Quiero ser escritora
26º
Brasas de fuego
¡¿Cuántas cosas raras me han pasado en este fin de semana de locos?! Para empezar, nunca había ido antes a un gimnasio y la primera vez que fui a uno ¡el idiota me besó los labios! (¡oh-mi-DIOS! ¿se habrá dado cuenta cuánto tiempo estuve fuera de práctica? ¡Uh! Ya han pasado años desde mi último beso y... ¡¿pero en qué demonios estoy pensando?! El maldito bastardo me robó un beso, ¿por qué no han inventado multas contra los besos robados? Yo sé la respuesta a eso y es que todos los funcionarios públicos son hombres, ¡aj!), después no logro discernir qué siento: Si avergonzarme porque mi hermana le gustó a Raimundo como cuñado o que, de pronto, me haya parecido que el Raimundo cínico y blandengue que veo todos los días sea una pantalla para ocultar a un hombre herido, misterioso y tan sexy... No sé qué diablos pasó conmigo, pero en cuanto me soltó ese cuento chino sobre el matrimonio le creí con fervor. Estaba a punto de ensayar mi papel de zorra mimosa cuando el hechizo se rompió y los caballos se convirtieron en ratones y la carroza volvió a ser calabaza (hablo cuando me hizo aquella pregunta tan extraña sobre mi escritor favorito).
Y, por último y no menos importante, ¡a qué no adivinan quién llamó! ¡¿se rinden?! Bueno, ¡está bien! Se los diré... ¡Guan! ¡¿si se acuerdan de él, no es así?! Fue mi guardaespaldas, el que me adiestró en el kickboxing. Es un gran e íntimo amigo y un compañero de juegos. Yo tenía siete años cuando llegó a nuestra casa, me acuerdo que mi padre mandó acomodar una habitación cerca de la mía. Papá era un hombre de negocios importante y temía que quizás alguien quisiera hacerme daño, por eso contrató sus servicios. Sin embargo, el único peligro que tuvo que afrontar fue usar delantales rosas y hornear galletas con chispas de chocolate, jugar a las muñecas, hacer de caballito, columpiarme, cargar mis compras y leerme cuentos para dormir cuando papá no podía. No, Guan era mucho más que un simple protector.
Yo lo veía igual que un tío (mi familia es muy reducida, mi padre es hijo único, mis abuelos de parte de mamá y papá murieron y además de Tomoko, no hay nadie más). Estoy segura que tanto mi hermana y mi padre piensan lo mismo. Había recién cumplido los catorce cuando le imploré que me enseñara defensa personal. A él le pareció una estupenda idea y aceptó. Mis músculos me dolían, mis huesos tronaban y siempre terminaba con algo húmedo en mi mejilla. No se le podía quitar que Guan era un maestro exigente, pero también disciplinado. Lo que más me gustaba de él era su espontánea sinceridad, aun me acuerdo algunos de sus chistes sarcásticos. También lo animaba que se consiguiera una novia y planeé varias citas a ciegas, pronto iba alcanzar los cuarenta y no tendría a nadie que lo cuidara, tampoco ser guardaespaldas significaba quedarse sin familia. Esa soledad en la que se sumergía a veces me asustaba. Sin embargo, él era muy cerrado en ese aspecto.
Imagino que por esa razón, de que sabría cómo cuidarme, Guan no titubeó cuando presentó su renuncia. Yo pensé que se había retirado, pero la verdad es que no me dio justificaciones de ningún tipo por qué lo hizo. Ahora está trabajando en la comisaría como delegado, gana bien (el sueldo suficiente para un soltero) y vive arrendado en una casa. ¡No llamó por eso que están pensando! Todo está bien, quería saludarme, preguntar por mi familia e invitarme a su casa puesto que hace tanto tiempo que no hablamos. Ya les expliqué que somos buenos amigos. Acepté. Es una lástima que no pueda ser hoy.
Kei y yo habíamos planeado salir de compras, después de que saliera de mi trabajo de cuida mascotas. Casi no hablé. Kei estuvo refiriéndome las tácticas que usó para atrapar a Clay. ¡Oh-mi-Dios! No me lo creo —muero de la risa— ¡esta mujer es mi ídolo! Fingir una indigestión para que la cuidara todo un día, convencerlo del prestigio del barrio en que vivía, exhibiendo sus tarjetas de créditos, todos los números de karaoke (mientras yo prefiero mover el cuerpo, Kei le gusta cantar y ¿saben qué? Tiene una voz hermosa, en mi opinión) y las veces que lo invitó a comer, aun cuando haya terminado de ingerir un menú de cinco estrellas, decía que no había almorzado. ¡Todo para pasar tiempo juntos! Siendo así, Clay no tenía excusa para no enamorarse...
—Allí estábamos —dijo mientras admirábamos los diseños de Calvin Klein para damas—, le dije que me hiciera el favor de llevarme en su coche hasta el aeropuerto, sólo que le di la hora incorrecta y como era de esperarse, llegamos tarde y perdí el último avión. Estábamos muy lejos para regresar a casa y sugerí quedarnos en un hotel...
—¡Alucino! Clay no podía dejarte sola sin asegurarse que estabas bien y se quedó contigo.
—¡Qué lástima que el hotel no permitía que compartiéramos habitación por tener apellidos diferentes y porque había más de una habitación disponible! —sollozó haciendo pucheros. Entonces sonrió radiante—, ¡pero me las ingenié que se quedara conmigo!
—¡Increíble! —me eché a reír sacudiendo la cabeza mecánicamente. Kei suspiró.
—¡Ay Kimi! Espero que tú también encuentres el amor algún día de estos.
—¿Quieres que tenga novio, Kei? —pregunté sin dejar de sonreír.
—Yo quiero que no estés sola, ¿qué hay de malo en eso? —repuso seria—. Según la revista Vogue, el 25% de las personas pasan menos tiempo al lado de sus amigos porque están más con las personas que aman. El otro día que fuimos al cine a ver esa película que está muy de moda ¿cuál era su nombre? —Chasqueó los dedos— ¡ah sí! Gustos Personales. Dejé mi abrigo; gentilmente se quitó el suyo y me lo puso en los hombros, disfrutamos de la función abrazaditos... ¡Dios! ¡Qué encanto de hombre! ¡Gracias, Kim!
—¿A mí? ¿por qué?
—¡Porque de no ser por ti no habría conocido a mi pastelito! Estoy convencidísima, ¡somos el uno para el otro!
¡¿Pastelito?! ¿y cómo llamará Clay a Kei? ¡¿mi cubierta de frambuesa?! Solté una risa entre dientes imaginándomelo. El amor nos hace retroceder en el tiempo, me pareció que estaba conversando con una colegiala enamorada acerca de su primer amor. La verdad es que no hay nada en el mundo que le quite la razón a Kei, mientras iba a disfrutar con Clay me sentí sola. Me gusta tener mi espacio personal de vez en cuando, pero asimismo estar rodeada de personas a ratos. Creo que no corro peligro de quedarme sola por una temporada. Tengo al temible Omi, a Tomoko, a mi padre, a Jack... sí puedo estar bien sin novio ahora. De Calvin Klein salimos a Banana Republic. ¿Ustedes creen en el amor a primera vista? ¿conocen esa sensación que les ordena que deben comprarlo? Si yo no lo sabía antes, lo sé ahora. Compré unas deliciosas botas Channel que me compensaba los zapatos que vi en Manolos, ¿todavía se acuerdan? ¡Me choca esa nariz respingada! Mientras caminábamos, en los almacenes ya habían colgado ofertas de navidad para electrodomésticos, ropa y juguetes... ¡¿pero cómo?! ¡¿Tan rápido?! ¡Si apenas estamos en octubre! ¡Faltan dos meses para diciembre! Supongo que la gente se lanza a comprar desde ahora para tenerlo todo listo.
—¡Kim mira! —señala Kei.
Giré sobre mis talones, ¡qué raro! He ido al centro comercial Loel ciento cincuenta veces y nunca antes había pasado por esta tienda de ocultismo. El anuncio más exagerado que haya visto: Una bola de cristal acunada entre dos manos, debajo estaba el epígrafe con el nombre del local. No había puerta, de punta a punta colgaba un cortinaje azul eléctrico y salpicado en escarcha. Una pizarra negra estaba colocada a un lado, escrito en letras grandes: "¡Venga y conozca su destino! ¡No se arrepentirá!". Ver esto me recuerda a Tomoko y su cháchara sobre los chakras y la sección de horóscopo en Cosmopolitan con miles de subscriciones de mujeres aburridas y supersticiosas. ¡Cielos, puedo escucharme como Raimundo! ¡Aj!
—¡Vente Kimi! ¡Vayamos a ver! —animó Kei, tomándome de la mano. Me liberé.
—No, creo que no. Mejor ve tú. Yo me quedo aquí esperándote.
—¡¿Por qué?! ¿vas a abandonar a tu mejor amiga justo ahora? No tiene ningún sentido si tú no vas...
—No te voy a abandonar, es que conozco el curso que toman estas cosas y me parece que... —no quería decirle que el esoterismo era una basura para no herir sus sentimientos. Pero la perspicaz Kei leyó mis pensamientos.
—Te entiendo, yo tampoco me fío mucho en las supersticiones, ¡pero es divertido! ¡No me vas a decir lo contrario! Anda Kim, será lo mismo que beber una cerveza: Gastar dinero en porquerías con fines de entretenimiento. ¡Después nos estaremos riendo de esto! ¡ya verás!
El ánimo de Kei era tan contagioso que terminó por persuadir mi respuesta a último minuto y pasamos al interior. Había dos habitaciones por lo que pude ver. Cachivaches y artilugios estrafalarios. De todos ellos, sólo reconocí el atrapa sueños que fue un regalo de Tomoko a los quince años por correo en uno de sus viajes al exterior. La caja registradora estaba sobre un escritorio de madera. Esculturas extravagantes y plantas exóticas en cada rincón. Los repisas están repletos de frascos redondos y rectangulares, grandes y pequeños, con líquidos de todos los colores. Me dio la impresión que uno de ellos se movía. ¿Drogas? ¿Especias? ¿Alucinógenos? Traté de leer las etiquetas, pero me distrajo otra cosa: El impenetrable olor a canela que desprendían unos inciensos, metidos en una jarra encima de un periódico. Tosí y me tapé la nariz. Cuando los olores son muy fuertes me afectan y no consigo respirar.
—Pueden pasar al frente, queridas —susurró una voz gélida.
La otra habitación estaba separada por una cortina de lentejuelas rojas, en contraste con el tono azulado de la anterior. Yo fui la primera en pasar porque en serio quería alejarme de la peste. Escuché unas campanillas titilar. Aquí se estaba mucho más cómodo. En una mesa circular cubierta por un mantel rojo y estrellas doradas había una diminuta bola de cristal. Sentada allí una mujer con exceso de rímel y delineador en los ojos y cabello ensortijado, parece que se hizo un tinte. Tenía el típico aspecto de una farsante: Vestía ropas holgadas, aretes gigantescos, numerosas pulseras y collares.
—¡Bienvenidas mis niñas! Estaba esperándolas con ansias, llegaron en el momento exacto —dijo mirando por el rabillo del ojo el reloj de pared detrás de nosotras. Kei me propinó un codazo en señal de simpatía.
—¡Guau! —exclamó Kei, menos muda que yo— un gusto en conocerla...
—Lady Alice —completó.
—Lady Alice —asintió—. Mi amiga y yo queríamos una consulta acerca de nuestro futuro.
—Por supuesto pero me temo que tendrán que ser atendidas en sesiones individuales. Si las tengo a las dos en esta misma habitación las lecturas se superpondrán y no habrá claridad, una tendrá que esperar afuera mientras tanto ¿presumo bien si no hay inconvenientes?
—No nos molesta esperar —volvió a contestar Kei.
—Qué bueno, ¿quién quiere ser la primera? —inclinó la cabeza, sus ojos fríos me estaban mirando fijamente— ¿qué tal tú, cariño?
Kei me sonrió y me hizo un ademán, salió de la habitación. Yo vacilé por un instante, como no iba a salir sin que me hicieran la fulana lectura. Me senté.
—Y bien dulzura, ¿qué te gustaría saber? —era una pregunta retórica puesto que ni me dejó pensarla un segundo— ¿del amor? Las jóvenes de tu edad se me acercan para preguntarme si sus novios las engañan o cuando el hombre de sus vidas tocará sus puertas —comentó—, lo que ignoran es que una médium no es una sexóloga o una psicóloga. —la mujer se aclaró la garganta y se echó hacia atrás el pelo, presionó la bola de cristal con dos dedos de cada mano—. Ahora, mira la bola de cristal y busca la verdad máxima. Concéntrate y no pienses en nada más —suspiró hondo y con voz ronca dijo—: te vas a casar a los veinticinco años —no me sorprende su respuesta y puede que sea verdad. Puse muy en claro qué pensaría en los estudios primero, me graduaría, buscaría un empleo adecuado a mi profesión, sacaría un post-grado y cuando tuviera seguridad económica, pensaría en casarme con mi novio— vas a tener gemelos un año después de que se efectúe tu matrimonio —¡¿GEMELOS?! Bueno, yo dije que quería tener dos o tres adorables niños, pero después de cuidar a Omi, pensé en tener un hijo nada más.
—¿Cómo es mi marido? —Lady Alice frunció el ceño como si no esperara la pregunta, me pareció extraño si es que ha atendido varios casos de mujeres desesperadas— ¿es guapo?
—La bola de cristal no es precisa —¿Pero si es precisa para tomar nota del tiempo en que vaya a tener mis hijos? La mujer posó sus ojos lentamente en mí—. ¿Te burlas, no es así? Tú no crees en estas cosas, para ti no son más que patrañas, pero si crees en Dios —era una afirmación más que una pregunta. Yo permanecí callada—. Dime una cosa, ¿cómo puedes creer en Dios si tú no lo has visto ni tienes pruebas de que haya respondido a tus plegarias y no crees en el ocultismo que tampoco has visto ni tienes pruebas de que sea cierto? Todo lo que ves hoy antes también eran patrañas, sólo la fe las transformó en algo tangible —metió la mano detrás de mi oreja, sopló su puño y me mostró una galleta de la fortuna— así. Deberías oír a Tomoko más seguido.
—¿Conoce a Tomoko? ¿ella ha venido antes? —si conoce a Tomoko, sabe quién soy yo y, por lo tanto, la respuesta tan cercana a mi plan de vida. Pero Lady Alice ignoró la pregunta.
—Nunca subestime el poder de la fe, señorita Tohomiko. Hay niebla en la bola de cristal… eso quiere decir que estás atravesando un estado de confusión, más adelante veo angustia y arrepentimiento, empero luego veo felicidad. Es decir, antes de alcanzar la alegría tendrás que afrontar una situación dura. Nada serio ni tampoco fácil. Uhm ¿qué es esto? Parece que son brasas de fuego, ¿te dice algo? —sacudí la cabeza—, también veo...
—¡No me diga! Va a advertirme que estoy en un grave peligro —puse los ojos en blanco. A casi todas las chicas les advierten accidentes trágicos.
—No, a ti no. Pero dos hombres que tú conoces sí. Uno es alto y el otro es muy pequeño, la maldad los está acechando. Quisiera decir más, pero... empieza con una "o" y termina con otra "o" —se interrumpió y llevó una mano a su mandíbula, ensimismada—. Sí, es la letra O. Debes avisarles, tienen que prevenirse de otro hombre, te podría dar más datos; pero esta habitación está a prueba de vibraciones negativas, interfiere con las lecturas...
—Pensé que íbamos a hablar del amor —interrumpí fastidiada. Se supone que iba descubrir nuevas cosas en mi futuro, ¿entonces qué tienen que ver esos dos hombres? ¡Por favor, esta mujer es una farsante!
—Del amor no hay casi nada que decirte —se encogió de hombros— tú lo tienes todo, pero pareces no darte cuenta y acabas lastimándote sin necesidad. Lo único que puedo hacer, es darte esto —me tomó de la muñeca y alargó mi brazo, puso la galleta que había sacado de la oreja en la palma y cerró el puño. Sin soltar mi mano, me dijo—: no hay peor enemigo del ser humano que sí mismo y tu alma se oscurece, dulzura, cada vez más. Indícale a tu amiga que pase adentro. —se apartó. Yo me paré de golpe y me di la vuelta— señorita Tohomiko, no olvide lo que hablamos.
Ni siquiera volteé a verla. Salí y automáticamente Kei se giró hacia mí. No dije nada, con el pulgar señalé atrás de mí. Keiko cruzó como flecha. Abrí mi mano, tenía la galleta. Me la comí y cuando comencé a masticar, mi lengua sintió algo raro. Tiré de mi boca una tarjeta con un pequeño mensaje:
Los prejuicios son un acto derivado de la desconfianza. Entérate antes de juzgar o acabarás perdiendo mucho más de lo que te imaginas.
Solté un bufido, estrujé la tarjeta y la metí en el bolsillo. Si hubiera sido una mujer ingenua, habría pensado que me quería advertir algo sobre mi relación con Raimundo. Claro, yo no le creí. Me sentía como una niña pequeña que acababa de ser regañada y castigada al rincón por desobediente. ¡A todas estas! Ni siquiera sé porqué guardé la nota, pude haberla botado en cuanto tuviera oportunidad y tirarla en la misma tienda de ocultismo. ¡¿Y lo digo ahora?! La visita de Kei duró menos tiempo que la mía. A diferencia de mí, ella parecía satisfecha. La charlatana nos dijo que la consulta costaría veinticinco dólares cada una, no obstante, ya que éramos dos. Sólo nos cobraría veinticinco. ¡Genial! No tengo por qué sentirme culpable de que Kei haya gastado más por una tontería. Al salir, quería saber qué me había dicho.
—Dijo que me casaría a los veinticinco y tendría gemelos.
—¡¿En serio?! A mí me dijo que me cuidara de los lácteos porque podrían caerme mal en el estómago y enfermarme. Yo sólo quería saber sobre el amor pero ella me dijo que estaba en buenas manos, ¿qué habrá querido decirme?
—No lo sé, Lady Alice le gusta hablar en acertijos. —repuse encogiéndome de hombros y metiendo las manos en los bolsillos.
—Dijo que tendría una vida larga y fructífera, envejecería junto a mi marido...
No seguí escuchando, mis pensamientos nadaban al derecho y al revés en las palabras de la adivina y en ese momento sentí el peso de la tarjeta en mis vaqueros. ¡¿Cuánto podría pesar un cuarto de una hoja?! Eso me llevar a decir que no me gustan las dichosas galletitas de la fortuna. Decidí que no me afectaría lo de esta tarde el transcurso de mis actividades. Kei me invitó a cenar en un restaurant francés, no tenía ánimos de llegar a casa y ponerme a cocinar y a veces la fuerza de voluntad de Kei me impresiona. Pagamos mitad y mitad. La línea de conversación fue rápida. No es que las advertencias de la charlatana surtieron efecto en mí, pero le pedí a Kei que en cuanto saliera otra vez con Clay le preguntara sobre Raimundo…
—¿Y por qué estás interesada en ese idiota? Pensé que no querías saber nada sobre él.
—Lo sé, pero necesito confirmar algo. Raimundo y Clay son mejores amigos, a lo mejor si le pregunte yo estará predispuesto.
—Bueno, ¿y qué quieres saber?
—Su perspectiva y todo lo que puedas saber que él conozca de su pasado. ¡Oh! Y también quiero que le preguntes si él conoce a un Hannibal Roy Bean. Estoy segura que conseguirás apañártelas bien, pero por favor, te lo agradecería mucho.
Kei ladeó la cabeza y luego me hizo el favor de llevarme a casa hasta mi apartamento.
Como no tenía que ir a la cocina, tenía una hora libre para aprovechar y sentarme a escribir mi novela. ¡Tengo el placer de informales que ya tengo listo el primer libro! Sí sé que estoy escribiendo uno solo, lo que sucede es que he decidido dividirlo en tres partes ¡así como si fueran temporadas! ¡Por supuesto que puedo hacerlo! para la novela Amanecer, Stephenie Meyer lo hizo y nadie dijo pío. Además me parece que es original. En la historia, el Dragón del Viento en entrenamiento ya se pasó al lado oscuro como dije, ahora en la segunda parte se arrepentirá y hará lo correcto. ¿No han notado que los escritores a veces la cogen contra un personaje en particular? Que deja que pasen mil desgracias sobre él/ella y sobrevive, yo creo que mi par sería él precisamente. La segunda parte pienso extenderla, a causa de que el personaje de mi ex es demasiado cobarde para enfrentarse solo a los Monjes Xiaolin y debe de contratar a otra persona para que culmine su trabajo, incluiré a Vlad. Esta odisea de Dojo desaparecido me ha dado una estupenda idea. Y puede que quizá introduzca a Megan en un episodio, nunca he presentado a los padres del joven genio del mal y bueno, doy a entender que es un adolescente. No puede vivir solo. He aprendido una valiosa lección acerca de los resultados desastrosos que se obtienen debido a la falta de comunicación y los prejuicios de las personas. ¿Cuatro chicos que conviven juntos no los tendrán? ¿no se cansarán de ellos mismos? Considero que debo tocar ese punto...
Les confieso que a veces me arremolinan tantas ideas que me he visto en la obligación de elaborar una línea de tiempo para mantener un orden. Lo guardé en un documento aparte al que nombré "borrador". ¡En fin! no me voy a detener a explicar tecnicismos. No permanecí mucho tiempo en la computadora; los perros, Raimundo, la charlatana y subir y bajar cinco pisos cargando las compras me dejaron más exhausta de lo que yo creía y me fui temprano a dormir. El día siguiente era lunes; por consiguiente, no podía pedir una segunda vuelta en la cama y salí camino a la universidad. Las clases estuvieron tranquilas. Nada singular que amerite alguna mención especial. Al menos que les interese saber que Hannibal se acercó a saludarme mientras compraba un café. En una mano cargaba su portafolio y en la otra un pañuelo para enjuagar el sudor de la frente, parecía venir de la escuela de bibliotecología y archivología. Al principio no se fijó que yo estaba allí; pero claro, tampoco soy invisible. Si bien, en esos instantes, me hubiera gustado serlo. Estoy muy confundida por lo que ocurrió y no quiero atizar la leña al fuego, ¿entienden? Hannibal podrá ser mi profesor, me limitaré a respetarlo, pero que no pase de allí.
—Buenos días, querida niña ¿cómo has estado?
—Bien, señor.
—Me contento con esa noticia, ¿y ya terminaste las clases?
—Sí.
—¿Necesitas quién te lleve? —preguntó con voz dulzona—. Yo también estaba de salida, pero me detuve antes por un té helado porque tenía la garganta seca. El calor en estos días ha sido insoportable.
—Sí... ¡digo no! Quiero decir, hace mucho calor, pero no hay por qué llevarme. Tomaré un autobús. Usted no se moleste por mi culpa.
—¿Totalmente segura?
—Sí, ahora si me disculpa, se me ha hecho muy tarde.
De dos tragos y medio sorbí la coca-cola light con el apuro que tenía de irme de allí, sentía las neuronas congelarse y al cerebro interrumpirse que cuando llegué a la parada me olvidé a qué había venido hacer. Las sinapsis demoraron en hacer clic al tiempo que un bus blanco aparcó. No sé si son alusiones mías, producto de mis prejuicios; sin embargo, es que jamás he sabido que un profesor lleve a un alumno. A lo mejor simplemente quiso ser gentil nada más... fraternizar... ¿para llegar a mí y convencerme lo peor de Raimundo? Lo siento, pero todavía me parece muy rebuscado. No imagino a Hannibal como el monstruo que describió el idiota. No obstante, no puedes etiquetar a las personas por su exterior. De todas maneras me parece que captó un cambio en mis respuestas, no siguió insistiendo y mi despedida fue fría y cortante porque ni siquiera le devolví la pregunta de cómo estaba. ¡Ojalá que esto no me traiga problemas más adelante! Omi estaba reunido con sus amigos en el patio, sin salir todavía de los límites de la escuela: el basquetbolista y el que tiene peinado permanente, me pregunto si su pelo será natural (tiene demasiado para ser un chico, creo que no se lo corta), conversando quién sabe qué chiquilladas. No soy buena para las sorpresas, el pequeño Tiny advirtió de mi llegada a los otros. Los tres me prestaron su atención.
—Buenos días chicos, ¿qué tal están?
—¡Buenos días Kim! —saludaron muy sonrientes los tres, sólo Omi inclinó la cabeza como una pequeña reverencia— ¡muy bien, muchas gracias!
—¡Uhm, me alegro que hayan despertado de buen humor hoy! —reí— ¿listo Omi?
—Sí, ¡pero antes quería saber si Jermaine y Tiny pueden venir! No vamos hacer travesuras, queremos estudiar, ¿verdad muchachos? —les preguntó. Los dos afirmaron con la cabeza al mismo tiempo— ¿ustedes tienen ganas de hacer algo hoy? ¿molestar a alguien? —Jermaine y Tiny hicieron un ademán de denegación. Crucé los brazos— ¿ves? Tranquilos. Entonces, ¡¿qué dices?! —los miré severa. Para evitar sonreír, me tuve que morder el labio inferior. Alcé el dedo en tono de advertencia.
—Si prometen que vamos a estudiar y sólo estudiar por mí no hay problemas.
—¡Puedes confiar! Vamos a estudiar, ¡¿no es lo que hacen los niños buenos?! Nosotros nos comportaremos como angelitos —juntaron las manos y sonrieron de oreja a oreja.
Suspiré profundamente a modo de respuesta. Como no disentí ni añadí algo más, los niños lo interpretaron igual a un "sí". Jermaine y Tiny salieron corriendo.
—¡Niños no corran! ¡Sin empujarse! ¡Miren por dónde van! ¡Oigan, espérenos! —grité. El único que permaneció inmóvil con los ojos clavados en la otra cuadra era Omi. Seguí con la mirada la trayectoria de lo que veía, no había nada excepcional: Unos árboles, una señal de paso estudiantil y los coches pasear— ¿qué buscas?
—¿Ah? ¡Nada, nada! ¡Vámonos ya, ¿a qué esperamos?!
Omi frunció los labios y se marchó dando pasos largos y apretados. Boquiabierta me lancé a alcanzarlos. Los niños tendrán piernas cortas, pero son más rápidos. Me quedé sin aliento cuando llegué hasta ellos se detuvieron en el cruce de semáforo. De en adelante los cuatro fuimos juntos. Para no hacer el interludio largo, ya habíamos pasado el parque y estábamos a unos metros de arribar al complejo residencia. Omi y compañía iban brincando y jugando entre ellos, cuando reconocí a alguien esperando en la entrada: Ashley. Estaba de espaldas y ocupada en enviar mensajitos de texto. Chisté a los niños a que se callaran. Conozco cuál será el desenlace de esta historia y sé que cada vez que nos cruzamos sucede algo malo. Yo dije que no creo en la mala suerte y aún lo mantengo, hace falta más que una superstición para asustarme. ¡Uf demonios! Ashley terminó de hablar con quien sea que estaba hablando y guardó su teléfono. La nariz respingada se echó su diminuto bolso al hombro y cruzó los brazos impaciente. No era ciega, obviamente tuvo que voltearse a ver.
—¡Oh, tú...! ¿Kibany? ¿Kirara? —tronó los dedos esforzándose por recordar mi nombre, ya estaba pasando mucha vergüenza en frente de los niños en frente de esta nariz respingada— ¡la amiguita de Rai!
—Kimiko —me olvidé de los típicos ademanes de cortesía; en serio no tenía intenciones de ser linda y dulce, pero una mujer no puede perder el glamur. Ella sonrió.
—¡Eso! Es que, bueno; me vas a perdonar que te lo diga, pero es un nombre tan extraño.
—No es tan común como Ashley, pero resulta un tanto exótico en este lado del occidente considerando su origen es japonés —me encogí de hombros— ¿por qué mejor no me llama Kim? Será más fácil de recordar —ella asintió recogiéndose el pelo detrás de la oreja, aun con la sonrisita hipócrita que la caracteriza. Ahí está la razón por la que odio que me llamen por mi nombre completo, surgen los que se la tiran de graciositos como ella— ¿esperando a Raimundo?
—Sí —se limitó a contestar.
—Puedes hacerlo desde adentro, después de todo él y yo somos vecinos.
Metí la mano hasta el fondo de mi bolso, tanteando en busca de las llaves mientras mis ojos estaban fijos en la nariz respingada. Ni siquiera se volteó ni había un atisbo de un poco de gratitud en su mirada de mi amabilidad. Mi respiración se enganchó en la garganta. Apenas abrí, los niños pasaron primero y luego ella. Cuando cerré, me dijo:
—Todos ellos son...
—Niños a mi cuidado —¡ay, por Dios! ¡¿cómo se le ocurre pensar que ellos son mis hijos?! Aún soy demasiado joven, si fuera madre por mucho tendría uno de cuatro o tres años.
—¡Caracoles! ¿Eres niñera? ¡Vaya!
—Es un trabajo de medio tiempo y aparte, es temporal, todavía soy estudiante —aclaré. No puedo ni decirme a mí misma que bicho me picó, yo no estaba obligada a explicar a la nariz respingada, quizás quería que supiera que no era tan inútil y no tenía ese trabajito cutre sólo porque sí. ¿Pero qué era lo que me pasaba? ¡¿desde cuándo me importa lo que otros piensen de mí?! Ashley pronunció mi nombre con acidez al ver mi expresión de total despiste.
—Debí suponerlo —repitió—. Me dejaste sin aliento, merece mi admiración, tal vez piense que sea insolente, pero eres una mujer demasiado paciente, ¿cómo puedes manejar con tres niños y mantener el control? Ni yo podría cargar uno...
—La paciencia no es todo, también se necesitan comprensión y cariño. Tampoco se trata de imponer el control si no ganarte su respeto por convicción, hablando desde la autoridad y el castigo no se obtiene nada en absoluto —las dos nos detuvimos en el ascensor. Yo presioné el botón para llamarlo. Sentí que iba a vomitar mis tripas, aquí mismo, de tener que seguir toreando a la nariz respingada.
—Si tú lo dices es porque debe ser cierto; de todos modos sigo creyendo que eres valiente, ¡digo! hay que estar...
—¿…Loca para aceptar esa clase de empleo? —refunfuñé azorada—. Cuando necesitas con urgencia un trabajo todas las ofertas decorosas se convierten en bienvenidas y cuidar niños no es ninguna carga.
—¿Qué pasa Kim? ¿esa de ahí te está molestando? —terció el pequeño, separándose de sus amigos quienes nos habían escuchando aunque no lo pareciera.
—No, tranquilo. Ya nos íbamos, el ascensor llegó —no lo decía en bromas. Las puertas se abrieron— ¡ah! Y Ashley, límpiate —froté mi mentón— se te salió un poquito de veneno.
Ashley descruzó los brazos y sus ojos salieron de la cuenca de sus órbitas, apretó los labios, su expresión se crispó completamente. Su rostro se desfiguró en una mueca feroz, me gruñó entre dientes al igual que un gato y me enseñó sus uñas. Yo le ladré.
—¡Miau, miau! ¡grrrrrr!
—¡Guau, guau, guau! ¡Guau!
—¡Ay mi Dios, las mujeres se volvieron locas! —chilló Jermaine poniendo la misma cara del protagonista andrógino del cuadro El Grito, de Edvard Munch. Antes de que me clavara su ponzoña corrimos dentro del ascensor y presioné el 4. Se cerraron las puertas y subimos. Admito que mi actitud fue ridícula y si Raimundo estuviera aquí consolidaría su opinión de mí como una loca, sin embargo, no siento ni pizca de remordimiento ni me ruborizo. Jamás he pensado seriamente ladrarle a otra mujer. Supongo que no me pude resistir de darle una cucharada de su propia medicina a la mujer gato. Fue lo primero que atravesó mi mente, no lo dudé ni me importó pasar vergüenza. Ustedes lo saben: A medidas desesperadas acciones extremas. ¿Saben qué? Ahora que lo pienso siento lástima por Ashley, quizás quería hablar con alguien, pero cuando recordé que pudo haber sido más amable conmigo... se me pasa el sentimiento. Me abstuve de reírme, no les estoy dando buen ejemplo a los niños.
En el apartamento nos pusimos manos a la obra. Omi entabló a dar respuesta al cuestionario para comprobar que había estudiado y unísono instruir a sus amigos, si bien no lo van a creer, pero contestó correctamente. Lo sé porque había repasado tantas veces que memoricé las respuestas. Para las matemáticas la manera factible de estudiar era practicar. Hubiera preferido resolver veinte problemas para estar segura y tranquila, empero los muchachos no les atraía la idea y sólo hicimos diez. Nos quedamos revisando los libros y los cuadernos en la mesa. Entonces me levanté y dije que iría a traerles un vaso de jugo a causa que la última vez que fui de compras al supermercado adquirí dos (¡la comida se acaba muy deprisa! Y soy una persona simplemente). Y cuando volví sorprendí a Omi comentarle a sus amigos traviesos:
—¡Aj, qué mala onda que la tal "Ashley" sea mujer! Porque de no ser así yo hubiera...
—¿Hubieras hecho qué Omi? —interrumpí con el ceño fruncido. Omi esbozó una sonrisita rígida y en cámara lenta se volvió hacia mí— ¡anda, termina! Haz como si yo no estuviera aquí.
—¡Miren eso chicos! ¡Kimiko es una temible contendiente! A pesar de que me protegí con el velo de sombras ¡ella todavía logró verme y escuchando siendo invisible!
—¡¿Ah, ahora fingirás demencia?! —reprendí, mis manos se dirigieron a mi cadera—. Omi no quiero que cuchichees mal de otros a hurtadillas y qué bueno que no admitas la violencia contra la mujer, ahora me gustaría que pensara lo mismo de hombres y niños. La venganza nunca trae cosas buenas, ¡Dios!
—¿Por qué siempre tienes que culparme de todo lo malo que sucede? Yo sólo comenté con los chicos esa injusticia, eso es todo, no me agradó como esa mujer te maltrató delante de nosotros y lo peor es que la dejaste marchar, ¡ahora pensará que puede reírse de ti cuantas veces quiera porque eres una cobarde! ¡Y nadie se puede meter contigo! Nada más yo tengo ese privilegio...
—Tiene razón Kim —secundó Tiny—. Escucha a Omi, él es chino y por lo tanto sabe de estas cosas. No le teme a nada y nadie, excepto a las ardillas... —la frase quedó suspendida a medio entender para que la completara Jermaine.
—Y Laura Bosson —los muchachos rompieron a risas. Omi les envió una mirada asesina y Tiny tuvo que contener la respiración para seguir contando:
—Bueno, el punto es que estamos indignados porque no pudimos hacer nada por ayudarte y ese palo de escoba está tranquila allá afuera.
—Niños, agradezco sus intenciones de que quieran defenderme, pero no insistan. Esta no es la época de la edad media en que el honor de la mujer debía limpiarlo el hombre, ignoremos que sucedió ¿de acuerdo? Si proseguimos le prestamos atención a quien no se la merece.
Los niños intercambiaron miradas demasiado extrañas y los tres asintieron agraviados. ¿No les dije? Siento que tengo la edad de Omi y él tiene la mía, cuando yo debería ampararlo, el chico me está resguardando. Omi es un niño demasiado precoz para su edad, utiliza su alto ingenio para hacer travesuras y también es vengativo. Tengo la intuición de que esto no iba a permanecer aquí. Para eso recito mi mantra: "Nunca está de sobra creer en el destino, en los actos de buena voluntad y ocasionalmente en la magia", que traducido quiere decir que las buenas acciones se pagan con otras buenas acciones.
—¿Por qué le tienes miedo a Laura Bosson? —pregunté después de mucho pensar.
—No es a Laura Bosson en sí. Es complicado, yo... —se rió nervioso— es la humillación frente a las cámaras, ¿okey? Ya lo dije, ¡esto no sale de aquí! —amenazó a sus amigos.
—¿Miedo a salir en público? Pero corazón no debes avergonzarte por lo que sientes, todos siempre tememos a algo porque somos humanos, algunos nos asustamos más que otros. Eso no eres menos valiente por eso, valentía es enfrentarnos a nuestros miedos, ¿entiendes?
—No es tan fácil...
—Nadie dijo que lo sería —afirmé, estrechando sus hombros.
—Sigamos estudiando, no quiero hablar de eso.
¡Cielos! El día pasa volando. Falta poco para que llegue el treinta y uno de octubre. No sé si ustedes lo sabían; pero Jack nació en noche de brujas, por consiguiente, él sería escorpio. El signo más cruel y destructivo, no obstante, no podría ni aplastar a una mosca (tampoco creo en el zodíaco). A lo mejor piensa organizar una fiesta pomposa en su honor. Claro, yo estoy hablando del viejo Jack. Éste nuevo me ha dejado absorta. ¿Y por qué les estoy hablando de Jack? A una hora luego de que los amigos de Omi se fueran y sólo estuviéramos el Sr. Fung y yo, había recordado la invitación del idiota al estadio de futbol y se la referí al abuelo. No pude evitar que Omi nos escuchara y parecía encantado de ir a donde jugaban estas estrellas deportivas. Él me prometió que todo dependía del resultado de la calificación de Omi en el examen, empero no había inconvenientes para que Dashi consintiera su permiso. Recibí una visita sorpresa mientras preparaba la cena ¿por qué sentimos tanta hambre? Apagué y salí a atender. Pensé que podría ser el idiota, después me acordé que ayer hizo una aparición. Así que se me ocurrió que Jack era otra buena opción.
—¡Kim!
—¡Delegado Guan, qué sorpresa! —la emoción hendió en mi corazón, me tiré a sus brazos. ¡Era tan grandulón que me levantó del piso como una muñeca de trapo! Él me devolvió el abrazo y me colocó en el piso con suavidad.
—¿Por qué te sorprendes? Te dije que iba a venir, ¿no fuiste tú quién atendió el teléfono?
—Sí, pero no mencionaste que sería justo al día siguiente. Verás, los niños desorganizaron un poco y como no tenía idea de que vendrías no me preocupé por ordenar ahora.
—Está bien, Kimi, no pienso que represente un grave problema. Deberías ver la sala de mi casa, eso sí es la tercera guerra mundial —me destornillé de la risa. Él se sentó en el sofá en tanto me arrimaba cerca en el brazo del mueble. Sentía una sensación extraña atravesarme, Guan siempre se vestía consonante a la ocasión para disimular sospechas. Tenía encima una gabardina, una placa en el pecho, un arma escondida en el cinturón y se había cortado todo el pelo. A pesar, aún quedaba parte de su encanto Russel Crowe de la película El Gladiador en él.
—No has cambiado nada. ¿Quieres algo de comer o te apetece beber?
—No, pero muchas gracias de todas formas. Vine porque era mi día libre y pensé que si no pasaba hoy, no lo haría nunca.
—Me alegra que hayas tomado esa decisión. En el teléfono te despediste tan rápido que no tuvimos tiempo de disfrutar una buena plática, dime ¿te está gustando esta vida de policía? Apuesto que todos los chicos malos de la ciudad te tienen miedo.
—¡Oh no te creas! No es una vida sencilla, todo trabajo tiene sus propios riesgos y no hago énfasis de que asiduamente expones en riesgo tu vida y las que te rodean; la primera lección que aprendes cuando te dan tu placa es que los buenos somos muchos, pero todos estamos dispersos mientras los malos son pocos, pero están bien organizados. Por el momento ando en busca de unos pandilleros escurridizos que han estado allanando casas y cometiendo robos; por las descripciones que tengo son muchachos (lo más probable pobres incautos engañados por algún adulto enfermo que los explota), por desgracia, se han puesto cada vez más listos y temo que poco a poco están multiplicándose. Ya me he visto la película antes cuantiosas veces, sé que dentro de unos meses acabará peor y en vez de cazar ladronzuelos estaremos detrás de homicidas.
—Es muy triste eso que me cuentas: jóvenes, casi siempre sin recursos, que rehúyen a una vida de delincuencia para conseguir dinero de una forma más fácil. Pobres.
—¡¿Pobres?! —mofó—. La mayoría de ellos tiene una segunda puerta y no lo abren porque no saben lo divertido que es usar el cerebro. A esa edad tienes suficiente consciencia para diferenciar lo bueno de lo malo.
—Bueno, siempre cierro cuando no estoy o voy a la cama, ahora puedo añadir más motivos para preocuparme por mi seguridad. Delegado Guan, ¿de casualidad no añoras tu otra vida como guardaespaldas?
—Puedes seguir llamándome Guan, tampoco es que he muerto y volví a nacer. Todos saben cuál es mi cargo, además de que es muy largo decirme "Delegado Guan". Contestando a tu pregunta a veces recuerdo cuando te acompañaba hasta el parque vestida de princesa y me pedías que sostuviera tu globo mientras te detenías a comprar helados para ambos, pese de que insistía que no te incomodaras... pero luego me acuerdo del delantal rosa y se me pasa.
—¡Ay qué malvado!
—Bueno, cuéntame ¿qué has hecho en mi ausencia? Por lo que veo —su mirada sondeó mi apartamento— tienes una historia más interesante.
Él no sabía que me había mudado hasta que se lo dije por teléfono, mucho menos de que yo trabajaba como niñera y cuidadora de mascotas. La difícil tarea de adaptarme, los desastres entre tanto aprendía hacerlo todo por mí misma y las personas que conocí. Le hablé acerca de Keiko, Clay, Omi y el resto de su familia. Él ya conocía a Kei y a Jack. Al igual que el idiota, también pensaba que Keiko era alocada y extrovertida, dijo que no iba a conquistar a un chico nunca porque era muy agresiva a los chicos. Se extrañó de sobra cuando le conté el feliz noviazgo entre mis amigos. En cuanto a Jack nunca le simpatizó. A los ojos de mi padre es un excelente muchacho. Por el contrario, a Kei le daba lo mismo, un buen partido, pero según ella no era su tipo de chico. Creo que Jack se intimidaba por Guan, como que lo evadía adrede. Aun así Guan no opinó sobre mi relación con él ni yo le pregunté porque era tan hostil siempre que estaba con mi ex novio. Tocaron el timbre de la puerta. No esperaba otra sorpresa ni me imaginé que sería tan solicitada ese día, pero cuando abrí, un chico tenía un ramo monumental de rosas rojas, mi color favorito y el símbolo de la pasión. Firmé que lo había recibido y leí la tarjeta para saber de quién sería:
El primer ramo de muchos otros que recibirás. Si lo aceptas me harás el hombre más feliz del mundo — De Jack
Estaba ciento dos por ciento segura que no pertenecía a Raimundo porque admitió desde el inicio que no era un hombre romántico. Así tenía que ser de Jack. Me gusta el aroma de las rosas. Cuando caminé al salón con ellas. Guan me preguntó quién me las había enviado.
—Es un regalo de Jack.
—¿No habían terminado? —casi lo olvido, un mes antes que Guan renunciara sabía que mi relación con Jack se fue a pique. Yo sufrí y usé al hombre como pañuelo. Admito que ese año de mi vida fue demasiado malo, dos pérdidas. Mi primer novio y mi mejor amigo ¡puff!
—Lo hicimos, pero él está arrepentido y quiere que volvamos a empezar. Le dejé bien claro que no estaba interesada y todavía insiste.
—Kim —suspiró—, si él es un ex es porque la relación no funcionó y es cosa del pasado, te hizo trizas el corazón, no vale la pena ni merece tu tiempo. Lo mejor es que lo olvides.
—Ya lo sé, tienes razón, pero a veces pareciera que los motivos por los cuales compartimos juntos en pareja prevalecen por encima de los que nos hicieron romper y pienso que no me gustaría perder su amistad.
—¿Quieres ser amiga de un tipo que no respeta los sentimientos de su ex novia?
—¿Qué pretendes insinuándome eso? —dije con frialdad— ¿tú sabes algo que desconozco? Te recomiendo que lo sueltes ahora y sin rodeos.
—Por supuesto que no sé, no he visto a Spicer desde la última vez en casa de tu padre. Sólo quiero que velar por ti, todavía no me desacostumbro de seguirte viendo como mi protegida —replicó con aplomo—. He tratado a tipos como él, son hombres hambrientos del poder y sin escrúpulos.
Segundos después de escuchar esa contestación me arrepentí de haber sido tan dura pero no podía enrollar la lengua y retirar lo dicho. Sentí las mejillas colorarse de la vergüenza. Bajé la cabeza y le pedí disculpas. Me dejé dominar por lo que no era. Pero ese pensamiento que Guan me metió en la cabeza lo que me quitó el habla. Jack tiene sus ambiciones como todo el mundo, pero de ahí a hacer otra clase de cosas... lo dudo mucho.
A/N: ¡Ay pobre Kim! No sabe cuán equivocada está. Jack engaña con su apariencia de niño rico frágil, realmente es una tapadera de su verdadera personalidad. Los últimos fanfics el villano era Chase. Ahora es turno de demostrar que Jack puede ser un buen antagonista (¡oigan! Él conquistó el mundo según vimos el episodio 51, no es tan inútil después de todo). Casi siempre era un villano que apoya al principal o era un traidor, la única vez donde destacó fue Yo contra el mundo, por eso creo que está en capacidad de mostrar su potencial por sí mismo. Lo crean o no solté un adelanto de la tormenta que se avecina. No guardo ningún comentario con respecto a los maullidos de Ashley y los ladridos de Kim. Fue divertida esa escena. No sé, se me ocurrió espontáneamente. ¿Ustedes creen que Omi tomará represalias o hará caso por primera vez en la vida? El título del capítulo se debe a los presagios de la adivina y esas brasas de fuego... ¿qué creen que signifique? ¿quiénes serán esos hombres que están peligro? ¿cuál maldad?
Se preguntarán si Lady Alice soy yo misma. ¿En serio podrían creerme tan arrogante para meterme en mi propia obra? ¿qué visto así de estrafalario y me maquillo los ojos con exageración? Para empezar, mi pelo es liso y odio usar el delineador. La verdad es que le puse ese nombre para llamar su atención sobre esa nota, pero no se trata de mí. Al igual que Kim soy escéptica en estos temas del ocultismo, me parece divertido, pero hasta ahí. Quería comprobar si no se estaban durmiendo, si creen o no en las palabras de mi adivina será su problema. Tendrán que leer para averiguar si es cierto o no.
¿Qué opinan de Hannibal? ¿y la visita de Guan les deja ganas de decir algo? ¿ustedes creen que estaba ocultando algo con respecto a Jack? Los dos capítulos que vienen son narrados en tercera persona porque en primera persona se pierden la acción (uno de los inconvenientes que no me gusta de esa narración). Pues ni modo, como ningún otro es un capítulo prometedor que sacará algunas carcajadas y saldrán unas revelaciones a la luz. No lo olviden señores: La cita es este martes que viene. Cosas de niños ¡así que nos vemos pronto malvaviscos asados! ¡cuídense, se les quiere y se les respeta!
Mensaje para MexicanChurros: ¡Ni hao! Felicitaciones, tienes razón ¡ese es Chase! Yo temía que nadie se daría cuenta, lo estaba guardando, ¿no dicen por ahí que lo mejor siempre va de último? "Ahora si no se qué decir, me encantó que me contestaras (en realidad creo que ni lo verías xD)" ¡Qué va, SIEMPRE leo y contesto todo! A mí me motiva mucho que los lectores escriban a través de mi cuenta para saber si les gusta o no, lo que más llamó su atención. No hay que tener pena. Yo no como a nadie. La cita es: Se les quiere y se les respeta. Espero que te haya gustado este capítulo tanto como a mí (y ojalá que más). ¡Nos vemos pronto, malvavisca asada!
