Quiero ser escritora
22º
Momento de la verdad
Este no era mí día. En primer lugar porque repentinamente cayó una terrible lluvia minutos después de que abandoné a Jack en el Spellbound, lo que habría estado muy bien si hubiera estado acurrucado en mi sofá escribiendo mi novela, jugando videojuegos, revisando en el internet las compras de mis zapatos en eBay o haciendo los mismos deberes. Pero nada que ver. En vez de eso, yo arrastraba hasta mi cama a una Kei semiconsciente. No tengo fuerza suficiente para levantarla, sólo me queda halarla de brazos y torcerme la columna vertebral.
Al parecer alguien estuvo bebiendo un poco demasiado ginebra (ese olor es inconfundible). La había encontrado gimiendo desde el dolor, estremeciéndose y meciéndose de un lado al otro con las lágrimas desbordándose por las mejillas, el rímel se le estropeó a causa de ello, estaba despeinada, pero no parecía percatarse o al menos le quitó importancia. Le pregunté en donde había pasado la noche, ella intentó responderme y cada vez que abría la boca sólo hipaba y hacía ruiditos que interpreté como quejidos, aún así obtuve mi respuesta al echarle un ojo a su vestido rojo Valentino, sus tacones Channel y las argollas doradas que colgaban de sus orejas. Todo parecía indicar que fue a tomar un coctel. Una parte del misterio estaba resuelta, nada más queda lo más trascendental: ¿Qué salió mal? No quise exponer a Kei una humillación peor y por eso la traje. Íbamos a mitad de camino cuando Kei infló las mejillas y gruñó, conocía esa reacción...
—¡Oh no, Kei aquí no! Aguanta un poco más, por favor —gemí.
Cambié de dirección hacia el baño, la ayudé a apoyarse del excusado y esperé que vomitara unos quince minutos, pero no lo hizo y volví a concentrarme en mi plan inicial: arrastrarla a la cama. Ojalá no vomite si no hasta mañana y de ser así, a mí edredón ¡no! Halé su brazo alrededor de mis hombros y nos incorporamos en conjunto. Kei tenía la mirada extraviada, parecía aturdida.
—¡¿Qué?! ¡¿quién es?! ¡¿dónde estoy?! —gritó a todas partes.
—Soy Kim, tu mejor amiga y estás en mi casa —jadeé— ¿no te acuerdas? Tú me llamaste y viniste por tus propios pies —Kei se me desentendió y se esforzó por sostenerse en pie, la pobre perdió el equilibrio en segundos y tuve que volverla a agarrar.
—¡Ah sí! ¡Kimiko! Ya recuerdo, ¡hip! ¡¿cómo fui tan ciega para no darme cuenta qué...?! ¡tú me lo advertiste, y dejé que pasara! ¡ese cabrón de mierda! ¡hip! ¡Maldito infeliz! ¡todo es tu culpa, sucio malparido bicho! ¡hip! ¡Oh no, ¿qué voy hacer?! ¡hip! ¡Pastelito, no te vayas! Hay una explicación graciosa para lo que está pasando, te aseguro que cuando yo termine ¡hip! ¡Nos vamos a reír de esto! ¡PASTELITO!
—Ya Kei, pastelito no está aquí. Todo es producto de tu cabeza por el licor. Tranquilízate, acuéstate en mi cama y yo llamaré a tu madre, le diré que pasarás la noche en mi casa ¿está bien? —evidentemente no esperaba que me entendiera, pero estaba en la obligación de dar una respuesta. Kei se libró violentamente de mis brazos y se volvió hacia mí balanceándose por efectos de la borrachera. Sus ojos obscuros inyectados en sangre, el rímel corriendo por las mejillas y las lágrimas congestionándose. Nunca la había visto tan afectada, ni siquiera cuando rompe con sus amantes.
—¡No, no, no quiero ir a dormir! —sorbió su nariz— no sin antes de... antes de... ¡hip!
—Me lo dirás mañana con más calma, Kei. Estás mal, necesitas descansar y reponerte.
—¡No puedo esperar, esto que siento está matándome, asfixiándome, ya no puedo más...! Y si no lo expulso ahora, acabará conmigo aquí mismo. ¡Yo lo amo, Kimiko! No me detengo a mirar otros chicos como antes solía, siento mariposas ¡hip! en el estómago cada vez que estoy con él, las horas pasan deprisa cuando estamos juntos, siempre busco una excusa para ir a verle ¡hip! porque él me da ¡hip! una felicidad increíble ¡hip! Me duelen las mejillas de sonreír tanto, pero es la verdad no puedo evitarlo ¡hip! No sólo me gusta ¡estoy enamorada! Mi mundo no puede estar completo si no estuviera a mí lado —creí que había terminado, se cortó echándose a reír entre dientes. Se limpió con el dorso de la mano y suspiró mirando la pared cuando añadió—: cinco años soñando con el día en que sintiera un amor tan intenso y tan fuerte ¡hip! como un ciclón que nada en absoluto pueda detener en un príncipe azul —gimoteó— ¡y más de quince fracasos! ¡hip! Hasta que por fin... pero creo que él es mucho mejor que el príncipe de mis sueños, él es real. —acabó riéndose. Se abalanzó hacia delante y me dio miedo que volviera a caerse, pero ella se recobró a tiempo.
—¿Te refieres a Clay?
—Esta noche él me presentó a su familia, fuimos a cenar en un lugar elegante ¡hip! Me fui a comprar ropa y bolso nuevos, seleccioné mis más finos accesorios. Hice lo imposible para impresionar a sus padres, estaba ciento dos por ciento segura de que esta noche sucedería al fin ¡hip! declararía sus sentimientos ¡hip! Todo marchaba excelente cuando uno de mis ex se apareció y ¡arruinó mi vida! Me acusó de ser zorra (se atrevió a enumerar todos mis ex), ¡hip! Delante de todos dijo que lo engañé, que era una insensible, y que Clay sería como los demás ¡hip! ¡Debiste haber visto la cara de su padre! ¡Él lo trató muy duro y le reprochó de haberle advertido sobre mí, que iba a traerle desgracias! ¡¿es que lo no entiendes?! ¡Estaba predispuesto! —su peso hizo que cayera de culo contra el colchón. Lloró con amargura, una vez más sorbió su nariz y se restregó las lágrimas. Me senté con ella.
—¿Pero qué hizo Clay?
—¡Nada, no hizo nada! —la miré incrédula— al menos que yo lo viera, ¡salí de allí! Ya me había humillado bastante por un día, todavía tenía un poco de dignidad ¡hip! ¡Entonces lo vi ahí en la entrada! ¡ahí, Kim! ¡Él!... —no faltaban palabras para adivinar que el idiota estaba envuelto en este lío. De pronto mi boca se secó y en mi estómago burbujeaba ácido ¡Cómo no! Todo lo malo que sucede, el idiota tiene alguna relación— no sé qué hacía allí, ¡no me preguntes! ¡hip! —contestó como si leyera mis pensamientos— Clay debe creer que yo soy una mala mujer y que jugué con sus sentimientos, ¡me odia! ¡hip! ¡pero no es así, no quería nunca lastimarlo...! ¡te juro que nunca me atrevería a (hip), NI SIQUIERA PUEDO PRONUNCIAR UNA MALDITA PALABRA (hip)! Fui al bar creyendo que iba a sentirme mejor después de beber unos tragos, un hombre empezó a acosarme y lo rechacé, me fui, ¡estaba lejos de mi casa! Entonces reconocí que cerca de ese barrio vivías tú, y yo... ¡Kim perdóname! ¡Soy una malagradecida, una perra, te ignoré por completo cuando iba tras de Clay...! ¡hip! Ojalá algún día pueda ser la mitad de tan buena amiga como tú. Lo he perdido para siempre ¡hip! ¡Estoy muerta sin mi pastelito, Kim! ¡No sé qué hacer! ¡Me siento tan...!
No pudo terminar de hablar. Acto reflejo, Kei echó la cabeza fuera de la cama y regurgitó grandes cantidades de desperdicio sobre mi piso. Lo que habría sido su desayuno, almuerzo y cena, incluso los tragos que se echó. Le di unas palmadas en la espalda animándola, pero se detuvo. Apenas pudo disculparse y volvió a repetir las mismas incoherencias de hace una hora. La llevé a lavarse, apenas tocó la cama por segunda vez cayó rendida. Me cercioré de que esta vez estuviera dormida sacudiéndole el hombro y no me contestó.
Luché por hallar unas palabras que hicieran justicia a mis pensamientos, ¿con qué derecho ese cabrón osa...? En un principio decidí confrontarle y preguntarle cuál era su problema, pero me arrepentí al moverme, la última vez acabó muy mal ¿y qué hay de mi orgullo? No, ojalá no llegue el día que me lo encuentre en el pasillo nunca porque ahí no me contendré en darle a ese bastardo lo que se merece. Pero sí creo que deba hablar con Clay… no quiero ser una entrometida en su relación, no obstante, me parece que debo ayudar en la medida de lo posible. Pobre Kei, está destrozada, de veras sucedió: Lo ama. En vez de contemplar un milagro, sentía a las entrañas revolviéndose dentro de mí como si fuera algo desagradable, sin embargo, era la sensación de perplejidad mezclada con emoción. Si ella no estuviera tan borracha, quizás le hubiera invitado una copa en que pudiéramos brindar: "los hombres son unos idiotas". ¿Habrá sido que él obró en venganza por lo que dije? Más vale que no lo sea. Fui por el trapeador y una cubeta de agua para restregar el hedor del vómito.
Cuando me llevé las cosas, perfumé la habitación y cogí el teléfono. Llamé a casa de Kei y le participé a la Sra. Izumi que su hija estaba bien, nos habíamos conseguido de casualidad en la calle, andábamos cerca de mi casa y nos quedamos allí. Pasada la hora, conversando, nos dimos cuenta de que era muy tarde así que ella la noche conmigo. Ella sabía que yo soy una persona responsable y la mejor amiga de Kei, varias veces nos quedábamos a dormir en casa de la otra. Como era natural, quería que le pasara a Kei, sugirió que podía acercarse a mi dirección y llevarla en su auto, entonces le tuve que decir la verdad: Kei no podía hablar hasta mañana que abriera los ojos. ¡¿Ustedes pensaban que le iba a decir que se tumbó en mi cama por la borrachera?! No consideraría a su madre una mujer sobreprotectora, empero como todo padre imagino que se angustiaría ver a su hija con resaca, sufriendo mal de amor y en un estado de depresión. La mujer se resignó y quiso que le avisara cualquier cosa. Fue una llamada de cinco minutos. Colgué la llamada.
Eran las diez y treinta y dos minutos de la noche. Estiré mi cuello, relajando los músculos tensos. Antes de retirarme a echarme un sueñecito, había pensado en meterme a navegar un poco por internet, en seguida me acordé que ya tenía algo pendiente desde antes: Mis dedos impacientes sacaron el libro de mi bolso y decidí ojear las diez páginas preliminares. Lo del internet tendría que postergarlo hasta el día siguiente. Por lo general, suelo leer en cama así que me toca hacerlo en el sofá. En cuanto me sentí cómoda, acaricié la portada (aparecen en ella dos jóvenes, los ojos cerrados y sus frentes juntas, daba la impresión de que él estaba a punto de besarla, pues la sujetaba por el cuello apartando su melena castaña mientras detrás de ellos se pone un sol radiante), empecé a leer el primer capítulo:
Alguien dijo una vez: El mayor sufrimiento del hombre es la mujer, ya sea si es su madre, su abuela, su hermana, su amiga o su novia. Cuando amas en serio, es como si el universo conspirara en tu contra: el tiempo pasa más deprisa, alguien se opone, te empiezan acosar las tragedias y entonces dan lugar a las discusiones. Pero también te deja una marca para siempre que nada ni nadie puede borrar y te acompaña a todos lados, vayas donde vayas hasta la más sutil de las brisas veraniegas te hace recordar su risa y sientes palpitar a tu corazón ansioso. Nuestra historia comienza como punto de partida, en un carrusel. ¡Oh no, espérense allí! Esta historia no habla de mí, esta es la historia de Esperanza Martínez. Una estudiante de mi clase, es decir, cursante de su último año escolar; no saca buena notas ni tampoco es popular, pero muy querida entre sus amigos. Hasta ese día en que nos vimos en el carrusel jamás pensé lo que vendría después...
¡Oh-por-Dios! ¡me quedé dormida mientras leía! La lectura se me hizo adictiva y rompí mi anterior juramento de leer sólo las primeras páginas y llegué al onceavo capítulo, ¡no pude evitarlo! Me enganché totalmente, me devoré las páginas, ansiosa, de saber qué pasaba con Esperanza, ¡POBRE CHICA! Su madre falleció, su padre se metió al alcoholismo debido a la depresión, su madrastra es una mujer horrible y su hermanastra es una envidiosa. ¿Cómo puede seguir sonriendo y comportarse tan amable con todos? Un ser humano explotaría, yo habría explotado, la única chispa de luz en esta pesadilla parece que es Kevin, quien narra la historia y el interés amoroso de la protagonista. Casi parece que sucedió ayer, mi primera novela de amor fue a los once cuando veía Candy (digamos que ahí comenzó mi iniciación) ¡me quedé prendada de Anthony! Lloré mucho cuando murió y cuando no parecía olvidarlo apareció Terry, babeaba de amor por él, hasta más tarde admití que de los tres amores él era el peor. No sé qué opinarán ustedes, pero yo creo que las mujeres estamos predestinadas (y por desgracia, educándonos viendo programas iguales) a sentirnos atraídas por estos chicos malos, tanto así que a veces diera la impresión de que siempre nos enamoramos del mismo sujeto.
A partir de entonces, me tendí más a la lectura romántica y luego me incorporé a clubs para conocer a otros chicos que también les gustara para compartir e intercambiar intereses. Al tiempo descubrí cuánto ha escalado este género y concluí que puede dividirse en tres partes: el romance inocente y tierno, que está más enfocado a un público juvenil y lectores adultas cursis que prefieren disfrutar de ese amor puro, escenas que te parten el alma en llantos de fangirls descontrolados y momentos dulces e idílicos; el romance apasionado e impetuoso, que está dirigido a un público adulto, con escenas impetuosas donde se desborda la pasión y casi siempre el sexo es descrito al dedal o involucra algún tema de índole adulta, estos son los que te estremecen de principio a fin; y por último, el intermedio, que ni es tan allá ni tan acá, es tierno algunas veces y en otras es fogoso, son muy buenos porque sientes que vas en una montaña rusa y debo confesar que a veces me he sentido tentada a desear un amor así... ¡ay no se hagan, ¿ustedes no?!
Por lo visto, Kei sigue dormida profundamente. Me deslicé hasta la habitación en silencio para coger otra ropa, me metí en el baño, me duché e hice el cambio de una vez para ir a la universidad. Aun quedaba algo de tiempo así que decidí servir cereales (a efectos prácticos) con leche en tazones y no forzar a Kei a prepararlos ni que cayera desmayada en la puerta de su casa. Me senté a comer. Al instante de haberle dejado una nota a mi amiga en el espejo del baño (no creo que precise una llamada a la casa de los padres de Kei, tampoco es una niña y conociéndome me empezará a regañar y sentirse culpable de mi creciente amabilidad hacia ella, Kei también conserva su grado de orgullo) y cepillado los dientes, me colgué la mochila y apenas abrí la puerta. Clay estaba de pie frente de mí con una expresión sombría, como si no hubiese dormido en días, los ojos perturbados y a duras penas me vio contuvo la respiración. Tuve que darle un empujón...
—¡Clay, hola! ¿tú aquí tan temprano? ¿qué puedo hacer por ti?... —sonreí sin haber soltado la puerta.
—Kim, perdona que no te salude, pero eres la única en el mundo que puede ayudarme. No puedo esperar.
—Okey... ¿esto tiene que ver con Keiko, cierto? —arqueé una ceja.
—¡¿Ya te contó?! —arrugó la frente melancólico—. Guau, ustedes las mujeres son rápidas. ¡Bueno, no es ese el asunto! Yo... eh, necesito saber dónde está. Después de que todo acabó como acabó, fui a buscarla; recorrí todos los lugares a los que habíamos ido y tampoco tuve suerte, la seguí hasta su casa como última instancia y me dijeron que estaba contigo. Quiero ¡no! —cerró los ojos y volvió abrirlos, corrigiéndose— debo pedirle perdón, sé que ella me odia y comprendo que no quiera saber nada de mí porque no la defendí delante de mi padre, todo pasó tan rápido, jamás había enfrontado a mis padres (está bien, sólo mi padre) menos por una mujer; pero lo que dijo fue imperdonable, no podía permitir que insultara a la chica que iba a ser mi novia...
—¡Un momento, repite eso, pero más despacio! —hice un ademán.
—Sí —se encogió de hombros, sintió el color subir a sus mejillas y desvió la mirada—, yo nunca había sentido esto por ninguna chica, esto de enamorarse es nuevo para mí —ahora tímido, su voz era un hilo apenas audible. Lanzó la mano detrás de la cabeza, sonrojado—, pero de lo que estoy seguro es que no me gustaría que Keiko se alejara de mí, me gusta salir juntos, y... —se aclaró la garganta— no tengo excusas para disculparme, por eso quiero que intervengas, ella te escucha y quizá puedas persuadirla un poco.
Una risita interrumpió a Clay, provenía de mí. Intenté ocultarla y tapar mi boca con el dorso de la mano inútilmente para que Clay no lo percibiera. No me estaba burlando, me reía por la ironía. Anoche, una Kei desconsolada lloraba porque creía que un decepcionado Clay no iba a perdonarla luego del espectáculo que montó su ex novio, y hoy, un Clay desesperado teme que una enfurecida Keiko no lo disculpe por su cobardía. ¡Cómo juega el amor con las personas! Es igual a presenciar de cerca una de mis novelas románticas en carne y hueso. Él está enamorado, ella también, ninguno lo sabe. Esta clase de cosas comprueba (y fortalece) mi creencia de que el amor verdadero existe, sólo depende de nosotros encontrarlo y luchar por él; asimismo me da cierta nostalgia y me queda el deseo de saber cuándo llegará el mío. Es tan tierno. Conozco a su padre, es un ogro de dos metros y para ponerlo en su sitio, hacía más que falta una armadura y un ejército. No ponía en duda lo que me decía Clay. Y Kei, el alcohol hace vomitar verdades que asombra, metería mis manos al fuego por esa confesión. Ellos se amaban, ¿quién lo diría? No necesitan ayuda.
—¿No me crees? —inquirió preocupado.
—Te creo, sí. Pero Clay, no veo en qué pueda ser útil: Keiko no te odia, mas bien ella está súper convencida de que tú eres el desentendido por lo del ex...
—¡¿Ah eso?! Bueno, todos cometemos errores algunas veces y algo me dice que también el tipo andaba medio tomado. Quién sabe, mientras no salga de la boca de Keiko no haré caso de lo que digan los demás, a menos que yo mismo me dé cuenta y el tiempo que llevamos conociéndonos, no creo que Kei sea de ese tipo —contemplé a Clay como el más guapo de todos los hombres, escuché con mis cinco sentidos. ¿Cómo nunca antes me fijé en Clay?... Pongo esto en mi muro de Facelook y de inmediato, se forma una cola de candidatas. Como sea ya era tarde para hacerme ilusiones.
—En ese caso, no tiene ningún sentido que teman al rechazo ni tú ni ella. Creo que deberías decirle lo que sientes hoy —crucé los brazos bajo el pecho.
—¡¿Hoy?! Yo no creo que pueda...
—¡Hombre, amas a Keiko ¿o no?! No te me acobardes. ¡Demuéstrame que dentro de ti hay un cromosoma y! ¿no enfrentaste a tu padre por eso?
—Cuando lo dices es imposible negarme. Tienes razón, Kim, ¡¿pero cómo?! ¿Cómo la voy a convencer de que mis sentimientos son reales?
—Uhm… creo que se me acaba de ocurrir cómo —miré por el rabillo del ojo el reloj de mi celular— ¡madre mía, la universidad! ¡Mejor sígueme y hablemos en el camino!
Lo jalé del brazo y nos fuimos. Total, Clay debe ir al trabajo y yo a clases. Estamos a mano (además, de que puedo aprovechar que me lleve en su camioneta). En el trayecto estuvimos discutiendo. Yo fui quien tuvo la idea, pero Clay fue quien la perfeccionó y lo dejé hacerlo. A mí me gustó. Me pareció sencillo y muy bonito con ese toque personal de él. Se supone que son los protagonistas de esta historia no yo. Durante las clases no me pude enfocar en otra cosa que no sea la idea de flechar a los tórtolos enamorados, mordía la punta del lápiz y tamborileaba la borra en el pupitre impaciente, sentía mi corazón bailotear de la emoción; antes deseaba disolver esa unión, ahora no quiero verlos si no juntos. ¡Dispénsense! No me permití dejarme aplastar por la distracción, copié los apuntes y transcribí lo que escribían en el pizarrón los profesores. Los estudios nunca me han dado la lata.
Me parece que fui la primera en levantarme de mi asiento y atravesar la puerta. Esto me dio para qué pensar, yo escribí Duelo Xiaolin siempre pensando dirigirme a un público infantil y creo que es tarde para echar atrás; no obstante, tenía un punto en contra: quizá estropearía la historia, una relación de pareja entre amigos, mis lectores se quejarían. Estoy clara que existe una posibilidad de que tal vez algunos lectores les gusten y fantaseen. Uhm, creo que puedo hacer algo, introducir coqueteos inocentes o insinuaciones pequeñas y lo dejaré a que los lectores infieran. Nunca nada oficial. Al menos es mi decisión por ahora. Tampoco veo dificultad si reescribo, digo, habrá otros escritores se remonten. De la misma manera, creo que debo pasar en limpio la hazaña de Clay y su padre, a lo mejor escriba un capítulo para memorarlo.
No sé cómo Omi se vaya a tomar esto. Tengo la certeza de que no le gustará. Pero no puedo dejarlo solo (se supone que me pagan por lo contrario), y Clay necesita que lo apoye, él dijo que no sería capaz si no estuviera allí. Por supuesto, no iba a permitirlo. Me he dado cuenta que los hombres no crecen, sólo sus juguetes. A Omi y sus amigos le gusta imaginarse que conducen en bonitos coches, pero sólo se conforman con pasear a sus carritos de juguetes y jugar sus videojuegos de simulación. En cambio, Clay, Jack y el idiota sacrificarían la vida por sus automóviles. Bueno, tendrá que adaptarse. Llegué a la escuela de artes marciales sin aliento. Me aguanté en la pared de la entrada jadeando cuando reparé en algo que no estaba antes, un anuncio colgado acerca del torneo inter-escolar. Omi decía la verdad. No terminé de leerlo porque este era el momento menos indicado para perder tiempo. Omi me encontró primero que yo a él.
—Kim —dice su vocecita ronca a mis espaldas.
—¡Oh Omi! Allí estabas —le sonreí girándome media vuelta. Aprendí que con Omi no hay que darle la espalda demasiado tiempo (es la clase de niño que sabría enviarte una descarga eléctrica únicamente porque le confiscaste su barra de chocolate y nueces)— ven, vámonos, se nos hace tarde. —caminé a su lado y le estreché los hombros, llevándomelo. Él me lanzó una mirada inquisitiva.
—¿Se nos hace tarde para qué? ¡Por favor, Kim, no juegues! Soy el genio de las ideas, ¡oh! ¡Maestro! —reverenció a un viejo quien llevaba un hábito, el hombre le devolvió el saludo y le dijo unas palabras en mandarín. Omi respondió en el mismo idioma mientras aceleraba el paso, luego metió las manos en el bolsillo y cabizbajo me siguió.
—Hoy tengo una sorpresa —le comenté antes de que me hiciera más preguntas—, ¿ansioso para ver una clase de biología?
—¿Clase de biología? ¿te fumaste algo antes de venir aquí? —preguntó absorto, poniendo una mueca. Yo me limité a señalar atrás de él. Omi también escuchó el claxon y cruzó los brazos tornándose a la camioneta que estacionó en frente de él. Clay bajó el vidrio.
—¡Hola chicos! ¿cómo están? —sonrió inclinándose hacia nosotros y haciendo un ademán.
—Hola Clay —Omi arrastró las palabras aburrido.
—Clay va a llevarnos. ¡¿No es grandioso?!
—¿Esto tiene que ver con la clase de biología de hace unos minutos? —me interrogó poco convencido.
Omi es un niño muy intuitivo, no se le escapa ningún detalle. Dibujé una sonrisa amplia en mi rostro. Empujé al pequeño Guerrero Shaolin a subirse al asiento trasero, me reclamó de qué podía hacerlo sin ayuda de nadie. Yo alcé los hombros, sin desdeñarme y me monté en el asiento de adjunto al del piloto. Encendió el motor y nos empezamos a alejar del colegio. Después de rendirme en una lucha en vano contra Omi obligándolo a ponerse el cinturón de seguridad. Me volví adelante y susurré a Clay unas palabras, quería saber si todo estaba en orden y listo. Clay me dio una respuesta afirmativa. Yo miré de reojo el retrovisor por si el niño nos escuchaba, ¡no ser que vaya a contarle a Kei! Omi parecía jugar con el cinturón de seguridad, escudriñó el interior de la camioneta con la mirada. Clay se fijó en ese detalle al igual que él.
—¿Te gusta?
—Sí, es bonita.
—¿Te gustaría tener una cuando seas mayor?
—No, yo prefiero las motocicletas. Al crecer me compraré una con mi propio dinero.
—¿Piensas trabajar de adolescente? —tercié.
—Sí, de ser posible también un lugar para mí solo. No me gusta la idea de ser un mantenido ni tampoco quedarme viviendo otro año más con la bruj... con Wuya. Díganme algo con la mayor sinceridad que puedan —cambió de tema, apoyando los codos en el respaldo de los asientos de adelante— ¿la clase de biología es de cómo filetear...?
—Flirtear.
—¡Eso! ¿...flirtear chicas? ¡¿es para ayudarte a ti, eh grandulón?! —Omi cogió el sombrero vaquero de Clay y se lo colocó.
—¡Omi devuélveselo!
—No está bien, que se lo quede. Tengo otros más. Qué listo eres, Omi ¿cómo lo supiste?
—Vi tu cara cuando hablabas con Kim y de repente volteaste. Solamente el hombre pone la cara de tonto en dos ocasiones: cuando se martilla el dedo chiquito del pie y la otra cuando se enamora de una mujer. No podrías conducir con el dedo hinchado, supuse que es la otra opción y también lo sé porque Kim nombró algo por el estilo en su diario...
Clay se rió entre dientes, avergonzado, en tanto se le coloraban las orejas. El resto del viaje estuve discutiendo con Omi de las cosas que debe y las que no. Clay se hundió poco a poco en el silencio, empero no pareció afectarle. Era un hombre tranquilo, no le gustaba llamar la atención. ¡No puedo creerlo! Ni cerrar con llave la puerta, Omi sigue invadiendo mi cuarto a buscar no sé qué. Ya en el conjunto residencial, todos salimos del auto. El santo diablillo y yo subimos las escaleras a averiguar si Kei estaba despierta o no, el vaquero se nos uniría más tarde. ¡Oh, por supuesto que sé que Keiko seguía en mi casa! ¡O sea, hola! ¿recuerdan? Yo pasé por lo mismo exactamente, no desperté en cama de Raimundo si no hasta tarde, el tiempo que me llevó vomitando, apenas y podía tragar la comida, los repentinos mareos. La pastilla demoró en surtir efecto. Kei no va a pararse y aparentar que no bebió nada anoche. Abrí la puerta. Sorprendimos a Kei desayunando, se había cambiado de ropa y puesto una mía ya que somos de la misma estatura, y son las una de la tarde... ¿se dan cuenta?
—Por favor no me mates —replicó con voz apagada.
—¿Por comer mi desayuno o vestirte con mi ropa? No estoy enojada, puedes tranquilizarte, dime ¿cómo te sientes?
—No muy bien, siento como si un tren hubiera pasado por encima de mí...
—¡Genial! —siseó Omi malintencionado.
—¿Qué? ¡¿Omi?! —preguntó con un hilo de voz y los ojos entrecerrados—. ¡Oh, lo siento, me quedé profundamente dormida, no debería estar aquí ¿interrumpo tu trabajo?! —no me hablaba, estaba discutiendo consigo misma—. Tengo que irme, sí...
—¡No, quédate! No puedo dejar que vayas a la calle en tus condiciones —apretó los labios cuando dije esas dos palabras—. Termina de comer y tómate una píldora para contrarrestar el mareo, verás te sentirás mejor cuando lo hagas. Para nosotros no eres una carga, ¿verdad que sí, Omi?
—Si tú lo dices... —repuso con frialdad.
Busqué apoyo en él, y me sale con esto. Presiento que a Omi no le agrada Kei, ¿por haberle apretado las mejillas o confundirlo de nacionalidad? Supe que estaba sola. Mientras fui a la cocina buscando los ingredientes para cocinar, le dije que ayer hablé con su madre. La cara de Kei se contrajo en expresión de culpa. Se cubrió los ojos con ambas manos e indagó por el resto de la historia. Yo intenté tranquilizarla y acabé de contarle los pormenores. Aún así no parecía aliviada aunque fingió lo opuesto. Omi dejó la mochila y se quedó cerca de sofá.
—Lamento haberte perturbado, estaba muy ebria y sentía la necesidad de desahogarme. No debí incomodarte, arruiné tu noche...
—Para nada. Lo habrías hecho por mí.
—¿Esos son cascos de caballos? —interrumpió Omi arqueando una ceja. Me mordí el labio inferior, conteniendo la sonrisa. Podía sentir cómo una costilla estaba a punto de fracturarse de las ganas que me estaba muriendo, pero tenía que hacerme la dura unos minutos más. Mi amiga no tenía un oído tan agudo igual al del niño o quizá porque se hallaba ensimismada. El sombrero, Omi no se lo había quitado. La escuché soltar un alarido. Tuve que hacer unas señas y por poco acrobacias para indicarle a Omi que se lo quitara. Omi entendió en el acto, y arrojó el sombrero en su regazo.
—¿Qué decías Kei?
—¿Uhm? ¡Oh sí, no sé cómo podría pagarte o cuántas gracias bastarían para mostrarte cuán apenada y agradecida estoy!
—Una estaría bien.
—¡Sí, son cascos de caballos! ¡Yo las escuché! —la curiosidad del pequeño no aguanta dos pedidas y se precipitó hacia la ventana. Abrió la boca y profirió un grito— ¡GUAU! ¡Es un carruaje tirado por caballos! ¡Viene hacia aquí a toda prisa!
—¿Cómo dices, Omi? ¿un carruaje?
En vista de que Kei parecía desanimada, tuve que inmiscuirme e incentivarla por mi propia cuenta. Me asomé en la ventana. Ahí estaba el carruaje, el cochero y los caballos hermosos que me había comentado Clay. Kei siempre soñó encontrar a su príncipe azul, que ese día la llevaría en su corcel encantador hasta su castillo de ensueños. Admito que es un poco cursi, pero creo que alguna vez fantaseamos ser princesas, portar una diadema brillante, el castillo más rosa y grande jamás imaginado, un guardarropa lleno de miles de vestidos de todos los colores y piedras preciosas, un carruaje mágico y un príncipe guapo y valiente. Aun mayor, Kei se sigue refiriendo al chico de sus sueños como un príncipe. Me pareció algo simbólico y de ahí obtuve la idea. La familia de Clay poseía una finca de ganado (tengo entendido que es para arrear), también otros animales, incluyendo caballos. Quedaba un poco lejos para ir a recoger uno, fue cuando me propuso esta idea del carruaje. Bueno, cuando Kei visite a la finca tendrá tiempo de que él le enseñe a montar caballos. En cuanto a la imagen, creo que esos voluptuosos trajes han perdido gran parte de su gracia y que resulta ahora atractivo las chaquetas y las franelas (mientras menos reforzado más piel). Me coloqué junto a Omi.
—¡Es un carruaje auténtico! Ven a verlo.
—Está bien, pero dudo, dudo, que un carruaje me levante el ánimo.
Hice una seña. Kei se acercó a echar una mirada y resopló estupefacta.
—¿Qué hace una carroza aquí?
—No lo sé, ¡vayamos a averiguarlo!
—¡No Kim! Creo que será mejor quedarnos.
—¿Pero qué dices? La Kei yo conozco ya hubiera puesto un pie fuera de este apartamento y salido a preguntar, tal vez a coquetear un poco con el cochero —ella se echó a reír.
—Lo sé, pero hoy no estoy con humor. No creo que pueda volver a ser la misma Kei que tú conocías —ella me dedicó una sonrisa triste. ¡Bien! No estoy para rodeos ni falta de humor. Sacudí la cabeza, la tomé del brazo y jalé en dirección a las escaleras.
—¡Vamos, necesitas reanimarte!
Bajamos apresuradamente. Pisamos el vestíbulo. Corrimos hacia la salida. Allí estaba Clay hablando con el cochero, supongo que dando las gracias. Él es muy caballeroso. Kei reculó nerviosa y de no ser que la detuve habría emprendido una huida.
—Kei no empieces; él no es de la clase de personas rencorosas, además tú huiste ni siquiera le consentiste que hablara, no sabes realmente si te odia o no —dije. No quise dejarla hablar sin que me escucharas. También puede ser muy testaruda si se lo propone pero me pregunto qué prevalecerá antes si su amor por Clay o su reniego. Finalmente habló:
—Supongo que puedo verlo una vez más a la distancia, ¿no?
—¡Ese es el espíritu! No te asustes, yo te acompañaré.
Se giró sobre sus talones antes de que yo pudiera tocar su hombre como habíamos previsto. Ya nos saludamos esta mañana, mas se supone que Kei no sabe eso y para que el ambiente tuviera esa chispa mágica típica de las novelas románticas que suelo leer es mejor mantener las apariencias, ¿no lo harían ustedes o qué preferiría entonces? Esto es casi, casi superior a mis libros. En parte, me siento la celestina. La diferencia está que yo no tuve que emplear la necesidad de brujerías como en la historia si no conciliar a través del ingenio, ellos estaban enamorados antes que me inmiscuyera en su relación. ¡Ojalá me concedan el honor de ser su madrina de bodas! Los presenté y ayudé, ¡deben retribuirme de alguna forma! Detrás de mí crucé los dedos, rogando que todo saliera a pedir de boca.
—¡Kim, Keiko, hola chicas!
—Hola Clay, ¿cómo has estado?
—La he pasado demasiado mal —Kei escondió la mirada tras mi hombro— no pude dormir bien anoche: Discutí con mi padre, la velada que había organizado resultó una catástrofe, si bien eso no es lo peor. Lo peor fue que la chica a quien iba a pedirle que fuera mi novia se fugó antes de que se lo propusiera. Pero ¿el suyo?
—El mío excelente, mejor que el de Keiko. Pero creo que eso lo saben.
—¿C-cómo d-di-ices...? —tartamudeó Keiko consternada. ¡Se me ha subido el corazón a la garganta y no soy la novia! Miraba con una sonrisa de Kei a Clay y al revés— ¿novia? ¿yo? ¡Pero si tú estabas allí cuando ese tonto musculoso llegó y me gritó delante de todos...! ¿no oíste lo que dijo? Detesto admitir que, por mucho que quiera tirarle pasteles de carne a su cara de niño bonito o arrollarlo con un camión blindado, te resumió a la verdadera de Keiko Izumi —me alegro que su sentido del humor haya vuelto en ella. Clay sonrió con ternura y tomó sus manos.
—Quizá a ti te lo haya parecido pero la Kei que yo conozco no es así. Tendrá otros defectos —rodó los ojos un momento—, sin embargo, yo no creo que seas una mentirosa, una zorra o una completa desnaturalizada. Yo creo que tú eres adorable y muy divertida. Eres la única mujer que podría golpear a un tipo en la nariz porque se haya burlado de mi sombrero y que podría interpretar mucho mejor a Taylor Swift en los karaokes interactivos. Llegué a pensar que habías estado enojada conmigo porque no hice nada por evitarlo...
—¡¿Enojada?! ¡No! Yo supuse que no querías verme luego del... bueno, ya no importa. ¿Tú viniste hasta aquí, en carruaje, para decirme eso?
—Sí, te desapareciste y no te encontré en casa. Busqué por todos lados en carruaje y se me ocurrió venir a parar aquí, pensé que estarías con Kim, y tenía razón. Pero no sólo vine por eso si no porque debo sincerarme contigo —aclaró su garganta— me gustas mucho ¿okey?, ignoro desde hace cuánto, nada más sé que en el momento que me di cuenta ya me tenías... hechizado, podría decirse, y quisiera que saliéramos. Obviamente, si tú quieres. Entiendo si no... —se estaba ruborizando, pero ya Kei había echado los brazos al cuello.
—¡Sí, quiero!
—¿De verdad? Sí, ¿entonces te llevo a tu casa?
—¡¿Cómo?! ¡¿en carruaje?! ¡¿Lo trajiste para mí?!
—Sí, un carruaje es bastante grande para mí solo. No tiene chiste si no la comparto ¿y qué mejor que contigo? —Keiko parecía encantada, la sonrisa retraída de hace unos minutos fue destituida por una radiante. Estoy segura que se hubieran besado si Omi no estuviese detrás de mí. Ella miró por encimas del hombro, despidiéndose:
—Volveremos tarde, niños.
Como siempre digo: Nunca está de sobra creer en el destino, en los actos de buena voluntad y ocasionalmente en la magia. No sé qué opinarán ustedes. Yo, en particular, pienso que no estuvo mal para ser su primera vez. Digo, los hombres no son muy abiertos de sentimientos (como que les cuesta más que a nosotras), para ellos es mejor que comenzáramos diciendo: Te amo. Y así añadir inmediatamente: Yo también te amo. Admitámoslo, chicas, todavía no ha nacido hombre que pueda entendernos a la perfección, la única manera que ellos capten es si somos directas. A veces esperamos demasiado de ellos pero nosotras también tenemos que aportar nuestro granito de arena. No lo olviden, detrás de un gran hombre hay una gran mujer. Volviendo al tema, ¿karaoke? ¿pasteles de carne? Cuando vuelva a hablar con Kei le pregunté cómo le hizo para conquistarle. Clay fue muy sincero, se dejó llevar y me pareció original la manera en que empezó. "Me gustas mucho", "quisiera que saliéramos", marca un avance. De aquí puede saltar facilito a un compromiso asegurado. Pero en fin, la ayudó a subirse, luego él. Verlos irse me arrancó un suspiro de emoción. Omi caminó en silencio.
—¿Cuánto le cobrará el carruaje?
—Veinticinco dólares la hora —respondí. Escuché a Omi soltar un bufido.
—Menos mal que dijo que "sí", habría sido un desperdicio de carroza y mandado a volar 25 dólares por la ventana.
—Tienes razón. Por amor se hace grandes locuras y cuando llegue el momento, entonces tú serás el que gastará veinticinco dólares de carruaje por una chica.
—¡¿Qué?! ¡Ni a palos! Las mujeres están locas, por no mencionar que son raras. Yo nunca me enamoraré.
—Eso dices ahora, me gustaría ver lo que dices de aquí a cuando tengas dieciséis o quince. Nunca digas de esta agua no beberé, el amor siempre sabe dónde encontrarte. Y si hay algo de lo que aprendí estos dieciocho años es que nunca debes subestimar el poder del amor.
—¡Uy sí que miedo! Como si la autora sacara una secuela especialmente para describir mis tonterías amorosas de mayor. ¡Bah qué cursi! Nunca entenderé la psicología de las mujeres, ¿cómo pueden preferir que les obsequien flores? Elegiría frutas: son olorosas, coloridas y lo más importante, son útiles y se pueden comer. Las flores se marchitan rápido —rezongó el niño.
Yo sonreí. No hay que discutirle a Omi, meditándolo bien puede que haya un poco de razón en sus palabras. Rodeé sus hombros y caminamos de regreso (en realidad, yo caminaba y él saltaba). Nos topamos a pie de la escalera con el idiota. Intercambiamos miradas. No quise hacerlo, pero clavé las uñas en el chico y apreté la mandíbula. Lo odio, por lo que le hizo a Kei, por lo que le hizo a su hermana y a su familia y por lo que me hizo a mí. No cabe duda de que es el mal personificado. A duras penas dejo que se burle de mí, pero con mis amigos nunca. ¿Qué artimañas usó para engañar a Clay y hacerle ver que es buena persona? No lo sé, y no me gusta que Omi sea tan cercano a él. El idiota tragó saliva y entreabrió los labios, como si buscara las palabras adecuadas para empezar a hablar.
—Kim... necesito hablar contigo...
—No hay nada de qué hablar. ¡Vente Omi! —fui brusca, empujé a Omi hacia las escaleras.
—Kim, yo no quería decir eso. Me salí de control, lo siento. Por favor... tienes que oírme.
—La gente no quiere decir muchas cosas, pero descuida, ya no importa.
—¿Se pelearon otra vez? —me pregunta Omi cuando llegamos a mi apartamento— ¡no me mientas! ¡No soy un bebé, tengo once años: puedo pensar y opinar como cualquier adulto!
—Es algo peor que eso. Descubrí cosas de él que no son buenas, me gustaría que te alejaras y no volvieras a tratarlo.
—¡¿Qué?! ¡¿pero por qué?!
Le dirigí una sonrisa afectada, apreté sus mejillas con cariño y me fui a encerrar en el baño. No puedo decirle por qué. Ya quebranté mi promesa con Jack y diga lo que diga, Omi es un niño. Sé que estoy actuando mal, pero he tenido suficiente del idiota por una semana. Sí era necesario que me fuera, Omi es muy persuasivo, y como boca floja que soy podría contarle todo. Cuando me sentí preparada, salí y estudiamos un poco ciencias e historia ya que ayer repasamos lengua y matemáticas. Antes de preparar la cena, me senté a escribir. Primero desterré las ideas nuevas que se me ocurrieron en las últimas horas y reformar los capítulos. Apenas si pude para aprovechar y adelantar el otro capítulo. Es lo que odio de los bloqueos de escritores, cuando no sabes que vas a escribir buscas distraerte de cualquier cosa incluso mirando los muebles esperando que se muevan. Oí una vez que un escritor tuvo un bloqueo de un año, ojalá no me pase: El concurso es hasta enero. He leído que para desbloquearte lo recomendable es despejarte y no desesperarte, quizás oír música y mirar otras obras. Bueno, yo ya estaba haciendo eso con 49 semanas. Nadie puede controlar la inspiración.
Podía hacer también los deberes, pero no tenía ganas y navegué en internet un rato. A veces el internet resulta ser un perfecto entremetido en tu historia, quieres escribir y te entran unas ganas de revisar si han comentado tu estado en Face. Miré las notificaciones de la red, eché un vistazo a mi correo y volví a meterme en el club de fans de T.K, por si habían publicado algo nuevo. Respondí las últimas actualizaciones cuando mis ojos se fijaron en algo: Nueva respuesta de T. K.
Mi corazón saltó desde mis entrañas.
A/N: ¿Por qué la sorpresa? ¿Se acuerdan que en capítulos anteriores Kim contestó un mensaje que había dejado su escritor favorito? Pues parece que él le respondió. ¿Si su escritor favorito les habla, ustedes qué hacen? Sentiría que estoy soñando o se produjo un milagro en mi caso, como que mientras uno es más famoso menos tiempo dispone para contestar a sus fanáticos. Aunque tienen tiempo para sí mismos. Es una opinión. El domingo no tuve internet, pude acabar de escribir el episodio. Menos distracciones. El capítulo obviamente se refiere a la confesión de sentimientos tanto de Clay y Kei, es por eso "momento de la verdad". Iba a escribir otra cosa, pero creo que será en el otro capítulo. ¿Qué les ha parecido esa escena entre Clay y Kei? Yo quería que fuera algo tierno y lindo, pero para recordar. Quería que tuviera un componente especial, me fue difícil trabajar en eso y recurrí a la clásica idea de príncipes y princesas de cuentos de hadas. Creo que dejé a Kim hablarles a través de mí más de la cuenta. Entonces pensé en el carruaje. Es factible, no se crean, cuando tenía 9 años me monté en un carruaje y paseamos. Era carnaval y a pesar de que estaba disfrazada de gitana, me sentía como una auténtica princesa. Iba con unos amigos, el carruaje (tirado con caballos y todo) era parte de un restaurante portugués.
Me cuentan que les pareció. Ahora falta que las chicas me digan: ¡Ay, qué infantil! —cuando en el fondo—: ¡Yo quiero que un príncipe me recoja en caballo! Y Kei le salió uno rubio (la imagen soñada) para remate. (Alerta de spolier: Mis protagonistas están en la obligación de superar esta declaración). La participación de Omi se ha reducido, pero no se preocupen, puesto que pronto tendremos más noticias en un capítulo donde haya mayor protagonización de su parte. ¿Qué opinan de la historia de Keiko? ¿creen que Raimundo también estuvo involucrado o no? Al menos obtuvimos algo positivo, es que Clay y Keiko andan juntos.
El próximo capítulo es uno de los más intrigantes e importantes de la historia (y pese que no puedo dedicarlo como bien podría hacerlo en Wattpad, mi mejor amiga me ayudó a elaborarlo y merece los honores). Poco a poco se irán desenvolviendo muchas cosas. En mi sano juicio, esta novela tiene muchas capas. Del uno al diez, son primeras impresiones. Del once al veinte es la presentación del conflicto. La etapa del veintiuno al treinta es la más frenética, todo se enreda y confunde la realidad. Del treinta y uno a la cuarenta es la explosión, el ojo del huracán, la cruda verdad como quien dice. Y lo que resta de la cuarenta y uno hasta (ojalá cincuenta y dos) es atar cabos sueltos y las conclusiones. No me atrevo asegurar lo último ya que digo una cosa y me sale la otra. Así que no se pierdan la continuación de su novela consentida: Quiero ser escritora, el martes que viene. ¡Oh no, ladies and getlemans! Sal en mis heridas. Espero con ansias que me hagan llegar sus comentarios de lo que piensan al respecto o qué se esperan ver el próximo capítulo. Se aceptan sugerencias y dudas. ¡Cuídense malvaviscos asados! Se les quiere y se les respeta, ¡ciao!
