N/T: ¡Holaa! Creo que tengo una noticia no muy buena, pero no os asustéis. Esta semana he intentado volver a actualizar dos días y me he dado cuenta que ya que debo ponerme a estudiar en plan serio si quiero sacar las notas que necesito, estoy falta de tiempo y me agobio mucho. Así que lo siento pero durante las próximas semanas solo actualizaré el viernes porque ya no sé de dónde sacar el tiempo. Lo siento :S
PD: Muchas gracias a todos los que estáis siguiendo la historia y a los que me dejáis reviews. Que sepáis que con cada una de ellas me sacáis una sonrisa. ¡GRACIAS!
Dean se despierta, y por un increíble segundo de paz no es consciente de nada excepto el suave calor de su edredón y la difusa luz matinal filtrándose a través de las cortinas de su habitación. Todo es acogedor y agradable y excepcionalmente bueno.
Entonces recuerda la noche anterior.
Gruñe y hunde su cara en la almohada, esperando que quizá pueda asfixiarse y así salvarse de la vergüenza de vivir. Extrañamente, no es la parte del beso lo que hace que su estomago duela. No, es el recuerdo de Cas apenas mencionando su deseo de irse y el modo en que Dean prácticamente cayó prostrado a sus pies, rogándole que se quedara. El enfermizo modo en que lloriqueó hasta que Cas cedió. Su desesperación y necesidad y ansiedad y su jodido patetismo.
Muerde un trozo de almohada y aprieta el otro lado con sus puños.
Cuando finalmente mueve su arrepentido culo de debajo de las mantas y fuera de la cama, sus pies aterrizan en algo blando.
Cas gruñe sorprendido.
—¡Aw, mierda, lo siento! —Dean vuelve a caer en la cama y rueda hasta el otro lado—. ¡Jesus, lo siento Cas!
Cas simplemente hace un sonido de descontento desde el suelo.
Dean se sienta en el borde de la cama durante un momento y se recompone a sí mismo, haciendo una valoración mental de la situación. —¿Estás bien?
—Estoy vivo —se queja Cas.
Dean se frota una mano por la cabeza y suspira. —Suficientemente cerca.
Puede oír a Cas levantándose del suelo, estirando su cuello, gruñendo por su espalda agarrotada.
—Hey —dice Dean, mirando a la alfombra—. Acerca de anoche…
Cas está en silencio. Esperando.
—… como que perdí los papeles contigo —Dean se rasca la ceja y siente el calor subiendo por su cuello—. Pero quiero que sepas que… no tienes que quedarte. Si no quieres hacerlo.
Cas no dice nada.
—Quiero decir, por supuesto que te quiero alrededor —continúa Dean—, pero no tenemos que vivir juntos para ser amigos. ¿Sabes? Seguiríamos siendo amigos. Así que si te sientes un poco, uh, presionado, no lo hagas. No te sientas como que tienes que aguantarte por mí. Lo entenderé.
Pasa un largo minuto, y entonces Cas dice, —Envías mensajes muy confusos.
Dean gime y se levanta para encararlo. —Lo sé, lo sé, yo… anoche, no quería asaltarte —explica—. No estaba pensando, estaba solamente… reaccionando, y ahora he estado pensando en ello y no estoy aquí para convertirte en Kathy Bates, y si quieres irte deberías poder hacerlo.
Cas le mira con una expresión vacía y una mirada totalmente confusa en su rostro. —¿Y el beso? —pregunta—. ¿Cómo influye ese factor?
El rostro de Dean se calienta de golpe y se aclara la garganta. —Bueno. Eso fui yo sobrepasándome un poco. Y… —Intenta dedicarle una sonrisa débil—. Y es otra razón por la que deberías sentirte libre de irte si lo necesitas.
Cas solamente continúa mirándolo con esa mirada consternada, totalmente desconcertado.
Dean se pasa la mano por la boca e intenta ser sincero. —Mira, Cas, yo… joder, como digo esto… —cierra los ojos y se siente a sí mismo balanceándose en el borde de una ladera.
Se aleja del borde.
—… no sé —concluye débilmente—. No sé que se apoderó de mí.
La confusión de Cas ahora es casi preocupación, centrada y profunda. —Quizá deberíamos hablar con Chuck sobre lo que pasó. Es posible que tenga alguna respuesta.
—O —sugiere Dean—, podemos no volver a hablar de ello, nunca, en absoluto. Solamente dejarlo —hace un movimiento de barrido con sus manos—, toooodo tras nosotros.
Cas parece escéptico.
—Tengo hambre —dice Dean—. Salgamos a desayunar.
—Realmente deberías ver a Chuck —dice Cas—. Te vendría bien algo de terapia.
Dean camina pasándole hacia el baño y resopla. —Seguro. Como si fuera a ir a hablar con tu loquero sobre mis problemas. No necesito darle más munición.
Se visten y se preparan para salir, y es mientras Dean está cogiendo sus llaves que oyen el ruidoso rugido de un motor en el exterior.
Se miran el uno al otro, y Cas abre la puerta.
Es un destartalado Ford Pinto que ha subido por su camino de entrada, soltando pintura descascarillada y con puertas grises que no concuerdan con el resto de color verde oliva. Luce feo como un pecado y también suena de ese modo, y holgazaneando en el desgarrado interior de cuero de imitación con la ventana bajada hay una mujer con oscuro cabello rizado, y chirriando a través de los altavoces expandiéndose fuera del coche están los Allman Brothers gritando.
Like I been TIIIII-ieed to the whippin' post/ TIIIIIIIIIII-liiiied to the whippin' post/ TIIIIIIIIIIIED to the whippin' post….
Sale del coche, robustos tacones y apretados pantalones negros y gafas de aviador.
—Cas —gruñe Dean.
—No sé —susurra Cas—. No le di mi dirección.
—Buenas, amigos —dice Meg lentamente. Sube las gafas hacia su pelo y sonríe—. Cuanto tiempo sin vernos.
—¿Qué haces aquí? —demanda Dean.
Meg parece más calmada que la noche del bar, más centrada y sagaz. —Ya sabes, fue bastante difícil rastrear a Piolín —Repara en Cas con una mirada de lado—. Nadie parece saber dónde estás. Incluso tu abogado apareció con un desagradable caso de amnesia. Pero el sheriff aquí… —sus ojos vuelven hacia Dean, y su sonrisa se agranda—. Es un elemento fijo de la comunidad.
Cas está frunciendo el ceño con fuerza, incluso para él. —¿Porqué me has rastreado?
Ella pone los ojos en blanco. —Nunca me diste tu número, cariño. ¿De qué otro modo se supone que iba a estar en contacto?
Las cejas de Cas se elevan tanto que prácticamente abandonan su rostro.
—Ya sabes —dice Dean, un poco demasiado agresivo—, eres realmente mala con las aventuras de una noche.
Ella sonríe. Sus oscuros ojos marrones brillan. —No te preocupes, cariño —dice ella, envolviendo su brazo alrededor de Castiel—. Lo devolveré antes del toque de queda.
Cas retrocede un paso y se aparta de su toque, todavía demasiado en shock para recomponerse. —Yo no… no voy —tartamudea—. Voy a desayunar. Con Dean.
Meg suspira y sacude la cabeza suavemente. —Que mono —murmura—, y aun así que cortito —saca una tarjeta de negocios de su bolsillo y la desliza en su mano—. Llámame, Piolín. Estaré esperando.
Cas y Dean la miran cautelosamente mientras camina de vuelta hacia el coche, pone en marcha el motor y se aleja chirriando, conduciendo como alma que lleva el diablo.
—¿Vas a llamarla? —pregunta Dean.
Cas mira la tarjeta en su mano. —No lo sé.
—Mmm —Dean mira hacia el camino vacío—. Aunque es un poco fea.
Cas le frunce el ceño.
—Solo… ya sabes, su cara —Dean hace un gesto circular alrededor de su cara—. Es una cara un poco fea. Con ese… mentón. Un mentón muy feo.
El ceño de Cas se aprieta en señal de desaprobación.
—Solo digo que —Dean protesta—, puedes hacerlo mucho mejor. Porque ella es fea. Muy fea. Y un poco gooorvale me voy a callar. Vamos a desayunar.
