Quiero ser escritora
21º
Escandalizada, aturdida y enojada
—Ubicándonos entre el período del Renacimiento (siglo XVI) y el de Barroco (siglo XVII), España vio sobrevenir la época de mayor auge del desarrollo del arte y la cultura. ¿Pero qué fue lo que realmente posibilitó este esplendor artístico? Precisamente cuando el reinado de Carlos I logró consolidarse con una monarquía absoluta, social y económicamente a través de los tesoros extraídos de América y la herencia de otros reinos en Europa. Surgiendo así los más importantes autores en todos los campos. Los reyes se convirtieron en mecenas de filósofos, literatos, arquitectos, dramaturgos, pintores, poetas, músicos y escultores… ¿será que alguno de ustedes puede nombrar algunos destacados españoles insurgentes? Si acaso está entre sus elegidos don Miguel de Cervantes Saavedra absténganse de alzar la mano.
—Bueno, está Fernando de Rojas, Francisco de Quevedo, Luis Góngora, Bartolomé de las Casas, Lope de Vega, Calderón de la Barca...
—Eso basta, señorita. Muy bien otra vez.
Medio asentí con la cabeza y concentré mi atención en el cuaderno. Les doy la bienvenida al siglo de oro. Como pueden observar estoy en pleno seminario. El profesor que imparte la clase entró en el salón, azotó la puerta y se dirigió a sus alumnos. Nos ordenó organizarnos en semicírculo y arrancó con una pregunta, mi ojo captó rápido que pertenecía a la clase de profes preguntones que aman que sus alumnos intervengan y toman en cuenta su esfuerzo a la hora de los exámenes, aún si no aciertas notan que le prestas atención y ellos adoran eso. Adula su ego. Intenté mostrarme lo más interesada posible. Mis conocimientos de literatura española son muy limitados, no se crean; yo tiendo hacia la inglesa, ustedes ya me conocen, soy una lectora empedernida del romance, con sólo mencionar Austen o Shakespeare estoy calada hasta en los huesos. Esto era lo único que faltaba por completar mi itinerario, coger mis cosas e irme a pie hasta la escuela de Omi (debo adaptarme a los cambios). Permítanme decirles que el profe en cuestión era un sucio viejecillo, sin malas intenciones, su nombre es Hannibal Roy Bean y trabaja como editor en jefe de una editorial reconocida por los fans de mi Príncipe de Versalles, ahí les va un dato adicional: descubrí que puedo relacionarme con varias aquí, al igual que yo son admiradoras y casi inmediatamente asaltaron al profesor de preguntas relacionadas con el autor de 49 semanas y otros éxitos. Si lo había visto cómo era, cuándo sacaría el próximo libro, si podía conciliar para que le firmara un autógrafo, esa clase de cosas.
Pasando a primer plano, lo que les iba a comentar originalmente: Él no tomó escatimes para rasurar su barba, pero sí para cortarse el pelo, sonrisa afectada, ojos obscuros y penetrantes, voz pausada y grave, ropa formal si bien no sabe cómo combinar. Me recuerda a mi antiguo profe de cálculo, salvo que a él lo envolvía un aire paternal. Hannibal nos arrojó una sarta de palabras inusuales, preguntándonos a cada uno si conocíamos su significado. Luego de hacernos parecer una bola de ineptos cuando terminó de explicar el concepto, él dejó como tarea ampliar nuestro vocabulario. En mi hoja ya llevo anotadas perorata, ósculo, lucubrar... es cierto que no está mal su recomendación y me conviene como escritora, empero ni tanto, digo, ¿qué tan sofisticado podría sonar si yo escribiera: el personaje lucubró durante toda la mañana?
En fin, creo que estoy perdiendo el tiempo. A mí no me engañan. Ustedes quieren saber qué sucedió con el tinte azul del cabello y el idiota. Pues él pretendió hacer que yo saliera de mi apartamento y marcó varias veces a mi número del celular y el de casa, creo que trataba de disculparse, pero no le di la oportunidad. Pasé horas y horas bajo de la ducha sacándome la pintura, restregándome con champú y enjuagándome con agua hasta la madrugada. Logré extraer una buena parte, pero creo que el tinte persiste en la raíz del pelo, inclusive tal vez debajo de las uñas ¡rayos! Nota mental: Para más tarde investigar los factores de desarrollo de ambientes literarios y culturales. La clase acabó, no vi cuándo sucedió ya que el tiempo pasó en un periquete. Imagino que es una sensación común si la clase te agrada. Pero en fin, pude ver esta la ocasión perfecta para acercármele. Tomé mis cosas y las guardé en mi mochila. Lo alcancé en la puerta.
—¡Profesor, ¿me concede unos minutos de su tiempo?! Me gustaría hacerle una pregunta.
—¿Acaso quieres preguntarme algo vinculado con Tom Kenny? —indagó suspicaz.
—No —sacudí la cabeza— a menos que sea un punto importante en el trabajo.
—Puedes hablar —sonrió.
No entiendo cómo pueden existir chicas que puedan concebir relaciones con sus profesores para obtener créditos, ni estando en las condiciones más desesperantes me sometería a una operación colchón. ¡Qué va! Están malinterpretando las cosas, sólo quería discutir y repasar algunos puntos de su clase. Una corazonada me dice que tiene pinta de ser accesible, de lo contrario si fuera intransigente quizá no me habría atrevido a hablarle. Para apuntarlo todo y no dejar un cabo suelto, aprendí a escribir en taquigrafía. Me vi obligada hacerlo, algunos profesores hablan rápido. El significado de mis códigos la encontrarán en la última página de mi diario, del cual no voy a develar su escondite (no se adelanten, no está debajo de mi almohada). No es que confíe en ustedes, es que no quiero que Omi se entere. Escribo cosas muy personales allí. El profesor Roy Bean y yo caminamos fuera del salón. Llegamos hasta su hermoso automóvil negro y creo que he logrado causarle buena impresión.
—Repíteme tu nombre otra vez.
—¿Mi nombre? Sí, desde luego, Kimiko Tohomiko.
—¿Te dicen Kim, de casualidad?
—Sí, así es.
—Y por pura coincidencia, ¿conoces a Raimundo Pedrosa?
—Sí, pero no comprendo, ¿usted también? —madre santa, ¿será que ese fulano va a seguir atormentándome hasta el final de mis días? ¿Qué relación tenían el idiota y el profesor Roy Bean? Aquello cosechó un sentimiento de intriga nunca antes imaginado, todo lo que quería era compartir a mis anchas todo lo que pudiera saber.
—Sí, él es mi ahijado. —asintió con un atisbo de nostalgia, extraviando la mirada.
—¡¿De verdad?! —no pude menos que mirarle sorprendida— ¿le ha contado acerca de mí? —sé que fue imprudente preguntar, pero estaba decidida a no perder el hilo de la plática. Y además, si con escuchar otra vez mi nombre fue que supo de mis relaciones con él...
—Una vez la mencionó; por supuesto, nunca me atreví a imaginar que era usted a quien se refería y tampoco quise importunarlo, mi ahijado y yo no estamos en muy buenos términos que digamos —continuó luego de una breve pausa, ahora que sé de su historia con el idiota no puedo dejarle ir. Clay podría contarme muy poco delante de alguien quien lo vio crecer desde que era un crío, no obstante, ¿cómo abordar el tema sin desdeñar mis intenciones? Es mi día de suerte porque ni siquiera tuve que pensarlo, él mismo estaba guiándome a dónde quería llegar— ¿son amigos?
—En realidad ni yo sé cómo responder a eso, quiero decir, nos solemos tratar porque somos vecinos, pero no puedo afirmar que seamos íntimos. Raimundo suele encerrarse y alejarse, a veces es rudo y con el debido respeto que se merece, puede llegar a ser insensible y altivo. —la índole delicada del asunto y de quién estábamos tratando me impidió proseguir. Sea lo que sea es su ahijado, al parecer mis palabras no incomodaron al profesor quien se limitó a mover la cabeza y dijo tras unos minutos de reflexión:
—No quiero recaer y criticarlo, en el escenario que estoy me obliga actuar imparcial. Pues aunque no me guste entre nosotros existe un vínculo y debo respetarlo. Nomás no considero que fuese un agravio si manifiesto que de niño, Raimundo fue de carácter incorregible y de adolescente, era inmaduro e igual de prepotente que ahora. Bastante problemático para que sus padres lo aguantasen y un mal ejemplo para sus hermanos menores, a pesar de que él se crió en un ambiente sencillo no le sirvió de nada.
—Jamás me dijo que tenía hermanos, lo que es extraño porque las veces que he ido ningún pariente lo ha visitado. Si bien creo que alguna vez me refirió de su anterior estatus.
—Raimundo es... reservado, no le gusta mirar al pasado y le avergüenza su origen humilde. Es imposible que hayas visto a sus padres o sus hermanos, ellos no vienen aquí, son nativos de un pueblo vecino y no se toma la molestia de acercarse. No es por su culpa, eso es cosa de sus principios.
—Entiendo, pero no imposibilita la opción de que Raimundo pueda visitarles ¿cierto? Eso no lo justifica —me tuve que morder la lengua y evitar hablar demasiado, la tentación está jugándome malas pasadas. Si quería saciar curiosidad insistí en el primer punto.
—Sí, es verdad, no obstante, mi ahijado también posee razones muy poderosas para no ir y, lo comprendo en su posición. A lo mejor yo no sea la persona más indicada, pese no tengo inconvenientes de decir que hace no mucho Raimundo se envició con los juegos de azar. Él debía tener aproximadamente unos diecisiete; no sabía lo que hacía, no me atrevo a pensar que al inicio lo haya hecho por maldad, pero después de terminar de trabajar se iba apostar. Algún muchacho estúpido le habría metido cizaña en la cabeza de que podría solucionar su vida invirtiendo dinero para ganar más, como era de esperarse lo perdía todo y a menudo no podía recurrir a otra cosa que a hurtar a sus propios padres. Un día, Sagrario, su hermana, lo descubrió y trató hacerlo entrar en razón sin delatarlo. Claro está, Raimundo estaba cegado y dejó que su codicia tomara acción, por ende y era de esperarse, ocurrió un accidente y la única que pagó las consecuencias fue Sagrario: Sus piernas se paralizaron y no pudo volver a caminar. Horrorizado y arrepentido, pidió mi socorro, él no tenía a nadie más y no pude negarme pues yo era su padrino y pese a mis indicaciones, jamás pisó otra vez su casa. No hace falta que diga que el accidente fue suficiente escarmiento como para dejar a un lado el juego de azar para siempre.
—¡Era lo mínimo que pudo hacer! —exclamé, aludiéndome por indignada— lo que cuenta eriza mi piel, ¿cómo pudo ser tan cruel? ¡hacerle eso a su propia hermana! A todas estas me extraña que su orgullo no lo haya detenido, ¿ni siquiera una disculpa? ¡Por supuesto que no, él es demasiado altanero para pedir una disculpa!
—¡No, no! Me disculpo, no debí contarle algo tan privado. Raimundo no es mal sujeto, yo lo conozco y él sería incapaz de dañar a su hermana consentida; ellos son de la misma edad, lo compartía todo en absoluto mientras convivían juntos, él desarrolló un instinto protector hacia ella y el resto de sus hermanos, los cuidaba y quería con su vida. Alguien así no podía ser el autor de esta tragedia. Fue un golpe muy duro para Sagrario, adoraba a su hermano. Era la luz de sus ojos. Le ruego señorita, que no comente con esto a nadie, en especial a mi ahijado, si llega a enterarse destruiré su confianza. Volverá a alejarse. No puedo darme ese lujo, nomás me queda custodiarlo en favor a sus padres.
—Cuente con ello, de mi boca no escapará ninguna palabra.
—No sabe el peso que me acaba de quitar de los hombros, se lo agradezco. Por ahora, debo retirarme, ¿nos vemos en la siguiente clase?
—Sí, hasta entonces.
—Cuídese.
Esperé que se metiera en su auto y arrancara el motor. Lo vi marcharse y, a fines prácticos, comencé a cortar camino y a pensar meticulosamente para asimilar la información de unos segundos. No pude apartar mi mente, aunque tratara de pensar en escribir nuevos capítulos de la novela. Siempre tomé a Raimundo como un pesado, pero nunca creí que fuese un mal hombre en serio. De la impotencia, siento hervir mi sangre bajo la piel. Según Hannibal, no volvió a apostar luego de dejar a su hermana lisiada y huyó por vergüenza y remordimiento.
Robar a su familia, ignorar sus raíces, decepcionar a su hermana, no tiene perdón por más que el buen profe se esfuerce en encubrir la actitud pueril de su ahijado. El amor ciega a las personas. Lo más increíble es que él me acusó a mí de la peor calaña. Yo no soy nadie para juzgar como otros tratan a sus padres, herí los sentimientos del mío, pero estoy consciente de que nunca me apropiaría de algo que es mío ni me pesa decir que dejé una vida de lujos y comodidades por una sencilla. Es la verdad, además ¿no es que dicen que en los barrios te enseñan a ser humilde, trabajador y honrado? ¡¿Qué le pasa a la gente de estos días?! ¿Sólo sucede en los libros, en las películas y en mi cabeza? En cuanto más tiempo paso y conozco a más personas, pienso que quien está realmente de cabeza es el mundo y no yo. Muy bien, ya han sido suficientes "más".
He acordado lo siguiente: Como gracias al idiota (me choca pronunciar su nombre) no pude pasar por la librería y comprar mi libro, decidí que voy a recoger a Omi y juntos nos iremos a pie hasta donde está al Sr. Fung, le hará bien que visite a su abuelo y a mí justicia por dos meses sin leer. Llegué a la escuela. ¡Qué buena suerte! Tocaron el timbre de salida. Tropecé en la entrada con varios niños, grandes y chicos. ¿Dónde está Omi? No es difícil reconocer a esa cabecita rapada entre tantos. ¡Uhm, Megan también está con ese niño de los anteojos de la otra vez! Tal vez alguno sabe.
—¡Oye Megan! —llamé— ¿sabes dónde está Omi?
—Ah... sí, lo castigaron a él, a Jermaine y Tiny. ¡Bien merecido se lo tenía! ¡Él se lo buscó! Esta vez sí cruzó el límite.
—¡Ay no! ¿qué travesura hizo esta vez? —puse una mueca.
—Pusieron una tachuela en la silla de Oliver, ¡pobre! —contestó el otro de acento francés.
—¿Qué? ¿pero por qué algo tan atroz? ¡Oh no! Iré a verlo. Gracias niños.
¡¿Cómo pudiste Omi?! Creí que los cuentos y Dojo te estaban ayudando a redimirte, ¿por qué tenía que suceder esto justo ahora? Omi, Jermaine y Tiny los obligaron sentarse en las tres sillas de en frente, catalogándolos como pequeños delincuentes. Una mujer de aspecto ponzoñoso los cuidaba, sentada en el escritorio ¿será la maestra? Ya que esto es un aula y la que debió sorprenderlos es ella. Voy a interceder, giré la perilla y pasé adentro. Adivinen, era la directora. Casi no hablé, no me concedió el derecho de la palabra y me echó un largo sermón, así como también me comentó la historia completa de lo que pasó. No había nada más allá del resumen que describió el niño y pude llevarme a mi pequeño Guerrero Shaolin. Ya fuera del aula, lo miré severa. Omi me sonrió excusándose.
—¿Omi, qué tienes que decir al respecto? Hoy una tachuela, ¿a los dieciséis qué?
—¿Subir la falda de las chicas? ¡Oye no me mires así! No sé, no pienso mucho en el futuro —fruncí el entrecejo— si te sirve no lo decía en serio, lo de la falda, tranquila. Perdóname.
—El asunto no es tan sencillo como parece, Omi, ¿no te das cuenta que pudiste herir a una persona? ¿no entiendes qué "disculpas" no sirve de nada si recaes en lo mismo? Tus padres debieron enseñarte que no debes hacer a otros lo que no te gustaría que te hicieran.
—¡¿Otra vez con eso?! Te dije que Wuya no es mi madre, ¡mi verdadera madre está muerta ¿es lo que querías oír?! —me gritó enojado.
—¡Omi basta! Gritar tampoco solucionará las cosas. Mira, te voy a dejar que me expliques el por qué le hiciste eso a Oliver, seré comprensiva... —garanticé. Omi se cruzó de brazos y me dio la espalda— estoy esperando. Dime, qué fue lo que sucedió. Puedo asegurar que tú tuviste algún motivo, no eres el tipo de niño que haces las cosas por qué sí y listo.
—¡Se burló de mí! Yo tuve que vengarme, mis amigos colaboraron, pero el único que puso la tachuela y planeó todo fui yo, ¡era un asunto del honor! Las niñas no entienden —ladró.
—Tengo la certeza que la directora no te dio oportunidad de explicarte y yo todavía no he terminado de escuchar la historia así que no puedes decir que las niñas no entendemos si no te explicas. ¿Por qué se burló de ti?
—Hoy... —empezó, se volvió mirándome con mala cara— hubo una clase temática sobre el espacio y la maestra nos pidió que participáramos, ocho alumnos iban a ser escogidos para representar a los planetas, me tocó Mercurio porque era el más rápido y pequeño de toda la clase. Entonces, Oliver agregó un comentario sobre mi estatura y se rieron. ¡No podía dejar pasar en alto que se burlaran de mí! Si puede un niño chismoso como Oliver ridiculizarme, cualquiera podrá. Es por eso que lo hice.
—Ya veo, Oliver actúo mal y tú lo hiciste en el instante que decidiste tomar justicia por tus manos y el único que salió perdiendo fuiste tú. Omi, no sé si te han dicho, pero las personas suelen desairar a otras pues que no son capaces de lidiar con sus defectos y buscan el de los otros para hacerlos sentir tan mal como ellos se sientes, no debes dejar que eso ocurra. Sin embargo, lo tuyo no es un defecto, tú apenas estás creciendo —sonreí, apretando su mejilla. Omi se separó de mí y nos fuimos. Deduje que algo quería, por lo regular se me adelanta y es la primera vez que mantiene mi paso, ¿qué pasará por esa cabeza?... ¡Levantar la falda de las chicas! ¡Qué horror, no! Ojalá y nunca pase.
—¿Cómo está la patita de Dojo? ¿está mejor?
—Ahí más o menos, lo vendé, pero le cuesta todavía caminar y todo por culpa de la bruja… —Omi metió las manos en sus bolsillos y pateó una lata, corrió hasta alcanzarla y repitió el movimiento— de casualidad, ¿tú conoces el número de un buen veterinario? Pensé que tú deberías saber ya que trabajas con mascotas...
—Lamento decirte que no, lo siento —repliqué apenada. Omi bajó la cabeza.
—Está bien, no importa.
—Te prometo que si sé algo, te lo diré —animé. Un buen veterinario que cobre barato. ¡Eso es casi una misión imposible! ¿dónde conseguiría uno? Me siento tan inútil. Él interrumpió de repente:
—Oye Kim, ¿Ignacio y Alyson consiguieron resolver el acertijo del reloj? Yo pienso que la próxima pista está en un tren, pero que antes de llegar allí Sykes los encontrará. Aunque no pienso que haga gran daño, Alyson es la protagonista y no está ni cerca del final... —esto se está poniendo demasiado sospechoso hasta para él. ¿Interesado por las novelas románticas?
—Omi, no nací ayer, eres un tramposillo muy audaz. Dime qué es lo que quieres.
—¡Quiero convencer a mi padre de que firme una autorización para que me deje participar en un torneo Shaolin! Sólo sucederá este año y es mi gran oportunidad, quién sabe cuándo se vuelva a repetir y no muchos la tienen. Pero con mi expediente y la última coronación de la torta, me tendrán que fichar por un año. Si me ayudaras a disminuir mi condena, prometo hacer lo que quieras.
—Sabes, ni había pasado por mi mente en decirle a tu abuelo de lo que hiciste hoy. Lo que me hace pensar que debiste premeditarlo en tus planes antes de meterte en problemas.
—¡Por favor, querida! ¡cara mía, me tendrás a tus pies! Mi abuelo padece del corazón, una noticia como esa devastaría totalmente a mi viejo, tú no serías capaz de obrar tanta maldad. Es como morir por un infarto. ¡Ay de mí, ay de mi pobre abuelito y su corazoncito!
—¡Omi, no soy tonta! ¡Por Dios!... Conversé con tu abuelo y no sufre ninguna enfermedad. ¿Cuántas veces he de repetirte que la mentira tiene patas cortas? No puedes valerte de ellas para obtener lo que deseas ni siempre esperar algo a cambio de las demás personas, eso se le llama ser incondicional, deberías aprenderlo también.
—¡Okey, ya entendí, ya entendí! Discúlpame —musitó y al cabo de unos instantes—: ¿pero sí vas a ayudarme? —indagó con una vocecita.
—¡Ay Omi! Veré lo que esté a mi alcance —respondí, dándole unas palmaditas.
¿Qué otra cosa podría decirle? Íbamos de bruces a dónde estaba su abuelo. Nos convenía a ambos. Cuando llegamos, empujé la puerta y Omi entró corriendo impaciente a saludar a su abuelo. Éste estaba atendiendo las compras de una muchacha con una cola de cabello, diría adolescente. Yo me sumé al grupo.
—¡Abuelo! ¡debo-hablar-contigo! —dijo el joven Guerrero Shaolin dando brincos, trataba de mirar por encima del mostrador.
—¿Omi? Sí, en un momento, permítame atenderla a ella.
Agarré al pequeño del hombro y nos alejamos. Omi era un muchacho rebosante de energía, se puso a revisar los títulos de los libros mientras aguardaba. La muchacha dio las gracias y se fue. El Sr. Fung abrió una portilla y cruzó hasta nosotros.
—Bien, ¿qué se les ofrece?
—Abuelo, sabes que yo nunca te he pedido nada y que el deporte es un buen incentivo para los niños iguales a mí: es saludable y mantiene la cabeza fuera de los malos pensamientos. —uhm, comenzó bien. Omi es manipulador y calculador, puede desenvolverse solo en esta parte—. El otro día nos anunciaron que abrirían las inscripciones para una competencia de Shaolin, cualquiera puede anotarse, pero estaba pensando los beneficios que me aportaría si llego a registrar mi nombre. Más allá del trofeo o el prestigio que daría a la escuela, podría adquirir experiencia y sabiduría así que ¿por qué no, abuelo? No todos los días los colegios se reúnen a inaugurar una competencia que nos permita amistarnos con otros chicos. Sólo habrá chance hasta final del mes, pero hay un problema que afortunadamente tiene solución y es que no puedo hacer nada sin un permiso. Si firmaras donde dice "firme en este línea" podrías hacer un sueño hecho realidad, ¿no querrías ver a un pobre e inocente niño decepcionado con su corazón hecho trizas, o sí?
Típico de Omi, un cierre conmovedor y un par de ojos tristes asegurarían un buen gancho. El Sr. Fung cruzó los brazos, pensativo, y caminó en círculo alrededor de nosotros. El niño ya había sacado la venia, no pudo menos que permanecer a la expectativa.
—No lo sé, Omi, tienes razón en todo lo que dices, empero temo que esto se te vaya a subir a la cabeza.
—¡¿Qué?! ¡Nada de eso! No digas una cosa así, ¡qué escándalo! Yo jamás, el Shaolin nos ha enseñado que el único modo en el que debemos vivir es la humildad. Por favor, abuelo, se me está cansando el brazo de sostener en alto la hoja...
—Omi, ¿cuándo comienzan tus exámenes finales? —el niño soltó un bufido.
—¡Ay, abuelo!
—Es también a final de este mes, y no trates de engañarme, dependiendo de tu calificación obtendrás la autorización que requieres, pero mientras tanto aprovecha el tiempo libre para estudiar y comportándote mejor compañero. Si descubro que me has desobedecido, olvídate del beneplácito. Estoy seguro que tu padre estará de acuerdo conmigo en cuanto le comente cuál es mi decisión...
—Sr. Fung, yo me encargaré de que Omi cumpla su palabra. Bajo mi tutela, estudiaremos juntos, puede confiar en mi palabra.
Patidifuso, Omi nos observaba con la mandíbula floja y las cejas arqueadas. Sus ojos echan chispas y estoy segura que está hecho una fiera. No obstante, comparto el punto de vista del abuelo Fung. Antes de que nos dejara, le dije que traía el dinero y venía a buscar el libro. El hombre me sonrió y me pidió esperar, iba a llevármelo. ¡Ay al fin, después de tanto tiempo! Ya era hora de una buena noticia. Respira Kim, se te está arrugando la blusa y no queremos que eso suceda. No pude evitar dar saltitos de la emoción cuando él regresó de la trastienda y me entregó el libro. 392 páginas nuevas forradas en un plástico protector. ¿Recuerdan que Omi estuvo de asomado explorando los estantes? De su cacería, pescó, perdonen, ¿pero esa es una revista juvenil? ¿qué hace Omi con una revista para chicas adolescentes? Lo sé pues que tengo una idéntica en casa, (¡no tengo complejos con mi edad! Me llamó la atención un artículo de modas por eso la compré, es todo). La dejó en el tablero y metió la manito en el bolsillo sacando dinero para comprar la revista, se puso a contar como todo un ejecutivo. Creo que el espíritu de Jack lo ha poseído de momento.
—¿Omi, para qué quieres esa revista?
—Es un trabajo de la escuela —masculló sin dar más explicaciones a mí ni a su abuelo.
Fruncí los labios, pagué en caja mi libro y salí. Estaba tan feliz que olvidé guardarlo en mi bolso, ¿reconocen esta cara? Es la cara que pone una lectora entusiasmada cuando sale de la librería puesto que tiene algo que leer esta noche, juro que no quería soltarla y apreté contra el pecho. No la solté.
Omi no pretendía quedarse a estudiar, apenas llegamos al apartamento se sentó al frente del televisor y se puso a mirar las comiquitas. Antes de hablar con él, primero atendí mi lista de prioridades donde en primer orden estaba guardar todas mis cosas y dejar 49 semanas en la cama. Cerré la habitación (tomo precauciones desde que la destruyó cuando nos conocimos ¿si se acuerdan?), me volví hacia el niño, apagué la tele y tiré el control remoto. Estaba listo para quejarse, acto reflejo él se reintegró. Por fortuna me había preparado psicológicamente para afrontar esta batalla.
—¡¿Por qué hiciste eso?!
—¿Y tú dónde dejaste la memoria de Monje Guerrero de Shaolin?
—En casa dentro de su estuche —el niño se encogió de hombros. No era una respuesta, era una sugerencia.
—Prometí que iba ayudarte a conseguir la venia para que te dejaran unirte a la competencia y eso es lo que voy a hacer. Ya escuchaste a tu abuelo, ¡a estudiar se ha dicho! Empecemos por castellano, he notado que es la materia que tienes más dificultades... ¿tienes pereza, no te has lavado los oídos o qué? No te has movido de tu asiento, ¿así esperas obtener una nota alta? Estás lejos de recibir una felicitación.
—¡Ay Kim! Estudiar no es lo mío, ¡¿y sabes por qué?! —se quejó, escrutándome de hito en hito— todos esos niños inteligentes presumiendo, matándose por un diez y desperdiciando un valioso tiempo extra que podrían aprovechar en jugar. A mí me basta con escuchar a los maestros para aprobar mis exámenes, déjame a solas con mis cuadernos una hora todos los días y te puedo jurar con una mano atada a la espalda y los ojos vendados que puedo sacar un 10 en esa prueba de ñoños, ¿el problema? Si los otros niños descubren que soy listo, será el fin para mí, me comenzarán a molestar los del salón y también los de sexto, me apodarán nerd o limpiabotas (dependiendo de cuál sea el caso) y voy a tener que sentarme con Megan y Ping Pong y etc., todos los recreos. Ninguno entiende lo que es freírse las neuronas, luego las exclusiones y así empiezas y para cuando llegue a la secundaria meterán mi cabeza en el inodoro. No voy a perder mi reputación por algo que pueda detener antes —Omi se echó de nuevo, apoyándose de un costado. Yo me senté con las piernas cruzadas.
—Lo sé, como sé que tampoco es justo que vayas a perder la oportunidad de tus sueños si no cumples lo que te exige tu abuelo. Tienes razón lo que dices, también fui a una escuela y soporté todo eso; ¿te digo una cosa? Las personas siempre cogen miedo a lo que es distinto de ellas, por eso el rechazo (es su mecanismo de defensa), no obstante no debemos dejarnos aplastar por lo que digan o hagan otros. Además, con diez o sin diez en tu boleta de notas tú me pareces un niño inteligente, esas trampas que montas y travesuras que se te ocurren sólo a ti no lo podría hacer cualquiera. Estoy segura que enorgullecerías a tu abuelo y a tu padre si llegas a casa con un examen de diez y más todavía si te ven participar en la competencia. ¿Entonces qué dices? —pregunté, tratando que nuestras miradas se encontrasen. Él me miró a hurtadillas y sonrió poco a poco.
—De acuerdo, voy —dijo cansinamente. Se puso de pie y buscó en su cuaderno.
Estudiamos dos horas. No mencioné el asunto de la revista ni él tampoco, nos limitamos a ensillar la cabeza en los libros y los cuadernos. Casi había olvidado mi pequeña plática con Hannibal cuando Omi me entregó un CD rayado, me explicó que estuvo buscándolo todo el fin de semana y su padre lo ayudó a encontrarlo, en él estaban registradas las memorias del último cumpleaños en que su madre estuvo presente, o sea, hace cuatro años. Me agradeció todo lo que pudiera hacer. Me acordé de golpe que le había prometido rescatarla. Le remití a Omi que fuera paciente, ya que esto no era cosa de un día, tal vez el otro viernes la tendría lista. ¿No comprenden por qué se me destapó la memoria? Familia, recuerdos, padres, Omi vive en condiciones tan humildes como las que vivió el idiota. Bueno, eso en parte, la otra parte fue porque a mi IPod; de todos los días de la semana, escogió hoy precisamente, una canción triste para un cierre de una relación.
¿Por qué me convencí a mí misma
Que los milagros pueden suceder?
Ahora sólo me queda pretender
Que realmente no me importa
Desde luego, yo ya no comparto esos sentimientos. Tal vez en aquellos días cuando estaba ilusionada con el idiota. Claro, nada volvió a ser igual desde que terminó conmigo...
Pensé que eras mi cuento de hadas
Mi sueño mientras no dormía
Un deseo que pedí a una estrella hacer realidad
Pero todo el mundo trató de advertirme
Que yo había confundido mis sentimientos con la verdad
Cuando éramos tú y yo
La canción no la lograba quitar, no sé si era por qué la había puesto en modo de repetición, me estaba frustrando demasiado por una tontería y decidí quitarla. No quería escuchar nada que me recordara al idiota. Volviendo con Omi, hubo chance suficiente para contarle unos cuentos; lástima que a mitad de la historia, interrumpió el Sr. Fung y tuvo que irse para mí tristeza, en estos momentos no me hubiese gustado quedarme sola. Ni aunque mi huésped fuese capaz de levantar del tobillo a hombres más pesados que yo.
Divagué pensando lo que quedaba en la tarde, hundida en el silencio, no conozco el pasado del idiota, siempre ha guardado discreción, con un misterio de aquí para allá... explicaría la actitud del idiota en muchos sentidos. Por otra parte, ¿qué ganaría el profesor Roy Bean al inventar una historia así, desprestigiando a su ahijado? Yo lo veo demasiado rebuscado para ser una novela, no sé cuántos estarán de acuerdo conmigo. Okey, he conversando conmigo misma bastante por una noche y eso no va a solucionar nada. Debo disipar mis dudas siento cómo se agolpan en un lado del cráneo y creo que sé qué hacer, descolgué el teléfono y lo llamé.
—Quiero que nos veamos en el Spellbound, ¿puedes acercarte hasta allá?
—Hola Kim, sabes que mi respuesta será sí, ¿ocurre algún problema?
—No, es sólo que quiero revisar una cosa contigo.
—Entiendo, ahora mismo voy para allá.
Se cortó la comunicación. Ya estaba vestida, ¡¿para qué cambiarme?! No me ha visto. Salí, después de recoger mis cosas. Mi celular tiene baja batería, de todas formas no lo necesito. A veces me pregunto cómo esas mujeres pueden andar por la vida sin saber nada de moda... pobrecitas, ojalá alguien les dijera de lo que se están perdiendo y de lo bellas que se verían si probasen un conjunto de Banana Republic. No hice la cita en el Spellbound porque se me haya antojado un helado, ¿acaso ustedes no se han familiarizado con la expresión de que las paredes tienen oídos o qué muchas veces no sabemos qué dormimos con el enemigo? Pues yo no podré dormir con él, pero vivo junto a él y no quiero qué escucho. El Último Suspiro, quizá no sea buena idea, Clay trabaja allí y algún empleado podrá decirlo, ¡no sé! Es mejor un lugar que esté segura. Llegué primero y me senté en una mesa confraterniza a la pared. Se acercaron a pedir a alguien y dije que después, esperaba a alguien. Por curiosidad, miré mi reloj en el celular: Cinco minutos antes. Okey, todavía sigue siendo puntual. ¡A esperar!
—¡Kim! ¿querías verme? —¡oh, finamente ya llegó!
—Hola Jack, lamento no haberte saludado antes.
—No importa —dijo él sentándose—, asunto olvidado, dime qué necesitas con urgencia.
—¿Tú te acuerdas del hombre que nos encontramos la otra vez en mi apartamento? De mi vecino...
—Sí, ¿por qué? ¿te ha hecho algo malo?
—Quiero que me digas de dónde lo conoces, ¿qué sabes de él?
—Bueno, lo conocí en una pista de automovilismo. De vez en cuando se organizan carreras entre los aficionados, es completamente legal, según sé uno de diez corredores tienen suerte para concursar con los profesionales. Yo fui a observar, sabes que me apasiona ese mundo, viendo y oyendo me enteré que quien tenía más vencidas era Raimundo Pedrosa. Impulsado por la curiosidad, me acerqué a conocerlo y conversamos un poco, durante todo el tiempo en que nos tratamos fue hostil, incluso le tendí mi mano para apoyarlo, pero él me rechazó. No insistí. Como dicen, no quise seguir echando leña al fuego porque... eh... bueno...
—¿Qué Jack? ¡Dilo de una vez!
—No me causó buena estigma. Ya lo dije... —dijo atropelladamente. Con disimulo se rascó la cabeza, aclarándome—; en estos negocios uno aprende a conocer los tipos de personas y de quién desconfiar, no me tomes por un tirano, Kim, pero quiero que te alejes de él. Sabes que no lo digo por maldad, no obstante, cuando miré sus ojos mi instinto se activó... aun no lo conozco lo suficiente como para juzgarlo, nada más sé que él no es un competidor local o eso rumorean los demás corredores y la gente que cree conocerlo.
—Raimundo nunca me dijo que era piloto de carreras, cada día descubro más cosas sobre él que menos me gustan —bramé dejante escapar un bufido.
—Quizás no vio el momento o no lo creyó necesario, a todas estas... ¿por qué me preguntas sobre él?
Le gusta indagar. No parará el interrogatorio hasta que logre una respuesta que le satisfaga. Y sentía que no se lo confesaba a alguien iba a explotar. Clay defendería a su amigo a capa y a espada, Kei a lo mejor no me pondría ni pizca de atención, no podría hablar de esto con el pequeño Omi. El único que me queda es Jack. Obvié la fuente de mi información, hice reservar de los comentarios de su situación como apostador, pero sí que había sido culpable de que su hermana perdiera movilidad en sus piernas y por esa razón huyó de su lugar natal, él me escuchó con sus cinco sentidos. Como es natural, se horrorizó de todo lo que le dije.
—¡Vaya! Entonces no especulaba sobre mi percepción de él. Mejor no añadamos más, que esto se quede entre nosotros, no estuvimos presente en lo que pasó y hay que tener siempre dos versiones de los hechos, sea lo que sea Raimundo tiene el beneficio de la duda mientras tanto quizá debas reducir tus visitas con Raimundo. Primero empiezas los gritos y luego los golpes.
—¡Ni me digas! Ya he tenido de sobra con ese señor, ¿pero por qué insistes que me cuide?
—Porque te quiero Kim —dijo tocando mi mano. Me aparté rápidamente— ¿no entiendes? Me preocupa que sufras innecesariamente a causa de él.
—¡No bromees Jack! No tienes ningún motivo para amarme.
—No tiene que existir un motivo para amar a alguien, Kim, creo que sabes eso. Tú y yo nos conocemos, no hay secretos entre nosotros y somos unidos, ¿es malo desear la felicidad de las personas que amo?
—No, claro que no...
—Y yo odio que seas infeliz, lo digo en serio.
Me aclaré la garganta. ¿Qué le digo? Es mi turno de contestar, mi cerebro no tenía ganas de cooperar: Andaba lento y negándose a pensar alguna respuesta. ¡Esto es horrible! ¿no les ha sucedido? Es fácil analizar y ofrece soluciones a los problemas de las heroínas de tus libros favoritos desde una perspectiva de una tercera persona, empero no eres ni capaz de resolver tus problemas. ¿Qué hay de malo en mí? Me quedé en las nebulosas cuando fui salvada por el teléfono. Es un mensaje de... ¡¿Keiko?! Lo abrí y leí.
«Hola Kim, ¿estás demasiada ocupada? Lamento si te molesto, pero necesito urgente que me atiendas. No estoy en mi casa si no en la puerta de tu apartamento, sé que no estás, por favor, apenas veas el mensaje contesta... ¡CLAY Y YO ROMPIMOS, NECESITO APOYO!
—¿Es algo grave? —terció Jack.
¿Qué? ¿cómo pudieron haber terminado si ni siquiera habían empezado? ¿eso es posible?... De algo sólo puedo estar segura: Temo que mi libro tendrá que esperar otro día... uhm...
—No, es Kei. Solicita hablar con urgencia conmigo —apremié, levantándome de mi silla y colgando el bolso del brazo luego de guardar el celular— está esperándome en el apartamento.
—¿Te acompaño?
—No es necesario, seguro que quiere hablar cosas de chicas. De todos modos gracias por el ofrecimiento.
—Seguro —asintió incómodo, metiendo las manos en los bolsillos. Sin limar asperezas salí a la velocidad de una bala, casi a zancadas largas. Si hay algo de lo que he aprendido es que nunca dejes a una chica sola apenas de haberlas dejado el chico de sus vidas.
A/N: No sé si eso es posible; no soy experta en relaciones para decirte eso, yo sólo las invento y hasta ahí llega mi poder. ¿Qué habrá pasado entre Kei y Clay para que ella esté tan afectada? ¿qué se les ocurre? El capítulo es corto para no torturarlos y ya que prefiero dejar el asunto de Keiko y Clay para un capítulo, así se vería interrumpido y alagaría más el episodio a nueve mil palabras y pico. Si se dan cuenta, este capítulo se creó para desacreditar la credibilidad y mancillar la reputación de Raimundito… ese cuento de la hermana no lo sabíamos, ¿qué creen? ¿le creemos a Hannibal o dudamos que las cosas así pasaron? Porque es verdad que siempre Raimundo anda misterioso y si recordamos lo que sucedió en el capítulo diez. Ahora para colmo de las cosas, Jack sabe detalles de la vida de Rai. No es ningún secreto de que se haya criado sin plata y rodeado de tantos hermanos. ¿Alguno imaginó al frijolín enseñando clases? Fue una coincidencia terrible que Kim y Hannibal se hayan conocido, no se extrañen que él les haya contado todo de sopetón de Raimundo. La última vez que supimos de él había prometido destruirlo a toda costa. El punto es si lo desprestigió con la verdad o mintió y a mí se me hace que eso sólo lo descubriremos cuando Rai decida hablar...
Kim ya lo tiene fichado en su lista negra que podría creerse lo peor de Raimundo. Eso también me recuerda que no se quejen por la introducción de este capítulo, todos los autores (salvo Rowling) siempre se zafan de explicar el contenido de las clases a la que asisten sus protagonistas con gracia y elegancia y nadie se ha quejado. Volviendo a lo primero, no me parece que sea de gran riesgo, que el error que cometió Raimundo es un paralelismo que vivió en la serie cuando traicionó sus amigos en Xiaolin Showdown todavía en la tercera temporada el recuerdo lo atormenta, he visto muchos fanfics que hablan eso. ¡Oh, por cierto Omi soltó una gran verdad! No me refiero a las tachuelas. ¿Para qué habrá querido comprar una revista?
—Otro maquiavélico plan, de seguro.
Pobre Kimiko, el libro tendrá qué esperar otra vez ¿no les ha pasado que han tenido que postergar una lectura por equis o ye? No lo he confirmado, señores, pero creo que Quiero ser escritora va a tener un spin-off (o sea una secuela no lineal), me parece que no estoy lista para dejar ir esta trama. Normalmente no me suelen gustan las secuelas pues que no llega ni a los talones de su antecesora y el público, por líneas generales, las despotrican de manera desmedida así que ni pinche idea qué reacción tomarían si los vuelvo atormentar una vez más con este fic. Lo he estado pensando desde hace mucho y el argumento me gusta, en dos palabras: fresco y nuevo. Una idea general parecida a la primera entrega, pero desde la perspectiva de otro mundo y otros ojos. Yo estaría encantada, particularmente, con enterarme de sus opiniones si quieren referirme algo al respecto o si prefieren esperar hasta el final, comprendo (también lo haría y ahí les diría con más seguridad que es lo que he decidido e informaré de los detalles). Según mis cálculos, estaría escribiendo el episodio veinticinco cuando estén leyendo esta nota y falta mucho de la historia.
Esperaré ansiosa sus comentarios, dudas, sugerencias y etc., de lo que quieran. ¡Hasta el próximo martes no se pierdan: Momento de la verdad, si Dios quiere Latinoamérica! ¡cuídense!
