Los personajes de OUAT no me pertenecen, esta historia fue creada solo con fines de entretenimiento.
El día después
Henry se levantó de lo más contento. Iba a pasar el día con su madre, con Regina. Hacía mucho tiempo que no pasaban el día los dos solos. Además, con todo lo que estaba pasando con Robin Hood, pensaba que él podría ayudar a su madre. Emma estaba preocupada, Regina no contestaba a sus llamadas, no le hablaba, no quería hablar con ella. No sabe si vio el beso de Robin y Marian. Tampoco estaba segura de si iba a ser capaz de mediar con una Regina muerta de celos. Ambos llegaron a Granny's antes de la hora, Henry no quería llegar tarde.
Se sentaron y pidieron un chocolate para amenizar la espera. Robin, Marian y Roland entraron poco después, en busca de un desayuno familiar.
-Henry, ¿qué tal?-preguntó Robin.
-Me voy a pasar el día con mi madre.-contestó frío, seco, con rencor hacia el ladrón.
-Si ya pasas todos los días con tu madre.-Añadió Marian.
-No, con Regina, mi otra madre. Es mi madre, y yo la quiero.-Henry cogió su taza y se sentó en otra mesa. Emma se disculpó por el niño.
-No está muy feliz con eso de que Regina esté sufriendo. Él pensaba que las cosas habían cambiado realmente y tiene miedo de, ya sabes, que vuelva a ser…
-¿La reina malvada?-preguntó Marian.
-Sí…-contestó Emma.
Llevaban ya una hora en Granny's cuando el chico comenzó a preocuparse. "Mamá suele llegar tarde, pero, ¿tanto?", repetía constantemente. Emma también empezaba a preguntarse dónde estaría la reina. Se levantó de la mesa y se acercó a Robin.
-Robin, ¿tú sabes algo de Regina? Habíamos quedado hace una hora…
-¿Y por qué tiene que saberlo él? Él ya no tiene nada que ver con ella…
-¿Crees que le ha pasado algo?-preguntó él, levantándose, cortando a Marian.
-No, no, bueno no lo sé.-respondió Emma.-Es solo saber si podía estar enferma o fuera de la ciudad, no contesta a mis llamadas.
-¡Ayuda!-Gruñón irrumpió en la cafetería.-¡Señorita Swan ayúdenos! Vimos a una mujer tumbada en el suelo cerca del cementerio y cuando nos acercamos a ayudarla todo comenzó a arder y luego dejó de arder y luego otra vez y…
-¡Regina!-chilló Robin saliendo apresurado de la sala. Marian se levantó y corrió tras él.
-Niños quedaos aquí, volveremos enseguida.-ordenó Emma a Henry y a Roland.-¡Y sin rechistar, Henry!
Todos corrieron al bosque y al acercarse Regina comenzó a lanzar fuego. Estaba tumbada en el suelo, parecía llorar.
-¡Regina! ¡Soy yo Regina! ¡Soy Robin!
-Robin…-susurró ella. Apagó el fuego e intentó incorporarse. Él vio que su falda estaba rota y su camisa rasgada. Corrió hacia ella.
-¿Qué te ha pasado?-Se quitó la chaqueta y la tapó como pudo. La abrazó y ella lloró más fuerte.-¿Estás bien? ¿Qué ocurre?
-Robin…-seguía diciendo ella.
-Sí, eh… shh, estoy aquí, estoy aquí contigo.-siguió abrazándola.-Siempre estaré contigo…Shh.
Por fin consiguió que se levantase. Marian y Emma miraban la escena desde la distancia.
-¿Por qué no vienen?¿Qué están haciendo?-preguntaba la esposa del ladrón.
-Marian es mejor que nos vayamos…
-¡Es mi marido!
-Marian, creo que sé lo que ha pasado. Créeme, es mejor que nos vayamos.
-¡Nada puede pasar que me quite a mi esposo! ¡Me quedaré! ¡Y si no vienen iré yo!
-Marian.-Emma la agarró del brazo antes de que se acercase más.-Creo que han violado a Regina.
La mujer se quedó fría y pálida.
-Pero… ¿quién…
-No lo sé. Vayámonos.
Robin llevó a Regina al hospital. Ella seguía llorando y temblando. Decidieron que lo mejor era sedarla. Por fin, el doctor Whale salió del examen general.
-Robin…-él se acercó y le pidió una explicación.-Regina está bien, está sana, no presenta heridas o moratones o huesos rotos, tan solo un desgarre…
-¿Qué?-el médico había hecho una pausa dolorosa.
-No sé cómo decirlo pero nuestra alcaldesa ha sufrido una violación.
Robin se quedó aterrorizado. Violado. A Regina un hombre la había tomado por la fuera y la había violado. A SU Regina. Sintió que el mundo se derrumbaba.
-¿Puedo verla?
El ladrón entró en la fría habitación de hospital y la vio. Estaba boca arriba, con las manos sobre la barriga, mirando al infinito y llorando. No dejó de llorar. Cuando escuchó la puerta comenzó a generar una bola de fuego. Tenía miedo. Alguien la había forzado, había abusado de ella, la había dejado indefensa, le quitó su magia y le quitó su dignidad. Ella solo quería pasar un día tranquilo, una noche tranquila, con una copa de vino, en su casa. O con helado. Ya bastante mal y sola se sentía. ¿Quién podía haber sido? ¿Quién sabía cómo arrebatarle su magia? El pañuelo que le colocaron en los ojos estaba mojado de un líquido que olía extraño y sin dudas fue alguien que la buscaba a ella. ¿Quién quería tenerla? ¿Quién quería forzarla? ¿Quién la apreciaba tan poco que había sido capaz de rebajarla tanto? ¿Quién había sido capaz de rebajarse tanto?
-Soy yo, tranquila.-dijo él, viendo el fuego. Se acercó a ella y la abrazó. Regina lloró con más fuerza.-Lo siento, de verdad que lo siento.
-No es culpa tuya… No, tú no tienes la culpa.
-Vamos a superar esto, lo vamos a superar, tranquila.-Robin acariciaba el pelo de la reina. Ella estaba apoyada en su hombro, se sentía segura, con Robin siempre se sentía segura.
No se separó de su lado en todo el día. La escuchó, intentó entender cómo pasó e intentó pensar en quién era tan desgraciado como para hacer algo así.
Robin sentía que toda la culpa era suya. Él le hizo daño, él había jugado con sus sentimientos, con ella. Si él no le hubiera pedido tiempo, si él no se hubiera acostado con ella, si él la hubiera elegido a ella desde el principio nada habría pasado. Si él hubiera estado a su lado, nadie podría haberla atacado.
Ella no culpaba a Robin, no podía culparle. Solo se sentía bien con él su lado. Si la violación era un castigo por todo el daño que había infringido, hubiera sido una sentencia de muerte si Robin no hubiera ido a buscarla.
El doctor Whale apareció al final de la tarde para darle el alta. Emma y Henry llegaron a casa de Regina de inmediato.
-¡Mamá!-Henry corrió a abrazarla.-¿Estás bien? ¿Qué te ha pasado? ¿Te han hecho daño?
-Henry…-dijo ella.-Estoy… Estoy bien. Si tú estás conmigo yo siempre estoy bien.
-Mamá, me quedaré contigo, me quedaré aquí esta noche, contigo, como antes, ¿eh?
-Nos quedaremos los dos esta noche.-dijo Robin.
-No.-respondió Regina.-Tú debes irte con tu familia, Robin. Estarán preocupados por ti. Ellos te necesitan…
-¡Tú me necesitas más!
Se acercó para darle un abrazo.
-Márchate, de verdad. Gracias por estar conmigo hoy.-susurró en su oreja.
-Yo me quedaré esta noche. Robin, no tienes que preocuparte. Mañana hablaremos.
El ladrón llegó ya entrada la noche a su casa.
-¡Papá!-chilló Roland al verlo entrar.
-No podía dormir si no le dabas las buenas noches.
Robin acompañó a su hijo a la cama. Le contó un cuento, un cuento muy bonito en el que todos vivían felices y comían perdices. Un cuento donde el malo moría. Donde el malo era malo porque sí. Donde el bueno era bueno porque sí. ¿Y qué pasó después del felices para siempre? Robin se quedó pensativo mientras su hijo dormía. Pensó en Regina, ¿cómo habría sido su vida si ella hubiera entrado en esa taberna? ¿Fue antes de conocer a Marian? ¿Fue antes de hacerse un ladrón? Salió y se sentó junto al fuego.
-¿Qué tal el día?-preguntó Marian. Él no sabía qué cara poner.-Es cierto, ¿no? A la reina mal…A Regina, la han violado, ¿eh?
Robin asintió. No quería hablar de eso con su esposa. No, porque él debía darle una oportunidad, al menos por Roland.
-Vaya… ¿quién?
-No lo sabemos. Le… Le taparon los ojos, arrebatándole su magia. La agarraron por detrás. Solo recuerda una cosa, el hombre tenía barba, o al menos bigote.-contestó, frío.
-¿Tú qué piensas?
-Nada… No puedo pensar en nada. No puedo imaginarme qué clase de monstruo ha podido hacerle eso a ella. No… No puedo.
-¿Ella? ¿No crees que hay mucha gente buscando venganza? ¿No crees que le ha hecho daño a mucha gente? Nadie de este pueblo se ha librado de su furia. Ni siquiera tú.
-¡Tuvieron mucho tiempo! Es demasiada casualidad, ¿no? Esperan a cuando está sola e indefensa, hundida, cuando es inofensiva.
-Una mujer como esa nunca es inofensiva. Y nunca está sola, tie… tiene un hijo, ¿no?
-Me tenía a mí…-susurró.-Y yo la tenía a ella.
-¡No te sientas culpable porque un loco la haya violado! ¡Podían violarme a mí! ¡O a cualquiera!
-Iban a por ella. Si no, no llevarían un líquido que bloquea la magia.
Robin notaba que estaba luchando en una batalla perdida. Que Marian no entendía lo que estaba sucediendo. Alguien tenía algo en contra de Regina o alguien era un amante obsesivo y frustrado.
-¿Te importa mucho si mañana voy a verla?
Marian intentó mirar a su corazón y sintió miedo. Era su marido el que tenía que elegir, no podía pedirle que se mantuviera a su lado. Ella no lo entendía, solo había pasado una semana desde la última vez que le vio, sin embargo, él había tenido tiempo para rehacer su vida, pero Robin amaba su justicia, su bondad y no podía negarle que ayudase a una amiga, aunque no fuera simplemente su amiga.
-No tienes que preguntármelo, ella necesita tu ayuda y tu apoyo.
Emma estaba en el hospital con su padre. Regina yacía sedada, el médico afirmó que no dormiría bien, que los dolores podían aumentar, y que lo mejor era dormirla.
-¿Quién pudo haber sido?-preguntó David.
-No tengo ni idea.-respondió ella.-Todos en este pueblo querrían hacer daño a Regina.
-Pero esto no ha sido hacerle daño, alguien… Alguien no la odiaba como el resto.
-¿Te refieres a que alguien la odiaba pero a la vez la deseaba?
-Sí.-respondió su padre tímidamente.
-Regina es una mujer muy atractiva, seguro que todos los hombres de este pueblo han pensado en ella alguna vez.
-¡Yo nunca lo hice!-respondió su padre a la defensiva.
-David, no tienes que darme explicaciones. Eres humano, incluso yo he llegado a pensar en ella.-el príncipe hizo una mueca.-No debí decir eso… Volviendo al tema. Necesitamos una lista de todos los hombres del pueblo y su relación con la reina.
-No creo que ninguno de los enanitos pudiera. Son enanos.-comenzó a pensar David.-Luego está Gold, que, y me resulta incómodo hablar de estas cosas con mi hija, se acostó con la madre de Regina. Yo, que no creo que hace falta decir que no fui. Hook, que solo tiene una mano, y supongo que se habría notado, Robin Hood, que no necesita forzarla.
-¿Y si ella se negó a Robin por algo?
-¿De veras sospechas de Robin?
-Realmente no, pero necesitamos pruebas, no fe ciega.
-Emma, tengo que irme. Es tarde y no quiero dejar a tu madre y tu hermano solos con los tiempos que corren. Me llevaré a Henry conmigo, si ocurre algo llámame enseguida.
La salvadora volvió a la habitación de Regina. La observó detenidamente. Vio el moratón en la parte superior de su mejilla, supuso que allí es donde apretaba el monstruo para que no tuviera magia ni pudiera verlo. Examinó su cuello, lleno de marcas. Sus uñas estaban sucias, sus dedos tenían heridas. No quería levantar la sábana, pero seguro que su cuerpo tenía aún más moratones. Pero la peor herida, pensó Emma, era la que no se puede ver.
-¿Quién te ha hecho esto?-preguntó acariciando su frente.-¿Quién te tiene tanto rencor?
-El mismo que ha saqueado mi tienda.-contestó una voz desde la puerta.-Buenas noches, señorita Swan. Necesito hablar con usted.
El señor Gold y Emma salieron de la estancia.
-Esta tarde he pasado por mi tienda para comprobar que todo seguía en orden y he encontrado la puerta forzada y las cosas revueltas, es evidente que buscaban algo en concreto y que lo encontraron.
-¿Qué encontraron?
-Una pócima, tiene mucho poder y es muy difícil de conseguir. Bloquea la magia de aquel que la toca. Una auténtica bomba en las manos equivocadas. Una bomba que, por lo que veo, le estalló a la reina.
-Así es…
-¿Alguna pista?
-No, solo sabemos que fue un hombre, con barba o bigote, por lo que ella ha podido recordar. Debía tener bastante fuerza y era más alto que ella. Mañana a primera hora pasaremos a ver qué encontramos en su tienda. ¿Cuántas dosis contenía el frasco que le han robado?
-Digamos que dos o tres. Claro, que no sé hasta que punto este individuo sabía usarlo, quizá utilizó demasiado, lo que debilitó aún más a nuestra reina.
-Entiendo…
-Buenas noches, señorita Swan.
La búsqueda era complicada, aunque descartar no iba a ser difícil. Era un hombre que conocía la magia y conocía a Regina, sino, ¿cómo iba a saber que iba a la cripta de su familia cuando estaba sola y angustiada? Entró de nuevo y volvió a verla igual que esa mañana, indefensa e inofensiva, aterrada y angustiada. Y lo peor, muy sola.
-Te prometo que quien te haya hecho esto pagará por ello. Yo soy la salvadora.
No me he podido resistir a poner algo de Swan Queen, son demasiado monas juntas :)
