Quiero ser escritora
27º
Cosas de niños
Hace un día Raimundo había terminado de escribir el epílogo de su novela, pensó en leerla y luego, pasar a reestructurar el contenido. No le había gustado el final. La obra pudo haber sido desarrollada mejor y el resultado era para rendir más. Ya contactó a su editor y estaba de acuerdo. Sólo que empezaría a trabajar mañana, hoy tenía una cita con Ashley. No podía cancelarla o posponerla, y no creyó que ella lo entendiera: las mujeres son muy delicadas y montan una función de circo por eso. Ponía el despertador en la mesilla, cerca del sofá en el que dormía (es en serio, se colocaba una manta que ni llegaba a sus pies y ya estaba hecha su cama, le daba pereza tender las sábanas después de despertar así que por esa razón él se acostumbró a la idea de convertir el sofá en la cama, además en las discusiones maritales si le tocaba dormir en uno y estaba tan cómodo como este, no le molestaría pasar la noche) y lo programaba a las cinco de la madrugada para ir temprano a trotar. De regreso, Raimundo se cambiaba para asistir al trabajo, cogía las llaves del coche y se redirigía al aparcamiento. Esa mañana Omi y su amigo Jermaine se reencontraron en esa área. Los niños lo saludaron unísono:
—¡Buenos días Raimundo! —el hombre había abierto la portezuela cuando los escuchó, se asomó por encima y sonrió.
—Mis amigos Pinky y Cerebro, ¿cómo están? Oye, yo pensaba que tú no vivías aquí...
—Claro que no —dijo Omi— su madre no podía llevarlo al colegio porque está visitando a un pariente en el interior y mi abuelo se ofreció a traerlo. Yo necesitaba pedirte un consejo, a ver ¿cómo explicarlo sin que te burles?... —tartamudeó rascándose la nuca— en mi salón hay una niña y me invitó a que fuéramos a la heladería, ¿debería aceptar?
—¿Dices que una niña te invitó? —repitió y Omi asintió— ¡excelentes noticias! Eso quiere decir que estás en las grandes ligas, ¡vaya, tu primera cita, nada mal Romeo! —Raimundo se echó a reír—. Por supuesto tienes que aceptar, a las damas no hay que hacerlas esperar.
—¿Y si alguien nos ve?
—Pues intenta que sea un lunes, martes, miércoles o jueves, los niños normalmente tienen que hacer tarea, es una excusa perfecta para quedarse en casa, y si de todos modos alguien los ve, intimídalos que al menos si tienes planes por hacer, les darás justo en el ego, tú eres muy listo y me parece que no tienes problemas con tu grupo. ¿Pero a ti te parece bonita?
—Es un año mayor que yo —Raimundo alzó una ceja y Omi se encogió de hombros—, eso la hace más sensual. Muchas gracias por el consejo, hermano. ¡Nos vemos! —Omi no había girado los talones cuando se dio la vuelta— ¡ah, una cosa más! ¿sabes cuál es la dirección de Ashley?
—¿Para qué necesitan la dirección de Ashley? —preguntó suspicaz.
—Ayer estuvo en casa de Kim y olvidó una pluma, entonces queríamos devolvérsela, pero ¿sabes o no? —terció Jermaine por primera vez. Al hombre le extrañó que Ashley estuviera en el apartamento de Kim, suponiendo que ambas se odiaran, pero no hizo comentarios.
—Lo sé, pero de cualquier manera hoy no podrán ir a su casa, ella estará afuera...
—¿Ah sí? ¡¿dónde?! —inquirió Omi intentando disimular su tono desesperado.
—Quizás nos reencontremos esta tarde. Bueno chicos, ¡ya me voy! ¡cuídense y no se metan en tantas travesuras en mi ausencia!
Raimundo subió a su coche, cerró, arrancó el motor y se fue. Omi y Jermaine observaron a la distancia. El pequeño guerrero cruzó los brazos. Obviamente los pequeños inventaron la historia de la niña y Omi para tener un pretexto y acercarse al periodista sin traer sospechas. Omi le contó su plan a Jermaine con el propósito de evitar una torpeza de éste.
—¡¿Ahora qué hacemos, chino?! No nos dijo nada.
—Jer, a veces me pregunto si eres tonto o te haces, nos dijo que irá a la heladería con ella —dijo— ¡es nuestra oportunidad para vengarnos! Hay que avisarle a Tiny, llevemos a Dojo por si acaso.
—Entiendo, ¿y qué quiso decir con que estabas en las grandes ligas? ¿vas a jugar béisbol?
—¡Cómo eres crédulo! Estaba jugando. Raimundo está medio loquito, no hagas caso a todo lo que dice. ¡Vente! El abuelo nos va a llamar...
Entre tanto, en la mansión Spicer. Jack había decidido trabajar a domicilio aquel día en el despacho, leer y firmar unos documentos, hacer unas llamadas y prorrogar la junta hasta el jueves, pero antes tenía que discutir algo. Por fin llegó el autorretrato que estaba esperando, echó la sábana y escrutó con la mirada la pintura un rato. Le hizo una seña a la mucama que lo acompañara y ambos se dirigieron al estudio.
—Muévelo un poco hacia arriba, así, así... ¡no! Espera, bájalo un centímetro para que quede justo en el medio. Ahora cámbialo a la derecha.
—¿Mi derecha o la suya?
—¡La mía! Todas las derechas son mías, ¡ay por favor, qué mujer tan buena para nada! Voy a contratar sólo a robots a partir de ahora, el servicio es una mierda —se quejó Jack azorado mientras ponía el dedo en el audífono y titiló un destello azul— sí, un momento tengo que atender otra llamada, ¿bueno? Sí soy Jack, ¿en qué íbamos?... ¡¿Es eso lo mejor que pueden hacer?! ¡Por supuesto que quiero que lo repitan! ¡¿te escuchaste a ti mismo?! Mis delicados oídos no soportan tanta aberración.
Jack cerró los ojos y apretó el puente de la nariz cansinamente. Las duras palabras del joven amo ensombrecieron el rostro de la mujer y bajó la mirada con estoicismo. Encaramada en un banquillo trataba de colgar el autorretrato del propio Jack, de dimensiones 60 de ancho x 90 de largo, por encima de la chimenea. Replicas de esculturas y copias exactas de pinturas exhibidas en los museos más famosos en Europa. Un órgano a la esquina. Sillones rojo muy bien acomodados al estilo del cuarto. Los anaqueles atiborrados de libros y novelas seleccionadas de los primeros ejemplares. Jack dejó la llamada y volteó a mirar a la mujer.
—Aj, mejor déjalo, voy a pedir que me hagan uno más grande —dictaminó.
—¿Dónde quiere que lo deje, mi señor?
—Pues... ¡yo que sé! En el ático hasta nueva orden, pero no lo botes.
—¡Spicer!
Guan separó las puertas e ingresó a la habitación, cuando sus ojos se clavaron en el autorretrato de Jack automáticamente tuvo una regresión. Había oído hablar que todos nos debemos querer a nosotros mismos para consolidar una buena autoestima pero superaba el colmo, Jack era en extremo narcisista. El hombre se aclaró la garganta e inclinó la cabeza de lado. La mujer desmontó la pintura, hizo un gesto y salió caminando rápido. Guardados en espera de nueva orden había al tanteo una docena de autorretratos del joven amo que no le gustaron. De hecho en toda la casa, mínimo hay un retrato de él por dos habitaciones. Por poco no había uno en los baños. El delegado se estremeció, todos esos ojos fríos inhumanos mirándolo. Jack no pareció alterado ni impresionado como creía Kim. Apenas la empleada se fue. Sonrió, tomó una bandeja de cubitos de quesos pinchados con un palito y cogió uno. No estaba acostumbrado a servir a sus comensales de esa forma, pero nadie, salvo él, estaba allí.
—Es un queso importado de Suiza. Sabes que no hay nada mejor que la lactosa suiza, ¿te gustaría una? —ofreció tendiéndole la bandeja.
Guan se abalanzó sobre él, la bandeja cayó al piso, arrinconó al empresario contra la pared y apretó su hombro, inmovilizándolo. Jack se echó a reír. Guan tensó la mandíbula.
—Si no querías, me hubieras dicho no. No había necesidad de llegar a esto. Mira, ¿por qué mejor no bajas los brazos y nos sentamos a discutir esto como seres civilizados? Acuérdate que puedo denunciarte por exceso de violencia policíaca. —sin cohibirse, Guan apretó más fuerte. Jack torció la cara.
—Responde pequeña basura: ¿Cuál es tu intención con Kimiko? —Jack iba a protestar pero movió el codo hacia su garganta interrumpiéndolo— sólo déjame darte un consejo: Los que tienen antecedentes penales, como tú, les va muy mal otra recaída...
—¡Nada! —jadeó él sin aire—, sólo quiero redimirme. En el pasado la lastimé muchísimo, ahora descubrí que lo único que quiero es recuperarla ya que no puedo amar otra mujer que no sea a ella —Guan lo liberó y aplaudió efusivamente, las venas en sus sienes se dilataron. Las respiraciones de Jack eran temblorosas, se apoyó de la mesilla en busca de aliento entre tanto su mano masajeaba su cuello inflamado.
—¡Bravo, bravo! —exclamó con la cara roja— ¡bravo, bravo! Mira, ¿sabes cómo es la cosa sabandija? Yo no me como cuentos chinos mucho menos si son tuyos —lo aprehendió de la solapa de su camisa y alzó arriba. Jack no tenía la fuerza suficiente para impedirlo— si todo eso es cierto y lo único que quieres es a Kim de vuelta, ¿entonces qué hacías metiéndote en las pantaletas de una de tus empleadas? —lo batuqueó y arrojó contra el piso. Él se repuso muy lentamente.
—Ambos sabemos que los cargos imputados eran por acoso, sin embargo, el juez deliberó a mi favor y concluyó que era improcedente porque en ningún momento hubo sexo o existió una relación. Yo sólo cumplía mis obligaciones como jefe, ella fue irrespetuosa con uno de mis clientes y, por supuesto, debía amonestarla por desacato, pero en lugar de eso, decidió armar esta tramoyera para hacerme quedar mal —afirmó con aplomo.
—Sí, el caso quedó hasta allí porque TU familia le pagó para cerrar su boca —lo acusó con el dedo—, le diste su liquidación y le compraste un boleto de avión para irse y que jamás se supiera la verdad. En mis años de experiencia aprendí a diferenciar un testimonio falso de uno verdadero y el de ella no era fingido, estaba horrorizada porque la amenazaste. Escuché lo que le dijiste a esa doméstica si no cumple con su trabajo ¿por qué no la despides a ella y a las mujeres? —masculló con frialdad— no puedes porque es más difícil masturbarse y fantasear sin un objeto visual. ¿Por qué no podría ser posible? Tú eres su patrón, un hombre joven y tienes el mundo a tus pies, cautiva mucho el poder. En contraste ellas son sirvientas frágiles y sumisas, que hacen todo lo que les ordenas, podrías haberlas ilusionado con villas y castillos si te complacían en "pequeños favores"... —hizo comillas al aire.
—Por favor, Guan, no seas ridículo, chico —su mandíbula temblaba, pero Jack controló su rabia—. Ellas son mis empleadas y yo soy su jefe, no hay nada más, si existiera algo ¿qué sentido tiene que esté detrás de Kim? Desposo a una de ellas y listo, en el siglo XXI ya las plebeyas se pueden casar con príncipes. Además, si yo fuera un sádico como tú describiste, mis tíos no me regalarían ni un voto de confianza para cuidar a su niña. Tiene once, ¡es más tú la conoces! Es una pequeña de cabellos claros y ojos azules...
—Basta Spicer, tu verborrea no logrará confundirme. Conozco los tipos como tú: Empiezan a fisgonear debajo de las faldas y se excitan, cuando ven que deja de satisfacerle se llevan por un impulso pasional y entonces violan a sus víctimas y después al comprobar que les gustó, lo vuelven hacer una y otra vez hasta que en un accidente las matan, pero ahí no se detienen, todo lo contrario, el placer está por encima de las nubes. No hablamos de un violador si no un asesino
—¡YA CÁLLATE! —por fin había dejado salir a los demonios internos en el millonario, le abofeteó la mano y embistió. Su rostro había perdido el poco color que tenía, y ahora pálido de la rabia y los ojos fuera de la cuenca de sus órbitas, dijo con voz ronca—: Esto ya no me parece divertido. Acabas de dar un golpe MUY bajo, hasta para ti. Conozco mis derechos y no tienes pruebas contra mí de que he actuado ilegalmente así que no puedes ponerme bajo arresto...
—En eso tienes razón —reconoció arrastrando las palabras—. Pero cuando las tenga, ¡oh lo puedes apostar que será dentro de poco! Te veré en la jefatura tras las rejas —Jack rechinó los dientes y él se enderezó—. Porque si tocas un pelo a Kim, bastardo, óyeme bien, serás lo último que harás en libertad. Te lo advierto. Bien, me voy, esto me da náuseas.
Guan se dio la vuelta y abandonó el cuarto. Absorto y todavía inherente a la rabia, arrojó un jarrón. Se hizo añicos. Se cubrió la boca. A los dieciocho años, unos seis meses de haber ocupado el puesto de presidente. La policía allanó su mansión, lo llevó a una patrulla esposado por un presunto cargo de acoso. El caso estuvo en manos de Guan y se extrañó ver el nombre del ex de su protegida, a pesar de un vínculo llevó todo a cabo sin reunir emociones. Recogió tanto la versión de la empleada como la de Jack y comprobó que ella decía la verdad. Vacilaron mucho en exponer el caso en un juicio (nadie quiere tener de enemigo público a una familia acaudala), pero finalmente se logró. El proceso duró rápido a causa de la intervención del patriarca Spicer quien utilizó sus influencias para exonerar a su hijo y mantener alejada a la prensa. Lástima que eso no lo liberó del castigo. Cuando ambos estuvieron a solas; enajenado por el mal comportamiento que presentó su sucesor, su padre lo cacheteó hasta al cansancio, eso quiere decir, que permanecieron así un buen tiempo. Él se tocó la mejilla, y las heridas se reabrieron. Recordó que había implorado que lo golpeara en cualquier parte del cuerpo, excepto en el rostro, era la máscara que mostraba al público y si de repente alguien notaba los cardenales púrpuras, no tendría nada. La súplica hizo que el padre perdiera el control y aporreara con más intensidad que antes.
Ojalá hubiera bastado la sanción física, pero su padre quiso ir más allá y fue que restringió el acceso al patrimonio familiar y lo desheredó del testamento, considerándolo indigno. La única manera de condonar el castigo, era demostrar que se había reivindicado y una chica quisiera casarse con él por voluntad propia (nada de matrimonios arreglados). Afligido por los recuerdos excitados dentro de él, el hombre soltó un alarido. Los demás empleados no se atrevieron a entrar, este iba a ser uno de esos días atormentados para el joven amo.
—Otra vez soñé con la casa en llamas. Fue exactamente igual a mis anteriores sueños: Mi hermana y yo estábamos en el hogar de mis padres y, de repente, todo se prende en fuego. Y me despierto. Quisiera recordar más, hay días que no puedo concentrarme nada más que esto pero mi mente está en blanco como si estuviera bloqueada. Es demasiada coincidencia que le tema al fuego y sufra estas pesadillas, ¿no está de acuerdo doctor?
La angustia cortó a través de él. Es normal sentir miedo, no hay nada de malo ni razón para avergonzarse porque todos tememos a algo, pero indeliberadamente encontrarse sometido a la ansiedad era distinto. No ser capaz de enfrentarte a él ni explicarte por qué era frustrante. Raimundo llevaba dos años en terapia intensiva con un psiquiatra y hasta ahora él creía que estaba mejorando, no obstante, hace una semana tuvo una pesadilla. No lo preocuparía si no se repitiera tantas veces. En general asistía cada mes a una consulta, a no ser que sucediera algo que lo alarmara y llamara para adelantarla, era muy puntual. La visita de ayer perturbó al hombre. Temía que esto afectara su desempeño creativo y no pudiera escribir. Fuera de eso, andaba un poco distraído, pero intentaba disimularlo, pues a excepción de Hannibal y Clay nadie más lo sabía ni debían enterarse. En el auto, encendió el aire acondicionado y la puso al máximo volumen. Hacía mucho calor. Su celular estaba en el medio de Ashley y él, había descargado una aplicación para "control de tráfico", a veces era útil y otras era una chatarra inservible. Era más del mediodía y la temperatura estaba a treinta y cinco, escogió un buen día para un helado. Aunque él no podía discernir como Ashley podría cargar ese abrigo de piel si hacía calor. Por cortesía no preguntó.
—Y bien, ¿cuál es tu sabor de helado favorito?, —conversaba ella—, el mío es el limón.
—Supongo que el de chocolate, cualquier sabor para mí está bien. —respondió alzando los hombros, justificándose. Apenas escuchaba.
—Entonces pidamos uno de limón y otro de chocolate e intercambiamos, ¿te parece?
—No podría estar más de acuerdo —mintió. La idea era un poco cursi, cambió de tema—: Ashley, ¿perdiste una pluma en casa de Kim estos días?
—¿Qué? ¿una pluma? Ni siquiera conozco su casa, ¿cómo podría extraviar una pluma entre tantas cosas? Ella ¿cómo se llamaba? Es que tiene un nombre extraño y según recuerdo es también algo... rara...
—¡Ashley, si tienes algún prejuicio contra mis amigas me lo dices ahora! —replicó feroz—. Me molesta enormemente la suspicacia en tu comentario; Kim a veces puede ser irritante, pero no es extraña. Tú no conoces ni la mitad de lo que ha sufrido, es una chica muy fuerte y también autosuficiente, si no me equivoco te convendría aprender eso de ella...
—¡Pero bueno, ¿te picó una mosca tsé-tsé?! —chilló desdeñada— tú eras quien te quejabas de ella hace tiempo, de que era fastidiosa y además unidimensional, desde luego a mí no me apetecía seguirte la corriente porque no es un tema del que me fascine hablar, pero te apoyé y me pareciste agradecido. ¡Entonces no veo porque tienes por qué ser hostil conmigo!
Raimundo chasqueó la lengua, sabía que hundió la pata hasta el fondo y la mujer estaba en su derecho de defenderse. Ashley era su amiga, también debía reconocer su culpa y porque había fijado que por ninguna relación estropearía otra. Se estrujó los sesos en escrutinio de una excusa rápida para remediar.
—Yo estaba equivocado, me enfadé con quien no debía —susurró Raimundo con voz suave y profunda—. Discúlpame Ashley. No me he sentido bien; no sé que está sucediéndome, no lo puedo controlar, interfiere en mis asuntos sin que yo me dé cuenta...
—¿Qué tienes gatito? —inquirió imprimiendo un tono dulzón.
Raimundo le describió los síntomas de la ansiedad que estaba atormentando, omitiendo que era producida por una pesadilla. Ashley lo interrogó sobre el primer día en que aparecieron los males, la frecuencia y si estaba teniendo algún problema familiar o un amigo. Con esto, Ashley debió haber estudiado para psicología en vez de dedicarse al periodismo, era buena reportera, pero le faltaba ser un poco más intrépida. Raimundo mintió en la última pregunta a causa de que no sabía a mansalva cuándo fue que empezaron estos sueños y lo otro era de lo menos. Era más que una pelea su situación actual con Sagrario, a pesar el remordimiento podría jugar malas pasadas. La mujer lo animó a buscar expertos para informarse y actuar.
Él sintió una punzada atacar el hígado y forzó una sonrisa melancólica, ya sabía cuál era la solución del especialista y parte de ella, la píldora en su bolsillo se sacudió. De repente ella se desentendió de lo que dijo y mostró signos de evidente preocupación. El hombre pensó que quizás había cometido un error, ahora lo miraría como una especie de cachorrito herido y de todas las impresiones, la peor, era lástima para él. Ashley atribuyó que Raimundo no le hablaba en serio cuando se puso en favor de Kimiko y que el origen de su malhumor era la ansiedad. Ronroneando colocó una mano en su hombro.
—Ahora perdóname tú a mí, si me hubieras dicho antes tus malestares jamás mencionaría ir a la heladería. Podríamos posponerlo hasta que te sientas mejor.
—¡Ah haces que me sienta mal! —gruñó—. Yo tomé la iniciativa, que me esconda en casa no apartará los problemas de mi cabeza. Lo que necesito es distraerme.
—¿Seguro que puedes manejarlo? ¿Por qué no me lo dijiste antes? Sabes que no tienes por qué enfrentarte a esto tú solo y puedes contar conmigo para lo que sea que necesites, no me gusta verte sufrir.
—No quiero mortificar a nadie con mis problemas, pero hablaba en serio acerca de Kimiko. Por favor, te lo pido, no vuelvas a expresarte así de ella. Yo he sido muy injusto…
—Está bien, si tú insistes —interrumpió ella.
—Gracias.
Raimundo le dirigió una sonrisa cálida. Habían llegado, él se estacionó lentamente en frente de la heladería. Bajaron conjuntamente y entraron. En la barra eran los únicos en la fila, por ende, sus helados fueron los primeros en salir. El hombre pagó la cuenta, luego escogieron una mesa y se sentaron. Ashley se reservó el privilegio de opinar. Pero Raimundo discernió que no tuvo una buena percepción del local. A lo mejor por la cantidad de niños y el estilo retro lo podría considerar trivial e infantil. Aunque había también adultos. La clientela solía ser grupos reducidos o enormes de niños, padres u otros familiares acompañados de los más consentidos y novios adolescentes o universitarios. Lo idea era venir con otra persona, pero así como él muy poco se presentaba alguien solo. Lo que pudo salvar la cita fue el helado, comprende una variedad de sabores y todos eran apetitosos. Se untó un poco de chocolate por encima del labio superior de Ashley.
—Tienes helado aquí —señaló Raimundo.
—¡Oh no puede ser, diablos! —se quejó ella: El servilletero que estaba en medio de los dos se había quedado sin provisiones—. Gatito, ¿podrías pedirle a la encargada que te regale un paquete de servilletas para esta mesa?
—Creo que yo mismo podría ocuparme de eso —sonrió sosteniendo su brazo en el aire.
Ashley estaba desarmada. Su mirada era insondable y sus ojos verdes estaban puestos sobre los suyos. Su mente divagó y a ciencia cierta adivinó lo que planeaba. Deslizó la otra mano por su barbilla y la alzó mientras se inclinaba rápidamente a besarla. Fue un beso frío, pero no era por culpa del helado. Dentro de él no sintió nada. Ni siquiera cosquillas o el corazón saltar de las entrañas a la garganta. De hecho duró corto tiempo porque Ashley lo empujó. Absorto y decepcionado se preguntó qué fue lo que resultó mal. Hubiera jurado que este era el momento que había estado esperando. Ashley era todo lo que buscaba en una mujer, para que no existieran dudas decidió comprobarlo, pero ya no la quería. Estaba convencido que antes no habría sido igual. Sus sentimientos habían cambiado, ¡¿y por qué razón?! ¡¿cuándo y cómo?!
Para ejecutar su venganza contra la nariz respingada, Omi prescindió de ir al entrenamiento y buscar a Dojo en su casa. Cuando nadie andaba por ahí, se las arreglaba para encontrar la comida (Wuya siempre la escondía supuestamente para matarlo de hambre), jugar con unos trapos viejos de cocina y descansar en la cama de los padres del muchacho. Hoy se hizo en el lado de Wuya. Omi estaba más que satisfecho que su mascota aprendiera tan deprisa los decretos del mal, pero del mismo modo angustiado, porque apenas su madrastra se enterara lo molería a golpes. No tenía tiempo de limpiarlo (quién sabe si llegarían tarde), le ordenó a Dojo venirse y salieron corriendo junto a Tiny y Jermaine. La inocente Kim se presentó en la escuela de artes marciales, desconociendo el verdadero paradero de Omi, después de salir de la universidad.
—Disculpe, señor, estoy buscando un pequeño de este tamaño, calvo y llamado Omi, ¿sabe dónde está?
—Él no vino hoy.
—¿No vino? ¿cómo que no? Hoy es martes, jueves y martes tiene entrenamiento dos horas. Si no iba a venir me habrían notificado que no saldría de casa —pensó la chica en voz alta. El monje que no conocía la extraña actitud del libro abierto de Kim creyó que hablaba con él.
—Lo lamento, señorita, pero no hay nada que podamos hacer.
—Creo que llamaré al Sr. Fung —Kim metió la mano en su cartera, pero volvió a sacarla al descartar su pensamiento—. No, yo creo que él faltó adrede y está detrás de otra travesura, ¡ay mis estrellas! ¡¿en qué líos estarás ahora?! Bueno, gracias señor monje, iré a buscarlo en el colegio —y por su merecido bien ojalá esté allí.
No estaba allí. Él, Dojo sus amigos espiaban a Ashley y Raimundo en una mesa para cuatro personas. Dojo estaba abajo al lado de su dueño parado en dos patas para discutir el plan de ataque discretamente. Tiny se quitó su gorra de béisbol y la puso encima de la mesa (en el establecimiento estaba prohibido el uso de cascos, gorras o sombreros). Jermaine mascaba chicle a boca abierta. Omi permanecía en el medio, equilibrando todo. Una niña se atravesó entre su objetivo en la mira y ellos.
—¡Quítate del medio, niña intrusa! Nos estorbas.
—¡Qué grosero! —exclamó la niña. Omi reprendió a su amigo con la mirada.
—¿Qué te pasa Tiny? No queremos llamar la atención, ¡guarda silencio o nos echarán!
—Ya, ya, ¿cuál es el plan, chino? —masculló impaciente.
—Pues mi plan hubiera funcionado si estuviésemos en un apartamento, ahora que estamos aquí voy a tener que improvisar, ¡pero relájense! Soy el genio de las ideas. Ustedes sólo me tienen que seguir la corriente y repetir mis mismas acciones y ¡todo saldrá perfecto! Esto es lo que haremos... —Omi se acercó y los niños se arrimaron con él, el ruido a su derecha le impidió hablar— ¡Jermaine, ¿podrías dejar de masticar chicle?! Estamos en una operación.
—¡Lo siento! En la escuela no me dejan y quería probar estos dulces que me trajo mi tío del exterior, ¿ustedes quieren? —Omi le pegó a Dojo en la mano quien iba a coger uno.
—Más tarde lo repartiremos como botín. Ahora ¡al plan!
Omi no continuó, en realidad si lo hizo, empero no usó palabras. Zumbó entre dientes, se estremeció, golpeó fuerte la mesa y aplaudió. Sus amigos fruncieron el ceño hacia Omi y escudriñaron al mosquito que estaba aplastando. Debía ser diminuto y escurridizo porque para ellos era invisible. Tiny intuyó al cabo de cinco minutos, empezó a zumbar y pisotear. Jermaine trató pescar al animalito imaginario aplaudiendo. Su actuación atrajo las miradas de las mesas adyacentes. Ajenos a la intemperie, Raimundo ofrecía disculpas a Ashley.
—¡Raimundo!
—Lo siento, Ash, fue un impulso. No volverá a ocurrir, lo prometo
También pensó añadir "al menos desapareció la mancha", pero Ashley no recibía bien los chistes o era como Kim, que se las ingeniaba con una respuesta mordaz. Kim le pegaría en el hombro o le dejaría el ojo morado. Ashley frunciría los labios, agarraría sus cosas y se iría a su apartamento en su taxi. Le gustaban las chicas divertidas, de lo contrario sería muy fastidioso que sólo se riera él. Ashley no es graciosa y lo sabía, ¿sería esas pequeñas cosas que hicieron que se perdiera la magia por partes? El hombre fue salvado por su celular. El timbre sonó indicando de una llamada entrante. Lo sacó de su bolsillo trasero y atendió:
—Sí, ¿diga?
—¡Raimundo! Soy yo, ¡Kim!
—Ah, eres tú...
—Lamento ser yo y no quien tú querías, pero eres el único que puedes ayudarme —replicó.
Su intención no era provocar a Kim ni susurró esas palabras para sonar aburrido, en honor a la verdadle gustó que ella pensara en él como su único recurso y aún más que lo llamara ya que casi siempre no quería saber nada de él. Además, no podía alegrarse de que una mujer lo sacara de contexto mientras estaba en compañía de otra (las mujeres son malpensadas y efusivas).
—Dime en qué soy excelente —sonrió. Adoraba ver fuera de sí a Kim, sin embargo, ella no buscaba una pelea.
—¿Omi está contigo o sabes dónde está?
—No, estoy con Ashley. ¿Hizo alguna tontería o volvió a escaparse?
—¡Una abeja gigante! ¡Está por allá! —gritó Omi. Raimundo reconoció la voz del pequeño (era inconfundiblemente ronca).
—Espera un segundo, ¡¿Omi?!
—¡¿Qué?! ¿Estás con Ashley y Omi? ¡Oh no, Omi ¿por qué?! ¡Te ordené que no hicieras nadas! ¡¿Dime dónde estás?!
—En la heladería, ¿pero para qué necesitas...? ¿Kim? ¿Kim? —la llamada se cayó.
Kim aún no había borrado el número de Raimundo, pues él se lo anotó en una hoja cuando fue a merendar en el café que ella trabajó por un día. A toda marcha, la mujer se lanzó en esa dirección. Entre tanto se armaba un tremendo caos. Las personas estaban alarmadas, saltaban de sus asientos y buscaban exterminar al insecto. Estábamos hablando de una amenaza que mínimo medía un centímetro, pero parecía que nos afrontábamos a un dinosaurio. Las niñas pegaban gritos y se subían a las sillas. La dependiente abandonó su puesto y salió con un matamoscas en la mano. Era una cosa inadmisible, durante más de veinticinco años no han perpetrado bichos voladores ni los que se arrastraban, pero siempre acontecían accidentes hasta en los mejores lugares. Todo el mundo siguió el dedo de Omi que apuntaba el cabello de Ashley
—¡Ahí está! ¡ella lo tiene! ¡en el pelo! —la mujer se levantó como acto reflejo.
—¡¿Qué?! ¡¿una abeja?! —vociferó—. ¡RAIMUNDO QUÍTAMELA, SOY ALÉRGICA A LAS ABEJAS!
—¡YO LA MATARÉ! —anunció Jermaine. Equidistante a la confusión y el desorden total, Tiny se arrojó pecho a tierra y gateó hasta la silla de Ashley silenciosamente. Nadie se fijó porque estaban pendientes en la actitud heroica asumida de Jermaine y el dedo acusador de Omi. El Guerrero Shaolin no sacó nada más de su casa a Dojo si no un huevo, y éste pararía derechito en el asiento de Ashley.
—¡Espera niño! ¡¿qué vas a hacer?! —espetó Raimundo.
Jermaine corrió y abofeteó donde estaba la abeja ficticia, no lo suficientemente fuerte para dejarla inconsciente, pero sí para arrancarle todo el cabello y quedarse adherido a su mano pegajosa por el chicle. La quijada de Raimundo tocó el piso cuando vio que quien iba pedir que fuera su novia estaba calva. Omi boquiabierto condujo sus manos a su cabeza, nunca lo hubiera imaginado. Su look era bastante popular. El pobre Jermaine parecía avergonzado, si bien menos que Ashley. Roja y encolerizada. Todo el mundo olvidó a la abeja, el objeto de atención era la peluca sedosa hecha de hebras naturales en el chico y la calva brillante de la mujer. Raimundo reaccionó y tomó al chico por los hombros.
—¡No puede ser! ¡es una pesadilla! ¡DEVUÉLVEME ESO! —Jermaine se la extendió, ella se la arrebató a regañadientes. Miró que estaba pastosa y húmeda, soltó un quejido mientras caía en su silla. Sintió algo crujir debajo y puso los ojos desorbitados.
—¿Qué te pasa, Ashley?
—Creo que me senté sobre algo. Raimundo quiero que revises —lentamente se levantó. El hombre se asomó y encontró el huevo que había puesto Tiny destruido pieza por pieza. El pantalón de la mujer se bañó en clara de huevo— ¿qué? ¡¿Qué es?! ¡DIME!
—Bueno, uhm... es... será mejor que te cubras con esto —Raimundo se quitó su chaqueta y la tendió.
Ashley volteó y miró el mundo desplomarse a sus pies al ver el huevo, comprendió todo. Y empeorando las cosas, apareció la última persona que debería inmiscuirse: Kim. Ashley no lo vio como una coincidencia. Los ojos de Kim pasaron de Raimundo a Ashley (sin pelo y cubierta de huevo) a Jermaine, a Tiny y por último a Omi, el niño puso una sonrisa estática. Frenética se abalanzó sobre Kim.
—¡TÚ! ¡DEBÍ HABERLO SABIDO! ¡TÚ ESTÁS DETRÁS DE TODO ESTO! ¡CLARO QUE SÍ, TUS NIÑOS, RAIMUNDO Y TÚ! ¡¿VINISTE A CONTEMPLAR TU OBRA?!
—No sé de qué me estás hablando... —Kim cerró los ojos, su dedo estaba demasiado cerca de ella.
—¡Ashley! —terció Raimundo— este no es el momento. Salgamos de aquí, ponte esto.
—¡NO QUIERO NADA RAIMUNDO! ¡¿NO ENTIENDES?! —temblando de rabia apartó su mano, la chaqueta salió disparada.
—¡Occidental insolente! —exclamó Omi— ¡¿cómo te atreves a hablarle así?!
—¡Omi no es asunto tuyo!
Omi apretó los puños (no había aprendido su lección), se agachó al oído de Dojo y susurró:
—Dojo ataca, ¡ataca!
El lagarto serpenteó y saltó encima de la nariz respingada. No se asusten (o mejor dicho no celebren tanto) porque no la mordió o le echó baba, fue un amistoso abrazo. Se echó hacia atrás y estrelló con un niño, el helado cayó arriba de ella y su cabeza se dio contra el piso. Ella parecía tener un asco por los reptiles a causa que se retorcía y chillaba descontrolada como si éste fuera a chupar su sangre. Raimundo se sentía mareado, su cabeza daba vueltas, nunca se había humillado en toda su vida. Omi reprimía las carcajadas, apretó el estómago e infló las mejillas. Kim tenía la boca distorsionada en una mueca de horror, se cubrió con su mano tapando un grito ahogado. El niño sin helado comenzó a llorar y hacer pataletas. Y Tiny y Jermaine se reagruparon más atrás de la escena estupefacto.
—¡QUÍTENMELO! ¡QUÍTENMELO DE ENCIMA! —Kim tomó ventaja y cargó a Dojo en brazos, pero Ashley estaba enloquecida. Pese que Raimundo trató ayudarla a levantarla al estirar su mano, lo rechazó y en pleno apogeo caminó hasta Omi—: ¡FUISTE TÚ! ¡YO TE VI CUANDO LE SUSURRASTE A TU ASQUEROSO ANIMAL AL OÍDO! ¡ESTOY COMPLETAMENTE SEGURA QUE LE ORDENASTE QUE ME ATACARA!
—¡¿Asqueroso reptil?! ¡Aparta tus manos de él, vieja loca! —Omi retrocedió, apegándose a la pierna de Kim.
—¡YA VERÁS QUIÉN ES LA VIEJA LOCA CUANDO TE AGARRE MOCOSO!
—¡Ashley, BASTA! —Raimundo la interceptó, asió sus muñecas y jaló hacia él— ¡te estoy diciendo que lo dejes hasta aquí! Son cosas de niños, no le hagas caso y vente conmigo. Te llevaré a tu casa, te cambiarás la ropa y estarás mejor.
—¡¿Cosas de niños, Raimundo?! ¡Este crío lo planeó todo junto a sus amigos raros! ¡Yo no puedo creer que seas tan ciego! Lee mis labios a ver si captas: No hay tal abeja, quería una excusa para atacarme, luego el huevo aparece mágicamente en mi silla cuando te aseguro que cuando me senté la primera vez NO ESTABA ALLÍ y por último SU mascota me salta encima ¡¿eso no te dice nada?! ¡¿Es coincidencia?!
—¡¿Y qué?! ¿vas a solucionarlo con violencia? Por favor, Ashley, tú te estás humillando en frente de todas estas personas.
—¡¿Y PARA COLMO NO PIENSAS DEFENDERME?! ¡¿TE PONES DE SU LADO Y PERMITES QUE ESTO SUCEDA?! ¡AQUÍ LA ÚNICA VÍCTIMA SOY YO, NO ÉL! —Ashley consiguió zafarse bruscamente, le abofeteó la cara tan fuerte que el hombre movió la cabeza a la dirección que proyectó el golpe (su derecha) y un gruñido se escapó entre sus dientes—. Eres un imbécil, Raimundo, estoy terriblemente decepcionada ¡por eso prefiero a los gatos, son muy lindos, las quiero mucho más que a las personas y en especial los niños! —masculló volteando a mirar a Omi.
Ashley cruzó el umbral y se fue azotando la puerta. En otro día, Kim hubiera estado alegre que la cita del idiota haya salido mal y una mujer le propinó su merecido, hubiera sido una reincidencia de cómo ella se sintió cuando salieron por primera vez, no obstante, se impuso sobre ella un sentimiento que reconoció como compasión, pues todo se arruinó no por algo que hizo Raimundo si no por una travesura de Omi y la gota que colmó el vaso fue cuando lo protegió de unas nalgadas. El pasmo del hombre sobrepasa lo que pudiera expresarse en palabras. Ashley podría ser la anciana loca que vive rodeada de montones de felinos, nunca hubiera imagino que en su juventud sería guapa. El niño lloraba sobre el helado derramado. Ya habían llamado a dos empleados para limpiar el desastre cuando Raimundo se agachó y le obsequió veinticinco dólares para reembolsar la pérdida.
—Oye niño, no llores más y cómprate otro. Lamento lo de tu helado.
—Gracias señor —dijo con voz queda, aceptando el dinero y poniendo una sonrisa. Él se la devolvió volviendo a reintegrarse. Mientras se alejaba, Kim lo alcanzó.
—Raimundo, no sé cómo decirte esto, pero lo siento... tu cita se estropeó porque no estuve con Omi. —Kim fulminó con la mirada al niño. Él puso una sonrisa rígida y estiró el cuello de su camisa. Raimundo cruzó los brazos bajo el pecho y bajó la cabeza.
—No había nada que pudiera salvar esa cita. Ustedes no son responsables. Ashley está loca y te dijo cosas muy feas, discúlpame Kim, por ser tan ciego. Yo necesito meditar a solas —susurró suprimiendo la tristeza. Giró a Omi y dijo serio—: dentro de unos cinco años vas a comenzar afeitarte. Las bromas de los adultos no son permisivas igual a las de los niños, estás creciendo Omi, ¿cómo crees que vas encaminándote hacia el futuro?
—¿Mal? —respondió sin contener su incomodidad, después que Raimundo hizo una pausa y las miradas de Kim y él recayeran sobre el pequeño.
—Bien hecho —asintió— así que disfrútalas mientras puedas —el hombre salió, empujó la puerta y metió las manos en los bolsillos. No aguardó a que el semáforo cambiara. Observó que no había automóviles en la vía y franqueó al otro lado. Kim y Omi lo siguieron con la mirada. Jermaine intervino absorto y lleno de muchas preguntas:
—No lo entiendo, ¿te regañó porque embromaste a la nariz respingada o estaba agradecido porque lo rescataste de ella?
Me parece que un poco de ambas, pensó el niño para sus adentros. Raimundo se aseguró de tornar con exactitud las palabras de su charla cuando descubrió que había sido el autor de la travesura de la crema azul. Imaginó que su intención era recordarle. Un escalofrío zarandeó su cuerpo, preferiría unas tundas en las pantorrillas de su padre o su abuelo sermoneándole que a Raimundo enojado. Él no era de los que tienen mal genio y cuando lo hace asusta. En realidad lo único que salió afectado en ese lugar era el orgullo de Raimundo. Ahora Ashley le resultaba tan diferente a como actuó en esa heladería; le sorprendió lo fácil que puede ser para ciertas personas disfrazar sus atributos y cómo para otras engañarlas. De no ser porque lo descubrió a tiempo estaría enredado en un mal compromiso. Se detuvo, había llegado al puente. Debajo de él se movían cientos y cientos de autos, algunos al norte y el resto al sur.
El hombre apoyó los codos y se asomó a mirar. Deslizó sus dedos por los labios... no había sido superior ni siquiera igual al beso con Kim, aunque le faltara experiencia recordó todas las sensaciones que vinieron y una sonrisa apareció en su rostro, se dio cuenta que eso sería admitir que le gustaba (como mínimo) y si continuaba pasaría de ser una atracción al amor. Es bastante deprimente y se reprochó: Kim lo detestaba y a él no le convenía enamorarse ni quería, es más, ni sabía qué era lo que en ese momento estaba sintiendo por ella. Necesitaba poner en orden sus pensamientos y dejar a un lado los sentimientos, Sagrario y el libro son primero.
—¡Más alto, más alto...!
A veces se detenía a pensar en los tiempos en que era feliz, la pequeña Sophie encaramada en sus hombros jugando al avioncito mientras intentaba atrapar a Héctor que corría desnudo por toda la casa, escapando del baño o cuando enseñó a nadar a Sagrario y ésta tenía miedo de entrar al agua.
—Ven cariño, no te va a pasar nada. Estoy aquí, mientras tomes mi mano todo saldrá bien. No entraremos a lo hondo, no si tú quieres. Te lo prometo.
El periodista sabía que le temía al fuego, sus padres le dijeron que fue por algo que sucedió cuando era niño, empero no podía traer a la memoria lo que ocurrió. Lo único en que tenía certeza era el pronóstico del doctor, determinó tras varias consultas y responder preguntas directas que su pesadilla no era un producto de su mente si no un recuerdo vinculado a un trauma. Los niveles de estrés que generaron la situación fueron tan elevados que su mente, como mecanismo de defensa, lo bloqueó. El fuego es un condicionamiento, debido a que no superó el hecho, los síntomas de ansiedad reaparecen ante la más mínima chispa. Al parecer era sólo eso, pues no tenía problemas en recordar su identidad ni tendía olvidar las cosas de inmediato. Existen casos que derivan a otros trastornos del organismo y trascender en sus actividades, empero Raimundo aún estaba en su juicio y no desatendía sus deberes a pesar de sus preocupaciones.
Por desgracia, no existe una píldora mágica ni un tratamiento que restaure la memoria a las personas que padecen amnesia. Hay pacientes que nunca llegan a recuperar sus recuerdos y otros que con el tiempo lo han logrado. Le aconsejó evitar a cualquier costa el estrés y que la familia es crucial para ayudarlo. Él discernió que era de vital importancia descubrir cuál era el origen. Sin embargo, Raimundo no se sentía preparado para afrontar a su familia ni a Sagrario. Pero estaba seguro que algún día lo haría. Una banda de golondrinas surcó por el cielo. Suspiró y comenzó a alejarse.
A/N: Fin del capítulo veintisiete. ¡Sucedieron tantas cosas! El secreto de Jack, el miedo de Raimundo, la travesura de Omi y ¡Ashley calva! ¿Por dónde empezamos? ¿por Rai entonces? Okey. No quería que pasara mucho tiempo entre el beso de Ashley y el beso con Kimi para que ustedes "pudieran comparar", aunque de igual manera Raimundo dejó de interesarle Ashley no iba a poner que, de pronto, proclame su amor por Kim a los cuatro vientos. En las novelas sucede frecuentemente, que estés enamorado de dos, pero yo opino que estas cosas del corazón deberían tomarse con tiempo y más si dijiste que no querías una relación romántica con esa persona. Pero no se preocupen, porque Raimundo es rápido, tomará una decisión a los cuatro capítulos que vienen (o sea, que estén pendientes del episodio treinta y uno: Cicatrices). Al menos Kim tiene la vía libre para avanzar. Como ya leyeron al especialista, Raimundo padece de amnesia (me tuve que documentar bien de esto antes de escribirlo) y sí conoceremos a su familia pronto.
Lo del frío beso con Ashley y esa broma la tenía marcada sobre la pauta, de hecho iba a suceder por separado, pero para no alargar más decidí unirlo. Es definitivo, ellos no volverán a hablarse. No sé si Ashley aparecerá después. ¿No fue un golpe genial que la atacara Dojo y que se descubriera que ella es calva? ¡A que se rieron! ¡Ay Omi eres un desmadre! Me parece que Omi, Jermaine y Tiny se acaban de convertir en héroes (el ataque del lagarto, la peluca y el huevo en orden). Les recomiendo que no ignoren lo de Raimundo ya que es fundamental para entender el rompecabezas y me parece que en ningún otro capítulo les habría soltado un dato tan grande. Me deben agradecer mi generosidad. Les dije desde temprano que no subestimaran a Jack ya que tiene varios ases ocultados bajo la manga. El misterio que Jack encierra fue lo que dijo Guan, ¿no se dan cuenta que cuando meten un policía es lo mismo para todo?
Del castigo de Omi no se hagan muchas ilusiones ya que saltaremos a la acción de Omi y Jack contra los tortolitos. No se lo pierdan, hasta entonces los espero en el siguiente episodio de su novela consentida Quiero ser escritora. No olviden que pueden dejar sus comentarios, dudas y sugerencias en el rectángulo de abajo (lo mejor es que es gratis). ¡Cuídense, se les quiere y se les respeta malvaviscos asados!
Mensaje para MexicanChurros: ¡Hola! Bueno, actualizo un día a la semana porque no quiero quedarme sin capítulos :( Así al menos tengo algo, es como el dinero, no gasta tu mesada de una. Trato de ahorrar. Ahora en relación con tu pregunta ¿en XC o XS? Hablas como si habláramos dos series diferentes, para mí es una sola, los personajes no han cambiado en nada (si no hubiera sido por la Warner que no quiso ceder sus derechos no habría necesidad que los guionistas, entre ellos la propia creadora de la serie, sustituyeran cosas en la trama, y de hecho, la personalidad de los personajes fue una de las cosas que lograron mantener igual). Yo intento de plasmar su carácter en las historias, aunque quizás queda a menudo un poco como OOC, por ejemplo, Omi y Jack. Bueno, en XS y XC, Jack no tiene pelos en la lengua para coquetear y acosar y Omi me parece que es un muchacho activo, no sabría decirte si él tiene esa facultad para elaborar esas bromas tan complejas; el machismo, la arrogancia y sus deseos de convertirse en un Monje Guerrero de Shaolin nos apegan a su esencia.
¿Así que quieres ser periodista? Un consejo: Copia todo de tu entrevistado al pie de la letra y fíjate bien lo que haces, léelo y corrígelo, tomate tu tiempo. Lo digo ya que hace unas semanas me hicieron una entrevista muy del asco, no cuestiono el número de las preguntas o qué me preguntaron, si no que cuando transcribieran mis respuestas mutilaron muchísimas cosas que yo dije y para colmo reescribieron mal unas palabras con errores ortográficos ¡hasta mi propio nombre lo escribieron fatal! ¡Por supuesto me sentí furiosa! ¡Pffff, espero haber contestado tu pregunta! Hasta entonces, ojalá el capítulo te haya gustado tanto como a mí, ¡muchas gracias por leer y comentar! ¡nos vemos pronto!
