N/T: ¡Holaa! Aquí está el capítulo de hoy... pero siento deciros que nos estoy segura de si la semana que viene podré actualizar dos días como he hecho hasta ahora así que es posible que solo pueda subir capítulo el viernes, lo siento :S
Espero que disfrutéis el capítulo, ¡Gracias por leer!
La brillante y grisácea luz matinal ilumina a través de las rendijas de las cortinas de la cocina. Un manto de nubes llegó durante la noche; Dean ya puede decir que va a ser un caluroso y sofocante día bajo un cielo blanco. Se sienta en la mesa de arce de la cocina y bebe su café. Vistiendo sus bóxers del Demonio de Tasmania y la bata de lana rojiza que Sam le regalo por Navidades unos años atrás. No es un chico de llevar bata, pero hey. Nuevo compañero de piso. Debe tener algo de decoro.
Castiel aparece tambaleándose quince minutos más tarde, con un serio caso de pelos de recién levantado y ojos somnolientos. No tiene una bata, pero lleva una camiseta azul holgada y bóxers negros, y rosadas marcar de la almohada a través de su mejilla izquierda. Parpadea atontado hacia Dean. —¿Café?
Dean señala con la cabeza hacia la encimera, dónde está la cafetera. —Queda la mitad de la cafetera.
Castiel refunfuña sus gracias y tintinea alrededor de los armarios hasta que recuerda dónde están las tazas. Llena su taza y se lo bebe de pie apoyado en la encimera, haciendo pequeños sonidos de gratitud mientras lo hace.
Dean suelta una risita. —¿Eres un adicto?
Cas trastabilla hacia la mesa y se sienta pesadamente junto a Dean. —Sí. En múltiples sentidos.
Dean no le pide que lo desarrolle, pero eleva una ceja.
—Mi doctor me ha cambiado mi medicación para el insomnio. Desde que… —Cas suspira dentro de su taza y no encuentra los ojos de Dean—. De cualquier forma, estoy sintiendo los efectos.
—Oh —Dean bebe algo más de su café—. Yo solo lo bebo para despejarme.
Se sientan en silencio y beben sus cafés.
—¿Quieres jugar a videojuegos todo el día? —pregunta Dean.
Cas lo considera. —Voy a ir a correr. También me gustaría ir a la biblioteca, si no te importa conducir.
Dean arruga la nariz. —Suenas como Sam. Pero vale. Hey, si te gusta la biblioteca, quizá tengan trabajo allí.
Cas no responde a la sugerencia de Dean. En su lugar pregunta. —¿A qué videojuegos juegas?
—Los que más me gustan son los de tiradores en primera persona —dice Dean—, pero juego un poco a todo. ¿Hay alguno al que seas bueno? Tengo un N64 a la vieja escuela, si eso cambia algo para ti.
—Bueno —empieza Cas tentativamente—. Soy bastante bueno a los bolos de la Wii…
Dean se levanta de la mesa. —Vale, entonces está decidido. Acábate el café y toma una ducha. Vamos a jugar al Call of Duty.
…
Agosto, tres semanas más tarde.
—¡Stttt-rike! —cacarea Dean, alzando su mando en el aire—. ¡Chúpate esa!
Cas toma un mordisco de su trozo de pizza y frunce el ceño a la vez. —Tramposo —murmura hacia su comida.
—Eso no es hacer trampas, es tener un gran control de muñeca —dice Dean, flexionando su muñeca hacia delante y hacia atrás mostrándolo—. Estoy haciendo un juego perfecto, hijo, y no hay nada que puedas hacer acerca de ello.
El timbre de la puerta suena.
Dean suspira y deja su mando de la Wii. —Ahora vuelvo —avisa, corriendo hacia la puerta principal.
Cuando abre la puerta, por un momento Dean bizquea hacia la brillante luz del sol. Cuando sus ojos se ajustan, ve una mujer bajita en un uniforme caqui del condado de pie en el porche, pelo negro atado en un apretado moño, la mano derecha en la cartuchera de sus caderas, y mirándole con una expresión espectacularmente poco impresionada.
—Jody —dice débilmente—. Hey —gesticula hacia la insignia de sheriff de seis puntas en su pecho—. La estrella luce bien en ti.
Jody sonríe brevemente y luego entrecierra los ojos. —No has estado contestando mis llamadas.
Dean se frota la parte posterior del cuello- —Sí, lo siento, He estado… muy ocupado. Simplemente agobiado, en realidad.
Jody baja la vista hacia la camiseta de AC/DC y los pantalones de chándal desgastados y lentamente vuelve a alzarla. Asiente hacia su camiseta. —Tienes algo ahí.
Dean mira hacia abajo, estirando el cuello y tirando de su camiseta hacia delante para mirarla. —Oh, eso es solo. Salsa de pizza.
Los ojos de Jody se entrecierran incluso más.
Dean sonríe avergonzado, en un por favor no te metas conmigo.
—Date una ducha, Winchester —ordena ella—. Luego vístete y mueve tu culo a la comisaria. Tengo trabajo para ti —se da la vuelta para marcharse.
—Jody, espera… —Dean agarra su mano—. ¿De qué estás hablando?
Jody mira a la mano en su brazo, y él la retira rápidamente. Entonces ella vuelve a mirar hacia arriba al rostro de Dean y le sonríe. —Trae a tu amigo —le dice—. Es hora de que le dé un poco de aire fresco a él también.
…
—¿Por qué estamos yendo? —pregunta Castiel, anudando ausentemente su corbata.
—No lo sé, pero tenemos que estar preparados para cualquier cosa —responde Dean, abotonando su camisa verde a rayas. Mira a Cas y le da un repaso, luego alcanza a ponerle bien la corbata—. Todo lo que sé es que si no vamos nos disparará. O seguramente a mí. Me disparará. Seguramente a ti te abrazará y te dará una piruleta.
Cas frunce el ceño. —¿Por qué me abrazaría?
—¡Oh, ya sabes! —Dean hace rápidos círculos en la dirección de Cas—. Tienes todo ese rollo ojos grandes y adorables que las mujeres aman —tira de su propia corbata tensándola—. Les encanta eso, Cas. Podrías tocarla como un violín si quisieras. Pero yo… —Dean se da una mirada a sí mismo en el espejo y pone una sonrisa insolente—. Bueno. Pueden decir que tengo al diablo en mí.
Cas le mira seriamente en el espejo, luciendo sombrío en su chaqueta de ante. —Debería ver a un cura acerca de eso.
Dean suelta una risita y le palmea en el hombro. —Claro. Pediré hora para un exorcismo la semana que viene.
…
Dean camina a través de la comisaría cautelosamente, entre los cubículos y abarrotados escritorios, asintiendo a la gente que conoce. Le sorprende a cuantos de ellos no conoce de nada. Todos le miran de cerca, expresiones ligeramente aturdidas. No le estaban esperando. Sudor humedece su cuello. Tensa los hombros inquieto.
Castiel se ve igual de incomodo. Probablemente piensa que le están mirando a él, y quizá lo están. Pero Dean está igual de seguro de que están comiéndose con los ojos al ex-sheriff caído en desgracia, el cuento con moraleja andante, el objeto de cotilleos y murmullos ahora deslizándose ante ellos con su cola entre las piernas, sin su insignia, sin su arma, desnudo.
Maldita sea Jody y su arma.
Cuando finalmente llegan a la puerta de cristal de su despacho, Dean no puede evitar dudar antes de abrirla. Unos meses atrás, este era su despacho. No está seguro de estar preparado para enfrentarlo.
—¿Dean? —dice Cas.
Dean toma un profundo aliento y abre la puerta.
Jody está allí sentada, esperando, sonriendo complacida como si no fuera un horrible monstruo malvado. —¡Habéis aparecido!
—Sí, sí, sí, yo también me alegro de verte —refunfuña Dean—. Cas, esta es la Sheriff Jody Singer. Sheriff, este es Castiel Goodwin.
Ella se levanta y sacude la mano de Castiel. —Sheriff provisional —le corrige ella—. Y encantada de conocerte por fin, Castiel.
Castiel asiente. —Igualmente. Tu marido me dijo que eres una oficial competente.
Jody sonríe y ladea la cabeza. —Qué… realista por su parte. Ya sabes, él es bastante competente por su parte —entonces saca un archivo de su cajón y lo abre, mirando a través del papeleo—. Vale. Aquí está el porqué os he llamado —le pasa la carpeta a Dean.
Dean hojea a través de los documentos, escaneando la información.
—No es mucho, solo una cadena de insignificantes robos en coches en Cloverdale —explica Jody—, pero hay tantos de ellos en un área tan pequeña que es obvio que tenemos un merodeador habitual. Ni siquiera está arrancando los estéreos, solo cualquier cosa de valor que haya en los asientos de los coches, y la mayoría estaban abiertos en primer lugar, así que… no es un enemigo público, exactamente.
—¿Qué quieres que haga exactamente, Singer? —pregunta Dean, frunciendo el ceño.
Ella cruza los brazos sobre su pecho y se reclina en la silla. —No tengo efectivos para dedicar a tonterías como esta. Quiero que lo mantengas vigilado.
Castiel mira detenidamente sobre el hombro de Dean, fijándose en las fotografías junto a los reportes. —¿Esto no es un asunto para la policía de la ciudad? —pregunta.
—Cloverdale no está incorporado —explica Dean—. No es una ciudad real, solo una región. No tienen su propia fuerza policial o departamento de bomberos —Cierra el archivo y redirige su atención de vuelta a la sheriff—. Ya no soy un oficial, Singer. ¿Quieres que le mantenga vigilado y luego qué, llevo a cabo un arresto ciudadano?
Ella niega con la cabeza. —Te estoy contratando como investigador privado, haces lo que ellos hacen. Sin confrontación. Solo sacar fotografías, recoger evidencias e identificarlo. Pásamelo y yo te escribiré un pequeño cheque.
—¿Quieres pagarme? —pregunta Dean incrédulamente—. ¿Por qué no contratas, no sé, a un auténtico investigador?
—Tú eres un investigador —dispara ella de vuelta—, el mejor que conozco, y el más experimentado, y el que más necesita un trabajo.
La mandíbula de Dean se contrae con fuerza, y deja caer el archivo en su escritorio. —No soy un maldito caso de caridad, Jody —chasquea—. No te atrevas a convertirme en uno.
Ella se levanta enfadada y pone su mano en el escritorio. —¡No lo estoy haciendo! —replica—. ¡Simplemente sé que trabajas por menos que los otros imbéciles en mi guía telefónica!
—Yo puedo hacerlo —dice Cas.
Ambos, Dean y Jody, parpadean hacia él.
Él mira de uno al otro. —Es simple… esconderse y sacar fotografías, ¿correcto? ¿Estoy entendiendo bien la asignación?
—No —responde Dean—. Cas, no vas a ponerte en peligro para…
Jody recoge el archivo y lo tiende hacia Cas. —Enhorabuena, Castiel —dice—. Has conseguido el caso.
—¡No! —repite Dean incrédulo—. ¡Sobre mi cadáver! ¡No tiene ni idea sobre vigilancias, Jody! Seguramente ni siquiera tiene una cámara…
—Puedo comprar una —se ofrece Cas.
—… Y va a conseguir que le disparen o apuñalen —continúa Dean, señalando a Cas para dar énfasis—, y seguramente que le roben, también.
Jody sonríe. —Supongo que tendrás que ir con él, ¿eh?
—Permitiría eso —dice Cas—. Tienes coche.
Dean eleva sus cejas hacia Jody. —Eres una persona horrible. Lo sabes, ¿verdad?
Ella solamente sonríe y vuelve a sentarse en su silla. —Hora de ir tirando, chicos. Tengo una reunión a las cuatro.
Dean y Cas dejan la estación discutiendo sobre quien usará la cámara, ignorando los curiosos ojos siguiéndoles hasta la puerta.
…
Es una asignación bastante fácil. Dean podría hacerlo dormido. Casi lo hace. Alrededor de medianoche se despierta por los susurros emocionados de Castiel.
—Dean —sisea Cas—. ¡Dean, veo a alguien!
Mejor que sentarse en el coche y poner en riesgo el Impala alrededor de un supuesto ladrón de coches, Dean y Cas han optado por esconderse en la sala de estar de una casa cercana, con el permiso de los residentes, por supuesto. Están sentados en la oscuridad en una espantosa otomana amarilla y espían a través de la persiana, Cas agarrando su nueva cámara de alto alcance. La habitación huele ligeramente a arvejas dulces y perro húmedo, y ahora Dean se encorva junto a Cas y se da cuenta de que su acompañante tiene su esencia particular también, una que se ha convertido en habitual para él durante las últimas pocas semanas. Puede analizar cada ingrediente por separado: lana y algodón, su ropa. Virutas de madera y alcohol, su aftershave. Una débil esencia a menta, su jabón corporal "frío invernal". Y algo más, algo que no puede apuntar que es pero es distintivamente Cas…
Dean parpadea y se sacude mentalmente. ¡Concéntrate! Mira atentamente a través de las persianas con los prismáticos.
El hombre más sospechoso del universo está pasando ahora mismo por la calle, mirando tras de sí cada pocos segundos. Viste ropas negras y holgadas y un gorro de punto, pero no un pasamontañas. Tiene barba de tres días y manos nerviosas y una mochila gris.
—Saca algunas imágenes —instruye Dean—. Intenta conseguir algunas buenas de su cara. Este podría ser nuestro chico.
Cas saca fotos rápidamente.
El hombre para en la acera y mira a la minivan aparcada allí. Mira alrededor, ve la calle vacía, y luego…
Se aleja, calle abajo, fuera de vista y en la oscuridad.
Cas empieza a levantarse.
—Hey, hey, hey —dice Dean, poniendo una mano en su brazo— ¿A dónde vas?
Cas mira hacia abajo con un giro perplejo de sus cejas. —Vamos a seguirle. ¿No?
—Siéntate —suspira Dean—. No vamos a seguirle, Cas. Nos vería en segundos. Volvemos a mirar durante las siguientes noches, a ver si vuelve a aparecer. Sacamos fotografías, corroboramos evidencias, y luego, si algo es robado esta noche, y aparece las otras noches, la policía lo llevará a interrogar. Y si no tiene una buena explicación o tiene los bienes o sus huellas dactilares coinciden, presentarán cargos.
Cas vuelve a sentarse lentamente. —¿Y si no roban nada?
Dean se encoje de hombros. —Entonces seguimos observando.
Cas lo medita en silencio, mirando por la persiana. Fuera, las luces de la calle brillan en franjas amarillo pálido en su cara, y Dean de pronto recuerda esa mañana en el restaurante cuando solo lo conocía como el hombre al que había puesto la vida patas arriba.
—Ya sabes, estoy sorprendido de que estés de acuerdo con esto. —dice Dean.
Los ojos de Cas se vuelven hacia los suyos.
—No le hemos visto hacer nada de hecho —le recuerda Dean—. Y estas fotografías podrían llevar a su arresto.
La boca de Cas se aprieta hacia dentro, y durante un largo momento solamente mira a Dean. Finalmente, dice en voz baja. —No estoy preparado para entregar ninguna información a menos que esté seguro. Incluso si… ayudaría. Espero que respetes eso.
Dean se inclina hacia atrás y pone su mano en el hombro de Cas, dándole un apretón, alguna clase de deseo visceral de conectar tirando de sus huesos. —Hey. Siento exactamente lo mismo. Estamos juntos en esto, Cas, no lo dudes ni por un segundo. No voy a hacer nada para minarte ¿vale?
Cas sonríe tiernamente.
La sonrisa de Dean le hace eco instintivamente, tierna y reconfortante.
Entonces vuelve a tomar los prismáticos. —Vale entonces, ojos en el premio, Cas. Vamos a tener que estar levantados hasta el amanecer si queremos hacer esto bien…
…
Septiembre
—Y… aquí está tu cheque —concluye Jody, firmando en la línea—. ¿A nombre de quién debo hacerlo?
Dean y Cas se miran el uno al otro.
—Uhhh… Creo que técnicamente le diste el caso a Cas —dice Dean.
—Voy a seguir dándote la mitad —dice Cas.
Dean resopla. —Gracias, Cas. Estaba realmente preocupado.
Jody escribe el nombre de Cas rápidamente. Se lo tiende con una sonrisa. —Enhorabuena, chicos. Estáis en el negocio. Y mientras os tengo aquí… —se inclina hacia abajo y abre uno de los cajones de su escritorio, sacando un grueso archivo—. Tengo otro caso.
Dean se pasa una mano por la cara. —Oh, Jesus, ¿esto va a ser algo regular? Necesito dormir, mujer.
—Oh relax —se mofa ella—. Este es mucho más fácil. Solo un ordinario exhibicionista en el parque…
