar a un remolque y por dentro no cambia casi nada. Aquí sirven las tres comidas diarias, aunque sólo he tomado el desayuno. Los precios son asequibles para todo el mundo y los platillos son de excepcional calidad a pesar de que no ofrece un menú con comestibles exóticos como El último suspiro, que es un restaurant de comida americana. Sí, bueno, mi padre no se jacta de su condición ni presume vistiendo elegantes esmóquines si no se conforma con una ropa que le sienta cómoda. Es un hombre sencillo. El lugar está bastante concurrido. ¡Uf! Me llega el olor de unos deliciosos waffles cocinándose desde la cocina, no hay nada más sabroso que comer waffles en la mañana. Me está abriendo el apetito. Parece que las once de la mañana no es mal hora para desayunar.

¡Oh! Allí está... ¡papá! Al parecer no se ha dado cuenta que estoy aquí, ¿qué está haciendo? ¡¿está leyendo el periódico?! Sólo a papá se le ocurre traer el periódico. Perdónenlo ustedes ya saben cómo son estos millonarios: Excéntricos. Mi papá no sonríe mucho y por lo visto, hoy no es excepción. Trajo una camisa blanca con solapa al frente y lleva puesta otra de sus estrafalarias corbatas. Son unas corbatas coloridas que le quedarían mejor a Omi que a un señor de unos cincuenta y tantos. Papá no tiene noción para vestirse, coge lo que le gusta y se lo echa encima. A menudo antes de que saliera a una conferencia de negocios lo ayudaba a vestirse. Creí que me había deshecho de esas corbatas terribles. Mi partida lo ha afectado demasiado. Tal vez no sea demasiado pronto y pueda irme. ¡Esto ha sido una mala idea! Me di la vuelta sigilosamente cuando mi hermana aparece y me abraza.

-¡Cariño, has podido venir! Te hemos estado esperando –se separa y me echa un vistazo. Su sonrisa es dulce y maternal- tú, en definitiva, tienes que ser mi hermanita. Sólo ella podría irradiar tanta fuerza y bondad al mismo tiempo. ¡Mírate! Estás muy linda. Aún se te marcan hoyuelos en las mejillas cuando sonríes –repone señalando-. Ven a la mesa, papá está aquí.

Así es Tomoko. Es mi hermana mayor. La diferencia entre nosotras son unos siete años. Es una mujer con una marcada personalidad maternal, comprensiva, cariñosa, sensitiva, llena de determinación y madura para su edad. Cuando mamá murió yo estaba muy pequeña aún y asumió muchas responsabilidades, siempre ha estado cuidándome. Claro, no quiero decir que sustituyó a mamá (nunca se ha entrometido en mi vida privada y ha respetado todas mis decisiones) ni actuado dominante como la mayoría de las madres, para mí ella es y seguirá siendo mi hermana y mi primera amiga, sólo que papá titubea para ciertas cosas, ¿ustedes quién cree que me dio mi charla sobre la sexualidad a los once? Fue Tomoko. Eso y porque ¿acaso creen que mi madre saldría a las calles vistiendo una culote, una playera y zapatillas deportivas? Aún sin saber de moda, el estilo de Tomoko es fresco, juvenil y le luce.

-¡Papá, mira quién está aquí!

-¡Hola papá!

-Ah, hola… Kim –mi padre no es de los que desbordan sus sentimientos. Bajó el periódico y esbozó una sonrisa pequeña. No me importa, me agacho y le doy un beso en la mejilla. Y me senté a la derecha de mi hermana- bueno... ya estamos aquí... comamos algo. ¡Mesera!

-¿Qué quiere que le sirva, Sr. Tohomiko? –una señora rechoncha, mejillas rosadas y rizos se acercó a nuestra mesa.

-Primero las damas, ¿ustedes qué van a pedir?

-Yo voy a querer unas tostadas a las francesas, por favor.

-Eh, unos waffles, huevo frito y tocino, por favor.

-Yo... sírvame lo que ella pidió. Y en adicional, tres tazas de té jamaicano.

-¡En seguida, señor!... –la empleada no tardó mucho, volvió a los diez segundos de haberse marchado- señor, ¿le traigo su tartaleta de fresa como cada viernes?

-Hoy no, Florencia. Muchas gracias, de todas formas.

¿Tartaleta de fresa? Ese es mi postre predilecto. Papá me llevaba a merendar con frecuencia a este lugar cuando no estábamos peleados, me invitaba siempre una tartaleta porque sabía que me gustaba. He sentido debilidad por la fresa desde que era niña, ¿acaso no tienen una fruta favorita? Miré a mi hermana buscando explicaciones. Tomoko me sonrió y se encogió de hombros. Y había pedido lo mismo que yo. A lo mejor, mi padre no estaba tan enojado conmigo como yo creía y en verdad, quiere reconciliarse. ¿Habrá aceptado qué tenía razón y él se equivocó? ¿Qué si me lo propongo puedo lograr ser independiente? a fin de cuentas, duré un mes sin su talonario de cheques. Yo digo que él no lo aceptado, su orgullo no se lo permite, pero no quiere enfadarse. Entre Tomoko y yo, él ha pasado más tiempo conmigo. Afirma que soy todo lo que le quedó de mamá. Con mi hermana fue el caso contrario. Ella estuvo más apegada a mamá. Siento un poquito de nostalgia, dijo que ella si estuviera viva me hubiese adorado.

-¿Y cómo has estado? –balbuceó papá cruzando los brazos. Es un comienzo.

-Bien –esta es mi oportunidad para demostrar los resultados bien logrados de mi nueva vida independiente- me he adaptado a mi nuevo conjunto residencial, amo mi vecindario, estoy aprendiendo a cocinar (cada vez lo hago mejor) y trabajo a medio tiempo. Aún así me sobra para ir de compras y ver una película de vez en cuando.

-¿Cómo te tratan los vecinos? –no sonaba muy convencido.

-Son simpáticos. No he tenido ningún conveniente con ellos. Sí sabes que el hijo del dueño y yo somos amigos, ¿no?

-Qué bien. ¿En qué trabajas?

-De lunes a viernes trabajo como niñera en las tardes y los fines de semana cuido mascotas a la misma hora, lo hago para que cuando vuelva a la universidad no interrumpa mi horario. Me ha ido muy bien hasta ahora.

-¡Me alegro por ti, Kim!... –sonrió mi hermana. Mi padre inclinó la cabeza sin descruzar los brazos.

-¿Aún tienes la tarjeta de crédito que te dejé? –asentí con la cabeza- recuerda que la puedes usar si la necesitas. Y en tu edificio -se rascó la nuca desviando la mirada- ¿hay... muchos... chicos... de tu edad... bien parecidos?

¡Oh genial! ¡está tratando de averiguar si tengo novio! Papá es receloso con ese tema. Dice que no puede entregar a sus hermosas hijas a ningún hombre sin antes haber pasado por él y obtenido su aprobación. Es sobreprotector en ese aspecto. No lo hace para retenernos si no porque quiere asegurarse de conocer bien a la pareja y para asegurar su salud mental. Es de los padres que prefiere que esté trabajando hasta tarde en vez de estar por ahí con un chico. Me parece que es tierno y algo fuera de lugar, ¿por qué estaría pensando en novio cuando lo único que quiero ahora es estabilizarme? Por lo demás, tampoco es que he conocido a todos en mi edificio y los únicos chicos de mi edad son Clay y Raimundo. Clay es mi amigo. Y el otro es un idiota quien no quiere saber nada de mí.

-Supongo que sí, no estoy interesada en tener novio –me estremecí. Me incomoda hablar de esto con él.

-Eso es bueno.

La mesera llegó con nuestras tres órdenes. ¡Huele tan dulce! Le echaron miel y ¡miren eso! Pusieron una fresa encima. Este es el desayuno más suculento en años. Tomoko nos brindó a todos buen provecho. No pude pedir más, cogí cuchillo y tenedor piqué un trozo y lo metí a la boca. ¡Está tan crujiente, tan suave y tan caliente! Los huevos fritos no estaban mal y el tocino estaba rico. Mi padre se engulló su plato. Él es rápido cuando se trata de comida y de cerrar negocios. El té llegó a buena hora. He saboreado tanta miel que a mi boca le quedó el sabor empalagoso. Bebí un largo trago. Nadie dijo nada, salvo cuando papá comentó.

-El pelo te ha crecido más –acaricié las puntas y disentí con la cabeza- juraría que te hiciste algo, la última vez era diferente, no deberías teñírtelo lo tienes bonito así –yo ni siquiera había pensado en pasar por la peluquería- ¿te fijaste que están las inscripciones abiertas en la universidad?

-Sí –creo que ya ha llegado el momento de comunicarle mi decisión, de todas formas se iba a enterar algún y prefiero que sea por mí y soportar sus gritos ahora- papá, me contenta que hayas sido tú quien eligió el tema, llevo varias semanas planteándomelo y he decidido dejar la ingeniería. No me gusta esa carrera. No pienses que esto guarda relación con mi decisión de independencia ni tampoco es personal, si no porque quiero optar una por mi voluntad así que quieras o no voy a estudiar literatura –mi padre me miró absorto. Mi hermana se quedó helada. Yo estaba titiritando, esforcé una sonrisa e incliné la cabeza afirmando mi decisión. Tomoko volvió a sonreír como de costumbre.

-¡Bueno... me parece espléndido que hayas decido expandir tus horizontes! Si literatura es lo que te gusta, pues adelante, toma esa oportunidad –alargó el brazo, agarrando mi mano-. Nosotros te apoyaremos pase lo que pase.

-¡En absoluto! –mi papá no está de acuerdo con Tomoko, casi nunca han estado de acuerdo en nada- ¡¿cómo vas a abandonar una buena carrera por una como esa?! Lo admitiría si me dijeras que querrías estudiar medicina o derecho, pero ¿literatura? ¡¿es que no te has puesto a pensar, hija mía?! ¿El sueldo qué recibirás? ¿dónde trabajarás? ¿todo lo que vas a pasar? Tu futuro, tu herencia, tu inteligencia, ¡tu educación! ¡¿quieres mandarla al caño?! –replicó energúmeno. Tomoko comenzó a mirar a todos los lados, papá estaba llamando la atención cuando agarró la servilleta de mala gana- ¡¿por qué te has propuesto a arruinar mi vida así?! Dime por favor, ¡¿qué hice mal contigo?! No vas a llegar a nada trabajando en una editorial ni mucho menos podrás sostenerte...

-Padre, por favor, cálmate. Piensa que se te puede subir la tensión –susurró Tomoko.

-¡¿Cómo quieres que me calme?! ¿no estás escuchando los disparates que dice tu hermana?

-Yo pienso que las personas deben escoger la carrera que les apasione, todos nacimos con un talento, sólo así trabajarán duro y entregarán corazón a lo que hacen.

-¡¿Es que tú también te volviste loca, Tomoko?! –le espetó, su frente perlada de sudor y su rostro enrojecido, jamás le vi en ese estado.

-¡No le digas así! –sollocé, parándome de la mesa- ¡es increíble! No quieres que busque un techo propio donde vivir, no quieres que trabaje, no quieres que estudie lo que quiera ¡tú no quieres que tenga una vida! Quieres que sea como una muñeca a la que puedas manipular al igual que tus empleados y tus juguetes. ¡Papá no es justo! Te equivocaste cuando me dijiste que me habías dado todo y no es cierto porque no tengo tu apoyo, no confías en todo lo que he logrado siendo independiente. A lo mejor tienes razón y estoy cometiendo un error, pero al menos déjamelo averiguar por mí misma, ¡esto es lo que quiero! ¡y si voy a tropezar, me las arreglaré para levantarme! ¡Esta es mi decisión y no la cambiaré!

-No me hable en ese tono, jovencita. Y escúchame bien lo que te voy a decir: si renuncias a ingeniería y te inscribes a literatura, no financiaré tus estudios. Bajo ninguna circunstancias prestaré mi apoyo a tal barbaridad.

-¡No puedo creerlo!

-Lo hago por tu propio bien. Algún día me lo agradecerás. En cuanto te arrepientas, podrás encontrarme en casa y aceptaré tus disculpas.

-¡¿Agradecerte?! ¡NUNCA! No quiero volver a saber más de ti.

Salí azorada y llorando sin terminar de desayunar. El sol me cegó y mi cabeza daba vueltas. Mis ojos despedían lágrimas, mi cara está hinchada y muy roja. No sabía a dónde dirigirme. Quería irme lejos. ¡¿Cómo se atreve?! Esperaba esto de Omi, más no creí que mi papá fuera a reaccionar tan histérico, me esperaba que se comportara cabezota, pero yo no contaba con que retiraría su apoyo económico. Esta vez excedió el límite. Si quiero pagar mis estudios, debo triplicar los turnos o aumentar el precio o ver en qué otra cosa podré trabajar. Eso sí, no aceptaría limosna. Sería deshonroso. Creo que escuché la voz de Tomoko llamarme. Tal vez es una alucinación, ella debe estar adentro calmando a papá o quizá sea verdad, pero no regresaré. No puedo después de lo que dije. No quiero volver a saber de ti. Papá nunca me ha tomado en serio y dudo que haya hecho caso de mis últimas palabras. Es hora de que me desentienda de él y siga por mi camino, en contraste pensaría que ablandé mi decisión o no cumplo mis promesas. Sería peor pues que estaría dándole la razón automáticamente. Jamás aprenderá si no me pongo dura con él.

Apenas pasó el primer taxi le pedí que me llevara a casa. Lo único que quiero hacer es irme a mi cuarto, hacerme un ovillo y llorar. Necesito un consuelo. Saqué mi celular del bolso y llamé a Clay. No contestaba, supuse que estaba en el trabajo y lo tendrá apagado. Desistí y llamé a Kei. Repicó varias veces antes de caer la llamada. Estábamos pasando por la plaza entonces y me alegré un montón de oír su voz.

-¿Hola?

-¡Kei! Perdón por no saludarte –no reconocí mi voz. Estaba quebrada como mi alma en ese instante- es que necesito hablar con alguien y nada más puedes ser tú. Discutí con mi padre de nuevo... –le conté lo sucedido desde esta mañana cuando vi el mensaje que me envió mi hermana, la cita en el restaurante y el desastroso final. Le dije que me sentía decepcionada, frustrada y terriblemente afligida con él y conmigo misma, yo no esperaba un consejo, pero sí una nota de consolación- el punto es que a pesar de la resolución que ha tomado mi padre estoy determinada a seguir adelante, me duele tener que hacerlo, pero tengo qué o si no mi padre pensará que soy pelele, descargué mi planilla y tenlo por hecho, estudiaré literatura. Él debe entender que soy una mujer, responsable de mis actos y solamente yo puedo decidir qué está bien o qué está mal para mí. ¿Tú qué opinas? –Kei se quedó callado, quiso decirme algo y en lugar de hacerlo, balbuceó burbujas de aire y risitas nerviosas- ¿qué te pasa?

-Nada, Kim. Tu historia me dejó aturdida y lamento si no tengo nada bueno qué decirte.

-¿Te parece que me estoy precipitando? ¿es eso lo que me quieres decir?

-No, admiro que quieras exponer tus puntos sobre la mesa y hayas decidido ir en contra de tu padre. No muchas chicas se atreven a renunciar lo que tiene por perseguir sus sueños.

-¿Entonces por qué te noto tan extraña por teléfono? No eres buena para mentir y lo sabes.

-¡Está bien! Pero no olvides que me lo pediste... es que tu padre quizá tiene algo de razón. Un licenciado en literatura no tiene muchas puertas para solicitar empleo, la situación del país ha limitado últimamente el campo laboral y, me vas a perdonar por decirte esto, pero es una carrera inútil. Por ventura, opino que deberías conservar ingeniería de software y estudiar literatura. No es tan pesado incursionar dos carreras, una de mis compañeras de clase estudia educación en el día y por las noches estudia biología ¡y le va súper bien!

-¡Para! ¡Para! ¡¿también tú?! ¡¿Mi carrera "inútil"?! ¡¿de qué lado estás?! No puedes estar hablando en serio, ¡creí que ibas apoyarme! ¡esto es el colmo!

Cometí un error haberla llamado. En el restaurante me llevé un chasco de agua fría de balde para lavar autos en la cara. Y por vía telefónica recibí una apuñalada en la espalda. El calor del momento no me permite pensar con claridad. Ofuscada y furiosa colgué la llamada. No quiero escuchar ninguna otra opinión. Capaz que Clay me dice que esa carrera es horrible y rasparé el semestre. Fue la percepción de Omi... la de mi padre... la de mi mejor amiga. No me había sentido tan desgarrada ni vacía en toda mi vida. Cuando pisé el vestíbulo la ira se esfumó y me fui consumiendo por la tristeza. El ascensor no funcionaba para nadie hoy. Me toca subir las escaleras. Una... dos... tres... me abracé al pasamano y caí hincada en el tercer escalón. Logré reprimir mis lágrimas de camino a mi apartamento. Ya no puedo contenerlo otro segundo. Me eché a llorar. No me importa que esté en zona pública.

Recogí las rodillas y hundí la cabeza en ellas. Me abracé a mis piernas. Me disgusta discutir con papá. Estoy consciente de que Kei fue honesta. Me duele saber que estoy sola. Pero mi sentencia es irrevocable. ¡Vamos Kim! Seca esas lágrimas. Tienes que levantarte. Si sigues llorando el vestido se arrugará. Eso me animó y cuando me moví escuché unas pisadas. No sé quién pueda ser. Estoy mirando las escaleras hacia abajo. Permanecí inmóvil. Le faltaba un escalón por bajar. Y entonces sorbí mi nariz. Es un mal momento para andar moqueando y tener los ojos hinchados e inyectados en sangre. Se volvió hacia mí y se puso de cuclillas. Levanté la mirada a hurtadillas y me arrepentí. ¡Raimundo! ¡Oh, por mis estrellas!

-¿Por qué tan triste, princesa?

-¡¿Triste?! ¡¿yo?! –me señalé con un dedo-. ¡Para nada! Estaba aquí reflexionando –sonreí. Me incorporé y sacudí el polvo en mi vestido, di media vuelta yendo hasta mi apartamento. A última hora necesito que él se burle de mí y me llame fracasada. Raimundo subió de dos escalones, adelantándose y bloqueando mi camino.

-¿Entonces por qué estabas llorando?

-¿Llorando? –me eché a reír- ¡debiste haberlo imaginado! No estaba llorando y en cualquier caso, no lo haría porque se me correría el maquillaje. Ahora con tu permiso tengo que subir.

Me deslicé a la derecha, rodeándolo. Pero él también lo hizo impidiéndome pasar. Le sonreí ¿eso puede pasar, no? Volví a mi punto de inicio y él me imitó. Señalé que iba hacia el otro lado. A pesar de mi advertencia, se interpuso otra vez. ¡De acuerdo, está extralimitándose! Tomé una bocana de aire y me moví a la derecha al igual que él también. Incliné la cabeza a la izquierda y él cayó en mi trampa, desplazándose a la izquierda mientras corría hacia la derecha y saltaba los escalones. Raimundo me persiguió y atrapó mi muñeca.

-¡Suéltame! ¡déjame ya, Raimundo! ¡No estoy de humor para jugar! ¡En serio quiero irme a casa!

-No te dejaré hacerlo.

-¡¿Oye, qué haces?! –con la otra mano que estaba libre sujetó mis piernas, soltó mi muñeca y rodeó mi brazo alrededor de mis hombros. Me levantó del suelo y me cargó en brazos en tanto subía por las escaleras.

Intenté resistirme. Lo empujé, pataleé fuerte, le pedí a gritos y ordené con voz firme que me bajara al suelo. Me ignoró. Abrió la puerta de su apartamento. Me llevó adentro. ¡¿A dónde quería llegar?! ¡¿a su cama como la otra vez?! ¡De ninguna manera!

-¡Bájame ahora mismo! –ordené golpeando su espalda- ¡ponme en el suelo!

Raimundo me arrojó en brazos del sillón, literalmente. Salí volando y caí sobre el culo en el diván de su sala. ¡Qué abuso! No conocí a nadie tan descortés. ¡¿Cómo se le ocurre tirarme como basura?! ¡soy una persona, merezco respeto! Su comportamiento desconsiderado deja mucho que desear. Me acomodé la falda del vestido y corrí hacia la puerta. Tengo que salir. El idiota alcanzó el pomo de la puerta.

-¡Esto es secuestro! Quiero que me dejes ir y si no lo haces... ¡te arrojaré al piso!

-Estoy impaciente por ver como lo vas a lograr con tus 58 Kg.

-¡¿58 KILOS?! ¡Qué mentiroso eres, mi peso real es 48 Kg ni un gramo más ni menos!

-Has olvidado un detalle importante: Yo te cargué y puedes apostar que ese no es tu peso.

¡Oh genial, esto es fantástico! Armé una pataleta, lo que recetó el doctor para cerrar este día con broche de oro fue que me llamaran gorda. Mi fuente proviene del consultorio del doctor y no estoy inventando datos. Mi peso no pudo haber variado tan rápido, mi última visita fue muy cerca del día en que me mudé y me sé cuidar muy bien. Lo escuché riéndose detrás de mí. A él le parecía graciosa mi situación.

-Sólo te dejaré ir si me cuentas por qué llorabas. No digas que no es verdad porque yo te vi.

Liberó el picaporte y se fue a su mini-bar. Una pequeña nevera para refrigerar sus licores he contado alrededor de siete botellas de vino tinto. Sacó de su estante un par de copas y sirvió una ración moderada en cada una. Le echó cerrojo a la puerta. Estaré recluida hasta que no le diga lo que quiere oír. Soy un imán para meterme en problemas. ¿Por qué no podía ser un imán de chicos u ofertas de empleo? Renuncié a mi primer propósito. Me regresé al diván.

-Discutí con mi padre y mi amiga. Esta mañana mi hermana me envió un mensaje para que asistiera a un desayuno familiar. Me dio un poco de miedo, pero era tarde para retirarme y me senté a comer con ellos, todo marchaba bien hasta que le dije a mi padre que no seguiría estudiando ingeniería de software si no tomaría literatura. Y él se molestó, más que porque iba a cambiar de carrera es pues que no le gustaba mi nueva elección. Según él, los artistas somos muy liberales y su estilo de vida es bohemio, en adición que estudiar literatura no es una opción muy rentable y pasaría hambre y trabajo. Amenazó que si no me arrepentía, iba a retirar su apoyo económico. Yo, enojada, le dije que no quería verlo nunca más y salí. Me sentía triste y llamé a Keiko para contarle lo que me había sucedido, nomás en vez de poner una curita encima de la herida le echó sal y confirmó que literatura es una carrera inútil. No era lo que esperaba ni mucho menos estaba de buenas para escuchar otra crítica y le corté la llamada. Después me senté en las escaleras y ahí tú apareciste...

Me giré hacia él. Raimundo no me escuchaba si no estaba muy a gusto disfrutando su vino, en cuanto lo terminó volvió a servirse otro trago y se lo bebió enseguida. Arqueé una ceja y automáticamente ya estaba caminando hacia él.

-¡¿Estás prestándome atención?!

-No –respondió sincero- te pregunté por qué llorabas, no estabas en la obligación de contar los detalles. ¡Oh! Ahí está tu vino. Bebe, se nota que lo necesitas.

No sé si es buena idea. Descubrí que soy débil con las copas y la última vez sufrí una resaca que me atormentó durante el día entero. Pero admito que preciso olvidarme mis problemas. El alcohol no lo hará, aunque no cometeré un error si no me exceso. Sólo tomaré una copa. El idiota sabe escoger sus vinos. Dulce y amargo. Revisé la etiqueta dorada de la botella. ¿Dónde lo compró? Importado desde los viñedos más selectos y exquisitos de la bella Italia (no está mal). Bebí otro sorbo. Abriendo un paréntesis, no sé si su honestidad es prodigiosa o su cinismo es desaforado. Ustedes sabían de mi condición.

-Gracias –susurré. Le devolví la copa.

-¿No vas a pedirme más?

-Mejor no. Tú sabes lo que pasó la otra vez.

-Aprendiste tu lección, ¿cierto? –me obsequió una de sus hermosas sonrisa pícara de reojo y aparté el rostro ruborizado. El idiota se sirvió su tercera copa- haces bien –suspiró- viendo lo lista que eres te podrías emborrachar a la segunda copa.

-¿Insinúas que no tengo control en mis propias acciones? –sugerí crispada. Raimundo bebió ignorando la pregunta. ¡Cielos ¿puede beber un trago tan largo y no perder la conciencia en el intento?! Solté un bufido- ¡mira quién lo dice! –resoplé. Dejó la copa. No se sirvió más si no se me quedó mirando a los ojos.

-¿Puedo preguntarte algo? –ya lo hizo- ¿por qué me odias? ¿Te hice algo? –Imbécil ¡¿y aún pregunta?! Volteé los ojos.

-Como si no lo supieras –reí sin alegría, torné mis ojos encontrándose nuestras miradas- tú sabes por qué. Tengo diversas opiniones encontradas y todas ellas contradictorias. A veces pienso que sólo quieres ayudarme y en otras oportunidades creo que quieres alejarme de ti. Con la verdad por delante, no estoy pensando con claridad.

-Bueno, espero que en el futuro sea yo quien esclarezca tus pensamientos –hizo un ademán. Cerró los dedos alrededor de la botella y fue a guardarla. ¿Qué me habrá querido decir? ¿es bueno o es malo? ¿cómo tomarlo?-. Deberías estudiar literatura.

-¿Lo dices en serio? ¿o es una broma? -¡ajá! Entonces sí estuvo escuchándome.

-Con la verdad por delante, hablo en serio... –cerró el frigorífico pateando la puerta y volvió conmigo- en mi caso, yo estudié para ser periodista y me gradué como tal, con honores. No llevo muchos años en el negocio, sin embargo, puedo opinar que es un buen trabajo y pagan bien. Salvo por una excepción, ¿imaginas cuál es? No es algo de lo que me siento orgulloso –dijo-, pero considero que soy un periodista mediocre. ¿Por qué? Odio lo que hago y te juro que si pudiera volver en el tiempo o vivir otra oportunidad, no escogería periodismo como carrera. No repitas mis errores.

¡Guau! No me esperaba una confesión. Si me hubieran dicho que Raimundo se convertiría en mi defensor número uno el día de mañana le habría abofeteado la cara a quien sea que lo hubiera dicho porque estaría pensando que se burlaría de mí. Decidí ser sincera y a cambio, obtengo esto. Admito que estoy impresionada y triste por lo que me acaba de contar. Nunca me había hablado de algo tan íntimo suyo. No quise parecer entrometida, quería saber algo más y le pregunté:

-Pensé que te gustaba tu trabajo –repuse- bueno, si no te gusta periodismo. ¿Qué te gustaría haber sido?

-¡Oh no lo sé! –él se ríe sin mirarme a los ojos- tal vez jugador de futbol profesional o hacer automovilismo.

-¡Vaya! Eso suena increíble. –Era lo más amable que podría decirle, pero ustedes y yo que pudo ser mejor y añadí-: muchísimas gracias por el vino y el consejo. Pero debo volver a mi apartamento –le sonreí. Él me acompañó hasta la puerta y la abrió para mí. Crucé el pasillo. Sin voltear atrás y saqué las llaves de mi bolso cuando...

-¡Kim! –miré por encima del hombro. Raimundo estaba apoyado en el marco de su puerta y me dijo-: no olvides que las personas van amarte y odiarte por la misma razón. No importa lo que digan los demás. Tu felicidad está por encima de todo y si eso es lo que te hace feliz, ¡adelante! ¡ve y tómalo! Seamos felices.

Intercambiamos sonrisas. No respondí. Creí que eso era suficiente. Él tiene razón, poner en práctica sus palabras demostraría que estaba de acuerdo. Empujé la puerta. Casi me vuelvo a tropezar porque inexplicablemente mis ojos no podían evitar mirar a otro lado. Estaban el mismo punto que hace unos minutos, que hace unas semanas, que desde el primer día. Él se echa a reír. Entrecerré la puerta y esperé que él cerrara primero. Apenas lo hizo, lo imité. Y me estrellé contra la puerta. Se me escapó un suspiro. Después de eso, me sentí como nunca antes.


A/N: ¡Qué enternecedor cierre! Fue parecido al penúltimo capítulo, con más sonrisas y menos alcohol. Poco a poco Raimundo está haciéndose más frecuente por aquí. Este episodio al igual que El peine de la red enredadiza muestra a Kim decidida a triunfar y comerse el mundo. Nadie confía en que lo hará por sus múltiples defectos y desespero de la propia Kimi. Pero todos sabemos que pasó al finalizar el capítulo. Ligaremos los dedos a que eso pase por ella. Hay una mini continuación de esto, pero más adelante. De esta manera, Dojo se introduce a la historia y forma parte de ella como la mascota de Omi, el travieso. Tomoko y Toshiro tienen su participación oficial. Kimi y Toshiro discuten como en los episodios El regreso del Panda y Locura en Tokio. Ese señor ama a su hija y su hija quiere mucho a su papá, lo que pasa es que hay relación complicada entre los dos por lo mismo que vimos al inicio. ¡Qué fuerte! Se comportó un poco duro el padre. Ni se diga de Keiko u Omi, ¿ustedes se lo esperaban? Y tal cual pasó en el 3º episodio de Duelo Xiaolin sólo el idiota tuvo confianza en ella. ¿Quién lo diría? A Rai no le gusta su empleo como periodista. ¿Qué creen ustedes? ¿Kim se precipita o no?

Esto es un caso de vida real, los padres no le gusta la carrera que va a tomar el hijo y el entorno encima presiona. Está inspirado en mí en mediana parte. Pero nada más el entorno (ya mi padre lo superó y dejó de insistir, si fuera por él yo sería médico). La diferencia está en que yo no tuve galán que me consolara. Yo me consolé a mí misma y no lloré en las escaleras. Es más, ni siquiera lloré. Les di su merecido a esas personas. ¿Qué opinan de esa actitud de Omi? No hablo de él y el lagarto, si no del otro asunto...

-Aparte de travieso, ¡chismoso!

¿Segura? En tu lugar había dicho otra palabra. ¿Saben cuál es? Miren, les voy a decir esto ya que sé que no me van a creer y por eso lo hago: Omi es el antagonista principal de la novela. Adelante, pueden reírse de lo que quieran y burlarse. No me crean...

-¡Alice estás mintiendo!

Sí, estoy mintiendo. Soy burda de mentirosa. Y si no lo saben, estoy volteando los ojos. No subestimen al chinito ni a sus bromitas, por favor. Omi es peor que Teresa Chávez. ¿Y cuál fruta es su favorita? ¡El postre de Kimi-chan! Yo adoro las fresas con crema. ¡Las fresas son mi fruta favorita! Y no critiquen el nombre. No soy buena con los nombres, ¿okey? ¿Qué les pareció esa tierna conversación entre Raimundo y Kimiko? Había previsto eso de que él la encontraría llorando en las escaleras, pero eso de moverse al mismo lado que el otro y cuando se la llevó cargando hasta su apartamento y la lanzó. Eso me salió tan natural. El reparto que tengo es tan genial que se mete muy en serio en su papel. ¡Y lo de los 58 kilos! Ay, ¡Raikim forever!

¿Qué creen que sucederá en el capítulo qué viene? ¿a qué personajes veremos? ¿son capaces de adivinar qué trama Omi? ¿cuándo y cómo será el próximo encuentro entre la dupla Raikim? ¿qué hará Kim? El siguiente episodio es la versión 2.0 de Katnappe! Así que cuidado o la gata sacará sus garras antes de tiempo. Esperaré sus comentarios con ansias. ¡Nos leemos, malvaviscos asados! ¡cuídense entre tanto!