Quiero ser escritora
18º
Siempre a tu lado
El Sr. Fung llamó a casa cerca de las cuatro de la tarde cuando Omi y yo jugábamos Goo Zombis 2: Apocalipsis en modo de dos jugadores. Jermaine y Tiny se despidieron un cuarto de hora antes; Tiny prometió pasarle sus apuntes en clases puesto que el cuaderno del chico basquetbolista está tan vacío como su mente, no es su culpa, conozco varios casos en que el niño (casi siempre varón) se distrae por cualquier cosa. Y bueno, di el voto que el niño que me confesara el pasado de Omi iba a tener un lugar en mi libro y así sucederá, en memoria a su característica distracción escribiré un episodio en que el Dragón del Agua se pierde en busca de un Shen Gong Wu y conocerá a este chico (algo me dice que conservaré también su pasión por el básquet), al igual que en la vida real, me aseguraré que sean amigos. Yo sé cumplir mi palabra. Volviendo al tema, Omi insistió que quería jugar Goo Zombis. En tanto acostó a Dojo (estaba tan exhausto de tanto correr con los niños y conmigo para atrapar el disco, uno de los juguetes favoritos de mis perros, que supuse no iba a despertar hasta el día de mañana). En fin,no le discutí, nos quitamos los zapatos y cada uno tomó sus posiciones. En este juego se necesita moverse mucho para atacar a los zombis. Puse en pausa el juego y corrí a coger el teléfono.
—Residencia Kim Parker, ¿qué le puedo ofrecer? –me parece una bonita forma de saludar, ¡uf! ¡Pelo! Me lo aparté de la cara.
—¿Hola? Kim ¿cómo estás? Soy yo, el Sr. Fung, perdona que te interrumpa, pero no puedo esperar, es muy urgente –bendíceme señor, ya sé por dónde viene esto. Miré por encima del hombro a Omi jugando.
—¡Un momento! Atenderé por el otro teléfono en la cocina –no quiero que él se entere de que estoy hablando con su abuelo, dejé el teléfono en la mesa sin colgar y a hurtadillas fui a la cocina. Descolgué el teléfono- ajá, señor Fung, ¿decía?
—Se trata de mi nieto, Omi, ¿de casualidad él estará contigo o sabes dónde está? –preguntó en un hilo de voz- mi hijo telefoneó desde la casa, muy alarmado, está perdido desde ayer...
—Señor, señor Fung –interrumpí. Conozco la historia, no hace falta repetirla, debo matar la angustia de este pobre hombre- Omi está bien. No hay por qué preocuparse. Durmió en mi apartamento, ya comió, se duchó, un compañero le prestará sus cuadernos para que copie la clase y está jugando.
—¡¿De veras?! –suspiró aliviado- ¡uf, menos mal! ¡Gracias a los ancestros! ¡Por favor Kim, pásamelo, debo hablar con él! Esta vez se ha extralimitado, he sido demasiado considerado y alcahueta en exceso con él. No veo justificable su actitud, seré el primero en pedirle a su padre un castigo ejemplar... esto tiene que parar.
—Señor Fung, aguarde. Hay algo que tiene que entender –abogué- no se trata de un acto de rebeldía de su nieto, si no uno de un niño bajo presión. Omi tiene intenciones de escapar de su casa –al hombre a través del auricular se le escapó un grito ahogado, continué antes de darle la palabra- cree que su padre no lo quiere ya que no siente que está con él y el último número que su madrastra montó fue la gota que colmó el vaso según a su modo de entender si no quieren a Dojo entonces tampoco lo aceptan a él, los ademanes hostiles de Wuya y su total incomprensión a los problemas en casa fueron suficientes para que tomara esa acción.
—¿Omi... por qué...? ¿Qué voy hacer con él? –hizo una pausa y afirmó con determinación-: ¡lo que pretendía hacer! Subiré a tu apartamento y hablaré con él.
—No, ya hiciste de sobra. Esto es un problema que deben resolver juntos padre e hijo y con el debido respeto que te mereces, no puedes sustituir el rol que le atañe a tu hijo, quien debe hablar con Omi es él. Es la única forma que existe para que Omi desentierre esas ideas de la cabeza, señor Fung ¿podrá llamar a su hijo y pedirle que venga hacia acá?
—Me temo que eso es imposible –dijo el Sr. Fung con voz trémula- demasiados permisos, lo van a deportar.
—Entonces hagamos una cosa, me quedaré con Omi esta noche y mañana temprano antes de ir al trabajo, el Sr. Dashi que pase por acá. Explíquele lo mismo que yo, pídale que no lo juzgue, que escuche antes de hablar... –yo dejé que fluyera el líquido de mis palabras. Costó un poco convencerlo, pero lo logré.
—¿Estás segura que Omi no te traerá problemas?
—Claro que no, Sr. Fung, llevo cuidándolo un mes. Podré unas horas más. Por ahora, haga lo que dije, por el bienestar de Omi.
Nos despedimos, colgué el teléfono. Volví corriendo a la sala. Omi cruzó los brazos.
—¿Quién era?
—Keiko.
—¿Y por qué fuiste a la cocina a contestar?
—Quería hablar cosas de chicos, no te gustaría escucharnos. ¡Vamos a retomar el juego! –frunció los labios descontento por la respuesta.
Si me preguntan, se muestra muy tranquilo ante el gran problema en que se está metiendo. ¿De veras pretende quedar en la custodia de un pariente? En primer término eso es ilegal y en segundo término no me consta de quién es, el Sr. Fung sólo tuvo un hijo y por la historia que me contó dejó a su familia en China, nada más puedo suponer que quiere ir de polizón en un barco hasta allá o ¿qué otra familia tiene aparte de su abuelo y su padre? ¿él me habrá dicho la verdad o dijo eso para calmarme? A razón de eso decidí jugar con él. Dijo que si se le hacía tarde no podría viajar, y eso es lo que iba hacer: Retrasar.
En los primeros niveles, dejé que Omi tomara ventaja, pero ya en el vigésimo sexto nivel me puse seria. No hay que subestimar mi oponente, el enano es bueno en esto. En el tiempo en que vivía bajo el techo de mi padre, también aportaba mis ideas a los videojuegos, además de prestar colaboración en la parte técnica, como cuando los zombis volaran en pedazos en vez de expulsar sangre que fuera una mucosa verde y asquerosa para no hacer el videojuego tan violento y que los niños pudieran jugar. Otra de mis grandes ideas fueron las armas anti-zombis, les sonarán dos de ellas: El Átomo Kuzusu y La Espada de la Tormenta, ¿por qué nunca se me ocurrió un arma para "des-zombizar" a los zombis? Culminamos de jugar y no estaba preparada para una derrota aplastante y humillante. Omi se ufanó en mi cara un buen rato.
A punto de despedirse yo le pedí que se quedara a jugar conmigo una partida en Just Dance (es como una competencia, quien logre completar la secuencia de baile más rápido gana). Omi se resistió un poco, empero asintió. Todavía nos quedaba energía para seguir jugando. Bailamos grandiosos éxitos como On the floor, Dancing Queen, Just Dance, Rain over me y Evacuate the dancefloor. Esta vez yo triunfé. Aunque les parezca que le llevo la delantera porque me gusta practicar mis pasos de baile en mis ratos libres, el santo diablillo tiene los pies más ligeros que jamás haya visto. ¡Estoy calada hasta en los huesos de la rezuma, pero valió la pena! Adoro jugar los videojuegos y admito que puedo practicar sola, sin embargo, no es lo mismo cuando estás acompañado. Kei no le gustan los videojuegos (porque no los entiende). Clay no es bueno en estas cosas. Solía jugar con Jack en la época en que éramos novios; claro, eso fue en el pasado. Con quien jugaba era con mi papá, era nuestra divertida manera de pasar tiempo de calidad los dos y aspiro que de una manera más o menos igual, pasen Omi y Dashi. Desde que me mudé, no lo hago. Cuando él miró el reloj, se dio cuenta que perdió el viaje.
—¡Oh no, diablos! ¡se me hizo tarde! ¡No podré salir! –llevó las manos a la cabeza.
—Bueno, tendré que poner otro plato en la mesa para cenar. Iré a lavarme.
—¡Kim! –me volteé- ¿tú no habrás esto a propósito o sí? –preguntó suspicaz.
—¡¿Quién?! ¡¿Yo?! ¡¿por qué haría una cosa así?! Debes estar equivocado, ¡jamás! –cruzó los brazos y arqueó una ceja. Yo seguí derechito al baño, me mordí el labio. ¡Estuvo cerca!
Omi se sentó en el comedor de inmediato. Los macarrones tardaron en cocinarse pero se me chamuscaron un poco, ¡¿por qué todo lo que toco lo QUEMO?! ¡Cristo bendito! Ni que mis dedos desprendieran chispas de fuego. Me disculpé mientras nos servía. Omi dijo que no le importaba, si bien no pudo evitar arrugar la nariz al primer bocado.
—El honor es algo difícil de recuperar –comentó Omi.
—¿Por qué dices eso?
—Huí de casa, deshonré mi familia. En el pasado de mi pueblo, una compensación valerosa sería que me suicidara para restaurarme o una buena zurra. Los occidentales tienen suerte, a nosotros nos obligan a levarnos el pantalón un poco por encima de las pantorrillas antes de unos azotes. En cambio, a ellos les dan unas nalgadas y al otro rato como si nada, hacen lo que quieren. ¿Tú nunca lo sentiste? ¿estar bajo constante presión a ser el más disciplinado, el más inteligente, el más fuerte, el mejor?
—Mi padre aprendió mucho de las culturas occidentales en sus viajes de negocios, Estados Unidos prácticamente y adquirió unas cuantas como la religión, en Japón no existe como tal una doctrina religiosa. El mayor porcentaje de la población practica el budismo, mi padre y yo somos cristianos (mi hermana prefiere continuar las costumbres); el cristianismo alcanzó su apogeo en pleno siglo veinte y un millón y tantos japoneses son cristianos. Aunque papá no olvidó nunca sus raíces –dije atizando los palillos japoneses. Omi me sonrió, le piqué la nariz y él se rió.
Después de cenar, siguió la batalla de los palillos entre nosotros. Creo que hubo empate. Se me ocurre que en honor a nuestra cultura podría mencionar un Shen Gong Wu que tuviera la forma de palillos, se me ocurrirá más tarde como lo nombraré y el poder que tendrá. Me gustaría que fuera uno cómico. No tengo cama de repuesto pero sí un colchón de las noches de pijamas con Kei. Quiero que Omi duerma en mi cama, yo dormiré en el colchón. Ayer él no tuvo remedio que tumbarse en mi sofá. Él aseguró que estaría bien tumbado en el suelo (arraigados en sus costumbres, acuérdense). Sé que está cómodo, sin embargo, sería egoísta de mi parte si no soy buena anfitriona. Y mi padre me ha enseñado modales de sobra acerca de cómo comportarme cuando tenemos invitados (sus asociados casi vivían en mi antiguo hogar). Además, es lo que yo haría por mi hermanito. Siempre quise tener uno, mi hermana era mayor y se mudó cuando cumplí trece, quería sentir la sensación de proteger y cuidar a uno. Y bueno, parcialmente lo tengo. Se quedó profundamente dormido después de que le conté uno de mis cuentos para dormirlo. Es curioso, quiero protegerlo, pero más me siento que me protege a mí, ¿si se acuerdan cuando dijo que si el idiota me ocasionaba problemas que lo llamara? Bueno, a eso me refiero. ¡Qué corte! Sin más que añadir –bostezo- creo que me voy a dormir.
La pequeña bestia se ve tan linda cuando duerme. Tan inocente, tan tierno. Quisiera apretar sus mejillas, empero sé que no puedo porque lo despertaría. Aprovecho para meterme en el baño sin perturbar sus dulces sueños. ¿Qué estará soñando? ¿acaso habrá reducido a cenizas un glorioso reino, disparando a indefensos patitos de hule o estará torturando a su enemigo con rayos láseres? No, ya sé, es el supremo gobernante de su propio mundo. Él es vanidoso. Tomé mi ropa para cambiarme en el baño y trancar la puerta. Así no lo molestaré. En líneas generales acostumbro ducharme mientras tanto escucho música pero por hoy voy hacer una excepción. Estaba viendo destilar la leche en las hojuelas de maíz cuando el santo diablillo salió, restregándose los ojos y bostezando.
—Buenos días, Omi, ¿dormiste bien anoche?
—Siento que acabo de resucitar, nunca había dormido en otra casa que no fuera la mía. Me siento de maravilla, por segunda vez no tuve que preocuparme de que Wuya me gritara. ¡Tú también buenos días, Dojo! –el pequeño lagarto brincó encima del niño, él se agachó para rascarle las orejas- ¡vamos a comer! ¡anda, una carrerita! ¡corre, corre!
No vi quien ganó, lo siento, estaba poniendo los tazones en la mesa y sirviendo jugo que no caí en cuenta. Omi le sirvió a Dojo leche de su cereal y tuve que darle algún filete, porque no quiso comer perrarina ni ningún alimento que hayan inventado para las mascotas. ¿Qué les parece? ¡dragón tragón!
—Sabes Kim; estuve pensándolo anoche, inicialmente pretendía acercarme mientras iba de salida, pero me hice el remolón y no pude, así que iré esta mañana. Y me gustaría que tú me acompañaras. Hay alguien quien quiero presentarte.
—¿Ah sí? Bueno, está bien. Iremos después de desayunar.
¡Soy inocente en todo esto! No sé que está tramando Omi, no obstante, si afirma que puedo ir con él, ¿por qué no? Digo, si intentara fugarse no entiendo cuál es mi papel ahí. Además, es mejor mantenerlo vigilado. Omi me sonrió. El misterio perpetuó en seguida de haberme cambiado por una ropa más cómoda, por supuesto, no sé qué tan remoto será el lugar donde vamos, pero decidí no correr riesgos y calcé mis zapatillas de deporte Prada. Él me estudió de pies a cabeza.
—¿Tú no conoces el significado de ropa sencilla, verdad?
—¿Y qué tienen de malo estos? –pregunté echando un ojo a mi vestimenta.
—¡Ah, mujeres! Sigamos –suspiró.
¡Perdónalo, Paris Hilton! ¡No sabe lo que dice, apenas es un crío! ¿Qué puede saber un niño de moda? Nada en absoluto. ¿Cómo él puede determinar el buen gusto entre una réplica de Daffys y una fidedigna pieza de colección de Marc Jacobs? No puede. Confieso que no me gusta tanto secretito ni el misterio. Hicimos una parada en la floristería, compró un hermoso ramillete de tulipanes amarillos y luego adquirió pinturas de dos colores: roja y negra. Omi no me quiso responder para qué eran esas cosas. Y finalmente me condujo a un cementerio.
Luego de allí, fue fácil adivinar el resto. Me quedé al pie de la entrada, ya había avanzado, pero instó que lo acompañara. Sacudí la cabeza y lo seguí a zancadas. Los pájaros picotean alrededor, no hay ni una sola alma. Un escalofrió subió por mi espalda. Hace años que no visito un cementerio. No era un lugar espantoso. Podía escuchar los barcos pasar y creo que pude ver un poco de agua más allá de las colinas. El paisajismo era relajante. Las parcelas cuidadosamente sesgadas, flores abundantes y el lugar era exuberante. Había una mezcla de lápidas planas y lápidas antiguas hacen mantener que el lugar era un cementerio, pero por el resto recuerda a un bonito parque. Me lamí los labios. Hoy hace frío. Si no hubiera sido por mi malacostumbrada suerte diría que me gustaría ser enterrada en un cementerio como este. Dojo salió corriendo, por lo visto él sí sabía a dónde íbamos a parar. Omi iba detrás y yo, la completa extraña, de última. Llegamos a la tumba de su madre, mi corazón se encogió: El nombre de la ocupante estaba escrito en negro mientras que su apellido en rojo, más abajo escribieron el nombre y el apellido de su hijo en rojo y la fecha en que se montó la lapida.
—Kim, te presento a mi madre –señaló la tumba sonriente-. Mamá, ella es Kim, mi niñera. Te estuve hablando de ella, ¿te acuerdas? ¡Kim sonríe un poco, no seas grosera con mamá!
—¡Oh, claro! Encantada, señora –sonreí tontamente.
—La muerte para los budistas es un proceso natural e inevitable, no tenemos motivos para entristecernos, pero tampoco es que está prohibido. No es algo que ya me interese, desde la muerte de mi mamá no sigo ninguna tendencia. Digamos que estoy enojado con mi religión por eso. Visito a mamá cada quincena y a veces cuando me hostigan momentos de duda, le cuento lo que he hecho porque siento que al venir aquí, mi madre está conmigo. Si pudiera me quedaría aquí para siempre –susurró- ¿por qué las mejores personas son las primeras en marcharse? –preguntó volviendo su carita angelical hacia mí.
—Las personas que más amamos no nos abandonan, siempre estarán a nuestro lado aquí y en cualquier otro lugar. Sólo que no nos notamos su presencia físicamente como antes, creo que es como las flores: Cuando vamos a un jardín, nada más cortamos las flores más lindas. Dios elige a las mejores para que le hagan compañía.
—Tienes razón –respiró entrecortadamente. Yo lo abracé por atrás- a veces quisiera olvidar a mi madre, todas las noches me esfuerzo por acordarme cómo era su rostro o el sonido de su voz, pero por más que lo intento no puedo y en lugar de eso, sufro.
—No puedes porque tú la amas, por eso mismo. Cerrar los ojos e ignorar que no pasa nada no soluciona, al abrirlos verás que tus recuerdos siguen ahí. Lo que debes hacer es aceptarlo y seguir adelante, ella hubiera querido eso.
—Me pides una cosa muy difícil, ojalá fuera así de sencillo; que sólo con tronar los dedos... –dejó la frase interrumpida y ladeó la cabeza- anoche medité lo que me dijiste sobre Wuya, es que de pensar que quiere ocupar el sitio de mi madre me hierve la sangre bajo la piel. No trata ni siquiera un poco de entenderme. Créeme he tratado de perdonarla, pero soy incapaz. Cuando recuerdo todo lo que me hizo y a Dojo, me es imposible.
—Mi amor, lo sé, es complicado perdonar a una persona, pero lo importante es que lo estás intentando. Sólo no dejes de hacerlo –Omi se soltó. Se hincó, acomodó las flores y sacó las latas de pinturas, las abrió y con las puntas de sus deditos repasó los caracteres.
—Mi madre me hace mucha falta –dijo al terminar-. Estoy seguro que le habrías caído muy bien, era de muy buen corazón.
—¿No tienes fotos o algún vídeo para recordarla cada vez que sientas nostalgia? –pregunté.
—Tenía varias fotos, pero ahora me queda una sola. Wuya destruyó las otras en sus ataques de celos a raíz de las discusiones, algo me dice que por esa razón no me quiere, le recuerdo a la primera esposa de papá. Ella no sabe que lo tengo, se volvería loca si lo descubre, Kim no se lo vayas a decir... –gimió, yo levanté el meñique en señal de juramento- y en cuanto al vídeo, es de mi último cumpleaños con ella, pero no se ve muy bien.
—Bueno, la próxima vez que vengas a mi casa lleva el vídeo contigo y veré que puedo hacer. Soy experta en estas cosas y si está a mi alcance, lo resolveré, y si no le pediré a uno de mis amigos, quienes son empleados la compañía de videojuegos de papá, para que me ayuden, ¿qué te parece?
—¡¿Lo harías?! Muchísimas gracias... hermana –esbozó una pequeña sonrisa melancólica y juro que casi me pongo a llorar allí mismo. Apenas ahogué un grito y le devolví la sonrisa.
Me agaché a su altura, apoyándome en una rodilla y lo abracé. Omi dudó si era conveniente abrazarme dada su reputación de Guerrero Shaolin y macho vernáculo, y a final de cuentas triunfó los deseos de su corazón de niño y me apretó contra él. Creo que eso se sintió bien. Dojo fue víctima de los celos e intentó unirse a nosotros, por dicha razón nos separamos a acariciarlo. Entre los tres comenzamos a limpiar la tumba, antes de irnos seguidamente. Al salir tomamos la ruta larga caminando en vez de llamar a un taxi, irnos en bus o agarrar el metro. A la vuelta de la esquina pensé que aquel cementerio era raro, primero porque no lo aparenta y segundo, porque no está alrededor de la ciudad si no en auge de ella. Reconocí el lugar, yo vine aquí antes en compañía del idiota. Es la villa encantada. No se me ocurre otro nombre que ponerle. Las calles empedradas, la fuente de las tres sirenas, la panadería. Todo está igual que antes. Muy cerca construyeron los lujosos hoteles de cinco estrellas. Esta es una avenida muy agraciada; cuántas se habrán hospedado: Evidentemente grandes estrellas, empresarios, Raimundo, turistas quienes les gusta vivir en la comodidad...
¡STOP! Rebobinen un momento: ¡¿RAIMUNDO?! Jalé a Omi de mi lado y me asomé con cuidado. ¡Oh-por-DIOS! ¡Sí, es él! Está saliendo del Hotel Emporio, ¡agarrado del brazo de una mujer! Con que no eras mujeriego, ¡mira que las vacas vuelan!
—¡¿Qué pasa?! –chilló Omi.
—¡Mira! ¡allá! ¡es Raimundo! –señalé. Omi estiró el cuello- ¡¿pero quién es esa mujer que está con él?!
—Probablemente una amiga –respondió con desdén.
—¿Y por qué lo agarra del brazo así?
—Bueno, hay una manera de averiguarlo: ¡Vamos a seguirlos! –repuso él alegre. Lo apreté del brazo antes de que fuera muy lejos.
—¡¿Seguirlos?! ¡¿te has vuelto loco?! Es indecente, nos meteríamos en muchos problemas.
—Si tú lo dices... –cruzó los brazos poniendo una mueca. Me mordí el labio, ¿ellos todavía siguen ahí o ya se fueron? ¡¿Cómo pudiste hacerme esto, cerdo?! ¡La llevaste justo al lugar donde me trajiste en nuestra primera y última cita! ¡Imbécil, eso no se hace!
—¡¿Qué esperas?! ¡Vamos a seguirlos!
—¡¿En serio?! ¿ya cambiaste tan rápido de idea? ¡Guau, me enorgulleces! Tu iniciación al camino del mal, es tan hermoso ver cómo crecen –suspiró mientras sus ojos se empañaban. Se los enjuagó de inmediato.
—No te apresures, hoy haremos una excepción especial.
—Siempre se empieza con algo chico y se termina saltando a lo grande. Si lo tomaste, no lo puedes dejar –puso una mueca. Lo cogí de la muñeca y corrimos a espiar a la pareja.
Omi me dejó atrás en cuestiones de segundos. Ellos se dirigían a la panadería, era la misma en que merendamos croissants y capuchinos en plena luz del mediodía. ¡Maldito enfermo! Siendo tú, la hubiera llevado un lugar en que no me recordara. En este lugar no aceptan los animales, Omi se quejó y le ordenó a Dojo aguardarnos mientras nosotros nos acercamos. Y aquí estamos. Me gustaría escuchar lo que conversan. Ojalá existiera otra manera que no fuera entrar, no quiero ser tan obvia, pero no tenía otra alternativa. Las vallas que dividen la panadería y la acera no cubren lo suficiente. Nos sentamos en la mesa más apegada a la esquina. ¡Qué mal rollo! Puedo escuchar el timbre del horno y el cuchicheo de las personas sentadas en las mesas, pero no alcanzo a escuchar que le dice Raimundo a la mujer. Escruté su rostro, es una mujer muy bonita, bien arreglada, me atrevo decir que ese peinado se lo hicieron en la peluquería. A ninguna mujer le puede salir tan perfecto un peinado. Ahora se ríen, ella lo toma de la mano, ¡¿pero qué están diciendo?!
—¿Puedes escucharlos? Yo ni logro oír mi propia voz, ¡qué horror! ¿por qué crees que han decidido comer aquí? ¿tú piensas que ya nos vio?
—Si hablas duro y alto como lo has hecho desde que abriste la bocota, ¡por supuesto que se dará cuenta! –masculló entre dientes.
—Lo siento, no fue mi intención. Es la primera vez que hago esto y estoy muy nerviosa...
—¡Chissss! ¡Kim, ya! –me hizo un ademán en advertencia. Asentí con la cabeza, él agudizó el oído- ¡pues yo tampoco oigo nada! Pero aguarda, creo que ella acaba de decirle... no, tal vez fue mi imaginación –sacudió la cabeza incómodo.
—¡¿Qué?! Habla Omi, que no te dé pena. Si le coqueteó, prometo no enfadarme. Dime, por favor, que fue lo que dijo –le animé.
—La acústica en este lugar es bastante mala, pero soy experto leyendo de labios y a menos que las palabras hayan cambiado de significado un día a otro... ella dijo: no tengo por qué poner en tela de juicio tus palabras, luego de lo del hotel confío en ti con los ojos vendados. Él contestó: Todavía sigo pasmado, aprendes muy rápido ¿es que quieres conquistarme? Y ella respondió riéndose y fue cuando tomó su mano. Entonces él añadió: Bueno, comamos, claro está tienes hambres y debes reponer tus fuerzas, estos croissants se enfriarán pronto y es mejor hincarles el diente mientras están calientes. Ella dijo: Créeme, no es lo único que quisiera morder. Y Raimundo le susurró algunas palabras, ella se estremeció y sonriente le dice: ¡Raimundo, por favor, alguien te puede oír! Al menos espera que lleguemos al hotel. Y él...
—¡Muy bien, estuvo suficiente! –cubrí su boca con mi mano.
No puedo en palabras qué tan avergonzada me siento, es como si me explicara las primeras señales del coqueteo a través de una función pintoresca de títeres. ¿Qué ejemplo le estoy dando a este niño? ¿cómo se me ocurre exponerlo a esta monstruosidad, a qué me ayude de "traductor"? Estoy quedando en completo ridículo. Tapo mi vista de la mesa en la que están sentados Raimundo y esa mujer.
—Lo lamento, Kim. Quizá si fue una mala idea haber venido.
—No te disculpes, tú no hiciste nada indebido. Vámonos de aquí.
—¡Pero espera! Voy a comprarme algo, el olor me produce hambre. ¿Quieres algo?
—No gastes tu mesada en mí, pequeño amigo. Te espero en la fuente de las tres sirenas.
—¡Que no soy pequeño, soy compacto!
Lo que tú digas, Omi. El protagonista de Duelo Xiaolin también es de estatura "compacta" y lo distingue esa peculiar frasecilla. No me preocupo por reclamos de derechos de autor ya que discutí con su dueño para permitírmela escribir. Salí a respirare un poco de aire fresco y admirar de adjunto esa fuente. Las sirenas siempre me han resultado románticas luego de que leí el popular cuento de Hans Christian Andersen ¿por qué la mitología las convirtieron en esperpentos? Dicen que si arrojas tres monedas, un deseo se te cumplirá. ¿Qué pediré?... ¿comprar mi libro de 49 semanas? ¡No! Resolví ese problemilla con mis ahorros, ¿estudiar literatura? No, ya me inscribí para cursar esa carrera. ¿Encontrar el verdadero amor? Se lo llevo pidiendo a las estrellas fugaces desde los catorce ¿hay manera de asegurarme que será diferente si se lo pido a una fuente? ¿y por qué no? Saqué mi monedero y tiré tres monedas. Cerré los ojos y me ocupé que fuera el único pensamiento en mi cabeza: Deseo encontrar el verdadero amor. Si bien pensándolo mejor, ¡si soy tonta! ¡¿por qué no desear que mi padre aceptara mi carrera o pedir ver el rostro (o conocer) de mi Príncipe de Versalles?! ¡Diablos sí! ¿o quizá ni siquiera un milagro podría hacerlo realidad? ¡Cielos! Me azotó una corriente fuerte en la cara y abrí los ojos. Alguien atrapó uno de los mechones de mi cabello.
—¿No te han dicho que espiar a las personas se considera de mala educación, eh princesa? ¿acaso creíste que no me iba dar cuenta?... –susurró la voz aterciopelada del idiota a través de mi cabello, estaba detrás de mí. Ahora sí que estoy en aprietos.
—¡¿Raimundo?! ¡qué coincidencia! No esperaba verte por aquí. Fíjate que una vez más me estás obligando a señalarte cuán equivocado estás. No vine por ti si no estaba acompañando a Omi del cementerio, estábamos visitando a su madre.
—¿De verdad? ¿y dónde está Omi? –escudriñó con la mirada.
—Él fue a comprar unos dulces mientras lo estoy esperando aquí con Dojo pues que no nos dejaban pasar juntos –la mascota reposaba muy tranquilamente en la baranda de la fuente- ¿puedes creer que tiene entre ceja y ceja la idea descabellada de huir? Lo que hizo Wuya lo descolocó más de lo que imaginábamos. Aquella mañana me sorprendió mucho encontrarlo en mi apartamento, dijo que no tenía en donde dormir, me dio tanto remordimiento que no tuve corazón para negarme.
—Vaya, ayer pasaste un día interesante. Pues a decir verdad no es una idea descabellada, es una actitud normal, cuando un niño siente que es el ojo del huracán de las discusiones entre los adultos prefiere marcharse para evitar problemas; claro no con eso estoy insinuando que es lo más sano para su bienestar. Pobre chico.
—He hecho todo lo que esté a mi alcance para mantenerlo cerca de mí y aunque no parezca admito que sí tuvimos un día inusual, me estuvo contando de sus charlas de la sexualidad y para ser sincera, te imaginé capaz de muchas cosas, pero no se me ocurrió nunca nada como eso... ¿Cómo pudiste?
—Era un mal necesario –se encogió de hombro excusándose- si su relación con Wuya no es la más idónea, su abuelo no ha tenido los cojones para remediar esto y la comunicación con su padre es pésima, a este paso Omi iba averiguarlo en el acto mismo. Es mejor que lo sepa por boca de un conocido que en la de un extraño. El mundo anda distorsionado últimamente y Omi está llegando a la pubertad, sus dudas están apareciendo y necesita alguien que se las aclare. Según las estadísticas, casi todos los niños creen que nacieron con un onceavo dedo por la falta de comunicación entre padres e hijos y el tabú que impone la sociedad, la cara de Omi era un poema al explicarle el mucho placer que podía generarle su onceavo dedo cuando fuese más grandecito. En vez de estar regañándome, deberías agradecerme.
—¡¿Yo?! ¡para nada! Omi se ha encariñado mucho contigo y necesita fortaleza, no estamos en posiciones de pelear por su bien. Sabes, quizá me puedas ayudar a convencerlo de que se quede. Está más que súper supuesto que a ti te hace más caso que a mí.
—Me encantaría ayudarte princesa, pero tendrá que ser en otra ocasión. En estos momentos me hallo ocupado con una visita a la que hace un rato dejé para venir contigo. No obstante, no te preocupes, confío en que lo harás muy bien: De la madera que estás hecha, me consta que puedes hacer todo aquello que te propongas –replicó con una agradable sonrisa.
—¿Estás pagando una penitencia o mis oídos me están mintiendo? ¿de veras puedo aceptar que Raimundo me elogió?–dije con voz ácida. En cierto modo estoy un poco decepcionada por su respuesta, mi intención no fuera que me hiciera un favor a mí si no a su hermanito y, entre más seamos quienes hagamos entrar en razón al cabezón es mejor. No vayan a pensar que lo dije por el tamaño de su cabeza, me refiero a que es tan testarudo como puedo serlo yo o el propio idiota. Fui honesta cuando dije que Omi prefiere la compañía de él antes que la mía, cuando quiere serlo Raimundo puede ser persuasivo. Ya lo han visto, es persistente el hombre.
—Eres tan extraña que te encuentro fascinante –comentó Raimundo, él no se dejó tentar en provocaciones y aborrecerme, pues ninguna sombra de altanería oscureció su semblante. Al contrario, vi en sus ojos una sensación de calidez y habló, luego de prolongar el silencio a propósito- eres la única mujer en el mundo que puede insultarme aún después de que te hice un cumplido. No me enfado por dos motivos. El primero, porque sólo aplico mi lema: "ser feliz" y el segundo porque reconozco que tienes razón. Y, sin embargo, eso no tiene nada que ver con que no quiera ayudarlo; en serio, estoy atendiendo unos asuntos muy urgentes. Además, sería fácil para mí convencerlo; en cambio no sería un trato justo porque te dejaría sin nada –¡aleluya! Por fin ha vuelto en sí el hombre orgulloso que conozco- ¿está bien? Ya me contarás luego, ¡te veo pronto!
¡¿CON QUÉ DERECHO SE ATREVE ESE BASTARDO A...?! Apenas me di la vuelta, el idiota me asestó una palmada en el culo, mis espinillas chocaron de frente contra el mármol y fui a parar dentro de la fuente. En el proceso arrastré a Dojo conmigo. El agua me llegaba hasta las rodillas. No estaba tan profunda porque me caí del trasero. Pero estaba totalmente empapada. Dojo había caído en mi regazo. Y si él está encima de mí, no quisiera averiguar qué criatura o cosa me está haciendo cosquillas. ¡Demonios! Si no me llamaría Kim, seguro no habría caído. Vengo diciéndolo desde un inicio soy propensa a estos terribles incidentes. ¡Oh por Dios, oh por Dios! ¡¿qué voy hacer para solucionar esto?! Omi llegó corriendo.
—¡¿Pero qué pasó?! ¿en que han tenido una fiesta y no me invitaron? Debería darte mucha vergüenza, Kim; es una fuente para turistas no una piscina.
—¡YA LO SÉ! ¡TODO ES POR CULPA DE ESTE IDIOTA...!
—¡Kim, espera un momento! ¡no te muevas! –advirtió muy serio Raimundo.
—¿Qué?! ¡¿ahora qué ocurre?! ¡¿qué tengo?! –inquirí preocupada de que un bicho se haya parado en el pelo.
—Es que en tus ojos azules distingo mi reflejo perfectamente, ¿cómo las chicas consiguen hablar conmigo? ¡Deben estar atemorizadas!... ¿es por esa razón que estás temblando?
—¡Cínico, en cuanto ponga las manos encima verás...! ¡VETE! ¡LÁRGATE DE AQUÍ!
—Okey, okey no te enciendas princesa. Ya me voy ¡cuídate Omi! ¡adiós Kim! –se despidió y en esta oportunidad sí se fue.
—¡Y TÚ, OMI, NO TE QUEDES AHÍ PARADO! ¡AYÚDAME A SALIR Y RÁPIDO!
No me estaba gustando siquiera un poco como la gente se me quedaba mirando, como parte de algún espectáculo. Si ni vivo en esta cuadra ni soy sirena. Maldito idiota, gracias al cielo terminó. Apenas el niño me sacó del agua salimos disparados corriendo. ¡Y más para colmo cuando me acordé que debíamos ver al Sr. Dashi! ¡uy, se me olvidó! Había cuadrado con el Sr. Fung, ¡¿con qué cara voy a verlo si sabe que le fallé?! ¡¿cómo podré llamarle y suplicar perdón?! No creo que el Sr. Dashi haya aguardado tanto. Él se levantaba temprano y ya casi van a ser las diez. Se habrá ido. ¡Mierda! ¡¿cómo se me pudo pasar algo importante?! Ojalá pudiéramos encontrarnos en el camino. Si hubo un día en que precisaba un milagro, ese era hoy. Pero el Sr. Dashi no apareció, él ya nos aguardaba a pie de las escaleras. Supongo que el Sr. Fung le abrió la puerta de entrada. No lo conocía si no hasta ahora pero el parecido es indiscutible. Alto y de hombros anchos. El color de la piel, el rostro ovalado y la mirada de sus ojos oscuros, fueron heredadas por su hijo. Iba vestido con una camisa percudida blanca de abotonadura doble al frente y vaqueros holgados. El Sr. Fung me había dicho que Dashi, su hijo, trabajaba en una lavandería. Supongo que era su atuendo para trabajar, no honra su uniforme si está rozado. Pegó un salto apenas nos vio. Omi retrocedió acto reflejo.
—No te preocupes, Omi, está bien. Puedes ir –le alenté-. Sr. Dashi me apena haberlo hecho esperar, es mi culpa.
—No te disculpes, tú ya hiciste más de lo que hubiera esperado que hicieras –se volvió a su pequeño; él apretó mi muñeca, escondiéndose detrás de mí- Omi, esto ha sido siempre entre tú y yo, te debo desde hace tiempo una larga charla.
—Si esperaste cuatro largos años, podrás hacerlo otro par –dijo a la defensiva.
—¡Omi, no seas duro con tu padre! Al menos concédele la oportunidad de explicarse.
—Tu compasión no me hace falta ni antes ni ahora; entiéndelo, sé cuidarme muy bien solo, aprendí a valerme por mí mismo mientras no estabas allí y tu esposa me ignoraba. Tuviste chance suficiente para conversar conmigo y lo desperdiciaste, atente a eso.
—¡Eso no es cierto!... Todavía estamos a tiempo, Omi en serio discúlpame por haber estado ausente, pero quiero que sepas que todo lo que he hecho hasta ahora fue pensando en ti. Yo trabajo con el sudor de mi frente, noche tras noche, para pagar la comida y las comodidades con las que vives puesto que quiero lo mejor para ti. No estuve de acuerdo que Wuya, entre otras malas decisiones, echara a Dojo a la calle, sé que te hace feliz y eso también me hace feliz a mí. Nunca obraría en contra de tu felicidad.
—¿Tú crees que me quejo de algo tan simple como lo es la comida, la ropa o la casa? Estás equivocado ¿cómo es posible que le des más importancia a eso que los momentos que antes compartíamos juntos? Cuando mamá aún seguía viva, ¿puedes enumerarme cuántas fiestas de cumpleaños se han celebrado después de muerta? ¿Puedes decirme las veces que has ido a buscarme en el colegio? ¿Puedes indicarme a los lugares que hemos visitado? No puedes, ¿verdad qué no? Ni siquiera nos sentamos a mirar la tele juntos porque estás en el trabajo… dices que te casaste con Wuya porque necesitaba una madre en mi vida, pero hablaste por ti ¿acaso alguna vez me preguntaste que quería? Es como si cuando murió mamá te olvidaste que tenías un hijo, de todo lo que me gusta o al menos quién soy. Es triste que mi abuelo y mis amigos hayan ocupado tu lugar tantas veces –repuso mirándome.
—¡¿Por qué me acusas así, Omi?! –sollozó-. Parece que yo soy el culpable de la muerte de tu madre.
—¿Y no lo eres?... ¿otra vez estoy diciendo mentiras? No sé cuál fue tu error más grande, si subestimarme a causa de que yo soy un niño o decidir que es mejor para mí sin consultarme primero. ¿Cómo fuiste capaz de casarte tan rápido y dejar de lado a mamá? Acuérdate que yo aprendí de ti olvidar fácilmente; pero no creas que te castigo todavía por eso, ya no, sólo que pareces ser más desgraciado desde tu segunda boda y, si soy una carga para ti, entonces no tienes por qué continuar soportándome.
—¡Hijo, tú no eres ninguna carga para mí! –gimió, cayendo de rodillas y arrastrándose a los pies del pequeño- si eres lo más hermoso que me ha obsequiado la vida, yo también extraño a tu madre y si me casé con Wuya no fue porque dejé de amarla, créeme que jamás olvidaré su rostro o su voz, si no porque debíamos salir adelante. Es lo que hubiera querido ella. Y te hablo en serio que cada vez que te miro, me recuerdas muchísimo a ella. Eres lo único que me queda de ella. Discúlpame –suplicó de nuevo- hoy yo no pienso ir a trabajar quiero estar contigo y recuperar lo perdido; tienes razón, mi trabajo no es excusa para no acompañarte y te prometo que a partir de ahora todos los fines de semana estaremos juntos y para empezar, esta charla; entonces, ¿podemos irnos a casa?
Omi apretó los labios. Me lanzó una mirada por el rabillo del ojo. Yo asentí con la cabeza. Estos instantes de padre e hijo me conmueven. Dashi no habló desde el punto de vista de un padre autoritario si no uno que desea conciliar, si repararon: no empezó disparando órdenes si no espera que él actúe bajo su propia voluntad. Eso quiere decir que el Sr. Fung lo habría convencido. Una actitud sensata porque de haber suscitado el caso contrario, Omi jamás iba acceder. Por fin los dos comenzaron a comunicarse, pero más importante a escucharse. Omi permitió que su padre lo llevara a casa. Volverían a tomar el hilo de la conversación en casa sin terceros. ¡Oh vamos! Yo no tenía nada qué hacer, en ese cuadro familiar estoy de sobra. Al menos tuvimos la suerte de presenciar cómo ellos hacían las paces, parece cosa de magia y me contenta mucho haber sido de utilidad. Bueno, la mañana no se acaba y finalmente me puedo consagrar a mí misma lo que quede del día. ¡Mi tratamiento de belleza! ¡Ups, casi se me escapa! Pero en lo que respecta a mis prioridades, en primer orden me cambiaré de ropa por una más caliente. ¡Siento que me acabo de convertir en un pescado! ¡puaj! Excúsenme, ¡tengo numerosas cosas qué hacer!
N/A: Y mientras Kim va a depilar sus piernas, son libres de hacer lo que les plazca. Si comer, dormir, leer, salir, estudiar o cualquier cosa que se les ocurre en tanto no dañe al prójimo. Deben saber, malvaviscos asados, que hasta marzo estaré libre así que voy aprovechar estas vacaciones al máximo para terminar de escribir esta historia. Quizás vaya por el capítulo veinticinco cuando estén leyendo esto. Si me lo preguntan, yo creo que el título se refiere a múltiples situaciones, puede ser que Raimundo siempre esté al lado de Kim y que la madre o el padre de Omi no se han apartado de su hijo. Imaginé que querrían saber si Omi renovaría su decisión y perdonara a su padre, entonces en consideración a ustedes escribí ese pedazo ya que me di cuenta que se han encariñado con Omi (estábamos en la historia de Kim y eso es problema de Omi), pero no quise exagerar. Recuerden que apenas vamos por el capítulo dieciocho, ni estamos en mitad de la historia y yo soy malvada. Luego que alguien oye Rotten to the core es imposible pensar lo contrario.
Les adelanto que en el capítulo de la próxima semana, tendremos la continuación de la historia de Raimundo y otra sorpresa. Yo siendo ustedes no olvidaría ninguno de los acontecimientos que acabaron de pasar, quién sabe pueden sernos útiles en el futuro. ¡Oh Raimundo, ¿no tienes respeto por nadie?! ¿qué es eso de palmear el trasero de las chicas? Tú puedes ser como quieras, pero respeta, las mujeres son frágiles. ¿Cuántos de ustedes han echado monedas a las fuentes esperando que se cumplan sus deseos? Cuando era pequeña me encantaba tirar monedas, no para pedir deseos si no porque me gustaba verlas caer en el agua, me parecía lindo. ¿Ya se les ocurrió qué pedir?
Estoy en la obligación de decir que Just Dance existe, pero no aseguro que esas son las canciones que aparecen para bailar. Mi escena favorita fue la visita al cementerio, a la tumba de la madre de Omi; lo que vieron es siguiendo la cultura china respecto a sus muertos, no porque me pareció bonito. Cambiando de tema drásticamente, ¿a ustedes qué les parece que Raimundo estuvo con una mujer guapa? ¿creemos en lo que nos dice Omi? Si se dieron cuenta en el anterior capítulo, estoy empezando a usar el guión largo (en mi opinión, odio los guiones cortos para los diálogos, ahora que descubrí en donde carrizo estaba lo estoy usando. Disculpen las molestias). De seguro tienen varias conjeturas interesantes mucho más que las mías. Si puedo responderlas sin dar spolier lo haré, si no tendrán que esperar. Esperaré ansiosa sus opiniones, sugerencias, dudas en mi lugar de siempre. Hasta entonces gocen lo que le quede de semana. ¡Adiosito!
Mensaje para N.Z.A: ¡Saludos! ¿trece años? ¡Uf, mija ahora es que te falta por sufrir! No tienes idea de lo que te depara. Todavía no te han mandado tarea, cuando llegues a cuarto me mandas un saludo, ¿sí? Tampoco estás obligada a leer, podrías fraccionarlo o posponerlo. Aquí nadie amenaza a punta de pistola a nadie. Perdona mi franqueza, pero es que cuando uno se sienta a leer debería encontrar placer no imposición y para algo así yo prefiero dejarlo, parece que estás cargando una cruz. Lo digo en serio. No veo la lógica de que alguien se queje de algo si se supone que le gusta.
