Quiero ser escritora

20º

Quintaesencia

¡Hola, estás hablando a mi celular! Por el momento no puedo atenderte, ¡estaré todo el día en el cine con el chico más lindo del mundo! ¡Saluda Clay!

¿Keiko, qué estás...?

¡¿No tiene una voz dulce?! Puedes dejar tu mensaje cuando deje de escucharse el pito y te contestaré apenas vuelva, ¡muchas gracias, son unos amores!

El pito estremeció mis tímpanos y lo dejé en espera, corté la llamada y seguí recargando el teléfono. ¿Cuál es el problema? El cargador es mío, lo traje desde mi casa y los enchufes de la universidad están al servicio del público. Decidí aguardar en salir de mi última clase para llamar a Kei. No me gusta ser interrumpida entre clases, aprovecho ese tiempo para estudiar y prepararme por si tengo examen.

Introducción al estudio del lenguaje estuvo bien, aunque aburrido. La clase era a cargo de una profesora anciana, llevaba impartiendo enseñanza en esa misma materia y escuela por veinticinco años, antes de comenzar se entretuvo con un discurso obviamente ensayado. No tuve problemas con mi primer día en inglés (en la universidad en la que estoy estudiando es un crédito obligatorio que hay que tomar, no es una decisión del estudiante ni de la carrera que uno selecciona), desde temprano mi padre me inscribió en una academia con profesores norteamericanos para aprender inglés y el esfuerzo es reflejado en mis notas. Creí que sería inútil hasta entonces. Después tuve clases de poesía. En literatura pululan muchos talleres y seminarios, como saben había que elegir uno y decidí el de: Siglo de oro español (es decir, literatura española). Tomé el horario de la mañana pues que si distinguía el vespertino sería más difícil cuidar un niño a esas horas. Acabé sentándome, de piernas cruzadas, en el piso cargando mi teléfono. He hecho esto un montón de veces, estoy acostumbrada.

Esta es la tercera vez que telefoneo al celular de Kei y me responde la contestadora, no me malentiendan de veras me siento feliz por ella y que pronto descorcharemos una botella por su nuevo novio, sin embargo habíamos prometido nunca zanjar nuestros planes sólo porque un chico nos invitó a salir. Y llevamos tres semanas sin planificar actividades de chicas. Me siento un poco sola (aunque otra buena razón que explica mi gran vacío es que gran parte de mi inspiración se había esfumado y me llevó a entender que necesitaba un descanso para volver a fortalecerme, ¿ustedes, los que escriben, no les pasan que tienen la idea y no saben cómo desarrollarla? Es la historia de mi vida cada vez que me siento frente a la laptop y me quedo en blanco). Ajá, ¿en dónde iba? ¡Cielos, odio entrar en las lagunas mentales! ¡Ah sí!

Cuando Kei salía con un chico, pasaba el resto de la tarde en compañía de Clay, pero ahora que ese chico es Clay no sé qué hacer. Todo lo que me queda es Omi, un pequeño de once. Lo que no está mal, pero me gustaría relacionarme con alguien de mi edad. No tiene ningún caso en qué persista. Tal vez ya va siendo hora de que me busque a otros amigos. Así podré dejarlos a solas el tiempo que necesiten y en cuanto sean novios oficiales todo volverá a la normalidad. Sí, tampoco puede durar para siempre ¿o sí?

Recogí mis cuadernos, guardé el cargador y apagué el celular. Fui a la biblioteca y le saqué fotocopias a algunos libros que exigían en la clase de poesía, sale más barato. ¡Oh es que no les he contado cómo resolví mi problema de pagar mi matrícula! Tomoko me ayudó, de la familia es la más lista, nunca se me hubiera ocurrido, pero dos días antes de que comenzara en la universidad llamó a mi celular y me dijo que podía fijar los trámites de solicitud para una beca, ¡¿lo entienden?! Una beca cubriría los diez semestres y me ahorraría un dinero extra para pagarme la merienda en la cafetería. Entonces fui al rectorado, me entrevisté con el trabajador social y le expliqué por qué necesitaba una beca... ¡esperen un momento! ¡Ahí está la respuesta! ¡Mi hermana! Antes de Kei, Tomoko era mi mejor amiga y bueno todavía lo es, no hay ningún inconveniente que quiera ahora pasar tiempo con ella. Es genial... rara, ¡pero genial! ¡Uf, eso quiere decir que no tendré que arrastrarme hasta donde está el idiota y evitarme la vergüenza de no tener que pedirle que salgamos! ¿pueden creerme si les digo que se la tiene creída últimamente? El otro día dejó un tónico para el cabello en mi puerta y ni se dignó en decirme por qué lo hizo, también dejó esta nota: Estoy feliz de que seamos amigos, toma esta pequeña muestra de mi aprecio como motivo de festividad ¿te diste cuenta que hemos pasado un mes sin haber reñido? Disfrútalo, úsalo la próxima vez que nos veamos para ver si te gustó. – RP. Si no me equivoco son las iniciales del idiota. Me pareció tan extraño que llevo conmigo la nota a todas partes y la leo cada vez que tengo oportunidad para descifrar si hay mensajes ocultos. No llamé para confirmar ni le he referido a nadie esta nota. Decidí tocar su puerta, mi excusa será presentarle mis regalos. Si nadie abre, me iré a casa de mi hermana y no habrá pasado nada... ¡sí, eso es lo que haré!

Compré un café descafeinado y tomé una buseta que me llevara de regreso. Sólo fui hasta mi apartamento a recoger unas cosas. Presioné el timbre de la puerta de adjunto, pero nadie abrió. Volví a intentarlo una vez más y no obtuve respuestas. No quise quedarme allí como estúpida y salí a verme con Tomoko. No le avisaré que vengo ¡quiero que sea una sorpresa! Tomoko vive sola en un apartamento (lo estoy aclarando por si especulan que comparte el piso con alguna amiga o con su novio). Que yo sepa jamás ha tenido novio y no conozco a la gente que frecuenta. Siempre está viajando por todas partes del mundo a causa del trabajo y me trae un recuerdo del lugar al que visita. Sí, así es, debe ser un trabajo increíble. Casi nunca permanece mucho tiempo en la ciudad. El portero me dejó entrar. Ya ha visto mi cara antes y sabe que mi hermana es Tomoko. Es un edificio muy sofisticado y bonito, los copropietarios contratan a una doméstica para mantenerlo así de limpio. Tengo entendido que no aceptan mascotas ni niños pequeños. Imagino que por eso es tan tranquilo vivo aquí. La acomodada de mi hermana se instaló en el penthouse. Su hogar es tan enorme que no hay otro apartamento a la vista. Toqué el timbre... ojalá esté en casa. Alguien salió a abrir.

—¡Hola Tomoko!

—¡Kimi-osita, cariño, viniste! ¿Cómo has estado? —mi hermana me recibió con un abrazo.

—Muy bien, ¿puedo pasar?

—¡Adelante! Sabes que mi casa es también tu casa… —asentí. ¿A qué no van a creer quien estaba en la sala esperando? Jack se levantó.

—¡Oh! No sabía que tenías visita, si era así mejor vuelva otro día —quise escaparme, pero Tomoko me tomó de los hombros devuelta.

—¡Kimiko, hola! Justamente estábamos hablando de ti.

—¿Ah sí? ¿Y por qué de mí? —pregunté volviéndome hacia ella.

—Bueno, tu hermana mencionó que te mudaste de carrera y tan sólo comentábamos cómo has cambiado desde que vivías con el viejo Tohomiko hasta que te fuiste a vivir sola. ¡Eres una niña traviesa, ¿cómo no me habías hablado que decidiste tomar literatura?!

—Supongo que no hubo oportunidad, la última vez que conversamos fue hace mucho.

—¿Tienes hambre? —preguntó amablemente Tomoko, sosteniendo en alto una bandeja de galletas con un tazón azul llena de una natilla espesa— aquí tengo galletas saladas y crema de soya, deberías probarlas querida, son muy buenas. ¡Convéncela que tome una, Jack!

Tomoko untó un poco en una galleta y se la metió a la boca. No me gusta la crema de soya, pero debo admitir que Tomoko lo hacía ver tan sabroso y no estaba de ganas para herir sus sentimientos que comí unas. Existen algunas cosas que debo advertirles sobre mi hermana, no es nada del otro mundo ni tampoco serio: la decoración del lugar es un poco psicodélica, inspirada en los ochenta y con puffs sustituyendo a la mueblería, si admiran las pinturas son divertidos los coloridos espirales que se forman, pero siempre me ha gustado esa lamparita de lava en su mesilla de lectura. Aunque eso no es nada impresionante en comparación a su colección de rocas; las tiene en exhibición en una caja de cristal en dirección a la puerta de entrada, ordenadas por grado de cristalinidad y etiquetadas por sus nombres. Las recoge de cada viaje y las guarda para admirarlas. Eso sumando a su zona de luminiscencia. A mí no me consta si cree en los muertos, en el tarot o cosas por el estilo, pero sé que ha participado en varias sesiones espiritista. Ella no tiene noción sobre la moda, es una chica muy sencilla y espiritual, no bebe ni se maquilla (no sabe manejar un rímel y quizá es un poco torpe para los cosméticos, pero para eso ella tiene a una hermana que puede ayudarla). Encuentra más apasionante consumir alimentos orgánicos, practicar feng shui y tomar posturas de yoga en el balcón. También ella es discreta, no me hizo preguntas extrañas, curiosas ni quisquillosas acerca del motivo de mi visita, me sentó en medio de ella y Jack y me familiarizó de lo que estaban conversando minutos antes de que yo entrara.

—Sí, Jack y yo coincidimos en tu evolución y estamos contentos. De hecho, estaba a punto de señalarle a Jack cuando... ¿ustedes, de casualidad, conocen el gym que está en la avenida 56? Yo he estado yendo desde ¡bueno! Prácticamente desde mi regreso y tan sólo me bastó dos semanas para decidirme y subscribirme para, ya saben, distraer la mente y fortalecer el cuerpo y ha sido indiscutiblemente una maravilla. En los fines de semana ofrecen clases en las tardes, si no hubiera sido por el trabajo no dudaría en apuntarme, pero me gustaría que más personas tomaran la iniciativa. Kim, Jack, ¿qué opinan?

—Tomoko, querida, sabes que soy incapaz de rechazar tu ofrecimiento cuando me lo pides con tanta amabilidad; sin embargo, me temo que debo obligarme a mí mismo a declinar por esta vez. El trabajo, las juntas, los ejecutivos, los viajes, la familia ¿tú me comprendes? Mil disculpas.

—No hay problema, está bien. Sigo esperando tu respuesta Kim.

—Bueno, yo... ¡sí! ¿qué habrá de pasar?

No pude negarme con la misma elegancia y amabilidad de Jack, además ¿qué excusa daría? A mí nadie me saca de la cabeza que él no quiso aceptar por motivos ajenos a su voluntad, nunca ha sido un fanático del ejercicio. Siempre ha tenido esa fama de perezoso y completo inútil. Viéndole el lado positivo, podría disminuir el riesgo de las calorías y repotencia a los músculos. Es una buena forma de pasar tiempo con Tomoko. No tenemos muchas cosas en común si se dieron cuenta. Quién diría que mis dos nuevos amigos resultaran mi hermana y mi ex. Tendría que verlo con mis propios ojos para asegurarme de que no es un sueño o una broma de mal gusto. Ella siguió compartiéndonos sus experiencias en los últimos viajes que ha tenido sobre un chamán y unos remedios caseros que conoció en una aventura por Brasil y la selva amazónica. Automáticamente la conversación se reubicó a la calle, ella mencionó unos helados cuando estuvo refiriéndonos a Italia, Jack (feliz de incorporarse a la plática y ufanarse) añadió que había un lugar donde vendían unos riquísimos helados de limón y nos ofreció invitarnos a comer. No hacía un día caluroso si no más bien frío, empero la verdad es que se acercaba la hora del almuerzo y se nos antojó comer algo.

Reconozco que me daba miedito quedarme a solas con Jack, nuestra última cita no terminó como esperábamos y Jack es de las personas que hay que tener cuidado, así que me pegué a Tomoko como una lapa a donde quiera que fuéramos. Ahora que lo pienso, ¿qué hacía Jack en el apartamento de Tomoko? Tomoko, Jack y yo nos conocemos desde que éramos niños, pero él es más cercano a mí porque somos contemporáneos en edades y estudiábamos en la misma clase, ¿será que se cansó de mí y anda persiguiendo a Tomoko? De estar en lo cierto no sería extraño, Tomoko es una mujer con una belleza exótica y radiante, es difícil odiarla y los hombres se deslumbran fácilmente a sus encantos. Conozco a varios hombres que han quedado devastados porque no les ha prestado atención, al parecer no se ha percatado de su poder. ¿Es plausible? El hombre quien ha sido objeto de tantas sesiones de perra late night con Keiko coladito por mi hermana mayor, mucho más guapa y simpática. En otras familias esto hubiera traído un problema; yo, al contrario, me hago un ovillo en un rincón a llorar. El helado estuvo delicioso, no voy a negarlo. Frío y refrescante, el sabor de limón es agradable y para nada amargo. Creo que mis papilas gustativas no podrían estar más felices. Eso sonó raro, ¿okey? ¡Uf, mi cerebro se congela! ¡Break up! Paré en seco. Tomoko giró hacia mí. ¡Uf, cómo la envidio! Es de esas personas, o casos milagrosos, que tragan y tragan y siguen siendo iguales de delgados.

—¿Todo está bien? ¿te duele la cabeza? —preguntó cuando me vio masajear la sien.

—Sí, no te preocupes, es el frío del helado...

—Espérate un momento, tienes helado justo aquí —dividió su servilleta y limpió encima de mi labio.

—No tienes qué molestarte —insistí—, oye ¿me vas a explicar eso? ¿tú y Jack solos en tu apartamento? ¿acaso ustedes están saliendo? —mi escrutinio no pareció molestarle, la chica soltó una risita y se apartó.

—¡Oh no seas ridícula! No es nada de lo que estás pensando, vino a devolverme unos libros que le había prestado la última vez que vino a visitar a papá. ¡Listo! —en otro momento yo hubiera estado de acuerdo, ¡mi helado se cayó! ¡Fenomenal Kim, la hiciste! Jack se deslizó hasta nuestra posición y sus ojos se reposaron en el cono sobre el suelo derritiéndose bajo el sol.

—¡No me digas que hubo un accidente! Al menos no se mancharon. Bueno, no importa —Jack me alcanzó su helado.

—¿Qué? ¿me vas a dar del tuyo? ¡No puedo hacer eso!

—Kim no seas tontita —volteó los ojos— anda, toma el mío. ¡Yo puedo comprarme otro y hasta la tienda si quiero! Con mover los dedos, ¡ya está!

Tiene un buen punto. Es el presidente de un centro comercial, cogí la barquilla y se volvió a pedir otro. Después de eso, fuimos de compras. En realidad todo ha sido idea mía, mientras nos apresuramos a lo largo, me asomé a la ventana de varias tiendas de venta de zapatos, de bolsos y los trajes más fabulosos. Una tienda incluso tenía una pantalla de bolsas V hasta la Sonata más codiciada. ¡Uhm! Yo siempre he querido una bolsa V, pero exactamente no está al alcance de mi presupuesto. ¡Maldita sea! Las musarañas hacen de la suya, a la par de un hombre que lleva dinero en efectivo significativo sobre su persona me punza el estómago y ese mismo hombre sugirió entrar. ¡Oh-mi-DIOS! Yo me sentía cono Julia Roberts en Mujer Bonita recorriendo los pasillos. Me paseé por las secciones y agarré muchísimas cosas, este vestido Dior se verá hermosa con unas sandalias romanas negras que encontré más delante. Tomoko apenas se movió de su sitio, eligió una blusa casi sin vida, las compras intensas no le entretienen tanto como a mí... lo hace por solidaridad. ¡Pobrecita! Tuve que tomarle de la mano y coger por ella. Cuando hice mi buena acción del día, pensé en Jack ¿cómo le estará yendo? ¡Ese ni se diga! ¡Oh, ahí está! Se volteó a saludarnos, ¡ha comprado media tienda! Me reí de la primera impresión, tenía que haberlo visto. ¡Fue muy gracioso! Nos acercamos a la caja, permití que Jack pasara primero y sacó su billetera rápidamente. Apostaba que iba a hacer alarde de su tarjeta de crédito platino puro, acostumbraba hacerlo cuando apenas era un adolescente, pero en vez de eso pagó en efectivo y nos esperó. Salimos de la tienda, cada uno con sus compras. Jack y yo cargábamos cajas, no eran pesadas, pero sí eran demasiadas entre tanto Tomoko apenas sostenía una bolsa.

—¡Ups, temo que tendré que abandonarlos un poco antes! —exclamó, revisando un curioso reloj guardado en su bolsillo— se me hace tarde para ir a recoger unas velas aromáticas que encargué. Lamento esta despedida tan rápida, querida, prométeme que me visitarás seguido —dijo rodeándome con un brazo y susurrando a mi oído— tranquila, estarás bien. No come gente. Llámame cuanto llegues —se separó, guiñándome un ojo, no sin advertir que sólo yo la vería— Jack hasta pronto.

—Adiós Tomoko. Cuídate.

Tomoko no pidió un taxi ni esperó en la parada del bus, ella se fue a pie. Le gusta caminar y hacer ejercicio, pero eso lo saben. ¡Madre mía, ahora espabilo que sólo somos Jack y yo! Justo lo contrario a lo que yo quería esta mañana.

—¡Apresúrate Kim! Parece que se avecina una tormenta y Vlad nos está esperando.

¿Una tormenta? ¿es una broma? ¡No lo es! Súbitamente que Jack me avisara sobre la lluvia, del cielo comenzaron a caer unas gotitas de agua y, en segundos, nos cubrió la lluvia como picaduras de insectos. La brisa destilaba con furia y se metía por los ojos dejándome ciega. Jack se arrimó a mi lado, extendió su chaqueta encima de mí, resguardándome contra él. Mi cuerpo no tardó en acostumbrarse al suyo de inmediato. Gracias al cielo no estaba a forzada a decir una palabra. No me abrazaba así desde que éramos novios. Tengo entre ceja y ceja el recuerdo de nuestra última cena. Al parecer Vlad no sólo es el chófer, también hace de las veces de mayordomo. Creo que es el asistente personal de Jack.

Nos subimos al vehículo. Él cerró la puerta detrás de nosotros y corrió a asumir su posición de conductor. Ya en el auto suspiramos tranquilos. Exprimí mi cabello, sacando el agua. No puedo hacer nada por mi ropa. Jack le ordenó conducir hasta mi casa. Luego de eso, se dirigió a mí. Interesado si estaba bien. No quise dar vueltas al asunto y me aparté rápidamente. Me siento incómoda al compartir el mismo auto con el tipo al que le rechacé un beso en su propia casa. ¡Creo que explotaré! No soporto más tiempo callada.

—¡Jack! —lamenté mi decisión, pero era tarde para echar atrás.

—¿Sí, preciosa? ¿qué sucede?

—No puedo más, lo que pasó la otra noche en tu casa, aquella cuando me invitaste a cenar. Yo lo siento mucho, no quise herir tus sentimientos. La arruiné.

—Ya, ya, Kim —dijo tomando mi mano entre las suyas—. No te humilles, si soy yo quien está arrepentido por lo que ocurrió: No debí presionarte de ese modo. Te recuerdo también que fui yo quien tomé la iniciativa y te besó, tú no hiciste nada malo.

—¿Ah sí?

—¡Seguro! Hagamos como si nunca pasó, ¿trato? —hizo un ademán. Yo asentí acalorada y él me sonrió. El calor inundó mis mejillas.

—Oye —dije para cambiar de tema— no sabía que te gustaba la moda.

—Bueno, sólo porque sea el presidente de un prestigioso centro comercial no me da excusa a que no me preocupe por mi guardarropa. Los hombres actualmente le dedican horas de su tiempo a su apariencia personal. Claro, no permito que eso me suba a la cabeza.

Las sorpresas de Jack no acaban allí. Después que bajamos, se ofreció acompañarme hasta la puerta. Yo ni terminaba de responderle. Asimismo, Jack me previno que el suelo estaba resbaloso, pero no presté atención y mi tobillo se torció cuando pisé lo húmedo. Me hubiera caído del culo si Jack no corría a tiempo y me atrapaba en sus brazos. Mis compras salieron despedidas en el aire. Del impulso, lancé mis brazos en torno a su cuello aferrándome de él. Esta vez debo considerarlo, Jack no podrá ser un hombre fuerte (a duras penas podía cagar mi peso y el suyo al mismo tiempo) ni será el tipo más ágil o veloz, empero su intervención oportuna impidió costarme un esguince o peor. Mi corazón bombeaba deprisa, podía sentir su aliento a través de mi cuello. ¡Qué susto!

—Kim, no soy de los que repiten constantemente "te lo dije", pero te lo advertí —jadeó—. ¡Uf, eso estuvo feo! ¡no lo vuelvas a hacer nunca, casi me da un infarto! No estoy para estas cosas ¡por poco ocurre una desgracia! ¿No te lastimaste, Kim? ¿crees que podrás caminar?

—Sí —me descolgué suavemente. La sangre descendió mi rostro, creo que puedo caminar. Tan sólo es la sensación después del susto.

—¡Oh demonios! Será mejor que yo cargue tus cosas y no me repliques, en un 90% lo hago como un favor a ti y el 10% por mi salud mental. Tienes un irreprochable talento para sufrir accidentes...

—No te lo voy a discutir —susurré sonrojada.

No puse mala cara, me pareció un detalle lindo de su parte que lo dejé hacerlo. Siempre he apoyado que una pareja debe compartir lo que hace y que un chico escolte a su chica ir de compras es un acto supremo de amor, la delicadeza de estos actos comprende un valor muy significativo. También soy de las que opinan que el sexo es un buen estimulante para una relación, si bien no lo es todo. Nunca he podido imaginar a Jack en el papel de príncipe azul ¿a quién engaño? Ni siquiera tenía idea que le gustara la moda. Los libros... sí, de eso estoy más consciente. ¡Ay! Estoy empezando a cuestionar si realmente conocía al hombre quien besaba, es eso o ha cambiado el hombre que siempre estuvo interesado en las partes más redondas y blandas de mi cuerpo. La idea me mareó pero decidí que este Jack me gusta más que mi novio del pasado y todos los anteriores juntos. No ha fanfarroneado en todo el día y eso me tiene tan aliviada como alegre. Miren que tuvo oportunidades para ufanarse delante de mí y no lo hizo, me rescató y está llevando mis compras...

—¡¿Kim?! —no estaba preparada para tantas sorpresas en definitivo, de seguro en mi rostro debo tener una expresión de total despiste: entrando nos encontramos con Raimundo cara a cara. Estaba esperándome.

—¿Raimundo? ¿Cómo me encontras...?

—No sabía —me interrumpió rápidamente—. Yo necesitaba verte y no podía hablarte por celular, toqué a tu puerta y no saliste, estaba impaciente que decidí esperarte. No imaginé que estuvieras ocupada —no sé si todavía no he despertado de mi sueño esta mañana, pero su rostro mudó de color a uno rojo. Se aclaró la garganta y trató de sonreír como si nada— quizá deba venir en otro momento.

—¿Para qué? No seas absurdo, te has tomado la molestia de esperarme, ¿no es así?

—Kim, preciosa, ¿no me vas a permitir los honores de presentarme a tu amigo? —intervino Jack.

—¡Oh sí! Raimundo, él es Jack Spicer, es un amigo muy cercano de la familia.

—Un gusto en conocerlo —Jack bajó las cajas y dejó ver su rostro. Raimundo se quedó en suspenso, cuando intercambiaron miradas por primera vez. Algo extraño estaba sucediendo frente mi nariz y no sabía que es lo que era, el efecto que causó su encuentro fue irrebatible. Uno torció la cara en una mueca de desconcierto y el otro se puso pálido, fingió sorpresa y forzó una sonrisa desde las entrañas, parecía que unas pinzas cogían sus mejillas y apretaba muy fuerte. ¿Qué es esto? ¿se conocen? ¡Es imposible! Los círculos sociales que frecuentan estos dos son distintos, sus gustos, sus maneras, ¡todo!

—Mucho gusto en conocerlo, sí —replicó pomposo Jack— lamento que no pueda estrechar su mano, como verá mi situación... soy incapaz —medio alzó las cajas.

—Puedo verlo, está bien. Me preguntaba, ¿no nos conocemos de algún lado?

—Lo dudo, conozco a mucha gente todos los días. Tal vez esté confundiéndome con otro.

—No, creo que... ¿no fue a unas carreras de automóviles la semana pasada?

—¡Ah sí! Lo recuerdo bien —asintió sonriente, una vez más parecía ser el de siempre— era el mejor piloto de la pista, que yo me acerqué a patrocinarlo. ¡¿Dónde andaba mi cabeza?! Discúlpeme por no reconocerlo. Nunca percibí que tuviéramos un nexo en común —señaló, refiriéndose a mí.

—Ni yo —comentó el idiota correspondiendo al sentimiento mutuo. Los siguientes minutos fueron llenados con gruñidos, debo admitir que esto no me gustaba a donde iba.

—Bien, ¿y por qué querías verme? —intervine, interponiéndome en el medio de ambos.

—¿Qué? ¡ah sí! Quería hacerte partícipe de una idea que tuve. Me comentaste la última vez que Omi la estaba pasando mal pues que extrañaba a su madre, su padre no está junto a él y la otra señora en casa tampoco se la deja fácil así que estuve pensando —se rascó la nuca— y lo que necesita es relajarse; conseguí unos pases de cortesía especiales para el estadio de futbol, imaginé que a Omi le gustaría ya que una vez me dijo que ocupaba la posición diez. No sé si has escuchado de él; yo he ido un par de veces por motivos de trabajo, es un lugar bastante grande y los equipos van a entrenar. Podríamos ir tú, Omi y yo un día de semana, ¿qué dices? —indagó sacando los tres pases. Ahora veo por qué no podía ser por teléfono.

—¡Guau, Raimundo! No suena mal, estoy segura que Omi también estará de acuerdo. Sólo veo un problema...

—¡Oh Kim no menciones esa palabra en mi presencia de nuevo! —gruñó— ¿vale? Seamos felices, libres de preocupaciones. Luego del "pero", es la palabra que menos me agrada del diccionario, ¿por qué la tuvieron que inventar?

—Porque inevitablemente, —esa no fui yo, lo señaló Jack—, las personas debían designar un nombre a las calamitosas circunstancias que suceden sin desearlo.

—¡Sí, tienes razón Jack! El asunto es, Raimundo, que no está a mi alcance decidir por Omi. Su padre, su madrastra o si no, su abuelo deben estar informados y consentir el permiso. No soy nada de Omi, nada más soy su niñera y me pagan por cuidarlo, pero te prometo que voy a consultárselos a más tardar el lunes y te daré una respuesta, ¿quedamos así?

—Me parece que es lo más justo. Confío en que no me decepcionarás, de todas formas ten tus entradas. No obtengo nada a cambio si me las quedo, por favor, mantenme al tanto. Fue un honor conocerlo, señor Spicer —Jack le sonrió, lo menos que pudo hacer Raimundo era devolverle el gesto.

—¡Pero espera Raimundo! Debo obsequiarte antes una cosa —Raimundo arqueó una ceja y Jack se encogió de hombros. Me apresuré a abrir la puerta, me metí las manos en el bolsillo y rebusqué las llaves, con manos temblorosas de la emoción pasé al interior—. Jack, puedes dejar las compras en la mesa, ya sabes donde es —los regalos los había puesto en la entrada y ahí seguían, los agarré y entregué a su original dueño— ¡no sabes las odiseas que soporté para dártelos! Por favor, ábrelos. ¡Ojalá te gusten!

—¡Vaya! Gracias, es muy atento de tu parte.

Siempre me ha gustado ver las expresiones de las personas cuando desatan el envoltorio en que han sido empaquetados sus regalos y terminan súper contentas. Keiko se enamoró de la blusa, Omi amó el suyo y lo usó desde ese mismo día y ¡qué lástima que no estuvieran allí! ¡La cara de Clay cuando vio su llavero, era igual a la cara que ponía un niño en una mañana de navidad! El de Raimundo lo metí en una bolsa, para aprovechar y meter las páginas de la novela también. Sacó sus gafas de sol. Debieron verlo, a no ser que haya desarrollado un tic nervioso las últimas veinticuatro horas o yo sea lenta y no me había fijado, percibí un atisbo de embarazo. La reacción que uno pone cuando pide para su cumpleaños libros y le regalan ropa (abro un paréntesis para indicar que si fuera de marca me alegraría el día de cualquier forma, empero si no es ropa de marca ¡ahí sí que no!).

—¿No te gustó? —pregunté con voz trémula.

—¡No, no! Claro que sí, me encantan. Podré usarlas cuando vaya a la playa, me hacía falta, gracias Kim.

—Bueno ¡me contenta! —no estoy convencida si es lo que quieren saber— allí adentro está los primeros capítulos de mi novela.

—¡Ah caramba! —exclamó revisando—. La leeré esta noche y te informo mi opinión, otra vez gracias por los regalos. ¡Nos vemos Kim!

—¡Hasta pronto!

—Yo también debo irme, Kim —susurró Jack a mis espaldas— no puedo dejar abandonada la oficina, prácticamente estoy escapado.

—¿Tú también? ¡De acuerdo, gracias por la ayuda y hasta luego!

Raimundo y Jack volvieron a cruzar miradas una vez más, y les juro que fue aterrador. Era imposible ignorarlo por mucho tiempo. No volví a saber más del idiota después que cerró la puerta. Jack continuó su camino en el ascensor. Entré a mi apartamento menos animada que hace unos segundos. Excepto uno, todos recibieron satisfactoriamente sus regalos. ¿Qué fue lo que estuvo mal? Raimundo es un hombre extraño, ¿quién puede adivinar lo que le gusta? Debo admitir que estaba un poco sorprendida de su acritud conmigo, considerando todas las cosas. Sin embargo, yo jamás he sido buena en averiguar la forma en que la mente de un hombre funciona. Acto seguido, me dirigí a la cocina para poner en marcha lo que sería el inicio de una tarde "extravagante" (noten que hice un énfasis en extravagante) de comida precalentada (pasta, carne y ensalada de zanahoria y papas, específicamente), televisión por cable y una intensa sesión de probarme-todo-lo-que-compré. Claro no duraría mucho mi diversión, a las dos en punto vienen mis perros y son las doce y quince. ¡Será mejor que me dé prisa!

No pude sacar mis perros a pasear al parque puesto que llovió a reglón seguido. Me quedé atrapada en el apartamento con ellos. Y aunque me imploraron a lengua suelta que liberara las correas en la lluvia, en un abrir y cerrar de ojos sus patas se llenarían de agua turbia más de lo que me hubiera gustado. No me hacía gracia tentar al diablo, llevo semanas cuidando a una perrita, su dueña confeccionaba medias para mantener caliente sus patitas y compraba pelucas, vivía el santo día aconsejándome sobre la manera y la hora en que debía peinar su peluca: Que Fifí esto, que Fifí aquello, que Fifí no puede, que Fifí debe antes de... así que le dejé en claro a la controladora que me dejara hacer mis asuntos en paz (por desgracia, esos insultos no salieron de mi cabeza, pero me hizo sentir mejor). Perdóname Dios por ser débil y patética, empero es que eso la ofendería y de todos mis clientes es la que mejor paga. Los llamé a comer y jugamos un rato a tirar de la cuerda: Humana contra canes. Sí, ya sé, estaba en desventaja, pero era el único juego que no tirábamos nada. Hasta que el último perro no regresó con su amo no me senté a contar mi dinero. Me costó un enorme esfuerzo aprender apreciar el significado de "ahorrar", pero creo que valió la pena. Para hacer menos amarga la tentación y en vista de que estaba privada de comprarme una alcancía; decidí guardar el dinero en un pote grande de vidrio.

Creo que se los expliqué, era un mal necesario y la única manera de controlar mi instinto de compradora convulsiva. Hasta yo misma no me creía capaz de subestimar gravemente mi resistencia a las compras. Si no el dinero desaparecía en compras, de veras quiero ese libro. Saqué la alcancía y la hice añicos contra el piso. Me senté a numerar mis ingresos desde el capítulo doce de esta novela. ¡¿Quieren saber cuál fue el resultado?! ¡por fin había reunido los seiscientos! ¡Podía comprar el libro de mis sueños! A ver, a ver, ¿qué hora es? —revisé mi celular—. Uhm... todavía no es muy tarde, son las seis de la tarde, y me muero de ansias por ojear los primeros capítulos. Dicen que es una historia muy bella. Lo nuevo desde Bajo la misma estrella, si bien nada cerca de la realidad. Me apresuré a guardar el dinero, lo metí en un "sobre improvisado". Cogí una hoja y la doblé alrededor. No necesito otra cosa, salvo tal vez... un baño... ¡uf, sí y uno con urgencia! Me olisqueé la muñeca y luego las puntas del cabello, ¡olía a perro mojado! (Larga historia, les voy a resumir lo más que pueda: Hubo un accidente entre tanto le daba su baño "real" a Fifí). Salí como flecha en dirección al baño y comencé a preparar la tina...

Estuve en la ducha un total de veinte minutos. Fue bastante relajante: El golpeteo del agua caliente descendiendo por mi cuerpo me inspiró a canturrear mientras me movía en la sala de vapor. Nada mal, ¿eh? Habría sido una buena cantante si hubiese entrenado mis cuerdas vocales. Me tomó cerca de cuatro segundos y medio vestirme con uno de los conjuntos que compré; es un look casual: creo que estos Prada pantalones hiper rotos se me vería bien y con esta blusa de escote con forma uve de Dior añade sensualidad. Hice una pirueta rápida frente al espejo y me maquillé. ¡Ups! Casi paso de inadvertido la famosa crema para peinar que me regaló Raimundo, la dejé sobre el tocador y luego la olvidé. Repasé la etiqueta con el dedo: Anticaída, fuerza y resistencia. No requiere enjuague. Fruncí los labios. Bueno, es una estupenda excusa para estrenarla. La destapé, me eché un poco en la mano y apliqué en el cuero cabelludo. ¡Qué cosa! Se siente suave. Con absoluta confianza seguí masajeando el resto. Ahora mis manos tienen crema, será mejor que me lave antes de que me vaya. Fui al lavamanos y metí hasta las muñecas en agua, que mágicamente comenzaron a desteñirse en azul. ¡¿Uhm?! Me miré en el espejo horrorizada: ¡Todo mi hermoso pelo pintado de azul!... ¡LO QUE HABÍA EN EL FRASCO NO ERA CREMA PARA PEINAR SI NO PINTURA AL FRÍO! ¡OH NO! ¡OH NO! ¡NO, NO, NO! ¡¿Qué va a ser de mí si mi cabello se tiñe de azul PARA SIEMPRE?! ¡¿Qué horrible broma es esta?!... ¡RAIMUNDO PEDROSA!

Aclaro que yo no soy una de esas chicas tontas que salen en las pelis de terror que gimotean y gritan despavoridas, pidiendo que un príncipe las rescate y suplicando patéticamente por sus vidas, pero por hoy: Estoy dispuesta a hacer una excepción. Grité, chillé y pataleé antes de salir a enfrentarme con Raimundo. ¡Por supuesto que no me enjuagué el tinte azul, tiene que verme así! ¡de tal manera que no me salga con excusas de que yo me lo inventé o estoy borracha, que me tome dos pastillas y lo llame en la mañana! ¡Oh no, no escapará esta vez! Dejé que mi ira embotellada saliera solita y se encargara de resolver este problema. Golpeé su puerta como nunca antes. Creo que no he estado tan enojada con él desde que me llamó mentirosa o que me haya dejado plantada en nuestra primera cita o se haya burlado de mis pechos… ¡O ANTES DE QUE LO CONOCIERA! ¡MIERDA, PEDROSA, ¿POR QUÉ TE TARDAS TANTO EN ABRIR LA MALDITA PUERTA?!

—¡RAIMUNDO PEDROSA, ABRE LA PUERTA! ¡NO TE ESCONDAS! ¡SI NO SALES AHORA MISMO PROMETO QUE LA DERRIBARÉ, TE ENCONTRARÉ Y TE ATARÉ DE PIES EN EL BALCÓN! ¡VAMOS, VAMOS, SAL! —por fin la sanguijuela salió de su nido de ratas— ¡¿A QUÉ ESPERAS?! ¡SAL DE AHÍ EN UNO, DOS, TRES, CUATRO...!

—¡¿Pero qué escándalo descomunal es este?! —Raimundo estaba descalzo y en bóxers, los ojos entrecerrados (se los frotaba constantemente, por lo que deduzco que estaba tomando una siesta y por eso tardó en abrirme). Cuando se dignó a abrirlos luego de darme platón un rato, no pudo evitar que salieran de la cuenca de sus órbitas al posarse en mi pelo—: ¿Vas a una fiesta de disfraces, muñeca?

—¡Muy simpático! —mascullé entre dientes. El idiota desencajó la mandíbula, mirándome soñoliento— ¡oh por amor a Givenchy, no finjas Pedrosa que desconoces lo que me pasó!... ¡Tú lo sabes muy bien!

—¿Qué sé muy bien? —inquirió con desgana.

—¡Ah, ahora resultas que tienes amnesia! ¡Buen intento, empero permíteme refrescarme la memoria! Esta... ¡abominación! —dije entrecortadamente señalando la coronilla azul— fue producto de tu descarada bromita, del dichoso regalito que dejaste ayer en mi puerta y que supuestamente era para celebrar que éramos amigos —hice comillas al aire. Al parecer, él regresó de su viaje a la luna, sus ojos estaban bien abiertos y se desentendió de apoyarse en la pared— no te dije nada ni te lo devolví porque a mí sí me enseñaron cómo comportarme.

—Ajá, ¿y?

—¡¿Y?! Y acabo de abrir la crema de peinar y me la unté en el pelo, ¡y no te vas a creer lo que he visto en el espejo!

—No me digas, ¡has encontrado a Dojo finalmente! —sonrió el idiota divertido. De la rabia sólo podía respirar temblorosamente.

—¡NO! ¡MI PELO SE ARRUINÓ, ESO FUE LO QUE PASÓ! ¡SE PUSO AZUL!

—¿Y por esa mierda vienes a perturbar mi santa paz? ¡¿qué demonios quieres que yo haga, mujer?! ¡¿Es que me ves cara de PELUQUERO?! ¡Arréglatelas como puedas, pero yo no te puedo ayudar!

—¡¿Cómo no?! —exclamé encolerizada y boquiabierta—. ¡De aquí tú no te mueves hasta que yo diga! ¡¿en serio cómo puedes ser tan insensible?! ¡Cada día más me sorprende cómo pude haber sentido algo por ti! Eres tan egoísta, ¡sólo te preocupas por ti y nadie más!

—¡SÍ! —admitió el idiota, perdiendo la paciencia—. Tienes razón, solamente me importan mis propios problemas, ¡¿tienes algo contra eso?!

—¡Sí! Me saca de quicio que me saques de quicio —valga la redundancia. No pensaba en ese momento, admito que esa no fue mi mejor respuesta— cada vez que intento acercarme me rechazadas y cuando quiero alejarte, te me pegas como una lapa; te logras salir siempre con la tuya, las excursiones que tienes con tus mujercitas también me desesperan (cambias a las chicas tantas veces como yo cambio de ropa), siempre me molestas, eres un mezquino avaro, no manejas ningún concepto del espacio personal y lo que es peor, ¡aún después de decirte todas estas cosas siento quedé con ganas de más! ¡Tú puedes ser como quieras, no soy nadie para juzgarte sobre tu falta de compromiso a las mujeres! Pero por lo menos, ¡la próxima vez que se te ocurra siquiera de maltratar a una mujer piénsalo dos veces, no mejor acuérdate de mí! ¿o acaso es qué tú no tuviste una madre que te enseñara a respetar? Debes aprender a tratar mejor a las mujeres, ¡nosotras tenemos sentimientos, no temo en reconocer que es fácil herirnos! —gemí— ¡TE ODIO, Y CON TODO MI ALMA! ¡ME DAS ASCO!

—¡Oye, un momento! ¡Alto! ¡Alto! —reclamó pidiendo tiempo— ¡¿ahora me das clases de cómo comportarme?! Escucha... —rezongó, presionando el puente de su nariz— yo estaba muy tranquilo, sin molestar a nadie, en mi apartamento y de pronto, debo abrir mi puerta ya que una chica irritante está tocando sin parar, me acusa de algo de lo que completamente no tengo ni la remota idea y permito que me insulte a cinco vientos ¡¿te parece justo que deba ser amable?!

—¡¿Cómo que no tienes idea?! Tú me dejaste un frasco de pintura azul disfrazada de crema de peinar con una nota escrita por ti.

—¡Es tu palabra contra la mía! Yo no haría algo tan infantil como eso, ¡¿cómo puedes estar tan segura?!

—¡Por favor, Raimundo, me dijiste de tu propia boca que fuiste igual de bromista que Omi cuando eras niño! ¡¿por qué no?! ¡Siempre estás molestándome!

—¡Cuando era niño, no ahora! —repitió cansado—. Tú no sabes nada sobre mí, empero no puedo cambiar lo que piensas de mí, ¿sabes por qué nunca me gustarías? Desde el principio tu frivolidad, tu torpeza, tu predisposición, tu imprudencia, tu temperamento, tu puerilidad, tu osadía y tu insolencia me convencieron de que serías la última mujer quien querría meter en mi cama. Resulta intolerable tu conducta volátil y unidimensional. Si todavía yo no te he botado de mi vida es porque... —se cortó a sí mismo y desvió la mirada. Su tono de voz era reposado y su rostro estaba encendido, por haber contenido tanto su rabia. ¡No, yo quería terminar de oírlo!

—¿Por qué? ¡Anda, dilo! ¡No te calles ahora! —animé.

—¡Porque me das lástima! —espetó con frialdad mirándome fijamente a la cara—. Pensar que me sentí atraído por ti cuando nos conocimos, me hace avergonzar de mis sentimientos. Por esa razón te he seguido hasta aquí, empero estoy seguro que será algo temporal, te daré hasta tres meses y luego habrás desaparecido como la persona invisible que siempre fuiste. Tú serás como cualquier mujer que ha pasado por mí vida —se detuvo en seco.

—¡Ya pues, has dicho más que suficiente! —sollocé con energía—. Lamento las molestias, pero a partir de este momento eso se acabó. Disfruta el resto del día, yo no tengo nada que hacer aquí. Adiós.

Me apresuré a encerrarme en mi apartamento. Ni siquiera tuve el valor de voltear. Tan sólo me agarré de lo que primero que golpeé: una mesa. No podía sostenerme, caí de rodillas al piso porque mis piernas flaqueaban. Lloré con amargura. Las palabras del idiota resonaban aun en mi mente y me hacían sufrir intensamente. Me desgarraban en miles de pedazos. Se avergonzaba sentir atracción hacia mí, había muchos obstáculos en el camino que impedían que pudiese enamorarse y todos ellos eran rasgos de mi personalidad. Jamás me he sentido tan humillada e indeseada en toda mi vida, ¿cómo pude dejar que sucediera? En cualquier forma, no pienso perdonarle en absoluto. Hasta hoy se extralimitó mi paciencia.


A/N: Llegamos al final de este capítulo. El título es una referencia a la gota que colmó el vaso entre Kimiko y Raimundo: Esta fue la peor de sus discusiones. Y todo por una broma de Omi. No recuerdo que en el pasado haya escrito una relación tan compleja ni tan intenta de amor/odio como esta que están leyendo, parecen lejos de estar felices juntos. La única manera de que brille una esperanza es que Kim sepa que Raimundo no fue el que le regaló esa crema para peinar y Raimundo se disculpe, seamos sinceros ¿vale? Se pasó de cruel. He llegado a la conclusión de que esta es una historia Chick lit ¿a algunos del público han oído de este género? Si no, está bien, yo tampoco lo conocía hasta hace recientemente que me puse a investigar. Según "la wiki", este género trata mostrar la extensa gama de experiencias que atraviesa la mujer actual. Comúnmente, sus protagonistas son mujeres que comprenden la edad entre los veinte a treinta años (si bien, puede tener más o menos ya que se han derivado variaciones de este género) quienes son independientes, trabajadores, con encanto, solteras, que buscan encontrar el amor de su vida. Suelen lidiar diariamente con los problemas y elestrésque surge de conjugar simultáneamente el área laboral con la vida personal a la vez que andan tras la pareja sentimental soñada. Los hombres que acompañan a estas mujeres son, en la mayoría de los casos, de negocios o profesionales que no dudan en presentar su lado sensible y tierno (aunque en mi opinión, Raimundo no es tierno, sensible para mí sí y ustedes no por ahora). Estas historias tienen como escenario ambientes urbanos. Y a menudo sus personajes tienden a caminar en zapatos de diseñador y caer en brazos de altos, apuestos y exitosos desconocidos...

Ahora sí esto es cita de Alice: Bueno, agarrando esa misma información. En mi novela Kim es trabajadora, quiere ser independiente, al igual que todas le cae bien a algunas personas y a otras, es soltera y lucha por su sobrevivencia (¡tiene dos empleos! Niñera y cuidadora de perros) y también entra en contacto con su vida amorosa, decidir entre dos hombres: Raimundo y Jack. Me parece que mi historia pertenece a este género ya que también busca identificar la problemática de la mujer moderna con sus lectoras. Esto no se trata de que a Kim le guste la moda como con frecuencia hacen las heroínas de estas novelas, se trata de algo mucho más ¿acaso no tienen un placer que pueda ser molesto para otros así como a Kim y su ropa de marca? Digamos quizá leer, ¿acaso se quedan leyendo hasta las cinco de la madrugada y su madre las regaña? (conste que a mí no me pasa eso), ¿tienen un hermanito o sobrinito menor que todavía no llega a los niveles extremos de travesura que Omi? ¿el príncipe de sus vidas les para tantas bolas como Raimundo a Kim? ¿pasaron pena en algún momento como Kim en esa cafetería que trabajó por un día? ¿son tan malas cocineras como Kimi? ¿su ex también quiere volver? ¿Lo ven? A eso me refiero.

Decidí explotar ese amor de Kimi por la ropa a raíz de que actualmente está muy de moda las mujeres que no tienen ni pinche idea de quién es Givenchy, quise escribir de alguien diferente ya que estas mujeres siempre suelen ser retratadas como las villanas de la historia. Y Raimundo no se parece en nada a esos protagonistas clichés, según él: Es un desconocido famoso, un periodista mediocre y un casi piloto de carreras. Ni se diga de su personalidad, ¡oh por cierto! Sé que es estilista pero me pareció más cómico si escribiera peluquero XD Como que el diabólico Jack está ganando más territorio en el corazón de Kim, ¡nooooooooooo! Y ese encuentro entre rivales (perdonen, amo esos encuentros) tenía que suceder algún día.

Ejem señores. Recorto aquí las notas de autor, espero con ansias sus impresiones de lo que les pareció el capítulo. ¡Hasta entonces cuídense!