Quiero ser escritora

16º

Una buena acción nunca queda desapercibida

Es el final de otro día en la escuela. Los estudiantes de quinto año salieron a la velocidad de una bala, luego de que la maestra asignara las parejas para un proyecto en clase de ciencias. Éste trataba sobre un álbum de plantas, debían investigar diez tipos. Escribir acerca de ellas y colocar una foto. Se valen los recortes de periódicos y revistas. Y de ser posible, anexar la misma planta. Megan y Boris, uno de los dúos formados, decidieron sentarse en un banco a organizar cómo lo iban a hacer y rematar los detalles. Omi los rondaba a corta diferencia, él estaba acompañado de sus amigos, quienes cuchicheaban, propinándose codazos amistosos y reían bajito. Jermaine y Tiny repararon que Omi estuvo bostezando en el transcurso de la mañana y ahora espiaba a Megan y Boris. Hoy actuaba diferente a como era de costumbre. Tiny toqueteó el hombro de Jermaine y señaló a su líder por la espalda. El niño se cubrió la boca. Tiny le siguió. No quería que Omi los oyera reírse. Tiny le hizo una seña y le susurró unas palabras al oído. Los dos se desternillaron entre dientes. Tiny dio unas palmadas en su brazo y se llevó un dedo a los labios. Jermaine asintió con la cabeza. Omi frunció el ceño y se dio cuenta que estaban hablando a sus espaldas, fingió demencia y agudizó los oídos.

-No sé por qué no me había fijado que el chino era el niño más bajo de la clase...

-Chisssss ¡te puede oír! –Tiny chasqueó la lengua.

-¡Ay tranquilo! Él está pendiente de Megan. Oye, ¿te imaginas si Omi y Megan se casaran? –se rió Jermaine, Tiny tuvo que admitir que era una escena hilarante y respondió riéndose- ¡sus hijos serían más enanos que ellos mismos!

-Jajajajajajaja –carcajeó sin alegría Omi volviéndose. Jermaine y Tiny dejaron de reírse, las sonrisas en sus rostros se tensaron y no podían moverse- ¡qué gracioso! ¿ustedes frecuentan a hablar cuando me doy la vuelta? –sacudieron la cabeza- pues mis hijos serán enanos, pero los tuyos nacería con el cuarto de cerebro del que tú tienes o sea ¡nada!... –gruñó mirando a Jermaine. Éste estaba boquiabierto. Omi esperó su contestación al cruzar los brazos. A Tiny se le escapó una risita tonta.

-¿A quién le estás diciendo cuarto de cerebro, garrapata? –Omi puso mala cara. Tiny moría de la risa. Se mordió el interior de las mejillas para evitar un malentendido con sus amigos.

-¡¿Garrapata?! Creo que marcaste número equivocado.

-Claro que no, pregúntale a Dojo: Él siempre anda con una...

-Chicos, chicos, por favor no peleemos entre nosotros –Tiny reprimió las risas y los apartó. Omi y Jermaine se miraron y asintieron, intercambiaron un saludo con las manos a manera de disculpa. Tiny tenía razón.

-Es cierto –reconoció Omi-. Además, quisiera añadir que yo no voy a casarme con ninguna niña. Lo último que desearía es ocuparme de una desgracia. Ustedes entienden, tendría que mantenerla, porque ellas ni pueden ayudarse a sí mismas.

-¡¿Ah sí?! Eso dices ahora, pero cuando crezcas perseguirás las faldas de las niñas y tú solo no puedes tener hijos, necesitas a una niña para ello, chino –graznó Jermaine. Para el colmo del asunto, Tiny respondió afirmativamente con la cabeza. La mirada del pequeño Guerrero Shaolin despedía frialdad y el niño retrocedió un paso por seguridad- quién sabe cómo vas a reaccionar cuando conozcas a una china. Aunque por la forma en que miras a Megan diría que estás celoso que no te preste atención.

-¡¿Yo?! ¡¿celoso?! –vociferó, puso los ojos desorbitados. Tiny canturreó la marcha nupcial- ¡será en tus sueños! ¡aj! ¡puaj! ¡Guácala! ¡fushi! ¡No! Y es por esta razón que no aguanto a las mujeres. Hagamos una promesa: a partir de ahora en adelante, juremos que por ninguna mujer nos pelearemos. ¡Seremos solteros para siempre! –Jermaine y Omi ponen sus manos una sobre la otra. Tiny no lo hace, sus manos están detrás de él- ¡¿qué te detiene, Tiny?! Tú faltas.

-Chino... chicos... es que... ¡no puedo! A mí sí me gustaría casarme –los niños vislumbraron al niño artista como si fuera víctima de una enfermedad contagiosa. Jermaine soltó un grito ahogado. La cara de Omi no valía precio. Dejó libre a Jermaine y agarró a Tiny del hombro.

-Tiny, mi amigo, mi casi hermano, a veces me asustas. Que los Guerreros Shaolin bendigan tu camino e iluminen tu visión. Te lo tenía que decir.

Tiny hizo un mohín, desconcertado. Omi palmeó su hombro y se alejó sacudiendo la cabeza mecánicamente. Ni con la sabiduría de todos los ancestros de Omi podrían ayudar a Tiny en este momento. Es una pena. Parecía un guerrero muy valiente. ¿Qué puede uno hacer? Si él decidió voluntariamente desertar las tropas. ¿Cómo Jermaine se atrevió a sugerir que estaba celoso de Megan? Sus oídos aullaban todavía cuando la profesora anunció la séptima pareja ya que los alumnos los ulularon por ser mixtos. A él no le molestaba que la maestra lo puso con Tiny. Junto a la clase de artes, era la materia que mejor se le daba. Pues que su nombre era corto igual al suyo para nombrarlo por un diminutivo, a veces le decía "Ciencias locas" porque a Tiny le gustaba experimentar. Peor fuera que lo hubieran agrupado con el tedioso de Ping Pong o la pesada de Megan o cualquiera de las niñas. Omi bostezó.

-Sabes Omi, estuve pensándolo varias veces. La vida de chico bueno sienta bien, estos días mostré a mi madre la nota de buena conducta que escribió la profesora en mi cuaderno por ofrecerme en esa tarea, y luego esa calificación en inglés, ella parecía tan orgullosa de mí...

-¿Pero qué burradas estás diciendo? –Omi le propinó un zape, el chico basquetbolista soltó un gemido- ¡nosotros no somos chicos buenos! ¡SOMOS MALOS! ¿Recuerdas? Larga vida a la maldad, molestarás al prójimo por sobre todas las cosas... ¡nuestro juramento! Escucha, este síntoma lo he visto antes, como no has hecho travesuras has olvidado lo que se siente, pero descuida amigo, cuando tenga esas latas de pintura en mis manos pintaremos un mural tan atrevido, tan distinguido, en la dirección... que el mismo Leonardo DiCaprio...

-¡Leonardo Da Vinci! El otro es un actor –corrigió Tiny de malhumor.

-¡Como sea! Nunca apruebo la clase de arte –gruñó con un ademán, poniendo una mano en el hombro de Jermaine- que el mismo Leonardo Da Vinci se revolcará en su tumba ¿mejor?

-¡Mucho mejor! –sonrió malicioso Jermaine- lo necesitaba. Gracias Omi.

-Para lo que quieras –asintió Omi.

En eso que pasaba justamente, Megan y Boris se levantaron del banco, la niña interceptó al chinito y sus amigos antes de abandonar la escuela.

-¡Omi, qué bueno que todavía no te has ido! Necesitaba decirte algo: Mi primo, Jack, quiere que tú vayas a su casa a solas. Así que irás conmigo. ¿Qué tienes que ver tú con mi primo? ¿desde cuándo ustedes se conocen?

-Somos íntimos amigos, los detalles no te incumben –Megan apretó la mandíbula, molesta.

-Oye Omi, ¡¿es verdad que tienes un lagarto de mascota?! ¡Me encantaría conocerlo! –Omi fulminó a Megan con la mirada. Alguien le había dicho al insoportable de Dojo y no fue él.

-¡No me mires así! ¿por qué hablaría de ti? No eres mi tema de conversación favorito. ¿Por qué no le preguntas a tus amiguitos?

-Este Omi... creo que yo mencioné algo. Iba a comentártelo –declaró nervioso Jermaine.

-Adoro los reptiles, investigué mucho sobre ellos. Por ejemplo, ¿cuántos de ustedes sabían que las serpientes, los cocodrilos, las tortugas y los lagartos constituyen los cuatros grupos principales de reptiles? Su cuerpo está cubierto de escamas, son vertebrados, extremidades cortas o carecen de ella –Megan lo escuchaba interesada, Jermaine trató seguirle el hilo y comprender lo que quería decir, pero se perdió en la primera línea. Tiny y Omi simularon oírle, ¿qué libro se tragó antes de venir a la escuela?- ...son de sangre fría, respiran a través de su piel, sus dientes de forma cónica, por si a las dudas ¿a qué clase pertenece?

-Prefiero no adelantarme y juzgues por ti mismo cuando lo veas, después de que termine de conversar con Jack. Lo siento chicos ya la oyeron. Nos hablamos mañana –Tiny y Jermaine se despidieron y continuaron su camino. Megan señaló el auto en donde esperaba su chófer y la niña no despachó a Boris aún, el niño arrugó la cara ante la situación- ¡no me digas que este también va a venir!

-Claro que sí, es mi compañero en el proyecto de ciencias. ¿Algún problema?

Omi decidió no opinar nada y se subieron al auto. Si no hay otro remedio. A regañadientes, consistió a Boris presentarle a Dojo. Mejor eso que quedar como ignorante en frente de sus amigos y Megan cuando no supo responder qué clase era. ¡Oigan tampoco era un cerebrito! Sabía que era un lagarto y era lo crucial, ¿qué importaba lo demás? Cuando Ping Pong diga la raza, sea cual sea, le daría la razón. Si bien, Megan no parecía convencida cuando le dijo que se reservaba en decírselo. Los niños se sentaron atrás. Omi no había montado un coche tan lujoso como ese. Esto parecía que iba tardar. Menos mal que hoy no había práctica en la escuela porque el maestro titular pidió permiso por ausentarse. El niño desconocía la razón.

Nosotros ya conocemos la casa de Jack no vale la pena repetir que hay allá. Anticipémonos a mirar que está pasando allá. El Presidente de Loel se presentó en la cocina de su mansión, le ordenó a su cocinero preparar un almuerzo especial para el niño. Le hizo asegurar que de postre sirvieran helado. Jack ajustaba frenético su corbata mirándose en el espejo. Regresó del centro comercial para charlar en persona con el niño. No recogía relevancia que decidió irse temprano. Era el presidente y podía hacerlo cuantas veces quiera. Asimismo, había una razón. Era Kimiko. Anoche casi la tenía... ¡DE NO SER POR EL MALDITO TELÉFONO! Hubiera sido totalmente suya. ¡Oh no! La culpa no era suya. Apostaría que la interrumpió... ese tipo, el tal Raimundo. Sin conocerlo Jack comenzó a rumiar su nombre con rencor.

-Tú debes estar ciega, Kimiko. A mí ninguna me rechaza. No sabes ni la mitad de lo que te pierdes, niñita ingenua. ¡TODAS las mujeres lamen el piso por dónde paso! Pero te guste o no, vas a ser mi mujer –alguien tocó su puerta- ¡está abierto! ¡puede pasar!

-Señor, su prima Megan y otros dos niños lo están esperando en la sala –indicó Vlad.

Jack puso los ojos en blanco. En líneas generales, una visita de Megan era una mala noticia, a veces cuando sus tíos no tenían a nadie quien la cuidara le delegaban esa responsabilidad y en vista de que no tenía otra opción accedía. Sin embargo cuando se enteró de que Megan pertenecía a la misma clase que Omi. ¿Quién hubiera imaginado que la mosquita muerta le fuera útil para sus planes? Soltó un bufido, era muy feliz siendo el más joven de los Spicer hasta que nació. Esbozó su mejor sonrisa, ante todo mostrar una buena educación, y bajó al vestíbulo en compañía de su mayordomo Vlad. Ella saludó a su primo con un beso al pie de la escalera. Boris y Omi se comían con la vista el lugar de pared a pared. Como sería genial vivir en una mansión así. Este señor debía ser tan acaudalado que podría comprar la propia juguetería.

-¡Hola Jack!

-Buenos días, Megan. ¡Bienvenidos niños a la mansión Spicer!

-Tiene una casa muy bonita, Sr. Spicer –comentó sonriente Boris.

-Dime Jack, pequeño.

-Boris y yo vamos al estudio, si no te molesta.

-Adelante, querida –replicó haciéndole un ademán.

Megan tomó la mano de Boris y se fueron corriendo por el pasillo. Jack se rascó la cabeza y les advirtió que fueran con cuidado. La doméstica había encerado el piso esta mañana. Omi no se salía de su asombro, su quijada dislocaba hablaba más que cualquier cosa que pudiera decir. Esta mansión lujosa es igual a las que revelan en la televisión. En un futuro próximo si se mantenía constante podría tener la suya. Jack le señaló seguirlo, lo llevó a un comedor mucho más grande del que había visto Kim (ese apenas era un modesto desayunador), este podría abarcar a una tropa militar y sus superiores. Él tomó asiento en uno de los extremos sin esperar el permiso del señor de la casa. A Jack le gustaba que el pequeño se acomodara. También le gustaba esa parte para sentarse, pero por hoy Jack podría hacer una excepción y ocupar la silla de al lado. Lo que menos le convendría era discutir con el informante.

-¡Vlad! –el mayordomo dio unos pasos hacia adelante e inclinó la cabeza-. Quiero que este niño tenga un almuerzo de reyes. Dile a la cocinera que prepare un platillo que únicamente han probado los dioses y de postre sirve helado.

En realidad se había predispuesto, todo estaba listo, ustedes lo saben. El mayordomo se fue. A los cuatro minutos, un desfile de empleados con brillantes uniformes blancos acarreaba bandejas; los ojos del pequeño rodaban fuera de la cuenca de sus órbitas. Se los frotó para ver si no estaba soñando. Ensalada césar, pollo al escabeche y el helado de chocolate más magnánimo que cualquiera haya admirado. Era tan pesado que necesitaban dos meseros. Vlad iba detrás de la servidumbre, colocó la servilleta en el regazo del niño. Apenas se descuidó, la metió dentro de su camisa. Probó la ensalada. Estaba deliciosa. Parecía un restaurante. La última vez que fue a uno sucedió hace tiempo. Jack sonrió y se tendió a su derecha.

-¿Cómo está?

-Está sabrosa, gracias –reconoció, metiéndose otro puñado en la boca- creí que esta comida sólo la ofrecían en los restaurantes. ¿Esto me costará que te diga lo que sé?

-¿Cómo se te ocurre siquiera pensar tal cosa? Simplemente esto es un almuerzo entre socios –alzó los hombros.

-¿Un almuerzo, eh? ¿por qué tú no comes?

-Aprecio que lo hayas preguntado, comí algo ligero en la oficina.

-Respóndeme una cosa, ¿te dolió mucho cuando te rebotó que no quería nada contigo Kim? Como la otra vez no estabas muy seguro y hoy eres más amable que el otro día en la oficina supuse que debes estar exasperado –Jack apretó la mandíbula y Omi se rió- relájate, ha sido una broma. Me gusta empezar los días contando chistes, ¿tú no? –no esperó una respuesta. Jack podría no tener hambre de comida, pero cuando uno menos lo espera podría antojarse de almorzarse un niño, evitemos un canibalismo-: el tipo de quien está enamorada se llama Raimundo Pedrosa, es su vecino de en frente. Las pocas veces que he tratado con él, ha sido muy amable conmigo... –el niño selló sus labios dejando a Jack a la expectativa.

-¿Sí? ¿Qué pasa? –inquirió impaciente después de una corta pausa.

-Antes de seguir hablando prométeme que Raimundo no sufrirá ningún daño; quiero que se separen, no que nadie salga herido. No me gustaría que la policía me escoltara en horas de clase o interrumpa mi tranquilidad en casa porque me encontraron involucrado en un casual accidente o un asesinato. Seamos honestos, no tolero que ellos estén juntos, pero él me cae bien.

-Está bien, lo prometo.

-No me sirven tus palabras –Omi negó con la cabeza-, lo quiero por escrito.

-Lo que tú digas, llamaré a mis abogados para que redacten un documento que establezca…

-No. Tardará semanas y lo necesito ahora –el hombre comenzó a vacilar y Omi quería una respuesta-, piensa Jack cada minuto que estamos perdiendo le estamos dando oportunidad a ellos. Escríbelo aquí, en esta servilleta.

Omi sorteó correr riesgos. No hacía falta añadir que desconfiaba de la palabra del hombre y quizá rompería su promesa más adelante pese tendría un aval por si surgían problemas. Hay una razón adicional por la cual lo obligó a firmar, si seguían los canales legales es factible que Jack saltara con cualquier traba aprovechando que el pequeño no entendía de abogados y contratos. Entonces pasaría el tiempo, Omi le diría todo lo quería saber y Jack no tendría razones para depender de él. Se desharía con facilidad. En cambio, así lo tenía comiendo de la palma de su mano. A más de que era prescindible la formalidad y también puede ser que Jack le hiciera trampa en las letras chiquitas. ¡El colmo! Someterse a las condiciones de un niño para obtener lo que necesitaba. Esto era lo más humillante que pudo haber hecho. Sacó una pluma del bolsillo del pecho, arrastró la servilleta hacia él y escribió: "Yo, Jack Spicer, prometo que en tanto me quede un soplo de vida no tocaré ni un pelo a Raimundo Pedrosa".

-¡Eh, eh, eh! Añade a Kimiko también.

-¡¿Pero qué dices...?! ¡Está bien! –masculló de mala gana. "...y a Kimiko Tohomiko". Omi no era tonto. No sabía predecir el futuro, pero ¿y si se obstina de Kim o la obliga hacer algo que no le gusta? No hay bien que por mal no venga- ¿satisfecho? –inquirió mostrándoselo.

-Complacido, lo guardaré –el niño hizo una bola de la servilla y la metió en el bolsillo de su pantalón- Raimundo es un tipo listo y de veras es orgulloso –comentó todavía sin voltearse- así que no aceptará dinero, menos de tu parte. No lo subestimes tampoco, es desconfiado y testarudo. Kim dice que no está interesada en él, pero sé que miente y dice eso porque está dolida de que la haya plantado en su primera cita. Él no quiere nada con ella. A pesar de lo que ocurrió entre ellos, la está asesorando para su novela porque es periodista o algo así me contó –el niño enarcó una ceja- los adultos son raros. Cuando los niños decimos que no, es no. Cuando los adultos dicen que no, es sí a medias. Si queremos separarlos, debemos tratar de que Kimiko se ilusione y luego asestar el golpe, ponerlos a los dos en su contra sin que sepan que intervenimos. Convencerlos de que pasaron cosas que en realidad no pasaron.

-¿Hablas de una discusión?

-Tú encárgate de acercarte a Kim y yo veré como presentarte a Raimundo, por favor, obvia las escenitas. Cuando se conozcan, debes aparentar que estás encantado de conocerlo y que pretendes ser su amigo, sin estar Kim presente. Los regalos y las palabras dulces están muy bien, eso les gusta a las mujeres, pero ¿sabes que te ayudaría en serio? Que cambiases. Kim todavía piensa que eres un niño mimado, petulante, superficial y caprichoso. Conviértete en un hombre diferente: Guapo, gallardo, encantador, con sentido del humor, protector, dulce, comprensivo, valiente y romántico. Te tiene que gustar bailar y leer. ¡Casi lo olvido! Hablar de moda es otro punto importante. Otra cosa, cuando ella nota que eres diferente al Jack de antes, di que cambiaste por ella. Las mujeres se ponen locas si se enteran que cambiaron un hombre. No sé por qué. Y... cambia tu aspecto un poco...

-¿Y qué tiene que ver eso? –preguntó mirándose.

-No te ofendas, pero vestido con ese frac las veinticuatro horas pareces pingüino de feria. Y las mujeres se fijan mucho en las apariencias.

-¿Desde cuándo te volviste tan experto en esto? –cruzó los brazos.

-Soy una autoridad cuanto a mujeres, sé todo sobre ellas –se ufanó- y sé que dará resultado porque leí su diario la última vez. Ese es el tipo de hombre que le gusta.

Asimismo Omi le refirió otras conjeturas acerca de Raimundo, no demasiadas y le participó que su mente estaba trabajando en un plan para apartar a los tortolitos. No mencioné de qué iba a pesar de las continuas insistencias de Jack. Igualmente se negó a responder por qué él no apoyaba la relación entre Kim y Raimundo. Se limitó a decir que tenía sus razones. Omi almorzó la ensalada y el helado. El pollo lo dejó a un lado. Recuerden que su dieta es base a hortalizas, frutas y verduras. Quitando los postres. Cuando se lo explicó a Jack, se ofreció a traer otra cosa. Omi agradeció su generosidad, pero dijo que prefería irse. Vlad anunció que el chófer estaba listo. Jack asintió, sacó su billetera y cogió un fajo de dinero. Se los arrojó y el niño los atrapó. Rápidamente los contó. Había al tanteo mil dólares en efectivo en sus manitas. Era más que suficiente para que su familia no pasara hambre unos meses.

-Tómalo como un adelanto. Ahí está mi tarjeta y avísame en dado caso, estoy a la orden.

-¡Caray! Gracias.

Se reunió en el vestíbulo con Megan y Boris y se subieron al auto. Jack aún hacía ademanes cuando los vio marcharse. Se viró hacia Vlad y caminó.

-¡Deprisa Vlad! Consigue al mejor detective y contrata sus servicios, quiero que investigue muy de cerca a Raimundo Pedrosa. Qué hace, qué no hace, con quienes frecuenta, su árbol genealógico, su trabajo, su apartamento ¡antes del domingo debo tener un archivo personal con su nombre escrito en mi oficina!...

-Perdone usted mi señor, lo oí prometer al niño que no se entrometería en su vida.

-Haces mal escuchar conversaciones ajenas, Vlad. ¡Y no te disculpes! Ya es tarde; como se nota que no me conoces, ¿cuánto tiempo trabajas para mí?

-Un año.

-¡Ahí está! ¡ahí está! –replicó-. Bola de billar me hizo firmar una servilleta estipulando que no lastimara a su amigo Pedrosa, pero no especificó espiarlo ni que otra persona lo lastime.

-Creía conocerlo, señor patrón, pero hoy usted es otro –susurró Vlad- considérelo hecho.

Se inclinó hacia adelante y se retiró de la sala. Jack cruzó los brazos bajo el pecho, miró de refilón la ventana y le devolvió la mirada un malicioso pelirrojo que sonreía. Fue una buena idea mantener al niño de Kim de su lado pese de sus dudas. El pequeño no comentó sobre el almuerzo con Megan ni Boris. En su bolsillo pesaba un manojo de billetes. Imaginen por cuantas transacciones tuvo que pasar para llegar a manos de Jack. Fue la primera vez que se cuestionó a sí mismo debe ser genial trabajar como empresario y ganar montones de dinero. Decidió que quería tomar una profesión donde recibiera una cantidad más o menos igualita. Le gustaba esa sensación. Tarde o temprano Jack iba a traicionarlo, una servilleta no habría de detenerlo. Pero él se adelantaría ante la situación y le echaría la culpa. Esta servilleta es una buena pista, necesitaba algo más contundente. Era como si hubiera vendido su alma al diablo. Profirió un bostezo largo.

Lo que hace uno por las mujeres.

Omi supervisó que no hubiera moros en la costa, clausuró las ventanas, cerró las cortinas y le echó el cerrojo a la puerta. No quería que su noche fuese interrumpida. Wuya dormía. No iba despertarse si no hasta al día siguiente. Su padre notificó que hoy no llegaría. Caminó a la sala, volteó a ambos lados una vez más y se lanzó al sillón. Prendió la televisión, cambió la programación y estiró la pierna en el mueble con pereza.

-Y de ese modo el león se enamoró de la oveja...

-¡Qué estúpida oveja!

-Y que masoquista y enfermo es el león.

Él puso los ojos en blanco, apoyando la mano en el semblante. Es un alivio que no supiera preparar palomitas de maíz o las regurgitaría por el empalago. Esta película fue una bazofia de principio a fin. Una de tres. Todas románticas. Sus ojos ardían y nunca se había acostado tan tarde por quedarse viendo televisión. Omi quería aprender acerca de una relación, sobre todo evaluar el comportamiento femenino. Mirar detenidamente el romance. Copió apuntes de las palabras que podrían serle útiles para sus planes futuros. En el proceso se durmió. Al día siguiente, su madrastra lo despertó bruscamente. Esa es la razón porque en clase estuvo bostezando a cada hora.

Omi indicó la dirección a su casa. Boris estaba impaciente de que por fin conocería al reptil famoso. Megan los acompañó, pues que enseguida de visitar a Dojo lo llevaría a su casa. El peculiar trío arribó a su destino. Se bajaron y Omi les advirtió que se quedaran allí, traería a Dojo. Boris y Megan quienes no eran tan íntimos como Jermaine y Tiny no supieron el por qué tanto misterio. Omi empujó la puerta y pasó al interior. Silbó llamando a Dojo, no vino. Silbó de nuevo, tampoco apareció. Qué extraño. Comúnmente cuando abre la puerta, Dojo corre a darle la bienvenida. Lo peor es que no estaba en su dormitorio… ¡No puede ser! ¡En ningún rincón de la casa! ¡como si jamás hubiera existido! Un sudor frío bajó de su frente y su corazón latió angustiadamente.

-¡Dojo! ¡Dojo! ¡DOJO! ¡amigo, ¿dónde estás?! –en la sala, Wuya tranquilamente lavaba la ropa- ¡¿has visto a Dojo...?! ¡¿por qué estás aquí?! –Omi tardó un segundo para comprender la terrible verdad- ¡¿QUÉ LE HICISTE, BRUJA?!

-Yo nada. Ese animal debió haber escapado, de seguro olvidaste amarrarlo.

-¡No es cierto! ¡tú no lo querías desde un inicio así que lo echaste a la calle! –vociferó Omi- ¡¿NO ES CIERTO?! ¡DIME! ¡DIIIIIIIIIIIIME!

-¡¿Y qué sí lo hice?! –reconoció tirando justamente la ropa del chico a regañadientes- ¡¿qué vas hacer?! ¡¿Buscarlo?! A estas alturas se habría al otro extremo de la ciudad, ¿o no es que dicen que las mascotas vuelven siempre con sus amos? ¿por qué no está aquí, entonces? Yo sé la respuesta: Porque él ya se hartó de ti, por eso –Omi se atragantó con su propia saliva, negó con la cabeza. Está mintiendo, te está engañando- o también está la opción de que una furgoneta lo habrá arrollado –sus ojos destellaban frialdad y su voz era ácida. Su semblante se puso colorado de la impotencia y apretó los puños.

-¡NO! ¡NO! ¡NO! –chilló- ¡RETRÁCTATE! ¡Voy a buscarlo y lo encontraré sea como sea! –Wuya torció la boca mostrando indiferencia. Omi salió corriendo. Boris y Megan notaron su cambio de humor y se angustiaron al respecto.

-¿Omi qué pasó? ¿dónde está Dojo? –preguntó Boris azorado.

-¿Por qué traes esa cara?

-¡MI MADRASTRA LO ECHÓ A LA CALLE! –gimió. Los niños intercambiaron miradas, boquiabiertos- ¡A DOJO! ¡TENGO QUE ENCONTRARLO!

-¡Omi espera! Tú no puedes ir solo. Necesitas ayuda –dijo Megan.

-Es verdad. ¡Mi abuelo, él sabrá qué hacer! –apremió.

Omi no se aguantó dos pedidas, salió volando directo a la librería. Megan y Boris echaron a correr inmediatamente tras de él. Le pidieron ir más despacio para alcanzarlo. Él no les hizo caso. En estos momentos no podían dejarlo solo. Una charca de orina bastó para enfurecer a Wuya aquella mañana. Estaba sacando la ropa sucia cuando pisó el charco. Su zapato olía a pis y el suelo recién lavado, arruinado por una mancha. Se supone que Omi debía amaestrar a su mascota evacuar en el periódico, no en el piso. Cegada por la ira y cansada, lo buscó a Dojo en su habitación. Éste descansaba en la casita de cartón que el niño construyó para él. Dojo se puso a la defensiva. Nunca le tuvo buen estigma. Lo agarró de la correa, lo arrastró a la fuerza afuera de la casa. Y esa es la historia.

La librería del Sr. Fung estaba cerrada, las luces apagadas y no podía comprobar si continúa adentro porque el cerrojo estaba trancado. Forcejeó, pero desistió cuando Megan le advirtió que podía romperlo. Las opciones se agotaban y la cuenta regresiva estaba en marcha. Omi optó por un último recurso. ¡No hay tiempo que perder! Emprendió la carrera. Kim invitó a Clay a su apartamento para tomar una ligera merienda, aunque los motivos en realidad eran finiquitar los detalles concernientes a su novela y obsequiarle el llavero, él quedó encantado con el llavero. El dije del sombrero era precioso y simbólico. Kim estaba complacida. Tres regalos y sus dueños quedaron contentos. Faltaba el del idiota, pero ese podría esperar. Kim no quiso preguntar cómo estuvo la cita, no le gustaría ser entrometida, prefería llamar a Kei para averiguarlo. Clay estaba de buen humor, aunque eso no radicaba nada en especial pues que era su habitual comportamiento. Al menos nada de un chico con el corazón roto o uno furioso. Kim sacó un platón circular, puso una taza en el medio y la llenó con queso crema, en torno a ella varias galletas saladas. Inquirió si también servía té o café, él se lo negó. Los dos conversaron sobre muchas cosas, la otra vez apenas pudieron hablar.

Él habló de los sucesos en casa, Patrick se ha distanciado a causa del trabajo, Jessie discutió con su padre y al parecer, se marchó a vivir con una de sus amigas o eso creía él. Esperaba que fuera temporal y la llamó a su celular cuantiosas veces, Jessie no quiso contestar tal vez cree que lo hace por intermediación de su padre. Por otra parte, también tuvo sus altercados con él. El Sr. Bailey le ordenó que renunciara a su empleo en el restaurant y se viniera a dar sus servicios como contador en favor del condominio, prometió ofrecerle lo mismo o quizá más si se comprometía. Clay no quería ni lo uno ni lo otro. Cursaría el tercer semestre y no se sentía listo si le faltaba aprender. Kim le refirió los problemas con su padre. Ninguno de los dos estaba en condiciones de aconsejar al otro. Uno de los copropietarios abría la puerta justo en el que Omi y su séquito se precipitaban en el interior.

-¡¿Pero qué cosa...?! ¡NIÑOS!

-¡Muchas gracias señor!

-¡Perdone las molestias!

Se sentó en el brazo del sofá, se armó de valor antes de atreverse a preguntarle a su invitado desde hace cuánto y cómo fue que conoció a Raimundo. Éste podría también preguntar cuál es su interés. Se inventaría una excusa o si no debería ser honesta. Alguien molió a golpes la puerta. Escuchan unos gritos. La chica se alarmó y dejó su té en la mesilla mientras Clay iba a su lado.

-¡Ya oí! ¡ya oí! ¡No estoy sorda! –Kim abrió. Eran Omi y otros niños- ¡¿Omi?! ¡¿qué haces aquí?! Si no vendrías hasta media hora –los niños gritaron al mismo tiempo. No entendía ni jota lo que querían decir- ¡alto, alto! Así no nos comprendemos, que hable uno solo.

-¡Kim, por favor, ven! ¡te necesito! ¡Ayúdame! ¡Mi madrastra echó a Dojo a la calle, tienes que ayudarme a encontrarlo! ¡te lo suplico!

-¡¿Qué?! ¡¿por qué haría algo tan atroz?! Esa acusación es muy seria.

-¡Larga historia! ¡te explicaré en el camino, pero ahora busquemos a Dojo! Debe estar solo y perdido. ¡En una ciudad tan grande, un conductor no pudo haberlo visto y...! –Omi tragó duro, era incapaz de continuar la frase. Su rostro se puso muy pálido.

-¿Qué ocurre chicos? ¿por qué el comité de bienvenida? ¿de quién es el cumpleaños?

-¡Pedrosa ESFÚMATE! A y B no es igual a C, ¡esto no te importa! Puedes seguir haciendo lo que hacías –Raimundo enarcó una ceja ofuscado y recién enterado. Él acaba de subir en ascensor y se dirigía a su apartamento, cuando vio esta recepción en la puerta de Kim. Clay llevó un dedo a su barbilla.

-¡Kim aguarda! Al parecer la madrastra de Omi echó su mascota a la calle o eso capté. Me parece que seremos más rápidos si vamos en coche, podemos hacer un sondeo completo de la ciudad. Lejos no puede estar.

-Es una magnífica idea –secundó Raimundo- podemos ir en dos grupos, tú puedes tomar el este y yo iré por el oeste. Kim, irás en el mío –ni siquiera había movido los labios cuando él la designó automáticamente en su equipo. ¡Esto es tiranía!

-¡Yo voy con ustedes! –se apuntó Omi.

-¡Esperen! Clay no sabe cómo es la mascota de Omi así que yo debo ir con él.

-¡Pero yo sí sé cómo es! –intervino Megan. Niña mocosa e insolente, ¿tenías que hablar?

-Eso lo soluciona. ¡Vamos! Ustedes dos –exclamó Raimundo.

Kim aceptó ir en contra de su voluntad en el asiento copiloto, junto a Raimundo, porque se trataba de Omi. Un asunto de vida o muerte. En este instante debía pensar con la cabeza fría y tolerar los inconvenientes pasados. No era justo, pero había personas que valían la pena. El pequeño se montó atrás. Megan, Boris y Clay fueron en la camioneta de éste. Si alguien encontraba a Dojo, se comunicarían por sus celulares. Ese fue el acuerdo. Apostaba que no lo hacía por interés si no para incomodarla. No contestó a sus llamadas ni se las devolvió y en lugar de leer el último mensaje que le envió, lo borró de su bandeja, enojada, la noche en que cenó con Jack. Omi no perdía de vista el objetivo y en serio su mente no se apartaba de ubicar a Dojo, pero tampoco podía permitir dejarlos a solas.

Kim cruzó los brazos. ¿Por qué estaba obligada a venir con él? ¿Por qué muestra ese rostro tan amable cuando se trata de Omi? Si no lo conociera diría que está preocupado. Arrugó el entrecejo. Raimundo habló irrumpiendo el silencio, les ordenó mirar por los lados. Cubriría el frente. Si lo veían, que hicieran una señal. Dentro de quince minutos no hubo progreso. Un gato callejero columpiándose entre los tejados y una rata roer las bolsas de basura. Pero ningún rastro de Dojo. Omi empezaba a impacientarse. Kim intentó calmarlo y levantarle el ánimo a través de mensajes positivos. Raimundo llamó a Clay, tampoco lo encontraron. Era momento de cambiar la estrategia. Clay seguiría buscando. Raimundo no estaba de humor para tirar la toalla tan de pronto, se volvió hacia Omi y le preguntó la dirección de su casa. Omi dudó en que eso iba ayudar, no obstante, en vista de que no había pensado en una idea mejor, se la dio. Sin problemas, Raimundo supo a dónde ir y consiguió llegar rápido. El trío deambuló un rato en el barrio. Dojo no apareció.

Ni Kim ni Raimundo vinieron antes a casa del niño. Y como punto de partida entablaron su búsqueda desde ahí. Pudieron comprobar con sus propios ojos las condiciones en las que el chico vivía. Raimundo se lo imaginaba, eso que acabó de ver llenaba sus expectativas. Kim estaba al corriente por lo que pudo decirle el abuelo de Omi. Ella no pudo evitar acordarse de las palabras de Raimundo en el supermercado. Se compadeció. No porque no gozaba de los privilegios que normalmente tenían los chicos a su edad. Ni tampoco porque era pobre. Su padre trabajaba concienzudamente, no debía avergonzarse de ser lo que es. Si no que en su hogar no convivían en armonía y el cariño se quedó flotando en el limbo.

-¡Esto es una búsqueda sinsentido! Si aún hubiera estado aquí, mis vecinos me advertirían, en el barrio lo conocen todos. A esta hora, Dojo habría ido muy lejos.

-Omi, cálmate. Seguiremos buscando –alentó Kim, volviéndose- todavía nos queda mucho por mirar. Si Clay ni nosotros hemos visto señales, llamaremos a la policía o colgaremos un anuncio en extraviados. Ya aparecerá –tocó su rodilla.

-Tienes razón, Omi. ¿Dónde está tu escuela?

-¡¿Y para qué quieres saber eso?! –gruñó azorada Kim. Raimundo no se inmutó y contestó.

-Se me ocurre una teoría –comentó conduciendo-. Si ella echó a Dojo a la calle, es probable que no haya ido a su casa porque sabe que estará allí para volverlo a echar. Él podría haber ido en busca de Omi, siguiendo su olor o algo así.

-¡Dojo no es un perro! –se quejó Kim. Raimundo frenó el vehículo inesperadamente.

-¿Qué pasa? ¡¿por qué nos detenemos?! –graznó Omi.

-No perdemos nada con intentarlo. Desde que este viaje inició te comportas hostil conmigo por un argumento de la que estoy exento, no es que proponga que este es el mejor instante para conversar, en serio traté explicarme, pero no me has permitido. Al menos finge algo de cortesía.

-¡¿Y qué tienes que explicarme?! ¿qué estás usando a Omi como pretexto para llegar a mí? Eres increíble y un esfuerzo muy patético, ¿o sea, no te parece que yo he tenido suficiente? Me acusas de ser hostil, ¿pero qué me puedes decir de ti? Tú tampoco has hecho las cosas bien, como deberían ser, así es como me siento todo el tiempo. Quizá está en lo cierto, creo que lo mejor sería que nos apartemos, ¿no era eso lo que querías...? –Raimundo se inclinó, la agarró de la barbilla por sorpresa y besó la punta de su nariz. Antes de que ustedes griten, el ósculo no duró ni cinco segundos porque la muchacha se separó acto seguido. Omi aflojó su mandíbula, ¿era necesario presenciar esto? Kim se echó hacia atrás. El hombre puso las manos en el volante otra vez.

-¡¿P-po-p-por q-qué h-hi-hiciste eso?! –tartamudeó, sobando su nariz- ¡PERVERTIDO!

-Pensé que si lo hacía te callarías la boca. Lo creas o no, esto me importa tanto como a ti.

-Disculpen, no me gustaría interrumpir su simpática conversación y odio recordarles que yo estoy allá atrás de ustedes y según sé todavía respiro, a menos que encontremos a Dojo ¿los dos serían tan amables de dejar su asunto pendiente para más tarde? Si no me respetan a mí, mínimo respeten a Dojo –masculló Omi, el niño se encaramó hacia adelante. Intentó subir a los asientos del frente, pero sólo llegó a medio camino.

Raimundo accedió. Esta conversación no quedaría así, la retomarían después. Dio la vuelta y marcó la trayectoria hacia la escuela del niño. Omi retornó a ocupar su puesto y cruzó los brazos. Esta situación se está saliendo de rumbo, debía actuar cuanto antes. Kim no cruzó ni una palabra más con Raimundo. Aún estaba hundida en el estupor y la conmoción del beso. No veía cuál era la sorpresa, ¿o no fue él quien lamió su rostro luego de un salpicón de vino en su mejilla? Su rostro estaba encendido. Clay no ha llamado, eso quiere decir que no han encontrado a la mascota. Omi apoyó la cabeza en la ventana con el corazón en la garganta. Kim sugirió continuar la búsqueda a pie cuando llegaron, la escuela debe estar cerrada y él no podría entrar. Del mismo modo debían revisar los callejones. Raimundo le instó al niño que lo llamara. Silbó un par de veces. El animal no vino.

-Quizá deberíamos marcharnos, ¿en qué otro sitio podría estar?

-¡No! ¡Él está aquí, lo presiento! –gimió Omi- ¡Dojo! ¡amigo, ¿dónde estás?! ¡Dojo! ¡Dojo, por favor, vuelve conmigo! ¡te necesito, Dojo! ¿qué sería de mí sin ti? No eres una mascota solamente o un amigo cualquiera, tú eres mi hogar. Cuando estoy contigo nada me importa. ¡Nada! En absoluto. Yo me sentía solo hasta que apareciste. ¡Por favor aparece! –sollozó.

-¡Omi mira! –exclamó Kim.

El susodicho sí había escuchado el primer llamado de su amo lo que ocurre es que no podía moverse en dos zancadas, como quisiera, a causa de una patita lastimada. Por no decir que un auto lo arrolló a modo que aludió la infame la cuervo (quien honra su nombre), tuvo que atorar su pata en algo y en el proceso de liberarse, sufrió el daño. El animal estaba sucio y las orejitas gachas, rastreó el olor del chico hasta allá y como no lo halló, en vista de que no tenía otro hogar y estaba lesionado, decidió esperarlo escondido detrás de un bote de basura en un callejón. Su amo había venido por él, le bastó para revelarse. Omi estaba demasiado consternado para echarse a llorar. Sentimientos encontrados. Le costó retomar el control de las piernas y moverlas, corrió. Llegó a su lado primero. Lo elevó en sus brazos y lo abrazó. Raimundo sonrió, este paisaje le complace. Kim sentía las lágrimas acumularse en sus ojos, las restregó y una sonrisa iluminó su rostro. Su corazón se estremeció y no era ella quien ha vivido estos amargos momentos para transformarse en cálidos recuerdos. Pero, ¿qué pasaría ahora cuando Omi retornara a casa?

-¡Esa mujer va a tener que escucharme! –roznó Kim.

-¿Qué planeas hacer? –inquirió Raimundo de reojo.

-¡Wuya, la madrastra de Omi! Desconsideradamente botó a patadas a Dojo, ¡esto no se hace a ningún ser humano! El desprecio es la cosa más atroz que una persona puede sentir. En un principio imaginé que Omi exageraba y ahora que me acuerdo me advirtió que iba suceder. Yo no le creí. El Sr. Fung no está y su padre tampoco, debo interceder por Omi.

-Estás jugando con fuego, princesa. Mira que ayudar a rescatar a un pobre animalito es una cosa, pero de ahí a inmiscuirse en un tema tan delicado... tú podrías salir con las tablas en la cabeza, sé prudente –agarró el cuello de la chaqueta de Raimundo y lo jaló hacia ella.

-¡Escúchame bien, mientras esté a mi alcance ayudaré a las personas que me necesiten! Me disgusta mucho ver que mujeres y niños padezcan el maltrato de otras personas, admito que estoy metiéndome por un hueco difícil, pero no me pidas que cruce los brazos y me quede viendo porque no lo haré. ¡Voy actuar! Ese niño ya esperó bastante y pienso que es tarea de nosotros velar por los derechos de todos y denunciar cuando se nos violen, en especial los niños –había una mezcla de rabia y determinación en las maneras de Kim que era imposible continuar hablando después de aquello y por otra parte, Raimundo estaba embobado al oír decir eso. Sus ojos abiertos como platos decían más que mil palabras. Cambió su expresión por una sonrisa y la abrazó. Ahora la embobada era Kim.

-¡Oye!, cada vez me sorprendes –Kim se esforzó por ignorar el cálido aliento en el oído que le hacía cosquillas. Raimundo agregó susurrando- estoy pensando que en un futuro próximo te convertirás en una maravillosa mujer.

-¡¿Pero qué dices?! ¡Yo ya soy una maravillosa mujer! –exclamó nerviosa, retorciéndose en sus brazos. Se puso sonrosada, se escudó con una mano para que no la viera.

-Lo que tú digas –Raimundo la soltó, todavía no había borrado esa sonrisa hechizante- ¿nos vamos? –inquirió para todos.

-¡Sí! –dijeron al mismo tiempo Kim y Omi.

En el viaje de vuelta, Kim se sentó a acompañar Omi y Dojo en los asientos de atrás. Dojo dormía en el regazo de su amo. Kim acariciaba su cabecita. Tomaba turnos con Omi. Ella le dijo que hablaría con su madrastra. No especificó pese de que le exhortó. Dijo que él no iba a preocuparse, si necesitaba de algo podía pedírselo. Raimundo contactó a Clay y cuadraron verse en casa de Omi. Poco después de colgar la llamada, echó un vistazo al retrovisor. El espejo le devolvió una imagen de Kim estrechando los hombros de él. Casi se reagruparon simultáneamente. Clay, Megan y Boris bajaron de un salto. Kim no se detuvo a saludarlos y pasó directo a la sala. Los niños fueron con Omi quien sostenía en brazos a la criatura.

-¿Qué le pasó a Kim? ¿a dónde va? –inquirió extrañado Clay.

-A fumar la pipa de la paz con el diablo –Clay quedó más destartalado que antes. Raimundo soltó una risita. Se aclaró la garganta cuando Omi se sumó al dúo.

-Clay, en serio, ¿tú crees que Kim logrará su cometido? Sabes bien que es una compradora convulsiva innata y anda mendigando dinero. Sus torpezas le cobran sus duros esfuerzos.

-Para ser honestos, a veces tengo mis dudas.

-No lo creo –musitó Omi.

-Hagamos una sencilla apuesta, caballeros –dijo divertido- démosle un plazo de seis meses en observación, a partir de este mismo. Si continúa viviendo en su apartamento y consigue su estabilidad económica sin sufrir una sola recaída, yo gano y ustedes me deben pagar cien dólares. Si ella fracasa y va de nuevo con su papi, me cobrarán esos cien. ¿Trato hecho?

-¡Aceptamos! –asintieron, sellaron el pacto con un apretón de manos a cada uno. Hasta ayer no habría estadotan seguro de apostar dinero de su bolsillo. Pero después de hoy Raimundo apostaría su apartamento. Y bueno, es una forma factible de incrementar las ganancias ¿no?


A/N: Llegamos al fin de este capítulo, señores. Estuve un poco retrasada con este pues que andaba distraída con mi juego favorito: Los Sims pero pude terminar. El título de hoy hace alusión a los actos de caridad de Raimundo por ayudar a Omi a encontrar a Dojo, que son puestos a prueba por Kim y ustedes: ¿Lo hizo por coquetear o de veras su intención era ayudar a Omi? Verán que... no necesito que Wuya golpee ni insulte al pequeño Guerrero Shaolin para convertir a un personaje objeto de sus odios. ¿Quién es el personaje más detestable aquí? ¿Hannibal? ¿Raimundo? ¿Jack? ¿Omi? ¿Wuya? El nombre de Wuya significa Cuervo en chino, por eso la referencia. El desprecio por sí sólo dice más que suficiente. Un humano despreciado por su prójimo es horrible, se los digo yo. Dojo tal vez debería ser echado a la calle más seguido porque no olviden a raíz de esto surgió la intensa discusión entre Raimundo y Kim, ¡ese beso en la nariz fue tan mono! ¿Ustedes creen que Kim hace bien apartar a Raimundo o exagera? Yo sé que se estarán pregunta: ¿Y para cuando el beso? Si hasta ahora por estos capítulos es que por ahí viene. Pues, acontece que planeo hacer este fic con un margen superior a treinta capítulos así que todavía es muy pronto y no puedo obligar a Raimundo ni a Kim hacer algo que no quieren. Hay que darle tiempo a los tórtolos de enamorarse, no puede haber beso si no sienten amor por el otro. Toman eso en cuenta, es importante.

Me van a perdonar la comparación, pero Omi y Jack se asemejaron a Tom y Jerry. Sí, te estrecho la mano y atrás tengo la sartén cuando te voltees. Los dos son amienemigos y pretenden traicionarse. ¿Quién perpetrará el primer golpe? Yo lo que quería era un enemigo del mismo tamaño que Raimundo para rivalizar más con él. Me hizo gracia el hecho de que Omi se trasnochó viendo películas para ser más romántico. ¿Adivinan cuál es la primera peli? La que dejé un poco del guión. Yo pienso que es muy obvio. Y esa promesa. Bueno, en Xiaolin Chronicles Tiny estaba muy enamorado de Kim, Tiny es un niño tanto aquí como allá, ¿no hacen memoria? Me reí cuando vi el capítulo, usé sus palabras al hablar de Kim. Faltaba que los corazones saltaran de sus ojos. Para hacerlo diferente, Megan y Ping Pong acompañando a Omi.

Para ser sincera, estos días me ha faltado la inspiración. Desde el martes pasado hasta el sábado pasado estuve en cama con un dolor de garganta arrechísimo, la temperatura alta, la cabeza hirviendo y una tos seca de mil diablos que no permitía comer, dormir, reír, hablar o respirar. El domingo fue mi cumpleaños. Y afortunadamente ya estoy bastante mejor. Por favor, señores, envíanme sus fuerzas positivas para que pueda escribir bien el capítulo veinte. No pude actualizar ayer porque la página no quiso abrirme, hoy sí, pido disculpas por eso... tal vez debí actualizar el día de mi cumpleaños. Tenía una excusa perfecta para eso.

Sin querer extenderme más me marcho. Feliz semana. ¡Cuídense, Latinoamérica! ¡nos vemos en el próximo capítulo de Quiero ser escritora!


Mensaje para N. Z. A: Hola otra vez, pensé que te habían aducido los extraterrestres o algo por el estilo, pero me alegro que estás bien. Por un momento pensé que habías abandonado la historia. Bueno, ya que estoy en vacaciones la idea es aprovechar al máximo escribir lo que se pueda. Eso es todo, feliz miércoles. ¡Hasta entonces!