¡Hola! Sé que no tengo ninguna excusa para todo este tiempo sin escribir... Solo diré que lo siento, lo siento mucho. Ahora es verano, son vacaciones, espero poder escribir las dos historias (esta y Contratos con letra pequeña).

Disclaimer: Los personajes no me pertenecen, solo lo escribo con fines de entretenimiento.


¿Swan?

-¡Mary Margaret!-exclamó Emma corriendo tras su madre.

-¡Rápido, Emma! Arranca este trasto, no tenemos tiempo que perder.

-¡Tienes que decirme lo que está pasando!
Jonh se quedó como un pasmarote mirando desde lejos a Emma y Mary Margaret.

-¿Podría alguna decirme lo que está pasando?

-¡Vete al campamento!-espetó la mayor.- ¡No sé dónde está Robin, pero no puedo perder tiempo con Regina!

Mary Margaret le contó a su hija todo lo que ocurrió con Sidney mientras vivía el rey Leopold.

-¿Ese hombre mató a tu padre?

-Sí, aunque no lo hubiera hecho de no ser por Regina. No puedo reprocharle nada ahora... Ella medio me ha perdonado lo de Cora. Pero a Sindey... Creo que ahora mismo le tenemos más odio que a la Reina Malvada.

Emma frenó en seco.

-Regina ya no es la Reina Malvada.-protestó, seria, incluso con tono amenazador, mirando a su madre a los ojos.

-Lo sé.-hizo una mueca.-¿Qué mosca te ha picado con Regina? Noto demasiado interés últimamente.

Emma apartó la vista y volvió a poner el coche en marcha.

-¿A dónde dices que vamos?-preguntó intentando cambiar de tema.

-Regina tenía una especie de cabaña en el bosque para que Sidney resolviese algunos asuntos turbios del ayuntamiento...

-¿Y no se denunció nada de eso?

-Es Regina. Regina podía hacer todo lo que quisiese...-la amenaza volvió a los ojos de Emma.-Lo importante es que ese idiota conocía esa cabaña y es un refugio perfecto.

-¿No crees que deberíamos llamar a David?

Ahora quien se puso seria fue Mary Margaret.

-Estoy harta de que todo lo tenga que hacer tu padre. ¡Yo viví sin tu padre varios años! ¡Sola! ¡En el bosque! Las dos solas nos bastamos para rescatar a Regina. Incluso sin tu ayuda podría hacerlo.

Emma enmudeció ante el tono de su progenitora.

Al llegar a la puerta de la cabaña, Emma desenfundó su pistola.

-¡Pon las manos donde pueda verlas!-chilló al abrir la puerta.

No hubo respuesta. Mary Margaret rompió la ventana para entrar y tampoco vio a nadie.

-Mierda...-susurró.-¡Mierda! ¡Nos hemos confundido, Mary Margaret! A saber qué le está haciendo ese depravado a Regina... No debí haberla dejado sola... No debí haberme ido...

-Tranquilízate... Ya verás que todo se arregla. Llamaré a tu padre.

Mientras su madre marcaba, Emma comprobó su móvil y al mirarlo comenzó a sonar.

-¡Regina!-exclamó al cogerlo.

-Hola, Emma.

-¿Dónde estás?¿Estás bien?

-Sí, claro que estoy bien, estoy en casa. Acabo de llegar y me ha extrañado que Henry y tú no me hubierais llamado ni nada. Lamento no poder ha...

-¡Regina me tenías muy preocupada! ¿Por qué no me dijiste que tenías que salir? No me gusta que andes sola por ahí...

La alcaldesa ríe al otro lado del teléfono.

-Emma, no eres mi madre, no tengo que avisarte. Y... discúlpame, no tengo cuerpo para que venga nadie, dile a mi niño que mañana comeremos juntos.

-No, Reg...

Antes de que pudiera acabar la frase colgó.

-¡Está en su casa! ¿Te lo puedes creer? Y nosotras aquí, en el bosque.

-¿Emma?-preguntó Mary Margaret extrañada al ver la indignación de su hija.

-Iré a verla, necesito una explicación.

Ambas se montaron en el coche y la rubia dejó a su madre en casa.

-Yo volveré en un rato.

-Emma, Regina no quiere ver a nadie...

La chica ignoró los consejos de su madre y puso en marcha el escarabajo.

-Regina, ¿crees que se lo ha tragado?-preguntó Robin mientras abrazaba a su reina, tumbados en la cama.

-Sidney es la definición de idiota. Te recuerdo que una vez pensó que yo le quería, va a seguir pensando todo lo que yo quiera.

-¿Qué vamos a hacer con él?

-Voy a matarlo.-dijo ella, sin temor alguno.-Voy a torturarlo y matarlo con mis propias manos.

-¿Estás segura de que quieres hacer eso?-preguntó.-Yo quiero el peor destino en el mundo para el hombre que te ha hecho esto, pero... Regina, con todo lo que has conseguido... Tirarlo por la borda así...

Ella se levantó.

-Robin... Una vez fui una mujer con determinación, sin temores, que hacía lo que sentía, lo que tenía que hacer. Puede que esa mujer tuviera demasiada crueldad y rencor dentro, pero era astuta, era una mujer ejemplar. Necesito ver que esa mujer sigue dentro de mí. Yo soy Regina Mills. Yo soy la Reina. Y una reina tiene que reinar. No todas las decisiones que tomé fueron correctas, pero ahora tengo que tomarlas, necesito tomarlas. Y si poner su cabeza junto a los trofeos de caza de Leopold me recuerdan que sigo siendo esa mujer lo haré.

-Regina...

-¡No! Eso es lo que tienes que entender, ¡Robin! ¡Tengo que dejar de ser débil! Podría haberte dejado yo, hacerte daño, hacerte mucho daño. Podría... Podría haberte roto el corazón, metafórica y/o literalmente.-puso una expresión de incredulidad en el rostro.-¡Pero no lo he hecho! Robin, voy a dejar de ser débil, pero tú vas a recordarme que sigo siendo humana, eso es lo que ansío que entiendas. Busco acercarme a la mujer que fui, pero sin serlo. Y esa mujer lo torturaría hasta la muerte, créeme, a él y a cualquiera le que ayudase. Voy a omitir la parte de a cualquiera. Voy a torturarle, no mucho, confía en mí, y después sacaré su corazón de su pecho y lo mataré. Y él morirá ante mí. De rodillas ante mí.

-Pero... ¿y si no fue él?

-¡Robin, claro que fue él! ¡Lo supe desde que fui capaz de pensar con claridad! ¿Tienes idea de lo que me está costando superar esto? Me cuesta tocarte... Robin... Me cuesta estar cerca de ti... ¿Entiendes eso? Y pensar en... ¡Me dan ganas de llorar! Y todo por culpa de... No puedo. No puedo seguir así.

-Está bien...-le dijo, acariciando su rostro.- Será mejor que me vaya, cualquiera podría verme aquí y lo más importante ahora es que todos piensen que yo no tengo nada que ver contigo...

-Es lo mejor. Por ti y por tu hijo. Ya has visto de lo que es capaz. Mañana hablamos.

Él se acercó y le dio un beso en la mano.

-M'lady.

Ser fría, ser alguien que está por encima del resto, eso es lo único en lo que Regina pensaba, y si tenía que olvidarse de su parte humana, lo haría. Mas algo tenía claro, no podría soportar perder a Robin.

-¡Robin!-llamó cuando él ya había terminado de bajar inmensas escaleras. Él se giró. Ella, bajó apresurada.-Te quiero.-le susurró al oído.

-Yo también te quiero, Regina. Pero...

-¿Pero?

-Tienes que pensar si me quieres más a mí o tu macabra venganza.

Ella la miró desconsolada. Se acercó para besarle pero él se apartó.

-No voy a cambiar lo que pienso, ni tampoco voy a dejar de quererte, Robin. Jamás podré dejar de hacerlo.

Emma fue a la mansión de la calle Mifflin, si Regina necesitaba a alguien ella estaría allí. Tenía muchos sentimientos encontrados, tenía muchos sentimientos. Lo que le dijo a Ruby fue extraño. Le gustaba Regina, realmente le gustaba.

Llamó varias veces al timbre, sin que hubiera éxito. Preocupada, decidió colarse por una ventana. Al tocarla, se quemó la mano.

-¡Ah!-chilló.

Regina, escuchó el grito y salió apresurada de la ducha, cogió su albornoz y preparó una bola de fuego para su acompañante.

-¿De veras pensabas que estaría desprotegida?

La reina se preparó para lanzarla, cuando la sombra se hizo clara y vio la aterrorizada cara de Emma.

-¿Swan?

La intrusa se dolía de la mano. Regina paró el fuego y la recibió en la puerta.

-Ven, curaremos esa mano.

La reina hizo su magia y la herida sanó por completo. Emma ya comenzaba a hacer sus primeros pinitos con la magia, pero aún no había llegado a esa parte.

-Wow...

Regina sonrió. Ella solo había curado a Henry con su magia, nunca pensó que podía servir para cosas tan "buenas" hasta que consiguió salvar al pueblo con su luz.

Emma miró su mano, y al ir a darle las gracias se dio cuenta de que la alcaldesa estaba estaba mojada, que las gotas de su pelo se deslizaban por su cuello, bajando hasta su pecho.

-Gracias, Regina.

-¿Me vas a decir que hacías intentando entrar en mi casa a esta hora de la noche?

-Pensé que...-a la rubia le costaba articular palabra sin dejar de mirarla.

-Voy a vestirme. Puedes ir pensando en tu excusa.

La reina se daba cuenta de la lasciva mirada de Emma. ¿A qué venía todo eso? Un escalofrío le recorrió la espalda. ¿Una mujer? Se preguntaba... ¿Emma? No... No era posible. Quizá todo era una broma o una equivocación. Mientras se cambiaba no podía dejar de pensar en otra cosa. Después del desplante de Robin, la mirada de Emma... Ella misma se miró al espejo al ponerse el camisón.

-Esta preciosidad no hace otra cosa que darme problemas...

Los tacones sonaban con ritmo mientras Emma permanecía sentada en el sofá de Regina. Cogió un cojín.

-Oh, Regina, hueles realmente bien.-susurró mientras lo abrazaba.

-¿Decías algo?-le preguntó, de pie a las puertas del salón.

-No... Es solo... ¿De dónde has sacado el dinero para todo esto?

-Cuando diseñas una maldición pones muchas cosas a tu gusto, ¿sabes?

-Entonces tienes muy buen gusto.

-¿Una copa?-le preguntó Regina mientras se acercaba al minibar. Emma asintió.-¿Qué bebes?

-Ginebra.

La reina sonrió.

-¿Limón o tónica?

-Sola.

Regina sacó dos vasos y fue a por hielo, cuando volvió descubrió a la rubia husmeando en su mueble bar.

-¿Pensabas que te echaría veneno?

-Eh... No, es solo que nunca había visto tanta buena bebida junta. Quiero decir... De ginebra Williams Chase, whiskey japonés, ron Pusser 15... ¡Si a mí beber Beefeater me parece un lujo!

-Tengo que recordarte que además de alcaldesa, yo soy una reina.

Regina se acercó al mueble con los dos vasos y la cubitera. Emma comenzó a sentir calor por dentro, conforme Regina fue acercándose a ella. La alcaldesa quiso entrar en el juego, ver si realmente podía despertar esos sentimientos en una mujer, quiso divertirse, dejar de pensar en los hombres, dejar de pensar en el idiota que quiso tenerla. Al fin y al cabo seguro que se equivocaba, que Emma no quería nada con ella.

La invitada se giró y vio la cara de su anfitriona a escasos centímetros.

-¿Hielo?-preguntó Regina. Emma volvió a la realidad y asintió.

Ansiaba probar sus labios.

Regina sirvió las dos copas y la invitó a sentarse en el sofá.

-No sabía que las reinas bebiesen ginebra. ¡Deliciosa por cierto! Le noto cierto gusto a manzana... ¿Es ironía, no?

-Todas las reinas beben, solo las reinas malvadas lo reconocen.

-Regina...

-¡Oh venga! Entre Robin y tú, ¡no puedo reírme de nada!

Oír el nombre de ese hombre le dolió en el alma. ¡Desgraciado! Tiene a la mujer de los sueños de todos y no sabe ni siquiera si la quiere. Resopló y bebió otro trago.

-¿Ocurre algo?-preguntó Regina, al ver la reacción de su acompañante al nombrar a su pareja.

-Es solo que... No entiendo por qué Robin ha preferido irse con su esposa teniéndote a ti. ¡Mírate! ¡Eres absolutamente perfecta! Y no lo digo porque te haya dejado y quiera consolarte, no. Lo digo en serio.

La alcaldesa sonrió y bajó la mirada.

-Swan...

-Regina, lo digo en serio.

-¡Suenas como Sidney!

Emma se acercó a Regina, se acercó mucho a Regina. Y ella supo que no había sido un error, que podía despertar sentimientos en hombres y mujeres, en cualquiera, y ahora tenía a Emma Swan, la madre de su hijo, la hija de su hijastra, la nieta de su difunto marido a milímetros.

Al oír el timbre de la puerta dio un respingo. No había tenido tiempo de saber si realmente quería acabar con esos milímetros o quería hacerlos metros. Ella se levantó corriendo, abrió la puerta y vio a Mary Margaret en su puerta.

-¡Hola, Regina!

-¿Hola...?-saludó extrañada la reina.

-Emma me dijo que vendría a verte y bueno, yo también estaba preocupada, esta tarde nos has dado un susto tremendo. ¡Mira, he traído pasteles!

"Pasteles..." pensó Regina. Una parte de ella estaba agradecida por haberla salvado de tener que decidir, pero otra estaba cabreada por haber estropeado aquel momento en el que había conseguido olvidarse de todo lo demás.

-¿Mary Margaret?-preguntó Emma desde el sofá.

-Emma, estás aquí. ¿Eso es agua?-preguntó señalando su vaso.-Beberé un poco, ¡estoy completamente sedienta!

Antes de que pudiera responder, su madre ya tenía el líquido en la boca. Lo escupió de inmediato.

-¡Oh dios mío! ¿Pero que es esto?-dijo alarmada mirando a su hija.

-Y esa es la diferencia entre la reina malvada y la princesa.-respondió Regina volviendo de la cocina con los pastelitos en una bandeja.

-Mary Margaret eso es ginebra.

-Emma, cariño, ¿eres acohólica?

Regina seguía caminando con una sonrisa. Dejó el regalo en la mesa y se sentó, dando un trago de su vaso.

-Snow, ¿de veras piensas que tu hija es alcohólica solo porque yo la invité a un trago?

-No... es solo que... Y eso que has dicho de la princesa, ¡yo también se beber!

-Te creemos, Mary Margaret.-Emma se levantó.-Regina, es mejor que me sirva otra, esta... Bueno, vamos a pensar que la princesa pensó que la envenenaban de nuevo.

-Sírveme una.-pidió Snow.

Regina la miró sorprendida, igual que la rubia.

-Será mejor que lo haga yo, Emma. Quédate con tu madre.

Las dos se quedaron solas mirándose.

-¿Qué haces aquí?-preguntó Emma en un susurro.

-¡Todas esas preguntas que me has hecho! ¡Te gusta Regina!

-¿Qué? No digas tont...

-¡No me mientas! ¡Soy tu madre!

Emma suspiró.

-Escúchame, si creyese que tienes alguna posibilidad no estaría aquí esta noche. No quiero que cometas ningún error. No eres la primera persona que piensa que podría tener alguna posibilidad con ella y no consigue nada.

Emma hace una mueca y mira a su madre sorprendida.

-¡Regina!-exclamó Mary Margaret al ver entrar a su madrastra.


Bueno, sé que estoy metiendo Swan Queen en un fic Outlaw Queen, pero no he podido evitarlo, también me gusta la pareja que hacen estas dos, no puedo prometer nada para futuros capítulos.

¡Hasta pronto!