Quiero ser escritora

12º

Todo lo que quiero es todo

¡Por fin llegó viernes de alegría! ¡Me encantan los viernes! Viernes es mi día de la semana predilecto no porque las clases concluyen para un período corto de descanso (que no es otra cosa que un grandísimo fraude porque yo nunca disfruté sábado y domingo por hacer tarea) o porque la jornada laboral finaliza hasta que llega el lunes (las vacaciones no existen como tampoco existen las cremas antiarrugas ni las bebidas dietéticas). Siempre mantendremos las manos ocupadas en algo porque el cerebro ni el cuerpo pueden estar sin hacer nada. ¿El corazón deja de funcionar cuando dormimos? ¡No! Por el contrario, sigue latiendo. Viernes es especial porque aprovecho la ocasión para ir de compras a mis tiendas selectas hasta que la tarjeta se ponga caliente. Y sería un día perfecto si un chico lindo acabara por invitarme a salir. Bueno, no se puede tener todo en la vida. La recuperación de mi estado financiero ha transcurrido lenta y puedo decir con seguridad que estoy bien (no excelente, por eso no me daré el lujo de abusar igual que la otra vez).

He planeado esta salida al centro comercial desde el fin de semana pasado. Excepto que no había escogido fecha y decidí que hoy sería. ¡Claro! Tengo otros compromisos pendientes, pero ya está todo arreglado. Para prevenir incidente, mi cerebro tuvo una gran idea: Anotar lo que voy a comprar en una lista y hacer el presupuesto de lo que me costaría cada cosa y llevar lo indispensable. Esto no es una compra egoísta, estoy pensando en comprar regalos para algunos amigos. Clay se comportó lindo la otra vez. Le regalaré un llavero. Yo espero que le guste, ¿qué le gustará a los hombres? Digo, comprar para una mujer es fácil porque hay de dónde escoger: Camisetas, pantalones, vestidos, aretes, bolsos, accesorios y todavía más. Pero ¿un hombre? Asumo que me porté mal con Kei, iré a su casa esta tarde y será la primera que le mostraré mi regalo. Le obsequiaré una blusa súper fashion y de paso, pienso mirar qué podría encontrar para mí. Si no, no importa. Decidí que mi prioridad hoy son los amigos. También le compraré a Omi. Sé que actuó grosero el martes pero decidí perdonarlo porque... él no es tan pesado si llegas a conocerlo. Y quisiera... dar un obsequio... al idiota...

¡No he perdido la chaveta! ¡Ni quiero decir que seamos amiguísimos! Soy buena persona y debo reconocer que el idiota me ha salvado el culo en dos ocasiones, la primera vez cuando me llevó a su apartamento en plena borrachera y la segunda vez cuando me alentó estudiar literatura. Y ¡hombre! Si eso no es ser agradecida no sé qué otra cosa es. Además, no es mi culpa si piensa mal de mí. Él tendrá escatimes para no gastar un centavo, pero yo no. Quién sabe, tal vez cambie de opinión. Fui al centro comercial Loel y para ayudarme ¡un pequeño y graciosillo duendecito!...

-¡Qué no soy duende!

Omi fue majadero al principio y se resistió acompañarme al centro comercial. Su machismo y su orgullo no le consentían rebajarse a ir conmigo porque son cosas de niñas y él tiene su reputación de Guerrero Shaolin que mantener. Sólo lo convencí cuando dije que quizá tenía algo en la bolsa para darle a la final. Eso lo alegró, esta mañana no gozaba de buen humor por lo sucedido en casa con sus padres. Al parecer, su padre lo permitió quedarse con Dojo a sabiendas que los niños le gustaban los animales y era buena idea porque así adquiría las responsabilidades tempranamente, pero como era de suponerse, su madrastra se negó a que Omi conservara su mascota. Los dos discutieron en la noche. Los gritos se oían en la alcoba de Omi. A final de cuentas, Omi pudo quedarse con Dojo. Sin embargo, él no está tranquilo porque piensa que su madrastra no se quedará de brazos cruzados e intentará una cosa para deshacerse de él. Omi estaba muy perturbado hoy de dejar solo a su animal que me insistió que cuando estuviéramos en mi apartamento le diera permiso quedarse. Dije que sí. Dojo es más tranquilo que mis perros y estoy acostumbrada al olor de orina. Además que percibí la frustración en la voz de Omi. Él no mentía y quería ayudarlo. A la postre de almorzar y de charlar acerca de lo sucedido, nos fuimos en taxi y llegamos alrededor de las tres.

El pequeño guerrero estaba encantado con el centro comercial. Me confesó que nunca en la vida había visto un lugar que reuniera tantas tiendas juntas. Me pareció mona su respuesta. Yo opino lo mismo. El centro comercial Loel es mi lugar feliz sobre la faz de la tierra. Omi se ponía a mirar lo que hay detrás de cada escaparate y corría entusiasmado por aquí y por allá. Lo llamé al llegar a Julius. Estuve largo rato observando los llaveros que la vendedora me enseñó y no podía decidirme. Todos eran tan bonitos. ¿Cuál de estos le gustará a Clay? Omi, aburrido, se sentó en un taburete a esperarme y se puso a pasear algo imaginario.

-¡¿Ya te decidiste?!

-Todavía no –se acostó encima del taburete y pataleó- ¡no me apresures! No quiero elegir uno cualquiera, quiero que sea uno especial –Omi soltó un bufido. Examiné de izquierda a derecha los llaveros y separé dos del resto. Estos son los más llamativos, ¿cuál me llevaré?

-¡Ya decídete! Llevas horas y horas mirando esos adornos. Nos echarán de la tienda por tu culpa.

-Omi, ¿cuál de estos dos te gustan más? –le dije colgando los dos llaveros delante de mí. Él alzó la cabeza e inclinó el cuerpo hacia adelante, los estudió con la mirada.

-El de la derecha –señaló.

-¿Tú crees? Es que pienso que de la izquierda tiene...

-¡¿Vas a dudar de la palabra de un hombre y más de un Guerrero Shaolin?! –replicó-. Esta es la situación: Quieres comprar un regalo a un hombre, ¿qué mejor que pedirle la opinión a otro hombre? Los hombres no nos fijamos qué tan bonito es el regalo si no lo práctico, qué nos será de útil. Si quieres regalar algo a un hombre, debes pensar como uno, pero si tú vas a dudar... –se encogió de hombros. Omi es persuasivo para ser un crío cuando quiere serlo, ¿no?

-Está bien, creo que tienes razón. Nos llevamos este –Omi sonrió conforme- aunque no eres hombre todavía. Te falta crecer.

-¿Acaso estoy escuchando un desafío? –cruzó los brazos- te recuerdo que estoy entrando en la pubertad...

-Por supuesto, ¿cómo se me ocurre? Vamos, hombrecito –le sonreí.

-Muy graciosa.

¡Oh, la pubertad! Aparición de la primera menarquía, dolores en los huesos, crecimiento de las mamas, ensanchamiento de las caderas, acné, la voz se te quiebra, hormonas alborotadas y todavía. ¿Quién dice que la adolescencia es una etapa hermosa? ¡es justo lo contrario! Me debía jalar una grúa de la pata de la cama para que fuera a la escuela con ese horrible grano en la cara. ¡Ah, viejos tiempos aquellos cuando salías corriendo en un vestido rosa huyendo de la policía y sin zapatos por las calles a las cinco de la madrugada! ¡qué tiempos! Omi no sabe en lo que se va a meter. Presiento que será el estereotipo de chico malo que va en moto y mete a los demás en inodoros. Ojalá que siga llegando temprano a casa y no amanezca en una calleja con resaca sin recordar qué ocurrió la noche anterior. ¡Ay Omi! Pagué en caja y en efectivo lo que valía el llavero, lo embolsaron y salimos. Omi iba saltando al frente mío.

-Bien, ¿a dónde vamos?

-Esta vez tú decides. Quiero regalarle algo al idi... ¡a Raimundo! Y no tengo remota idea de qué, y ya que tú y él son amigos, quería que me aconsejaras. ¿Qué crees que le guste?

-¿Y por qué quieres regalarle algo a Raimundo? ¿no era que te había tratado mal?

-Lo hizo, sin embargo, últimamente ha estado cambiado y me ha sacado de problemas. Me gustaría poder darle las gracias.

-Entiendo, ¿cómo qué te metes muy a menudo en problemas? ¡Así debe ser! –le reproché con la mirada- está bien, ya me divertí, has acudido al hombre correcto. ¡Vamos!

Me agarró de la muñeca para evitar que me perdiera. No sé cuál es el número de la talla de camisa del idiota así que no puedo comprarle ropa. ¿Qué será entonces? Omi y yo pasamos por la Librería Virgin y se me ocurrió que podría obsequiarle un libro. No me arriesgaría a darle literatura romántica, él dijo que estaba decepcionado de esos libros y quizá si compro uno de mi colección lo critique. Él es quisquilloso. ¡Libros no! ¡Ustedes también ayuden!... si no pueden ser libros ¿qué? Esta tienda a la que entramos tiene un segundo piso y subimos por la escalera mecánica, salimos. Estábamos en el segundo piso del centro comercial. Tal vez Omi me está llevando en círculos. No ha dicho nada por mucho tiempo. Y él no es del tipo que se calla. Cruzamos delante de la tienda de micro juegos. Es una de las tiendas que distribuye la mercancía de papá. Ofrece videojuegos para todas las edades con una gama de variedades para todos los gustos. Omi observó que hice una parada.

-¿Tú crees que le gusten los videojuegos?

-¡¿Te volviste loca?! Tiene veintidós, ¿para qué perdería su tiempo jugando videojuegos?

-¡Bueno! La edad no es excusa para que te dejen de gustar los videojuegos, yo también soy adulta y me encanta jugar con ellos. A veces los adultos son mejores que los mismos niños.

-¿En serio te parece que Raimundo es un tipo que se sienta frente a un televisor a presionar botoncitos? ¡por favor, Kimiko, yo lo conozco y sé que si compras un videojuego te odiará!

-Está bien. Sigamos buscando.

Omi sonrió a gusto. Continuamos en la búsqueda. Dudo que a Raimundo le guste un oso de peluche. Estaba mirando por el rabillo del ojo la tienda de juguetes. Evitamos las tiendas de ropa. Volvimos al segundo piso. Ni de chiste le compraré ropa interior. Él no tiene túneles en los oídos (descartados zarcillos) ni pircings (descartado comprar un pircing nuevo). No sé cuál es la tendencia religiosa de Raimundo. Pero si le compro una pulsera de tobillo roja o algo así, creerá que estoy loca. A no todos los hombres les gusta. ¿Y si le compro vino? A él le encantaría. No, no puedo entrar a una licorería con un menor. Estoy escaseando ideas.

-¿Omi, a dónde quieres llevarme con esto? Llevamos caminando en círculo quince minutos y no me has dicho qué vamos a comprar. Si no sabes, dilo, te prometo no enfadarme.

-¡Claro que sé a dónde vamos! –dijo-. No conozco este lugar, voy lo más rápido que puedo. ¿O tú crees qué es fácil? A Raimundo no se le puede obsequiar cualquier cosa, tú lo sabes, él no es un hombre... ordinario. Y yo te di mi palabra que te ayudaría a encontrar el perfecto regalo. ¿Reloj? No, él no usa reloj. ¿Celular? ¿para qué? Si ya tiene uno. ¿Lentes? Él no los necesita. ¿Música? ¡Muchísimo menos!

-¿Estás seguro que no le gusta la música? –intervine-. Podría jurar que la última vez me fijé que tenía una colección de discos...

-¡Déjame dirigir esto! ¿sí? Te recuerdo que tú me dejaste a cargo –afirmó con aplomo- ¡ahí! Entremos allí.

Me condujo a Solaris: Gafas de sol para hombres, mujeres y niños. Me encantan estas gafas (¡son demasiado chics!), pero no sé si a Raimundo sea del tipo de hombre que le guste. Omi se puso a hurgar en los escaparates, a mirar cada una de las gafas por todos los ángulos.

-¡Espantosa! –la botaba- ¡fea! –la arrojaba al suelo- ¡peor! –la desechó- ¡¿a esto se le puede llamar gafas de sol?! ¡puaj! –presionó el puente de la nariz y la soltó a propósito- ¡PEOR!

Omi me forzó a convertirme en malabarista. Cada vez que lanzaba una gafa tenía que hacer acrobacias para atraparlas. Estas gafas de sol son delicadas, no se crean, si se caen al piso se pueden partir. A mí me pasó sin querer. Salvo por aquella que sí tuvo intenciones de tirar al suelo. La tuve que recoger. Le pedí al niño que tuviera más cuidado. Y como siempre, Omi tan considerado por mi reputación. Él no me hizo caso. Vació todo un estante y ninguna le gustó. Fue a examinar otro. Repitió los mismos. Las personas en la tienda nos miraban. Ya sé, esta no es la sección para niños. Me sentí avergonzada. Apresúrate Omi.

-¡Ah!

-¿Qué?

-No, creí que había encontrado las gafas perfectas. Falsa alarma –repuso. Siguió revisando, ese anaquel no le convenció. Devolví las gafas, Omi hacía desastres por el otro lado. Estoy por pedirle que se aparte y me deje escoger a mí cuando-: ¡estas! ¡Son perfectas!

Omi me entregó unas gafas de sol encantadoras, eran grandes y de un color anaranjado muy llamativo y alegre. Estas gafas se verían geniales en mí, aunque prefiero una talla mediana. Intenté probármelas por curiosidad. ¡Guau! Nunca había visto el mundo tan anaranjado. Es un bonito accesorio de playa. ¿A Raimundo le gustará ir a la playa? Me gustaría pensar que sí. Quizá le parezca que estas gafas de sol son muy llamativas para alguien tan serio.

-No lo sé, Omi, ¿y sí buscamos el mismo modelo, pero en negro?

-¿Por qué? ¿qué tiene de malo estas? Las escogí porque el color favorito de Raimundo es el anaranjado –opinó, tomándolas- a todos les atraen los lentes de sol, ¿sabes? A mí me gusta porque me hacen ver más grande. Créeme estas gafas son perfectas para él. No únicamente le serviría para ponérselas cuando vaya a la playa si no si es un día muy soleado.

-Bueno, me has convencido. ¡Nos las llevamos!

Creo que es buena idea. El chinito me acreditó buenos puntos. Estas gafas de sol son útiles para cualquier ocasión. Las gafas de sol me costaron cariñosas: 250 dólares. Extrañamente Omi estaba muy contento qué haya decidido comprar las gafas de sol que él escogió. En la lista siguen Kei y Omi. Había cola cuando fuimos y ustedes saben cómo son de impacientes los niños. Omi volaba por la puerta principal deseoso de salir. Estuvo saltando y corriendo de un lado a otro intranquilo. Listo, tengo el regalo para el idiota y Clay. Omi desaceleró su ritmo cuando volvimos a pasar por la tienda de juguetes. Seguí el trayecto de lo que miraba. En el fondo, atrás del mostrador, puesto de modelo un tractor grande a control remoto junto a un conjunto de torres apiladas de cajas del mismo. Bien bonito el tractor y, eso que no soy niño. Amarillo intenso y radiante. Puede acarrear cualquier cosa y continuar moviéndose a un radio de diez metros. He visto la publicidad en la tele, ¿okey? Es una trampa para niños.

-¿Viste suficiente? Vámonos. Nos queda por recorrer.

-¡Un minuto más!

-Lo siento el tiempo pasa volando y tienes que estar en tu casa antes de las seis. ¿Está bien?

-¡Por favor!

-Ven Omi no insistas –Omi cruzó los brazos y frunció los labios enfadado. Profirió un grito de los mil diablos. ¡Caray! El niño tiene buenos pulmones. Casi me quedo sorda. Comenzó a patear el piso, gimotear y a chillar, montando gigantesco berrinche.

Él no es de los niños que arman de la nada un número ni encaprichan así sin más. Creo que su intención es hacer sentirme incómoda delante de estas personas. ¡Es otra de sus bromas! He tratado calmarlo a excepción de acceder a su antojo, pero lo empeoré y Omi hacía más escándalo. Sollozando y tirándose en el piso. Las señoras me regañaban seriamente con la mirada, siento sus cuchillos clavarse en mi espalda. ¡Pero si ni siquiera él es mi hijo! Y está prohibido gritarle a un niño. Me podrían meter presa. Si bien no me encarcelarían por hacer esto...

-¡Quiero mi juguete, quiero mi juguete! ¡Dame mi juguete! ¡Cómpramelo, cómpramelo!

-¡Y yo quiero mis manolos! ¡Necesito mis manolos! ¡Yo quiero mis manolos ahora mismo, en este instante! ¡Dame mis manolos! ¡Mis manolos! ¡CÓMPRAMELOS PERO YA! –Omi no es el único que sabe jugar sucio. También guardo mis truquitos bajo la manga. Al igual que él, forcé mi voz a un timbre agudo e intolerable para los oídos humanos, me puse hacer pucheros y a dar brincos como niña chiquita, no tardé en soltar patadas. Paró sus berrinches y se me quedó observando a la tarambana- ¡cómpramelos, cómpramelos, cómpramelos! Yo quiero mis manolos, ¡mis manolos! –me arrodillé al piso y lo agarré de los hombros- ¡¿por qué no puedes?! ¡¿CÓMO QUÉ NO ME LO PUEDES COMPRAR?! ¡NO CREÍ QUE TÚ ERAS DE ESA CLASE...?! ¡No! ¡No! ¡NOOOOOOOO! ¡ME NIEGO ACEPTAR UN NO COMO RESPUESTA! –adrede dejé escapar un grito violento intencional zarandeándolo y sujetándolo con más fuerza. Omi se desviaba hacia los lados incómodos, lo solté y me eché a llorar en el suelo- ¡NOOOOOOOO!

Omi sonreía nervioso. Él le indicaba con el dedo a las personas que nos pasaban de largo de que yo tenía nada que ver con él. Me miraban como si estuviera mal de la cabeza y los pude notar cómo se alejaban corriendo seguro a llamar al manicomio. Me importaba en absoluto. Nunca he hecho caso de lo que la gente piense de mí.

-Kimiko, ¿qué estás haciendo? –masculló entre dientes-. ¡Me avergüenzas en público! ¿Se te ha olvidado que tengo una reputación de Guerrero Shaolin que mantener? ¡Párate mujer! Yo sabía que ir contigo me traería problemas ¡mujeres aj! –tienes suerte de ser lindo, Omi. Me levanté lentamente, sorbiendo la nariz y arrugando la frente, todavía simulando que yo estaba en mi más profundo dolor.

-Está bien, pues que te avergüenzo te propongo un trato: Yo por mi lado y tú por el tuyo. Te daré 15 dólares para que lo gastes en dulces o montar en esos carritos o en lo que tú quieras y al cabo de media hora quiero que nos encontramos aquí, frente la tienda de juguetes. ¿Sí?

Saqué de mi cartera quince dólares, los puse en su mano. Él aceptó el trato echando a correr y perdiéndose de vista. Sonreí. 15 dólares, con eso no podrá comprar nada peligroso. Sería incapaz de volver y haberse hecho un tatuaje... ¿o sí? ¡No! Él no derrocha sus pensamientos en esas cosas todavía. Por otra parte, quería estar sola. Omi se aburriría en la tienda de ropa. Me gustaría que fuera una sorpresa su regalo. Decidí primero comprar el bolso. Imaginar la cara que pondrá me entusiasma mucho. Pasé por varias tiendas. Hay modelos encantadores para niñas y niños. Sin embargo, buscaba uno de varón. Nuevamente vuelvo a estar en una situación fluctuante. Vacilaba entre dos bolsos. Uno era azul, blanco y negro; de un diseño original al cruzar los colores, dos asas y la imagen de un automóvil rojo Ferrari, incluía un termo y el otro bolso era gris, en el área frontal la ocupaba un adorable ninja de gran cabeza y pequeño cuerpo, mirada desafiante, al lado de tres shurikens, sobre un fondo blanco y un disco rojo, es de un asa y también incluye un termo. La decisión estuvo reñida. Pero elegí el ninja, como dijo Omi... pensaba en quien se lo iba a comprar. Me costó veinte dólares.

Salí de la tienda con tres regalos a la mano. ¡Llegó la parte divertida! ¡Ir a la tienda de ropa! Manolos me parecía buena opción y entré. ¿Qué coincidencia, no les parece? Dije manolos ya que fue lo primero que atravesó por mi cabeza. No porque lo decía en serio. Dentro, las señoras revoloteaban en las perchas entre las prendas de ropa. ¡Era un caos de moda! Se lo estaban llevando todo. Me vedó la entrada a causa de que había muchas mujeres entrando y saliendo. Algo para Kei... algo para Kei... sus gustos en la moda son similares a los míos así que puedo pensar como yo. Me enamoré de una blusa con volantes al frente, de color coral, el tejido era vaporoso y las mangas largas abullonadas. El rosa es el color favorito de Kei y esta tonalidad de coral le quedará hermosa. ¡Apuesto que le encantará la blusa! Me la llevé. Tengo suerte. Era el único modelo que quedaba. El resto se lo han llevado.

Revisé mi cartera. Bueno, me queda algo de efectivo para comprarme algo. El llavero costó quince, las gafas doscientos cincuenta, el bolso vale veinte y la camiseta cuesta treinta. ¿En qué lo voy a gastar? No en algo muy caro. Caminé alrededor de la tienda. Todo en Manolos era excitante y cautivador, muy bonito, empero no encontré ninguno que gritara a todo el mundo ¡YO! ¿Ustedes me entienden, señoritas? Manita arriba las que dijeron que sí. Justo entonces las vi: ¡Las botas negras más divinas jamás inventadas! Las piedritas brillantes en la zona de la espinilla y la taza donde iba a poner mi pie encantador, ¡el tacón aguja sexy y atrevido! ¡Esto tiene que ser para mí! ¡Debo probarlas! Aunque sé que de todos modos querré caminar a casa con ellas. Siento el amor volar en el aire. ¿Ustedes no? ¡Ay! Corrí y las tomé... a un tiempo que otras manos lo hicieron. Eran manos con dedos flácidos y uñas afiladas como garras, parecía que visitaron a un manicurista recientemente. El color del esmalte era blanco. Alcé la vista. Era una chica quizá con unos cuantos años de diferencia a favor de ella, alta, nariz respingada, rubia, ojos oscuros y el color de la blusa no combinaba con ese pantalón. ¿Se habrá visto en un espejo? Me dio la impresión de que esa chica no soltaría las botas. Pero yo tampoco lo haría. Decidí ser amable.

-Disculpe, yo agarré primero estas botas –jalé las botas hacia mí. Mi premonición era cierta porque no las dejó ir.

-Al igual que yo –refutó con acidez.

-No es así. Aquí tiene que haber un error, yo las tomé primero.

-Pero yo las vi antes.

-¿Cómo puede saber eso? –ni yo misma estaba segura que era verdad. No obstante, ustedes son mis testigos, ¡yo toqué las botas en primer orden!- mire, no discutamos por eso, porque tanto usted como yo sabemos que las agarré primero. Podemos decidir esto al azar, quizás una moneda o al menos que quiera consultar una opinión de quién tomó las botas primero si bien, no conseguirá nada –sugerí.

-No estoy de acuerdo. Estas botas son mías.

-¡No sea mentirosa, son mías!

-¡No, estas botas son mías, le estoy diciendo!

-¡Suéltelas! ¡SON MÍAS!

-¡Hágalo usted!

-¡NO!

Jalé las puntas del pie de la bota mientras ella haló el otro extremo. Estuvimos forcejeando y peleando por las botas que llamamos la atención de las demás clientas de la tienda. Traté de no cortar la raíz y mantenerme en posición. La rubia era testaruda. Le tengo una terrible noticia: ¡Yo también! ¡Esas botas son mías, las vi y agarré primero que esa ARPÍA! ¡Ni por asomo se las daré! Nunca he prescindido algo que me gusta. Siempre he luchado por ello. Y me he sacrificado semanas huyendo de las tiendas, trabajando duro, nadando en estiércol de perro, soportando las terribles bromas de Omi y ahora que al fin obtengo mi recompensa no lo echará a perder ¡o me dejo de llamar KIM TOHOMIKO! Nos caímos encima del castillo de zapatos. Pese no desenfrenamos, luchamos en el piso ¡y el tacón de una bota se rompió! Juro que una parte de mi alma se arrancó cuando el tacón se desprendió.

-¡AH, MIRA LO QUE HICISTE, SALAMANDRA!

-¡¿YO?! ¡LA QUE LO ROMPIÓ FUISTE TÚ, LAMBISCONA!

-¡VAS A PAGAR ESO, HARPÍA!

No sé quién comenzó. Ahora nos atacábamos entre nosotras. Nos tirábamos de los cabellos desde la raíz. No creí que usar tanto acondicionador y champú doliera mucho. Braceábamos agarrándonos y empujando de los hombros. Una de las dependientes de la tienda se percató de que estábamos peleando y llamó a seguridad. Los guardias se presentaron enseguida, nos separaron bruscamente. Seguíamos peleando aún después de eso. Ella me quitó mi zapato y rompió mi collar en el hamaqueo, ¡y yo en venganza le mordí el brazo! ¡Aj! Cuando llegue a casa, apenas recuérdenme desinfectarme con enjuague bucal. No quiero sus microbios en mi sistema.

-¡Llamen al Presidente!

¡Esto es agravante y humillante! Nunca me he rebajado en una vulgar pelea de gatas. Yo no soy una persona violenta, de ningún modo he tenido antecedentes por mal comportamiento. Ustedes me conocen. ¡Y saben que Raimundo se merecía esos golpes por idiota! Ahora por culpa de esta rubia nariz respingada me exiliarán de la tienda ocho cadenas perpetuas y eso es una tortura insufrible, no podría estar separada de manolos por más que me lo permitiera. ¡Pero, ¿de qué estoy hablando?! No sería lo peor que pudiera pasarme, ¡podrían expulsarme del centro comercial! ¡Oh no! Es mi favorito. ¡No, no, no! Las voces corren al igual que los ríos mueven piedras. ¡Sería mi fin si se supiera este bochorno! Ahora llamaron al presidente ¡es mi oportunidad para remendarlo todo! Debo disculparme con él y explicarle en detalles lo que de verdad sucedió. A lo mejor pueda convencerlo para que me reduzcan el castigo.

Hablando de verdades, no digo que esa nariz respingada mereciera la mordida, no obstante, tampoco quiero decir que esté arrepentida. Arruinó mi collar y las botas. ¡No la perdonaré! Esta situación pudo evitarse si no se hubiera puesto tan necia. ¡Ah, nunca imaginé a nadie tan insoportable! Les juro que no olvidaré su cara por un buen tiempo. Esos brutos estaban molestándome, nos arrimaban fuera de la tienda. ¿Acaso no saben cómo tratar a una mujer? No es razón que me empujen sólo porque perdí la compostura un pequeñito instante. Fue un alivio sortear el escarnio público de llevarnos hasta la oficina del Presidente que al parecer está aquí. ¡Ahora tengo nervios!

Tierra, ¿por qué no te abres para qué me tragues?

-¡Saquen de aquí a este par de señoritas escandalosas, oficiales!

-¡Oiga, yo puedo caminar sola! –le grité al grandulón que me escoltaba.

-Eso no será necesario –la sangre se congeló en mis venas. Esta pesadilla está por comenzar ¡me muero! Es Jack- ¿puedo saber qué está pasando aquí?

-¡Señor Presidente! Estas señoritas se pelearon entre ellas en medio de la tienda provocando un motín, causaron daños y prejuicios ¡miren lo que hicieron! –la dependiente le mostró las botas fabulosas destruidas. Sentí una patada en el vientre, ¡esas botas pudieron haber sido mías de no ser por quien ustedes saben!- tendrán que pagarlo y si quieren seguir riñendo, podrán hacerlo ¡pero fuera de la tienda!

-¡Ha sido sin querer, en serio! Yo agarré las botas y en segundos más adelante ella también. Todo transcurrió muy deprisa. No fue mi intención, no quise que esto terminara así...

-No te excuses –me interrumpió Jack con amabilidad. Se dirigió a sus empleados y clientes- he comprendido en su totalidad. Señoras y señores, aquí sucedió un terrible malentendido y les ruego a todos que me disculpen. Les ordeno a mis empleados continuar trabajando y les pido a los demás que omitan este evento desagradable. En cuanto a las botas, no hay de qué preocuparse, las pagaré yo mismo. Señoritas, pueden estar tranquilas porque el presidente, o sea yo, no deliberará en su contra. Que tengan todos unos buenos días.

-¡Pero señor presidente...!

-Dije que tengan todos unos buenos días –musitó con aplomo.

-Sí, señor presidente. Usted dispénseme.

La mandíbula desencajada y los ojos abiertos como platos, los asalariados asintieron con la cabeza y acataron sus órdenes rápido y efizcamente. Las personas cuchichearon un poco, se fueron una a una al poco tiempo. Se volvió a oír la algarabía y el lugar era el mismo al cual entré en un rato. La rubia se desapareció entre la multitud. Y no tengo ánimos de buscarlas. Únicamente éramos Jack y yo en ese espacio. A zancadas vino hacía mí. El corazón subió a mi garganta. Las palabras se me quedaron traspuestas debajo la lengua. ¿Por qué de repente estoy tan angustiada? Me alcanzó. Alcé la mirada. Me sonrió socarrón y me dijo que quería verme afuera. Obedecí después de vacilar su petición. Él no está molesto. No creo que vaya a reprocharme. Y si fuera así, ¿por qué debería temer? Jack y yo no somos ni seremos nada. Salí de manolos. Mi ex estaba arrimado a un costado. ¡Uhm! Lo que yo menos deseo ser es convertirme en una carga para nadie, siento que le estoy debiendo a otra persona. No saben qué tan incómodo es que un tercero venga a sacarte de tus problemas. Eso no me ayuda ser independiente y me descoloca de lugar.

-Gracias... –murmuré cabizbaja.

-Por favor ni lo menciones. No es ninguna molestia –dijo como si leyera mis pensamientos- y no creas que esto es por nuestra relación, yo lo volvería hacer cuántas veces sea posible a cualquier persona. Mientras pueda me las arreglaré para zanjar las discusiones que pudiesen acontecer. Es parte de mi trabajo.

-Pero no tenías por qué hacerlo –respondí apenada- no tenía idea de que trabajas aquí.

-Bueno, cariño, hace días te aludí que mi padre me había puesto de presidente en el centro comercial. En serio tienes mala memoria.

-Sí me acuerdo y también me recuerdo que no dijiste en ninguna parte el nombre del centro comercial.

-¿De veras? Lo habré olvidado –se encogió de hombros-. Kimi, saltando de tema, ¿por qué no contestas mis llamadas o respondes mis mensajes? Después de la última vez me dejaste abandonado y yo soy una persona muy susceptible, ¿qué pasó? Estoy pensando que quieres evadirme.

-¡No es así! –le mentí- he estado atareada con algunas cosas. Tú sabes, mis dos empleos. Se supone que ahora estoy siendo de niñera, pero tenía que salir a comprar unas cositas y entre esos regalos uno era para mi niño y yo quería mantenerlo como sorpresa hasta el momento. Lamento los inconvenientes, Jack. Tal vez deberíamos escoger una fecha para salir, de esta forma desocuparía mi agenda ese día y así no pueda excusarme la próxima vez, ¿vale? –ni soñarlo. ¿Qué otra salida me queda?

-Sí, la próxima vez –una sonrisa rígida surcó su cara.

-A propósito, ¿sería mucho pedirte si pudiera comprar una blusa que vi ahí? Es para Keiko. Por este embrollo salí con las manos vacías y me da mucha pena llegar y entrar así...

-Sabes que no, Kim. Lo que tú dispongas.

-¡Kimiko! –Omi vino corriendo desde dirección contraria y se zumbó a mis brazos- ¡¿a qué diablos estás jugando, eh?! Te pierdo dos minutos y, al siguiente, estás jalándote las greñas con otra mujer. Ni intentes defenderte o excusarte, yo te vi con estos dos ojos y escuché con estos dos oídos a través de la vitrina el pleito en que te metiste y el tremendo regaño que te echaron. ¡No digas nada porque te hundes más! Me avergüenzas, después de esto dudo que alguien de tu categoría sea capaz de cuidarme...

-Omi no has saludado al Sr. Jack Spicer, propietario del centro comercial Loel... –me aclaré la garganta. El niño se giró extrañado, parece que no se dio cuenta que tenía compañía, Jack le dedicó una sonrisa y creí que bastaría para que cambiara de actitud; me equivoqué de que quién estaba hablando era Omi, no un niño común y corriente.

-¡No te burles, Kimi! ¿Me quieres decir que cabezo de cerillo es el dueño de este parque? –hubiera sido gracioso si estuviéramos en el apartamento. Tuve que tragarme mi aberración hacia Jack un minuto ya que no contenía las ganas de reírme. Sus cejas salieron disparadas. Combinadas con su sonrisa excéntrica hasta parecía payaso de circo. Me interpuse delante de Omi.

-¡Omi, ¿dónde estás tus modales?! No seas desconsiderado. Jack, discúlpalo, no quiso decir eso, ¿verdad?

-Claro que no –Jack suspiró aliviado- yo lo que quise preguntar es dónde y por qué compró esa camiseta de mujercita. Para asegurarme de no ir al mismo almacén.

-¿En serio tú eres el niñito que cuida Kim? –titubeó rascándose la nuca.

-¡Sacaste un diez en clases, amigo! ¡Qué listo eres! ¡¿Quieres que te dé una medalla?!

Omi lo hizo otra vez. ¡Por favor, digan un número! ¡¿Cuatro?! ¡Felicidades, usted acaba de adoptar a un Omi! No olvide alimentarlo, bañarlo, suministrarle una cama suave y muchos juguetes para su entretenimiento. ¡Pero espere! No he mencionado los beneficios que puede traerle como ganador de esta rifa. ¿Usted conoce a alguien que le resulta una espinilla en el zapato? ¿le gustaría deshacerse? Con Omi podrá hacerlo sin problema, importa un rábano la edad del individuo porque Omi viene equipado con un equipo pesado para gastar bromillas de mal gusto, accesorios múltiples, groserías, indirectas y todo lo último en bullying. ¿Hay algo mucho mejor que eso? ¡claro que lo hay! Lo mejor de todo es que si realmente quieren cagar la situación. Él lo hará sin su ayuda. Aclaraciones: No se aceptan devoluciones ni se incluye una guía especial de cómo hacer en el caso de que su Omi se vuelva contra usted. Y como última acotación, a mí me funciona de maravillas.

Jack era un abejorro y Omi era un repelente contra insectos. Desde el fondo de mi corazón estoy cabreada de la risa y también jodida de la vergüenza. No sé cuál reaccionar. Delante de Jack, lo prudente es mostrarme apenada. Cerré su linda boca. Jack se me quedó mirando exigiendo una explicación.

-Él tuvo un mal día, su madrastra no quiere que conserve a su mascota y por ende, anda de malhumor. Omi no es así. Quizá sería mejor para los tres que nos marcháramos ahora.

-¡Espera! ¿y tu blusa?

-¡Oh sí, por supuesto! ¡qué descuidada! ¿cariño podrías quedarte aquí? Debo hacer una cosa antes.

-Tienes mi permiso, mi amor –puso una mueca siguiéndome el juego.

Jack y yo nos despedimos. Mi ex quedó amilanado por Omi al igual que media comunidad en mi condominio. Aunque estuvo impertinente con eso de por qué lo llamé cariño, el niño me respondió con "mi amor" y por qué le permitía que me hablara así (cuando me increpó delante de él). Me reí alegando que eran cosas de niños. A veces jugábamos con tratarnos de "cariño", "mi amor", "querida". No lo decía en broma ni lo estaba inventando. ¿Todavía recuerdan el día en que sus amigos nos visitaron para jugar a las apuestas? Me pareció tan lindo e inocente que le seguí la corriente. Jack me miró preocupado. Se fue repitiéndome por cuarta vez que iba llamarme pronto y estaba obligada a contestar. También me vacilé la respuesta. A solas con Omi le pude dar su obsequio. A mi querido niño se le pasó rápido el disgusto y cogió la mochila. Le gustó mucho. No había recibido un regaño en largo tiempo.

-¡Guau! –una hermosa sonrisa de oreja a oreja surcó su rostro cuando la agarró. Yo estaba en una nube, me hacía feliz alegrar los días de otras personas.

-¿Te gusta? Ya no tendrás que usar tu mochila deteriorada, no tienes que pagarme nada. Es un regalo.

-¡Me encanta! –sonrió- ¡Gracias Kim! –me hizo una reverencia cortés.

-De nada –me sonrió colgándose el asa del hombro.

-Y dime, ¿tú conoces a ese fulano?

-Por desgracia sí, fuimos novios en el pasado.

-¡Rayos! Yo que creí que estabas mal, ¡en el pasado estabas peor! ¿acaso tú eras bizca? ¿no viste qué raro es mengano?

-Probablemente lo fui.

En casa busqué mis bolsas de regalo. Me gusta guardar estas cositas porque son preciosas y aprecio el esfuerzo que hizo la persona por obsequiármela. Y como sabía que tenía algunas almacenadas, me ahorré el esfuerzo de comprar más. Omi continuaba jugando y admirando embelesado mi bolso. Aún teníamos tiempo para un cuento. El Sr. Fung vino a recogerlo en buena hora. No tenía hambre, me senté frente de mi computadora treinta minutos a escribir y adelantar el tercer capítulo. Al terminar guardé los cambios e imprimí el primer capítulo. Ciertamente poseo una impresora. No se los voy a negar. Es algo lenta, pero bastante necia en sus arranques y con regularidad nos ponemos a pelear, en especial cuando se queda sin tinta o no quiere seguir imprimiendo. Tengo más victorias que derrotas. Hoy la impresora amaneció de buen humor porque me imprimió de buenas el capítulo. Y no se puso cómica a sacarle una segunda copia al mismo. Mañana pienso vestirme de roja puesto voy a meterme en la piel de Santa Claus a repartir regalos y debo usar la prenda adecuada. Eso me recuerda que también las inscripciones empiezan a partir de mañana. Después de pasear a los perros me acercaré a la facultad. Mis papeles están listos, debo ir para que me los sellen y punto. Será oficial, estudiaré literatura. Así que posteriormente de la universidad me presentaré por sorpresa en casa de Kei, mi próxima parada será Clay, adrede dejaré al idiota de último.

Por las noches, en mi habitación antes de irme a dormir, me pongo a pensar en papá. Quizás también exageré. Dije cosas no muy agradables aquel día. Debía estar loca cuando dije que yo no quería volverlo a ver. Él y Tomoko son mi única familia. Papá me quiere, él ha hecho muchas cosas por mí. Angustiándose de que siempre tenga lo mejor y nunca me falte nada, tratándome con cariño. Sin embargo, es demasiado cabezota, insulso y a veces manipulador si se lo propone. La vida no es como es, si no como él la ve. Si él dice que todos estamos en contra de él, aún si está equivocado es la neta verdad y no hay que ni discutírselo porque se enoja y te clasifica en su lista negra. Es su lógica. Papá no es tolerante, pero quieren que le comprendan a él. Es uno de sus peores defectos. Estoy segura que está resentido conmigo. Papá me lo diría en mi cara sin tapujos. Diría que soy una malagradecida. Yo lo conozco lo suficiente para leer sus pensamientos. Honestidad cruel y dolorosa verdad.

Me prometí a mí misma que me resistiría hablar con él, pensaría que estoy suplicando, iba a incursionar esa carrera y no regresaría hasta haber culminado el semestre. Tal vez papá no confíe en mí, pero yo sí confío en mí más que nadie. La cosa es que yo podría equivocarme. Pero no trato de pensar en eso. Alguien dijo una vez que el éxito es de noventa y ocho por ciento de actitud y yo, sin duda, me quedo optimista. (Y no me importa que ese alguien que dijo eso era yo). No era como si yo estuviera muerta. El sol saldría mañana. Iba a poner una cara feliz. Nada iba a deprimirme. Y un cubo lleno de otros clichés no me va a amedrentar. ¿En pocas palabras? Soy una ganadora.

Y nada –padres estrictos, niños mala conducta, idiotas sexys- va a cambiar eso.


A/N: Adoro esa actitud de Kim. Siempre tan optimista. No se amedrenta por los malos tiempos. Ante todo una gran sonrisa. ¿Qué les ha parecido? El título es en honor a la canción de Victoria Justice: All I want is everything. No sé por qué razón la convertí en el intro de mi historia. En mi opinión, este fue un capítulo muy divertido y ácido. Sólo a Kim se le ocurre formar un show en una tienda, cayéndose a golpazo con otra mujer y ponerse a hacer berrinches como niña chiquita, que por cierto está inspirada en una anécdota real. Por supuesto, no la protagonicé. La escuché y me pareció graciosa. Omi también tuvo sus momentos cómicos como cuando conoció a Jack. ¡Pobre! ¿ustedes se dieron cuenta del detalle? Voy a ver cuántos tienen buena memoria. Eres un diablillo.

¿Qué les ha parecido los gustos en regalo de Kim para sus amigos? El bolso de Omi sí existe, yo lo vi y es muy mono. ¿Qué opinan de la actitud de Jack? Admitámoslo, Kim se lo buscó, de no ser por Jack las consecuencias hubieran sido peores. ¿A dónde fue a parar la rubia nariz respingada? ¿la veremos más adelante? ¿o ustedes qué dicen? ¿cuántos en el auditorio le atinaron que Jack era el presidente del centro comercial? No sé por qué el di ese nombre de Loel.

Estos días he estado un poco triste por asuntos personales. Pero ustedes no tienen qué preocuparse de que eso afecte las actualizaciones a causa de que les llevo tres capítulos adelantados. Y probablemente esté en progresión de otro. Me he vuelto a poner al día aún con las circunstancias. Creo que estoy obligada a recordar que esta historia tiene una moraleja: nada es lo que parece. Palabras claves: apariencia y esencia. No juzgues a un libro por su portada. Claro mientras estemos en la narración en primera persona de Kim-chan veremos el mundo a su manera. Es lo malo de seguir siempre al héroe o heroína en cuestión pero en la narración de Omi vemos el mundo como es. El próximo capítulo trae como protagonistas a Omi. Si caen en cuenta el capítulo que viene es el 13 (culmina la primera temporada de DX y la primera etapa de Quiero ser escritora). No se preocupen por el libro de Kimiko, ella llegará hasta donde tenga que llegar y punto. Lo que importa es cómo va la historia. Este capítulo es uno de los mejores puesto que las máscaras se caen, las intenciones se descubren y veremos qué tan buenos son intuyendo mis lectores. ¿Ustedes se imaginan que la historia tenga 52 capítulos como en la serie? Me rio en serio. ¿Cuántas son 52 semanas? Muchos meses. Bueno, si acabo la historia y ustedes están atrasados puede que actualice dos veces a la semana.

Como siempre me encantaría saber lo que piensan, qué creen que pasará, qué fue lo que le gustó y disgustó del capítulo. ¡Hasta entonces, cuídense y con el favor de Dios os espero hasta la próxima semana! ¡Sayonara mis amigos!