Quiero ser escritora

13º

Anatomía de una mentira

El Sr. Dashi cerró la puerta tras de él. Acaba de llegar a casa por consiguiente de trabajar en la tintorería. Como de costumbre, avisó a su esposa que estaba de vuelta. Estiró y flexionó los brazos de lado a lado y el cuello de atrás hacia adelante, relajando los músculos. Cuando los huesos de la clavícula del hombro izquierdo tronaron: ¡crack! Arrugó el ceño y suspiró aliviado. Arrastró los pies hasta el sofá y se recostó allí, descansó las piernas. Por fin podría tener su momento de descanso y tranquilidad en todo el día. Ella entró a la sala limpiando con un plumero. Dashi se asomó de reojo. Ella estaba de espaldas, sacudiendo el polvo de una cómoda. No le correspondió el saludo. Quizá no lo oyó cuando llamó. Dashi se levantó silencioso y caminó hasta ella para sorprenderla. Hace tiempo que no compartía un momento íntimo con su esposa. Ambos siempre andaban afanados que difícilmente tenían tiempo para cenar juntos. Tapó sus ojos.

-Adivina quién es, si la respuesta es correcta ganarás un beso.

-¿Qué estás haciendo? ¡SUÉLTAME! –se desenredó de sus brazos y arrancó sus manos de su cara- no quiero que me toques.

-Perdón, cariño, pensé que...

-¡¿Pensaste?! ¡Ja! Tú no piensas nada, Dashi –cruzó los brazos-. Claro que te oí, pero tengo que ocupar mi tiempo en cosas más importantes. Tu comida está puesta en la mesa.

-Gracias –respondió incómodo.

Wuya volteó los ojos y se dio la vuelta para enjuagar la funda. Dashi no se desanimó por la actitud arisca de su esposa. Estaba cansada, es natural que se sienta indispuesta. Sin decirle nada, se sentó a comer. Omi los espiaba a través de la puerta entrecerrada la conversación. Se supone que debía estar acostado en la cama durmiendo, al otro día le tocaba ir temprano al colegio. El reloj marca las diez y once minutos de la noche. No obstante, el niño no podía tranquilizarse y conciliar el sueño sin antes saber si lo dejarían con Dojo. Wuya pondría la queja con su padre. Esta tarde armó un escándalo. De no ser por la intervención oportuna de su abuelo. Lo habría vetado a la calle. No, esto era importante, tenía que verlo por sus ojos: A quién apoyaría. Si lo amaba todavía, comprendería que él era incapaz de abandonarlo. Y por esa razón se mantuvo despierto. Dojo dormía en una vieja caja que su madrastra estaba a punto de desechar, la instaló al frente de su cama y colocó unas cobijas por si tenía frío. Le hubiera gustado que Dojo tuviera una casa decente, pero sus opciones estaban limitadas. Su respiración entrecortada y sus manos sudadas. Ninguno de ellos se había dado cuenta de que estaba merodeando. Dashi dio un sorbo a su sopa. Wuya exprimió la sábana.

-¿Hubo alguna novedad hoy?

-¡¿Novedad?! Mientras tu hijo viva en esta casa siempre habrá novedades –se rió sin alegría Wuya. Omi tornó los ojos en blanco. Dashi esbozó una mueca como si la comida le hubiera caído pesada en el estómago. Claro, no se refería a eso.

-¡Por favor, Wuya!

-¡Esta tarde tu hijo trajo un animal de la calle! –comenzó-. Quien sabe cuántas porquerías y garrapatas tiene ese bicho encima, sus patas sucias contaminaron mi piso limpio y me dejó un paquete maloliente en medio de la cocina. Te juro que estuve a punto de echarlo de aquí, pero tu hijo me levantó la voz amenazándome de que si lo corría se iría con él, ¡para colmo! Tu padre alcahueteó su conducta altanera.

-Bueno, mi padre debió tener sus causas... –se excusó moviendo la cabeza. Este tema estaba siendo incómodo.

-Tu hijo convenció al Sr. Fung de que él había salvado a ese animal de que lo atropellaran y no podía dejarlo solo, y que por ese motivo fue que lo llevó a nuestra casa. Con franqueza y me vas a perdonar, Dashi, pero tengo la obligación de decirte que lamentablemente tu padre se ha dejado manipular por todo lo que dice tu hijo. ¡No puedes dejar que esta situación se escape de manos, debes hablar con Omi y expulsar lejos a esa alimaña! ¡¿puedes creerlo?! Se le ha metido la idea trastornada en la cabeza de querer adoptarlo.

-¿Y qué hay de malo con eso? –Wuya le fulminó con la mirada, volteándose. Dashi alzó los hombros-, mi amor no me mires así, Omi es un niño y es normal a esta edad que quiera una mascota...

-¡¿Te pones de su lado?! ¡Faltaba nomás! –sus ojos echaban chispas- ¡¿qué no te das cuenta que si se lo permitimos esta vez, él lo hará una y otra vez?! Él lleva a casa esa bestia porque quiere sacarme de quicio.

-Wuya, Wuya, nadie ha dicho que eres la enemiga. Eso lo dices tú. ¿En serio crees que Omi posee una mente tan retorcida trayendo un animal para tu disgusto? Escucha, siempre te he dado la palabra, sin embargo, creo que en esta oportunidad estoy de acuerdo con Omi y voy a respetar la voluntad de mi padre. Te prometo que hablaré con Omi, le dejaré en claro que él podrá conservar a la mascota si se compromete hacerse cargo de ella, implica alimentos, recoger su excremento, sacarlo a pasear, consultas a veterinario y esas cosas. Si él incumple podríamos dejar que lo adopte una de esas instituciones para animales (nada de dejarlo a su suerte). Pienso que esta es una manera de que Omi pruebe o aprenda a ser responsable. ¿Te parece?

-¡Por supuesto que no! Yo creo que estás sobreestimando la capacidad de tu hijo, Dashi, ya que quien va a estar haciendo esas cosas que tú dijiste seré yo. Tú no lo sabes pues que todo el día estás fuera "trabajando" –dibujó unas comillas en el aire- y tu hijito se va a jugar con sus amiguitos vagos o si no perdiendo el tiempo en casa de la carita de torta. Entretanto ese animal se queda aquí y soy yo quien estará rindiendo cuentas: lavando, fregando, barriendo, planchando, cocinando y ahora la mucama de esa mugrosa alimaña –Dashi abrió la boca y Wuya alzó la mano-, ¡pero está bien! Sólo que cuando compruebes que estabas equivocado, no vengas a reclamarme luego.

-Wuya, por favor, sé que Omi es indisciplinado y problemático, pero es sólo un niño. Tenle paciencia, necesita amor y atención. Te pido que seas comprensiva, tú eres su madre.

-En esta casa soy la enemiga, ¡¿verdad?! Yo cargo toda la responsabilidad. Cuando aquí los únicos culpables son tú y tu padre –masculló entre dientes- dime una cosa... ¡¿cómo puedes dormir, Dashi?! ¡¿Cómo tú puedes tener la conciencia tan tranquila si has permitido que tu hijo viva una mentira?! ¡No puedes simplemente, no puedes! El daño que le has hecho no tiene nombre. Más bien deberías agradecerme que ni una palabra haya salido de mis labios. No olvides que así él comenzó sus primeros pasos y mira en donde terminó el desgraciado.

-Pero si ni siquiera he recibido noticias de él, espera... ¡Wuya, por favor! ¡Mi amor!

Wuya lanzó la sábana y cruzó como flecha hacia el cuarto. Dashi soltó una maldición, saltó de la silla y fue tras ella. Le cerró la puerta de la habitación en la cara. Golpeó varias veces. No le abrió. Esta noche papá tendría que dormir en el sofá. Ya habían discutido así antes y siempre por lo mismo: Omi. Dashi insistió. Su esposa se negó a ceder. El pequeño Guerrero Shaolin cerró los ojos sonriendo, su mano reposaba en el corazón. Éste bombeaba relajado. La sensación de mariposas en el estómago se esfumó. En su pecho se ahuecó la felicidad… ¡su padre lo eligió a él por encima de la bruja! ¡Confió en él! Quizás después de todo no era el fin del mundo. Lo quería a pesar de las contrariedades. En el fondo hizo un compromiso consigo mismo, ejecutaría la promesa de su padre. No le iba a fallar. Estaría orgulloso de él. Un suspiro escapó de sus labios. Se tapó la boca, su padre giró sobre sí mismo. ¡Oh no, se dirige hacia acá! Omi se tumbó sobre la cama, la almohada cayó en el piso junto a una foto, se arrojó la sábana y fingió dormir. Se percató la ausencia de la almohada, quiso recogerla, pero Dashi abrió la puerta y tuvo que aguantarse.

Dashi encendió la luz. Su pequeño tesoro yacía en la cama tumbado a un costado, su pecho subía y bajaba rápido, la comisura de sus labios extendía una sonrisa. Estará soñando cosas bonitas. Tal vez una aventura de Guerreros Shaolin. Su padre le contaba historias y remotas leyendas chinas para entretenerlo, a Omi le encantaban. El hombre se sentó en la esquina de la cama, intentando no interrumpir los sueños de su hijo. Le acarició la cabeza con ternura. Cuando se fijó en la foto volteada bocabajo. Dashi se inclinó a recogerla. Un nudo atravesó su garganta al ver los ojos de su primera esposa y madre de sus hijos.

-¿La extrañas? Yo también –susurró- tu madre era una mujer muy hermosa y bondadosa, tú debes de saberlo bien. A veces me pregunto cómo he podido continuar sin ella, después te veo y tú me lo respondes solito. Reconozco que he cometido errores y te fallé como padre, sin embargo, debes saber que todo lo hago pensando en ti, Omi. Comprende, era demasiado tarde para tu hermano, pero tú estás a tiempo y aunque digan lo que digan, estoy bastante seguro y tu abuelo opinará igual que yo, que tú heredaste el corazón noble de tu madre.

Omi escuchaba. Se mordió el interior de las mejillas para evitar romper a llorar. Dashi besó su frente. En tanto una recelosa Wuya los observaba con amargura a distancia prudencial.

Hoy es sábado. Han pasado cuatro días desde que Wuya y Dashi discutieron acerca si Dojo debía o no quedarse, su papá fue quien cerró la disputa. Estaba decidido. Dojo era miembro de la familia. Omi no escatimó perder tiempo de que sus amigos conocieran a su mascota. Les había comentado tanto acerca de él que estaban ansiosos por verlo. No podía llevarlo a la escuela porque lo descubrirían y ahí la gordinflona no tendría escrúpulos para expulsarlo. Y como Wuya no los dejaría entrar, se reunieron en casa del abuelo Fung. Jermaine y Tiny se alinearon en fila recta y tomaban turnos para acariciarlo. Dojo le gustaba ser el centro de atención pues que era lo mismo que ser el de los mimos. El abuelo Fung se llevó muy bien con Dojo desde el inicio. No se opuso a que estuviera en el apartamento. A él le agradaban los animales. Los amigos de Omi estaban encantados con Dojo. Tiny afirmaba que él debía ser el primer chico en la cuadra o tal vez en la ciudad entera que tenía una mascota lagarto. Jermaine le refutaba, diciendo que su vecino de enfrente tenía una serpiente y eso contaba como reptil. Tiny le repelió diciendo que las serpientes son anfibios. Los niños se pusieron a discutir por ver quién tenía razón. Omi los miraba entretenido.

-Bien niños, ya, dejen de pelear –dijo el abuelo Fung- lamento tener que decirles esto, pero me llevaré a Dojo a la cocina. Tengo un bocadillo para él. ¿No importará si me lo prestan?

-Para nada, abuelo.

-Bueno, ¡vente Dojo! –el reptil inteligente saltó del regazo de Omi y se fue detrás de él.

-¡Tu abuelo me cae genial! Tiene cosas increíbles, le gustan los reptiles, permite quedarnos el tiempo que queramos y ofrece deliciosos entremeses.

-Pero ya, en serio, tú dijiste que la bruja no cesaría en su intento de echar a Dojo a la calle y estaba furiosa al día siguiente –Omi les comentó acerca de la discusión- ¿qué vas hacer?

-Mi padre se expresó bastante claro: Dojo se quedaba. Pues si esa mujer corre a Dojo sin su permiso y papá no hace nada, ¡me iré con él! No tengo nada que hacer en esa casa, Dojo es el único que me hace feliz –reafirmó terco cruzando los brazos- y si ella se atreve a hacerle daño. Yo me defenderé ¡con esto! ¡la recibiré con el poder del Bastón de Shimo! –Omi sacó un bastón hecho de madera con forma cilíndrica, unos metros era más alto que el niño. Tiny y Jermaine observaron la longitud del arma y admiraron absortos como el niño lo blandía.

-¿Bastón de Shimo? –repitieron al unísono.

-¡Sí! Es un arma que ha pertenecido a mi familia hace muchísimos años –explicó fanfarrón haciéndola girar entre sus dedos- parece un bastón común y corriente fabricado de bambú, pero en realidad está hecho de madera de cera, por lo que resulta ser un arma letal en manos de un experto. ¡Cuenta con más de mil combinaciones y técnicas para hacer funcionar esta maravilla! Fue la única que se recuperó de tantas que usaban mis ancestros en el combate a mano limpia. Verdadera historia.

-¡Impresionante, Omi! ¿aún sirve?

-Claro que sí, Jermaine. Puede que esté un poco en desuso pues que mi abuelo prefiere que decore la sala, según él "es una vieja reliquia familiar", pero yo sé que no la saca porque se podría desatar un infierno.

-¡Ohhhhhhhhh! ¡¿y la sabes manejar?! –indagó embelesado Jermaine. Tiny no podía hablar sin quitarle la vista a cada movimiento de la vara. Omi la lanzó al aire todavía dando giros y la atrapó. A punto de responder, alguien lo llamó.

-¡Omi! –un escalofrío sacudió el cuerpo del pequeño. Ese no podía ser otro que el Sr. Fung- ¿dime que otra vez no sacaste el Bastón de Shimo de la caja de vidrio donde explícitamente te ordené de dónde no la sacaras? –Omi escondió el bastón atrás de su espalda, pero hasta el santo diablillo no podía tapar a la vista un bastón de un metro setenta.

-¡¿Qué?! ¡¿Yo?! ¡No! Se salió sola, yo se la estaba mostrando a mis amigos. Eso es todo.

-Ya lo hiciste. Devuélvela ahora por favor –extendió su mano.

-¡Pero abuelo...!

-No, Omi, sin peros ni regateos. Devuélvela ya. Estoy esperando.

-Está bien –masculló entre dientes. Cabizbajo entregó la reliquia a su abuelo- abuelo, ¿no te molestas si mis amigos, Dojo y yo nos vamos a jugar afuera? Creo que abusamos suficiente por hoy.

-Hagan lo que gusten y ¡cuidado niños!

-¡No prometemos nada, abuelo! ¡Pero gracias! ¡DOJO!

Los niños se despidieron del abuelo Fung. Omi tuvo problemas de obediencia con Dojo, no tenía muchas ganas de irse. Se hallaba muy cómodo comiendo. No hubo otro remedio que llevárselo a regañadientes. Sus amigos aguardaban en el pasillo. Apenas se reunió con ellos se fueron caminando juntos. El líder se moría de ganas porque conocieran un lugar que ayer visitó con su niñera.

No es nada, se repitió a sí mismo. Seguro es pasajero.

Después de culminar cada carrera y superar con éxito un enfrentamiento, siempre existía un pequeño riesgo de que el automóvil hubiese sufrido una "sacudida" y por mínima que fuese esa probabilidad era por completo necesario que se sometiese a una constante supervisión y realizar las modificaciones correspondientes y, en dado caso de ser posible, implementar las mejorías. En consecuencia, acostumbraba que su automóvil fuese revisado por un mecánico semanalmente. Por distinción los sábados, si se presentaba un inconveniente los domingos.

A Raimundo le gustaba todo lo que guardaba relación con la velocidad y los autos, mientras podía, aprendía nuevos trucos. Clay disfrutaba su día libre en el trabajo y, por ende, decidió acompañarlo. Hasta entonces demoraron media mañana. El mecánico examinaba los cables de suspensión. Estamos hablando de un monoplaza Force India del 2009. Sí, es un modelo algo viejo. Pero cuando lo encontró en el vertedero por primera vez estaba mucho peor. Se asemejaba a un cacharro inservible posterior a un accidente en carretera. En vez de tirarlo a la trituradora y verlo molerse en pedazos, Raimundo decidió conservarlo y lo arrastró a la superficie.

Primero comprobó que el motor funcionaba. Gruñía un poco y escupía un smog de los mil diablos, negro y asqueroso, sin embargo, pensó que podría volver a estar como nuevo. Sólo necesitaba latonería, pintura y quizás un buen mecánico. Costó trabajo al principio, a veces parecía que estaba botando dinero por la ventana y el esfuerzo no valdría nada. El bolsillo le dolía. Nomás Raimundo nunca perdió las esperanzas. A la final el monoplaza dio señales de vida y podía correr como antes. No le había decepcionado desde aquel día. Si Clay no lo conociera diría que Raimundo estaría enamorado de su auto, pero no, el monoplaza era casi como un hijo para él. A excepción de hoy, estaba distraído, le desinteresaba lo que podría pasarle al auto y eso no era típico en él. Jamás en la vida había sido un hombre despistado. Los pensamientos de Raimundo se desviaban hacia esa chica. No podía pensar en otra cosa.

-Raimundo, ¿está todo bien? –indagó Clay, el hombre se volvió hacia él- te noto desatento.

-Es al contrario, Clay, todo marcha bien y es por eso que no puedo estar tranquilo –frunció el entrecejo confundido, Raimundo se detuvo a explicar- recientemente conocí a una chica. No llamó mi atención ni quiero nada que tenga que ver con ella; pero, no sé como lo hizo, ha logrado meterse dentro de mi cabeza a tal punto que la estoy viendo por todas partes, me está volviendo loco.

-¿Crees... que sea por... el accidente? –balbuceó en voz baja.

-Eso pensé también, me comuniqué con el doctor y adelanté la cita. Salvo que cuando acudí a la consulta me dijo que no tenía nada y sólo me recomendó que continuara el tratamiento, yo le insistí temiendo que podría tratarse algo serio y él me llevó a considerar que quizá era una atracción, me dio una larga charla en que recabó repitiendo que la psiquiatría no podía ayudarme. Me quedé pensando en la única alternativa que me queda y estoy tan exasperado que acepté que tal vez sienta una ligera atracción por esta chica. De ningún modo me sentí tan humillado ni tan prepotente que ella pudiera hacerme pasar por tanto. Pero estoy seguro que será algo temporal, le voy a dar hasta tres meses y para entonces la habré olvidado. Ella será como cualquier otra mujer que ha pasado por mi vida.

-¿Qué tal si vuelves a verla? Quizá lo que necesitas es aclarar tus sentimientos con respecto a ella.

-No, estoy clarísimo con todo lo que quiero con ella. No negaré de que me gustaría volver a verla. Pienso ir al gimnasio a ejercitar, me gustaría despejar la mente y ocupar mis manos...

-En eso tienes razón –estiró el cuello- perdona, anoche estuve hablando por teléfono hasta tarde con Keiko.

-Esa mujer te acapara. Debe ser insoportable.

-¡Oh no lo es! Es una chica agradable. Además, creo que también es por mi culpa, ni yo me di cuenta del reloj.

-¡Ah Clay, eres un romántico! –rió, palmeando su hombro- ¿si te acuerdas del consejo que te di la otra vez?

-Lo tengo presente.

Los amigos fueron interrumpidos por el mecánico. Estaba listo. Y Raimundo como siempre se moría de ganas por llevarlo a pasear. Quería sentir la brisa azotar su cara, el sol brillando contra el capot, la adrenalina hormiguear su cuerpo, el corazón latir deprisa y la sangre surcar acuciosa por sus venas. Sí, una sensación única y de libertad. El mecánico y Clay salieron de la estación. Raimundo salió segundos más tarde embalado hacia donde el viento lo guiara. Suspiró profundo cuando llegó hacia la zona del desierto. La sombra de un águila pasó muy cerca. Esto es vida.

Megan daba vueltas en una silla de oficina, aburrida y deseosa de salir. Sus padres estaban cargados por el trabajo y a menos que un adulto responsable estuviera vigilándola no podría quedarse sola. Es cierto que la servidumbre podría deferir esa responsabilidad, empero tenía un lavado de cerebros y no la dejarían divertirse como quisiera. No podría confiar en ellos. Por momentos se comportaban sobreprotectoramente con ella como si fuera un frágil frasco de vidrio y sólo algunas veces necesitaba un respiro. La única opción que tenía era quedarse con su primo Jack. Pero puesto que éste también trabajaba, cambió de una habitación a otra más o menos igual. Previo había visitado la oficina del presidente. Un ambiente elegante y a la vez monótono. Jack acaba de cortar una llamada importante. Megan se le acercó.

-Oye Jack, ¿qué te parece si jugamos en la casa de las muñecas?

-No –respondió sin mirarla. Su vista estaba puesta en firmar unos documentos.

-Bueno, ¿y si imaginamos que somos dueños de un lujoso...?

-¡No!

-¿Qué tal si te maquillo? –gruñó cruzando los brazos. Su primo no le prestaba atención.

-¡¿Qué?! ¡AJ! ¡MEGAN! –vociferó. Se mordió el labio inferior e inhaló profundamente, se cubrió el rostro con una mano, se peinó hacia atrás y forzó una sonrisa- eres una niña dulce y encantadora, me encantaría jugar contigo a las muñecas, lo digo de corazón. Pero en estos momentos tu primo está resolviendo un asunto importantito sobre puntos de venta, es algo tedioso de explicar, no veo la necesidad del por qué hacerlo así que ¿por qué no vas a jugar en otra parte? ¿te parece?

-De acuerdo –se encogió de hombros.

-Eso es, buena niña. Si necesitas algo, pídeselo a esos simpáticos caballeros que están allí.

-¡Ajá!

Cada vez que Megan pensaba que Jack y ella eran parientes tan sólo desearía someterse una transfusión. Jack era el peor de los primos en la historia. Si nadie le hubiese dicho que eran carne y sangre ni se habría dado cuenta. Andares, podrían convivir en un mismo espacio y mirarse. A ella no le importaba, pero tenía la impresión de que era una molestia para él tal vez porque era una niña y ya con eso no la tomaba en serio. Pese, trataba de acercársele en cuanto pudiese. Megan giró el pomo de la puerta y se fue. Decidió bajar las escaleras entre tanto pensaba a dónde dirigirse. Le gustaría ir al cine, pero no la dejarían entrar sin dinero a pesar de ser la prima del presidente. Lo mismo si se le antojaba montarse en una atracción. Es igual, está muy grande para eso. Y si quería un dulce, tendría que volver a subir. Bueno, no tenía hambre. El único lugar donde podría ir, fuera de peligro a que le cobraran, era a un acuario que estaba en el segundo piso, ¡sí! lo mejor que podía hacer si no tenía una patineta cerca. Conocía el centro comercial a la perfección y sabía cómo llegar. Hubiera sido posible si no fue por un pequeño detalle...

-¡Rayos! ¡Omi y su pandilla! ¡¿qué estarán haciendo aquí?! Será mejor que no me vean... –la niña cambió de rumbo, pero se detuvo por sí misma- ¡aguarden! ¿estoy huyendo? ¡Ni que les tuviera miedo! Dije que iba al acuario y eso es lo que haré.

Giró sobre sus talones y caminó en dirección de las escaleras mecánicas con determinación. Omi, Dojo, Jermaine y Tiny iban directo hacia Megan instintivamente. Corrían de un lugar a otro, empujando a las personas y causando conmoción. Divagando por ahí. Jugando a las atrapadas. Tiny perseguía a Omi y a Jermaine. Esperaba tocar a uno de ellos. Los dos niños se encontraron frente una bifurcación y tomaron lados contrarios. Tiny corrió atrás de Omi. Le pisaba los talones y hubiera tocado su hombro de no ser porque Omi tumbó a Megan. Sin querer, por supuesto. El choque fue estrepitoso. No tenía ni idea que ella estaba allí. La niña se desplomó en el piso. Omi paró de correr. Tiny se percató que el juego se suspendió y caminó hasta ellos. Primero flexionó las rodillas tratando recuperar el aliento. Jermaine se dio cuenta que nadie lo seguía y sus amigos se detuvieron, así que se dio la media vuelta.

-¡¿Tú?! –gruñeron al unísono Omi y Megan.

-¿Por qué estás aquí? –chilló Megan.

-¡No contestes Tiny! –ladró Omi- el centro comercial es de libre tráfico para todo el mundo.

-¿No querrás decir tránsito? –corrigió Tiny.

-¡Cállate Tiny, estás haciendo lo que ella quiere! ¡ponernos contra todos! –Megan puso una mueca.

-¡¿Qué estás haciendo aquí?! –prorrumpió Tiny.

-¡Déjame Tiny! Puedo hablar por mí mismo –refunfuñó Omi, se volteó hacia Megan- ¡¿qué estás haciendo aquí?!

-Vine a visitar a mi primo, ¡el dueño de este centro comercial! –repuso Megan levantándose y sacudiéndose el polvo.

-¿Dueño del centro comercial? ¡¿pero qué dices?! –se mofó-. No pueden haber dos dueños, ¿acaso quieres decirme que tu primo es el que usa camiseta de mujeres?

-Hay centenas de hombres que usan camisas para mujeres. Especifícate mejor.

-El de copete ridículo, risa extraña y grita como niña en película de terror.

-Sí, es él –asintió con timidez. No se inmutó por defenderlo, un secreto que llevas en la piel no puedes esconderlo y estaba segura que si fuese el caso al revés, Jack también disimularía que no son parientes. Dojo salió de la camisa de Omi después del susto y la niña sonrió- ¡oh pero si eres tú! ¿Decidiste adoptarlo? ¡Ven acá! –dio unas palmaditas.

-Deja de hacerle señas. No vendrá hacia ti. Dojo es macho y como tal es inmune a las cosas de niñita.

Lástima que Dojo no estaba de acuerdo. Saltó a sus brazos y la niña le acarició la cabecita y rascó su panza. La piel del animal era escamosa, húmeda y hacía cosquillas. Megan se echó a reír. Era adorable. Una vez le pidió a sus padres una tarántula de mascota como obsequio de cumpleaños, empero ellos no la compraron porque decía que eso no era para niñas lindas iguales a ella. No insistió, tal vez tenga razón, cambió de parecer y dijo que quería un poni. Sus padres se negaron. Un poni es un animal peligroso para una niña delicada, todavía si no está amaestrado. Megan vislumbró que no habría regalos este año. Al menos que le gustara. Omi respiró indignado, fulminó con la mirada a Dojo y murmuró unas palabras que querían decir más o menos: ¡Vil traidor! Los ojos del animal se agrandaron y casi parecía que iba a llorar. Imploraba como cachorro arrepentido pidiendo comida. Omi desvió la cara.

-¿Si sabías que en este centro comercial está restringido el acceso de los animales?

-¡Ahí dice que no pueden entrar ni perros ni gatos! No dice nada sobre los lagartos.

-Es lo mismo, bobo. Dojo no puede quedarse.

Los niños empezaron a discutir quién tenía la razón. Jermaine se incorporó al poco tiempo, sin saber de que hablaban sus amigos, los apoyó gritando incoherencias. En tanto ignoraron lo que hacía u olía Dojo. Un vendedor acarreaba un carrito, parecía que guardaba salchichas alemanas. Lo que sea, el olor era delicioso y despertaba el hambre. Y para un animalito tan glotón, acostumbrado a tantear en los basureros de los restaurantes en busca de sobras que los cocineros decidieron tirar, aquello era una tentación irresistible. Se deslizó fuera de los brazos de la niña y siguió el carrito con la cola en alto. Tanto Omi como Megan estaban tan empecinados en su discusión y demostrar sus puntos de vista, que por un brevísimo instante daba entender que peleaban por asuntos del pasado entre ellos que una simple cuestión si el lagarto se queda o se va. Jermaine hablaba tonterías y digamos que es medio despistado. En cambio, Tiny sí apreció el detalle de que algo faltaba: ¡Dojo!

-¡Chicos, chicos, un momento! –extendió los brazos apartando a su mejor amigo y la niña- ¡¿dónde está Dojo?!

-¡No está! ¡¿Viste lo que sucedió por tu culpa?! Tienes una suerte, Megan Spicer, de que no pueda golpear a niñas. En el código de Guerreros Shaolin nos prohíbe atacar a mujeres, (es una actitud cobarde), nuestro deber es protegerlas. ¡Claro! A ti no te defendería.

-¡¿Mi culpa?! ¡Pero tú eres su dueño! Lo que pase o no le pase es responsabilidad tuya, ¡se supone que tienes que tenerle el ojo encima!

-Ahora no importa quién tiene la culpa –intervino Tiny- lo que importa es encontrar a Dojo, ¡está perdido en un enorme centro comercial con millones de personas caminando! Así que si queremos antes que una manada lo aplaste, debemos cooperar juntos ¡olvidando nuestras diferencias! –se adelantó antes de lo que iba a decir Omi- Jermaine busca en el primer piso, Megan en el segundo, yo buscaré en este y tú ve al cuarto.

-¡¿Estás loco?! ¡tú no me tratas de esa manera! Aquí quien dice como movernos...

Omi era demasiado orgulloso para subyugarse a las órdenes de quien –entre comillas- es un subordinado suyo. No movería un pie. No obstante, los otros niños se separaron justo antes de que terminara de hablar. En esta oportunidad, Tiny tenía la razón del mundo. Omi cruzó los brazos enojado. De soslayo contempló su reflejo en la zapatería. Dojo lo necesitaba. No podía quedarse varado y dejar que los demás hicieran el trabajo o le robaran el crédito, que es mucho peor. ¡Era su mascota! Es su turno de actuar como dueño. Soltó un bufido y subió las escaleras. El cuarto piso... ¡¿pero por qué el cuarto piso?! ¡¿Estaba obligado a seguir las órdenes de Tiny?! ¡Claro que no! Podía ir a dónde le pegara la gana y tenía ganas de no ir al cuarto piso. No, él merecía un desafío. ¡El quinto piso! El que está arriba de todos. Y todos saben que el último es superior al resto. ¡Ahí es dónde buscaría a Dojo!

Si bien, el quinto piso no era como lo imaginaba. Estuvo deambulando con la vista en alto. En este lugar se sentía pequeño. No había perdido su determinación. A menudo preguntaba a Dojo si estaba por allí cerca. No esperaba que le contestara, empero se sentía menos solo. Este pasillo estaba abandonado. Escuchó una voz entonces provenir de una puerta. Curioso, el niño la empujó. La voz se oía cada vez más fuerte y conocida. Pronto, estuvo frente otra puerta, la entreabrió y se fijó que era una oficina. Sabía que era indebido lo que hacía, ¿pero desde cuando acá Omi deliberaba sus movimientos?

-... ¡oye, no te desesperes! ¿Quisieras hacer silencio y dejarme hablar? Ese encuentro en el parque y esas botas fueron el primer paso, sé que no surtieron efecto y la próxima vez tengo que ser más agresivo, tú me comprendes, pero no voy a bajar la guardia. Aún no ha existido una sola mujer que me rechace. Kim no tiene nada especial –escudriñó con la mirada, soltó un grito ahogado: ¡Es Spicer!- por supuesto que sí, Kimiko es la mujer perfecta. Su padre es Toshiro Tohomiko; el propietario y director de Electrónicas Tohomiko, la empresa número uno en venta y compra de videojuegos en el país y en el internacional. Es un hombre muy poderoso, apoderado de una fortuna que equivale un cuarto millón de dólares. ¿Kimiko? Es joven, hermosa y junto a su hermana Tomoko es la heredera de ese cuarto de millón. Si iba tras ella la tendría complicada, ¡es una liberal! En cambio, Kim es diferente, no es tan lista como Tomoko. Le compro cualquier accesorio bonito y ya está.

»¿Por qué Kim? ¿no lo entiendes aún? La restricción de mis padres establecía que mientras no me case no podré tocar el patrimonio familiar que me corresponde hasta que encuentre a una adorable mujercita a la cual despose, si me caso con Kim las ganancias se multiplicaran y no habrá nada que yo no pueda hacer. Seré dueño de absolutamente todo... sí eso dije, por el momento no querrá verme, pero nos encontraremos cuantas veces yo quiera. Te diré que es lo que planeo hacer: Voy a conquistar a Kimiko, lo hice antes y puedo volverlo hacer, así sea por la fuerza ella se convertirá en mi dulce esposa.

-¿Lo ves Buda? –susurró Omi mientras escuchaba con impotencia- trato de ser bueno, pero el destino siempre me pone en el lugar y el momento correctos. Kim tiene que enterarse los planes de este tipo ya mismo.

La puerta resbaló de sus deditos. Jack subsanó que había alguien espiando y estiró el cuello para asomarse a ver. Quiso echarse a correr, no obstante, era tarde en retractarse. El niño se quedó helado. El presidente se despidió de la persona con quien estaba conversando y colgó la llamada.

-¿Quién anda ahí? Puedes salir, no finjas que no vi dónde estás –dijo- si no lo haces llamaré a seguridad –Omi decidió que mejor era mostrarse, abrió la puerta y caminó hasta Jack, éste arqueó las cejas. No se levantó de su silla- ¡¿tú?! yo te conozco, eres el niño que cuida Kim. ¡¿Qué estás haciendo aquí?!

-Me han hecho la misma pregunta antes, ¿es que nadie puede salir de su casa sin que hagan preguntas ridículas todo el tiempo? –dijo aburrido metiéndose las manos en el bolsillo.

-¡¿Desde hace cuánto que estás aquí?! ¡¿qué fue lo que escuchaste?! –replicó histérico. Omi se contuvo de no reír, se estaba despelucando sin que dijera nada. Brincó y señaló la puerta, el otro cruzó los brazos- ¡no importa! Fuera ahora mismo o le pediré a seguridad que venga.

-¡¿Quieres que me vaya así tan rápido?! Si acabo de llegar. Estuve vigilándote un buen rato y escuché –ladeó la cabeza pensativo- ¡todo! –sonrió maquiavélico. Jack frunció los labios, enojado; ni corto ni perezoso, se sentó al frente- yo en tu lugar evitaría llamar a los polis, a partir de ahora lo que hagas es inútil porque tu pequeño y sucio secreto está en mis manos y te consta que puedo hacer con él lo que se me antoje. Si me echas, podría ir con Kimiko y decirle lo que oí, estoy seguro que no le hará gracia que pienses que es una muñeca torpe o es parte de un plan diabólico para hacerte más rico. Te recomiendo que pienses con cuidado ¿sabes?

-No sé por qué tengo el presentimiento de que quieres tirarme una indirecta –masculló entre diente. Jack volvió a tomar asiento- ¿estás tratando de chantajearme, niño?... ¿acaso quieres pedir una contribución especial a cambio de mantener la boca cerrada? ¿Cómo chocolates, juguetes, boletos a Disneylandia o pases a partidos de futbol?

-No estás en la necesidad de verlo como un chantaje, yo no he dicho eso –sacudió la cabeza mecánicamente- tú y yo podríamos formar una sociedad. Tú sabes, ayudarnos, codo a codo. Me equivoqué contigo y te quiero ofrecer mis disculpas si no es muy tarde, pensé que eras un hijo de mamá que era cliente en un almacén de ropa para mujeres, pero veo que eres más ruin e inteligente de lo que aparentas y disfruto esas cualidades. Quién sabe, tal vez podrías enseñarme a ser tan malvado y codicioso como tú algún día –el chino dio justo en el clavo: llegar en el corazón de Jack. En el acto observó que le gustaba los aduladores. El presidente sonrió, se acomodó el frac y se peinó hacia atrás, ufanándose.

-Sí quizá –Jack no parpadeó, se quedó mirando a Omi con interés- hablaste de una sociedad ¿y qué ganaría, Jack Spicer, presidente del centro comercial Loel, si acepto?

-Mi silencio, obvio, mi ingenio y ¡ah! Información. Por ejemplo ¿quieres conquistar a Kim? Pues tienes una traba enorme que ni tú mismo te imaginas, no le gustas ni siquiera como un amigo porque está enamorada de otro tipo y si quieres ganar territorio, habrá algunos trucos que tendrás que llevar a cabo ¿me expliqué? –Jack asintió impresionado levemente, Omi le sonrió- ¿ya ves qué si me necesitas? No diré más hasta que me des una respuesta.

-Interesante, ¿pero cuánto me va a costar obtener la historia completa?

-Eso ya veremos. Cuando el momento llegue te diré, hoy quiero saber si aceptas formar esta sociedad y me puedo ir tranquilo, ¿qué dices? –el niño extendió la mano. Jack, desconfiado, se quedó pensando, sus ojos rebotaban más que una pelota de ping pong de un muro al otro como si tratara de desentrañar cuál era la trampa de Omi y éste se comenzó a desesperar- ¡vamos amigo! No tengo tiempo, a la una, a las dos y a las... –estrechó su mano.

-Está bien, Omi, me has convencido. Para ser un crío, eres un zorro astuto. Nunca creí que después de Megan un niño fuera tan temerario porque nadie se burla de Jack Spicer ni vive para contarlo. Haz que no me arrepiente de haber hecho el trato –Omi captó la amenaza aún así conservó la calma. Debía darle entender que su poder no le asustara y que él era mucho más firme.

-No lo harás, te lo aseguro. Quisiera quedarme a charlar un poco más, sin embargo, sucede que vine con unos amigos y se estarán preguntando dónde rayos me he metido y ¿debemos cuidar las apariencias, no es así? Otro día nos reuniremos para hablar de esos "detalles" ¿sí? –Jack asintió- bien, ¡fue un placer haber hecho negocios con usted! No vemos pronto.

-Así es. Hasta entonces.

¡Cuánto se moría de ganas por decir: fue un placer haber hecho negocios con usted! Por un santiamén se sintió igual que un adulto. ¿Cómo? Sintió que tenía autoridad. El niño salió de la oficina temblando eufórico. Nadie lo siguió. No le convenía a Jack armar un alboroto. Lo había visto en sus ojos: El miedo y el asombro. Estaba acorralado y obligado a hacerle caso le gustara o no. Tal vez esté maldiciendo su nombre entre dientes en el momento. Hablando claro y llano, el muchacho estaba en pleno uso de sus facultades mentales que todo aquello fue improvisado. Se dejó llevar por sus instintos y decidió observar y analizar el transcurso de las cosas. Todo lo calculó con el fin de que Jack se intimidara y garantizar su protección. Pensó rápido que él conocía su secreto y por ahí siguió el hilo. Si Jack estaba al tanto que él saldría beneficiado no le haría nada y, por ende, decidió negociar. Los tres ofrecimientos de su parte eran tentadores y sabía que era incapaz rechazarlos. No sabía en qué podría sacarle provecho a Jack. Sólo pensaba en que no todo el premio sería para él y también merecía un privilegio, empero ganaría algo ventajoso al cabo de que Jack es un millonario y lo que le sugirió le gustó. Más tarde se le ocurriría una idea.

¡Claro! También pensaba en Kim. No estaba de acuerdo con Jack; él la estaba engañando, no la amaba en realidad, si no quería conseguir sus riquezas, quién sabe qué pueda tramar el usurero aquel una vez que se hayan casado. Nada bueno. Omi conocía a los de sus clases y no quería a una escoria como esa cerca de Kim. Él lo dijo, los guerreros Shaolin están en su deber de proteger a las mujeres y él la defendería. Debía correr a contárselo a Kim. En tanto Jermaine, Tiny y Megan buscaban a Omi. Tiny sostenía a Dojo en brazos. Lo detuvo antes de que asaltara el carrito de salchichas alemanas. Los demás regresaron, salvo Omi, temían que se hubiese perdido en un lugar tan grande. Tardarían horas en tropezar con él. El chico los vio desde el quinto piso, no los llamó, no quería que supieran donde estaba, en especial esa niña, y bajó rápido las escaleras mecánicas. Los alcanzó corriendo.

-¡Chicos! –exclamó. Los niños se dieron la vuelta.

-¡Allí estás! ¿dónde estabas Omi? Nos preocupábamos de que te había pasado algo –repuso Jermaine. Iba a responder, Omi vio a Megan y dijo:

-Los estaba buscando y como ustedes también, no nos quedábamos en un mismo lugar, por eso no nos pudimos ver antes. ¡¿Y Dojo?!

-Aquí –Tiny le entregó al pequeño reptil, Omi sonrió acunándolo contra su pecho- él estaba a punto de saltar en el carrito de salchichas, menos mal lo pesqué a tiempo.

-Gracias chicos. ¡¿Y tú qué?! –musitó dirigiéndose a la niña- ¿se te perdió algo? ¿qué haces todavía aquí? ¿no tienes algo pendiente?

-Ahora que lo dices ¡sí!: Alejarme de los niños groseros como tú –Omi hizo un mohín. Ella le respondió a la par. Se despidió de los otros niños, alzó la barbilla y se fue pisando fuerte. -Oye Omi –dijo Tiny- sé que Megan es una niña pesada, pero nos ayudó a encontrar a Dojo ¿por hoy no podías hacer una excepción?

-¡Qué más da! Necesito contarles algo y no quería que esa fulana me oyera. ¡Vengan!

Él les comentó que había ido a explorar en el quinto piso y por accidente llegó a la oficina de Jack Spicer, el primo de Megan y presidente de Loel, les contó be por be lo que escuchó y que Jack lo atrapó, no tuvo remedio que negociar con él para que lo dejara marchar. Tiny y Jermaine no daban crédito a sus oídos, su quijada estaba en el suelo por cada palabra. Se levantaron al unísono.

-¡Omi, pero eso es terrible! ¡¿qué hacemos aquí aún?! ¡Tenemos que decírselo a Kimiko de inmediato! –chilló Tiny. Jermaine asintió con la cabeza. Los niños salieron corriendo. Omi permaneció sentado en el suelo, acariciando al lagarto en su regazo. Inmóvil.

-¡Oye, ¿tú no vienes?! ¿no era que querías prevenir a Kim? –inquirió Jermaine confundido.

-¡Sí! Tú lo dijiste, Kim debe enterarse. Ella es tan buena persona, tan amable, tan linda, tan soñada... –Tiny suspiró, su mirada se extravió asimismo sus pensamientos. Jermaine torció los ojos y Omi frunció el ceño hacia él; el niño borró la sonrisa de oreja a oreja en su rostro y puso los ojos desorbitados, había dicho eso en voz alta, cambió su actitud y fingió una tos carrasposa- ¡cof, cof! Quise decir: niñas no, ¡qué asco! ¡cof, cof!

-Ya sé lo que dije, sin embargo, lo estoy considerando y creo que esto era lo que necesitaba. Un oportunista igual a Jack debemos alejarlo de Kimiko y dudo que ella llegue a interesarse por él; por otra parte, está Raimundo, no sé cuáles son sus intenciones ni si le gusta Kimiko como ella le gusta a él, pero decidí que no quiero que anden juntos. Seguiré viendo a Jack y entre los dos separaremos a Raimundo y a Kimiko...

-¡¿SEPARAR?! –exclamaron conjuntamente los chicos, luego de intercambiar miradas.

-Eso dije.

-¡¿Pero por qué quieres separar a una pareja tan bonita como ellos dos?! –indagó Jermaine- ¡¿por qué te importa tanto?! ¿qué ganas con eso?

-Eso es privado, Jer. Pero esto no es asunto nuevo, lo decidí desde hace tiempo. Ustedes me van ayudar a lograrlo. Y cuando lo hayamos impedido, me desharé de Spicer, veré que me invento. Raimundo y Kimiko tienen sus días contados, que disfruten mientras puedan pues que será muy poco el tiempo que les queda. Voy a interferir.

Omi soltó una carcajada. Jermaine y Tiny no entendieron mucho de qué iba esto y por qué no quería decirles la razón de querer romper la relación, pero por apoyarlo se rieron con él. Tiny empezó y como Jermaine estaba perdido en sus propios pensamientos, formulando sus teorías sobre la extraña actitud de Omi, le tuvo que dar un codazo y los acompañó riéndose. Sus amigos siempre lo respaldaban y alcahueteaban sin oponerse desde que su madre murió como solidaridad. Eran unas risas maquiavélicas y traviesas. Claro, las de Jermaine y Tiny erran hipócritas porque no entendían muy bien el meollo de todo. Hasta Dojo se reía.

Aquel día, en el centro comercial, tuvo muchísima suerte que estaba allí y de encontrar esas gafas de sol, cuando le pidió ayuda para un regalo para Raimundo. La apartó de perillas de la tienda de microjuegos. Honestamente no sabía si a él le gustaban las gafas de sol, decidió meterse a hurgar porque no tenía remota idea a dónde dirigirse (apenas estaba conociendo los gustos y disgustos de Raimundo) y Kim podría darse cuenta que caminaban en círculos. Pero lo que sí sabía es que odiaba al anaranjado. Si llegaba a decirle algo. Había pensado la excusa perfecta para entonces. Kim no tendría que hacer otra cosa que creerle. Mientras que Raimundo pensaría que Kim le compró esas gafas para molestarle. Omi se detuvo a inhalar. Dojo también. Los otros continuaban metidos en su papel. Y a Omi no le agradó.

-¡Cállense! Ustedes no pueden reírse más que yo.

-Lo sentimos –susurraron.

-Acepto la disculpa. Vámonos, les debo comentar los planes que se me han ocurrido.


A/N: ¡Ay Omi, eres un desmadre! ¡Pero hey! Estaban advertidos de que era el villano. Claro, tenemos a otros destacados antagonistas como Jack, Hannibal, Wuya, Ashley y Chase hará su aparición en posteriores capítulos. No obstante, Hannibal es un hombre codicioso; Wuya está amargada; Jack es ambicioso; Ashley no es mala si no antipática como todos lo somos alguna vez con alguna personita y no nieguen que no es así y por último, Chase carece de escrúpulos. La corrupción personificada. ¿Qué hace diferente a Omi? Un villano se define por contraponerse a los intereses de los protagonistas, usa sus habilidades para favorecerse a sí mismo y siempre está un paso adelante antes que nadie. Esas cualidades las tiene Omi y en mi opinión es más listo que los mencionados. Ya lo vieron en acción…

¡¿Separar a Kim y Raimundo?! ¿Iguales de sorprendidos que sus amigos o saben por qué quiere deshacer esta unión? Los trapitos salieron al sol. Como de costumbre, Jack apuñalando por la espalda, ¿vieron que no le importa Kim? ¿sólo quiere su dinero? Y ese trato con Omi parece que no era una farsa después de todo. ¡Aleluya! Conocimos a Dashi, decidió mostrarse ¿a qué se referirá Wuya con eso de que Omi vive engañado? ¿lo saben? ¡Vamos señores, los estoy retando! A ver si es que pueden ganarme, traten de adelantárseme y adivinar que vendrá a continuación, esa discusión acalorada entre Dashi y Wuya no la puse porque sí y listo. Me pareció tan enternecedora la escena que Dashi se sienta en la cama con su hijito y le dice que lo quiere mucho a pesar de que es un loquillo. Dojo puede que no habla, pero sigue siendo un dragón tragón. El bastón de Shimo del querido Omi hizo una breve aparición, ¿le gustó el cameo que hizo? Fue buena idea hacerlo pasar por reliquia familiar. Omi ya sabía manejar esa arma, estoy segura que no les causó impresión, ¿cómo será en manos del viejo Fung? Estos Megan y Omi se la pasan de discusión en discusión. No les mentiré. El título me inspiró de un episodio de CSI, nada que ver con lo que mostré, pero tenía sonoridad. Ustedes deben de haber notado que soy fanática de esa serie. Hoy no amanecí muy conversadora. Así que os dejo seguir disfrutando su semana en santa paz. Esperaré con ansias sus comentarios, sugerencias, dudas y críticas. ¡Hasta entonces nos vemos en el próximo capítulo de Quiero ser escritora!