He aquí, débiles mortales el segundo capitulo de esta maravillosa historia. Temblad ante su narración, temblad ante su magnificencia, temblad, temblad igual que el petirrojo al descubrir a cierto chico delante de su torre. Bueno ya córtala, opps, a veces me emociono mucho, creo que debería estudiar teatro, como sea, sin más preámbulos les presento ¡El Second Chapter!
Encuentro con el pasado.
Un pelinegro entro apuradamente en el elevador, veloz como un rayo, más rápido que Flash y Kid flash juntos, apenas entro en el presiono aquellos botones con desespero. Maldito elevador ¿Por qué las cosas nunca colaboran cuando las necesitas? Tenía a cuatro hambrientos titanes esperando su desayuno, exasperados, y la tienda más cercana estaba a cinco millas de ahí. Él, de muy estúpido, se había ofrecido a preparar el desayuno, pero al abrir la alacena resulto que toda la comida se la habían tragado los zompiros, o aquel hambriento pedazo de hojalata que golpeaba la mesa reclamando comida. ¿Por qué no había dejado que el meta morfo hiciera el desayuno?, ah, verdad, llevaban desayunando tofu toda la semana y siendo sincero, tan solo pensar en esa húmeda masa blanca le asqueaba. El elevador se detuvo en el primer piso de la torre, en cuanto vio aquella luz verde salió corriendo, corrió como nunca antes había corrido en su vida, cualquieras que lo viera le preguntaría ¿Quién te persigue, Slade?, en realidad la razón de su apuro eran sus cuatro compañeros, que serían capaces de practicar el canibalismo si no se daba prisa. Canibalismo o como sea que se llame la práctica de alimentación entre una alienígena, un androide, un demonio y un fenómeno verde.
Abrió la puerta de un empujón, si ya estaba cerca, a partir de ahora solo debía subirse a su moto y volar a la tienda de la esquina. El chico maravilla tropezó con un objeto exánime, rodo varios metros por el camino y se detuvo cerca de la orilla. Sacudió la cabeza, se levantó y se quito el polvo que había ensuciado su traje, ¿Qué diablos lo había hecho caer? ¿Por qué coño estaba en la entrada de la torre?, se giro para ver el ingrato objeto y entonces se reencontró con su doloroso pasado.
Su corazón freno completamente, los latidos cesaron, por un instante creyó morir. Aún no creía lo que sus ojos le mostraban, no debía creerlo, seguramente la falta de sueño debía estar afectándolo, (Si, claro, durmió tan mal junto a Starfire). Eso tenía que ser, por que no podía ser verdad, su mejor amigo yacía moribundo, parte de su infancia agonizaba frente a sus incrédulos ojos.
Varios minutos transcurrieron hasta que el batboy reacciono, no podía dejarlo ahí, su pasado y su código moral no se lo permitían. Lo llevo a rastras hasta el vestíbulo y le dejo recostado contra la pared, medio oculto en una esquina. Se monto en su motocicleta y se dirigió hacia la tienda, con el corazón latiéndole a mil. No tardo más de veinte minutos y entro a la torre cargado de bolsas, apenas si pudo cerrar la puerta de una patada, estaba a punto de accionar el ascensor pero repentinamente se acordó de su amigo, así que dejo las bolsas en el suelo y se dispuso a llevarlo consigo.
La puerta del elevador se abrió, dándole paso a un perturbado Robín. Afortunadamente nadie pareció percatarse de ello, ya que se encontraban muy ocupados tratando de devorarse la mesa. Chico Bestia buscaba desesperadamente en la alacena, la tamaraniana mordía la caja vacía del cereal, Cyborg golpeaba con ferocidad la mesa casi hundiéndola y la violácea solo los miraba con sus impenetrables ojos. La escena hasta sería graciosa, sino tuviera a un ensangrentado y agonizante chico muriéndose en el ascensor. ¿Cómo demonios les iba a decir quien era, sin comprometer su pasado? ¿Si se les ocurría preguntar algo?, y para empeorar la situación ¿Que sería de él si su amigo les contestaba? Luego de muchas reflexiones mentales decidió dejarlo ahí, escondido en el elevador hasta pensar una forma de revelarles su oscura verdad.
-¡Comida!- gritaron los titanes al unísono, abalanzándose sobre su líder-¡Gracias, gracias Dios!
-Agradezco que me hayan extrañado tanto- comento Robín lanzando las cosas sobre la mesa, dispuesto a preparar el desayuno.
El petirrojo termino de cocinar el desayuno y ahora se encontraba repartiéndoselo a sus compañeros muertos de hambre. Paso los platos que contenían un pequeño montón de waffles adornados con crema batida y un pequeña fresa, la última en recibir su desayuno fue Starfire, y al estirase para agarrar su plato, rozo sin querer los dedos del enmascarado. Los dos se sonrojaron al instante, recordando lo sucedido en la madruga, mientras se mordían los labios nerviosamente.
Flashback
Los cálidos rayos del sol atravesaban las ventanas de la torre "T", iluminando suavemente las caras de aquellos dos titanes que dormitaban en el sofá. Ambos se habían quedado dormidos durante esa larga maratón de "Zompiros", y sin darse cuenta acabaron durmiéndose uno encima del otro, plácidamente y en sus rostros se notaba el deseo de querer hacerlo por siempre. Robín fue el primero en despertarse, encontrándose con el bello rostro de la oji verde cerca del suyo, se sintió satisfecho al contemplar aquel rostro por el que suspiraba, sin siquiera percatarse de que estaban en una posición bastante cursi, pero romántica.
-¿R… Robín?- pregunto la titán espacial con suavidad, al ver al batboy observarla fijamente- ¿Qué estás haciendo?
-Nada, solo me detuve un rato a… verificar que estuvieras viva- el chico maravilla le contesto nervioso, no podía decirle que la había estado contemplado.
-¿Verificar que estaba viva? ¿Cómo es eso?- intrigo Starfire, girando la cara inocentemente.
-Eso no importa, Star. Ahora levántate, preparare el desayuno- ordeno dulcemente el líder titán, mientras se levantaba del sofá, seguido por la tamaraniana.
Fin Flashback
Los cuatro héroes se retiraron a sus habitaciones, estando sus estómagos ya satisfechos su humor había cambiado drásticamente y el ambiente había adquirido cierta tranquilidad. Definitivamente este sería un día sin problemas.
-¡Oye, Bestita! ¿Quieres jugar conmigo la nueva versión de "Invasion of the robots bubble"?- pregunto Cyborg caminando hacia la sala de juegos.
-Claro, viejo. Espérame- el changeling le adelanto convirtiéndose en un chita- ¡Esta vez si te voy a ganar!
-Jajaja. Sigue soñando- respondió la voz del atleta, ya lejano.
-Gracias por el desayuno, amigo Robín- agradeció la pelirroja, levitando- Voy a alimentar a Sedita ¿Qué vas a hacer tú, Raven?
-Nada importante. Voy a meditar- contesto Raven y luego miró al petirrojo- ¿Tú no vas a hacer nada?
-Eh… eh, yo voy a lavar los platos.
-Como quieras- las dos chicas ya se habían dado la vuelta camino a su habitaciones.
Pero realmente no iba a fregar los platos, no solo por que le daba pereza hacerlo, si no que tenia problemas más graves que solucionar. El elevador abrió sus puertas al recibir la orden del botón, dejando ver en su interior al joven yaciendo inconsciente, el pelinegro arrastro a su amigo y con un gran esfuerzo lo acomodo en el sofá. Le dio la vuelta lentamente, temiendo agudizar su dolor, y al hacerlo vio a sus padres, nadando en un charco de sangre, muertos. Aquella visión le hizo retroceder asustado, cayendo al suelo, se miro los guantes cubiertos de sangre seca y el recuerdo de aquella fatídica noche se apodero de él.
Necesitó de un buen viaje dentro de su mente para darse cuneta de que aquel frente a él era su amigo de la infancia y si seguía perdiendo el tiempo con sentimentalismos inútiles, fallecería antes de que pudiera hacer algo. Lo observo detalladamente, tenía medio rostro cubierto de sangre, un orificio atravesaba su pecho, el roto en su remera revelaba un profundo golpe en el abdomen, una pierna del pantalón se había rasgado, a parte de eso tenía rasguños y moretones en todo el cuerpo y al parecer lo único intacto eran sus guantes. Le examino, buscando alguna herida sangrante, afortunadamente ya todas habían secado, dejando consigo unas grandes costras, lo único que le preocupaba era aquel hueco en su pecho, nunca había visto que un agujero de ese diámetro atravesar a una persona, normalmente eran orificios de bala, pero este parecía de algo mucho más poderoso, el solo ver ese orificio le hacía temer lo peor. Puso os dedos en su cuello, buscándole el pulso, al no encontrarlo palideció, otra vida más que se le escapaba de las manos. Como milagro logro sentir el pulso, de un momento a otro unos débiles latidos hicieron saltar aquella vena, devolviéndole la esperanza, aunque no era tan bueno como esperaba, todavía tenia la oportunidad de salvarlo, no dejaría que se le fuera de las manos.
-Espera aquí, amigo mío- susurró, levantándose rápidamente yendo a la enfermería por unas vendas- Voy a salvarte.
El enmascarado corrió, más rápido que en la mañana, a la enfermería, creyendo fielmente que todo iba a salir bien, sin percatarse de que una entrometida polilla mutante lo había vigilado. Apenas el líder titán salió del recinto, Sedita se inmiscuyo en el vestíbulo para indagar quien era el misterioso visitante tendido en el sillón.
-¡Sedita! ¡¿Dónde estas Sedita?!- Starfire llamo a su mascota, buscándola por toda la torre.
Sedita no tuvo tiempo de escucharla, ya que se encontraba analizando al curioso espécimen que yacía frente a ella, primero lo observo lentamente para luego subírsele encima. Un par de ojos castaños le miraron con atención al despertar, la polilla hizo lo mismo y así pasaron un buen rato de observación mutua.
-Hola, amiguito. ¿Cómo te llamas?- dijo el muchacho agarrando a Sedita y acariciándola.
Al parecer a Sedita no le disgustó mucho, ya que se acurruco en su regazo disfrutando las caricias. El chico de negros cabellos se entretuvo mimando a la larva, pasaron los minutos hasta que un alarmante grito lo sorprendió.
-¡Sedita! ¡¿Estás Bien?!- la princesa espacial se alarmo al ver al intruso recostado en el sillón, con Sedita- ¡¿Quién eres tú?! ¡¿Cómo entraste aquí?!- la oji verde encendió sus manos llamando a los titanes.
Mientras el malherido intruso trataba de sobrevivir a sus propios problemas, Robín revolvía la enfermería exasperado, buscando los utensilios que necesitaba, no estaban en el botiquín, ni en el gabinete, tampoco debajo de las camillas. ¿Dónde diablos podrían esconderse unas malditas vendas?, la respuesta le llego después de voltear una camilla. El gimnasio, ahí las había dejado luego de una sesión de entrenamiento. Tenía que darse prisa por que a sus oídos ya había llegado el asustado grito de Starfire.
Coño, pensó el arquero, se palpo el torso en busca de sus flechas, pero no encontró ninguna, tampoco halló su arco. Ahora ¿Cómo coño se iba defender?, lo único que poseía era ese patético cinturón de herramientas, podría usar una bomba de humo y salir de ese lugar, pero no tenía suficientes fuerzas para correr, ¿Les lanzaba una bomba de humo?, no eso tampoco funcionaria apenas si podía levantar un brazo. Con la mirada halló su arco, recargado contra una pared, y el carcaj se apoyaba en el arco, unas cuantas flechas rotas yacían postradas frente a su carcaj. Ya no podía hacer nada, aunque lograra lanzar una bomba y alcanzara sus armas, seguían siendo cuatro contra uno, además poseía tan poca energía que le dolía hasta respirar. Cerró los ojos, dispuesto a soportar los rayos de Starfire, los tentáculos oscuros de la oji amatista, el cañón sónico de Cyborg y los zarpazos de aquel tigre verde.
-¡Quietos ahí! ¡No se atrevan a tocarlo!- Robín se interpuso entre su amigo y los titanes, sacando el bastón.
-Pero, Robín, ¿Cómo puedes decir eso?- tamaraniana intrigo sorprendida por su actitud- Si tu eres uno de los primeros cuando se trata de intrusos.
-Si, Starfire, pero es que él…- n o, no podía decirles, por lo menos no todavía. Debía inventarse una excusa- Él esta herido, chicos.
-Tienes razón- intervino el moreno, bajando la guardia- Debemos ayudarlo pero en cuanto se recupere, se ira, ¿Entendido?
-Gracias, chicos.
La visión se le volvió borrosa, ya no podía identificar los rostros que tenía enfrente, pero aún podía escuchar y aunque uno entendía la situación que ocurría a su alrededor, esa voz grave y determinada se le hacía familiar. De un momento a otro descubrió la identidad de aquel que lo protegía, pero no, no podía creerlo. No era posible, ¿El chico que llevaba el pelo puntiagudo era su queridísimo Dickinson?, simple y sencillamente no podía ser verdad. Tenía que alucinar, tal vez la transición entre la vida y le muerte le recordaba los mejores momentos de su miserable vida.
-¿Dickinson? ¿Dicky?- todos pusieron atención al joven que acababa de hablar- ¿Dick… Grayson?
Le hubiera ametrallado con preguntas si no fuera porque repentinamente la insignificante vitalidad que le quedaba se esfumo, desaparecio totalmente y cayó contra el sofá, inconsciente.
-¡Todd!- el batboy se lanzo sobre su amigo notablemente preocupado. Revelando por primera vez el nombre del desdichado.
Sus compañeros quedaron confundidos, muy confundidos, no sabían cómo reaccionar, no tenían idea de que decir. ¿Dicky? ¿Todd? ¿Quiénes diablos eran ellos?, nuestros jóvenes héroes no les quedo más que obsérvalos, examinar al chico moribundo, y observar al petirrojo atendiendo al joven.
Robín ahora analizaba el orificio, a pesar de que el posible impacto que hubiera recibido tenía semejante magnitud no alcanzo a salir por la espalda, así que el supuesto ataque solo le había perforado la carne, los huesos y la piel, para sorpresa del consternado chico maravilla, los órganos estaban intactos, lo que significaba que la pérdida de vida se debía al desangrado. Claro que esto tampoco era espectacularmente bueno, pero era mejor que nada. Se colocó otro par de guantes (no me pregunten de donde salieron, solo Dios sabe), y se dispuso a salvarlo. Le abrió la camisa, o mejor dicho lo que quedaba de ella, dejando ver su torso a la perfección, con un algodón humedecido con desinfectante le limpio las heridas, luego con una pinza le retiro cuidadosamente los pequeños fragmentos de costilla que se habían alejado en su interior. Decidió vendarlo para que sus heridas sanaran con el tiempo.
Después de una extenuante cirugía, que se alargo durante una hora, el enmascarado se alejo de su paciente, para encontrarse con las confusas miradas de sus amigos. ¿Les decía o mejor esperaba?, este dilema hizo que un sudor frio recorriera su frente, se lo seco con nerviosismo y se levanto, esperando la fusilada de preguntas que de seguro le iban a hacer.
-Y… Robín ¿Quién es el tal Todd?- pregunto Cyborg intimidándolo con la mirada.
-¿Cuál Todd? ¿De quién demonios me estas hablando?- el pelinegro fingió no saber nada, torpemente.
-No te hagas el tonto, amigo Robín- le recrimino la tamaraniana amenazándole con un puño- Tú sabes de cual Todd estamos hablando.
-Créanme, que si supiera les diría quien es Todd, pero como no sé…
-Tal vez Robín adivino su nombre por accidente- irrumpió Chico Bestia, defendiendo a su líder.
-Cuanta razón tienes, Chico Bestia- la violácea le propino un zape por semejante idiotez- De seguro Robín encontró su nombre bordado en la ropa interior.
Debía decirles, tenía que decirles, ya no tenía escapatoria, sus amigos le habían acorralado en busca de respuestas y no se detendrían hasta que les revelara su pasado.
-Él es… mi mejor amigo- cada silaba de aquella frase le ardió en el pecho. Revelarles parte de su pasado le mato por dentro.
Bueno, por fin he terminado el segundo capitulo, me tomo todo el día pero no importa. A mi parecer no quedo tan bueno como el anterior, prometo que los siguientes serán más emocionantes, pero no lo sé díganme ustedes ¿Quedo bien o te dieron ganas de vomitar? Voy a agradecer a Esa Charlotte y a SaritaSan por dejar reviews, Esa Charlotte siendo sincera mi especialidad es intrigar a las personas, por eso siempre trato de poner un poco de misterio a mis historias, y por último vamos con las irritantes preguntas.
¿Desde cuando Robín tiene un mejor amigo? ¿El no era un reprimido asocial, adicto al trabajo? ¿Sera que el petirrojo adivino su nombre en la ropa interior? ¿Qué consecuencias traerá la llegada de este sujeto? Descúbranlo en el próximo capitulo de esta emocionante historia.
