Gracias por todo lo que me decís! Y me alegro de que os guste!
Por cierto, los personajes y los lugares de OUAT no me pertenecen y esta fic solo tiene fines de entretenimiento.
Madre
Robin se despertó de madrugada. ¿Qué había hecho? No pensó que fuera a pasar nada y menos eso. Pero allí estaban, desnudos, tumbados, abrazados. Regina solo le había abierto su corazón y parecía que jugaba con ella. Solo pretendía hablar con ella, decirle que la quería, pero que no podían estar juntos. Que tenía que intentarlo, aunque fuera una vez, darle una oportunidad. Mas, al verla allí, débil, llorando con el corazón en la mano, no pudo hacer otra cosa que besarla. Que besarla y abrazarla. Dejó de pensar, se dejó llevar. La luz de la luna acariciaba el rostro de la reina. Dormida, parecía tan indefensa, tan inofensiva, tan inocente… Sin embargo esa misma mañana la había llamado Reina Malvada. Malvada. Hubo una época en la que mataba sin piedad, capturaba prisioneros y arrancaba corazones. ¿De verdad esa mujer que ahora dormía a su vera hizo todo eso? ¿De verdad pudo ser capaz de mirar a los ojos a inocentes campesinos y reírse de ellos antes de matarlos? Sabía que sí. E intentaba pensar en todo eso para darle una oportunidad a Marian, más había algo, algo inexplicable, inefable, incomprensible que le obligaba a quedarse con Regina.
Pensó en lo que Regina le contó a cerca del polvo de duendes. Si estaban destinados, ¿por qué él se casó con Marian? ¿Por qué no la conoció antes? Y, si el destino ya les había unido, ¿por qué hizo que su esposa regresara? Regina no le había buscado antes por miedo, y ahora sus miedos se habían hecho realidad.
Cerró los ojos y volvió al primer momento en el que supo de la existencia de la reina: la primera vez que sus guardias le aprisionaron, que a su vez fue la primera vez que se escapó de los guardias reales. No la vio, solo oyó hablar de ella, de las ganas que tenía la reina de conocerle y hacerle pagar por todo lo que había hecho. Ya comenzaba a tener curiosidad por esa mujer, esa cruel y fría mujer. Otra de las veces que fue capturado pasó por la puerta de los aposentos reales y escuchó a una mujer hablando con un hombre. En ese momento no podía saber de quién se trataba y tampoco tenía tiempo de saberlo. La voz era de una mujer joven, el tono era frío y distante, mientras que el del hombre mostraba debilidad. Cuando conoció a Regina supo que esa era la voz que escuchó en palacio. La voz que cambiaría su vida para siempre.
A la mañana siguiente Robin se despertó solo. Regina era una mujer muy ocupada, casi siempre se despertaba solo cuando dormía en su casa. Bajó al comedor y la encontró leyendo el periódico. Él la miró con cara de preocupación y ella supo verlo venir.
-¿Tenemos que hablar?-preguntó resignada.
-Sí.-Robin se sentó a su lado y cogió sus manos.-Dame tiempo. Solo te pido eso, tiempo. No puedo obligar a Marian a marcharse así por las buenas. Tengo que darle una oportunidad, pese a lo que siento por ti, pese a que lo de anoche fue maravilloso, pese a…
El ladrón se quedó callado durante unos instantes.
-Pese a que yo casi matase a tu esposa.-continuó ella. Robin asintió.-Tu visita fue lo más inesperado y a la vez magnífico que podía pasarme. Y quise alejarme del mundo real, quise que estuviéramos solo tú y yo. No entendía qué hacías aquí o qué hacía yo entre tus brazos. Me dio igual. Guardaba la esperanza de que todo significaba que me elegías a mí, que elegías la segunda oportunidad.
Regina se acercó a besar sus labios.
-¿Lo entiendes?
-No podría aunque quisiera.
-¿Estás enfadada?
-Lo único que me apetece es arrancarle el corazón y destruirlo con mis propias manos…-Regina vio la cara aterrorizada de Robin.-Pero esos tiempos pasaron.
Robin llegó a su casa a la hora del almuerzo.
-Tenemos que hablar.-dijo Marian nada más verlo.
-No estoy de humor.-se acercó a darle un beso.
-¿No estás de humor para decirme dónde estuviste anoche?
-Aclarándome.-contestó.
-¿Aclarándote de si vas a seguir con tu familia o si te vas a ir con esa bruja?
-Ella ya no es así. Marian, tienes que entenderme, tú estabas muerta y ella es una mujer muy…-Robin hizo una pausa. No sabía qué decir. ¿Por qué quería tanto a Regina?
Marian le miró sorprendida.
-¿Muy qué?
-No lo sé. –Acabó contestando él.-No sé lo que tiene, ni lo que tengo yo para ella. Pero ambos vimos una segunda oportunidad, y con eso basta.
-¿Ella?¿Una segunda oportunidad? ¿De veras quería al rey Leopold?-preguntó extrañada.
-No siempre fue reina, ¿sabes? Ella creció en una familia noble, sí, pero no estaba comprometida con el Rey. Pero la vida le puso un camino complicado, muy complicado, por eso se portaba así, por eso nunca mostró cómo realmente es.
-¿Estás defendiendo lo que hizo?
-¡No! Tan solo digo que con todo lo que ha pasado se merece una segunda oportunidad de ser feliz…-Robin vio la preocupación en la cara de su esposa.-Aunque ya sabe que yo no voy a poder dársela.-Ella se acercó a besarle, ahora de verdad.
Roland entró en el comedor y se abrazó a su padre.
-Papá, ¿hoy iremos a comer helados con Regina?-preguntó el niño.
-No hijo, hoy iremos con mamá.-El niño miró a su madre y la abrazó.-Volvemos a ser una familia.
La reina salió del despacho temprano aquel día. Necesitaba relajarse y pensar en lo que le había ocurrido. Al día siguiente recogería a su hijo y podrían pasar el día juntos, sin que nadie les molestase. Pensó que debía hacerle una visita a la tumba de su madre.
-Mire madre, aquí me tiene otra vez, sola, y ya ni siquiera la tengo a usted.-Regina acarició la tumba.-El amor no es debilidad, Cora, el amor es lo más grande de la existencia, el problema es el vacío que sientes a no ser correspondido o al no poder ser amado. ¿Por eso te arrancaste el corazón? ¿Para no sentir el vacío? Madre, yo la quería. Puede que usted no pudiera verlo, pero de niña usted era para mí el ejemplo a seguir. Pero no me arrepiento de haberla mandado a El País de las Maravillas. Tras la muerte de Daniel solo necesitaba un "perdóname" para volver a sentir lo mismo. Lo que me dijo antes de morir es lo más bonito que me ha dicho nunca, ¿sabe? Me sentí como deben sentirse las hijas, orgullosas de su orgullo. Ahora solo puedo hablar con una piedra, con su cuerpo vacío. Me gustaría poder hablar con usted de nuevo, con su corazón. La necesito, madre.-Regina sollozaba y acabó llorando, sentada a los pies de la tumba.
Ya había anochecido cuando salió de la cripta. En su rostro aún quedaban restos de su llanto. La lluvia la mojaba tímidamente. El cementerio la miraba con ojos aterradores. De todos los rincones salían ruidos misteriosos. De pronto, escuchó unos pasos tras ella. Aceleró su marcha. Una mano la tocó y le puso algo en los ojos. Regina intentó defenderse con magia, pero vio que no podía usarla.
-¿Quién eres? ¿Qué quieres? ¡No tienes ni idea de lo que estás haciendo! ¡Yo soy la rei…!- el hombre tapó la boca de la mujer con un pañuelo. La empujó contra un árbol y la sujetaba inmovilizándola. Regina forcejeaba, mas sin magia era imposible salir de allí. De pronto notó que rompían su falda. Empezó a forcejear más, mientras intentaba chillar. No paraba de moverse. El hombre no pronunciaba palabra, solo seguía quitándole la ropa. Regina comenzó a llorar. De pronto, sintió un dolor inigualable. Ella lloraba e intentaba quitarse al hombre de encima. La estaban violando y ni siquiera podía gritar.
Intentaré poner el 5 lo antes posible!
