El cumpleaños de Henry

No es de extrañar que esa noche Regina se tumbara en la cama mirando al techo y no pudiera conciliar el sueño. Al día siguiente era el cumpleaños de Henry y tenía que hacer de tripas corazón para que su hijo fuera lo más feliz posible. Los Charmings y Emma, con su ayuda, habían organizado una pequeña fiesta en Granny's. Regina temía que Robin, Marian y Roland estuvieran allí. No tendría fuerzas de sonreír después de que el ladrón también la viese como la reina malvada. Hasta ella misma se veía así.

Henry llegó a casa de Regina muy temprano, quería desayunar con ella. Ella pudo olvidarse por un rato de sus problemas, su hijo era la única que no la veía como una villana. Emma se acercó a por él a la hora del almuerzo.

-Regina necesito hablar contigo a solas, ¿Henry me esperas en el coche?-el chico salió y Emma miró a la reina.- Tengo que pedirte…

-No. Márchate. No quiero hablar contigo, no tengo nada que hablar contigo.

Emma se resignó y vio que no había forma de hablar con ella. Emma sabía que Regina no entraría en razones, o al menos por el momento. Pero antes necesitaba preguntarle algo.

-Al menos avísame si Sidney va a venir a la fiesta, hay que decirle a Ruby cuántos somos.

-¿Sidney?-preguntó.

-Sí, ayer nos dijo que ya estaba curado y que había vuelto a trabajar contigo.

Entonces recordó su plan y lo bien que había funcionado. Sí de verdad querían una reina malvada que aplastase los corazones la iban a tener.

-Oh, claro que irá. Es bueno tener un apoyo en el pueblo.-contestó sonriendo.

Esa noche Regina y Sidney llegaron tarde. Todos estaban allí cuando entraron. Henry se acercó a darle un abrazo y saludó a su acompañante. Todas sus cicatrices se abrieron cuando vio a Robin con Marian. Pensó que era inútil, que era imposible, que ya nunca podría tener a Robin. Pero esa noche tenía que fingir, tenía que ser feliz, que poner una sonrisa falsa o una risa forzada. Mary Margaret estaba sentada con David y el pequeño Neal y pudo ver la expresión en el rostro de su madrastra.

-Me alegro de que estés bien, Sidney.-les Blanca a ambos.-Y de que tú estés aquí, Regina.

-Es el cumpleaños de Henry, ¿qué esperabas?

-Bueno, ya sabes…-Sidney miró a Blanca y esta lanzó una mirada a Robin.-Tuvimos que invitarles por…

-No tienes que darme explicaciones.-cortó Regina.

-¿Alguien puede explicarme lo que pasa?-preguntó Sidney.

-Ah, ¿pero no le has contado quién es…

-Casi mato a esa mujer en el bosque encantado y ahora me ha encontrado y me odia.-Mary Margaret hizo una mueca y la agarró del brazo, ambas salieron.

-¿Por qué no le has contado nada a Sidney? ¿O es que piensas hacer que no ocurrió nada?

-No es necesario que lo sepa.-Blanca negó con la cabeza.-¡No tienes ni idea de lo que haría si se entera de quién es y todo lo que pasó!

-¿Qué?

Regina suspiró fuerte.

-Recuerdo conocer a Sidney justo cuando padre murió, era un genio y luego desapareció, creo que fue injustamente culpado de su muerte.

-Nunca desapareció.-Blanca Nieves se soprendió.-Sidney se enamoró de mí cuando nos conocimos, y viendo que yo estaba casada con un hombre que no me quería, no me mires así, ambas lo sabemos, pensó que podía matarle y que los dos nos fugásemos juntos. Antes de que lo preguntes sí, puede que yo le mandase señales equivocadas de que lo haría. Lo hizo, pero, a quién vamos a engañar, yo nunca me hubiera ido a ningún sitio con él. Como venganza, y puesto que le quedaba un deseo, pidió pasar la eternidad a mi lado, lo que hizo que se transformara en un espejo.

-¡Eso es muy cruel Regina! ¡Tienes que decirle que ahora tampoco podrá estar contigo! ¿O sí?

-¡No! ¡No digas estupideces! No es cruel, yo no tengo la culpa. Sidney haría cualquier cosa por mí, ¿qué tiene eso de malo? Desde que se transformó en un espejo sabía que no tenía posibilidades y aún así sigue a mi lado.

-Pero… ¿por qué ha venido a la fiesta?- Blanca miró a Regina y vio sus intenciones.-¡No! ¡Por eso no le cuentas a Sidney quién es Robin! ¡Porque le estás utilizando para darle celos! ¿De veras crees que ese es el camino?

-Blanca, no pretendo nada.-mintió.-Pero si le cuento a Sidney quién es y lo que pasó le mataría, ¿no lo entiendes? Sidney cree que nadie nunca va a hacerme feliz, que solo él podrá hacerlo, y yo sé que no es así. El polvo de duendes no miente.

-¿El polvo de duendes?-preguntó extrañada.

-El polvo de duendes me dijo que solo un hombre con un tatuaje de león en la muñeca podrá hacerme feliz.

-Robin…

-Pero está claro que no, hasta él me ve como la reina malvada.

Regina entró y vio que estaban a punto de soplar las velas. Regina le dio un beso en la frente a Henry. Había ternura y amor en sus ojos, como cuando rompió la maldición o usó magia blanca. Robin la miró y vio en ella a la mujer que amaba. No a la reina malvada que mató a cientos de personas y lanzó la maldición, sino a una tierna y cercana Regina, amable, adorable. Marian miró a Robin.

-Las personas no cambian.

-¿Qué?-preguntó él.

-Crees que no es malvada, como lo fue antes, crees que tiene un corazón puro, pero te equivocas.

-No es ni el sitio ni el lugar para hablar de esto.

-¿Piensas defenderla de nuevo?

-Vamos fuera.-Robin cogió el brazo de Marian y la sacó.-Escucha, no quiero que hables de Regina, ¿entiendes?

-¡Es que no entiendo cómo puedes defenderla! ¡Ella intentó matarme! ¡A mí y a casi todos los que están ahí dentro! ¡Causó una maldición! ¡Rompe corazones con sus propias manos! ¡Ella y Rumpelstinkin deberían estar encerrados!

-¡Tú no tienes ni idea de lo que ha pasado! ¡Ambos han cambiado! ¡Regina es capaz de usar magia blanca! ¡Blanca! ¡Solo alguien con un corazón puro podría hacerlo!

Alguien se acercó a la puerta y Marian agarró a Robin y lo besó. Emma y Hook salieron del local. Los dos miraron dentro, intentando que Regina no viera nada, pero fue inútil. Emma carraspeó y se separaron.

Robin miró a Marian y se marchó. Emma y Hook miraron a la mujer.

-Marian…

-No, da igual, yo también debería irme.

Robin se sentía culpable. Y enfadado con Marian. Regina estaba sufriendo demasiado por su culpa. No sabía quién era aquel hombre ni que pretendía, pero sabía que él podía hacerla feliz, hacer que no fuera una reina malvada. Cuando Marian lo besó sintió cosas. Recordó cómo era todo antes, cómo se conocieron, cuando se casaron, cuando nació Roland… Pero no sintió lo mismo que cuándo besaba a Regina.

Regina, dentro, había visto a Robin besar a Marian. Fue lo más doloroso que había sentido en mucho tiempo. Fue como si hubieran arrancado su corazón del pecho y lo hubieran quemado. Sidney miró a su reina.

-¿Qué ocurre?

-Debería irme. ¿Puedes decirle adiós a Henry de mi parte?

-Pero…

Regina abandonó el local. De nuevo había ocurrido lo mismo que dos noches atrás. Robin volvía a ser feliz con su esposa y ella volvía a estar sola. Se tumbó en su cama y se echó a llorar. Las lágrimas recorrían su rostro. "¿A quién pretendo engañar? Lo soy, soy la Reina Malvada,", se dijo a sí misma, "soy una villana. Y los villanos no tenemos finales felices". Se derrumbó de nuevo. En un esfuerzo por mantener la compostura el resto de su vida, sacó el corazón de su pecho. Estaba aún más demacrado que antes. Parecía más pequeño. Pero, de repente, comenzó a brillar, a enrojecer. Escuchó un ruido y levantó la vista.

Robin se había colado en su cuarto. Miró a Regina, quien tenía ojos empapados en lágrimas. Se acercó a ella y tomó su corazón con la mano. Lo acercó a su pecho y lo introdujo en él.

Él había escuchado tras la puerta el llanto ahogado de su amada. La culpa le había invadido por dentro y no dudó en entrar. Solo había pensado en ver si estaba bien, en mirarla mientras dormía. Nunca se imaginó cómo acabaría todo.

-Robin…-pero el ladrón puso un dedo en sus labios.

Puso las dos manos sobre su rostro y la besó. Como un acto reflejo. Fue un beso corto y tierno, de dos viejos amantes que se encuentran gracias al destino. Se separaron y se miraron a los ojos. Vieron el fuego en la mirada del otro. Regina agarró la cabeza de Robin y lo besó con rabia. Mordió sus labios y jugó con su lengua. El bajó las manos por el pecho de Regina. Comenzó a recorrer su cuello con los labios. Los dos se levantaron. El desabrochó apresurado los botones de la camisa de Regina mientras ella ya quitaba la de él. De repente el paró y la miró. Ambos respiraban agitadamente.

Sonrió y la empujó contra la pared. Besó su espalda. Agarró el sujetador y no tardó en desabrocharlo. Bajó su falda y la tiró a la cama. Acercó la cara las piernas de Regina. Ella respiraba agitada. Robin cada vez estaba más arriba. Ella le miraba y le pedía con los ojos que subiera. Cuando faltaban escasos centímetros él levantó la cabeza y se acercó para besarla.

-No seas cruel conmigo.

-Mi lady, le voy a hacer sufrir…

Ella agarró la cabeza de Robin y la metió entre sus piernas. Este metió su mano entre las bragas de Regina. Por fin se las quitó y recorrió la anatomía de Regina con su boca.

-¿Qué quieres que haga?

-¡Hazme el amor!-pidió.

-¿Qué?

Ella, cerró sus piernas y cogió los hombros de Robin. Se acercó a su oreja.

-Fóllame.- le susurró.

Comenzó a sentirle dentro de ella. Poco a poco, despacio, hasta que el comenzó a moverse deprisa. Regina gimió.

-Voy a hacer que te corras.-le susurró, entonces, él.

Robin se movía cada vez más deprisa. Regina mordió los labios de Robin. Él se separó y la miró a los ojos. Ambos se miraban cuando alcanzaron el climax. Se abrazaron.

Regina se tumbó sobre Robin y durmieron toda la noche, juntos, como si solo estuvieran los dos en el mundo, mas esa no era la verdad.

Sidney siempre tuvo una llave de la mansión de la alcaldesa. De noche iba allí y la miraba dormir. Esa noche estaba excesivamente preocupado y acudió. Mientras subía los escalones escuchó ruidos en la habitación y corrió. En ese momento vio a Robin abrazando y besando a Regina, a su Regina.