¡Siento no haber podido escribir hasta ahora! Ya sabéis, exámenes...
En fin, espero que os guste esta vueltilla que está dando la historia, y no os asustéis mucho, que sigue siendo Outlaw Queen.
Los personajes de OUAT no me pertenecen y la historia fue creada solo por diversión.
Confusión
-Vete de mi casa.-dijo Regina, seria, aún con la carta en la mano.
-Pero...
-Fuera.
-No puedo dejarte so...
-¡HE DICHO QUE TE VAYAS!-chilló llena de furia.
-No pienso irme de aquí y dejarte así.
Regina volvió a llorar y se derrumbó poco a poco. Comenzó a agacharse y se quedó sentada en el suelo, apoyada en la puerta. Emma también se agachó y la abrazó.
-No estás sola, no lo vas a estar nunca más.
Pasaron un rato las dos solas, juntas, derrumbadas.
-No puedes pasarte así todo el día, Regina.
Ella se secó las lágrimas y se levantó.
-Señorita Swan, agradecería que me dejase sola.
-No lo haré.
"¿Qué mosca le ha picado a esta?", se preguntaba la reina.
-Insisto, he quedado con Sidney para hacer un par de papeles, cosas de trabajo, él llegará pronto.
Emma la miró, pensando que mentía.
-Vendré a la hora de la cena, quieras o no y pasaré aquí la noche.
-¿Con Henry?
La verdad es que no pensaba traer al niño, pues comenzaba su plan para intentar estar cerca y a solas con esa impresionante mujer.
-Claro, con Henry.
Regina no sabía que pensar. En el fondo, había algo dentro de ella que le decía que Emma quería algo más que ayudarla a superar lo de Robin. Robin, su segunda oportunidad. ¿De veras tenía que esperar a una tercera? Ni soñarlo. Robin era su amor, su amor verdadero, e iba a luchar por él. Justo cuando tomó la decisión llegó Sidney.
-Mi reina, la veo triste, ¿puedo hacer algo por usted?
-Si puedes retroceder en el tiempo al día en el que no maté a Marian cuando tuve oportunidad, entonces sí. En caso contrario acabemos de revisar las cuentas esas cuanto antes.
-Regina, las cuentas han sido una excusa.
La alcaldesa miró a su espejo sorprendida.
-Sidney, ¿qué quieres?
-¡Protegerla! ¡Hay un tipo por ahí que está loco por usted y por tenerla bajo cualquier circunstancia y yo no pienso permitir eso! ¡Ya la libré una vez del rey! ¡Ahora haré lo que sea, lo que sea!
-Sidney...-Regina, perpleja por la declaración de amor, se acercó a él con sumo cuidado, despacio.-Sabes que te estaré siempre agradecida por lo que hiciste, y puede que nunca te lo diese a entender.
Se acercó como para besarle. Y justo cuando le tenía a escasos milímetros, se separó.-Y si no lo he hecho, es porque solo eres una piecita de mi puzzle. Solo te he usado, te he usado tantas veces que ya ni siquiera podría contarlas.
-No me importa.
-¡¿Qué tengo que hacer para que me dejéis en paz hoy?!-chilló, de repente.- ¡Todo el día que si Regina no deberías estar sola, que si Regina yo te protejo, que si Regina esto, lo otro! ¡FUERA! ¡Quiero estar sola! ¡Sola!
-¿Quién más lo ha hecho?- preguntó él, sorprendido.- ¿Acaso el ladrón ese ha venido a verla? Mi reina, usted merece algo mejor...
-No se te ocurra nombrarlo.-interrumpió, agrarrándole de las solapas de la chaqueta.
-Le prepararé un té. Es lo mejor.
Sidney fue a la cocina y comenzó a hervir agua. Sacó una taza y echó algo en ella, una especie de polvos blancos.
Emma estaba realmente confundida. Había comenzado a ver a Regina de otra manera. Quizá no es que la estuviese comenzando a ver así, sino que simplemente se había dado cuenta de que la veía así. Sus curvas, sus labios, sus ojos. Su voz, su mirada. Sus pensamientos, su pelo. Pensaba en cómo sería besarla. En cómo sería rozar sus labios. En cómo sería acercarse a su oreja y susurrarle que ella iba a protegerla.
Llegó a casa de Mary Margaret y tuvo la necesidad de coger el helado de Henry.
-Vaya, ¿qué te ha hecho Regina?-le preguntó su madre.
-Nada.
-¿Entonces?
-Creo que es mejor que vaya a Granny's, no quiero que Henry me odie por quitarle esto.
Salió sonrojada. Lo último que podía decirle a su madre que se había enamorado de la misma persona de la que se enamoró el rey, o sea, su padre.
-Ruby, ¿podemos hablar?
-¡Claro!-la chica se sentó junto a ella en una de las mesas de Granny's.-Déjame adivinar, ¿mal de amores?-Emma hizo una mueca.
-En realidad no lo sé. No sé lo que me pasa. ¿Qué me pasa?
-Quizá si me lo cuentas puedo intentar ayudarte.
-¿No te ha pasado nunca que de repente comienzas a ver a la gente de... de otra manera?-Ruby negó con la cabeza.- No que ellos cambien, sino que tú sientas que no los quieres como... como amigos.
-¿Te gusta un amigo tuyo? ¿Hook? Emma, tienes que pasar página de Neal, la vida sigue, eres jóven...
-Basta. No es Hook y no es nada sobre Neal, es sobre algo que estoy sintiendo, noto que estoy enamorándome de la persona equivocada.
-Si te enamoras, nunca es la persona equivocada.-afirmó agarrando su mano.
Emma dejó caer una lágrima y suspiró.
-Es Regina.
-¿Cómo?-soltó rápidamente a la rubia y se echó hacia atrás.-¿Eres lesbiana?
-¡No! Bueno, creo que no, no lo sé. He tenido, ya sabes, alguna aventurilla, pero no me definiría como lesbiana.
-¿Entonces?
-No lo sé. Cuando la veo, cuando la oigo, cuando la huelo siento que tengo que protegerla de todo y de todos y que tengo que estar con ella, que quiero abrazarla, besarla, quie...
-Ya. No quiero saber lo que quieres hacerle, Regina no es santo de mi devoción.-interrumpió sonriendo.-¿Y qué piensas hacer? Porque por lo que he oído a ella le van más los palos, no te ofendas y está con Robin Hood.
-En eso te equivocas.
-¿En lo de los palos?-preguntó sorprendida.
-¡No! En lo de Robin Hood. Él la ha dejado por Marian, la pobre está destrozada, entre eso y lo que le ha pasado...
-En serio, Emma, nunca podré decir "la pobre" refiriéndome a esa mujer. Pero, volviendo a ti, lo que tienes que hacer es darle su espacio, porque seguro que te pasas el día atosigándola.-ella se sonrojó.-Demuéstrale que eres el apoyo que necesita, pero no más. ¡Y alegra esa cara! Si el vejestorio del rey consiguió casarse con ella, para una chica como tú va a ser un paseo.
-Es gracioso.
-¿El qué?
-Estás hablando de mi abuelo.
Las dos rieron.
-Gracias, necesitaba hablar con alguien.
-Para eso están las amigas, ¿no?
-Será mejor que me vaya a casa, Mary Margaret estará preocupada.
-¡Madres!
Emma se quitó el abrigo al llegar y se sentó junto a su madre.
-Siento lo de antes, estaba...
-No tienes que darme explicaciones si no quieres, eres mi hija, quisiera saber todo lo que pasa por tu mente cada momento, pero también sé que tú no quieres contarle a tu madre todo.
-Gracias.-la abrazó y se apoyó en su regazo.-¿Cómo era Regina?
-¿Qué?
-Antes de ser la reina malvada...
-Era la chica más dulce de todas. La más hermosa. Ella me salvó la vida cuando la conocí.
-¿Y por qué se casó con tu padre?
-Porque su madre la obligó. Su madre tenía la obsesión de que su hija tenía que convertirse en la reina, que tenía que estar por encima de todos y de todo. Que no podía amar, porque eso era ser débil y que no debería esperar nada de nadie que no fuera ella misma.
-¿Y Regina quería todo eso?
-No... Regina era feliz, Regina se iba a montar a caballo con el chico de los establos y no buscaba nada más.
-Con Daniel...
-Con Daniel. El brillo que tenía en la mirada cuando le miraba... Creo que solo la he visto así entonces. Bueno, y ahora con Robin.
-¿De veras crees que Robin es su verdadero amor?
-No lo sé. Solo sé que se merece ser feliz y creo que es su mejor opción.
-Pues la ha dejado por Marian.
-¡¿Cómo?! ¡Pero eso no puede ser!
Emma levantó las cejas y puso cara de "bienvenida al mundo real donde el verdadero amor no existe".
-¿Y cómo está Regina? Cielo santo... Debería ir a verla...
-No creo que seas la persona más indicada para ir.
-¿Sabes? Creo que la mayoría del tiempo nos olvidamos de que Regina es mi madrastra, pero lo es, me vio crecer, me ayudaba a ponerme los vestidos, fue a mi primer baile, y aunque luego las cosas se torcieran, siento que somos familia, quiero darle mi apoyo. Vámonos.
-Eso hace que suene como si fuera mi... Abuela.-a Emma le dio un escalofrío enorme. - No lo digas más.
Llamaron insistentes al timbre pero nadie contestaba.
-Quizá esté en su despacho.-comentó Mary Margaret.
-¿Tan tarde? Me dijo que estaría aquí con Sidney.
-Qué mal me cae ese hombre. Le prefería cuando estaba dentro del espejo.
Emma sonrió.
-Es extraño, habíamos quedado para cenar.
-¿Tú? ¿Con Regina?
-Y Henry.
De pronto, el pequeño John apareció con Roland de la mano.
-¡Hola chiquitín!-dijo Mary Margaret.
-My lady.-saludó John.-Vengo en busca de Robin, no ha aparecido en todo el día y el niño pregunta por el y por su madre.
-¿No está en el campamento?-preguntó Emma alterada.
-Por eso no nos abrirán la puerta...-contestó su madre sonriendo.
-No, Mary, después de lo que ponía en esa carta, Regina no perdonará a Robin tan fácilmente.
-¿Crees que le ha pasado algo?-sugirió John preocupado.
-¡Oh dios mío! ¡Sidney!-exclamó Snow.
