Quiero ser escritora

23º

Sal en mis heridas

¡Oh-mi-Dios! No puedo pegar los ojos. Estoy que me volteo de un lado al otro cada minuto que pasa en la cama. Son las diez y media de la noche: Ya comí, organicé las cosas para el día de mañana y apagué todo (la cocina, las luces y la laptop), y nada que concibo el sueño. Bueno, tampoco es por nada que mis pulmones se sientan oprimidos y el corazón me quiera salir del pecho, el mismísimo Tom Kenny me escribió para felicitar mi iniciativa y lo mejor de todo es que soy realmente buena. Sí, estoy bastante segura que es un grave pecado que te compares con un escritor de su talla, quien es, a mi juicio, un dios cuando sus dedos tocan el teclado o sostienen el lápiz. Pero hasta donde sé, estoy convencida de que algún día voy a ocupar el puesto de T. K. Estuve bailando y brincando de felicidad, sin presiones de hacer una danza para atraer la lluvia, hasta que mis pies me dolieran. Véanlo ustedes.

TKenny: TheGivenchyGirl ¡Saludos! No pude evitar ser capaz de pasar alto el último comentario que escribiste en mi muro y tan veloz como pude quise responderte, me encanta conocer cada día más a lectores iguales a usted. Me motiva enormemente saber que hayas decidido encaminarte hacia el mundo de la imaginación y la escritura, supongo que puedo empezarte a llamar colega a partir de ahora en adelante. Sólo quiero que tenga presente que aún cuando el camino pueda ser duro no te desanimes, y digo esto porque me gustaría leer tu trabajo. Por favor avísame y no me dejes plantado ahora que me intrigaste. Gracias por seguir mi trabajo. Nos leemos pronto, colega.

Mis dedos temblaban, el corazón latía aceleradamente y sentimientos encontrados cruzaron por mi rostro. De mi boca querían salir palabras, pero sólo farfullaba mitad de ellas y risitas tontas. Miraba a ambas direcciones como buscando personas invisibles a quienes contar de mi reciente lectura y luego mis ojos rebotaban contra la pantalla de la laptop. Releí varias veces, pensando que se trataba de una broma o de un lindo sueño. Me tomó quince minutos reaccionar y contestar. Tuve que borrar y escribir a cada rato, y de la emoción confundía las palabras y a veces no me parecía que expresaba bien lo que quería decir. El mensaje final quedó como el siguiente:

TheGivenchyGirl: ¡Gracias, gracias, infinitas gracias! No olvidaré nunca su consejo, se lo prometo. Así lo haré, TKenny. Usted será el primero en enterarse, eso se lo garantizo. ¡Nos leemos pronto!

Apenas envié el comentario, sentí como el alma se me desmoronaba. Mi cerebro se tardó en procesar su mensaje, mi mensaje (okey, no tenía que redundar para hacer mayor énfasis) y como haría para continuar patéticamente mi vida fingiendo que no pasó nada. ¡O sea, yo no puedo! Me retuerzo en el suelo de la emoción. Kim tienes que calmarte. ¿Cómo es que dice Tomoko? Todo está bien en mi mundo interior, todo está bien en mi mundo interior ¡Ohm! Inhala y exhala, inhala y exhala. ¡Uf, creo que estoy mejor! La realidad llega tal cual es, en otras palabras, sin anestesia y dura: Más que nunca, debo poner doble empeño (no quiere decir que antes no lo hacía) y si no deseo que se corte la comunicación tengo que terminar el libro. Tener el patrocinio y la opinión de un escritor súper popular es mil veces que tener de asesor al pedazo de animal que vive adjunto mío. ¡Sí! El candado que encerró mis ideas las ha dejado libres. Posteriormente me entraron ánimos y escribí mitad de capítulo, hubiera hecho más, pero el estómago me rugía y no pude seguir posponiendo la hora de comer. Tal vez es por eso que no he podido dormir, todavía estoy digiriendo los alimentos. Es cuestión de que —bostezo— cierre los ojos, me aburra... —bostezo— y entre el sueño.

Según mi horario, viernes es el día menos pesado de la semana. Son dos horas y acabada la taza, cada quien para su casa. Pero nosotros no nos íbamos inmediatamente, y por nosotros me refiero a que somos cuatro personas, incluyéndome, que luego de clases consultábamos a la biblioteca para inspeccionar o pedir prestado libros y matar deberes. Sí, como que casi podríamos ser un grupo de estudio. En lo personal, me gusta más estudiar acompañada pues que así nos ayudamos mutuamente, corregir errores y fortalecer defensas, ¡al mismo tiempo que es muy divertido! Reconozco que soy de las que usan fichas de colores para estudiar y cuadrar qué hora. Si me da tiempo elaboro cuestionarios de veinte preguntas y siempre trato de profundizar lo visto en clase, indagando otras fuentes; aunque hacer la tarea y copiar los apuntes (y subrayar lo más relevante en rosado) ayuda bastante a memorizar datos que a pie enjuto aparecerán en el examen.

Hoy trabajé treinta minutos adicionales, desde el primer día la profesora de introducción al estudio del lenguaje nos previno sobre un trabajo de investigación en parejas; aprendí desde secundaria que cuando te mandan un proyecto nunca debes dejarla para mañana, porque se complica todo más adelante y te tocará hacerlo a última hora. Me emparejé con un chico, lo he visto siempre con una gorra vans y en ambas orejas penden zarcillos discretos (no tengo ningún problema con los chicos que llevan aretes, mientras no parezcan que cargan aros de las cortinas de baño, lo pasaré desapercibido), los pantalones justos y suéteres de lana, él es medio afeminado, pero puedo asegurar que es heterosexual.

—Oye Kim, hay un chico que te está viendo desde hace rato —me interrumpe desviando la mirada.

—¿Y qué? ¿te está distrayendo? —gruñí con impaciencia.

—Pues sí... ya que lo preguntas... —asintió pasándose la mano por la nariz.

Sutilmente ladeé la cabeza y de soslayo eché un vistazo a hurtadillas. Volví a enderezarme. ¿Cuánto tiempo lleva observándonos? ¡Esto es acoso! Más le vale que lo respalde un muy buen abogado y si no, que consiga el número de uno, porque no me temblará la mano si me decido ir a ponerle una orden de restricción. El idiota traía una chaqueta negra y vaqueros, llevaba unas gafas oscuras ¡qué patético! ¿cree que poniéndose unas gafas no le reconozco? ¿en serio me imagina tan estúpida como para no darme cuenta que está mirando hacia acá? No se movía, estaba allí a pie de las escaleras, un poco más a la derecha del cesto de basura y la pared. Nos separaban cinco metros de distancia. De repente el idiota cambió de postura y empezó a caminar. Creo que ya sabe que lo he visto. Aparté la cara, haciéndome la tonta.

—Disculpa, amigo, ¿podrías prestarme a tu compañera unos segundos?

El bastardo afirmó con la cabeza, escondió la mirada y salió a zancadas. Sus pies ni tocaban el suelo. Yo siseé e hice algunos ruidos extraños, intentando inútilmente llamar su atención y decirle que no me dejara sola con él. Hasta había colocado la mano torno a mi boca como si fuera una pequeña tienda para impedir que el idiota descifrara mis intenciones. ¡Cobarde! ¡¿qué son unos cuantos centímetros de diferencia?! El idiota me rodeó, poniéndose al frente y trasladé mi mano de la boca a mi pelo, fingiendo que me peinaba y jugaba con las puntas. Me embargó una sensación de impotencia, me contuve de no pegarle un puñetazo en la cara y para dejar quietas mis manos crucé los brazos.

—Entiendo que estés furiosa y rehúses verme. No es para menos, no te forzaré a hablar, eso lo puedo hacer yo; pero hazme un último favor: escúchame, antes que nada, luego te podrás ir. —puse los ojos en blanco, me estaba exhortando y acosando. En su voz había un deje de desesperación. No le pude responder, la estupefacción me robó todas las palabras que pude haber dicho en ese momento— te prometo ser breve —se apresuró en decir, aprovechando mi silencio interpretándolo como un permiso—: acepto que fui grosero, dije cosas fuera de tema y herí tus sentimientos. No tenía que haber comentado las razones por las que nunca me llegarías a gustar ni haber sacado una lista de defectos cuando estábamos hablando de un incidente con una crema para peinar. De mi parte, fui muy cruel e insensible. He estado arrepintiéndome de mi conducta por días y hasta ahora no poseía el valor de enfrentarme a ello. Pero tú también debes reconocer que cometiste tus fallas, me acusaste sin fundamentos de haber hecho algo atroz, me gritaste y no parabas de insultarme; yo... perdí los estribos y por eso...

—¡¿Así que esa es tu gran disculpa?! —repliqué, ninguna de sus reflexiones me calmó. Por el contrario, me irritó todavía más de lo que había estado— ¿estás justificando tus actos por atropellos de los míos? ¡¿para eso tú te estuviste preparando por días?! Mejor ni te hubieses disculpado.

—¡Por supuesto que no lo estoy justificando! —soltó el idiota en un arrebato. Esforzándose por mantenerse sereno—. ¡Dios, mujer, quiero que entiendas! Por primera vez abandona tu terquedad. Solamente te estoy exponiendo las razones que precedieron mi comportamiento, en otras palabras, te pido que por un minuto te pongas en mis zapatos. Jamás ha salido de mi boca que haya estado bien lo que hice, estoy diciendo que mi único gran error fue perder la paciencia. Quiero hacerte ver que cuando uno está enojado dice cosas que realmente no las dice en serio, de eso se trata todo esto. Por favor, ¿es que tú crees que fuiste respetuosa? ¿Puedes tener el pudor de declarar que tú eres la única que merece que la traten bien?

—Tal vez al principio me excedí, ¿pero qué querías que hiciera? Yo sólo tenía una nota con tu firma y mi cabello estaba azul ¿acaso querías que tocara a tu puerta con una sonrisa en el rostro de oreja a oreja y te preguntara con toda la cortesía del mundo si habías sido tú el que me hizo esa broma? ¡¿y qué luego te hiciera una ova y diera las gracias?! ¡¿CÓMO SE TE OCURRE?! Porque ni siquiera te ofreciste ayudarme, si no te burlaste y añadiste que no era problema tuyo, que me las apañara como pudiera, ¡¿o de eso no te acuerdas?! —Raimundo palideció de la rabia, en su rostro se descubrió una mezcla de resentimiento y culpabilidad como manera de acoger mi respuesta, pero no me interrumpió y siguió escuchándome antes de tomar otra vez el derecho de palabra.

—Está bien, no niego que así pasaron las cosas. Los dos actuamos mal, ya te lo he dicho y puedo volverlo a repetir si quieres. No me molesta. Sin embargo, es nuestra oportunidad de hacer bien las cosas. Siquiera válgame el crédito de que intento llevar la fiesta en paz, estoy cediendo. Si fuera por ti, seguiríamos sin hablarnos...

—No, yo creo que no hay más que discutir. No quiero nada que ver contigo —quería estar segura que comprendiera el mensaje en todo su esplendor, por eso hice una pausa lacónica. Continué con voz reprimida—. Al final, sucedió que tú sí tenías razón en una cosa: lo mejor era guardarnos nuestra distancia y hacer como si no existiera nada entre nosotros. Creo que finalmente estoy entendiendo lo que me quisiste decir aquella noche en la discoteca. Ya no puedo soportarlo, cada vez que intercambiamos palabras, casi siempre uno de los dos sale lastimado y por lo regular, termino siendo yo. En definitiva no quiero alguien así en mi vida y menos que haya sido el único involucrado en la infelicidad de dos de los seres que yo más amo en este mundo, gracias a Dios eso es cosa del pasado...

—Sí, ya me enteré lo de Clay y Keiko. Muy lamentable —no había ni atisbo de vacilación ni nerviosismo. Permaneció flemático—. Nunca estuve de acuerdo con esa unión. Intenté protegerlo, lo aconsejé y no quiso hacerme caso, entonces fui con su padre con la esperanza de que si no me escuchaba a mí, a él sí y entraría en razón. A la final nada sirvió, se fue con ella de todos modos.

—¡¿Y con qué derecho te atreves a interferir en su relación?! ¡¿eres Dios?! ¡Ellos se gustan, son muy desgraciados el uno sin el otro! Primero debiste comprobar si Kei sentía lo mismo.

—Keiko no le convenía. Es una mujer voluble, conozco a las de su clase, iba deshacerse de él en cuanto se enamorara de otro tipo. No le interesaba.

—¡Kei no es insensible! Está tan enamorada de él como él de ella, ¿cómo puedes estar tan seguro? Apenas la viste una vez ¡no es razón para que mandaras a su ex y estropearas todo!

—Lo del ex novio fue un evento contingente —su rostro se crispó— aunque para ti sea una atrocidad, lo hice por el bienestar de Clay. ¡Tú lo conoces! Es sensible, mis intenciones se limitan a prevenirlo de un daño, ¿acaso las mujeres no se ayudan entre ustedes en contra de los malos hombres? Tal vez parezca una locura, pero los hombres tenemos sentimientos. Tú lo hubieras hecho si la situación hubiese suscitado al revés. Es su primer romance... es muy tonto para estas cosas.

Es muy buen punto. Viendo las cosas desde esa perspectiva y pese de mi antipatía hacia el hombre, no pude ignorar que había pasado por el mismo temor y no quise envolverme en el asunto pensando en que acabaría mal. Conocía el carácter de ambos, yo no hubiese tolerado que Kei tratara mal a Clay. Vacilé un rato, empero tenía claro que no podía ablandarme. La compasión que había sentido en un principio se trocó en ira. Sacudí la cabeza, desterrando aquellos pensamientos.

—Sí, cómo no, lo hiciste por el bienestar de Clay —repetí— ¿eso mismo pensabas cuando tu hermana sufrió ese accidente? Lo sé todo, no hace falta que disimules, ahora que me doy cuenta de la clase de hombre que eres me alegro de haberlo previsto a tiempo. Si fue capaz de hacerle eso a su propia hermana por codicia, ¿qué haría contra alguien que no pertenece a su misma sangre? Agradece que no le haya contado a Clay, sin embargo, no vayas hacerte ilusiones de que voy a estar callada para siempre. Pienso alejarlo de ti a como dé lugar.

Raimundo se quitó las gafas. Sus feroces ojos verdes estaban clavados en mí. Apretaba los labios. Algo me indicaba que estaba luchando consigo mismo, intentando no precipitarse y conservar la mesura. No tuve alternativa, tenía que presionarlo para que me dejara tranquila y no se me ocurrió una idea mejor. Fue un silencio espantoso. Mi corazón latía muy deprisa y mis respiraciones eran entrecortadas. Me estremecí involuntariamente y moví mis pies al ascensor. Quizá era más rápido que me alcanzara si tomaba la ruta de las escaleras. Este era el momento ideal para huir. Una mano impidió que las puertas se cerraran, empujando con fuerza. Yo solté un grito ahogado y levanté la vista.

—¿Quién te contó lo de Sagrario? —inquirió con voz ronca

—¿A ti qué te importa...?

—¡¿Cómo lo sabes?! —¡Dios mío estaba loco! Jack me había advertido que fuera cautelosa porque podría ser un hombre peligroso, no había bromeado ni exagerado en ello. Presioné el botón que me llevara a planta baja. Una vez más forcejeó contra las puertas.

—Si no me dejas ir ahora mismo, voy a gritar muy fuerte —le advertí.

—Sólo dame el maldito nombre —oí un tono de súplica atorarse en su garganta. Cuando lo miré a los ojos otra vez, parecía herido, no peligroso—. Es lo único que te voy a pedir.

—Fue Hannibal. —respondí con un hilo de voz. Raimundo murmuró entre dientes y se rió sin alegría.

—Ahora todo comienza a esclarecerse por su cuenta. Con que a esto él se refería que iba a tomar venganza, típico del infalible Hannibal. Apuesto de que te dijo que no le comentaras a nadie lo que te había confesado, como padrino cariñoso, desde el dolor y la vergüenza.

—Así es —afirmé con aplomo.

—Tú no sabes nada en absoluto. Acabas de ser otra de las víctimas de Hannibal. Te mintió y manipuló para que pensaras lo peor de mí. Si te dijo eso es para que actuaras justamente lo contrario y arruinaras mi reputación —en su rostro se retrató la incredulidad. Presioné de nuevo el botón, pero él detuvo la puerta y me haló del brazo, sacándome del ascensor. Me obligó a caminar, doblamos una esquina y me puso contra la pared— Kim no debes creer ni una palabra de lo que te diga ese tipo. No te acerques más a ese sujeto.

—¿Por qué? ¿por qué él sí es honesto?

—¡¿Estás sorda, princesa?! Te estoy informando que es un manipulador y mentiroso, lejos de ser una persona honrada, llevas conociéndolo ¿cuánto? ¿un día? ¿y ya puedes meter las manos en el fuego por un extraño? Puedes confiar en todos menos en mí. Pues ni modo veo que sólo harás caso si conoces la verdad —resopló, parecía más convenciéndose a sí mismo que dirigiéndome la palabra. Puse una mueca y él volvió a mirarme fijamente—, empero no aquí, tiene que ser un lugar privado... en mi casa...

—¡Por ningún motivo! —espeté.

—Está bien, en tu casa entonces... a la seis...

Liberó mi brazo, giró sobre sus talones y se fue mientras se ponía los lentes obscuros. Bajó rápidamente las escaleras. Jack dice que me aleje del idiota y éste me ordena apartarme de Hannibal. Pronto voy a encerrarme en mi apartamento y evitar cualquier contacto humano. Sin rodeos esto no era una visita. Es una cita forzada. ¿El Sr. Roy Bean un manipulador? La gente suele inventar los pretextos para negar a lo que se le imputa. ¿Arruinar su reputación? Nada más si quebranto mi promesa...

—...Pero lo que realmente me duele es que no se le puede quitar que me contó esa historia ese mismo día que lo conocí y le creí, eso me convierte a mí en una mujer ingenua y fácil de mentir, si es cierto lo que me está diciendo... es que... —chasqueé la lengua— lo analicé y di la vuelta numerosas veces, no había razones (que yo conociera) para un engaño de esa magnitud. Ahí está mi problema, yo no conozco lo suficiente la relación entre el idiota y su padrino. Lo que sé es lo que me ha contado una de las partes. En adicción, está lo de Clay y Kei, ella cree fervientemente que Raimundo envió a su ex, pero es su palabra contra la de él y encima no hay pruebas. ¡Genial, ¿ahora te convertiste de repente en la abogada defensora del idiota?! La verdad es que he comprobado que no soy tan lista como creo y no sería ni la primera ni la última vez que me han tomado el pelo, ¡hasta un niño de once se ha salido con la suya! ¡La vida no es justa!

—¡Oye, que estoy aquí! —observó Omi haciendo un ademán—. Muy interesante, todos los problemas que me estás contando, pero ¿cómo eso va ayudar a que apruebe el examen? ¡¿o qué tiene que ver con la pregunta diez?! ¡o sea, hola, hello, ni hao! Estos son ejercicios para lengua, no una terapia con tu psicólogo.

—¡Ups, lo siento! No volverá a pasar —me disculpé sonrojada, juntando las manos.

Necesitaba alguien con quien hablar. Descargué mis dudas encima del pequeño Omi, casi le describo los deslindes de mi extraña charla con el idiota en la biblioteca de la universidad. No fue intencional, cuando mi cerebro empieza hacer preguntas no existe quien lo detenga. Y ustedes me conocen, soy un libro abierto. Hablar de esto con el idiota y poner los puntos sobre las "i" no me calmaba, estaba inquieta. Pensando, recordando, presumiendo, sacando conclusiones deprisa. Mi mente y mi corazón no se ponían acorde, yo todavía desconfiaba y dudaba con vehemencia de que lo que iba a decir cambiaría el rumbo de mis inclinaciones, la historia del Sr. Roy Bean me sonaba convincente ya que daba una explicación lógica a la acritud que tenía su ahijado; empero, por otra parte, ¿por qué me contó eso? En un principio decía que lo hacía como un favor, si tuviera un ahijado así no estaría revelando eso a algún tercero. Era lo que me hacía ruido en la cabeza. Algo dentro de mí me decía que Raimundo estaba en el derecho de dar su versión de los hechos y lo que escuché no parecía actuado, su desesperación y apremio. De veras se aterró que yo supiera lo de su hermana. De la misma forma, si no fue verdad que vulneró a su hermana, menos podría creerlo con un amigo.

Mientras, la batalla se libraba entre la fría lógica del cerebro y los sentimientos del corazón. Estaba ayudando a estudiar a Omi. Le facilité un cuestionario y estábamos respondiendo las preguntas; el lunes, que ya habría tenido tiempo de repasar, haríamos un examen oral de las mismas. La maestra había hecho un resumen del contenido que iría a la prueba, igualmente abrió un espacio para que los alumnos expresaran sus dudas en público y así resolver la de los demás. Omi cogió apuntes. Ya lanzaron la fecha en que se efectuaría el examen, la clase de Omi sería la primera en ser evaluada: El jueves de la semana de arriba. Qué novedad. Yo estaría nerviosa (a mí me gusta que las cosas pasen rápido, entre más tiempo pasa pensando cuanto llegará mayor son los nervios). Omi, sin embargo, tenía actitud relajada. Como si no tuviera de qué preocuparse. Confiaba en sí y estaba seguro de que aprobaría con éxito. A la vez que esa tranquilidad me reconfortaba, me dejaba un cosquilleo en el estómago. Tanto el exceso al igual que la falta de confianza no son buenos (moraleja: Los extremos para todo no traen buenas consecuencias). Una fábula famosísima de ese hecho es la de la liebre y la tortuga.

—Son las cuatro y treinta y cinco de la tarde, dejémoslo hasta aquí. Estudiamos de sobra.

—¿Estás seguro que está listo? Uno nunca sabe. Es una prueba larga, no es como las otras. Eso sí, el día antes de la prueba no estudies, aprovecha para descansar.

—Puedes contar con ello. Y sí, estoy seguro, tenme un gramo de confianza. Mientras tenga puesta mi banda, —asintió señalando la banda de la cabeza—, recibiré siempre confianza, fuerza y sabiduría aún en los momentos de debilidad. ¿Cómo te ha ido con el CD que te di?

—¡Ay Omi, perdóname! —gimoteé—. Se me ha olvidado, aunque sí le eché un vistazo. No creo que sea un defecto grande, te prometo que trabajaré en ello más tarde.

—Bueno, está bien —se encogió de hombros.

—¿Tú y tu padre pasan más tiempo juntos?

—Un poquito en los fines de semana, el trabajo lo chupa mucho. Su empleo aporta más que el de Wuya, no le conviene ser despedido.

—¿Y tu madrastra te sigue despreciando? ¿te insulta a pesar de los sermones de tu padre?

—Si por insultar es que me llame "vago" todos los días, se queje constantemente de la vida que tiene y de mi existencia con los vecinos, entonces sí. Sin embargo, estos días ha estado aprendiendo a ignorarme y creo que es un gran avance, no tendré que escuchar su voz.

—Omi, ella no tiene por qué insultarte ni tú a ella.

—Lo sé, ¿pero qué puedo hacer? Soy apenas un niño, mi voz no se escucha, los adultos son quienes toman las decisiones; aun cuando estén equivocados, no se les puede decir porque tienen razón en todo, siempre salgo perjudicado. Se supone que ellos saben lo que es bueno para uno. Y a veces es tan injusto, pero no te preocupes, trato pasar menos tiempo en casa para evitar encontrármela.

—Te entiendo, pero esa situación es irregular. No puedes dormir afuera por una situación que puede estar bajo control.

Siento compasión por él. Había pensado denunciar a Wuya, activar mecanismos legales. Ya que no escucha a su marido, a su suegro ni a mí, tal vez un llamado de atención por parte de las autoridades funcione. No quiero meterla presa, pero no es justo para Omi. También he pensado que podrían negar mi solicitud, ¿y de qué la acusaría? ¿de ser una amargada y que libera sus reveses sobre su hijastro? En ese caso me enviarían a un terapeuta de familia, y sé que ella no va aceptar. Un psicólogo no atiende locos, atiende a las personas que no pueden resolver problemas. Di palmadas en su cabeza como consuelo.

—Sí, eh... ¡Permiso para subir a la mesa! —pidió Omi.

—¿Permiso? —repetí confundida.

Omi no se detuvo a explicar, brincó sobre la mesa y se hincó. Yo me sobresalté. El niño se inclinó y me besó fugazmente en la mejilla. Las mejillas del pequeño ardieron al rojo vivo y miró abajo. De la impresión solté una risita. No se quedó mucho tiempo encaramado, bajó de inmediato.

—Muy bien, ayúdame a recoger esto. Después te contaré un cuento.

Lo mejor de ese día fue la demostración inusual de afecto de Omi. No volví a sacar el tema, ni él tampoco. Omi no es el tipo de chico que abre sus sentimientos a otras personas ni que le guste ser molestado por ello. Será como si nada ocurrió. Poco a poco se fue acercando la seis de la tarde. El sol se puso. Omi se fue. La habitación iba quedando a oscuras. Me quedé parada allí, alerta. De las media luz el idiota salió, pude ver su sombra reflejada en la pared. Respiré profundo. Mi corazón era una bomba de tiempo. Casi ni nos miramos, apenas abrí. Él pasó automáticamente. Ninguno sugirió sentarse. Yo me abracé a mí misma.

—Bien, que sea para hoy.

—Creo que debo empezar diciendo que soy adoptado. No sé quién es mi padre y mi madre no quiso ocuparse de mí, mi familia era amiga de la suya y casi como un acto de piedad mis padres decidieron criarme igual que si fuera a un hijo suyo. A pesar de que ellos no son mis padres biológicos yo los quiero y ellos a mí. Somos siete hermanos, mi papá trabajaba en el circo hasta que conoció a mamá y se retiró, aunque vivíamos muy humildes nunca faltó el amor en nuestra familia y éramos felices —"éramos", hablaba en pasado. Un escalofrío me recorrió la espina dorsal—. En el pasado, yo era inmaduro y egoísta, te dije que era igual a Omi (te podrás dar una idea). A pesar que no era un buen hijo por los múltiples problemas que traía a casa; intentaba de compensar eso siendo un mejor hermano: Era el mayor y era mí deber cuidarlos.

«La segunda en la línea era Sagrario, tenemos la misma edad salvo que cumplo unos meses antes y era con quien tenía mejor afinidad. Lo compartíamos todo y éramos muy unidos, los dos nos protegíamos mutuamente (Sagrario no consideraba que asumiera todo el peso). En vista de que los ingresos que nuestros padres llevaban a casa no eran suficientes y no podía costear cosas que me gustarían tener como un auto o mi propio balón de futbol, conseguí un trabajo a medio tiempo después de salir de la escuela y pudimos estabilizarnos por una larga temporada. Mis padres estaban orgullosos de mí, compré el balón y el coche (era una chatarra usada, el sueño ideal de un adolescente y para el momento sentí que estaba bien) y parecía que nuestros problemas se iban a solucionar.

«Es aquí donde entra en escena, el viejo Hannibal Roy Bean, quien ya lo has conocido. Es un amigo cercano de la familia y por lo tanto, lo nombraron mi padrino. Siempre estuvo liado a los juegos de azar, me convenció de que podría ganar más dinero si invertía en ello. Claro, era un tonto ingenuo, pensé que él sólo quería ayudarme y caí en su sucia trampa. El verdadero Hannibal buscaba una marioneta a la cual usar y quedarse con el 50% de mis ganancias, un trato injusto al que accedí. Hannibal es muy manipulador, tendrá mal juego, pero no se le puede quitar que tiene habilidad para engañar y timar a cualquiera.

«Como era de suponerse, la suerte nunca se ponía de mi lado y me estaba viciando cada vez más en el juego. Mi sueldo se desaparecía en una semana. Estaba ciego y sin nada con que apostar, pensé en "tomar prestado" dinero de mis padres, pensando que podría reponerlo y lo hubiera hecho si mi hermana no me hubiera detenido. Averiguó lo que estaba haciendo y me hizo ver en lo que me estaba convirtiendo: En un Hannibal. Ocultar cosas, inventando excusas para salir de apuros, ignorando a mi familia, entregándome al juego. Ese no era yo.

«Podría ser un cabeza hueca que solamente pensaba en divertirse, pero no era un mal chico ni quería pensar la cara que pondrían mis padres si se enteraban que los había traicionado ni tampoco deseaba ver a mis hermanos menores decepcionados, para ellos yo era un ejemplo. Había hecho mal las cosas. Pensé en replantearme un cambio de actitud, tomar más en serio mis responsabilidades. No fue fácil ni tampoco lo vi así a la primera, no obstante, Sagrario siempre estuvo apoyándome. Nunca me cansaré de darle las gracias por todo; eso sí, yo no tuve valor de decirle a ella ni a nadie que Hannibal me indujo al mundo de las apuestas. No pude ser más estúpido.

«Mi hermana sí tiene sus piernas paralizadas, no por la razón que piensas. Fue un accidente del que me arrepiento día tras otro. Fue por mi culpa, aunque no intencional. Jamás le haría daño. Todas las personas a mi alrededor siempre salen lastimadas. Ella no fue la excepción, me pidió prestado el auto y le conferí las llaves. Los frenos estaban fallando, me desentendí porque pensé que no sería nada serio y funcionó peregrinamente conmigo los últimos días, preveía que se la había quitado. Sin embargo, sucedió lo peor y el coche se salió de control, ella chocó. Estuvo inconsciente por tres días. Yo estaba en el trabajo cuando me llamaron, y fui corriendo al hospital. Allí mi madre me explicó, entre lágrimas, que sufrió un accidente y sus piernas... —su voz se quebró. Me volteé horrorizada, Raimundo me ofrecía la espalda y aunque no podía verlo, sabía que estaba ahogando todos los impulsos de llorar y reprimir la tribulación en su voz, hasta no haberlo logrado, permaneció en silencio— fui negligente. Y cabrón... ¡NEGLIGENTE Y CABRÓN! Ella me odia, no me perdonó ni habló conmigo, ni siquiera me dio oportunidad de explicarme.

«Me tuve que ir. Es posible que fue una actitud cobarde y no haya cambiado las cosas, sólo no podía quedarme allí de brazos cruzados y ver cómo todos sufrían. Se me ocurrió que en una ciudad tendría mayores recursos para generar más dinero y así financiar el tratamiento de Sagrario. Hannibal me ayudó a escapar, su vida estaba hecha aquí y él podía alquilarme una habitación mientras buscaba un apartamento. También me prometió que podría ser mi intermediario si le proporcionaba una cuota para pagar el viaje de ida y regreso, cometí otra vez el mismo error. Resulta que ese dinero no lo usaba para sus viajes si no sus apuestas, él solito disponía el capital necesario para vivir en China si quería. Cuando reaccioné, estaba atado a él y me extorsionó con mi hermana. Continuó así desde entonces. Hace semanas me di cuenta que si podía hacer una última cosa y lo mandé a la mierda, él dijo que se vengaría. Y por revancha era apartándote de mi lado...

—¿Por qué?

—Quizá creyó que me sentiría muy desgraciado si te perdiera para siempre. Imaginó que tú y yo éramos amigos o tal vez algo más. Una vez más tengo la culpa, jamás te presentaría un tipo igual a Hannibal. No conociendo la bazofia qué es. Kim, lo prometiste, te contaría toda la verdad sobre mí y te alejarías de ese hombre.

—Él mencionó que te avergonzabas de tu origen...

—¡¿Qué?! ¡No! ¿Qué adolescente no le gustaría soñar poseer cosas de lujos? Jamás, repito, JAMÁS desconocía quién eran mis padres ni de dónde nací. Yo crecí con mucho orgullo de donde pertenezco. —jadeó desesperado—. Te lo dije, amo a mis hermanos y a mis padres, fue un incidente lo de Sagrario... si estuviera en mis manos una cura rápida y eficiente o si pudiera retroceder en el tiempo y evitado mi imprudencia ¿cuántas veces tengo que repetir que estoy arrepentido? Hay noches en que ni puedo dormir, tengo pesadillas al respecto, mi hermana preferida me guarda rencor, me hostiga y carcome la culpa. Me fui porque era un peligro, porque los amaba, yo sería incapaz de lastimarlos —gritó desgarrado. Me agarró de los brazos y sacudió con violencia. Sus ojos verdes eran tristes y profundos. Parecía a punto de quebrarse delante de mí— ¡hasta yo herí tus sentimientos! Es por eso que te pedí que no te me acercaras. ¡Demonios, ¿es que todavía no me crees?!

—¡No lo sé Raimundo! —confesé en un aullido—. Una parte de mí quiere creerte, es que... son demasiadas cosas que asimilar. Necesito tiempo para pensar, ¡eso! Quiero estar sola —me torcí entre sus brazos, liberándome de mala gana. Él cerró los puños y retrocedió.

—Bien... entiendo, —bajó la cabeza— piénsalo, decidas lo que decidas no me entrometo de lo que opines sobre mí. Sólo no te dirijas a Hannibal, me conformo con eso. Buenas noches —replicó educadamente.

Raimundo cruzó el umbral. Me lancé contra la puerta y la cerré. ¡Es mentira, no es verdad! Está queriendo justificarse. Me paseé violentamente a zancadas en círculos alrededor de la habitación, tratando de ordenar mis pensamientos y dominar las ansias que me consumían. Pensé detenidamente en la conversación que tuve con el Sr. Hannibal, las expresiones de su rostro aún estaban frescas en mi memoria. Luego pasé a reanudar lo de hace unos minutos. No renegó que fuera apostador ni la condición de Sagrario ¿por qué lo atrapó con las manos en la masa? ¿o por qué no tenía qué ocultar? Incluso admitió con furor que fue criado en el seno de una familia humilde; si hubiese sido como afirmó el Sr. Hannibal, hubiera omitido el detalle o fingiría demencia. Por lo regular, los mentirosos suelen desmentir todo.

Decidí someter a una estricta revisión cada una de las líneas. Era cierto lo del dinero de sus padres, difiriendo de la versión del Sr. Hannibal, se arrepintió por intervención de Sagrario. Este era el otro punto en la discusión; el mismísimo Sr. Hannibal en persona reconoció que Raimundo era un buen hermano y que tiempo atrás, Clay perjuraba la inocencia del hombre atribuyéndole como una persona íntegra. Alguien que amara a sus hermanos no atentaría en contra ellos de la noche a la mañana. Además, que no era ingenuo, jamás llegaría amistarse con semejante tipo sin conocer absolutamente nada. Nadie que haya infringido contra del otro y terminar lesionado logra salirse con la suya delante de la ley (o eso dicen).

La verdad es que Hannibal no tuvo escrúpulos en rebajar a su ahijado. La desvergüenza que implicaba al poner a la familia de su entera confianza en evidencia de ese modo. El desdén con que trataba los temas, ni se molestó en encubrir a Raimundo apenas mostré mi antipatía hacia él; se animó a seguir contándome, sin un celo de discreción, como si aguardarse que sacara el asunto. Yo nunca lo había oído ni visto en la universidad, la primera vez que nos vimos fue en el salón de clases y lo consideré un hombre sensato, confiable y culto. Claro, que tenga un máster en perorata no quiere decir que sea una buena persona. ¿Cómo no lo vi antes? ¿por qué no sospeché? Podría ser mi profesor, igual sólo lo conocía a flor de tierra, y entre más y más rebuscaba algún indicio que pudiera desfavorecer al idiota, estrujándome los sesos a la expectativa que un pensamiento saldría en cualquier instante, mis esfuerzos se iban debilitando progresivamente. El dolor del idiota era palpable, su voz desgarrada y sus ojos monótonos. Todo concuerda. Y, por último, Clay y Kei...

La idea de que Raimundo pudo haber tenido razón todo este tiempo y yo lo traté tal cual un perro me hacía hervir la sangre bajo la piel y rechinar los dientes. Yo estaba completamente enojada. En ese caso, el idio... él merece todo el crédito del mundo de haberme censurado y descalificado de ese modo. No me voy a anticipar ni ceder tan deprisa sin sopesarlo bien ya que me he dado cuenta que he cometido ese error varias veces, no me daré el lujo de recaer. Esto requiere una inspección más a fondo. Y puede que también haya algo de cierto de que no ha sido él quien dejó la crema para peinar. ¡Cuán injusta y ciega me comporté!

¡¿Pero qué era lo que me daba más rabia: a él por ser no quien yo hubiera querido que fuera o a mí por haberle dado la razón en todas sus premisas?!


A/N: ¡STRICK ONE!

¿Qué es, Alice? ¿estamos jugando a béisbol?

No, estoy contando las vidas de los lectores que mal juzgaron a Raimundito, si todavía no se arrepienten les queda dos oportunidades más para estudiar de cerca la conducta de él. Así que si ha pasado la tercera y siguen creyendo que él es un idiota, y luego ven que cometieron un error no me abstendré de decir: Te lo dije. ¡Ah! Raimundo manda a decir que por él pueden irse por la sombrita.

Uhm… difícil, ¿pero qué será lo que odio más? ¿si a ti por enamorarme o a mí por necesitarte tanto? ¡Oh! ¿ya estamos al aire? ¿eso lo dije o lo pensé?

¡Da igual, da igual! ¡Parece que Kim se reconciliará al fin con Raimundo!

Yo que tú no contaría mis pollos antes de nacer, ha aprendido a ser más desconfiada y dijo claramente que no iba a lanzarse de bruces a los brazos de Raimundo sin antes de corroborar la información por precaución. Al menos, cuando lo vea no lo recibirá con un hacha en la mano. Para empezar, quiero agradecer a mi mejor amiga por haberme ayudado a crear el pasado de Raimundo, sin ella, no habría llegado tan lejos. ¡Bravo! Debo acotar que el título no es: Sal (de vete) de mis heridas si no sal (de condimento) en mis heridas, me basé en la canción de Sia del mismo nombre. Hace alusión más que todo al remordimiento de conciencia del pobre Raimundo. Sí, Sagrario es un OC, no sería la primera vez que yo o cualquiera decida ponerle nombres a los miembros de la familia de Rai. Todos nos morimos de ganas por conocer más sobre su origen. Aunque en Xiaolin Chronicles nos enteramos que soportó una infancia dura (yo ya lo suponía). ¿Menos o igual de atormentadora que sus antecesoras? ¿Qué opinan: Raimundo dice la verdad? ¿de odioso pasó a ser un mártir? ¿creen que Kimi fue bastante dura con él o actuó lo suficiente? Para evitar inconvenientes, debo reiterar que me inspiré a través de Orgullo y Prejuicio así que ¿fui muy obvia o no? Hubo una escena similar, pero en ese entonces los amigos enamorados de ambos no se habían reconciliado (además, que la hermana de Elizabeth es todo lo contrario a Keiko) y se le acusaba al Sr. Darcy de haber frustrado la voluntad de su padre y resquebrajar los sueños de un joven cuando era mentira, el mismo joven lo hizo y también intentó cuanto pudo mancillar a Darcy. Y claro, el medio fue distinto. Aquí el aire (o sea, hablaron) y en el otro fue una carta.

Esto lo dije antes, lo vuelvo a reiterar ahora: Ustedes no saben nada. Alice siempre tiene la razón, aún cuando no la tenga, en realidad la tienen. Reconozco que esta es mi frase más altanera, pero es la pura verdad. Háganme caso y no sufrirán tanto. No me hagan caso y aténganse a las consecuencias. Hay muchas sorpresas más adelante.

Disculpen si el capítulo les pareció corto a diferencia de los anteriores, pero yo quería apartar en un capítulo el pasado de Raimundo y no deseaba adornarlo con otras cosas para que sólo reflexionaran en este punto. Además, de que lo iba a opacar. Otra de las sorpresas de este capítulo fue la demostración inusual de afecto del niño protagonista, a mí me pareció muy tierna. No sé por qué en este momento estoy cantando That Man de Hyun Bin. ¡Ah! Cómo Raimundo se acercó a hablar con Kim... se me ocurrió eso a partir de un sueño que tuvo y lo dejé porque me parecía cómico. Los viejos hábitos, la protagonista no deja de ser un libro abierto, por si se les había olvidado...

No sé cómo estudiarán ustedes, pero no me molesto para hacer tantas cosas. Estudio de la fuente directamente. Quizá a finales del mes de octubre o a mitad de noviembre, montaré una encuesta (no hacía una desde hace uffffff) nueva: De mis novelas Raikim hasta ahora ¿cuál ha sido tu favorita? Las nominadas: Quiero ser escritora, Cazador de la Ciudad, Hurricane, Contrarreloj, Cosmic Love, Arcade of Fire,Como Bonnie y Clyde. Podrán votar un máximo de tres opciones, los que no son usuarios y han leído mis fics me pueden participar cuáles son sus favoritas a través de sus comentarios. Por eso yo quiero dejar algo de tiempo para esta y la verdad es que no hay prisa. Prometo que les voy a mantener avisados.

Estoy preparando algo especial para el capítulo que viene y ojalá les guste tanto como a mí. Creo que se lo merecen después de tanto esperar. No se imaginarán desde luego y es lo que más me emociona. Después de este capítulo, las cosas se van a poner el doble de interesantes en la historia. ¿Qué será eso que llaman amor?, es el título del capítulo del próximo martes. Recomendaría Scar de Bois, no obstante, hay un capítulo especial en donde dedico esa canción. Volveremos a leer la historia de Raimundo y al granel algo de Kim. Bien, bien ya se me hizo tarde y no puedo hablar más de la cuenta sin soltar spolier. Esperaré impaciente desde aquí sus comentarios. Pueden hacerlo no sean tímidos, todavía no han creado una manera de morder a través del internet.

Hasta entonces cuídense, malvaviscos asados. ¡Nos leemos pronto!