Quiero ser escritora

17º

Nadie es perfecto

El interior de la casa de Omi no era menos peor que el exterior. Conté dos goteras y habían puesto un cubo debajo de cada una para recoger el agua, retazos mal cosidos en la cortina y en el sofá, encima de la mesera un televisor del que no he visto salir más desde el año 2006, el techo necesitaba igualmente unas reparaciones y la alacena de la cocina faltaban muchos alimentos. Todo estaba inexorablemente ordenado y más limpio que mi apartamento. Añadí una nueva nota mental: Nunca volveré a reprochar lo que tengo. Wuya sacudía el polvo (no sé dónde podría más), desconectada de su entorno y desentendida de lo que le está pasando a Omi. Parece que no ha percibido de mi presencia. Está muy afanada barriendo. Me aclaré la garganta. Ella siguió trabajando.

—Ya sé qué está ahí... –gruñó déspota- ¿con el permiso de quién usted entró a mí casa? Aquí no son bien recibidos los entrometidos.

—Omi me dejó pasar. Necesitaba hablar con usted de mujer a mujer y quiero que me preste la atención correspondida –los asiáticos podemos mudar de hogar tantas veces queramos de oriente a occidente, pero jamás olvidamos nuestras raíces. Nunca nos tuteamos sin tener un nexo con la persona. Se presume que es cortesía. Si eres japonés a no ser que seas la pareja, algún pariente o alguien muy íntimo, sólo puedes nombrarlo por su apellido-, por favor, ya tendrá tiempo después para hacer eso. Esto es acerca de su hijo...

— ¡¿Hijo?! No caigamos en la hipocresía, señorita Tohomiko, no tengo hijos –dejó la escoba y alzó su mirada- sólo a un marido, ¡uno bastante holgazán!

—De acuerdo, iré al grano. Tiene razón, seamos honestos, Sra. Young ¿esto le parece justo?... ¿malvivir cuatro tediosos años consumidos en la amargura, el rencor y la desdicha por qué no posee los lujos que le gustaría? Opino que eso es una cuestión al azar y, de paso, bendito sea aquel que los tenga, pero el dinero no puede comprar la felicidad. Véase en mis zapatos, hace dos meses vivía con mi padre en una mansión elegante, chasqueaba los dedos y lo que yo deseaba lo obtenía, no obstante, no era feliz. No desprecié lo que tuve, aún así me sentía inútil. Preferí una vida sencilla y en donde pudiera sentirme a gusto. Usted tiene múltiples razones para sonreír: Está casada con un hombre honrado y trabajador y su hijo es un niño maravilloso, salvo incomprendido. Tanto él como usted han sufrido mucho, no se torturen los dos todavía más, en lugar de pelear, compartan juntos. Su madre murió, él siente su falta y quizá tiene miedo de aceptar a una nueva mujer porque la podría perder otra vez, ninguno podrá convivir en armonía si uno no da el primer paso. Usted tiene mayor experiencia y es más racional, podría intentar persuadir a Omi, estoy segura que entre las dos remediaríamos esto más rápido. ¿O es que yo estoy equivocada y es mejor vivir en un ambiente en el cual la hostilidad es común respirarse por aquí?

—Comprender –Wuya rió sin alegría- yo lo comprendo a él, ¡¿y quién me comprende a mí?! ¿le interesaría saber cuál es mi rutina? Yo lavo y plancho su ropa, cocino sus tres comidas diarias, limpio su cuarto y me hago cargo de la mascota cuando él no está, ¿algún gracias o una retribución especial por mantenerlo a él o a su padre holgazán o la casa donde vive? Yo le contestaré: No. Él no aprecia mi trabajo, no considera lo que hago ni me respeta un poco. ¡¿Qué demonios le enseñaron a este crío?! En mis tiempos eso merecía unos buenos azotes.

—Sra. Young, no le pido que sea su madre. Admito que es difícil al principio, me quemé las pestañas y fue rudo adaptarme, pero lo logré. Él me respeta, necesita comprensión y cariño.

— ¿Comprensión y cariño? Eso es débil y patético hasta para ti –suspiré profundamente.

—Por favor, entienda, usted sabía que su esposo tenía un hijo y lo aceptó tal cual. Esfuércese por llevarse bien con el hijo de su esposo, usted es la única figura materna que tiene. No lo colme a besos ni tampoco lo maltrate, una sonrisa y un gentil saludo marcan la diferencia.

—No soy su madre –rumió con voz ácida-. Ese "bastardo" es un mocoso malcriado insolente y no es difícil tratar con él, es IMPOSIBLE tratar con él.

— ¿Qué ganará amargándose y criticándolo? Nada bueno en absoluto, no conseguirá limar las asperezas. Es muy triste, ¿no cree? A final de cuentas, sólo se está envenenando a sí misma. Por favor, no más odio –imploré ahogándome en un suspiro. Desvió la mirada bruscamente, cuando escuchó una algarabía en el jardín. ¡Oh no! Son los demás. Wuya peló los ojos. Me rasqué detrás de la oreja.

— ¡¿Qué es eso?! –respiró entrecortadamente. No me dio tiempo de responder a su pregunta, salió zarandeando la escoba y cuando los vio, los apartó a escobazos- ¡¿con qué derecho se atreven a perturbar la estabilidad de este hogar?! ¡Omi, sin animales vas a entrar! ¡escuchen todos: aléjense de mi casa, tienen menos de cinco segundos para hacerlo o si no yo lo haré! Y eso también va para ti –me señaló- nuestra conversación ha terminado.

De nada valió mi esfuerzo por hacerla entrar razón, al parecer mis palabras entraron por una oreja y salieron por la otra. Fui a gastar saliva. Imaginé que esto ocurriría, Wuya no tenía ni la menor disposición por un cambio y mi optimismo no quería echarme perder la fiesta. La mujer barrió nuestros pies bruscamente, llevándolos fuera de la acera.

— ¡No voy abandonar a Dojo y ahora menos porque tú lo pides! ¡a él yo sí le importo, bruja!

— ¡Muchacho grosero...! –la intercepté, poniéndome en el medio de ella y Omi. No me hacía gracia que se acercara cargando esa escoba. No me consta que Omi sufriera maltrato físico, jamás vino a casa con cardenales salvo que antes no había un tumulto frente a su casa y ella no estaba tan furiosa ni armada.

—Por favor Sra. Young tranquilícese un momento, piense antes de actuar, ellos ya se van. Yo me quedaré con Omi mientras tarda en llegar el Sr. Fung, voy a llamarle para decirle lo que pasó y que todo estará bien.

—Haga lo que guste, es lo que ha venido haciendo –bramó a quemarropa, se metió dentro de la casa gruñendo y quejándose.

Respiró aliviado. Me volví al resto, les agradecí por prestar su colaboración y puede decirse que los "despaché". Megan y el otro niño fueron los primeros en despedirse y se pusieron a la orden. Sé quién es Megan, ¿no fui novia de su primo? Claro, cuando nos conocimos tenía siete u ocho años. Aún se acordaba de mí, en el transcurso que llevamos compartíamos una buena relación. A veces charlábamos y yo me ponía a jugar en su casa de muñecas. Estaba más alta, de cara no cambió mucho. Había que mirar eso más adelante. Clay me lo preguntó dos veces si estaba segura de mi decisión. Me dijo que no dudara llamar si necesitaba algo. El idiota no movió ni un músculo, la última persona con quien quería estar dijo que me iba a esperar. No se marcharía hasta terminar nuestra conversación. Qué incómodo. Omi estaba agradecido por mi solidaridad. Me comuniqué con su abuelo, ahora debe estar en camino.

—No tienes por qué quedarte conmigo –dijo Omi- yo puedo responder por mí mismo, ya no soy un niño. ¡Acuérdate! –apuntó su dedo a la banda en su cabeza- soy un Monje Guerrero de Shaolin y honrando mi designio, un auténtico guerrero enfrentaría a su propia madrastra sin ayuda de nadie, con la frente en alto, inflando el pecho y una mano atada a la espalda. Y que me esconda tras de las faldas de una mujer, aún si es mi niñera, es cobarde y me apena. No Kim, has hecho demasiado por nosotros –miró a Dojo, lo sostenía entre sus brazos aún-. Vete a tu casa, debes estar muy cargada.

—Es cansada –me reí. Tomé su carita en mis manos- si estás seguro que no me necesitas, me iré entonces. Prométeme que vas a estar bien y escucharás lo que tenga que decir Wuya, no le levantes la voz ¿cuento contigo?

—Sí, yo lo... ¡te lo prometo! –murmuró arrastrando las palabras, esbozó una pequeña sonrisa. Besé su frente. El niño se ruborizó, masajeó las mejillas donde habían estado mis manos. Él parecía muy sorprendido. Esbozó una sonrisita nerviosa.

—Tú me... ¡tú me besaste! –dijo con una vocecita.

—¡Adiós campeón! –se despidió el idiota, sacudiendo su cabello. Omi se peinó por donde él pasó su mano. Raimundo me susurró que me aguardaría en su auto. Se subió primero.

—¡Kim! A problemas tener vuelves si, llámame y vendré tú... –cortó el hilo de su voz. Cayó en cuenta que estaba diciendo puras incoherencias, se aclaró la garganta, retomó- si vuelves a tener problema, tú llámame y vendré a apoyarte; incluso sin que yo tuviese nada que ver. ¡Para esos estamos los hermanos, ¿no?!

—Por supuesto.

Él a veces podía ser tan adorable, ¿no lo creen? Ojalá todo salga bien. Mientras tanto, tengo un compromiso en cierne. El idiota parecía satisfecho cuando entré a su coche por segunda vez. No hizo comentarios satíricos ni planteó preguntas capciosas ni me echó en cara acerca de que tenía razón con su acostumbrada prepotencia. No saqué algún tema de conversación. Me esmeré en mantener ocupada mi mente a fondo echándole un ojo a la distinguida urbe a través de la ventanilla. Desviaba la mirada al tablero y en ocasiones, miraba a mi conductor a hurtadillas. La expresión de él era inescrutable. Su atención estaba fija en la carretera.

—Hablé con Ashley, luego de que te fuiste, necesitaba aclarar –entreabrió los labios- ella no me negó que te conocía y oí su versión de lo que ocurrió en el centro comercial, no estuve presente así que no puedo asegurar de lo que me haya dicho sea veraz. Entonces le pregunté quien había tocado la puerta, me había parecido oír el timbre, según Ashley no era nadie en especial. Un anuncio de la conserjería... –hizo una corta pausa-, no sé qué te habrá dicho, pero Ashley es sólo una compañera de mi trabajo. Empezó trabajar hace unas semanas, la recomendaron desde Cambridge. Se especializa en tópicos políticos, de hecho ella tiene una columna en nuestra sección de opiniones y está teniendo éxito recientemente, la conocen en el trabajo como una chica fresca y ocurrente. No conoce a nadie en la ciudad y soy su único amigo. No somos novios, Ash... bueno, hasta donde sé, estaba en una relación, el día antes de que ustedes se encontraran en mi apartamento llamó a mi celular llorando para decirme que su novio terminó con ella y que necesitaba un amigo en estos momentos, me dio la dirección en un bar y fui hacia allá. Ashley estaba borracha y muy mal, sentí compasión y la llevé a mi apartamento, no podía dejar que se fuera a su casa en ese estado. Fue como un dejá vù, sucedió algo parecido entre nosotros la noche en esa discoteca, ¿te acuerdas Kim?

En definitiva, si hay algo que no me gusta es quedar en segundo lugar y todavía menos que me comparen. El idiota no parecía indignado por la actitud de Ashley, no la defendió, pero del modo en que se expresaba... su voz era suave, a él le gusta la gatita. En esta batalla, voy a salir perdiendo si no cambio mi tono. Decidí que era mejor bajar la guardia.

—Ya basta, no debes explicarme nada –no era una protesta, que conste, hay que mantener las apariencias.

—Sí tengo qué hacerlo, si eso pone en riesgo nuestra amistad.

— ¿Nuestra amistad? ¿desde cuándo somos amigos? – ¡hablo en serio! No estaba enterada. Al verlo por un instante, se me cortó la respiración. Me dirigió una sonrisa melancólica, era tan hermosa que dolía. Estaba impresionada, nunca imaginé que me tomara como su amiga. No he olvidado sus crueles palabras en aquella noche en la discoteca; no estoy loca, él dijo que soy superficial y una presa fácil. Claro, él no tiene idea de que lo sé.

—A mí me pareció que lo fuera, después de aquel día en mi apartamento cuando despertaste con resaca. Ahora descubro que el sentimiento no era recíproco. Kim, por más que quiero, yo no puedo hablar en nombre de Ashley, no obstante, puedo hablar por mí y sé que te debo una disculpa... – ¡vaya! ¡Esto hay que celebrarlo, por fin el idiota ha visto la luz y ha dicho algo inteligente! Alabaría al hombre si tal vez mi orgullo no hubiese salido herido, aguardé. Él no dijo nada, ¿a qué espera?, iba a intervenir cuando me interrumpió-: es sólo que hay un problema. No sé cómo hacerlo, no es una palabra que suelo decir.

—¡¿No sabes cómo pedir disculpas?! –jadeé. Esto debe ser una broma pesada- todo el mundo sabe pedir disculpas; es absurdo pensar que exista una persona que ni siquiera puede fingir que lo siente. Por atroz que parezca, concurre gente de ese tipo. Con seguridad, mi posición económica te habrá dado la sensación de que alguien como yo no sepa ofrecer sus excusas, pues no es cierto, me disculpo muy de vez en cuando. Siempre opiné que eras prepotente y ególatra, y hoy rebasaste tus escrúpulos. Me sorprende cómo te importa más tu orgullo que nada. Tal vez lo que voy a decir sea tarde: Deberías practicar. Me quiero bajar de aquí y si no haces caso, te prometo gritar tan fuerte que estarás sordo por un mes.

Raimundo no daba crédito a sus oídos, me contempló absorto. Una mezcla de rechazo y de desconcierto. Sus ojos eran feroces y apretaba la mandíbula. Yo estaba aturdida y mis oídos zumbaban. Me gustaría saber que mis palabras le han mortificado. Tendré que averiguarlo luego. Estacionó suavemente. Desabroché el cinturón de seguridad y me bajé del coche. Yo cerré la portezuela, me abracé a mí misma y comencé a caminar. Conozco el camino hasta mi casa perfectamente, me dejó en Spellbound. Puedo moverme sola, gracias. Oh-mi-Dios, ¿en serio fui quien dijo eso? ¿al idiota? ¿me le enfrenté? Un escalofrío subió por mi espina dorsal. Me estremecí al pensarlo. Grave fue mi error cuando creí que lo perdí de vista en el parque. Volví a cruzarme con él en el pasillo de nuestro piso.

— ¡Kim, detente! No he terminado de hablar... –gritó a lo lejos ascendiendo por las escaleras. El ascensor estaba fuera de servicio hoy.

— ¡Pero yo sí!

¿Nunca se cansa de molestar? Bien, no quería llegar tan lejos, empero él me está forzando a hacerlo. Liberé un bufido, pasé el dorso de la mano por mi frente. Ustedes son mis testigos, le dije que no me siguiera o se arrepentiría. Esta es la parte en que deseo que mis clases de kickboxing hayan sido fructíferas. No aguardé a que el idiota viniera hasta a mí. Reculé un paso hacia atrás, ceñí mis brazos alrededor de su cabeza, lo hice girar y lo arrojé al piso con todas mis fuerzas. Raimundo yacía bocarriba, me miraba con los ojos fuera de la cuenca de sus órbitas como si esta era la primera vez que veía a una chica. Desde ese ángulo, no es tan intimidante. Me hinqué en una rodilla.

—No tienes ningún derecho a añadir algo, te advertí que si seguías fastidiándome te iba a dar tu merecido.

— ¿Cómo fue que...? ¡¿Ahora sabes karate?! –gimió acongojado.

—No, es kickboxing. Un arte marcial de origen japonés, un regalo de mi guardaespaldas, me enseñó a defenderme a escondidas de mi padre para evitar inconvenientes con los hombres y quizá las mujeres, al parecer las clases surtieron, mi cuerpo es un arma mortal y peligrosa. ¿Sorprendido?

—Si no me hubiera distraído un cuarto de segundo habría prevenido el ataque –él me sonrió pícaramente.

— ¡¿Ah sí?! ¿es que tú también sabes defensa personal? –gruñí.

¡DIABLOS! Raimundo me aprehendió, no vi cuando acercó su mano ¡sucedió en un abrir y cerrar de ojos! Me derribó de un jalón, ahora yo era quien estaba en el suelo. Y no fui capaz de liberarme porque se sentó a horcajadas encima de mí justo antes que pudiera responder. No pude evitarlo, él es más fuerte que yo. Mis pies no podían lastimarlo porque estaba muy lejos y mis manos no podían arañarle el rostro porque él me sujetó de las muñecas, apretaba mucho y me estaba doliendo, me obligó a ponerlas en contra del embaldosado. Me retorcí. He luchado en vano, mis intentos fracasaron.

—Sí, sé un poco. De no haberme interrumpido ni salido del auto, hubiera terminado lo que te tenía que decir y esta historia sería diferente. Pero respóndeme una cosa: ¿por qué huyes de mí antes de que yo acabe siempre? ¿No será que me tienes miedo? ¡no te dejaré ir si no me contestas! -¿es una orden, acaso? ¿me está ordenando?

— ¡¿Y por qué habría de tenerte miedo?! –me reí de la pregunta- ¡ay por favor, chico, no seas ridículo! Si te evito, por algo será y no tiene nada que ver con que te guardo pavor si no que no soporto tenerte ni un metro cerca de mí.

— ¿Ni tampoco cinco centímetros cerca? –volvió a preguntar. Los espacios que nos separan, los recortó aproximándose. Nunca había tenido tan contiguo su pelo castaño y enmarañado, sus fríos ojos verdes cual esmeralda y sus labios pastoreaban los míos. Su aliento cálido me hacía cosquillas. Tragué duro.

— ¿Entonces no tienes novia? –cambié de tema. Estaba contrarreloj, no pensé en algo mejor. Trataba de despistar su concentración y la mía.

—Soltero cien por ciento, ¿por qué? ¿te gustaría ser mi chica?

—Lo siento, no eres el próximo en mi lista.

—¿Así que tomas notas de todo ser vivo que se arrastre por la tierra? ¿Eh?

—¡Raimundo Pedrosa eso no tiene ninguna gracia! –fruncí el entrecejo.

—De acuerdo, lo admito, fue un chiste malo. No es la mejor forma de presentar mis excusas; recapitulando: No sé cómo disculparme, no es una palabra que suelo decir. Pero asimismo, te dije hace tiempo que para todo siempre existe una primera vez, quiero comenzar contigo. Me equivoqué, Kim, ¿podrás perdonarme?

Vacilé mi respuesta. Se supone que debo decir que sí, ¿no? Un hombre se aclaró la garganta detrás de nosotros. Miramos de refilón, es un vecino que vive en el quinto piso. Vestido con frac, gordo y calvo. En la posición en que nos sorprendió no parecía que charlábamos si no a punto de hacer otra cosa. Raimundo se quitó. Y yo me levanté. Mi ropa estaba desarreglé, no sé por qué intenté adecentarme.

— ¡Oigan! Al menos controlen sus arrebatos de pasión hasta encerrarse en sus apartamentos, pero nada de escenitas lujuriosas en el pasillo común. Respeten a esta comunidad. Aquí hay niños. Sr. Pedrosa, esa actitud es impropia, no esperaba algo así de usted. Y usted, señorita, acaba de llegar, comenzar metiéndose en líos no trae nada bueno. Con permiso, buenos días -¿buenos días? Será buenas noches. Esta búsqueda nos acaparó toda la tarde. Se coleó en el medio de nosotros y furioso subió los escalones. Me alegro que ese señor no se acordara de mi nombre.

— ¿Qué te parece? Creyó que íbamos a tener relaciones en el pasillo. Si tengo que escoger un lugar público preferiría en el auto, el ascensor o un vestidor. En el pasillo es tan... corriente. Sólo a un animal se le ocurriría semejante cosa.

— ¿Y qué podría pensar? Cualquiera malinterpretaría la situación a cómo estábamos. Bueno, no tendrá de qué preocuparse porque esta será la última vez que nos vio, ya se le pasará.

—No te creas, es el presidente de la junta de condominio y las noticias vuelan. Pronto se va a correr el rumor de que somos amantes y no habrá quién los pare –se apoyó de la pared- no me has contestado todavía, ¿estoy perdonado?

—Si es la única alternativa para que me dejes en paz, te perdono. Debo atender algunas cosas –comenté- espero no te molestes si te abandono.

—Vete hacer tus cosas, Kim, has alegrado el resto de mí día al saber que todo está bien entre nosotros. Sabes, no me gustaría que por una tontería pierda una de mis amistades. Entonces hasta luego.

Dejé que él primero se escabullera en su apartamento, para garantizar que no se quedaría en mi puerta pegado. Mi noche aconteció tranquila, preparé como cena espagueti a la boloñesa y me quedó riquísima, ¡para chuparse los dedos! Ninguna cena me resultó tan rica igual que esa. Desearía que me hubiera quedado para guardar en el refrigerador. Es posible que no se repita. Me puse a escuchar Secret de Heart y senté mi laptop entre mis piernas. Esto de ser niñera y cuidadora de perros me aparta de mi tiempo libre, llevo semanas sin navegar. Ya lo extrañaba. Probé con escribir: Tom Kenny escritor. Alrededor de un millardo de resultados me aparecieron, todos comentando las últimas noticias y el éxito en ventas de 49 semanas, desde Wikipedia y blogs de fans.

Creo que estoy subscrita en casi todas, es sorprendente la rapidez como mantienen activas las páginas estos fanáticos y lo que averiguan. El sitio web oficial del escritor cuenta con más de mil visitas de todas partes del mundo. Puedes traducir esta página al idioma que tú quieras. Al abrirlo un hermoso portal con una breve sinopsis del website. Comúnmente me paseo por las comunidades, allí los fans abren unas discusiones sobre cualquier tema. Solía ser una de las colaboradoras más destacadas y casi siempre iniciaba un tema, eso ya cambió cuando me mudé. Es curioso, el administrador de la página es él mismo. Rara vez contacta con sus fans dejando un mensaje en su muro sobre del próximo libro que está trabajando, a veces comenta que fue algún lugar a inspirarse, redacta un pensamiento o cita un proverbio o frase reconocida de otro autor, se dirige a su público para agradecerles su apoyo y cuando un fan le pregunta algo de su libro, él contesta, dentro de varios días, pero cuando él lo hace en dos segundos hay una docena de respuestas y en diez minutos, hay quinientos.

También le he escrito unas poquitas veces, diciéndole que admiro su trabajo y alentándole a seguir escribiendo. Escribiría más frecuente si mi comentario no se perdiera en un mar de ellos; en vista que no puede respondernos uno por uno, escribe un mensaje final de gratitud. Su avatar, al contrario de la mayoría, no es ninguna foto de él si no una imagen de un libro y un bolígrafo garabateando sola. En su perfil no hay ninguna descripción personal, sólo un cordial saludo. ¡Vaya! Publicó un nuevo mensaje hace dos días.

TKenny: #49semanas fue condecorado el ganador como LibroFavorito por elección del público en #PremiosJV2015. Muchas gracias de veras, estos libros seguirían en penumbra sin el apoyo y el cariño de ustedes. Me sobran las palabras para alcanzar a describir como me siento. Apenas feliz puede hacerlo. Déjenme decirles que me he puesto a trabajar en un nuevo proyecto y quiero que sepan que cada página está dedicada a todos y a cada uno de vosotros, siempre pensando en ustedes. Pronto se enterarán de los detalles. Por ahora, los dejo. Se les quiere y se les respeta. Feliz semana.

Abajo dos mil comentarios de fanáticas moqueando y suspirando. Decidí que me importaba una mierda ser una más del montón y añadí una nueva revisión.

TheGivenchyGirl: TKenny nosotros debemos agradecerte por compartirnos su talento y tomarse la molestia de responder, pocos tienen ese gesto. Como ese premio, estoy segura que vendrán muchísimos más y se incorporarán más lectores. Yo siempre me he declarado fiel admiradora de su trabajo, amo su imaginación, nunca me ha decepcionado. Usted me ha inspirado a encontrar mi vocación literaria, le estoy infinitamente agradecida. También le deseo una provechosa semana. Saludos.

Di al botón de enviar y listo. ¡Oh, la canción se terminó! Estiré el brazo y volví a repetirla. Recuerdo esos premios, estaban cinco nominados y uno podía votar cuantas veces quisiera, estuve tanto oprimiendo que mi dedo amaneció rojo e hinchado. No se burlen de mi nombre de usuario, la gente se pone el que más le gusta y yo no pensaba en otro. Fui a explorar las comunidades. Respondí a dos temas: ¿Cuál es tu personaje favorito de Kenny y por qué? y, ¿Qué harías si tuvieras delante de ti al genio de Kenny? La primera no pude decidirme, mi personaje favorito masculino es Ignacio Anderson (tan dulce, protector y determinado hacer lo impensado para salvar a la chica que ama) y mi personaje favorito femenino es Mirabella (pues encontró el valor que necesitaba dentro de ella para convertirse en una mujer segura de sí misma y luchadora, decidida a rescatar a su pueblo de la tiranía). Y si tuviera a Kenny delante de mí... gritaría, me calmaría, volvería a gritar y le pediría que me autografiara y se tomara una foto a mi lado y si no es un abuso, ¡que se tome un café conmigo! Luego revisé las notificaciones atrasadas en mis redes sociales. Bostecé de improviso y supe que quería irme a la cama. Apagué la laptop y las luces. Quité la canción. Me acurruqué en la cama, yo agarré a mi osita por el brazo.

¡Ay Moshi! Como desearía conocer en carne y hueso, antes de que me vaya al otro mundo, a mi Príncipe de Versalles... un hombre así lo valdría todo. La abracé y me eché a dormir.

¡Ah, fue una ducha refrescante! Me acabo de despertar y me metí a darme un baño. El agua estuvo caliente. Demoré dos horas, pero eso fue porque tarda sus minutos secarse el cabello húmedo con la secadora. Ni muerta puedo permitírmelo mojado. Me gustaría que antes de la llegada de Omi depilarme. La semana que viene comienzan las clases en la universidad y pienso estrenarme una encantadora minifalda rosa Betsey Johnson en eBay. No me gustaría que mis piernas tuviesen pinta de jungla. Es un atributo poco femenino y cero delicado. ¿Y quiénes dicen que las rubias son las que se divierten más? Créanme, eso es un viejo adagio irritante que simplemente no es cierto ¿o sea, y qué hay de las lindas japonesas o las demás chicas? Tenemos lo nuestro y el placer de consentirnos igualmente. ¿Qué comeré hoy? Tal vez cereales... no, eso comí ayer. ¿Tortillas? No, se me acabaron los ingredientes para hacer el relleno. ¡Ah ya sé, tengo la solución! ¡Tostadas! Hace tiempo que no he comido unas de esas. ¡Sí, perfecta solución!

— ¡Buenos días, Kim!

— ¡AHHHHHHHH! –grité brincando a otro lado. Omi me observaba desdeñoso, mascando una roja manzana.

— ¿Este... ya acabaste? –preguntó enarcando una ceja, dándole otra mordida.

— ¡Omi, ¿qué estás haciendo aquí?! ¿cómo entraste?

—En ese orden, bien: No tenía a dónde dormir y forcé la cerradura. ¿Quieres manzana?

— ¡¿Cómo que no tenías a dónde ir?! ¡¿acaso esa mujer te botó?! Iré hablar con ella.

— ¡Kim, detente! –se anunció Omi cuando iba a mi cuarto a vestirme para salir. ¡Qué fachas! Estoy en culote y una playera- Wuya ni mi padre saben que estoy aquí. Me fugué con Dojo.

— ¡¿Qué te fugaste, pero por qué...?! Omi no puedes escaparte de tu hogar sin decir nada, tus padres no debieron haber dormido pensando en donde te meterías.

— ¡¿Llamas a eso un hogar?! –espetó-. Ese lugar dejó de ser mi hogar en el tiempo en que mi madre murió... ¿cómo alguien puede nombrar eso hogar si no hay amor, respeto o armonía? No señor, nadie puede ni siquiera tú Kim. Wuya y papá se pelearon otra vez anoche por mí, mi papá amenazó con pedirle el divorcio si no se comportaba conmigo y ella habló de algún retraso o algo así entendí, no recuerdo cuáles fueron sus palabras exactas, ellos se gritaban y no acordaron nada. Me harté de vivir esto todos los días, Wuya no cambiará así le tengan que poner un cuchillo debajo de la garganta y mi padre no estará ahí para siempre, seguirá escuchando noticias sobre mí, pero no a mí. Si voy a estorbar entonces prefiero apartarme... ¿y sabes por qué? ¡Porque el mundo es una porquería! En donde nadie quiere a nadie, todos somos unos hipócritas y unos egoístas, estamos bastante ocupados para pensar en los demás –puse los ojos desorbitados, escuché atónita que un niño de su edad dijera esas palabras. No estoy de acuerdo con esa afirmación, la vida no es buena ni mala, pero prescindiré de ganar una discusión. Omi es muy sensible aunque no lo parezca. Hablaremos de este tema luego.

—¿No deberías estar en clases? ¡Omi, podrían expulsarte de la escuela si averiguan que te jubilaste!

—Como si eso me importara, me da lo mismo, nadie va a clases estando enfermo –puse una mueca- no me sentía con ánimos de ir. No es excusa, a mí me gusta ir a la escuela, allá hay montones de conejillos de india esperando ser embromados. Mira, no planeo incomodarte, me quedaré hasta que decida que voy hacer, o sea, a las cinco y treinta de la tarde me iré.

— ¡Omi, no estarás hablando en serio!

— ¿Y quién dice que tú eres la única que puedes independizarte?

— ¡Eso es diferente! Soy adulta, tú eres un niño, debes estar al lado de tu familia y estudiar.

— ¡Chisssss! Las limitaciones únicamente están aquí –apuntó su sien- en tu mente. Usaré tu baño, retomaremos esta conversación luego.

Omi encestó el corazón de la manzana en el cubo de basura, se sacudió las manitas y se fue. Lo seguí con la mirada hasta que desapareció en el pasillo. Dojo reposaba en el estante, me volteé a verlo y pareció encogerse de hombros, excusando la actitud de Omi. Creo que sigo dormida. Saltó a reunirse junto a su amo. Mi crema depilatoria tendrá que esperar hasta que resuelva este pequeño problema. Lo correcto sería descolgar el teléfono y marcar el número de la casa del abuelo de Omi, pero temo que si lo hago, me descubra y se ponga peor. ¡No! Antes debo convencerlo que huyendo no solucionará nada, desterrar esas ideas equivocadas acerca del mundo.

Entiendan que no puedo echarlo ni forzarlo, él se refugió aquí porque yo soy amiga y sería incapaz de traicionarlo. Más que buscar dónde dormir, quería que alguien lo comprenda. Si actúo en su contra, destruiré la confianza que me costó ganar en un mes y escapará. Uhm... una manzana no es suficiente, para un buen desayuno (la comida más importante del día) necesita algo que complementar. Creo que preparé dos tostadas. Las saqué del refrigerador y metí al horno. Cuando nos sentemos a comer, conversaré con él y le insinuaré que no está listo para vivir solo. Omi se está tardando mucho, ¿qué estará haciendo? ¿Bañándose? A los niños no les gusta eso. No vino si hasta después que había servido las tostadas en la mesa y ¿qué es eso que tiene? Omi estaba leyendo una de mis novelas románticas. Así que por eso se demoró; bien, siempre he dicho que los niños deben interesarse por la lectura ¿cuál es la que está leyendo? ¡Contrarreloj! ¡Demonios, no puede leer eso!... A comienzos de la novela hay una escena de sexo, ¡¿qué le voy a decir cuándo llegue allí?! Omi hará preguntas.

— ¡Oh, hiciste tostadas! ¡¿qué te parece Dojo?! –él saltó alegre, trató encaramarse a la mesa.

—No presento ningún inconveniente si desayunas conmigo ya que supuse que no has comido otra cosa que la manzana ¿o sí?

—No, tienes razón. No sé cocinar, eso es faena de mujeres –le di un zape en la cabeza- ¡¿oye, por qué hiciste eso?! –gimió Omi, acariciándose el chinchón. Me senté con él.

—Cocinar es faena de hombres y mujeres, ¿qué no sabes que los mejores chefs son hombres?

— ¡Pues claro! Nosotros somos superiores –odio la actitud de macho vernáculo de Omi, es el doble de pesada que su jactancia y su horrible sentido del humor. No sé por qué una mujer es calificada de feminista porque quiere defender sus derechos delante de los hombres; eso no está de moda en el siglo veintiuno, le metí un segundo zape en la cabeza- ¡bueno, bueno, ustedes también son buenas! Lo admití una vez ¡ya! –lástima que no grabé esa confesión, la hubiera utilizado para recordárselo y quitarle ese machismo, ¿de dónde lo habrá sacado? Su abuelo no es así-. Gracias Kim –dijo refiriéndose al plato.

Yo sonreí. Dejó el libro de la mesa en la página donde quedó, una mano movía las hojas y la otra llevaba la tostada a su boca. Nos serví un vaso de leche fresca a los dos.

—Omi, ¿qué te han dicho sobre agarrar cosas ajenas?

— ¿Qué? ¡¿esto?! La devolveré en cuanto termine. ¡¿Qué?! ¿no me crees? –Chilló- ¿acaso no notas los brillantes y honestos que son mis ojos? –este parecido con Raimundo me espanta. Por favor díganme que lo que dijo fue producto de mi provechosa imaginación de escritora. Dojo arañó la pata de la mesa, el chico partió la tostada con las manos y le tiró un trozo. El animal la atrapó con la boca. Omi aplaudió la acrobacia. De tal palo tal la astilla, de tal amo tal la mascota.

—Creí que habías sido tú quien dijo que estos romances eran cursis y tontos, para niñas.

—Lo mantengo, pero quiero averiguar por qué tanto te gusta. A ver si te entiendo un poquito.

—Omi, en la mesa nosotros comemos. Guarda ese libro –insistí cuando él cambió de página.

— ¿Por qué tan efusiva a que no lo lea? ¿te preocupa que lea esas escenas? No te mortifiques, mi hermano Raimundo me explicó todo lo que tenía que saber sobre relaciones y sé cómo vienen los bebés al mundo –hizo un ademán.

— ¡¿Tu hermano Raimundo?! ¡¿c-cuándo?! Si tú no lo ves si no estás conmigo.

—Bueno Kim, no te ofendas, pero voy a su casa de vez en cuando a comer galletas saladas. No te invito pues que sé que ustedes no se llevan bien. Ha estado explicándome estas cosas, en nuestra próxima charla prometió advertirme de las enfermedades venéreas. Si preguntas desde hace cuánto estoy viendo al hermano Raimundo a tus espaldas, aproximadamente hace dos semanas.

— ¿Y él te pidió que lo llamaras "hermano"?... –arrugué la frente- ¿galletas saladas?

—No, eso es cosa mía. Somos muy unidos luego de que nos llevó a Dojo y a mí en su coche, mi hermano dice que él es muy joven para que lo apode tío y por eso lo nombré "hermano". Sí, no son de chocolate, pero son iguales de buenas. Mi hermano dice que son baratas, tiene un método para ahorrar estricto y particular, tú sabes, ¿no te sientes celosa o sí? –sacudí la cabeza.

Al menos tengo un consuelo: mi Príncipe de Versalles no es muy descriptivo en las escenas íntimas, porque si hubiera agarrado 50 Sombras de Grey o Huracán estaría arruinado. Omi no soltó el libro, al terminar de comer fue a lavarse al baño y se sentó a hacerle cosquillas y mimos a Dojo. Lamentándose no haber traído su pelota favorita para jugar. Wuya no puede pedirle a Omi deshacerse de él; desde que Dojo forma parte de su familia, el niño está más tranquilo (no totalmente), empero digamos que del 100% inicial que ocupaba para planear sus travesuras, el 50% se lo presta a Dojo. En serio quiere y cuida a su mascota. Yo estaba mintiendo cuando dije que no sentía celos del idiota, ¡¿cómo lo hace?! Sin ningún esfuerzo, consigue hacerse amigo del niño terrible. Me senté al lado de Omi.

— ¿A dónde piensas mudarte?

—Uhm, no lo sé, tal vez me haga un lugarcito en la basura enseguida de ponerme de acuerdo con los vagabundos –puse mala cara. Omi se echó a reír- no hablaba en serio. Me quedaré en casa de un pariente que está muy lejos de aquí –el niño alargó la única vocal de "muy"- por eso me voy antes de la cinco y media porque se pondrá oscuro.

—Tal vez te parezca necia por insistir tanto, pero no te precipites. Estás por cerrar una de las etapas más hermosas: la niñez, ¿sabes por qué? Ya que es el tiempo donde más que nunca te prestan su atención tus seres queridos. Sé que esto te parece un tanto injusto. Pero míralo de esta manera; tu padre trabaja todo el día para ganar el dinero con que comprar la comida que llega a tu mesa, pagar las cuentas de la luz con que miras la televisión y el agua con el que te aseas, lo hace porque quiere lo mejor para ti y te ha demostrado lo mucho que te ama ¿no me dijiste que intercedió a tu favor delante de Wuya? A él se le complica estar contigo por esas razones, no quiere decir que no lo quiere, pero si algún día se sientan juntos podrán planificar una salida. Muchísimas veces, o siempre, el 60% problemas de los adultos suelen ser conflictos o trabas que se ponen ellos mismos. Wuya es una mujer difícil, ella dice esas cosas porque no te conoce, pero tú y yo sabemos que eso no es verdad... a pesar de todo, te sirve.

—De mala gana –Omi frunció los labios- sólo porque mi abuelo no le deja otra alternativa.

—Debes tenerle paciencia, una sonrisa y un gentil saludo marcan la diferencia. La vida tiene sus cosas feas y sus cosas bellas, de eso se trata: No es perfecta pero no tiene que serlo para disfrutar lo que nos da. Lloramos, sonreímos, sufrimos, amamos, luchamos. Sentimos eso y más para recordarnos que seguimos vivos. Tómame como ejemplo, cuando era pequeña yo perdí a mi madre, mi padre frecuentemente no podía acompañarme porque debía atender a su empresa (encabezaba los negocios y tenía que responder por todo); mi hermana mayor, mis amigos y mi guardaespaldas eran mi familia, nunca sentí que me faltara amor –pasé mi brazo por sus hombros, estrechándolo- tú tienes cosas buenas. Dojo, tu abuelo, tu padre, tus dos amigos, a mí y al idio... ¡Raimundo! ¿cómo nos sentiríamos si te fueras?

—Probablemente muy desgraciados o muy satisfechos de que nadie prenda un fuego cerca de sus zapatos. ¡De veras estás celosa de mi hermano Raimundo! ¡Cuéntame! ¿Ya le regalaste las gafas? ¿qué te dijo?

—Nada. Raimundo está distraído tratando de enamorar a aquella compañera de trabajo, Ash, como él la llama. Dice que es fresca y ocurrente.

—¿Fresca y ocurrente? ¿acaso ella es un desodorante? –arqueó una ceja.

Me eché a reír. Omi a menudo comenta unas ocurrencias, claro y raspado. Me contenta que esté de mi parte, estos días ha apoyado al idiota. Sé que cambió de tema, a propósito, para no condescender. Bueno, nadie dijo que sería fácil. Completé por soltar la sopa y decirle lo de Ashley y Raimundo. Reconoció que su hermano se comportaba desmedidamente amable con las chicas, mencionó que a diario recibía mensajes en la contestadora de alguna de sus amigas. No faltaba que me lo dijera, conozco el lado playboy del idiota... ¿cuáles fueron sus palabras? Él conocía marcas de moda por experiencia a través de sus relaciones, ¿a cuántas mujeres les habrá susurrado las mismas palabras bonitas que a mí? Mientras se arrodilla en el suelo suplicando mi perdón, él se revuelca con otra mujer en su cama o va a socorrerlas en el bar, prestándole su cama porque su corazón es demasiado misericordioso. Mujeriego, avaro, mandón, gruñón, cínico y orgulloso. Estupendo partido. Alguien tocó el timbre de la puerta y ligué los dedos a que fuera el Sr. Fung o el Sr. Dashi. Me equivoqué, ni el uno ni el otro: Son Jermaine y Tiny, los amigos de Omi.

— ¡Uf, llegaron en buen momento! Omi los necesita esta vez...

— ¿Ahora qué locuras hizo? –preguntó Jermaine.

—Quiere dejar su casa y vivir entre basura.

— ¡¿Qué quiere qué...?! –gritó Tiny- ¡cielos, es peor de lo que imaginé! Él sí está enfermo.

Cogió a Jermaine de la muñeca y lo arrastró dentro de su casa. Él se acomodó en su asiento al verlos llegar.

— ¿Qué hacen aquí? ¡¿cómo me encontraron?!

— ¡Chino, tú nos dijiste que a estas horas te cuidaba tu nana!

El pequeño rodó los ojos. Sí, es cierto. Jermaine y Tiny, a pesar de mostrarse solidarios con Omi en todas sus travesuras, ellos no estaban de acuerdo con lo que pretendía. Ni siquiera a Jermaine precisaba que se lo explicaran dos veces. Ambos fueron más agresivos que yo, se tumbaron en el sofá de lado a lado detallándole las diez razones por las cuales era una mala decisión. Omi era dueño de una cabeza dura. Admito que muchas de las palabras que usé se las dije a Wuya, pero hablé desde el corazón, mi historia es verdadera como todo lo demás. Tomoko, Clay, Kei y ¡Guan! Mi guardaespaldas, el mismo que me instruyó artes marciales; deberían conocerlo, es cáustico y estricto, pero es genial. Guan ya se retiró de sus servicios y ahora vive acomodado en una casita. Me pregunto cómo le estará yendo. Jermaine y Tiny no gozaron de tanta suerte. Tiny siguió a Omi a la cocina. Los dos seguían discutiendo. Yo me quedé en compañía de Jermaine.

—Omi no va a dar su brazo a torcer tan fácil.

—Siempre ha tenido un temperamento fuerte –cabeceó Jermaine.

—Estoy segura que Omi en realidad no quiere separarse de su casa; lo hace porque piensa, en su subconsciente, que si es verdad que su padre lo ama, agotará todos los recursos hasta encontrarlo.

—O sea, él quiere que su padre venga a buscarlo personalmente para averiguar si le importa –Jermaine se rascó la cabeza, yo asentí-, es difícil ser imparcial, por una parte entiendo que Omi quiera irse. Su madrastra es una auténtica bruja. Pero no puedo apoyar que se vaya...

—Omi tiene encasquillada la idea loca en la cabeza que nadie lo quiere desde que su madre murió –dije- ¿cómo sucedió? –decidí ser directa, era la única manera. No veo en que pueda parecer entrometida, Omi está enfrentando un problema y quiero ayudar en serio.

—Sucedió hace cinco años. Cursábamos primer año, él no fue al recreo porque se tuvo que ir antes con su abuelo al hospital. Poco después de que su madre lo dejara conmigo y Tiny en la escuela, ella tenía prisa por resolver unos asuntos así que tomó un taxi. El pobre Omi no imaginaba que esa sería la última vez que la vería. El taxi se estrelló con un auto que se apareció justo en el medio, los frenos del otro automóvil no respondían y sólo se detuvo al acto en que chocaron. Todos fueron llevados a urgencias inmediatamente. Tiny y yo fuimos en la tarde a acompañar a Omi. Él y su familia aguardaron hasta el día siguiente, pero ya los resultados estaban listos antes. Nadie sobrevivió. Nos enteramos primero que Omi, nunca le dijimos nada porque preferimos que era mejor que su familia se lo dijera. A Tiny y a mí nos dolió la muerta de su madre, siempre fue buena con nosotros. Estuvimos con él cuando la hicieron polvo, lloraba y gritaba: ¿Por qué Buda era tan injusto? ¡madre vuelve! Lo tuvimos que agarrar del brazo antes que a él también lo convirtieran en cenizas.

— ¡¿Se iba a meter en la caldera?! –Jermaine asintió- ¿y la policía no siguió investigando?

—Que yo sepa no, lo que te estoy contando es lo que me dijo mi madre después de leer en el periódico –se encogió de hombros- fue tan terrible que la prensa hizo un recorte especial de lo sucedido.

El "hasta pronto" se convirtió en un "adiós". Un accidente se la quitó entonces. Dicen que Dios hace las cosas por una razón, yo ni sé por qué las hace. Le hice prometer que guardara el secreto, Omi podría reaccionar a la defensiva si se entera que estuve pesquisando sobre el accidente de su madre. Esto se está poniendo complicado, creo que se me está escapando de las manos... ¿qué voy hacer?


A/N: Cortamos aquí y continuaremos en el próximo capítulo. ¿Qué tal les pareció? Yo comenzaré con la pregunta de la semana: ¿por qué los escritores les fascina tanto que sus protagonistas cometan tantas estupideces juntas? Respóndanme: ¿cuál es el objeto de sacar de quicio al lector? ¿qué ganan haciendo eso? ¿felicidad? ¿placer? ¿Cómo lo saben? Y si no es eso, muestran a sus protagonistas (comúnmente mujeres): perfectos, guapos, de buen corazón e inteligentes, sin ningún defecto o si tiene pocos defectos que pasan desapercibidos, entonces llegamos a las Mary Sue y Gary Sue (no saben cuánto odio eso) o el favorito de todos, de la Bestia a la Bell (comúnmente hombres), un mal hábito pasa a ser una virtud.

No se engañen a sí mismos, Raimundo de principio a fin no cambiará su carácter. No todos los chicos son iguales a Edward, Christian, Tobías, Peeta: Dulces, protectores y que sacrificarían un mundo por estar al lado de sus amadas. ¡NO! ¡Chao estereotipos! Yo no sé si no están de acuerdo con la lista de desperfectos de Raimundo. Y en cuanto a la heroína romántica yo prefiero que sepan defenderse por sí mismas sin chaperones presentes. Según ustedes, ¿se les ocurre un defecto y una virtud que pueden atribuirle a esta chica? Si quieren extender la lista, adelante, háganlo.

Por favor, con la señal de costumbre, alcen la mano quienes quieren linchar a Wuya por majadera. ¡Oh, ¿quién diría que las clases de kickboxing fueran tan románticas?! ¿acaso podría existir un día en que estos dos puedan llevarse bien sin que se maten los unos a las otras? Es irónico, ella está enamorada del escritor pero desprecia al hombre (ese mensaje de aliento lo escribió inocentemente para Raimundo), se puede sacar algo divertido de allí. Creo que vi algo por el estilo cuando entreví El Zorro, entre la espada y la rosa. ¿Qué pasará cuando ella se entere de la verdad? Añadí una nueva canción al soundtrack del fic: Why not por Hilary Duff. ¿Él estará actuando precipitando al irse de su casa? Así que un accidente acabó con la vida de la madre de Omi. Pobrecito. ¡Uf qué mala! Me doy cuenta que hay muchos huérfanos aquí. Apuesto que exclamaron: ¡ALICE! Cuando leyendo como se despidió el Príncipe de Versalles/Raimundo de su público. Bueno, no encontré otra manera que fuera a llamar la atención.

Ya terminé por hoy. Malvaviscos asados cuídense, no hablen con extraños, no fumen, no se droguen, miren a ambos lados antes de cruzar y vuelvan temprano a casa. ¡Nos vemos en el próximo capítulo de Quiero ser escritora!