Quiero ser escritora

24º

¿Qué será eso que llaman amor?

No hay detección de movimiento. Jack llevaba un rato mirando las musarañas, las manos en el volante orquestaban una melodía y entre dientes la tarareaba suavemente. Tedioso, ajustó el espejo del retrovisor para adecentar su corbata y aplastar el pelo, cepillándose hacia atrás. Cuando de pronto, cogió las gafas de sol que traía por encima de la cabeza y estudió con la mirada girándolas sobre su eje. Había visto a un vagabundo, tumbado a medio costado en el suelo debajo de un refugio de periódicos, hace menos de un cuarto de hora con las mismas gafas. No pudo si no sentir la boca secarse. Si una paria posee un par igual, entonces ya no es un accesorio exclusivo, la calidad importada pasó a ser sobreevaluada. Apretó un botón y las echó por la ventanilla. La cerró inmediatamente. Apenas las extrañó; compraría otra en Solaris, nunca en otro lugar. Era una buena manera de generar buena publicidad y porque él no frecuentaba a tiendas de segunda clase. Si podía pautar citas con los mejores diseñadores italianos ¿por qué abstenerse de los lujos? No ocultaría su estatus.

Jack siempre había sentido debilidad por las gafas, en cualquier ocasión eran prácticas y un accesorio exquisito que individualizaba al instante. Tenía un cajón lleno, su favorita eran un par amarillo. Sus ojos captaron al objetivo a una esquina del cristal. Dobló el retrovisor. Sí, ahí está Pedrosa. Saliendo del edificio. Asediado por un impulso, pisó el acelerador y echó el auto en reverso. Afortunadamente, en un acto reflejo lo esquivó saltando. A quemarropa su rostro cambió, ahora era retorcido como si hubiera ocurrido algo chistoso. Sacó el brazo e hizo una señal a Pedrosa de disculpas. El hombre le gritó una sarta de blasfemias. Jack puso los ojos en blanco y arrancó el motor, moviendo el coche. Se estacionó dos calles al norte. Tiempo suficiente para que la zona se despejara. Esta era la hora en que él realizaba sus ejercicios matinales. ¡Qué mala onda! Llegaría unos minutos tarde. Ese imbécil de Vlad... ¿meterse en un lío legal? ¡Por favor, todos adoraban a Jack Spicer! Al último quien encerraría la policía sería al niño consentido de la ciudad. Hay un viejo refrán que dice que nadie puede condenar los pensamientos ilícitos: Asustar a alguien no recibe una acción penal, ¿o sí?

Había pasado una semana de los últimos sucesos y por fin, Kim y Tomoko decidieron, este sábado, ir al gimnasio a pasar algo de tiempo juntas.

—No te arrepentirás. Una hora consagrándote a tu cuerpo, contigo misma en un ambiente de paz, te sentirás relajada y...

—¿Mis problemas desaparecerán?

—No, a menos que tengas un plan de contraataque no van a esfumarse. Yo iba a decir libre —sonrió Tomoko, abriendo la puerta— adelante, pasa. —indicó a su hermana, zarandeando ligeramente la mano. Justo en la entrada, tocó su hombro y le lanzó una mirada severa—. Kim, tienes abierto el tercer ojo, ¿has tenido visiones últimamente?

—¿Visiones? ¿tercer ojo? Eh, no —sacudió la cabeza mecánicamente.

—¿Segura? Es que noto un aura femenina envolviéndote, quizás debería darte el número de mi consejera para que te asesore o si no, podría llamarla yo y pedirle una consulta...

—No es necesario. Gracias por la oferta, mejor entremos.

Kim se adelantó. Tomoko cerró detrás de ellas y la alcanzó. Era un gimnasio más o menos grande; el salón repleto de espejos y el piso tapizado de madera. El lugar estaba muy bien equipado, una cantidad de máquinas de las que ni conocía la mitad de sus nombres (pero su autora sí) y poseía todos los elementos indispensables: discos, barras, mancuernas, bancos y poleas. Todas las personas sabían quién era Tomoko, mientras desfilaban la saludaban con cortesía. Retrucó el saludo con un amago y una dulce sonrisa. Allí se encontraron con una gama de personas: Adolescentes, adultos jóvenes, adultos maduros. Todos concentrados, ninguno estaba pendiente de lo que las chicas hacían. Pudieron pasar inadvertidas sin echar el bofe. Kimi se había comprometido previamente con su hermana ir un día a la semana al gimnasio después de subscribirse, decidió ser positiva en el asunto y de inmediato listó los tres beneficios de esta experiencia: uno, serviría como excusa para estar junto a Tomoko; dos, el ejercicio es bueno para la salud ¿de qué es útil tener una mente sana sin un cuerpo sano? Los resultados perduran en el tiempo, en especial la vejez, estiliza la figura y elimina esas calorías y grasas que tanto daño hacen al cuerpo.

—Por costumbre, empiezo mi rutina en el Peck Deck. Pero por ser tu primer día dejaré que tú dirijas el circuito, ¿en dónde quieres iniciar?

—Quizás ese —Kim señaló al azar una dorsalera. Tomoko se encogió de hombros. En ese lapso, Raimundo abrió la puerta y saludó a los presentes. La muchacha se congeló allí— o mejor no. ¡Cambié de idea! Vamos acá.

—¿Por qué? ¿a quién viste? —Tomoko barrió el espacio con la mirada, recorriendo punta a punta— ¿es ese hombre? ¿lo conoces?

—Algo así, es mi vecino.

—¿En serio? Entonces deberíamos ir a saludarlo, no conozco muy bien a tus amigos, es la oportunidad perfecta para romper el hielo ¿no crees?

—No, prefiero que no se entere que estamos aquí. —contestó con voz apagada. Tomoko la observó preocupada y palpó su frente y cuello.

—Estás nerviosa Kim, ¿te gustaría tomar un té de hierbas cuando salgamos? Un viejo hindú que conocí me facilitó la receta y es formidable, además de ser una entera delicia, es hecho con unas especias que cultivan allá. Me encantaría que lo probaras.

—De seguro.

Las hermanas caminaron hasta el lado opuesto de la pieza donde estaban las caminadoras, como daba la espalda a la entrada Kim esperaba que Raimundo no la hubiese visto ¿cuántas mujeres con cabello negro pueden haber? Miles. Por atrás no podría reconocerlo. La única variable que no consideró fue el propio Raimundo. Tomoko se tendió en el press de banca, cerca de su hermana, tomó asiento en la silla de metal reclinada a levantar unas pesas. Kimi había echado andar la suya ajustándolo a un modo lento (iría aumentando gradualmente). Cuando él tomó su lugar al lado luego de un rato, Kimi decidió que la mejor política era no ponerse a la defensiva.

—¡¿Kim?! Hola, no creas que te estaba siguiendo, yo no sabía que tú...

—¿Estaría aquí? —completó, se echó a reír—. Sí, eh... decidí emprender cosas nuevas. Fue idea de mi hermana, vine con ella.

—¿Tu hermana? —repitió.

—¡Soy yo! —jadeó ella, volviendo a poner las pesas en su sitio. Se agachó por debajo de la barra a estrechar la mano del joven. Él sonrió, para ser una mujer el apretón era fortísimo.

—Raimundo Pedrosa, mucho gusto.

—Tomoko Tohomiko, encantada. ¿Lleva bastante tiempo tratando a mi hermana?

—Pues... —vaciló—, nos conocimos prácticamente el mismo día en que se mudó a nuestro conjunto residencial, a partir de entonces ha sido ineludible entrecruzarnos.

—Espero que eso signifique algo bueno.

—Lo es —Kim se fijó que Raimundo había puesto toda su alma en aquellas dos palabras. A pesar de que no se miraban a los ojos, ella inclinó ligeramente la cabeza abochornándose.

—¡Me alegro! Ahora disculpen queridos, que los deje. Acabo de acordarme que debo hacer una importante llamada del trabajo, en un momentito ya vuelvo...

¿Una importante llamada del trabajo? Tomoko lo hubiera mencionado. Kimi reconocía las excusas de su hermana, frunció los labios y soltó un bufido. Ella rápidamente se incorporó, acomodó su remera y salió trotando. El periodista se aclaró la garganta. Se volvió a mirarlo por encima del hombro y esbozó una sonrisa pequeña. Decidió que hablaría lo necesario, es decir, si le dirigía la palabra le contestaría. Raimundo sentía un cosquilleo en el abdomen.

—Es muy simpática —comentó enseguida esforzándose por continuar hablando— ahora se explica "tus carencias". La madre naturaleza fue más generosa con tu hermana que contigo.

—¿Qué insinúas?

—Es cierto que con tu nivel no vas a llegar muy lejos, si al menos tuvieses ciertas "formas" estarías mejor, pero ni siquiera así estarías bien dotada.

—Te odio —masculló entre dientes.

La calma helada de Kim se trocó en ira cuando volvió a meter el dedo en la llaga. No hacía falta recordar la predilección del hombre por los pechos prominentes y reprocharle algo con que había nacido como si fuera un grave defecto. La declaración fue una pintura exacta del Raimundo que conocía. Creyó inútil discutir y meditó en silencio, con el corazón hinchado de indignación, sobre el impudor de algunos hombres. En cambio, él se dio por satisfecho, estaba asumiendo un riesgo en molestar a Kim mientras su probidad estaba en período de prueba. No obstante, no se resistió jugárselas. Era adorable cuando se enojaba. Kim paró la máquina y se bajó. Había pensando levantar pesas en el banco, nomás decidió dejarlo para otro día puesto que no le gustaría rayar en ridículo en su primera vez frente él. Cogió un par de mancuernas de un kilogramo cada uno de los discos, comenzó a repetir movimientos de contracción y estiramiento. Él fue tras ella.

—¿Entonces estoy perdonado? —preguntó emulando la ilusión en su voz.

—Con absoluta franqueza, no podría decirte, me has ocultado muchas cosas de ti que ni ya distingo que es verdad y que no lo es. Por lo que todavía no he deliberado —respondió ella cortante. Caviló si debía explicarle los motivos, a efectos prácticos del asunto concluyó que no tenía ofrecer porqués.

—Nunca te he mentido —musitó—. Esa absurda historia fue un invento de Hannibal, jamás hablé de mi pasado contigo.

—¿Y qué hay sobre las carreras de automóviles? ¿Ash? —siseó con acidez—. Mira que me enteré por Jack y porque yo misma vi con mis ojos a Ashley en tu apartamento si no aún yo seguiría en las nebulosas —rezongó ella. El rostro de Raimundo se ensombreció.

—Te expliqué todo sobre Ashley y en cuanto a las carreras te dije que si pudiera me habría hecho profesional, después de todo no te comenté que corría, igual que mi pasado, y si me hubieras confrontado, de la misma manera te habría respondido sincero. No siento que deba rendir explicaciones a todo el mundo —hizo una pausa. No añadió otra palabra—. Bueno, al menos me hablas antes ni podías alzar la vista cuando estaba presente —fue un consuelo en voz alta más para él que una observación para ella. Kimiko entrecerró los ojos hacia su interlocutor y replicó con una amplia sonrisa sarcástica:

—Considérate con suerte, no abuses.

Con cautela, vaciló a la distancia para admirar más de cerca el aspecto de la hermosa mujer. Kim reparó en lo que hacía y sintiéndose más torpe y angustiada que nunca, se reservó sus opiniones. Su mirar era profundo y fijo, y antes de que pregunten no había ni un solo atisbo de anhelo o calidez. De sopetón, soltó un bramido tal cual hubiese olvidado como respirar y un brusco despertar lo trajo de vuelta. Paulatinamente, recuperó el sentido de la orientación y se sentó en la dorsalera que Kim había escogido al inicio. Asió y haló las poleas unísono con ambas manos, levantando las pesas.

—¿Te sientes bien? No has dicho nada y usualmente tu lengua tiene vida propia.

—No es lo único que ella hace, pero gracias por preguntar. Es lindo que a pesar de nuestros problemas te preocupas por mí, princesa, y ya que preguntas... —sonrió— hoy tuve un mal sueño, me desperté una hora antes y estoy un poco somnoliento.

—¿Es algo que no te deja dormir?

—Sólo a veces. Sabes, si andas buscando tonificar la musculatura yo podría entrenarte. Soy paciente...

—Gracias por la oferta, pero creo que podré yo sola —soltó ella en la primera pausa—, me interesa más el asesoramiento de un crítico que evalúe mi novela.

—Sí, ya la revisé y terminé de leerla el domingo pasado. Tu redacción se me hace amena y la ortografía es impecable, escribí en las mismas hojas que me diste algunos detalles tontos que creí que hacen falta. Te instruiré mi crítica, y si quieres una reseña igualmente, formal en cuanto me adelantes los siete capítulos restantes; si no es molestia te lo voy a devolver el día de mañana, hay unas cosas que preferiría discutir contigo en persona y con el papel en la mano. Son recomendaciones. Te lo habría dicho antes, pero surgió una situación...

—Raimundo, no quiero hablar de eso. —Interrumpió Kim, colocando la mancuerna al lado y alzando la mano—, cada vez que uno de los dos menciona la dichosa crema de peinar nos peleamos.

—Pero tenemos que hablar por esa razón, Kim, finiquitar el tema. Yo estuve pensando más detenidamente al respecto, si no fui yo, alguien más debió hacerlo. ¿Quién conocemos que tenga un retorcido gusto por las bromas pesadas?

—¡Omi! —exclamaron al mismo tiempo. Sus miradas se encontraron, el rostro de la chica se cubrió en embarazo.

—¿Pero por qué él haría una cosa así? —apremió Kim confundida.

—¿Acaso las bromas de Omi necesitan tener sentido? —respondió Raimundo en alusión a lo obvio. Ella se hallaba subyugada por la vergüenza y la contrariedad, apretó los labios y cerró los ojos cabeceando—. Sólo estoy haciendo conjeturas. Puede que su intención haya sido incomodarnos, de ahí a que se reabrieran viejas heridas él no tuvo la culpa. La próxima oportunidad que tenga, voy hablar seriamente con Omi.

A Kim no se le ocurrió nada qué decir y permaneció sin pronunciar una palabra. Raimundo aprovechó el silencio de su acompañante para pensar. Estuvieron así unos minutos. Al cabo el hombre abandonó su sitio y remoloneó hasta parar en las colchonetas. Kim supervisó su recorrido con la vista entre la curiosidad y la fluctuación.

—Oye, ¿quieres ayudarme? Diario solía venir con Clay, no obstante, desde que tiene novia esos días de gloria pasaron a la historia. Anda, vamos ¿no te negarías auxiliar a una persona en apuros?

Kim rodó los ojos. Viendo que Tomoko no se comparecía por ningún lado para rescatarla, a regañadientes se puso de pie. Una sonrisa divertida curvó en los labios del hombre quien se dejó caer del culo. Le indicó hincarse a la vanguardia de él y sostener sus rodillas entretanto hacía abdominales.

—Confío en ti. Agárrame fuerte. —dijo con aplomo.

—Ya sé, no me repitas lo que tengo que hacer.

—Quiero saber si ha quedado claro.

—Puedes apostar a que sí.

Raimundo le sonrió con suficiencia. Kim se limitó a sujetar sus rodillas, presionando contra bajo. Si clavaba las uñas en su pantalón presentaría una excusa por lo menos. El hombre se recostó y flexionó los codos en un ángulo de noventa grados. Se meció adelante con pereza. Apenas alcanzó mitad de camino. Soltó un gruñido de regreso. La muchacha sonrió cruel y desvió la mirada.

—¿Hasta eso puedes llegar? ¿es lo mejor que puedes hacer?

—Si lo hago bien... no te gustará... —canturreó entre dientes.

—Suena un desafío. Continúa, estoy interesada.

Kim se mordió la lengua cuando la punta de su nariz acarició la suya. Parpadeó un instante y sus rostros estaban estrechamente muy cerca el uno del otro, Raimundo acercó sus labios a los de ella y los presionó con urgencia. En un abrir y cerrar de ojos, él se inclinó a besarla. Se levantó del colchón y… hizo más que un abdominal. Sus manos estaban apoyadas en el suelo. Un chispazo eléctrico cruzó entre ellos y se disipó en un efímero minuto. El corazón de Kim no tuvo chance de reaccionar porque él rompió el beso. El calor estaba quemándole los labios, el cerebro se desconectó del resto de su cuerpo, sus ojos estaban desorbitados, su rostro se puso colorado, las respiraciones eran entrecortadas. La expresión de Raimundo no varió demasiado. La mandíbula caída y el corazón desbocado golpeaba a los demás órganos internos; no se sonrojó, pero claramente estaba ensimismado y en shock. Podía sentir una vez más la presión ejercer presión contra el abdomen. La primera vez cuando se enteró que ella estaba allí. A veces resultaba inevitable que su mirada se derramara en los labios de la adorable japonesa. Numerosas ocasiones, todas ellas diferentes y remotas entre sí, se tentó por la curiosidad de contemplar sus labios, nunca imaginó que hacer eso le proporcionaría tanto placer y decidió seguir haciendo su actividad con discreción. Sumado a eso, sus ojos azules que brillaban cada vez que mencionaban su novela o algún tema que la hiciera feliz, también le gustaba verlos. Salvo entonces, nunca planeó algo similar, el deseo brotó desde lo más profundo y sin pensar si era correcto se lanzó al acto. Lo interpretó como una buena señal y sonrió.

—Kim, Raimundo... ¡oh, ¿los interrumpo en un asunto importante?! —terció Tomoko. Kim sacudió la cabeza violentamente, se separó de él. Raimundo demoró en reponerse. Tomoko traía un celular en la mano, acababa de ver a Kim junto al hombre de un modo sospechoso.

—¡No, para nada! Justo llegaste en el mejor de los momentos, ¿dónde dijiste que estaba el baño?

—Yo te lo enseño —Raimundo cogió el brazo de Kim y la arrastró consigo.

Tomoko no protestó y esbozó una sonrisa de oreja a oreja. Kim esperó estar muy alejada de su hermana para liberarse y volverse hacia él, ni siquiera habían llegado hasta las puertas de los baños. Apenas doblaron un pasillo y estaban a solas.

—¡Nunca más, ¿oíste?! ¡Nunca más vuelvas a hacer algo como eso! ¡Te lo advierto! Mira que sé de kickboxing y si das otro paso... ¡te derribaré con mis puños! —lo amenazó con un dedo. Cubrió su boca y zapateó fuerte. Su mente repetía en cámara lenta decenas de veces sin parar cómo había sido el beso. Se ruborizó al pensarlo.

—No pongo en tela de juicio tus advertencias, mujer, yo sé que eres capaz de eso y más —rezongó— lo he visto. Pero no debes enfurecerte, fue simplemente un beso inocente ¿es que acaso ese era tu primer beso y por eso estás tan nerviosa? ¡Vamos, mujer, respóndeme!

Raimundo ignoró por completo la amonestación. Kim conectó su puño contra su quijada y él retrocedió, rasguñando la pared por intentar aferrarse a algo. El hombre pegó un aullido, se agarró de la barbilla y abrió y cerró varias veces. El dolor era agudo. Sintió un ¡crack! en la parte posterior al cuello y movió de izquierda a derecha la cabeza, gimiendo todavía.

—¡Maldita sea! ¡golpeas duro!

—Eso es para que aprendas que yo no soy tu caramelito de fresa.

—¿Mi caramelito de fresa? Será mi paletica de ajo —masculló acongojado. Kim frunció el entrecejo al escuchar aquello y cruzó los brazos en respuesta. Raimundo bramó por lo bajo. Se dio la vuelta. La chica comenzaba a impacientarse; había sido sin querer, no pensaba en sí lastimarlo. Fue en defensa propia. ¡¿Y si traía líos por eso más adelante?! ¡Oh no! ¿ahora qué?

—¡No seas llorón, Raimundo! Ni siquiera te toqué, apenas te rocé. No puede estar tan seria ¿o sí? —lo rodeó para examinar y tantear la mandíbula.

Ella había extendido los dedos cuando atrapó su rostro y le robó un segundo beso. Pero éste no era igual de tierno que el anterior si no más efusivo. Él cogió un puñado de su cabello y lo encerró en un puño. Su otra mano libre se deslizaba hacia arriba por su muslo, se detuvo a presionar su cadera contra su cuerpo. Kim se arqueó involuntariamente. Se retorció entre sus brazos e intentó gritar ayuda, sólo que sus labios estaban ocupados haciendo otra cosa. Su rodilla alcanzó la espinilla y atacó. Él soltó un gruñido y la empujó. Kim echó a correr al baño. Raimundo contuvo el aliento, reprimió exteriorizar sus alaridos y se rió suavemente. Sabía que había sido un golpe de suerte el primer beso y que la chica no iba a tolerar otra vuelta, sin embargo, no le importó. Para coger la adrenalina y tener el corazón acelerado valió la pena por un beso de sus dulces labios que no haber hecho nada. En cuanto estuvo más calmado, meditó para sus adentros:

—¿Por qué cada vez que estoy con esta mujer ordinaria siento que mi vida es un cuento de hadas?

Dejó escapar una risa entre dientes y un chillido de agonía a la par.

Kim abrió el grifo y liberó un chorro de agua, colocó las manos en ambos lados del lavabo. No se enjuagó de inmediato. Desasió la cola de caballo y su cabellera negra descendió por su espalda. No una sino dos veces, el idiota tuvo el descaro de robarle dos besos. Sentía sus labios sobre los suyos, su tacto se había grabado en su piel y un hormigueo serpenteó de su espalda a la cabeza. Acopió agua entre las manos y se lavó la cara. Cuando salió él ya no estaba. Respiró aliviada. Tomoko le participó que se había ido poco después de que entró al baño. Con un ademán, las hermanas reanudaron su rutina de ejercicios. Ambas tomaron las poleas cruzadas.

—¿Pasó algo entre tú y ese hombre que lo forzara a irse más temprano?

—No, para nada ¿por qué tendría que suceder?

—No sé, me pareció que había una conexión entre tú y él. Lo supe al verlos juntos, forman una pareja hermosa. ¿Él te gusta?

—Antes me gustaba, ya no. Descubrí que se trataba de un cretino fanfarrón, cínico, playboy y posee el más frío corazón de piedra.

—Y si era así, imagino que antes cuando todavía te gustaba, ¿por qué te enamoraste de él? Sabes, hermana, el amor es una cosa seria, nos hace ver las virtudes del otro, pero nos ciega sus defectos. Para amar alguien debemos apreciarlo tal como es, mientras sus defectos no lo ponga a él o a ti en peligro no hay de qué preocuparse...

De repente, Kim ya ignoraba a su hermana y se vio asaltada en una ola de perturbación. Era jodidamente verdadero. Raimundo afirmó que ese era su comportamiento habitual, además de resaltar que no mudaría su carácter por nada ni por nadie. ¿Qué fue lo que le atrajo a él en un principio? Sus profundos ojos verdes, sus labios carnosos, su cabello castaño rebelde y su cuerpo escultural de dios griego; él era la representación hecha realidad de uno de sus personajes de ficción de la literatura romántica, supuso que al igual que ellos sería idéntico a la descripción de los libros que leía: guapo, gallardo, romántico, atento, valiente. También recordó lo mucho que se desilusionó al saber que no era así y odiaba todo lo que le gustaba, excepto los libros. Nunca amó a Raimundo. Estaba enamorada de una fantasía puesta en un hombre que vio unos microsegundos. ¡Qué horror! Sofocada de sí misma y de su frivolidad siguió escuchando a su hermana.

—...es una lástima que lo pienses así, querida mía. Me hice ilusiones en balde de la idea de un cuñado. En los pocos minutos que dialogamos me pareció un muchacho amable.

—¿Te parece? Yo también sufrí una decepción. Todavía no te he contado una barbaridad: ¡No baila! Ni tampoco le gusta el romance.

—¿Y eso qué? ¿No baila? Enséñale. ¿No le gusta el romance? Apuesto que él manejará un concepto interesante desde otra perspectiva. No supone ningún problema grave, empero si estás segura que lo de ustedes es irrevocable, está bien, no me inmiscuyo, aunque dudo que aparezca otro partido con buenas piernas...

—¡¿Piernas?! —Kim se destornilló de la risa

Su hermana sí que era excéntrica. Kim y cualquier otra mujer se hubiera fijado primero en lo bonito de su rostro, el color de sus ojos, lo escultural de su cuerpo… ¡¿pero sus piernas?! ¡Es una locura! Tomoko no pareció darse cuenta. Parecía estar extraviada en sus lagunas mentales.

—Por cierto, Kim, no te lo quise comentar antes porque la última vez estaba Jack en medio de las dos y tampoco venía conveniente mencionarlo al principio, luego apareció Raimundo y tuve que restringirme más todavía, pero quería hablarte de nuestro padre ¿no has pensado reivindicar tus relaciones y hablar con él?

—Te mentiría si dijera que no —dijo—. Lo he pensado muchas veces, sin embargo, tomé la decisión que no hablaría con él hasta haber culminado el primer semestre.

—Es demasiado lejos, no creo que resista tanto. Nuestro padre es un hombre muy sensible y quizá un poco melodramático, te aseguro que él está dolido más que tú en esto: Siente que ha perdido a su niña consentida para siempre, los padres nunca están preparado para liberar a sus polluelos. Además, aunque difiera completamente de su opinión sobre los humanistas, no creo que sus intenciones fueron malas. Papá es de esos hombres arraigados a sus tiernas costumbres, le cuesta adaptarse a lo mucho que se ha modernizado la sociedad. Piénsalo, no tiene a mamá ni ningún amigo, todo el día en el trabajo, somos lo único que tiene. Necesita nuestro cariño para reabastecerse, ¿lo entiendes?

—Lo entiendo, pero es que él...

—Ya sé lo que vas a decir y tienes razón. Estuve un largo rato tranquilizándolo en esa café, pero no somos quienes debemos censurarle, ¿cómo decirte? —Tomoko se estrujó los sesos buscando las palabras correcta— ya no puede cambiar, ni te pido que tú lo hagas tampoco porque no sería lo más justo, pero sí que "moderes"... sí es la palabra. ¡Te hago una apuesta a que si vas a casa en este momento y le hablas, te responderá como si nada ocurrió! Eso es otra de las cosas buenas de él: su memoria no es tan buena. Por favor, piénsalo. Tu visita le sentará muy bien, te lo garantizó, cuando esté tranquilo aprovecha para decirle tus avances. Estará orgulloso aunque no lo diga.

—Está bien. —Kim no discutió.

—Bien, bien, por lo menos lo vas a pensar. Ahora cuéntame más sobre tú y ese Raimundo...

Las chicas estuvieron allí hasta mediodía... y Jack también. Completaron la rutina y fueron juntas a almorzar, luego se separarían por caminos distintos. Kim a su empleo de cuidadora de mascotas y Tomoko a visitar su consejera. Jack las vigiló hasta que doblaron la esquina. Había visto a Pedrosa salir media hora antes. El pelirrojo llegó a la conclusión de que ellos se habrían encontrado, seguramente hablaron y ahora todo entre ellos estaría en paz. El niño falló. Jack estaba sobrecargado de rabia pero por otra parte ya se lo temía. Luchó contra sus propios demonios internos en el camino de vuelta. Afortunadamente él concibió otro plan, y esta vez podría asegurar que no habría errores.

Raimundo limpió con la mano el vidrio empañado del espejo y en el reflejo un hombre con el pelo húmedo. Las gotas de agua rezumaban en su rostro. Extendió el brazo y se secó con la toalla. Abrió el botiquín del baño y sacó una botellita anaranjada, la volcó y se metió un puñado de pastillas en la boca al seco. Tragó dura y pasó la lengua por el labio inferior. Dos en el día y dos en la noche, récipe del psiquiatra. Sus alucinaciones con Kim disminuyeron, la última fue hace dos días y aconteció una vez. Para él fue un mensaje directo y claro que debía hablar con ella. Al mismo tiempo un vacío se hizo un lugar en su pecho, era una rara sensación de soledad. Llevaba años lejos de su familia, ni una sola llamada, simplemente se desapareció de sus vidas. Además de Clay no tenía a nadie más que le importara. El trabajo, el automovilismo y las novelas llenaban los espacios en blanco y lo satisfacía. Antes nunca lamentó el pasar de los días ni había sentido que algo le hiciera falta. Pero por primera vez contempló su casa y la nostalgia perpetró su alma. Aún si la chica no era real, estaba con él y se sentía bien. Había aprendido acostumbrarse a su presencia. No verla deambulando se le hacía raro inmensamente. Ya la extrañaba. De un modo instintivo, sus dedos pastorearon su boca y acariciaron sus labios. Sólo fue un beso y nada más que un inofensivo beso. Sí, pero ¿por qué sucedió otra vez? ¿por qué Kim? ¿por qué sintió un anhelo de besarla? ¿es que acaso suponía un cambio entre ambos después de eso? Raimundo apagó la luz y se cambió en el dormitorio por una ropa más holgada. De rebato, salió a la sala y miró que habían dos mensajes en la contestadora. Oprimió el botón para reproducirlos y se tumbó en el sofá.

¡Pedrosa, ¿dónde estaba tu culo anoche?! ¡Ayer te desapareciste de la pista! Sabía que era cuestión de tiempo para que echaras a correr como COBARDE ni te molestas en volver porque yo aquí cuidaré bien tu puestucho...

Enfermo de tanta parladuría, Raimundo pasó al siguiente mensaje. Ensañado en su contra, de la boca de Tubbimura no salía otra cosa que provocaciones. Él lo vacilaba y burlaba en su cara, pero no le parecía gracioso los ofensivos mensajes de voz. Debió haber conseguido su número por Dyris. No hay otra manera.

Gatito, ¡hola! Soy yo, Ashley. Te llamé por el celular, pero estaba apagado. Ojalá no te haya pasado nada. ¿Cómo estás? Si te preguntas por mí: Yo estoy apenada. Llamaba para cancelar nuestra cita, lo lamento, me surgió un inconveniente y no podré ir. ¿Podríamos posponerlo hasta la semana que viene? ¿te parece bien el martes? Envíame un mensaje o mejor, ¡llámame! Hasta luego.

Se cortó el mensaje. Raimundo suspiró aliviado. Olvidó que la había invitado a comer en la heladería como parte de su recorrido en la ciudad. Una heladería es menos romántica que si la llevaba a un restaurante a la luz de las velas y Ashley quería quedarse en el plan de "sólo amigos", era demasiado pronto iniciar una relación cuando estaba superando una ruptura, él no era tan estúpido para presionarla y accedió ir paso a paso. Luego del trabajo, almorzaban juntos en una mesita, él la llevaba de regreso a su apartamento en su auto, él iba a su casa y ella también lo venía a visitar a la suya; lo único extraordinario fue la vez en que Raimundo la animó ir a verlo en la carrera en que la participaría. Dejó su teléfono en la mesilla y salió.

Ya que no tenía nada que hacer en la tarde, ocuparía esas horas sentando escribiendo en su novela. Llevaba veintisiete capítulos adelantados, incluyendo el prólogo, planeó hacer unos tres más y un epílogo anexo. Serían treinta y dos capítulos. La obra se llamaba La traición conoce mi nombre. Protagonistas: Logan Witherspoon y Sofía Clarkson. En el contexto hay una hermana muerta, un pueblo iracundo, un núcleo familiar débil, una tía loca, una pareja sospechosa, una criada asustada, un extraño merodeando y un fantasma que anda matando sin piedad y minando terror en los rincones. Cada uno de los ocho personajes sospechosos juega un papel en el famosísimo juego de ajedrez, en el que basó su libro. Alguno mató a la hermana de Clarkson y la hizo pasar por suicido, la policía lo sabe y en autopsias no podría más que confirmarlo. Ahora las sospechas recaen en Clarkson, tiene suficientes móviles: El dinero que iba a heredar de su parte, si se deshacía de ella abría camino para que el chico de quien estaba enamorada se fijara en la chica y no en la occisa y los celos. Mientras la figura de Sofía se ensombrecía en la vida pública y en el ambiente familiar, su hermanita brillaba. Lo que la policía se esfuerza al máximo por ignorar es que los otros también tienen fuertes razones para quererla muerta.

Ella huyó del escarnio, al completar sus estudios regresó convertida en mujer. De inmediato se ve excluida por todos. Solamente el otro protagonista cree en su inocencia, no por lo que las evidencias apuntan si no por lo obvio. Sofía es la típica niña rica: ingenua y caprichosa, un asesino piensa con la cabeza fría. Ella sería incapaz de sostener un cuchillo sin quejarse de que una uña se le partió. Hasta él mismo, el propio escritor, odiaba su personaje. Era una muchacha inestable, torpe, frívola, unidimensional, con falta de voluntad. Nunca le pondría una daga. Su primer pensamiento es que el pueblo era un montón de idiotas paganos y el único prudente era Logan. Hay personajes entre personajes. Existen personajes que poseen un-no-se-qué (Raimundo lo justificaba como una característica peculiar que lo hace resaltar de los demás) y es inevitable adorarlos, a veces son villanos o son chicos buenos. Hay otros que tú odias sin convicción, te caen pesados y pasas el rato dedicándoles insultos creativos. También están los polémicos, de esos que amas u odias, no existen puntos medios. Quedan los indecisos, en un momento te llegan a gustar y al otro te disgustan a muerte, son pocos frecuentes. Y como último paquete: los peores, los acartonados, son personajes por lo que no sientes nada. Casi parece que el escritor los puso allí de relleno, no tienen substancia y por costumbre siempre son secundarios, hacen brillar al protagonista más de la cuenta.

Pero en fin, como buen escritor investigó y tomó nota para usar aquellos datos en su libro, a veces era indispensable detenerse y estudiar por escribir unas páginas, a no ser que se trate de un lugar ficticio debía apegarse a ciertos reglamentos para que todo fuese verdadero. Era molesto. Por momentos hallaba cosas interesantes en sus apuntes que le servían para la vida y si no era útiles a nivel de cultura general. Para no pasarlas por alto, él las transcribía en un viejo cuadernillo.

Raimundo era un escritor introspectivo, casi en todas sus novelas siempre concebía primero que nada en el final o la idea general de la obra. A él le costaba escribir el comienzo y a menudo tenía trabas en el desarrollo de la trama, fue lo que lo coartó mientras trabajaba. Después decidió cómo narraría la historia, un punto de vista no sería suficiente y lo dividió entre dos. Según él, escribir en primera persona era la forma más fácil ya que era meterse dentro de una cabeza, describir su alrededor, contar sus pensamientos, lo que sentía o lo qué recordaba en ese instante. En tercera persona era más difícil, sin embargo, no limitaba que se conocieran otros aspectos. Podrías repetir lo mismo que el narrador en primera persona, salvo que tendrías la oportunidad de revisar otras mentes. Raimundo preferiría la narración protagonista por comodidad. Kim eligió la narración omnisciente para explicar al público lo que pasaba tanto en Heylin como en Xiaolin y hacer conocer las mentes de sus personajes.

El joven escritor estuvo escribiendo una hora y media, intensamente concentrado. Después de cada párrafo, los revisaba para corregir los errores y calificar cómo estaba. Podría pasar medio siglo, pero si a Raimundo no le gustaba lo que leía no consentiría que nadie lo viese hasta que obtuviera su aprobación. Era bastante quisquilloso cuanto a sus obras. A pesar de sus continuos esfuerzos y cambios, algo todavía no le gustaba y era la actitud de Kim... ¡no, perdón! De Sofía no le agradaba. Para nada, no le parecía "correcto" que su protagonista, su musa, fuese retratada en esa perspectiva que la hacía ver tan vacía y mundana. Pensaba que su potencial valía mucho más de lo que aparentaba y podría demostrárselo al propio Logan, a su padre y al resto de la ciudad. ¿Por qué todos la subestiman? ¿por qué había llegó a los extremos por verla patética? Otro de los aspectos que le disgustaba de sobra es la acritud de Logan, ¿cómo podía enamorarse de un hombre que la despreciaba? ¿dónde había dejado el sentido común de Sofía o es que había olvidado darle uno?

Deseó restaurar en el tiempo y reescribir toda la obra si fuese necesario para mermar estos pequeños grandes inconvenientes, salvo que hay un problema: Su editor no estaría feliz. Lo había llamado hace unos días y dijo que tenía la obra casi lista. Todos lo estaban esperando. Y volverla a reestructurar tardaría mínimo un mes.

Era importante cobrar el dinero. Sus padres no podrían pagar tan costoso tratamiento. Ellos habían dependido siempre de él. Si se retrasaba una vez el pago, su hermana no volvería a caminar y las esperanzas estarán perdidas. Pero no por ello iba a dejar de hacer lo correcto y destruir su moral así sólo supiera él. En definitiva, Sagrario podía esperar. Pues pensó que las ganancias de 49 Semanas y los otros libros alcanzaban a cubrirlo todo.

El timbre sonó. Puso los ojos en blanco, siguió tecleando. Volvieron a tocar. No se lo había imaginado, tampoco era el apartamento de adjunto. Odiaba ser interrumpido, sobre todo en un momento tan crítico como este. Bufó y minimizó la pestaña (no quería que nadie supiera que era escritor). Se supone que debía mantenerse en secreto. Fue hasta la puerta.

—¿Clay?

—Buenos días Raimundo. Perdona que te importune, supongo que tendrás cosas por hacer, pero quería hablar contigo.

—Sabes que tus visitas no son molestias. Adelante —Clay asintió agradecido y cruzó—, de casualidad ¿esto tendrá que ver con Keiko? —preguntó cerrando la puerta.

—Pues sí, ¿tan obvio se nota? —metió las manos en los bolsillos con timidez.

—Un poco demasiado —cabeceó— ¿qué necesitas?

Raimundo se arrojó a sí mismo en el canapé. Su amigo decidió tomar asiento en el sillón en contraparte al otro mueble. Se frotó las manos antes de empezar y clavó los ojos en el piso. Clay tartamudeó, reflexionando bien lo que iba a salir de sus labios. El hombre no presionó. Esperó que estuviera listo.

—Oye, yo sé que Keiko no es agrada, pero es una gran chica cuando la conoces. Me estaba preguntando si tú sabrías cuál sería el regalo más idóneo para una novia... ya que has salido con más chicas que yo y tienes el doble de experiencia...

—¿No crees que es muy pronto para obsequiarse regalos? ¿Cuántas semanas llevan juntos ya?

—Sí, la relación no tiene mucho tiempo. Es que se me acercó esta mañana con un regalo y dijo que quería presentarme a sus padres, me parece que sería de mala educación si voy allá con las manos vacías. No me gustaría dar flores o chocolates, son típicos, quisiera que fuera algo especial, que pueda transmitir de alguna manera mis sentimientos hacia Keiko. Por eso imaginé que me comprenderías y podrías ayudarme a escoger.

—Uhm… cuando una mujer quiere que sus padres conozcan al novio es porque va en serio. Parece que Kim sí tenía razón y ella de veras siente amor por ti —Clay distorsionó la boca, confundido, Raimundo repuso inmediatamente—: si Keiko te obsequió indica que estás en las grandes ligas, lo cual marca un gran avance. No deberías regalar nada porque si lo haces se le meterá la idea absurda en la cabeza que debes tener listo un presente por cada vez que se vean y luego, se avecinan las discusiones y adiós al romance.

—Lo sé, estás en lo cierto, no permitiré que sea costumbre; pero los mejores regalos son los que se hacen cuando no hay motivo de ello, por una vez en tu vida, Rai, amigo, hermano… ayúdame ¿quieres?

—Te aseguro que tu novia preferiría ver tu trasero ese día; las mujeres detestan cuando los hombres olvidamos cosas como su cumpleaños o el de su madre o la fecha de aniversario o las citas, luego instalan un espectáculo apto para todo público y anuncian que se terminó. Y créeme no existe Dios en el mundo que pueda salvarnos de una mujer enfurecida. Nunca las terminas de conocer; pero si quieres triunfar en esa velada, mi pequeño saltamontes, atente esto: Engancha a tus suegros, de ese modo ella supondrán que te esforzaste y ellos te verán con buenos ojos. Lo ideal sería algo que se acompañe para la cena. Eso sí no lleves cerveza ni ninguna bebida alcohólica, se malinterpreta. Y quizás en privado, posterior a la comida y te lleve a conocer a su cuarto, le podrías dar a Keiko ropa íntima...

—¿Por qué ropa íntima?... —inquirió enarcando una ceja— ¿cómo estás tan seguro que me llevará a su cuarto?

—Porque no pueden tener sexo en medio de la sala, además necesitas explorar el territorio y es el único lugar donde podrían intimidar, ¿no creerás que van a besuquearse en frente de sus padres o sí? Si se trata de cosas superficiales, esa es buena opción, le dará tanto placer a ella como a ti. Por ejemplo, yo nunca le regalaría ropa a una mujer, prefiero desvestirla...

—Me encanta tu delicadeza, Raimundo —apuntó sarcástico mientras se rascaba la nuca, las pocas veces en que Clay empleaba el sarcasmo era para indicar que el comentario no le fue gracioso o estaba advirtiéndolo de que montaría en cólera si insinuaba el tema—. Hablando en serio, ¿por qué dices qué son cosas superficiales?

—Porque los regalos materiales se desechan, yo podría mandar unas flores medio marchitas a mi novia (suponiendo en el caso) diciéndole en una tarjeta que la quiero mucho cuando yo estoy en el trabajo intimando sexualmente con otra mujer. Los regalos no manifiestan amor, la gente cree que comprando regalos también compran el amor; eso sin contar las múltiples complicaciones que se arman las propias mujeres por cada vez que le compras algo y luego cuando se termina la relación te lo bota en la cabeza, si son novios, pero si están casados se pelean por la custodia del aludido cuando están firmando los benditos papeles del divorcio. Para resumir cuentas porque considero que los regalos no llevan a nada.

—Ya, sería si decidiste regalarle algo costoso como un coche, empero la intención es lo que cuenta y las cosas cambian, en mi opinión. Nomás, no voy a negar que un regalo nunca va a superar el tiempo que dedicas a tu pareja, ahí te doy absoluta razón. Con el debido respeto, la cultura está distorsionada y tiende desvirtuarse lo que antes era bonito. No, tendrá que ser otra cosa, si le muestro a Keiko un brassier y una tanga, pensará que lo que quiero es sexo...

—Eso dices tú ahora, ¿será lo mismo que dirás después? ¿o te atreverás a decirme que no te gustaría ver a Kei en ropa interior? —la cara de Clay era tan roja igual a un tomate en tanto apartaba la mirada y tragaba saliva con dificultad. Al lado de Raimundo nunca evitarían las picardías— ¡oh vamos, Clay! Con absoluta franqueza, de hombre a hombre, ¿qué prefieres? ¿encaje o piel?... —Clay se mordió el labio inferior y Raimundo sabía que había tocado un punto sensible— a la una, a las dos y a las...

—¡Encaje! —repitieron los dos simultáneamente.

—No hay nada más sexy que ver a una mujer vistiendo ropa íntima con encajes en tu cama. Mas si es la mujer de tu vida.

—Sí... —admitió con voz aguda el vaquero. Ambos suspiraron y guardaron silencio. Como si sus mentes divagaran en otra parte, atrapada en una fantasía posiblemente. Nadie advirtió que una personita estaba saliendo del sistema de ventilación y reptó hasta ellos. La burbuja de Raimundo se rompió cuando de pronto preguntó:

—¡Oye Clay! ¿Qué prefieres: morir o ser castrado? —preguntó con una sonrisa cruel en los labios. La comisura de su boca se distorsionó y contrajo el rostro a una expresión de horror, eso quiere decir que había vuelto en sí.

—¡¿Cómo?!

—Lo que oíste, ¿qué prefieres: morir o ser castrado? —indagó con toda la tranquilidad del mundo. A Clay le arrancaron todas las palabras y Raimundo se adelantó, apuntando con un dedo el pecho— yo escojo morir antes de separarme de Juanito.

—¡Hola chicos, ¿qué haces?! —saltó Omi. Clay se mordió el interior de la mejilla, no había visto al pequeño y se asustó de la impresión. Raimundo parecía divertido.

—Jugando a qué prefieres.

—Nunca lo había escuchado, suena interesante ¡¿me puedo unir a ustedes?! —preguntó.

—¡Por supuesto! —sonrió— ¿qué prefieres: morir o ser castrado?

—Raimundo, no creo que sea buena idea —dijo incómodo— Omi es un niño y...

—¿Qué es "ser castrado"? —Clay arrugó el semblante. El niño y el periodista se olvidaron del vaquero e hicieron caso omiso a las advertencias. Él le hizo una señal con los dedos. El pequeño se sesgó, acercando su oído mientras le susurraba la definición de la palabra. Omi se estremeció violentamente.

—¡Morir, morir, morir, morir, morir!

—¡¿Lo ves?! ¡lo has traumado! —gimió Clay.

—¡Tonterías, Clay! Omi está en la edad de que tiene que madurar y aprender el significado de estas cosas, pretender que vive encerrado en un templo aislado de la humanidad sería un grave error. El problema está que la sociedad y en el hogar se tratan estos temas como tabú. Así que no queda de otra forma que descubrirlo en el mismo acto. Los niños como Omi van conociendo su cuerpo y anhelan saber todo lo que pueda sobre la sexualidad, para entonces la función de los adultos. Hay situaciones extremas en que los padres someten a sus hijos a tener relaciones con rameras para que "experimenten" mientras las hijas las encierran en su casa y las convierten en pobres ignorantes —señaló—, eso sí que es ser malvado y merece la calificación de "traumado". ¿Por qué no tocaste la puerta, Omi? —preguntó gentilmente a Omi.

—¡Quería darte una sorpresa!

—Apuesto a que viniste por tu tercera lección de educación sexual, ¿no es así?

Omi asintió vigoroso. Raimundo se levantó. Clay estaba en ascuas. El primero y el último observaron al segundo con atención.

—Esperen un momento, yo ya vuelvo. Necesito unas cosas antes de iniciar las clases, no se mueva ninguno de ustedes...

El niño llevó las manos a su espalda y dio unos pasos hacia Clay.

—¿Otra vez hablaban sobre chicas, no es así? —intuyó el niño con interés—. No sé cómo pueden decir que una mujer puede dar la felicidad. Ya soy feliz y ninguna niña me quiere.

—Supongo que —se rió— Raimundo te habrá instruido que de aquí a unos años esas chicas asquerosas se convertirán asquerosamente lindas. Son cosas de hormonas, lo comprenderás mejor al ser mayor.

Él no interferiría con las enseñanzas de su amigo, era claro que era mucho más desenvuelto en esta clase de cosas. Y si el hombre pudo educar al niño sin terminar colgado bocabajo se merecía todo su respeto. Omi se encogió de hombros. Los adultos parecen discos rayados al refrendar eso: Entenderás cuando seas grande. Soltó un bufido. Al final se lo preguntaría a Raimundo, apostaba que no saldría con esa típica contestación. El niño fue brincando hacia la computadora del periodista.

—¡Eh, eh, Omi! ¿tienes permiso de estar ahí?

—Sí, Raimundo me deja jugar con su computadora. Tiene unos programas muy divertidos. —deslizó la manita sobre el mouse moviéndola, salió la contraseña. Chasqueó la lengua— ¿te sabes cuál es la contraseña de Raimundo?

—¿Él no te la dijo?

—Él siempre enciende la computadora para mí. ¿Tú si la sabes?

—110-60-90 —Omi arrugó el entrecejo y miró de refilón por encima del hombre.

—¿Qué se supone que significa eso?

—Medidas —al ver que él no quitaba la mueca. Clay agregó—: son las medidas de su chica perfecta.

Omi arqueó las cejas y soltó una risa tonta. Sacudió la cabeza. Escribió la contraseña. En el fondo del escritorio había el panorama de una playa. Sus intenciones originariamente eran limitarse en buscar el ícono y ponerse jugar, cuando le llamó la atención un nombre en la barra inferior. Hizo clic y maximizó la pestaña. Sus ojitos leyeron: "La traición conoce mi nombre". Extraño título para un documento. Y siguió bajando el cursor...


N/A:

"—¿Por qué cada vez que estoy con esta mujer ordinaria siento que mi vida es un cuento de hadas?" —La frase del día de hoy.

*Ahora inserte música romántica aquí*

Escena uno: En 1939, Clark Gable y Vivian Leigh filmaron el beso más dulce de la historia en Hollywood para la película Lo que el viento se llevó...

¡CIAO!

Escena dos: Audrey Hepburn y George Peppard, en plena calle, empapados bajo una lluvia y un gatito entre ambos se besan apasionadamente en el cierre de Desayuno con diamantes...

¡ABURRIDO!

Escena tres: ¿Quién diablos puede olvidar el beso en la fiesta de disfraces de la Julieta y su Romeo en la adaptación de 1996 con Leonardo DiCaprio y Claire Danes?...

¡PASADO DE MODA!

Escena cuatro: ¡Uf, sin la menor duda, uno de los mejores besos en las películas románticas fue el de, otra vez, Leonardo DiCaprio y Kate Winslet en la popa de ese barco! Leo nos enamoró a todas en su papel de Jack Dawson.

¡NO NOS LLAMES, NOSOTROS TE LLAMAREMOS A TI!

Escena cinco: Año 2005. El beso entre besos que inmortalizó los encuentros románticos bajo la lluvia (aunque antes de ellos estaban Hepburn y Peppard y otros más) entre Rachel MacAdams y Ryan Gosling, fue tan apasionante la escena que acabó convertido en el cartel promocional de El diario de Noah.

¡DESPEDIDOS!

Escena seis: No era una película romántica, pero según las encuestas realizadas el beso bocabajo (y ¡qué raro! también bajo la lluvia) de Kirsten Dunts y Tobey Maguire para la película Spiderman gozó de tanta popularidad que hasta en Sherk hicieron una parodia para su segunda peli.

¡FIN DE LA HISTORIA, SE ACABÓ! ¡ADIÓS!

Escena siete: Aunque este beso no fue bajo la lluvia, según la encuesta del 2008 Kirten Stewart y Robert Pattinson, en Crepúsculo (que todos ya sabemos qué es), tuvieron el honor de ser elegidos a mejor para la cadena de televisión MTV y unos premios que no tengo reverenda idea de cómo se llaman.

¡NO ME INTERESA!

Rápidamente sacaremos una lista con nuestras conclusiones.

Conclusión nº1: Todos aman los besos bajo la lluvia.

Conclusión nº2: Alice es una romántica.

Conclusión nº3: Alice tiene complejo de animadora.

Conclusión nº4: Que la conclusión nº2 es una total mentira porque Alice sólo vio tres películas de las que mencionó y pueden comprobarlo si hacen preguntas al respecto.

Conclusión nº5: Que necesitamos originalidad y menos besos bajo la lluvia.

Y así tenemos la escena ocho: Kim y Raimundo se besan mientras hacen abdominales.

No son gotas de lluvia (si no de sudor), pero el beso es original. Si usted tiene novi , lo felicito, ahora podrá tomarlo desprevenid y compartir más tiempo con él/ella. Si no lo tiene, anótelo para cuando se consigue al Darcy/Elizabeth de su vida. Siempre yo he compartido que las tres primeras líneas de un capítulo deben ser tan geniales como las tres últimas líneas. Lo mismo con los besos, el primer beso debe ser tan bueno como el último. Sin embargo, puede que haya un beso en el medio que supere a todos. Está por ejemplo, el de Romeo y Julieta, el beso de la fiesta de disfraces no se podía comparar al beso en la piscina de la mansión Capuleto. Esta es una historia romántica, a diferencia de otras que el romance era un subgénero, yo quería que el primer beso fuese especial. ¡Vaya que si lo fue! ¡¿ustedes se lo esperaban?! Yo creo que no. A mí en lo particular me gustan tres... este fue uno... ejem, ejem, estoy hablando demasiado.

Parece que ni Raimundo ni Kim pueden creer que se hayan besado... y dos veces para más remate. El título del capítulo de hoy es una referencia a las reflexiones de Kim… ¿en realidad ella se enamoró de él o sólo superficialmente? Adoro a Tomoko, es uno de esos personajes que sueltan verdades en los momentos más oportunos y tienen una mentalidad abierta, contemplan otras opciones que no llegaríamos a pensar. Nosotros ya habíamos visto a Raimundo en su faceta de periodista, corredor, buen amigo, buen hermano... nos faltaba la del escritor y aproveché en sacar otros tips. Si se saben otro, díganme. Se pueden hablar muchísimas cosas y puede que se me escape alguna. Y yo también quería demostrarle cuanto ha evolucionado su novela.

Como que se siente solo, ¿eh?

Sí, eso parece. Una de las escenas inolvidables de este capítulo fue cuando Raimundo y Clay se pusieron a jugar ¿qué prefieres? (ahora no hay duda absoluta de que a Clay le gustan las mujeres), con de encaje y ser castrado o no. Les confieso que la idea se me ocurrió cuando estaba con mis amigos, habían otros y los chicos empezaron a decir si preferían quedarse sin Juanito o no (Juanito, lo escuché así en CSI y le agarré por ahí, para no decir "mi amigo"). Ahora parece que Omi descubrirá el secreto de Raimundo (¿quién les parece que tiene la culpa? ¿Raimundo por descuidado, Clay por chismoso u Omi por impaciente?). Esa es una de las cualidades de los antagonistas, lo descubren todo antes que nadie y usan los puntos débiles de los otros para su mezquino provecho ¿tengo o no tengo razón?

Nuestro próximo capítulo también está narrado en tercera persona, pero nos sitúa en la historia de Omi. No se lo vayan a perder, nuevos elementos entran en escena, la introducción de un par de personajes especiales y un secreto sale a la luz. Amienemigos, ¿creías haberlo visto todo? Esperaré impaciente sus opiniones, tengan en cuenta que serán bien apreciados y respondidos de inmediato.¡Nos leemos pronto, malvaviscos asados, cuídense!

Mensaje para MexicanChurros: ¡Hola, hola! ¡Un gusto en conocerte! Me alegra saber que hayas decidido romper el silencio para conocernos. Me siento muy halagada que opines eso de mis historias. Muchas gracias por leer y comentar, aprecio tus buenos deseos, ten la certeza que así será. Como sabrás, yo publico todos los martes y hasta el momento estoy escribiendo el capítulo treinta. ¡Ojalá nos volvamos a ver pronto! Así sea para un saludo o algo que quisieras resaltar dentro de la historia. ¡Cuídate!

PD: Churros... se me abre el apetito. Hace tiempo que he querido comer algunos :(