Los personajes son de Stephenie Meyer. Solo la trama es de mi autoría.
Capítulo beteado por Manue Peralta, Betas FFAD;www facebook com / groups / betasffaddiction
Summary: Cuando el rumor de un triángulo amoroso estalla en el pequeño pueblo de Forks, lo que menos se imaginó Bella era que ella también se encontraba incluida en aquel embrollo. —Dime que mi ex novia y mi ex amiga no están compartiendo la misma polla. ¡Dímelo! —rugió colérico provocando una ola de miedo en cada entraña de mi cuerpo, sus ojos verdes me atravesaron cual guillotinas afiladas esperando una respuesta; y, sin embargo, no pude defenderme, porque eso sería aún peor.
Gracias a la linda y cumplida Manue Peralta, muaxxxx ;) no sé qué sería de mí, sin tu don para arreglar desastres.
Hola niñas :* Quería agradecerles por los buenos deseos y sus mensajes de comprensión. Deseo volver a recalcar que si bien esta historia se encuentra basada en algo que me sucedió a mí, no todo se perfila como lo relato en el Fic. Aunque hubiese sido genial de ser así XD; gran parte de esto se lo debo a las ganas de volver hablar con él, de imaginarme reencuentros o cosas así. El hecho es que el que fue mi mejor amigo por 10 años, decidió que era más importante cultivar su popularidad, liarse con niñas de cursos más bajos y conseguirse nuevas amistades; que seguir siendo mi amigo. Lo detesté por un tiempo, no porque me dejara de lado, lo detesté porque ya no lo reconocía debajo de esa fachada engañosa. Él se convirtió en todo lo que yo más odiaba: Orgulloso, creído y para los que se lo creían, una persona superior. Y A pesar de mis esfuerzos, de hablar con él, de hacerlo reflexionar…. Eligió seguir por ese camino. Así que, después de un tiempo, yo también tomé mis propias decisiones pues yo no iba a rogarle a nadie que fuera mi amigo. Me alejé, conocí nuevas personas y comprendí que las cosas cambian, todos cambiamos, y por eso hoy día no lo culpo y lo perdono, por ello. Para aclararles algo, la última vez que hablamos fue en medio de una discusión. Quizás por eso quedé con la pequeña espina dentro de mí. Si quieren saber el resto, me dicen y lo aclaro….. no lo siento relevante justo ahora. :(
Perception.
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El derecho.
Negué sin necesidad de palabras y la miré con cada gota de gentileza dentro de mí, dándole a entender mi respuesta definitiva.
—Por favor, Bella, déjame aclarar las cosas. No soporto ver cómo te hablan o cómo te miran. ¡No es justo! Me siento la peor escoria por permitir esto. —Se le escapó un sollozo y me abrazó desconsolada. Le devolví el abrazo rodeándola con cariño, solo eso podía sentir hacia Angela, ni todo el bulling del mundo podía cambiar una milésima de eso.
Ella tampoco era culpable de nada, no era más que una víctima de Eric y de algún enfermo que divulgó aquellas fotografías.
Para el día lunes todo fue un tremendo caos en la escuela. Los pocos que no recibieron el mensaje o no se enteraron el jueves ni el viernes, para el siguiente lunes ya tenían la información completa de lo sucedido. O de lo que creen que sucedió.
Apenas coloqué un pie adentro del parqueadero esta mañana, recibí una ola de miradas indecentes, risas, burlas, silbidos, comentarios ofensivos, miradas de asco; de todo.
Si todo aquello pasó al ingresar en compañía de Seth, no quería ni imaginarme lo que sería estando sola por los pasillos de la escuela. Me estremecí de solo pensarlo.
Yo podía ser valiente, caprichosa con lo que me proponía, desorientada la mayoría del tiempo y dura; sin embargo, no era hipócrita. Todo lo que escuchaba sobre mí empezaría a afectarme tarde o temprano.
Las piernas me temblaron todo el camino hacia el edificio principal, pero me negué rotundamente a demostrar algo que no fuese frialdad en mi semblante. Simular que no importaba era lo mejor que podía hacer, entonces ellos pararían.
Eso quise pensar, al menos.
Todo se encontraba volcado de cabeza, porque para rematar –el episodio del supuesto triángulo amoroso, la infidelidad de Tanya, la perdida pública de mi virginidad, la extraordinaria hombría de Eric, los enormes cuernos de Edward– varías cosas más acontecieron aparte de todo, el día viernes, avivando las llamas del desastre.
Primero: Edward había dejado a Tanya en la cafetería de la escuela luego de gritarle lo perra y furcia que era en frente de todos.
Segundo: Edward por poco le dislocó la quijada a Eric de un puñetazo, durante la clase de gimnasia.
Al sumarle la audiencia, la ira y los trapos al sol la cosa empeoró más de lo que cualquiera pudo imaginarse al principio. Ahora nadie paraba de hablar, de preguntar, de humillar; el chisme voló como dinamita esparciéndose por todos lados y mi vida social, íntima, confidencial, de repente estuvo en boca de todo el mundo.
Miré el cielo nublado sobre nosotros pidiendo un poco de paz en el día de hoy.
Eran las nueve de la mañana y los únicos afuera de clases éramos nosotros. Seth, Jessica, Angela y yo elegimos no entrar la escuela para evitar por algunas horas, el suplicio de soportar nuevamente los insultos.
Estábamos sentados sobre el fresco césped, mirándonos las caras decaídas de vez en cuando. El timbre que daba inicio a las clases sonó hace más de una hora, sin embargo ninguno de los cuatro hizo amago de querer entrar a clases. Todos teníamos los ánimos por el suelo. Mike fue el único que entró, diciendo que alguien debía tomar nota para los exámenes y las tareas que entregar. A nadie le importó su ausencia, en verdad, ni siquiera a Jess que siempre andaba encima suyo.
Eric había tenido la decencia de apartarse de nosotros por voluntad propia, y no lo habíamos visto desde el viernes.
Froté la espalda de Angela en un intento por tranquilizar su llanto que todavía retumbaba sin cesar; tomé una respiración profunda.
Jessica me observó afligida, manteniendo el ceño fruncido.
—¿Qué es lo que vamos a hacer? No puedes continuar así, siendo el blanco de todo esto —me dijo Seth pasando una mano sobre mi cabellera suelta, él también estaba triste, podía notarse a leguas de distancia; él y Mike era a los únicos a quienes le habíamos contado la verdad, que no se trataba de mí en la foto; Seth se puso más histérico con la noticia, mientras Mike le lanzaba una mirada culpable a Angela. Lo que me hizo deducir que él lo supo todo el tiempo.
—Esto pasará con el tiempo, al igual que todos los chismes —dije, más para calmar los ánimos que porque creyera en mis palabras. Deseaba ser fuerte y seguir adelante con esto, sin embargo, no tenía idea cuanto tiempo podía soportar tanta humillación sin quebrarme.
—Pero, Bella… —murmuró Angela separándose de mí para mirarme con sus ojos todos nublados de lágrimas—. Esto es terrible, mira lo que pasó el viernes y recién ahora; fue una pesadilla…Y-Yo no quiero que pases esto por mi culpa.
Volví a negar a su petición, ¿cuánto tiempo en realidad podría Angela soportar tanta presión sin derrumbarse? Vale, tampoco es como si yo fuese inmune a todo, me sentía ultrajada, dolida aunque nada de eso fuese cierto; pero a pesar de ello poseía más control sobre mí misma y sabía cubrir bien mis emociones. Angela, por otro lado… creo que sería mucho más traumático para ella si llegara a aceptar la culpa de lo sucedido con Eric.
¿Quería tanto a mi amiga, como para pasar por este infierno por ella? Sí. Pensé sin ninguna clase de vacilación.
Concentré toda la fuerza de voluntad dentro de mí y decidí que, si ya estaba metida en esto, entonces tendría que continuar hasta el final.
––Ya quiten esas caras, chicos, tampoco es para tanto. Además, aunque yo esté en la mira de todos, lo que realmente ha llamado la atención es la infiel de Tanya y su amante; yo estoy en segundo plano.
Les sonreí un poco y Jessica bufó inconforme.
—Ese Eric, te juro que me las va a pagar todas juntas… ya verás.
Angela nos miró con el labio tembloroso y volvió a llorar sin remedio. La miré con ternura y le dije:
—No hagas caso a lo que me digan o a lo que escuches, Angie. Tú mejor que nadie sabes que nada de eso es cierto. Lo que pasó con Eric no te define como persona, y nadie debería juzgarte como si te conocieran de algo.
—Ay, Bella…
—Shh, confía en mí, todo quedará en el olvido en un par de semanas —le aseguré.
Ella movió la cabeza de un lado a otro y escondió su rostro entre las manos de nuevo.
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Dieron las doce del día, hora del almuerzo. Entre todos decidimos que al menos entraríamos a la última hora de clases, para no levantar sospecha; así que fuimos a la cafetería por algo de comer antes. Jessica y Angela fueron por los almuerzos mientras que Seth y yo cogíamos la mesa habitual en la que nos sentábamos.
Era de esperarse que, al verme, alguien intentara meterse conmigo de nuevo.
—Mira que elegir a semejante perdedor para tu primera vez, es ¡asqueroso! —Se rio con una estruendosa risa nasal rompe tímpanos que solo ella encontraba atractiva. A su lado, la rubia le tocó el hombro conteniendo la risa.
—No digas eso, Lauren, la pobre es tan fea que fue lo único que pudo conseguir.
Las carcajadas de Jane y Lauren se escucharon, y luego los silbidos estallaron a nuestro alrededor. Rodé los ojos, me crucé de brazos y Seth, que me tenía abrazada con el suyo, me apretó contra su costado.
—¡Vaya! Pero si son zorra y más zorra. ¿Qué hacen aquí? ¿No les dijeron acaso que el burdel más cercano queda en Port Angels ahora? —Seth siseó, aunque sonriente al ver cómo las caras de Lauren y Janese desfiguraban de la ira.
Los cuatro hombres que las acompañaban, cual sequito de admiradores, empezaron a abuchearlas y azotar sus palmas unos con otros, riéndose de ellas.
¿En serio? ¿Sus propios amigos las rebajaban de esa manera?
—Vamos a la mesa, Seth, no quiero formar un lío innecesario con esas huecas —le susurré en el oído. Seth asintió y me dirigió a la mesa de siempre bajo la mirada de todos los que pasábamos, a nuestras espaldas las dos arpías empezaron a discutir con los chicos olvidándome por el momento.
—Gracias, Seth, no sé qué haría sin ti en estos momentos. —Lo abracé por la cintura y dejé que su olor a madera fresca me reconfortara.
—No tienes por qué agradecerme nada, Belly, siempre estaré aquí para ti.
Sonreí contra su pecho, quería tanto a mi amigo que me dolía un poco el corazón por ponerlo en semejante situación. Seth era cariñoso, juguetón, hablador, tierno… él no estaba hecho para enfrentar este tipo de problemas y, sin embargo, me había defendido, achacándose la mala voluntad de otros.
—Sé lo que estás pensando. —Se separó de mí para correr la silla—. Y no quiero escuchar nada sobre eso. —Tomamos asiento y yo le regalé una gran sonrisa.
Seth me miró con una sonrisa traviesa colgando de sus labios.
—No me importa en lo más mínimo lo que los demás puedan pensar. —Me guiño un ojo mientras se acomodaba distraídamente en su asiento.
Suspiré y me dejé relajar tres minutos con los ojos cerrados, tenía el apoyo incondicional de mis amigos y eso se sentía genial.
—Todavía me pregunto quién fue —murmuré. ¿Quién pudo haber hecho algo tan horrible?
Bueno, lo horrible había sido lo público del asunto, y la fotografía de Angela con Eric en el coche. Pero, por otro lado, pusieron en evidencia la infidelidad de Tanya, y por supuesto la verdadera zorra dentro de ella quedó al descubierto.
Volteé a ver detrás de mí, por inercia, a la mesa de los Cullen. Estaban Emmett, Edward y Alice, sin Rosalie ni Tanya a la vista. Emmett y Edward permanecían alejados uno del otro en la punta de cada lado de la mesa mientras que Alice estaba al medio, tomando una bebida. Las caras que traían no sugerían nada en particular, pero me percaté de que ninguno hablaba, todos estaban callados. ¿Aún estarían peleados?
De repente Edward miró a un costado frunciendo el ceño, y luego giró la cabeza, nuestros ojos se encontraron y la aparente inexpresión de su rostro se desmoronó de inmediato. Hubo un pequeño cosquilleo que se deslizó por mi columna, tan fugaz que apenas pude sentirlo.
Sorpresa, reconocimiento, enojo y frialdad cruzaron por su rostro mientras nos mirábamos. ¿Todavía tenía el descaro de lucir furioso? Es decir, entendía que le habían humillado mucho más que a nosotros, por todo eso de ser cambiado por un perdedor amante de Comicon, pero en realidad ni Angela ni yo le habíamos hecho nada, es más, en todo esto Angela, o sea yo, no era más que una víctima de Eric. ¿Por qué le dolía tanto? ¿Por qué le afectaba? Él y yo no éramos nada, apenas unos conocidos que por años no nos habíamos hablado. Literalmente.
Además de la manera cruda e innecesaria con la que me había tratado la noche del jueves, no habíamos cruzado palabras en años.
Hice una mueca y me enderecé apartando la mirada.
—Algún día voy a saber quién fue el cabrón —murmuré para mí misma.
—¿De qué cabrón hablas, Bella? —El sonrojo me invadió toda la cara, miré a Jessica sentada al lado mío con tres bandejas de comida frente a ella, hoy habían hecho lasaña. ¿En qué momento había llegado?, me pregunté confusa. ¿Me habría visto mirando a Edward? Qué vergüenza. ¿Cuánto tiempo había pasado?
Nadie tenía conocimiento sobre la inesperada visita que me hizo Edward la otra noche, y tampoco quería que se enteraran. Los problemas abundaban ahora y lo que menos quería era avivar otro.
—Del que propagó todo ese chisme mal intencionado —aclaré devolviéndole el dinero del almuerzo, carraspeé sin mirarla a los ojos—. ¿Dónde está Angela?
—Fue al baño un momento.
—¿Cuál es la mía? —Seth tiró de las bandejas para mirar cual era la que tenía la porción más grande antes de elegir entre todas.
—No tienes ninguna clase de modales, mandril. —Lo molestó Jessica tirando de otra bandeja.
Los miré reñirse uno al otro en absoluto silencio. Estaba agotada, siendo sincera conmigo misma, además de un poco preocupada porque Charlie me había estado viendo de forma extraña durante el fin de semana. Solo esperaba que nada de esto llegara a sus oídos. Ardería todo Forks de ser así. Y muy posiblemente el primero en arder sería Eric Yorkie.
Al rato llegó Angela con cara apesadumbrada, me sonrió cuando notó mi mirada, pero no fue creíble, ella lo estaba pasando muy mal viendo cómo me adjudicaba la culpa de todo.
Mike no se apareció, pero por lo que me dio a entender entre líneas Jessica, era que estaba haciéndole compañía a Eric en algún lugar del plantel. Bueno, después de todo ellos eran mejores amigos. No lo culpaba.
Nos enfrascamos en hablar sobre cosas diferentes, lo cual me relajó bastante; ya suficiente habíamos hablado sobre el elefante rosa como para seguirle.
—Te acompaño a tu clase —me dijo Seth cuando sonó el timbre que daba por terminado el descanso.
—No es necesario, Seth. Además… no es como si me fueran a atacar o algo. —Me encogí de hombros y los chicos me miraron con caras preocupadas—. ¡Vamos! No siempre podrán estar llevándome de un lado a otro. Yo sé arreglármelas sola, ¿está bien?
Asintieron poco convencidos, me llené de fuerzas y abandonamos la mesa.
—Cualquier cosa me llamas.
Rodé los ojos. —¿No estás como exagerando?
—Para nada, solo se trata de precaución. —Seth me guiñó el ojo y plantó un beso en mi frente. Umm—. Nos vemos luego.
Angela y Jessica me lanzaron una mirada de aprensión, me abrazaron y luego se fueron en diferentes direcciones a sus respectivas clases.
Ok, ahora estaba por mi cuenta. Tarde o temprano tendría que pasar.
Me fui al pasillo sur, donde quedaba el aula de literatura. Avancé sin mirar a nadie en particular. El pasillo estaba lleno de gente circulando todavía, y no fue sorpresa la docena de ojos que se posaron sobre mí mientras caminaba. Mantuve mis ojos fijos al frente sin brindarles atención. El corazón me palpitó fuerte, no me gustaba ser el centro de atracción, sin embargo una respiración profunda me ayudó a calmarme.
Alguien se plantó en frente de mí de repente, asustándome. Me eché hacia atrás, y ahogué un gemido por instinto.
—La dulce e inocente Bella… —dijo un chico de manera sarcástica; era alto, moreno y con una sonrisa gigante en su rostro. ¿Quién era este? Arrugué el ceño y abracé mi libreta contra el pecho con fuerza—. ¿Cómo no se me ocurrió que podías ser una fierecilla escondida debajo de esa apariencia de cachorrita?
Me crucé de brazos y pasé mi peso a la pierna izquierda.
—¿Quién demonios te crees? —dije despectiva, mirándolo fijo a los ojos azules.
—Uh, Uh. Pero qué agresiva, linda. —Me guiñó un ojo, algunos empezaron a vitorear a su favor. Era una escenita de quinta y muy cliché de secundaria—. Aunque así me gustan más; son más salvajes…
Me reí un poco con ironía.
—¿Tú de verdad crees que me fijaría en un tío como tú?
—¿Te fijaste en Eric Yorkie, no? Cualquiera podría ser tu tipo.
Apreté la mandíbula. —¿No dices nada?
—Tú no eres nadie, bastardo —dije al fin.
Todo fue uh, y gritos que me irritaron los oídos.
—¡Por favor! Lo dice la pequeña zorra con el peor de los gustos. —Me devolvió a viva voz, haciendo que el jaleo entre los que estaban allí aumentaran. Tomé aire y me preparé para poner en práctica los que Charlie me enseñó sobre defensa personal. Le iba a partir los jodidos huevos, aquí y ahora. Tiré los apuntes al suelo llamando la atención de todos.
—Ya basta, Ethan.
La voz provino de atrás, nos volvimos para ver quién era. Emmett estaba detrás de mí con cara molesta y una mirada amenazanteen sus ojos oscuros, mientras miraba al… a como sea que se llame.
Me sorprendí al verlo allí con obvias intenciones de meterse donde no lo llamaban.
—Déjalo, Cullen, no hace falta —repliqué rabiosa y me volví a Ethan de nuevo, con una sonrisa macabra en mi rostro, él me miró a mí y luego a Emmett, dubitativo—. Ya te vas a enterar lo que puede hacer una pequeña zorra bien entrenada, bastardo.
—¿Ah, sí? ¿Y qué vas a hacer? ¿Arañarme? —Se carcajeó con los hombres que nos rodeaban, todos a excepción de Emmett se burlaron de mí como los machistas que eran.
––Hombre, no debiste haber dicho eso —comentó Emmett mientras yo caminaba hacia el mentado Ethan. Él se calló la boca cuando me vio cerca; aproveché su distracción y le lancé un puño directo a la cara, que detuve en el último momento justo antes de impactar. Ethan reaccionó por reflejo y me golpeó con el antebrazo en mi costado izquierdo. Auch. Dolió como la jodida madre.
—¿Me golpeaste? ¿Golpeaste a una mujer? Guarra de porquería —inquirí tomando aire, volqué la mirada de él, a todos los que nos rodeaban, ellos tenían una expresión de sorpresa en sus caras. Sonreí mirando a Ethan de nuevo, su cara se volvió blanca como la de un papel de la vergüenza—. Defensa propia —susurré antes de tirarme contra él y asestarle un fuerte golpe con el codo a nivel del estómago que lo hizo doblarse del dolor. Gritó como una nena agarrándose el abdomen con la cara desfigurada del dolor, pero no le di oportunidad de hacer nada; antes de que lo supusiera lo cogí de los hombros y arremetí con toda la fuerza que tenía, clavando mi rodilla en sus asquerosas joyas. Ethan graznó una maldición y se dejó caer en el piso retorciéndose del dolor. Hubo solo silencio entonces, nadie dijo nada, y tampoco apartaron la vista de mí.
—Es la hija de un policía, ¿qué mierda esperabas, idiota? —Se carcajeó Emmett, acercándose más a mí, recogió mis apuntes y me los entregó.
Abrí y cerré las manos, me aseguré que todos me escucharan.
—La próxima vez que alguien más deseé meterse conmigo, más le vale que tenga alguna clase de cinturón negro, porque de lo contrario, tengan por seguro que les romperé el trasero en cuatro.
Ethan se quejó por ayuda que nadie estuvo dispuesto a darle. ¿Con que amigos, eh? Me reí por dentro.
Aun con los ojos desorbitados por lo ocurrido, fueron desapareciendo por el pasillo, como si no hubiese pasado nada dejándonos solos. Panda de cobardes.
—Yo lo llevo a la enfermería —anunció Emmett sonriente, esa era su sonrisa traviesa, la reconocí a pesar de los años, y era obvio que tenía otros planes diferentes que solo llevarlo a la enfermería.
Negué divertida por lo que sea que iba a hacerle a Ethan.
—Nos vemos —dije a manera de despedida, le sonreí y me fui sin mirarlo de nuevo directo a la clase, que por supuesto ya había iniciado cuando entré.
—Señorita Swan, llega tarde. —La maestra King me regañó con molestia sosteniendo un libro entre las manos. Se acomodó las gruesas gafas sobre la nariz y me señaló el primer asiento de la fila, al lado de su escritorio. Doblemente genial—. Siéntese de inmediato y deje de interrumpir la clase.
Caminé a donde me indicó y me tiré sobre el asiento. Aunque me gustaba leer mucho, la profesora King prefería más las estrictas clases teóricas en vez de estimularnos a leer más a menudo. Eso me enfurecía de ella, tal vez era un odio mutuo. Ella me detestaba.
La clase pasó apática como siempre, aburrida por dos largas horas antes de acabarse.
En cuanto abandoné el aula, Jessica, Angela y Seth me alcanzaron por el pasillo.
—¿Qué fue lo que le hiciste a Ethan? —chilló Jessica eufórica.
—¿Por qué lo encontraron amarrado a la reja del parqueadero? —inquirió Seth con una sonrisa.
—¿Tú fuiste la que lo noqueó? —preguntó una alarmada Angela agarrándome de la mano.
Todos hablaron a la vez bombardeándome, me sorprendí por la rapidez en la que volaban los chismes. Dios, esto era increíble, pero de alguna manera bueno también. De ese modo, ya sabían a qué atenerse conmigo.
Espera un momento.
—¿Cómo que lo encontraron amarrado? —le pregunté a Seth.
—Sí, el celador tuvo que cortar la soga con una navaja para soltarlo. Ethan estaba inconsciente cuando lo llevó a la enfermería.
Me reí pensando en el demente de Emmett y sus locuras. ¿Qué fue lo que le hizo?
—Yo lo golpeé un poco, pero no lo noqueé ni lo amarré a ningún lado —dije sonriente mientras empezábamos a caminar hacia la salida de la escuela. Ellos se rieron con fuerza, más que todo Seth, Angela sonreía nada más—. ¿Pero cómo se enteraron?
Seth se encogió de hombros y paró de reírse.
—Hay un pequeño video circulando por la escuela.
Rodé los ojos. —Se lo enviaron a todo el mundo por Whats***, ¿no?
Los tres asintieron. —Me lo imaginé —dije con sorna. Ya estaba harta de esa maldita aplicación.
Recogimos nuestras cosas de los lockers y nos fuimos caminando de la escuela. Sé que me lanzaron algunas miradas mientras nos íbamos, sin embargo, nadie fue lo suficientemente estúpido como para hablarme al respecto.
—Tengo turno en el boliche. —Seth comentó aburrido, mirándome—. Hasta aquí las acompaño, señoritas, el deber me llama. —Él empezó con ese trabajo desde el verano, los días lunes, miércoles y viernes con el fin de reunir dinero y poder comprarse una moto. Nos besó a cada una en la mejilla, y nos sonrió travieso. Cruzó la calle y se despidió del otro lado con la mano.
—Hasta mañana, Seth —le grité para que me escuchara.
—Nos vemos mañana —me respondió de vuelta.
Las tres continuamos caminando hacia nuestras casas en medio de una conversación ligera, Jessica estaba entusiasmada porque un chico la había pedido salir juntos el viernes próximo.
—Se llama Ben y es muy lindo. No sé cómo no lo había visto antes en la clase de matemáticas —dijo pensando en voz alta. Angela sonrió e inquirió:
—¿No será de casualidad Ben Cheney?
—¿Cómo lo sabes? —preguntó Jessica bajando de su nube.
—Él es mi vecino de toda la vida, nos conocemos desde que usábamos pañales —respondió con un encogimiento de hombros.
—¡Bruja! Te lo tenías guardado, mala. —Jessica la empujó un poco y ambas se rieron.
—Eh, ¿cómo me iba a imaginar que te iba a gustar?
—Debiste suponerlo.
Ángela negó y miró al pavimento.
—Él es un buen chico, espero que todo salga bien entre ustedes.
Después de un rato nos despedimos, ya que nuestras casas quedaban en distintos sectores. Prometimos hablar en la noche y cada una siguió su camino a solas.
Cuando doblé en la esquina, vi un auto plateado aparcado en la entrada de mi casa. Era un volvo plateado, para ser más precisa. Y solo había un volvo plateado en todo el pueblo. Jumm.
Avancé hasta mi casa, crucé la calle y lo vi allí sentado en el porche, fumando un cigarrillo.
Habían cosas que no se podían negar en la vida, pensé sintiéndome apaleada con la sola imagen de Edward vistiendo una chaqueta negra, camiseta blanca con un símbolo de alguna banda vieja, pantalones oscuros y tenis. Sentí que me sonrojaba de solo verlo, y es que no podía negar lo hermoso, sexy y peligroso que lucía de ese modo; con un cigarrillo, para terminar. Mi corazón danzó frenéticamente en mi pecho tan alegre como en los viejos tiempos.
Tiempos del pasado, muy del pasado, me dije tratando de arrancar la sensación burbujeante de mi corazón.
—¿Ahora me acosas o qué? —exclamé recorriendo el espacio que aún me faltaba para llegar a él. Me miró en silencio con una expresión en blanco en su rostro cincelado. No me contestó nada, después de unos segundos de esperar, me sentí algo ridícula deseando a que él se dignara a hablar—. Está bien, ¿qué es lo que quieres, Edward? —cuestioné hastiada, para que entendiera por una vez que yo tampoco estaba de humor, y que no era el único molesto allí.
Llevó el cigarrillo a su apetecible boca y le dio una calada profunda.
—¿Qué tiene Eric Yorkie que no tenga yo? —inquirió con un dejo de ira casi imperceptible bajo su voz aterciopelada.
Suspiré, lancé mi mochila al porche y me senté en el mismo peldaño que él, solo que alejada lo más posible de su cuerpo.
—¿Por qué te jode tanto? —dije de mala gana, estaba sinceramente aburrida de pelear con todo el estudiantado como para también hacerlo con Edward, en mi propia casa, de nuevo.
Él se rio casi a carcajadas, pero se trataba de una risa hipócrita, no de una verdadera.
Se pasó la mano libre por su cabello cobrizo y me miró con ojos gélidos.
—Hay una cosa que se llama orgullo, Bella. Y eso es lo que me jodieron tú y la perra de Tanya. Ahora bien, discúlpame por preguntar, ¿no? Porque es que todavía no lo entiendo. ¿Qué carajos le vieron a Eric?
Bufé y le sostuve la mirada.
—Eso es solo asunto mío.
Edward tiró el cigarrillo de golpe y se puso de pie. Tuve que mirar hacia arriba para poder verle la cara.
—¡No puedo creerlo! Si las dos me responden lo mismo, entonces tan diferentes no son —declaró casi gritando, manoteando al aire, furioso como la noche del jueves.
Me puse de pie también y, a pesar de solo llegarle al pecho, le hice frente harta de sus insultos sin razón ni fundamentos.
—A mí me vale lo que Tanya te haya dicho, y no te atrevas a volver a compararme con esa zorra en tu vida, Edward —le siseé bullendo de ira y asco mientras lo señalaba. ¿Cómo podía decirme algo así? Ya no sabía quién era Edward Cullen, pero ¡por un demonio! Sí sabía quién era yo, y no le iba a permitir que me tratara así.
—Pero si tienen los mismos gustos. ¡Que va! No solo eso, tienen todo igual.
Lo empujé provocando que tropezara hacia atrás tomándolo desprevenido.
—¡No tienes ningún derecho de decirme eso, Edward! Tú apenas me conoces.
—Nos conocemos de toda una vida, preciosa —replicó entre dientes volviendo a acercarse a mí, como si supiera de lo que hablaba y con esa actitud peligrosa y altanera.
—Te equivocas, tu y yo hace tiempo que dejamos de conocernos, ¿recuerdas?
—La equivocada eres tú —me dijo de vuelta con ira.
—Deja de ser tan inmaduro y asume que desde hace años dejamos de ser amigos —sentencié sin tapujos.
Apretó los labios en una firme línea, murmuró algo que no entendí y me agarró por los hombros.
—¿Me vas a responder? —me preguntó bajo su aliento, estábamos demasiado cerca uno del otro y, para mi mala fortuna, se sentía tremendamente bien. Parpadeé y me mordí el labio viendo sus ojos verdes brillar al mirarme. En ese mismo instante, sentí que todo se movió bajo mis pies. Estaba fuera de mí misma y su tacto solo hizo empeorar la situación.
Él jodidamente me tenía.
—Está bien. ¿Quieres saberlo? —dije algo temblorosa, esperé a que me respondiera, sin embargo él no lo hizo esta vez—. ¿Edward?
Frunció el ceño y se alejó, dejando un espacio prudente entre los dos. Se agarró el puente de su nariz, exasperado.
—Sí, dímelo de una vez.
Tomé una larga inspiración, libre de su olor mentolado y a tabaco, y me dispuse a decirle la verdad.
—Lo voy a decir una sola vez, así que no quiero que me interrumpas —le advertí mirándolo seria. Edward se sentó de nuevo viéndome con atención, esperando—. Eric es un maldito imbécil. El peor de todos. Así es, lo detesto. Nada de esto tiene que ver conmigo realmente, porque no era yo la que estaba en su auto aquella noche.
Me crucé de brazos y permití que la ligera incertidumbre calara dentro mío, no tenía idea de cómo iba a reaccionar.
Pero él no lo hizo; se quedó sentado, mirándome fijo como una estatua griega.
—No puedes estar hablando en serio —murmuró, pasándose las manos convulsivamente sobre el cabello luego de unos segundos—. Tú… —Dejó de hablar y se puso en pie otra vez—. Tú no lo negaste cuando vine a verte, ¡estás mintiendo! —rugió con la cara pálida.
—Yo tengo mis razones y por eso no te lo dije —dije calmada y a la espera de que me creyera al menos. Ya estaba cansada de que él estuviese descargando su ira y su decepción en mí.
Me miró en completo silencio por varios minutos.
—¿Qué razones? —me preguntó en voz baja; yo le iba a decir que no había necesidad de entrar en detalles cuando me interrumpió—. Te han dicho cosas horribles en la escuela, peleaste con un imbécil incluso. ¿Qué razón es esa tan importante? —dijo paranoico, era obvio que no me creía nada.
Yo sonreí con tristeza, cerré los ojos porque no quería verlo más; dolía pensar que durante años Edward no me llegó a conocer realmente.
—Tú no lo entenderías por más que te lo explicara.
—Inténtalo —exigió con voz gruesa—. Dime cual es esa razón por la que has pasado todo esto, innecesariamente. —Abrí los ojos, obligada a decirle lo que pensaba. Él estaba más cerca y otra vez pude oler su aroma corporal.
Observé su mandíbula apretada y la pequeña vena de su frente lucía más notable ahora.
—Por amistad y lealtad, por eso lo hago.
Él abrió bien grande los ojos e hizo un gesto con la boca como una mueca caprichosa. Dejó caer su aliento delicioso sobre mi rostro al respirar de lleno sobre mí.
—Tú no sabes nada de eso. —Continué, era algo que tuve atorado durante años en la garganta—. No era yo en esa foto, pero tú, como el resto, creíste que lo era antes de preguntarme. Y no me sorprendió, la verdad.
—¿Qué dices? —Arrugó más el ceño, sin terminar de creerme por completo.
—Lo que escuchas. No era yo la de la foto y no te interesa saber quién es en realidad. ¿Feliz? Ya me puedes dejar en paz. —Me aparté de él y cogí la mochila del piso para entrar a mi casa. Todo estaba aclarado ahora, él tenía su respuesta al fin y yo podía seguir con este show en la escuela sin inconvenientes.
Pero Edward me detuvo agarrándome del brazo, me tiró para quedar otra vez en frente de él.
—Debiste decirme eso mismo aquella noche —susurró mirándome intensamente, sus ojos verdes brillaron hermosos. ¿Cuándo había sido la última vez que contemplé sus ojos tan cerca? Años… tal vez. El verde en sus ojos solo podía compararse con las inigualables esmeraldas.
Todavía poseía ese magnetismo que me encantaba, como si sus ojos pudiesen leer más allá dentro de mí. Eso además de reconfortarme me asustó de aquí a la luna, porque no podía permitir que viera lo lastimada que estaba por él.
—Ya te dije, estaba protegiendo a una persona realmente importante para mí.
Bajó la mirada y sonrió un poco, como si hubiese tenido algún pensamiento significativo de pronto.
—Entiendo.
Asentí estando en paz conmigo misma, por fin ya no habría más gritos entre nosotros, umm bueno ya no habría nada más entre nosotros ahora que estaba aclarado todo.
—Ahora que lo sabes entonces… —Levantó la mirada, todavía con el ceño fruncido.
—¿Esa persona es realmente tan importante? —Cerré la boca, no tenía idea a donde quería ir con eso.
—Es obvio que sí —dije, encogiéndome de hombros.
—¿Tú harías algo así, por mí?
—No te entiendo.
—¿Pondrías en juego todo por mí como lo hiciste por tu amiga?
Mordí mi labio inferior y miré a otro lado.
—Es distinto, Edward, tu y yo no somos amigos.
Una expresión llena de resignación atravesó su cara, y por un segundo me sentí horrible por haber dicho eso.
—Sí, lo sé —dijo y yo tomé una larga respiración, no estaba segura de cómo debía sentirme justo ahora, todo fue revolución mezclada dentro mío: culpa, tristeza, cariño, decepción me jugaron una mala pasada—. ¿Eres feliz ahora? Es decir, ¿tus amigos te hacen feliz?
Sonreí en seguida al pensar en los atolondrados y geniales amigos que tenía ahora y sí, fue instantáneo.
—Ellos me hacen realmente feliz, no tengo dudas de eso.
Dejó ir mi brazo y consiguió dar dos pasos hacia atrás antes de decir: —Me alegra escuchar eso. Espero que ellos sepan valorarte.
Algo se me atragantó en la garganta. ¿Por qué tenía la sensación de que se estaba despidiendo?
—Edward, espera un segundo —lo llamé cuando dio media vuelta para irse, él me miró con sus cejas cobrizas alzadas—. Yo… nosotros también fuimos geniales juntos, es solo que las cosas cambiaron ahora. Y, pues, no tengo ningún problema en hablar contigo, no sé, tal vez en la escuela o aquí de vez en cuando —dije al borde del sonrojo, las cosas habían terminado mal entre nosotros hace cuatro años, pero eso no quería decir que lo detestara o lo odiara del alguna manera. Edward siempre iba a ser una persona valiosa en mi vida, por más que se haya equivocado y tomado malas decisiones que terminaron por alejarnos.
—Me parece bien —dijo dándome una encantadora sonrisa de las suyas, de medio lado. ¡Bum! Algo se destartaló en mi cerebro porque el calor empezó a brotar calcinando todo rastro de juicio. Para esconder mi absoluto sonrojo dejé caer algo de mi cabello sobre la cara, asentí y entré a mi casa casi que corriendo. Cerré la puerta y me recargué en esta, tratando de estabilizar algo mi respiración.
Un rato después escuché su auto al encenderse y luego las llantas sobre el pavimento.
Dios, suspiré dejando ir todo el aire por la boca y me quedé allí por lo menos veinte minutos, dándole vueltas a lo que acababa de pasar, como una masoquista triunfadora.
Rodé los ojos a mí misma, deja de ser tan loser, me reprendí apartándome de la puerta al fin. Ya debía ser bastante tarde así que empecé a hacer la cena de Big Swan.
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—Llamó tu madre. —Detuve el tenedor con ensalada que había estado por meter a mi boca y miré a papá—. Dice que Phil va a firmar un contrato con la liga menor de Chicago.
Asentí y me concentré en la comida, no tenía nada que decir a eso.
—Bella, tu madre estará más cerca ahora. ¿Acaso no te alegras? —preguntó Charlie dejando los cubiertos sobre la mesa para mirarme—. Pensé que te iba a caer bien la noticia.
Cogí toda mi fuerza de voluntad para no bufar en la mesa, eso solo lo haría empeorar.
—No creo que exista diferencia entre Nebraska y Chicago, papá. Igual, si a ella le importara algo, haría lo que fuera por venir a verme, sin importar la distancia. —Me encogí de hombros, a pesar de la mirada reprobatoria de Charlie—. Sabes que es así, papá.
Movió el bigote oscuro de un lado a otro dándome una mirada neutral, alzó la ceja izquierda y con un carraspeó dio por terminada la conversación. La cena fue increíble después de eso.
Renée se fue de casa cuando yo tenía ocho años de edad. Se fue como ella me dijo en ese entonces "a domar el mundo". Charlie estuvo devastado por meses, sin embargo jamás me desatendió o me dejó a la deriva como sí lo hizo mi madre. Ella era una señora mayor con anhelos de una adolescente, inmadura y llena de una vitalidad de la cual yo carecía o comprendía. Siete meses más tarde envió una carta con los papeles del divorcio a Charlie desde la ciudad de Nueva York, diciendo en una carta adjunta que se iba a volver a casar y que necesitaba agilizar el asunto. Palabras textuales.
Un amor de madre y esposa, pensé con ironía.
—¿Y cómo te ha ido en la escuela? —Charlie me lanzó una mirada rara que no pude descifrar. Me senté derecha y piqué un poco más de ensalada con el tenedor haciéndome la ignorante.
—Bien, nada fuera de lo común.
—¿Y, entonces, por qué me llamó el rector Larry a decirme que no asististe a ninguna clase durante la mañana? —Lo miré sorprendida, era obvio que estaba atrapada.
Pensé un segundo, dos, tres, cuatro… y nada se me ocurrió.
—¿Y bien? —Me presionó a hablar.
—¿No me sentía bien? —Oh rayos, Bella, ¿no puedes decir ni una sola mentira piadosa a tu papá? Nefasto, en serio.
Charlie entrecerró los ojos y yo me di por muerta.
—Está bien… es que hay un chisme volando en la escuela, pero es todo mentira. No quise entrar a clases porque me sentí incómoda. Listo, lo dije. —Seguí comiendo como si nada, llenándome la boca para no tener que hablar en un buen rato.
Papá no me preguntó nada más, así que me regocijé en ello.
¡Librada!
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—Eric me llamó ayer en la noche —murmuró Angela mientras caminábamos por el pasillo de la escuela que daba a la parte trasera, hacia el gimnasio—. No le digas a Jessica, por favor, ella puede volverse loca con esto —me pidió algo preocupada.
Estábamos en la escuela y el ambiente era más relajado a nuestro alrededor. Al parecer mi encuentro con Ethan el día de ayer habían mejorado bastante las cosas. Los hombres se abstenían de decirme cosas hirientes o vulgares, ahora solo eran las chicas huecas las que seguían con sus cometarios patéticos, eran inofensivas en su propia ignorancia; así que bien, la tormenta estaba pasando como lo predije.
Asentí.
—No hay problema.
Angela suspiró y colgó su brazo con el mío.
—Me pidió perdón por no haberme dicho que ya estaba con alguien, bueno con Tanya, cuando… bueno, cuando sucedió lo nuestro. Y que sentía todo el problema en el que nos había metido a las dos. —La escuché atenta a sus expresiones, ella se veía mejor, y aunque me hablaba del bastardo de Eric, no parecía estar acongojada por ello.
Le sonreí. —Todavía lo detesto mucho, no se me ha olvidado para nada lo que te hizo; sin embargo, por lo menos dio la cara, aunque hubiese sido solo por teléfono.
—Lo sé, al menos quiso hacer algo bien.
Llegamos al gimnasio y nos sentamos en las gradas de arriba, hoy nos tocaba la clase de deportes y ya nos habíamos cambiado a sudadera y pantalones cortos para hacer ejercicio. El profesor Grace estaba colocando algunos obstáculos en la cancha de baloncesto con ayuda de un estudiante.
Miré a los que estaban más abajo de nosotras, y entonces lo vi. Edward estaba sentado al lado de Alice, su hermana melliza, no muy alejados de nuestra posición. Esta era la única clase que compartíamos y se me hizo extraño que, por primera vez en este año, hoy tuviese ansiedad debido a su sola presencia.
—¿Será que Tanya y Eric todavía están juntos? —Angela atrajo mi atención de vuelta. Me crucé de brazos pensando.
—No tengo idea. Quizás. ¿Quién sabe? —dije relajada, aunque por dentro estaba algo triste por mi amiga. Me mordí una uña preguntándome si Angela estaba aún esperanzada con Eric, me imaginaba que aún era muy pronto para que se lo sacara de la cabeza.
Ella me quitó la mano de la boca dándome una dulce mirada de advertencia.
—Ya deja de hacer eso —dijo regañándome.
Sonreí y asentí.
El maestro nos llamó para que tomáramos posición en la cancha al fin. Nos explicó que debíamos dar diez vueltas a la cancha pasando por dichos obstáculos sin aminorar el ritmo en ningún momento. Prueba de esfuerzo, me imaginé.
Sonreí ligeramente y Ángela me miró extrañada.
El maestro dio inicio a la actividad con un pitido. Cada uno fue empezando la carrera de obstáculos con una diferencia de al menos cinco segundos para no tropezarnos uno con los otros. Dejé que todo el mundo fuera al frente mío y luego empecé, al último lugar.
—¡Swan, más rápido! —me gritó el profesor.
—¡Este es mi ritmo, profesor! —Me reí mientras continuaba con el ejercicio de "caminata rápida", mientras los demás corrían a toda prisa para terminar más rápido. Eran dos horas, me dije, lo que abundaba era tiempo—. Si voy más rápido me puedo romper las cervicales.
Pasé los objetos ubicados en medio de la pista con toda la calma posible, casi que dando pequeños brinquitos en cámara lenta. Logré escuchar a la perfección los regaños del maestro a mi espalda, aun en la distancia por mi ineficiente manera de atravesar la prueba.
—Te voy a reprobar, ¿eh? —me dijo cuando di la vuelta al circuito de obstáculos y me lo encontré de frente.
Bufe y seguí a mi propio ritmo como si no lo hubiese escuchado.
Al cabo de los minutos algunos me sobrepasaron, riéndose de mí. Para lo que me valía.
De pronto una mano se cerró entorno a la mía y el cosquilleo que sentí casi me hace caer de bruces contra el suelo.
—¿Quieres dejar de ser tan payasa? —Se rio Edward dándome una mirada intensa y jalándome a su propio ritmo me hizo acelerar el paso.
—O-Oye, Edward, espera que me caigo. —Era en serio lo de las cervicales. Mi pastosidad era real e histórica, arrugué el ceño y traté de soltarme pero él no lo permitió—. Está bien, entendí el punto, pero déjame que me caigo.
Edward me miró con malicia a la vez que negaba con la cabeza. Algunos cabellos se le quedaron pegados a la frente por el sudor. Hermoso. Parpadeé viéndolo casi como una idiota enamorada, casi, porque yo no lo quería de esa forma. Al menos ya no.
—¡Esto no es un ejercicio en pareja, Cullen! —gritó a viva voz el profesor desde la misma posición. Entre los dos íbamos a provocarle algún accidente cerebro vascular, su cara estaba roja de la furia.
Me reí de buena gana por el regaño.
—En serio te pasas.
Lo miré inocente.
—No sé de qué hablas, señor hipócrita —le respondí ocultando mi sonrisa.
—¿Hipócrita, yo?
—Claro, ahora nos van a reprobar a los dos si no me sueltas.
Me picó un ojo y finalmente me dejó ir. Disminuí la velocidad de mis pasos y esperé a que se adelantara como lo estaban haciendo todos los demás. Angela me sobrepasó y me lanzó una mirada curiosa que solo podía significa un: "cuando la clase acabe, hablamos sí o sí".
—¿Qué crees que estas haciendo? —le pregunté a Edward luego de unos minutos cuando se quedó detrás de mí, sin hacer amago de querer sobrepasarme.
—Vigilo que termines la prueba —dijo socarrón.
Rodé los ojos y miré al frente de nuevo, era demasiado peligroso no ver la pista, si de por sí viendo y caminando sobre una superficie lisa y sin nada en el camino me caía… no quería pensar si no miraba a la pista atestada de cosas.
—Haz lo que quieras —dije saltando un cono naranja. ¿Cuántas condenadas vueltas iban ya?
Después de diez minutos, no tenía aire en los pulmones. Me tiré en las gradas y me puse un brazo sobre los ojos sintiéndome agotada. Por fortuna había terminado la prueba con Edward apurándome todo el rato.
La respiración la tenía por los cielos y el sudor corría por mis sienes como si me acabara de duchar.
—No quiero verte cerca de mi hermano otra vez. —En medio de mi inspirar y expirar arrítmico, escuché la voz afilada de Alice amenazándome. Me retiré el brazo de la cara y me incorporé. Ella estaba al frente mío con las manos en jarras y mirándome con unos ojos llenos de frialdad.
¿Qué?
—Perdón, Alice, pero tú no eres nadie para decirme con quién me junto o no. —Me puse en pie y me fui a buscar a Angela, que se encontraba hablando con el profesor. Pero entonces ella se me adelantó y me bloqueó el camino.
Me señaló con su dedo índice con ira.
—¿Ya olvidaste lo que te hizo hace cuatro años? —Sonrió de manera maligna—. Emmett me lo contó todo, y déjame decirte que ni en ese entonces ni ahora eres lo suficientemente buena para estar con Edward.
Fueron atronadores los golpes que recibí por cada palabra que me dijo.
Parpadeé una docena de veces intentando acallar las ganas que tenía de llorar de solo recordarlo. Por un momento me dejé dominar por el pesar; pero me dije: las cosas eran muy diferentes ahora. Yo no sentía eso por Edward, no del modo tan intenso y puro como en aquel entonces.
Me había hecho fuerte y dura con los años, arranqué de mi aquel sentimiento con mucho esfuerzo de por medio.
No entendí las motivaciones de Alice para tratarme de esta forma tan despiadada y cruel, sin embargo no iba a doblegarme como ella pretendía.
––No se me ha olvidado nada, Alice, pero ten por seguro que esa etapa de mi vida ya la superé, y si Edward quiere hablar o no un rato conmigo, ese no es tú problema. —Apreté los labios y ella hizo una mueca retadora alzando la barbilla—. Que te quede claro que ya no estoy enamorada de tu hermano.
Entrecerré los ojos y la desafié a que me dijera algo más, Alice no tenía el poder necesario para herirme.
—¿Qué has dicho, Bella? —La dos giramos sorprendidas para ver a un Edward totalmente pálido detrás de mí. La respiración se me atoró en la garganta, las manos me sudaron frías y me quise morir justo allí de la vergüenza.
Gracias por la acogida del Fic, por sus mensajes de aliento y por dejar lo que pensaban en los rr :)
También quería agradecer a todas las niñas del FFAD que me regalaron 30 likes :* muaxx todas son unos amores por apoyarme en esto.
adyperales: Hola linda gracias por tu mensaje, pues como vez si se basa en algo que me sucedió, en los sentimientos que enfrenté en aquellos momentos; y por supuesto que tendrá un final feliz, no te preocupes por eso. Gracias por tomarte el tiempo de escribirme muaxxx. Tata xoxo: Gracias inmensas por dedicarme un espacio de tiempo y leerme :) Bueno como puedes notar la actitud de Edward es muy voluble e impredecible, y oculta cosas que se sabrán para el 3er capi y es en este mismo que se revela la verdad tras la ruptura de su amistad y el por qué. Gracias de nuevo muaxxx. Melanie Lestrange: A mi me encanta que te haya gustado la historia muaxxx, gracias por leerme. Linda: Por supuesto querida, ya voy por el cuarto capi muaxxx, gracias y saludos. Kokoro-Yolin-Chan: Hola gracias por leerme, pues en el tercer capi se sabrá muajajajaja muaxxx. ZarethMalfoy: Gracias por leerme y saluditos también para ti, muaxxx. Karla risi: Hola! Gracias por leerme, si pues Edward al parecer le ha dolido más que Bella estuviese con Eric que su novia le haya puesto los cuernos…. Cositas que se sabrán más adelante, así como la razón por la que rompieron su amistad…la verdadera y la aparente razón saldrá al descubierto en el 3er capi. Gracias por ficharme muaxxx ;) Emmett McCartys Angel: Hola! Gracias, estoy muy alegre de que te haya gustado la historia, jejejeje espero que me sigas y no me quieras matar después… :/ jejejejejeje no mentis, gracias de nuevo muaxxxx. Blapagu: Hola! Gracias por leerme, pues a veces es necesario ver perdido lo más apreciado para por fin reaccionar no crees? Karma, dulce Karma… jejejejeje, y sí la historia tiene un trasfondo real, a veces yo me pregunto cómo no me desmoroné al perder a mi mejor amigo…. Quizás fue porque otros mejores lo reemplazaron… saludos y otra vez gracias por leerme.
MarieLizCS
