Quiero ser escritora
14º
En el comienzo contigo
¡Ya estoy aquí! Presioné el timbre de la puerta. Una campanita tintineó una alegre melodía segundos después y yo la tarareé entre dientes. Recién acabo de llegar de la universidad, fui a la secretaría y me atendió una mujer fea. Sus facciones no eran enteramente desdeñables, su cabello tenía el mismo color de su piel a causa de un teñido mal aplicado (quizá hecho por un principiante) y estaba tieso por el exceso de laca, las cejas depiladas, su maquillaje podía calificarse como "espantoso" y la ropa, creo que ha estado fuera de circulación de las tiendas desde los sesenta. No tenía alianza de matrimonio lo que no me extrañó. No sabía si agasajarla me llevaría a buen puerto; pero, aparté mi pesimismo, saqué mi mejor sonrisa y me mostré linda y amable. Ella me escrutó hito en hito sin decir palabras y me hizo esperar. Les juro que antes no la había visto. Pero no me gustó ni un poco la forma cómo me trató. Al menos conseguí que me recibieran la planilla y la carta donde decía que me retiraba de ingeniería, me hicieron llenar los papeles. Ella se quedó con la copia del depósito bancario. Es un hecho de que voy a cursar el primer semestre de literatura ¿no están felices por mí?...
De modo que pude pasar por casa de Keiko de regreso. Ella es hija única y vive todavía con sus padres en un apartamento. De la universidad a su condominio me quedaba más cerca si iba en metro y eso fue lo que hice. Esta urbanización es encantadora, es un subconjunto de edificios residenciales recién remodelados. Me comentó que los vecinos estaban recogiendo firmas para solicitar un reacomodo. Le habían echado una mano de pintura en donde vivía. Aunque siendo franca, me gustaba el otro color. Este verde que escogieron es chillón. No es como el verde manzana si no como el lima. Su madre trabaja en el negocio de bienes raíces y su padre es politólogo, así que casi siempre están afuera. Hoy no sería así (y justo cuando vengo a visitarla). El olor celestial del asado se alcanzaba a oler en el pasillo. Kei no es una chef gourmet. Ni siquiera estoy segura qué cocina, pero no es algo que le guste alardear. Sé que desearía por contratar un chófer, una mucama y un cocinero de ensueños que haga todo por ella. ¿Y a quién no le gusta la vida fácil? Yo la tenía, pero me cansé de ella. Abrieron la puerta. Era la mamá de Kei.
-¡Buenos días, señora Izumi! ¿Kei está por aquí? Vine a visitarla.
-¡Oh sí por supuesto! Keiko está en su habitación. Déjame llamarla, ¡pero pasa, pasa! Sabes que esta es tu casa.
-Muchísimas gracias –sonreí.
La vivienda de Kei es amplia y tradicional. Los Izumi son otra familia japonesa y el cambio de lugar no era sinónimo de abandonar las raíces y sepultar las viejas costumbres. Los lunes viene una señora a limpiar la casa porque sus padres no disponen tiempo para ocuparse del aseo. La Sra. Izumi era una mujer simpática y activa, se mantenía en forma, cuidaba mucho su imagen y era, en extremo, parecida a su hija. Una vez Kei me enseñó de una foto de ella cuando tenía su edad y son iguales. Variaba el peinado nada más.
-¡Keiko, hija, tienes visita! –dijo- no tardará.
-Está bien –me senté en el sofá mientras que la Sra. Izumi se fue a la cocina. La quijada se me desencajó: Kei estaba lista para ir a la cama. Se había puesto cien rollos en la cabeza; se esmaltó las uñas de las manos y los pies, entre cada dedo colocó un separador, tenía encima una máscara facial.
-¿Quién…? –Kei se sorprendió de verme allí pues que se paralizó al instante. Me incorporé.
-Antes de cualquier otra cosa, vine en son de paz –hice un amago- estoy aquí porque quiero disculparme y rectificar las cosas entre nosotras, no podía ser por teléfono si no en persona. No fui justa contigo la última vez: pedí tu opinión honesta y me la diste, y te corté. Admito que fui grosera y ahora mismo te doy la libertad de insultarme, no te culpo si me odias, pero debes saber que no me gustaría estar enojada para siempre. Eres mi mejor amiga y no me parece que terminemos una amistad de tantos años por algo estúpido, ¿sí? ¿qué dices? ¿me odias?
-¡¿Odiarte?! ¡¿insultarte?! ¡¿enojada?! ¡¿pero qué dices?! Para nada, yo tampoco dije cosas muy bonitas y si alguien en esta sala debe disculparse: esa soy yo. Debía estar loca cuando dije que tu carrera era inútil, ¡¿qué me pasó?! Si a mí me dijeran que ser maestra es para los pobretones, le hubiera pateado el estómago y habría rayado su auto ¡y soy yo! Tú tuviste el valor de ir a visitarme. Yo, en cambio, me acobardé porque pensé que tú creías que era una persona espantosa. No he podido dormir y mira ¡estoy hecha un desastre! ¡Mamá acaba de gritar a los cinco vientos que teníamos visita y sólo a mí se me ocurre salir así! Igualmente eres mi mejor amiga y te quiero, no quiero enfurecerme contigo; en verdad, lo lamento y te lo escribiría en el cielo si poseyera un lápiz gigante… ¿crees que en tu corazón te quede un poquito de misericordia para mí?
-Claro.
Las dos avanzamos un paso y nos abrazamos. Tuve cuidado de no pincharme con un rollo. Se siente muy bien. Creo que con esto consolidamos nuestra reconciliación. Lo mínimo que podía hacer ahora era sonreír de oreja a oreja. Kei y yo nunca nos peleamos seriamente. No podemos estar sin la otra, siempre una de las dos se disculpa al día siguiente. De inmediato, Kei se apartó pensando en su peinado.
-¡Cuidado con el peinado! No sabes el esfuerzo que me costó hacerme los rollos solita.
-No hay problema, ¡mira, te traje un regalo!
-¡Ah, ah, ah! No lo abramos aquí, ¡mejor vamos a mi habitación!
La habitación de Kei es un paraíso rosado. ¿No les dije que es su color favorito? Sus padres le dieron este juego de cuarto como regalo de cumpleaños cuando cumplió los dieciséis y es una recámara hermosísima, envidia de todas las solteras. No sé si lo que más me fascina es el conjunto de puff blandos, el tocador, el enorme peluche, los cojines en forma de corazón o el guardarropa. He aquí el resultado de la magia del dinero, ¿están absortos? Si fuera mía no dejaría que fuera rosado solamente. Me hubiera gustado incluir el rojo y el blanco. Amo esos colores, más el rojo. Yo me senté en el puff y ella en otra, sus dedos temblaban al abrir la bolsa. Estaba boquiabierta cuando la sacó. Miró rápidamente de la blusa a mí y al revés.
-¡Oh Kimi! ¡está bellísima! Gracias, amiga ¡me encanta en serio! No había visto una cosita tan cuchi como esta por semanas –exclamó mimosa- ¡es perfecta! Me la voy a estrenar en la cita de esta tarde. ¡Ay, no puedo esperar por vérmela puesta!
-¿La cita de esta tarde tiene algo que ver con tus rollos?
-¡Ah, es que yo no te he contado! ¡Qué torpe! Llamé a Clay hace dos días (¿sí te conté que intercambiamos número de teléfono el día en que fuimos a ese club?). Bueno, sucedió antes de lo que pasó y lo invité al Spellbound, ¿sí te acuerdas, no? ¡Y él me dijo que sí! ¡Ay!
Saltó emocionada. El Spellbound es una acreditada heladería/restaurante. Díganme golosa, pero es mi lugar favorito para una cita. Fue algún tiempo una llamativa atracción turística y puede que esté pasada de moda, pero todavía la amo, a pesar de que el servicio es flemático y te quedas esperando treinta minutos para una mesa anticuada. En realidad, lo que más me encantan son los chocolates calientes congelados. Cada vez que voy con Kei es lo que pido. Siempre ordenamos dos ya que cada uno viene en un recipiente lo suficientemente grande como para alimentar a una pequeña nación. Y yo debo admitir que tengo un cierto nivel de gula. Es una adorable y añeja casita de ladrillos rojos al que asiste todo público.
-¡Vaya! Me contento que su relación haya progresado, ¿ya averiguaste en dónde nació? ¿en dónde estudia? ¿qué hace?
-¡Detalles, detalles! No me molesté con esas menudencias cuando descubrí que sabe cuál es mi vodka preferida, ¡tenemos los mismos gustos! ¡¿Lo ves?! No somos tan diferentes –rodé los ojos, Kei miraba el techo enamorada- ¡ah! Nació en Texas, San Antonio. Desearía que la noche fuera eterna para que siguiéramos conversando, ¡fue magnífico, Kim! –dijo feliz-. Creo que estoy enamorada. ¡Ayúdame, por favor! Las manos me sudan, el corazón me late muy deprisa, las piernas me tiemblan, las mejillas me duelen de tanto sonreír, el perfume de papá me recuerda a él y no puedo sacármelo de mi mente en ningún momento... –le palpé la frente con el dorso de la mano.
-Sí, estás enamorada. Dime, ¿es inteligente?
-¡¿Inteligente?! Ha leído tantos libros, ¡libros que ni siquiera han llegado a escribirse! –creo que exagera.
-¡Grandioso! Él leerá libros mientras tú te pudres. Es un perfecto compañero.
-No pienso contarte más nada de él –rezongó- comeremos helado, juntos, y hablaremos. Al salir del local, notará qué tarde es y sugerirá con amabilidad llevarme a mi casa.
-¿Intentarás besarlo?
-¡¿Qué?! ¿Besarlo? No, quiero que él tome la iniciativa. Será mejor para los dos, no pensará que soy una acosadora o algo por el estilo. Deberías verlo a hurtadillas, Kim, es muy tierno y cuando traté coquetearlo inocentemente –puse una mueca preguntándome a qué se refiere con "inocente"- ya sabes, en broma, no captó la idea. Me ha parecido demasiado dulce. No es como los otros hombres, petulantes, que se jactan de su pene flácido, si no es caballeroso y gentil. Estoy segura que no se atrevería a manosearme sin tener mi permiso por escrito. Y si él quiere llevarlo paso a paso, lo respeto... mientras me permita estar con él muy seguido y no mire a otras chicas, aunque tampoco me parece de ese tipo –abstraída, su dedo índice tocó su barbilla.
-Yo sólo espero que no vivan metidos en la heladería y escojan otros lugares para sus citas, vale la pena que te repita que tu Romeo tiene un apetito voraz y le gusta comer. Y pienso en tus dientes, no vaya a ser que deba acompañarte al dentista por un caso de caries.
-No te preocupes, Kim, aproveché ir al gimnasio tempranito para quemar las calorías y hoy puedo comer todo el helado que quiera –Keiko no entendió o no le hizo caso a mi indirecta cáustica, la chica está tan embelesada que ha olvidado todo excepto el ser amado- sí, estoy consciente que le encanta comer. Fue un tema de conversación en la noche del jueves.
-Mientras no lo hayas convencido de que eres una chef gourmet, está bien.
-Bueno...
-¡KEIKO! ¡no lo dirás en serio!
-Tampoco me excedí, le dije que cocinaba y me gustaría aprender más.
-¡Más te vale que así! Clay no le tiene buena estima a los mentirosos –la mamá de Kei tocó la puerta. Nos volteamos.
-Chicas, el asado está listo. ¿Vamos a la mesa?
-¡Oh no sé! No quiero que interrumpir su cena. Prometí que me iría antes –sacudí la cabeza.
-¡Kim no seas aguafiestas! Recién llegaste, quédate a almorzar con nosotras. Tómalo como una celebración: de que nos reconciliamos. No eres ninguna molestia, ¿verdad, mamá? Ya que además me gustaría saber tu opinión de lo que voy a vestir, ¿sí?
Kei me puso cara de cachorrito, sus ojos grandes y haciendo pucheros. Me obligué acceder. Mi amiga estaba muy feliz que brincaba igual que una niña. La Sra. Izumi sirvió una ración equitativa a cada una. En su plato y el de su hija había añadido un arándano y me preguntó si yo quería uno también. Si fuera fresa, hubiera aceptado. Rechacé amablemente su oferta. Esta es la regla de Keiko y su familia: Durante la semana la comida es ensalada y fruta con una lata de atún (enlatada en agua de primavera, por supuesto) para cubrir las proteínas. La bebida estándar es agua o café negro, en las mañanas sólo beben café con leche descremada (por el calcio, ustedes entienden). Kei ni sus padres tienen problemas con el licor. Ninguno posee una tendencia desproporcionada a beber. Si Kei llegase a embriagarse con un amigo o en una cita, entonces un día o dos nada más que Coca-Cola light, pasteles de arroz y sin azúcar lograban un equilibrio en la dieta. Con una rutina de esta manera, no es de extrañar que Kei se comportara salvaje en los fines de semana. Leche y moka. Es justo lo suficiente decadente para sostenerse una semana entera. Es una dieta aburrida, pero funciona para Kei porque se ha mantenido delgada desde la secundaria.
El asado fue una verdadera delicia. Hace meses que no disfrutaba algo tan suculento. Comí deprisa. Odio importunar, si bien decidí aceptar la oferta porque probablemente no tendría otro almuerzo. Y mi intuición me dice que estaba saboreando mi cena, también. A la postre, Kei me mostró la ropa que usaría en su salida con Clay. No necesitó muchos consejos, ¡por amor a la nostalgia, es Keiko! Nada más le dije que lo apropiado era vestir un look sencillo y fresco, sin exagerar. Además, tuve que ayudarla a maquillarse. Igualmente, yo no podía pensar en otra cosa que sea tan importante que interrumpir la cita de mi mejor amiga. Y mi vida no es tan dramática. Me despedí de su mamá y de ella con un beso en la mejilla.
Tengo dos regalos que repartir, empero sólo traje el de Clay y me queda pendiente traer los tres capítulos. Me desperté tarde, por andar apresurada salí volando a la universidad, olvidé imprimir mi historia. ¡Qué cabeza la mía! Bueno, quiero marcar una paloma donde escribí Clay en mi lista para no deberle su regalo. Pospondré la entrega de los tres capítulos de mi novela hasta quién sabe cuándo. Fui caminando hacia El último suspiro. Me da curiosidad saber cómo Clay se está tomando que tiene una cita con Kei: ¿Nervioso o relajado? A veces los hombres no se toman o no perciben la dedicación de nosotras para con ciertos detalles. Supongo que lo averiguaré en cuanto llegue.
-¿Buscas un aventón, princesa? –no puede ser, esa voz irritante sólo puede pertenecer a...
-Depende de quién me lo dé –crucé los brazos bajo el pecho, volviéndome al conductor del Mitsubishi plateado- ¿estás siguiéndome, Raimundo?
-En absoluto, vengo de revisar el coche y te vi aquí. Quería comprobar que no fueras una alucinación y ahora que lo hice, tal vez te gustaría que te lleve, se le dice cortesía ¿sabes?
-No gracias, no te molestes, –respondí sin perder la paciencia-. Prefiero morder el polvo.
-¿Segura? Tú dices que me causas repulsión; no obstante, si vas conmigo en el asiento de al lado me incomodarás más tenerte cerca que rechazar mi invitación. Por favor, Kim, somos vecinos y mientras ninguno no se mude nos conviene llevarnos bien. No nos amarguemos y seamos felices.
-Si tú lo dices –ladeé la cabeza caminando hacia él- vamos.
-Pórtate bien y no tendremos líos, princesa.
-¿No es lo que hago siempre? ¡Soy una chica buena! –le sonreí- ¿acaso no recibiste mi carta de buena conducta?
-Permíteme el beneficio de la duda. ¿Mi defensa? Las chicas buenas sólo se encuentran en el cielo. Las chicas malas están en todas partes del mundo y las peores en FanFiction.
-¡No inventes! Las mejores historias que he leído están en FanFiction y fueron escritas por mujeres talentosísimas. Algunas de ellas no son tan malas.
-Sí claro, quisiera leer una de ellas que no fuera tan mala –arrugué el ceño. Me sonrió y me abrió la puerta. No tiene caso discutir con él.
¿Qué lo hubiera molestado? ¿hacerle caso o no? Digo tal vez el idiota esperaba que siguiera mi camino y esto era una prueba de mi firmeza, o si hablaba en serio. Como sea, ustedes lo pueden pensar tranquilamente sentados en la cama o en una silla y darle las vueltas cuantas veces quieran. En cambio, yo debía responderle en dos segundos. El muro que levanté entre los dos se desmoronó. Obedezco asintiendo la cabeza como perro, me subo al coche y me pongo el cinturón de seguridad. Soy débil, lo sé. El Mitsubishi del idiota no estaba mal. Los vidrios ahumados en el exterior, el aire acondicionador encendido a su máximo volumen (y yo que me enfrío fácilmente... me estremecí) y el interior oscuro e íntimo, gris tapizado. Me gusta. Faltaba música. ¡Pero claro! No es mi coche. Me avergüenza reconocer que yo soy la única persona en este mundo que no tiene uno, todo el mundo tiene uno (¡Shun no cuenta!).
¡¿Por qué reprobé el maldito examen de conducir?! Ese señor horrible gritándome, me puse nerviosa, olvidé lo que había estudiado, se me volaron los tapones y en un desliz arrollé al mocoso en su bicicleta... ¡NO SOY UNA HOMICIDA! Ustedes lo están malinterpretando, era un niño de cartón que se atravesó justo en el medio porque estábamos en un simulacro. Si hubiese sido verdad, ahí sí estaría en tremendos problemas. Estoy meditando seriamente si vuelvo a retomar el examen. ¡Necesito un coche!
-¿A dónde vamos, princesa?
-Al Último Suspiro, iré a visitar a Clay –él chasqueó la lengua. Le miré de reojo.
-Lamento ser yo quien te dé esta mala noticia, pero has perdido tu viaje: Clay está en su día libre y acabo de despedirme de él, dijo que iría a la ruta cincuenta o algo así le entendí.
-¡Oh vaya! Bueno... –pues ni modo, le daré su obsequio en su apartamento, ¿qué más puedo hacer?- no importa. Entonces llévame al supermercado, necesito comprar perrarina y unas cosas.
-¡¿Perrarina?!
-Sí, para mis perros. No trabajo de niñera exclusivamente, también cuido mascotas sábados y domingos. Los llevo a pasear y atiendo entretanto sus dueños no están. Hoy se me agotó la reserva de perrarina que me quedaba. ¿Tan mente retorcida eres para pensar que era para mí?
-No lo soy, es que no me imaginé que pudieras cargar con dos empleos.
-Ajá, con dos empleos y lo que venga. Hay que hacer lo que se deba hacer por sobrevivir.
Contestó afirmativamente con la cabeza y puso su auto en marcha. Y como siempre, yo no puedo permanecer quieta y debo abrir la bocota para decir alguna tontería.
-Así que... ¿lo recogiste del taller mecánico?
-No, vengo desde el estacionamiento. ¿Por qué llamar a un mecánico si puedo ahorrarme un par de mugrosos dólares y hacerlo por mí cuenta? -¿no se los digo? Es un avaro.
-¿Tampoco pones música?
-Jamás. En mi auto no se escucha música.
-¿Y para qué sirve este botón?
-¡No toques nada!
Muy tarde, presioné el botón cuando me indicó que no lo hiciera. El capot sobre nosotros se destapó, no sé cómo explicarme, pero sentí el viento entre los hombros y al sol saludarnos desde el este. Pasábamos a las personas y a los edificios a toda velocidad. Me parecía lindo. Raimundo no opinaba igual y oprimió el botón rojo, cerniéndose el capot. Siento debilidad por los botones rojos y grandes. Lo siento.
-Te dije que no tocaras nada. Mientras te sientes en esa silla vas a acatar mis normas.
-¡Oye! Tú me obligaste a venir contigo cuando te dije que no quería, ¡deberías atenerte tú! –crucé los brazos otra vez y me pegué al respaldo de mi asiento.
-Eres increíble.
Como si fuera una niña chiquita le saqué la lengua. Él sacudió la cabeza. Sí, el idiota estaba en lo cierto. En un auto ajeno, por educación, no se debe tocar nada. Es lo que habría dicho mi padre. Pero, ¿es su cumpleaños acaso? Tampoco debía hablarme en ese tono de voz y no voy a comportarme diferente. Asimismo, les podría apostar una quincena de mi salario que no lo haría en mi lugar.
-¿Por qué querías ver a Clay?
-¡¿Uhm?! ¡Ah! La otra vez él estuvo ayudándome con mi novela, me dio muchos consejos, y quise comprarle un presente en agradecimiento por sus molestias; me hubiera gustado que me diera su opinión qué tal les parecía los primeros capítulos, pero me temo que los olvidé en casa. De todos modos no importa, la próxima vez que nos veamos podré darle los dos.
-Entiendo, ¿y cómo vas con tu historia?
-Muy bien, escribí tres capítulos y tengo una idea para añadir uno nuevo; pese, me gustaría que me hicieran unas correcciones para verificar desde ahora antes de seguir.
-Me parece que actúas con prudencia –murmuró- sólo no olvides que la principal persona a quien debe de complacer tu historia eres tú. Un crítico te orienta en cuanto la gramática, la ortografía, la caracterización y el estilo general de la novela, pero nunca te indica qué hacer o cómo proseguir. Eso es algo que debes averiguar por ti. Un asesor es eso nada más, ¿si no cómo aprendes? La mejor maestra es el tiempo.
-Lo sé. Y si no mal recuerdo, tú te comprometiste conmigo a revisarlo ¿aún sigue en pie esa propuesta o prefieres que la olvide? –claramente no me gusta que me repitan lo obvio pues que me hacen parecer una retardada mental.
-Lo recuerdo y estoy esperando que lo imprimas.
-He cambiado algunas cosas desde la última vez. Decidí que fueran cuatro protagonistas en lugar de uno, a cada uno de ellos les asigné un elemento de la naturaleza... –Raimundo puso un dedo en mis labios silenciándome. ¡Cielos, mis ojos! Odio ponerme bizca.
-¡Shhhhh! No me hagas spolier, luego no tendré nada que leer. Podré descubrirlo solo.
Se apartó y yo me quedé viéndole boquiabierta. No sé por qué a los lectores les disgusta los spoliers. A mí no porque es algo fuera del tema. Saber como el libro termina o como muere hace incluso más adictivo el libro. De todos los libros que leo y los que he leído conozco la información general. Por ejemplo, cuando leí Extraños en un tren yo sabía que Bruno moría al final y no porque vi la película como hace muchas personas y luego le dan oportunidad al libro, si no que por accidente leí ese spolier en internet. ¡¿Cómo?! ¡¿ustedes no lo leyeron?! ¡¿les dije un spolier?! ¡Caray! Lo lamento. A veces no puedo aguantar tantas las ansias que prefiero leer la última página. Pero me prometí a mí misma que no lo haría con 49 semanas. Eso me pasa por tener la lengua larga. Estoy preparada para que me condenen y me quemen en la hoguera como a las brujas. Les arruiné el día. Por otro lado, no me enojan las personas que ven primero la película y se motivan a leer el libro. Clay es una de esas personas.
¡Ay! Me duelen los labios. Ese idiota me los estrujó duro. Me masajeé las comisuras. Falta camino para llegar al supermercado y volví a intentarlo.
-Está bien, no hablemos de mi novela mientras no la leas. ¿Puedo preguntarte algo?
-¿No lo acabas de hacer?
-Olvida eso, dijiste que lees ¿qué prefieres: PDF o libros en físico? No me fastidia tener que leer en PDF, pero yo soy de la vieja escuela y me es más cómodo para mí...
-PDF –suspiró- el internet superó al papel, habrá un día en que las librerías cerrarán y todos comenzaremos a leer por internet lo cual no es malo porque es gratis. A no ser que cambien las cosas de aquí a unos años y tendremos que pagar por leer. Me acostumbré a la idea.
-Ojalá estés bromeando, no me gustaría que eso sucediera. Digo, esto sonará extraño puesto que mi papá es dueño de una empresa de videojuegos, pero la tecnología nunca debe estar por encima del hombre o podía descontrolarse, ¿tú no viste esa película...? No me acuerdo el nombre en este momento, nomás de recordar tiemblo –me estremecí. Raimundo puso los ojos en blanco- ¡bueno! ¿Cuál es tu libro favorito?
-Orgullo y prejuicio de Jane Austen –contestó después de pensarlo bien un instante- ¿y por qué me estás mirando así? –no sé de qué me acusaba. Sólo sonreí al escuchar el nombre de mi novela favorita. Pellízquenme si no es que oí bien. ¿Acaso dijo Orgullo y Prejuicio?
-¡¿De veras?! ¡¿estás tomándome el pelo?! ¡No te creo!
-Te estoy diciendo la verdad –sonriente, Raimundo pisó a fondo el freno. Si no me hubiese el cinturón de seguridad (que es una de las poquitas cosas que me acuerdo de la escuela de manejo) habría salido despedida de mi asiento. Mi corazón casi salta de mi pecho del susto, ¿a qué velocidad íbamos para frenar así? Ahora sé que se retuerce entre mis pulmones pues que ni puedo respirar, ¡cállate! Podría oírte. ¡One moment! ¡¿qué está haciendo?! El idiota se acercó a centímetros de mi cara, quise retroceder, pero no tenía a dónde escapar- ¿acaso no nota los brillantes y honestos que son mis ojos?
Retiró un mechón de mi cabello que estorbaba mi frente y tomó mi rostro entre sus fuertes manos. Sus ojos verdes se encontraron con los míos. Y de tanto mirarlos me perdí en ellos. Estaba atrapada. El color no era lo que me sobrecogía si no lo que se asomaban en sus ojos. Son nostálgicos, profundos y brillantes. Sus cejas a punto de tocarse. Su barbilla frágil. Sus labios entreabiertos suplicando un beso. Su mirada era de esas que ponen los galanes de las películas cuando le piden a la chica de sus vidas que se quedara con ellos. Salvo que en este cuento de hadas él es mi príncipe azul incorrecto. Necesité mucha fuerza de voluntad para sortear su caricia y romper esta atmósfera romántica que se levantó. Cubrí su rostro con una mano y lo mantuve lejos de mí, empujándolo en su asiento.
-Sí cómo no. Manos en el volante y vista al frente, sigue conduciendo, no te distraigas por mí –Raimundo me dedicó una de sus sonrisas encantadoras y obedeció en silencio, volvió a pisar el acelerador y fue como si nada ocurrió entre nosotros hace momentos. Intrigada por saber si era verdad decidí preguntarle-: entonces, ¿por qué te gusta Orgullo & Prejuicio?
-Me gusta Orgullo y Prejuicio ya que es una obra satírica donde son situados en un mismo escenario el orgullo y la distancia social, la astucia y la hipocresía, los malentendidos y los juicios apresurados pueden causar tantos reveses. Para mí, más que una tonta y cursi novela romántica, es una perspectiva crítica a la condición humana. A partir del brío y la agudeza crea personajes con mucha chispa. Lizzie y Darcy no se dan ni un puto beso a lo largo de la historia y el amor de ellos es tan papable que puede cortarse con un cuchillo, es lo que me gustó de ambos protagonistas, haciendo énfasis en sus imperfecciones. Dijo una vez: "Una novela debe mostrar el mundo tal como es. Como piensan los personajes, como suceden los hechos... una novela debería de algún modo revelar el origen de nuestros actos".
-¡Sí! Es una de sus frases más célebres, los fans de Jane la encabezan en los portales de los websites. ¡Oh-mi-DIOS! Ese también es mi libro favorito. Nunca hubiese podido creer que tuviésemos algo en común.
-Sí. Bueno, estadísticamente tenía que suceder.
Fruncí el entrecejo. El idiota sabe cómo matar pasiones. El resto del viaje conté mi número de respiraciones. No tengo nada en contra de las ovejas, pero es que no me producen sueño. El idiota no sugirió ningún tema de conversación así que yo tampoco lo hice. Quería evadir otra situación incómoda que pudiera comprometerme con Raimundo y tal vez otra a priori no podría zafarme fácilmente. Aunque no sucedió nada decidí no abusar de mi suerte. En la entrada del supermercado me esperaba otra sorpresa. Omi y sus inseparables amigos salían justo a la par que Raimundo y yo llegábamos. En una maniobra ágil, le dio media vuelta al auto y se estacionó. Omi reconoció el coche del idiota o sus ojos consiguieron entrevernos a través del vidrio ahumado. Puede ser uno de dos o las dos. Estoy considerando con seriedad si el niño es humano. Jermaine traía una bolsa con el sello del supermercado. El trío no fue a niñear si no que compraron algo. ¿Qué estarán tramando esos niños ahora? Omi les indicó en unas señas a sus amigos detenerse. Nos bajamos del coche, yo por mi lado y el idiota por el suyo.
-¡Vaya, pero miren lo que trajo el auto! Qué afortunada coincidencia encontrarnos aquí, ¿no están de acuerdo, chicos?
-Lo estamos –afirmó Tiny. Jermaine, perdido en sus lagunas mentales, no asintió hasta que su amigo le propinó un codazo en el costado.
-¡Oh sí!
-Chicos, ustedes conocían a Kim. Les quiero presentar a Raimundo Pedrosa y puedo atestar que es de los nuestros. Raimundo, ellos son Tiny y Jermaine, son mis amigos.
-¡Hola muchachos! –sonrió Raimundo. Se hincó en una rodilla a su altura, palmeó la mano de cada uno y golpearon los puños- ¿se han metido en muchas travesuras últimamente?
-En estos días no, nos estamos protegiendo de la gorda, pero eso no significa que no vamos a dar un golpe pronto. Cuéntale los detalles, Tiny.
-¡Sí! Estamos planeando una broma para uno de nuestros compañeros, le prometimos que le íbamos a ofrecer un balón, de esos que salen en los cupones que tienen cara de jugadores de futbol, a cambio de sus carritos. Lo que el pobre no sabe es que es una pelota falsa. ¡Choca esos cincos! –los niños se rieron de su gracia y chocaron palmas. A mí me parece horrible. ¡¿Cómo van a burlarse de ese niño?! Si cada vez que voy al supermercado los veo haciendo fila al lado de sus padres con esa sonrisa, comprando esos cupones, porque tienen esperanza de ganar ese premio.
-¡¿Qué?! Es muy bajo lo que planean hacer –exclamé indignada.
-Sí, Kim tiene razón –replicó rascándose la cabeza- ¿por qué sólo los carritos del muchacho y no los otros juguetes? Eso sí, muchachos, la pega en barra varias veces falla es mejor que prueben silicón líquido y la impresión sea de calidad. ¿Ya pensaron qué van a decir cuando el niño se percate que no es un balón genuino?
-¡Obvio que sí! Diremos que otro niño fue el que nos dio y no sabíamos –dijo Jermaine.
-¡La acústica en este lugar debe ser pésima o debo estar loca! ¡¿escuché lo que pienso que dijiste?! ¡¿Cómo se te ocurre alentarlos a que cometan un acto ruin y mezquino?! Omi y en compañía, entiendo que son jóvenes y quieran divertirse, pero toda acción tiene un límite y deben pensar lo mucho que van a decepcionar a ese compañerito suyo, los líos que vendrán y luego estarán llorando y preguntándose por qué los castigan. Medítenlo bien, muchachos, ¿a ustedes les gustaría que le hicieran esa broma? Es evidente que no. Les digo esto porque en unos años ustedes se convertirán en hombres y no me gustaría que crecieran con la idea en la cabeza de que la mentira les resolverá la vida.
-Chicos, la princesa quiere decir que pueden divertirse mientras no lastimen a nadie. Y será mucho mejor para todos si prometen pensarlo –añadió él. Los tres diablillos intercambiaron miradas, se reunieron a cuchichear entre ellos y nos volvieron a mirar.
-Lo pensaremos, Kim. Lamentamos si te molestamos, no quisimos hacerlos.
-Bueno, está bien, sé que no fue su intención –suspiré- ¿y por qué fueron al supermercado?
-Buscábamos una cosa para sepa... –el chinito pisó el pie del basquetbolista interrumpiendo su narración. El niño dejó caer la bolsa, Tiny estaba allí para recuperarla, y empezó a saltar aullando como loco. Sigo esperando.
-Compramos una cosa para la mamá de Jermaine que nos encargó, veníamos de su casa. Ya debe estar preguntándose por nosotros, ¿no es así, chicos? Démonos prisa o se enfadará con nosotros. Disculpen si los dejamos.
-Vayan con cuidado, niños, ustedes no se preocupen por nosotros. Únicamente prométanme que algún día cuadraremos para que Kim nos invite a salir a divertirnos ustedes y yo.
-Es un hecho –sonrió Omi en respuesta de los demás. Súbitamente Jermaine soltó una risa- ¿de qué te ríes?
-¡De lo que quisiste decir al inicio! Miren lo que trajo el auto o miren lo que trajo el gato, es lo mismo, ¡y hasta riman! ¡Es muy gracioso! Eres listo, Omi.
Si las miradas de Omi fueran puñales habría asesinado a su amigo en vía pública. El idiota y yo guardamos nuestros comentarios. Sé que el pensamiento que me cruza por la cabeza es igual al de él: Jermaine es lento para aprender. Omi soltó un bufido, furibundo. Tiny aclaró su garganta, fue el primer ruidito en cinco minutos de silencio, disculpándose en nombre de los tres la conducta de su amigos. Los tres echaron a correr al doblar la esquina. Quiero que me saquen de una duda, es que creo que fue un producto de mi imaginación por más que lo pienso, ¿Raimundo dijo que deberíamos salir el trío del horror, él y yo juntos un día? Sí, me lo temía. Desde ahora rezaré para que ese día no llegue. Todavía me estoy acostumbrando a un diablillo para adaptarme tan abruptamente a tres. No me malentiendan: No es mi cita de ensueños perderme en "Locolandia" con los tres chiflados y el Sr. Darcy. Crucé los brazos y me puse frente a Raimundo.
-Quiero saber una cosa, ¿por qué apoyas a una conducta tan atroz? ¿Cómo fue que lograste que él se encariñara contigo en un tris? ¡A mí me costó! Pienso que no deberías animarlo si no aprovechar tu empatía con ellos para estimular actitudes positivas.
-Puede ser que tengas razón, princesa –se encogió de hombros- o puede que tal vez no. Soy así con ellos porque los entiendo. A la edad de Omi, yo era igual que él.
-¿Terrible?
-¡¿Terrible?! Terrible no describe ni la mitad de lo que fui. Era la pesadilla de los adultos, para algunos niños un ídolo y para otros niños un incomprendido. Me gustaba gastar horas de mi tiempo libre planificando bromas pesadas a los ingenuos y me divertía molestando a las niñas, disfrutaba ser una chinche en el zapato de los mayores, me retorcía en el placer de lo que los demás sufrían. Era un niño muy astuto, pero no invertía mi astucia para estudiar al igual que Omi, otros niños eran cómplices de mis diabluras. Yo era un caso incorregible, pero ahora he madurado y he dejado esa etapa atrás.
-Vaya, supongo que era comprensible. ¿Por qué no me fijé antes el parecido entre ustedes? ¿Y qué fue eso que te hizo cambiar?
-¿No adivinas? Amor –respondió con voz suave- cuando los niños no conocen otra cosa que la maldad, es lo único que practican. Mi infancia fue dura, crecí en una gran familia y tuve que madurar antes de tiempo. Renuncié a mis sueños y me adapté difícilmente a cambios que no me gustaron. Me veo reflejado en Omi. Podemos apostar lo que quieras que él sufre mucho, desearía que Omi no pasara por lo que yo pasé y disfrutara feliz su infancia. Es una etapa muy linda y yo la desperdicié. Si no, algo me dice que es posible que cuando crezca y se convierta en un hombre, sea igual a mí.
-¿No crees que con un Raimundo ya es suficiente?
-Quizá no –sonrió picarón. Me lo esperaba, él se echó a reír y yo puse los ojos en blanco, oí un timbre sordo. El teléfono de alguien estaba vibrando, no creo que sea el mío, no lo tengo en modo silenciador ¿o sí? A punto de revisar, Raimundo mete la mano en su bolsillo de su pantalón y saca un celular moderno- ¡oh lo siento! Debo contestar esta llamada, ¿hablamos luego?
-Por supuesto.
-No olvides que me debes mostrar tu historia. ¿Hola? Alto, alto, habla más pausado...
Raimundo atendió la llamada, entró en su coche y se alejó conversando con cómo-se-llame. Estas últimas horas serían tranquilas. Sin Keiko, Omi ni el idiota. Bueno, yo ya sabía que la madre de Omi falleció. Aunque la respuesta del idiota me intrigó y me gustaría saber cómo. ¿Un accidente? ¿una enfermedad? Carezco del rigor necesario para preguntarle eso al buen Sr. Fung y sería muy incómodo si se lo preguntara a Omi. No conozco a su padre. Wuya, la madrastra, no me lo dirá ni pidiéndoselo amablemente. Sé que me detesta porque cree que soy una entrometida. Y para ser honestos, es una mujer muy desagradable. Sólo me quedan los amigos de Omi: Jermaine y Tiny, ellos deben de saber algo. No todo, pero sabrán lo que ocurrió. La próxima vez que vea a Jermaine y Tiny, me las arreglaré para estar a solas con uno de los dos y se lo preguntaré. ¿Quién será mejor elección? Tiny es suspicaz y ladino, el problema es que su lealtad es con Omi, puede que no me dé la respuesta y más tarde decirle a Omi que estuve preguntando sobre él. Me gustaría mantener esto en secreto. Jermaine es despistado e indiscreto y podría cometer la torpeza de abrir la boca delante de Omi.
¿Qué puedo perder? Al menos lo intentaré. Ellos son mi única alternativa. En adicción, está la madrastra quien tampoco lo trata muy bien y su padre nunca comparte con él. Eso es más que motivo suficiente para que Omi demande su atención a como lo está haciendo. Empero, el idiota me dio a entender que el sufrimiento de Omi podría ser peor de lo que a frágil vista parece. ¿Por qué el idiota decidió contarme su pasado de repente? Su voz me da escalofríos. Renunciar a mis sueños, madurar antes de tiempo, mi infancia fue dura, yo la desperdicié. En mi opinión, no puedo dudar la transparencia de lo que me dijo. Quisiera saber ahora qué se esconde tras de sus palabras. ¡Ay! Me estoy convirtiendo en algo que no me gusta: Una charlatana. Admito que soy parlanchina y fastidiosa, pero eso es el colmo. No me meto en los asuntos privados de las personas porque no me gustaría que me lo hicieran a mí. Mejor hagamos una cosa a la vez. Omi es prioridad, todavía está a tiempo de ayudarle. Y en cuanto a Raimundo... No me interesa un pelo la vida de ese señor.
Compré las cosas que escaseaban en mi cocina y unos dulces para el enano siniestro. A los niños les gusta, cubierta de azúcar por fuera y en el interior chocolate. Me llevé dos bolsas. Estaba en oferta y no me importaba pagar un dinero extra por ser cariñosa con Omi. Pagué en efectivo. Al salir, estaba sobrecargada de bolsas pesadas que pedí que un taxi me llevara. Ni loca caminaré en tacón hasta mi casa saturada de peso desde el autoservicio. Después de empujar la puerta de una patada, guardé mis compras en el refrigerador y en las gavetas. No hay mensajes en la contestadora. Lo único que dejé afuera fueron una conserva y una soda. No tengo muchos ánimos de cocinar. Salté por encima del sofá, comí y bebí ahí. Encendí la tele y la apagué al rato. Ninguna programación llamó mi atención. Al acabar, boté todo a la basura. Alrededor de las siete y treinta de la noche cayó una tormentosa llovizna.
Mis amigos, mis fieles confidentes, están en una cita y mi hermana a lo mejor esté ocupada, con eso quiero agregar que puede ser que esté enojada conmigo por lo que pasó con papá. Por ningún motivo pienso llamar al idiota. Menos a mi ex. Y no sé si el santo diablillo tiene número de celular. Deduzco que a esta hora esté acurrucado hasta las orejas dormidito. Hoy procuraré divertirme sola. No sé si les he contado antes, pero estoy recolectando un dinerito aparte para comprar mi libro de 49 semanas. Me falta completar poco. Sé que dije lo mismo antes de gastarlo todo. Pero aprendí mi lección. Esta vez va en serio. Agarré un frasco vacío al que le quité la etiqueta, la tapa la recubrí con cinta adhesiva fuertemente y le perforé un orificio para meter el dinero. La guardo en un cajón de la cómoda de mi dormitorio. Estuve numerando lo que tenía reunido. Imprimí dos veces los tres capítulos de la novela. Uno se lo llevaría a Clay y el otro al idiota mañana. Me fui a acostar temprano esa noche.
Desperté atolondrada a la mañana siguiente por un sueño extraño. Yo no soy supersticiosa ni pertenezco a la clase de chicas que cree que sus sueños significan algo, sin embargo, me dejó inquieta. No recuerdo muy bien cómo era. El asunto es que Omi era Raimundo dentro de unos años. Creo que el comentario del idiota me afectó muy gravemente. No sería capaz de soportar a otro idiota. ¡Ay, por culpa del imbécil se me chamuscó los hot cakes! Si no les prestas atención el fuego los tuesta de sobra. No dejaré que me afecte. Y voy a mirar el lado positivo de esto: Son más crujientes. Me di un zape en la cabeza: ¡Por no darle la vuelta en el momento exacto! Me ha pasado numerosas veces y no consigo saber cuál es el truco. Soy un desastre como cocinera. ¡Aj, sabe horrible! Bueno, Kimi acostúmbrate a la realidad. En los primeros meses sabrán pésimo, no obstante, alrededor de diciembre su sabor será mejor. ¡Cof, cof! Me ahogué. Necesito agua… ¡agua!
Posteriormente de una milagrosa recuperación. Me duché y cambié de ropa. Chequé el reloj (son las once) hora adecuada para una visita. No sé a qué hora se despierta. Iré a su puerta y tocaré el timbre, esperaré que abra, lo saludaré, le entregaré mi novela y me marcharé. Si él propone que pase a su apartamento. Rechazaré su oferta alegando que debo estar pendiente de mis perros. Lo comprenderá. Y no habrá inconvenientes. ¡Sí, ese es mi plan! No planché mi pelo, si no me peiné un poco, y me maquillé lo justo: rímel, polvo compacto y brillo de labios. Dejé la puerta entrecerrada y caminé a través del pasillo. Toqué el timbre. Aguardé y nadie vino abrir la puerta. Toqué otra vez. Quizá no oyó. Silencio total. ¿Habrá sido muy temprano? No lo creo, le dije que pasaría hoy. De seguro está resolviendo algo importante. No es un mayordomo que amanece todos los días, pegado a la puerta. Seguiré esperando… ¡Oh, aquí viene!
-Buenos días, Rai... –quien abrió la puerta no es Raimundo, si no una despampanante rubia top model.
A/N: ¿Una despampanante rubia top model? Me pregunto quién será y qué demonios hace en el apartamento de Raimundo a estas horas de la mañana. O mejor ¡¿en dónde está Raimundo?! Tengo un presentimiento con respecto al próximo capítulo, ¿ustedes no les pasa lo mismo? ¡Qué bueno que Kei y Kim se reconciliaron! Otro buen motivo para celebrar es que la relación de Kei con su galán va en viento en popa. Tremendos chinazos entre Kimi y Raimundo, la relación de estos dos sí que es conflictiva, no hay remedio para evitar que se peleen, ¿a ustedes cuál les gustó? Ese reencuentro de Omi y sus amigos con la parejita fue tan oportuno. ¿Ustedes en serio creen que eso sea para la madre de Jermaine? ¡Pongámonos creativos señores! ¿qué piensan de lo que le pasó a la madre de Omi? Raimundo nos metió ese gusanillo de la duda. Y hablando de él, ¿de qué infancia dura estará hablando?
Si tuviera que pagarme un dólar por los pasados trágicos que escribo para Raimundo, sería millonaria. Los que me conocen saben que lo he convertido en una tradición. No sé si es porque mi retorcido sentido del humor lo encuentra divertido, siento debilidad por los hombres marcados por una infancia dura o porque eso es lo que está de moda (por citar a dos de mis crush de la literatura: Tobías y Christian). El pasado en este fic no es rebuscado para cambiar la táctica y no inventé muchísimo más allá de lo poco qué se explicó en la serie. Debería montar una encuesta preguntando cuál de todos los pasados de Raimundo es el más horrible. [ALERTA DE SPOLIERS]:
El Cazador de la Ciudad: Su padre fue asesinado por la decisión de cinco personas, su madre murió al dar a luz y fue entrenado desde temprana edad por el mejor amigo de su padre para vengarse.
Arcade of Fire: Por tradición real de que sólo puede existir un heredero, el gemelo de Raimundo fue asesinado (cuando él debió haber sido) y como parte de un rito secreto que ha trascendido por generaciones, "se fusionó" con un demonio del viento, el cual lo consumiría a través del tiempo. Más tarde su reino fue atacado por otro y su familia fue sentenciada a morir en la guillotina. Eso marcó la caída de su pueblo.
Cosmic Love: El más suave diría yo, una mujer horrible jugó con sus sentimientos.
Como Bonnie & Clyde: Sentenciado a diez años por un crimen que no cometió, sufrió los desvaríos en la prisión. Asesinó a cuatro hombres en defensa propia prolongando su condena hasta que logró salir y decidió vengarse del sistema que lo encarceló tan injustamente.
Hurricane: Encerrado en su casa sin contacto con el mundo exterior, él era el hijo de una mujerzuela de la calle degenerada (digamos que una stripper) cuyo patrón era un hombre abusivo y desalmado, siendo apenas un niño presenció el asesinato brutal de su madre a manos de éste y fue llevado a servicios infantiles. El hecho lo traumatizó por completo.
Contrarreloj: Raimundo vivía una tragedia tras de otra. Su madre murió de leucemia, su padrastro lo despreciaba, su mejor amigo lo traicionó de la peor forma y su futura novia y su hijo fueron asesinados por el psicópata de Chase Young.
Luego de leer los que se atrevieron a estudiar los pasados de Raimundo, díganme cuál es el peor. ¿Todos? La señora de allá atrás dice que tenemos un empate, excluyendo al de Cosmic Love. Leyendo esto me da cosita con Rai, no me había dado cuenta que era una mujer tan fría y calculadora, he sido muy mala, si esta forma de mostrarle afecto ¡sálvese quien pueda! No, no, no, este pasado va a ser diferente. Quiero que este fic sea educativo. Como lo dijo Raimundo, una perspectiva profunda a la condición humana. Aquí Raimundo no será el que tiene pasado horrible. Esa carga se la puse al pequeño y adorable Omi. Pobrecito niño. El título de este capítulo es debido a la canción del mismo nombre: At the beginning. Ya se los había comunicado antes. El capítulo que viene sabremos que pasó entonces. Déjenme decirles que estoy escribiendo el capítulo diecinueve de esta historia, en el episodio número veinte tendremos más detalles de la vida de Raimundo. Es como una continuación de lo que fue el episodio diez. ¡Uf! Falta que en el capítulo treinta continúe lo que dejé en el episodio treinta. A ver si pasa o si soy piadosa y lo hago antes. ¿Quién será la rubia misteriosa en casa de Rai? ¿qué hará Kim? ¿cuál excusa patética saldrá con Raimundo? ¿qué trama Omi? ¿a quién veremos en el capítulo que viene? Se viene una pelea. Por favor, no se pierdan la continuación. De seguro ustedes tienen más cosas interesantes que decirme sobre este capítulo así que aguardaré sus comentarios con ansias. ¡Hasta entonces sólo tenemos que creer en Dios y esperar hasta la semana que viene! ¡nos leemos pronto!
