Quiero ser escritora

15º

¿Por qué no?

De abajo hacia arriba estudié con cuidado a la chica. Piel bronceada, ojos oscuros, esbelta y alta. Su cabello es rubio, voluminoso y natural, recién húmedo. Probablemente es modelo para comercial de champú hidratante. La nariz perfilada y las cejas finas. Las piernas largas y muslos delgados. Culo apretado. Su figura era estilizada. Sus pechos no eran de silicona. Ni siquiera sus uñas y pestañas era postizas. La cintura estrecha. Sin mentir, perfectamente las medidas de esta chica podrían ser 90-60-90. Sí, estaba vestida cuando abrió. Cero faldas cortas ni culotes como hay en abundancia en mi armario. La blusa no dejaba un plano de su ombligo. Calzaba unas sencillas sandalias. No llevaba maquillaje. Todo parece indicar que pasó la noche aquí junto a Raimundo. ¡Esperen un segundo! He visto antes a esta chica. Su cara me es familiar. ¡Por supuesto! En el centro comercial, por su culpa casi me exilian de Manolos. Como olvidar a la loca de las botas. Arruinó mi collar. ¿Pero qué hace aquí y cuál es su relación con Raimundo?

-¿Sí? –dijo. Al parecer no me ha reconocido, eso es bueno. Maldita sea, ¡¿ahora qué hago?! Ella no puede saber quién soy.

-¿Está Raimundo?

-Él está, pero ahora no puede recibirla –dijo con frialdad. Ufff, esta chica es pesada a donde quiera que vaya- ¿quiere que le guarde algún recado?

-No gracias. Pasaré más tarde –repuse sonriente. Me di la vuelta, a trote iba a refugiarme en el colegio. Ella agudizó la mirada y soltó de repente:

-¡Alto ahí! No te muevas. ¿No nos conocemos? –cruzó los brazos.

-¡¿Qué?! ¡No! Debe de estar confundiéndome con otra persona. Yo jamás la he visto.

-¡¿Segura?! ¿tan pronto olvidó el par de botas en Manolos? –mierda, mierda, mierda. Ya se destapó la olla. Me giré hacia ella y me dijo lo que no me atreví a decirle-: usted es aquella mujer del centro comercial, ¿a qué ha venido? ¿acaso quiere cobrarme algo?

-Yo no tengo ningún asunto pendiente que resolver con usted –dejé en claro- yo sólo vine a visitar a Raimundo porque es mi vecino y quedamos ayer en vernos hoy a esta hora, ¿feliz?

-¿Ah sí? –salió del apartamento y caminó con gracia felina hasta estar a media distancia de mí-. Pues no mencionó que vendría, hasta donde tengo entendido, pasaría el día conmigo. Y es lógico, ¿no le parece? ¿por qué un hombre tan serio gastaría su tiempo con alguien como usted? Nosotros somos compañeros de trabajo.

-¿Insinúa que yo no estoy a su altura ni a la de él por mi edad? Sabe, tome consejo, busque en su paja antes de inmiscuirse en la de los demás porque si nos ponemos a hablar del otro, usted por ejemplo, ¿qué quiere que piense? ¿es que la nueva política sugiere que se les paga horas extras por hacer servicio fuera del lugar de trabajo? –la rubia se rió con aspereza y se sacudió su melena dorada mostrándome su superioridad.

-Mira, niñita estúpida, yo no necesito darte explicaciones. Lo que haya pasado entre él y yo anoche no es de tu incumbe... ¡ups!

Las serpientes destilan veneno de sus colmillos sin haber hincado los dientes. No obstante, comparar estas especies sería una injuria para las serpientes. No señor, esta mujercita tiene las garras muy afiladas para un reptil. ¿De verdad cree que me tragué su cuento de que, por accidente, dejó escapar lo que pasó la noche con Raimundo? Se equivoca conmigo. A mí se me resbala lo que haga o deshaga el idiota con su vida, me importa un comino con cuántas mujeres se acostó (el que corre riesgo de contraer síndrome de inmunodeficiencia es él), lo que no voy a tolerar es que una mujer cualquiera se aparezca creyéndose con el derecho de que puede mamarme gallo y hacerme parecer inferior nada más porque soy joven y me ha visto una vez en que perdí los estribos por su culpa. ¡No me conoce para hablar así de mí!

-¡Ashley!

-Ya voy, gatito. Con permiso... –me dio la espalda y se metió en el interior del apartamento.

-No por favor, pase adelante –mascullé entre dientes- ¿por qué un hombre tan serio gastaría su tiempo con alguien como usted? –remedé imitando su voz. Mi actitud es pueril, ¿y qué? ¡Me choca esa rubia nariz respingada! Creo que se me pasó la mano cuando cerré la puerta, tronó fuertemente y no fue mi intención de que todo el mundo se entere de que estoy en mi apartamento. Comencé el día furiosísima, ¡aj! Apuesto mi apartamento que ella fue quien lo llamó ayer. Me hierve la sangre en las venas.

El buen gusto que creí que tenía Raimundo se perdió por completo. Sí, lo pensé, ¿todavía se acuerdan cuando me dijo que su novela favorita era Orgullo & Prejuicio? Si hubiera sabido que estaría ocupado con la gatita no me molestaría en haber tocado el timbre de la puerta y prepararía otros hot cakes. No fue mi intención haber estropeado el resultado de una noche de pasión. El mundo es un pañuelo, así suele decir papá, ¿quién se imaginaría que trabajaba junto a gatito? Si me permiten decirlo son tal para cual. Los felicito. ¡AHHHHHH! Preciso salir de aquí con carácter de urgencia. No sé a dónde pero tiene que ser lejos. Si la situación lo amerita no volveré sino hasta después de unas horas cuando me toque estar en casa para cuidar a los perros. Lancé mi novela como si fuera un cachivache inservible y me arrepentí. Ella no me hizo nada. Cogí las llaves y salí. Simultáneamente el idiota estaba por lo mismo.

-¡Kim! ¿Querías verme? –oh, qué bien. Finge que nada ha pasado. No dejaré que me afecte. Seguí de largo y llamé el ascensor un par de veces, ¿planta baja? Tardaría unos minutos en subir, ¡maldición! Justo cuando tengo prisa, no quiero quedarme a charlar con él- te oí decir mi nombre en el pasillo. Tu voz es singular. ¿Es por los capítulos? –no le respondí, espero que por singular no se refiera a fastidiar- oye, ¿qué te pasa? –me agarró de la muñeca y yo me desenredé de mala gana.

-¡Las caricias con jabón se quitan y las palabras se las lleva el viento! –espeté.

-¿Estás enojada conmigo? –arqueó una ceja-. ¿Por qué?

-Cuando uno saluda a una persona comienza por un "Hola" y termina con un "Adiós". Hoy quiero empezar por el "Adiós", estoy apresurada.

¡El ascensor! Brinqué sobre él y marco la planta baja. Raimundo no tuvo tiempo de subirse. Seguro el idiota tomó la ruta larga y está bajando las escaleras lo más rápido que puede. Así que a duras penas se abran las puertas se inaugurará una carrera a ver quien llega primero a la salida. Si el idiota para bloquear mi paso o yo para evitarlo a él. ¿Por qué este ascensor se tarda tanto? En la empresa de papá es rápido. Quizás porque este es un modelo viejo y el de allá es moderno y sofisticado. A este ritmo llegará antes. ¡Hasta que al fin! Crucé el umbral a la velocidad de una bala. El viento me cortó la nariz y las mejillas. Hacía un frío infernal. Debe ser por la lluvia. El idiota me persiguió, gritó mi nombre muy alto, no le hice caso y sigo caminando sin pegar la vuelta. Él consigue alcanzarme en la esquina, tomándome de los hombros.

-¡Déjame tranquila! ¡Suéltame! ¡¿qué no entiendes?! ¡¿Debo enviarte señales de humo para que comprendas que no puedo hablar porque ando apurada?!

-Te liberaré si me respondes por qué estás tan hostil.

-A mí no me sucede nada –ladré-. De veras estoy de prisa. Pero si quieres saber la razón de mi malhumor pregúntaselo a tu novia.

-¿Ashley? Si le pregunté si alguien había tocado la puerta porque había escuchado el timbre y me respondió que no era nadie importante –sus ojos rotaron hacia la izquierda tratando de recordar cuando se volvió hacia mí y contrajo su expresión- ¡aguarda! Un minuto, ya caigo, ¡¿acaso estás celosa?! –de improviso empezó a reírse. Puse una mala cara, sus carcajadas lo reventaron y apretó su abdomen mientras se echaba hacia atrás. ¡¿Es que tengo monos en la cara?! Porque parece que mi situación le divierte.

-¡Para de reírte! ¡no es gracioso! –le metí un golpe en el hombro con todas mis fuerzas- eres tan egocéntrico que pensaste que discutíamos por ti. Esto no tiene nada que ver contigo, ¡el mundo no gira alrededor tuyo, ¿oíste?! La conozco en un incidente del centro comercial Loel, estaba de compras, quería regalarle algo lindo a Kei porque estábamos disgustados y me antojé de unas botas, pero resulta y acontece que ella también se empeñó por las botas y las agarró también. Me decidí por la vía diplomática y ser amable, pero no quiso, entonces nos caímos a jalarnos de los cabellos, fue una situación muy embarazosa que si no hubiera sido por la amistad que tenía con el dueño del lugar mi cara habría salido en las prensas y la tienda me hubiera puesto una orden de restricción.

-Ajá... –vaciló- no está nada mal, Kim. ¡Pero venga ya, no necesitas mentirme! ¿No es más fácil admitir la verdad? Si te ayuda, prometo no contárselo a nadie ni siquiera a Clay.

-¡¿Qué?! ¡¿acaso no me crees?! Tú no me estarás llamando mentirosa ¿o sí?

-Me gustó la parte en que dijiste que estabas allí para comprarle un obsequio a Kei, añadió un toque sentimental a tu historia. Y eso de que tú conoces al dueño no es muy original que digamos, hubieras dicho que las separó alguien que te acompañaba.

-¡Oye, oye, aclaremos! ¡NADIE ME LLAMA MENTIROSA EN MI PROPIA CARA Y SE BURLA! Lo que te dije es totalmente cierto y si no me crees, tengo a mis testigos, el dueño si existe, las cámaras del centro comercial me filmaron y de seguro aparece la fecha y hora en que fue grabado. Hasta puedes preguntarle a tu novia los detalles. Yo de veras toqué tu puerta y ella salió abrirme, me reconoció y me ofendió. Además si me concedes refrescar tu memoria, tú fuiste quien dijo que no me hiciera ilusiones porque no podíamos ser otra cosa que vecinos, ¿por qué tendría celos de alguien que no me da esperanzas? Es completamente absurdo. ¡Aj! ¡¿sabes qué?! No quiero arruinar tu velada y tengo una agenda muy apretada. Entonces basta de hablar...

Raimundo me miró gravemente sin decir nada. Ya no sonreía, no porque le golpeé si no por mis palabras. Creo que mi último comentario lo desalentó. Su silencio me dejó sorprendida. Es mejor así, reflexioné. Giré sobre mí, pero no pude irme lejos. No había soltado mi mano y me jaló de regreso. Me ciñó entre sus brazos dándome la vuelta. El pavimento aún estaba húmedo por la lluvia que atestó las calles anoche. En la vía de tránsito hay charcos de agua. De casualidad, un automóvil salpicó uno que estaba a nuestro lado. El idiota me previno de una ducha indeseada. Empujé su pecho con ambas manos. Me fui. Creí que me detendría o insistiría. No me atreví a voltear. No quiero prestarme a confusiones posteriores. Raimundo continuó con su camino: Volviendo con su gatita.

¡Qué horror! Estoy segura que si él fuera cualquiera de mis héroes románticos literarios no se quedaría parado ni se le cruzaría por la mente retornar. Iría tras de mí intentando razonar conmigo. Hubiera inventado mil formas de explicarme que no pasó nada con Ashley la otra noche. Sin embargo, él no me lo negó en absoluto. ¡Uy! Siquiera pudo disculparse. Empero claro, hay una diferencia grande entre mis protagonistas y Raimundo. No hablo de que él es real y los otros no ni que Raimundo se declaró anti-romántico, si no que ellos estaban muy enamorados de las chicas. En cambio, Raimundo... bueno, ustedes ya saben. Esperen ¿estoy midiendo lo que estoy diciendo? ¡Basta de hablar lo que debió haber hecho el idiota! Si no ¿qué quería yo? ¿Qué se marchara o que no me dejara ir? ¿Es que todavía siento algo por él o sentí renovada mis esperanzas? ¿No me basta saber los tragos amargos que me ha hecho pasar? ¿No me es suficiente saber que le gusta otra chica? Ashley debió haber sido la chica que vio Omi con Raimundo el otro día. Se ajusta perfectamente en su descripción. Señor… esto del amor es más difícil de lo que parece. No se imaginan cuán difícil es el esfuerzo que supone para olvidar a una persona. Me pregunto si Ashley lo hace feliz, es decir, llena sus expectativas como mujer... quizás, es pechugona. No como yo. Y es antipática igual que él. ¡Uhm! Alegre coincidencia. No me había dado cuenta. Me abstengo de reír. Pareceré loca si lo hago caminando por la calle.

Necesito despejarme. Así que fui a mi lugar más feliz en la tierra: El centro comercial Loel. No ha pasado mucho desde la última vez que fui en compañía de mi pequeño. Loel tiene las mejores tiendas, sería perfecto si incluiría Givenchy también. Me paseé por los escaparates de Tiffanys & Co. (¡¿habéis chequeado qué hermosas las prendas?! Cuando tenga novio y estemos en planes de casarnos, entraremos y compraremos mi anillo de bodas aquí), Gucci, Manolos, Prada y similares. El otro día vi en eBay un adorable bolso de mano por un precio menor a ciento cincuenta, ¡una verdadera ganga que no me pude resistir y di clic en el ícono de comprar! Me acerqué a Virgin. Es otra librería, mucho grande que la del Sr. Fung, pero nunca he comprado allí. Una vez, mientras iba de compras, entré a mirar los libros y no me simpatizó el trato de la dependiente. No había lo que uno llamaría calidad humana para con el cliente. Quería saber los precios, la mujer ni sabía de qué demonios le hablaba y cuando le pregunté acerca de unos libros, parecía que estaba hablando en griego. Salí huyendo.

En el escaparate colgaron un anuncio: 49 semanas agotado. ¡Uf! Si me preguntaran cuál es mi héroe favorito de Tom Kenny no sabría decir cuál es. Cada uno es único y me conquistó cada uno a su manera. Lo que sí puedo asegurar es que mi Príncipe de Versalles escribe las cosas más dulces:

"-¿Tienes una pequeña idea de lo que me haces cuando me amenazas con eso? ¿Cómo podría arrancarte de mi corazón luego de hacer el amor contigo? ¿si me falta tu amor, tus caricias, tus besos cómo sobreviviré a otro día? ¿si te tengo impregnada en mi piel cómo podría estar con otra?

-Yo estaba muerto, era un fantasma, no tenía propósitos que alcanzar, no tenía sueños que perseguir, odiaba mi vida hasta que apareciste. En el peor día de mi vida me enseñaste que el mañana puede ser aún mejor.

-¡Ya no más secretos! Quiero que nos poseamos en cuerpo y alma, que el fuego que arde entre nosotros nos consuma."

¿Cómo no puedo enamorarme? Esas son mis citas favoritas de sus libros Huracán y Como Bonnie & Clyde. Dejo salir un suspiro. Mi Príncipe de Versalles sí existe, lo sé. No importa su aspecto porque su personalidad es hermosa. ¿Por qué no hay más hombres como él? ¿eso es mucho pedir? Adelante, critíquenme. Todos en la vida tuvimos un amor platónico alguna vez. Planeé ir directamente hasta el tercer piso para ver si había llegado algo interesante en Juicy Couture, pero cambié de idea y me quedé en el primer piso asaltando los maquillajes. Creo que me hace falta un nuevo rubor. Me metí en MAC y estuve husmeando el mostrador buscando el rubor que más favoreciera mi tono de piel. No todos los tonos son iguales y mi piel es sensible a ciertos componentes. Alguien entró a la misma tienda en que yo estaba y no me lo van a creer, ¡pero era Jack...! ¡Oh qué bien! Hoy es el día en que todos los chicos que decían estar embobados por mí están desfilando con otras chicas. Jack iba acompañado del brazo de una pelirroja. ¡Ay, que no me vean! ¡Ups, demasiado tarde!

-¡Kim! Hola hermosura, no esperaba encontrarte aquí ¿andas de compras?

-Pues en realidad sólo estoy explorando –la pelirroja estaba enganchada a él, en cuanto me vio apretó su cuerpo más al suyo- ¿no nos vas a presentar?

-Eventualmente, Kim Tohomiko, le presento a la señorita Dyris. Señorita Dyris, ella es Kim Tohomiko, una íntima amiga mía e hija de uno de nuestros principales contribuyentes.

-¡Encantada! –alargué la mano para estrecharla. Ella me miró tan ensañada que pensé que si seguía extendiendo el brazo por más tiempo me mordería. Está bien, no importa.

-¿Te has metido en más problemas, cariño? ¿mis empleadas te ha tratado mal? Porque si no las llamaré y les daré de baja por un mes. Si se ponen quejosas las despido.

-¡Oh Jack, no harías eso! ¡¿o sí?! Bueno, es innecesario. Después de ese día, todo está bien.

-Escucharte decir eso me complace. Y bien, ya que estamos aquí los dos, ¿por qué no pasar un poco de tiempo, juntos?

-Suena estupendo, pero ya estás acompañado y no quiero causar molestias dos veces.

-¡¿Qué?! Para nada eres una molestia. No te preocupes por Dyris, es una clienta. La puedo llamar cuantas veces yo quiera; en cambio, tú... si te llamo te desapareces un buen rato, eres muy escurridiza.

Los dos nos echamos a reír. Su comentario pudo haberme caído mal, pero sería hipócrita si no admitiría que tiene razón. De acuerdo. Supongo que no estaría mal si doy una vuelta con él. ¿Ustedes creen que accedí a su proposición por el inconveniente con el idiota? ¡Si hasta me había olvidado eso! Una cosa no tiene relación con la otra, se los garantizo. Mi posición con respecto a él no ha cambiado. En definitivo, Jack me quiere de vuelta (debo admitir que esto resultaba muy agradable para mi ego). Después de todo, Jack hizo todo lo posible para encontrarme y está desesperado para que salgamos juntos. Pero el sentimiento no era mutuo y creo que romper fue la decisión correcta que pudimos tomar ambos en aquella ocasión y yo no tengo ganas de volver. Pese, no puedo estar huyéndole toda la vida. Es mi ex y así he de enfrentarlo. Actué como una niña estúpida, ¿no lo creen? Puedo ir al lado de un hombre sin que signifique que andamos juntos. Jack y yo abandonamos la tienda. Pronto dejamos a la escultural pelirroja atrás y ahora yo era el centro de atenciones de mi ex. Y no me lo van a creer fue muy agradable. Fue como cuando éramos novios. No sé cómo le hace, pero Jack tiene una facilidad enorme para hacerme reír. Es una cualidad que conservé en su personaje en mi novela de la cual a propósito se me han ocurrido nuevas ideas desde esta mañana... ya les comentaré más adelante.

Indagó si usaba con frecuencia las botas y en cuanto contesté afirmativamente, esbozó una sonrisa de oreja a oreja. Le pregunté cómo iba el negocio. Él me informó que su clienta es representante de una importante distribuidora, no dio detalles, y el resultado de esta reunión depende si se asocian con su empresa. También me dijo que acababa de tener una junta con el conjunto directivo del centro comercial para discutir los planes en este diciembre porque se supone que preparan un pequeño acto a final de año con el fin de recaudar la "atención" de sus compradores. O eso fue lo que le entendí en pocas palabras. Nos detuvimos frente la panadería Louis.

-Estoy sediento, parece que compraré algo ¿ustedes quieren algo, señoritas?

-Yo no –masculló la pelirroja.

-Eh, una Coca Cola light si no es mucho pedir. Gracias eres muy amable –me guiñó un ojo, fue a comprarla. En tanto yo me quedé con Dyris, crucé los brazos y le sonreí, ella frunció los labios- bueno, ¿para qué compañía trabajas? –me gustaría saber si pertenecía allí.

-No sé de dónde has salido, pero estábamos muy bien antes que tú llegaras, mujercita. ¡¿Es que tienes idea de cuántas oportunidades tienes de toparte con un billonario joven y apuesto en la vida?! ¡Una en un millón! Y por fin que lo he conseguido, apareces a robarte lo que es mío... NO-ES-JUSTO.

-¡¿Qué?! Pero si yo... me dijo que tú... -¡él está ilusionado conmigo! Yo no hice nada. Dyris me agarró de los brazos y forcejeamos, me derribó y caí del culo. ¡Auch!

-¡¿Qué está sucediendo aquí?! Me volteo un rato y ustedes están peleando.

-¡Jack, escucha... yo no fui, ha sido ella!

-¡Silencio! ¿te está molestando, Kim? Habla ya, porque si tú no lo haces, lo haré yo.

-¡Eso es mentira! ¡Di la verdad! Tú me empujaste –refunfuñé indignada poniéndome en pie.

-¡Si lo hice fue en defensa propia! –chilló, se aferró a su brazo- ¿no le creerás, Jack? ¿no?

-Lo que yo creo es... –Jack se encogió de hombros y derramó el refresco sobre la chica. Un cuarto de litro de Coca Cola light empapó su hermoso cabello y tiñó su blanca camisa en un color transparente que hacía ver la elección de su brassier, se enjuagó el refresco de los ojos y lo miró exigiendo una explicación-: que mi centro comercial no está interesado en hacer negocios con su empresa. ¡Chao! –cogió su muñeca poniéndole el plástico vacío en mano.

-¡Maldito infeliz! –lo empujó. Jack apenas se movió. Salió corriendo y yo reuní un esfuerzo por no reírme. Estaría mal porque sin querer ella estaba en lo cierto.

-Lamento las molestias. Tu refresco –añadió sonriente ofreciéndome el que estaba lleno.

-Gracias, pero no tuviste que...

-No es nada, linda, puedo pedir otra y sin cobrar. ¿De qué sirve ser Presidente de un centro comercial prestigiosos si no haces pleno uso de tus facultades?

-No hablo del refresco. Si no que por mi culpa perdiste un contrato, tus socios se enojarán.

-Lo estarán, pero el único responsable de este incidente he sido yo –metió las manos en los bolsillos-. Debí decirte que en un tiempo ella y yo tuvimos algo, mi interés es estrictamente profesional, pero ella lo confundió con algo más. Lo cierto es que pronto tengo que volver a mi oficina por otros asuntos y tendré que interrumpir nuestra plática, ¿habrá alguna manera de que podamos conversar más tranquilos tú y yo en un lugar tranquilo... digamos mi casa?

-¿Es otra de tus citas, Jack?

-Si lo prefieres así. ¿Esta noche por eso de las seis, te parece?

-Bueno, ¿por qué no?

-¡Genial! Espero no te disgustes, Kimita, pero mandaré uno de mis chóferes a buscarte para asegurarme de que no inventarás un pretexto para evadirme. Hasta entonces, mi lady estaré contando los minutos para nuestra cita... –tomó mi mano y la besó galantemente. Me dedicó una sonrisa picarona y se alejó- ahora es que quedará Jack para rato.

No sé qué opinan, pero a mí me pareció un gesto cortés. ¡¿De qué lado están ustedes?! ¡Un momento, sin insultos porque no respondo! Él me compró zapatos, felicitó mi decisión, me defendió de una chica (y más importante, creyó en mi palabra) y de no ser por mí, se habría ahorrado de amonestar a sus empleadas y no hubiera perdido un contrato importante. Era lo menos que podía hacer. ¡No! Tampoco estoy intentando de restituir sus afectos. Esto es por mí. Se los dije al principio, no puedo escapar para siempre y tarde o temprano esto tenía iba a suceder a menos que me mudara de país, tiñera mi pelo de rubia, cambiara mi nombre por el de Margarita y comenzara a vender salchichas en México. Si ya no sabía que estaba mal, diría que él es el hombre perfecto. Me invitó a un coctel e iré a su casa a aceptar su bebida, ¡no a terminar en su cama! Sé cuidarme sola. Muchas gracias por preocuparse.

Bueno, maldita sea. Siempre optimista, me compré todo el lote de productos de maquillaje causando daños y perjuicios a mi cartera en el proceso. ¡¿Qué?! Toda mujer tiene derecho a consentirse un poco. Soy partidaria que toda mujer que se respete debe tener en su armario guardado una prenda que la haga sentir sexy (si quiere complacer a su hombre o chica, hay que adaptarnos a los cambios, allá ella) y un maquillaje que saque a la diva que hay en ella. Lo compré porque, además, voy a tener otras citas. Y adquirí también la práctica de cómo aplicarse el maquillaje perfectamente si usted no está en casa. Creo que me será útil. A las damas, ustedes deberían tener una. Mi celular sonó un par de veces entre tanto yo hacía mis compras y la otra vez fue cuando iba en el taxi de regreso a casa. ¿Adivinan? Las llamadas pertenecían a Raimundo. ¡Ah no! No vengas tú. Le corté las llamadas. Voy a hacerlo sufrir un poco y luego le atiendo. ¡Sinvergüenza!

Cuando regresé a casa me conseguí a un cliente trayendo su perro. ¡Justo a tiempo! Capté la atención de éste, hablamos y me dejó su perrito en mis manos. Fueron sumándose más en el transcurso del día. Comí casi paralelamente que los perros. Les serví primero y preparé para mí una rica sopa instantánea con fideos y agua. ¡Ñam! Después de comer y lavar los trastos. Me senté a escribir mis ideas. ¡Últimamente se me ha pegado la costumbre de anotar todo por este asunto de ser escritora! Si vieran mi casa pasta arriba, notitas por aquí y notitas por allá. Es que el otro día se me ocurrieron grandiosas ideas que creí aprovechar y no las anoté y ustedes me conocen, soy tan despistada que las olvidé así que por ese motivo las escribo.

Omi me suministró una idea buenísima cuando me dijo que mi protagonista debía cometer errores y posteriormente de intercambiar palabras con su abuelo acerca de un incidente que tomó una reliquia sin permiso, se me ocurrió que se activara un Shen Gong Wu (no sé cuál es su poder todavía, pero tiene que causar un verdadero desastre en manos inexperta) en el cual los monjes atrapan primero que Jack. El maestro les prohíbe usarlos determinadamente pero ahí interviene el protagonista, quien por su característica arrogancia, decide que él si está capacitado para usarla y lo desobedece. Cuando me siente frente la laptop veré mi idea resurgir. Otra idea que tengo me la dio gatita, introduciré una nueva villana llamada Minina (no quiero que me la confundan con Gatúbela) y a partir de unas cualidades gatunas que le tomé copia a Ashley se encargará de torturar a mis monjes un poquito. Decidí que, el amigo de Omi a quien le saque una confesión completa de lo que sucedió, aparecerá en mi novela. ¡Uhm! Me temo que al personaje de Raimundo en mi novela le va a ir bastante mal. En una primera instancia su personaje es el más inmaduro e irascible de la novela, con esto colmaré el vaso. ¡Haré que se pase al lado oscuro! ¡¿no es genial?! ¡Yo creo que sí lo es! ¡Y esto no tiene nada que ver que me haya topado con una chica en su apartamento! No, para nada.

Díganme una cosa, señores. Hay dos tipos de escritores en el mundo. El detallista, es aquel escritor cuyos capítulos son extensos, las descripciones prolíferas, los personajes complejos y el vocabulario ampliado. A veces dirigido más a un público selecto que a uno popular. ¿Sí me expliqué? Tom Kenny pertenece a este grupo. Y está el simple, es aquel escritora cuyos capítulos son cortos y llegan a amontarse, las descripciones sólo lo obvio, las narraciones es para introducir una escena, a menudo los diálogos prevalecen y está más enfocado hacia las masas populares. Ejemplo: Jane Austen. A mí me gustaría ser un intermedio entre ambos estilos, pero creo que soy el segundo. Quizá con el tiempo vaya evolucionando. ¿Ustedes lo creen?

Terminado de escribir mis ideas. Saqué a los perros a pasear al parque. Ahora que lo pienso no he escogido nada qué ponerme esta noche. Bueno, ni que quisiera impresionarlo. Hace años que no salimos, cualquier cosa que me ponga está bien porque no la ha visto. Creo que me voy a inclinar por la opción de usar una camiseta blanca sin mangas Anna Sui junto con una falda acampanada Nanette Lepore que golpee justo por encima de mis rodillas, zapatos Channel. ¿Brillo de labios? ¿Lacome? ¡No! ¿MAC? Modesto ¿pero qué tal si pruebo Bobbi Brown? ¡Perfecto! Ya sé lo que voy a usar hoy. Todo gracias a mis perros. Ellos estuvieron ayudándome a elegir. Hasta que el último dueño no vino por su perro no me vestí. Creo que me saltaré el intro y pasaré al momento en que el chófer vino a recogerme. Desde mi alcoba escuché el claxon de una limusina. Me asomé a ver. Un hombre vestido de esmoquin estaba allí. Me dijo que bajara porque me llevaría a la mansión. Le pedí un momento. Guardé todo muy rápidamente en mi bolso y bajé saltando las escaleras. Hasta se me olvidó el ascensor.

El chófer era corpulento, alto, rubio, frío ojos azules y víctima del acné. Su acento era ruso. Lo sé porque uno de los clientes de papá era de allá así que reconozco su voz. Calculo unos veinte tantos su edad. Se llamaba Vlad, tuvo la caballerosidad de abrir la puerta. Agradecí el gesto y me subí. ¡Es un auto hermoso! Cualquier chica se sentiría como una princesa. Yo me he sentido así por muchos años, con que me reservo ese privilegio. No sé a qué parte de la ciudad se mudó Jack. Yo diría que en las fronteras. Estuvimos pasando mucho tiempo en ruedas que me estaba mareando. Cuando pregunté por enésima vez si llegamos, el hombre me indicó que mirara por la ventana. La mansión era preciosa. De dos pisos, blanca, tejados rojo y construida sobre una plataforma. No tiene pinta de esas viejas casas de familias ricas que han ocupado por generaciones. Si no de las casas modernas que miras en los catálogos. Me acordé de lo que dijo Jack. "Cincuenta hectáreas de terreno, incluye un estacionamiento para mis diez coches, mi helicóptero, una pista de carrera y un campo de golf". Los jardines son extensiones de dientes de león, aspiro su dulce aroma desde aquí. ¿Él es dueño de todo? ¡Wow! Ni siquiera mi anterior hogar era así. Era una porción de terreno más limitada y una casa antigua.

Antes de entrar, tuvimos que pasar delante de unas altas rejas de hierro. El centinela tomó nota de mi identificación, sólo así nos dejó proseguir. Se metió en su caseta, volvió a tomar asiento frente su computadora y presionando una tecla debajo el escritorio. Se abrieron las puertas. Vlad explicó que era protocolo. Nada fuera de lo usual. En el campo había un trazo de un sendero, la limusina siguió el camino hasta estacionarse de soslayo de la mansión. El ruso me abrió la puerta y me indicó que el amo estaría esperando adentro. Acto seguido, se fue. Si creía que la fachada era espectacular pues en el interior era soberanamente superior. La empleada doméstica había hecho bien su trabajo. En el piso de mármol vislumbraba mi reflejo con claridad. La lámpara de araña con gotas de diamante colgando arriba de mí. Los muebles de más exquisita calidad. ¡Estoy mareada! Y he visto nada más el vestíbulo. Salió un mayordomo a atenderme. Me pidió mi chaqueta, yo me la quité y se la entregué. Me di la vuelta en redondo admirando los detalles.

-¡Kim! –oí la voz de Jack en el pasillo y la seguí, asimismo los olores picantes de la comida india. Llegué a una mesa rectangular, había un par de platos puesto a los extremos y puesto nuestro menú incluso se tomó la molestia de servirnos dos copas rebosantes de vino blanco. Como centro de mesa dos velas. No me equivocaba en lo que atañe la comida, él no había olvidado que esta es mi favorita y si el hombre estaba tratando de ganarme de nuevo: estaba en el camino correcto- te estaba esperando. Tomemos asiento.

Le sonreí, pero antes estiré el cuello asomándome en todas las direcciones. No comprendió que estaba buscando.

-¿Qué pasa?

-Estoy comprobando si no hay otra chica que me reclame por ti. Me ha pasado dos veces en un día y quiero evitar un tercer encuentro desagradable.

-No te preocupes. Sólo están los empleados hombres y ya les di la noche libre... –vino hacia mí y luché contra la carne de gallina- estamos tú y yo nada más.

-Qué bien –sonreí nerviosa, emprendiendo una estratégica retirada. Jack se dio por aludido y fue a la mesa, desistiendo. Movió una silla para que yo me sentara y lo hice.

-Gracias –asintió y rodeó la mesa. Se acomodó delante de mí. El banquete tenía muy buen aspecto, el chana masala con arroz parece delicioso y yo estaba hambrienta, parece ser que las sirvientas sacaron la vajilla más suntuosa de la casa: Tenedores y cucharas de distintos usos y tamaños.

-Pedí naan extra –agregó Jack. Te juro que casi le di un beso. Adoro el pan plano y siempre como mucho más que una porción amistosa. Cogí los cubiertos y comencé a comer. Salté la cena porque no quería estropear lo que sea que cenaría aquí y me alegro de haberlo hecho.

Quizás no puede ser capaz de cocinar nada, pero dispone a los mejores chefs que cualquier persona que conozco. Me pregunto si es el chef usual que trabaja para él o trajo alguien que supiera de gastronomía india. Después de cada tres enormes bocados, bebía un sorbo a mi vino. Tenía razón, esto estaba para chuparse los dedos. Me lo estoy devorando todo rápido. Jack hacía las cosas con calma.

-¿Te gusta?

-¡Mucho! –contesté sin quitar los ojos de encima a mi plato- todo está increíble. La comida, las velas, el lugar... es realmente mágico... tu mansión es bellísima. Parece de un cuento de hadas.

-Gracias.

-Lo único que falta es música.

-¿Música? ¿Eso quieres? Porque si tú lo deseas, yo podría...

-¡No te molestes, está bien así! –lo interrumpí levantando la mano a punto de que él tronara los dedos, me sonrió. Me sonrojé, aparté la mirada y bebí un trago más largo- lo siento.

-¿Y cómo está Omi?

-¡¿Omi?! ¿por qué quieres saber sobre Omi? Creí que no te agradaba.

-¿Yo? ¿por qué saldría de mi boca una cosa así? Desmiento cualquiera de esos testimonios, en mi opinión Omi es un chico simpático e inteligente. Me causó buena impresión. Él tiene iniciativa, puedo apostarte que ese niño está destinado a grandes cosas. ¿Es que acaso él te dijo algo sobre mí?

-No, ¿por qué? ¿debía hacerlo? –me han dicho eso de Omi varias veces. No obstante me dio curiosidad el repentino interés de Jack en mi pequeño.

-¡No! –repuso, se metió a la boca un puñado de arroz. Vertió curry en su plato al gusto. En eso sonó justo mi teléfono, ¡¿ahora qué quieres idiota?! Pues tendrá que esperar, cancelé la llamada. Me disculpé con Jack en voz baja.

-Bueno, Omi está muy bien. Travieso y derrochando energía como siempre. ¿Has visitado a tus padres estos días? –cambié de tema.

-¡Ah sí! -tosió- perfectos y cada vez están más jóvenes. Papá invierte dinero para ganar más mientras que mamá parece que duerme con el teléfono bajo la oreja en víspera de hacer otro negocio. Sus trabajos los acaparan noche tras noche, esto te da mayor entendimiento de por qué no pudieron desposarse con otra persona que no ocupara la misma oficina. Los he visto a cada uno por separado, jamás en casa y compartiendo un espacio –su mirada se extravió luego de un sorbo a su vino, perdido en los recuerdos- ¿enternecedor, no? De joven siempre he querido seguir sus huellas.

Los padres trabajaban juntos cuando se conocieron. Y como dice Jack no le dedican tiempo a otra cosa que no sean a sus respectivas labores. Esto lo estoy concluyendo todo, pero creo que a raíz de este modo de vivir, los padres de Jack han sido negligentes con él. Pues ellos se han perdido gran parte de acontecimientos de la vida de Jack, como su graduación en la preparatoria. No asistieron y recuerden que Jack y yo crecimos al lado del otro por nuestras familias. A sus cumpleaños también faltaban. Por esta razón, es que Jack está acostumbrado a hacer lo que le vengue en gana, ya que ninguna autoridad está presente él decide lo que es bueno y malo para él y no como es (porque nadie se lo ha explicado), y sus sirvientes sólo están ahí para obedecer sus órdenes mecánicamente sin cuestionar. Así como robots. Esa es la razón por la que mi chico genio del mal está rodeado de robots. Nunca he visto fotos de él en donde aparezca con sus padres y es un poco triste. Eso estipula su conducta mimada, infantil y caprichosa. Mi madre no está, pero mi padre ha estado de mi lado completamente en todo momento. Jack no ha querido ser otra cosa que un importante hombre de negocios, de su hogar cosechó esa semillita de ambición que arraiga en él.

-A propósito, ¿por qué temías que otra mujer estuviera aquí? ¿Cómo que dos veces?

-No tiene importancia –ladeé la cabeza- es una larga y aburrida historia que involucran a un idiota y a una gatita. Hablemos de otra cosa.

-Si es lo que prefieres...

Seguimos hablando otros temas y se estaba haciendo más oscuro. Terminamos de cenar y pedí a mi anfitrión una tercera copa de vino. Jack no llamó a sus sirvientes (¡oh, pero claro! Dijo que les dejó la noche libre) y me quedé supervisando el velo de la noche a través de la ventana, mis dedos encerraban la copa. Entonces, por sorpresa, envolvió sus brazos torno a mi cintura. Mi espalda golpeó contra su pecho. Siento sus labios pastar mi pelo. Mi corazón late a mil. No me encogí de hombros; a decir verdad, se sintió un poco agradable. No hubo chispas, siempre al lado de Jack el ambiente era cómodo. Había estado durante más de dos años sin novio y pude sentir mi alma el anhelo de volver a caer en el capullo familiar de la convivencia en pareja. Cuando se trata de relaciones yo soy débil y patética. Sé que doy una lata de vergüenza, pero todos tenemos que cargar nuestras cruces.

-En realidad esta casa la mandé a construir, este terreno es propiedad de mis padres y yo se los compré. Después contraté a un veterano arquitecto y un ilustre decorador para ocuparse de este trabajo, a fin de cuentas ¿quién si no se merecía lo mejor que Jack?, estuve presente en el transcurso de la obra y a menudo tenía que ayudar al decorador. La recomendación la obtuve de un buen amigo cercano (no sé si te acuerdas de él), Klofange, pero fue quien me dijo que este equipo construyó la casa del matrimonio Nelson. Bueno aquí está el resultado. Mi lugar favorito es el cenador. Es acogedor, íntimo y tiene una vista espléndida de toda la mansión y sus alrededores, quizá deberíamos ir a verlo.

-Sí, quizá... Jack... –le iba a pedir que me soltara. Cuando metió la mano detrás de mi oreja y sacó algo. Lo pude ver en el reflejo del vidrio.

-¡Oh! ¡¿cómo lo hiciste?! –pregunté maravillada. Él levantó mi mano y puso el obsequio en mi palma. A ustedes tal vez les parezca una ñoñada, a mí me parece estúpido y hermoso, ¿a quién no le gusta estos encantadores pequeños trucos de magia?

-En mi carácter de ser Jack Spicer, el presidente de Loel, me obsequiaron un pase especial a una convención de magia. Ya sabes, alquilan un teatro y ponen a un mago para entretener a los niños y los turistas, creí que este tipo sería igual a los demás, pero me impresioné. Hablé con él y a cambio de que me enseñaran algunos truquitos, lo contrataría para Loel. Ta-dán, ¿no soy grandioso?

La magia estaba dentro de la cajita: Un collar con una gota de diamante. Esto sólo pudo ser comprado en Tiffanys & Co.

-¡Es precioso!

-Una joya para otra joya. Pensé que esta prenda se vería muy bien en un precioso cuello… –sus dedos largos acariciaron la curva de mis hombros y llegaron a mi cuello, haciéndome cosquillas.

-No sé qué decir, Jack. No me lo merezco...

-Yo sí sé que decir...

Me torció en sus brazos hasta tenerme frente de él. Deslizó sus labios sobre los míos y debo admitir que me sentí muy bien. Había algo tan liberador en hacer exactamente lo que dijo. Yo reconozco que declaré que no había manera alguna de que volviera con Jack pero en ese se me olvidaron todas mis razones y sustituyeron por el hecho de que estaba en sus brazos y me sentía bien. Y como sus manos sostenían mi rostro, alegremente golpeé mis dudas en la sumisión. Le devolví el beso, colgué mis brazos en sus hombros en tanto me atiborraba una sensación reconfortante y familiar. Me doy muy buenos consejos a mí misma, pero rara vez los sigo, ¿no les pasa? Justo como ahora. Entre elegir una noche en que pasaría mirando las novelas de amor en la televisión comiendo chocolate o estar en boca de un amante familiar que me mantiene caliente. Bueno, demándenme si quieren, pero prefiero la puerta número dos. Entonces suena el teléfono por cuarta vez en este día y rompimos el beso. ¡¿Quién es?! ¡¿Raimundo?! No es una llamada, es un mensaje. Lo abro y leo rápidamente.

-¿Qué pasa? –me preguntó. Este mensaje me repite que estoy cometiendo un error. No debo hacer algo de lo que luego me arrepienta.

-Eh... nada. Es que... debo irme. Se me ha hecho muy tarde. Gracias por la cena y el regalo, han sido una total delicia. Y no te preocupes por mí, me iré en taxi... ¡hasta entonces, Jack! –le planté un beso en su mejilla. Y salí corriendo de allí.


A/N: Con esto concluimos el capítulo de hoy. La moraleja de este capítulo: Cuando los amantes no están, los villanos hacen fiesta. ¿Cuántos más están de acuerdo? La catira del centro comercial era la misma chica que Raimundo trajo su auto bajo la lluvia del capítulo 10. Toda una joyita, ¿no es así? Nosotros exigimos una explicación inmediata de qué Ashley en el apartamento de Raimundo, ¿ustedes creen, en serio, que pasaron la noche juntos o Ashley lo dijo para incomodar? Recuerden que ella dijo que tenían novio. Así que por eso me huele a gato encerrador. Esa discusión en la calle entre Kim y Raimundo sí que fue intensa. Se nota que estaba inspirada, he retomado a ver la peli Orgullo y Prejuicio, la adaptación del 2005, me enamoré de esta pieza del soundtrack: A poscart to Henry Purce. El solo del violín es majestuoso, siento que estoy atrapada en un amor-odio intenso. Los protagonistas del romance se desafían. Es una música bella. A mí se me encogió el corazón cuando él la jaló para que el carro no la mojara. Luego la escena del centro comercial, Kim socorre en brazos (de la persona equivocada, debo decir) de Jack para consolarse y parece ser que es la cura indicada cuando la defiende delante de esa chica que también le metió casquillo a la pobre de Kim.

Corríjanme si estoy errada a los amantes del romance, en lo que corresponde al cliché de las novelas rosas. Si la chica no tiene a ningún novio conoce a dos tipos que parecen ser el sujeto perfecto, es dulce o apasionado según convenga al caso que solemnemente ha jurado amor a la chica y nos arranca suspiros de amor. Pero en el caso de que esta chica está casada o comprometida, su novio es abusivo o al final resulta un verdadero villano, salvo que ella no se da cuenta si no hasta que conoce a su verdadero amor que es otro sujeto con el que se llega a encariñar más rápido de lo que canta un gallo. Pero ¿ya ha habido historias románticas en que la protagonista se le presentan dos galanes defectuosos, uno es presumido y el otro antipático, en que se disputan por ella, además que uno fue ex de ella? Aunque ni Raimundo ni Jack la aman en serio. Jack la quiere para incrementar sus riquezas y si Raimundo la coquetea, porque dejó en claro que él no busca nada con ella, es para conseguir inspiración. O sea que a la final los dos están abusando de ella. Así de sencillo. ¿Qué les parece? ¿nuevo o retro?

¡¿Qué te pasa, Kim?! Primero decías que querías a Jack a un kilómetro de distancia y ahora lo besuqueas, ¡Dios, qué engaño! De no ser por el brasileiro, hubieras acabado en cama del niño riquín, ¡salvada por el idiota! Vlad hace su aparición en la segunda parte de mi historia y segunda temporada de Xiaolin Showdown. Aquí es empleado de Jack. No es cosa rara. En cuanto eso de los estilos de escritores, es una perspectiva personal. Estaré encantada de saber lo que piensan. No sean tímidos. Yo no muerdo y si pudiera, no sé en dónde están. ¿Qué le gustó? ¿qué odiaron? ¿qué esperan a continuación? Estoy abierta a dudas, críticas, sugerencias, comentarios. Y mientras esperamos hasta la semana que viene con un nuevo capítulo, les deseo a todos una feliz semana. No lo olviden hasta entonces sólo hay que creer en Dios y esperar el próximo capítulo. ¡Cuídense, Latinoamérica querida!