Los personajes son de Stephenie Meyer. Solo la trama es de mi autoría.

Summary: Cuando el rumor de un triángulo amoroso estalla en el pequeño pueblo de Forks, lo que menos se imaginó Bella era que ella también se encontraba incluida en aquel embrollo. ––Dime que mi ex novia y mi ex amiga no están compartiendo la misma polla. ¡Dímelo! ––rugió colérico provocando una ola de miedo en cada entraña de mi cuerpo, sus ojos verdes me atravesaron cual guillotinas afiladas esperando una respuesta; y sin embargo no pude defenderme, porque eso sería aún peor.


Hola mis preciosas! por aquí les dejo el nuevo capi, de nuevo sin betear ¬¬, bueno mi doc ha estado super ocupada y no me ha podido ayudar. Espero que perdonen cualquier mounstruo que encuentren por allí :(


"You lost the love I loved the most"

Christina Perry.

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Perception.

By

MarieelizabethCS

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Circunstancias.

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Las inesperadas palabras de Edward fueron todo lo que pude procesar por un largo tiempo.

Miles de pensamientos, preguntas, sensaciones, objeciones, críticas revolotearon a través de mi sangre con cada bombeo desesperado de mi corazón. ¿Yo le gustaba? Es decir, ¿En un sentido más extenso que el de un amigo?

¿Cómo románticamente hablando?

El pensamiento me atropelló con la fuerza de mil caballos y cuando las piernas se me doblaron débiles, las manos de Edward me atrajeron para que me sentara sobre su regazo, arropándome con todo su calor; no tuve ni un gramo de fuerza para impedírselo, estaba tan elevada en mis pensamientos que difícilmente pude gemir en protesta.

Y es que… yo lo amé, hace algunos años y que viniera a decirme esto, después de tanto tiempo…era como si le clavaran un puñal a aquella niña que lloró amargamente durante meses, por el rechazo de su amor.

Cerré los ojos e intenté sin éxito alejar esos sentimientos horribles.

––No puedes decirme eso. ––murmuré viendo la oscuridad de mis párpados. Lo sentí suspirar y sus brazos me envolvieron apretadamente mientras me adhería a su pecho.

Respiré absorbiendo su aroma fresco, para calmar la crispación que había provocado con unas cuantas palabras.

––Tenía que sacarlo de mí. ––dijo besándome la cabeza.

Apreté más los ojos, y negué ––¿Sabes acaso…?––la voz se me cortó un poco obligándome a callar por un momento, me susurró un tranquila al oído, tan suave que me estremecí al percibir su aliento cálido; pero yo necesitaba decirlo a pesar de la punzada de dolor que no me dejaba hablar––¿Sabes que me hace mucho daño lo que dices? ––terminé de decir de forma entrecortada.

Edward se tensionó por completo como una piedra debajo mío, y yo me resentí conmigo misma por hacerlo sentir mal.

––No es esa mi intención. Jamás podría volver a hacer algo que te dañara de alguna forma––me respondió con voz ronca, milimetrada como si el simple hecho de mencionar lo que sucedió hace cuatro años lo fastidiara a niveles insospechados.

Esto era una situación por demás irónica, el destino se estaba carcajeando a mi costa, en mi propia cara.

¿Cuánto habría sacrificado porque él me dijera eso mismo, hace cuatro años?

Lo hubiese entregado todo sin decoro alguno.

Pero ahora…

Ahora ya no tenía ningún sentido.

Abrí los ojos y me encontré con su rostro bastante cerca del mío. Edward me miraba con la cabeza un poco inclinada, y sus ojos esmeraldas llenos con claro dolor me impactaron con una sacudida de todo mi cuerpo.

Sé lo que se siente, pensé rememorando el pasado.

––Lo sé Edward. Es solo que es…. Complicado.

––¿A qué te refieres? ––me preguntó bajando la cabeza para darme un entrañable y dulce beso en la cien. Dejó sus labios justo así, pegados a mi piel sin ningún indicio de querer alejarse un centímetro. Tragué pesado al tener la tintineante sensación de sus labios contra mi piel.

––Me refiero a que fue duro para mi poder superar tu rechazo Edward. Más de lo que te imaginas; y si bien sé que no todo fue tu culpa, el que me digas esto ahora es… triste ––Tomé aire, claudicando en el intento de expresarme bien–– simplemente es demasiado.

Y no tengo ninguna condenada pista de como continuar con nuestra amistad después de tu confesión.

De repente sentí sus manos moverse a mi cintura de nuevo, en un recorrido lento y tortuoso que me provocó un suave temblor en el cuerpo. Ahogué un jadeo por la impresionante reacción que solo su tacto producía en mi piel, sin permitir que algo se reflejara en mi rostro.

Suspiré.

––Lo comprendo. No espero que digas algo a cambio. ––despegó sus labios de mi piel para mirarme con esos hermosos ojos verdes que poseía. Él me transmitía tanto con una sola de sus miradas que sostener la conexión fue casi que imposible, aunque me obligué a ello.

Todos mis sentidos estaban puestos en Edward, su respiración estaba golpeándome las mejillas llenándome de su fresco aliento, las contracciones de su corazón empujando contra mi espalda, la tensión de sus músculos debajo de mí… me mordí el labio apartando la mirada de la suya. Tenía el corazón acelerado y las manos frías. No, me dije con vehemencia, yo no podía estar sintiendo cosas por Edward de nuevo.

Me escondí de su mirada no pudiendo soportar un segundo más la potencia calcinante de sus ojos sobre los míos; entonces dirigí la vista hacia abajo a mis manos pálidas.

––Yo no… es que, realmente lo que deseo es tener tu amistad de vuelta. Siento si me mal interpretaste de alguna forma–– dije sin dejar de rebuscar en mis manos las respuestas correctas, estaba nerviosa y casi que entrando en una crisis por la sola posibilidad de perderlo una vez más. ––Quisiera que por favor no me vuelvas a decir algo como eso ¿Bien? Me incomoda mucho––me escuché a mí misma y no pude dejar de pensar en lo inmadura que era, después de todo. Más ¿Qué se suponía que debía decirle sino?

No sentía lo mismo por él, y aunque lo sintiera no iba a arriesgarme de nuevo a que me dañara.

Estúpida no era.

Hormonal, tal vez.

Pero no estúpida.

El silencio nos arrulló por un pacífico momento, Edward me concedió algo de paz mental y me dejé llevar por la muda respuesta de mi petición.

––Lo voy a intentar, pero no prometo nada––susurró con la voz gruesa, metiendo su rostro en mi cabello, respiró profundo y luego soltó el aire con un sonido masculino.

Oh dios, ¿Por qué tuvo que sonar como un gemido deseoso? Aquel sonido que dejó ir incendió algo en mi entrepierna que francamente me sorprendió, incluso mis pezones se irguieron dolorosamente contra la licra de mi blusa.

Mierda.

Me mordí el labio y con toda la fuerza de voluntad que aun pesaba por mis arterias, me puse en pie alejándome dos prudentes pasos hacía la ventana. ¿En qué momento empezó mi cuerpo a arder? Pensé algo aturdida y con la respiración por los aires. Es todo él, todo su atractivo ser… su cercanía, él tenía esta aura seductora y atrevida que me envolvía como la más suave y cálida de las sedas.

Tragué pesado y me crucé brazos ocultando mis senos, para que no viera la evidencia de mi excitación.

Deja ya de comportarte como calentona y coloca los puntos sobre las ies.

Edward estaba analizándome de arriba abajo con una mirada que, oscura, pícara y coqueta, jamás había sido lanzada hacía mí; menos por parte de él. Entorné los ojos y el sonrojo recorrió desde mi cara hasta mi pecho, ¡Edward no tenía ninguna clase… de modales! ¿Pero que esperaba lanzándome esa mirada? Yo no estaba acostumbrada a recibir esa clase de atenciones. Además, la última vez que verifiqué ¡Los amigos no se miraban de esa forma!

Maldije la hora en la que me puse esos shorts y esa blusa amarilla desgastada por el sobreuso; era mi outfit que vestía los fines de semana en casa ¿Pero cómo me iba a imaginar que Edward se iba a presentar en mi casa un día sábado, en la mañana? Pisoteé el suelo llamando su atención, se centró en un lugar más seguro al mirarme a los ojos. Tenía una sonrisa ladeada en su boca y una mirada peligrosamente a pasiva.

Me crucé de brazos y lo fulminé con la mirada—Recién dijiste que lo intentarías, Edward. —gruñí, era imposible que volviéramos a retomar una amistad si seguía mirándome como un pedazo de carne; además que el sonrojo se iba a volver permanente en mis mejillas por su actitud imprudente.

Edward se puso en pie con todo su metro noventa estirado hasta los límites y me tuvo encarcelada con su sola presencia, mirándome desde su asombrosa altura.

—Tranquilízate ¿Si? Voy en serio cuando te dije que lo iba a intentar. Haría cualquier cosa por ti—dijo frunciendo una pizca el ceño. Apretó los labios haciendo una mueca contrariada—Pero eso no cambia lo que siento.

Algo de mí le gustaba a Edward y no pude de parar de pensar en eso mientras nos mirábamos fijamente a los ojos. Aparte de sentir un poco de regocijo propio, la punzada de preocupación no dejó de latir en desacuerdo ni por un segundo.

Me abracé sintiéndome incómoda por la mirada que me lanzaba; sus ojos verdes se veían alucinantes, brillantes y anhelantes, como si estuviese viendo algo sumamente importante en vez de estar mirándome solo a mí. Sus ojos se estaban encargando de recordarme lo que sentía, y que por supuesto no podía ignorarlo por mucho que lo anhelara.

—Ya está bien ¿No? —le dije para que dejara de mirarme de esa forma, ¡No veía lo mal, frustrada, triste, desprotegida, que me hacía sentir! Lo empujé como una mera reacción inmadura aprendida en mi niñez para aplacar la revolución de sensaciones atolladas que tenía en el cuerpo; pero no lo moví un solo centímetro lejos de mí, todo él era roca y fuerza contrita parado en frente mío. El corazón latió con un glup atronador mientras lo observaba divertirse con mi impaciencia —¿Qué es tan divertido?

Edward agrandó su sonrisa, sus ojos se empequeñecieron un tanto y negó sin decir nada; sin embargo no apartó aquella expresión de tierna burla. En el fondo sabía que me lo merecía, él había logrado sacarme una parte bastante inmadura e infantil que refundí en mi interior desde que decidí ser una mujer dura, madura y eficiente. Me enervó que Edward pudiese alterarme de esa forma.

—Nada. —dijo con su voz aterciopelada, sin apartar un segundo aquella expresión de su rostro. Tomé aire y me decanté por ignorarlo en vez de darle más importancia. Me hice a un lado alejándome de él y de su presencia atrayente antes de que termináramos haciendo algo de lo que probablemente me iba a arrepentir.

Bufé sentándome de nuevo en la cama—Así que me detestabas antes…—dije para cambiar de tema de inmediato. Estoy haciendo gala de la sensatez, pensé rodando los ojos.

Edward me encaró y elevó una ceja cobriza sabiendo lo que pretendía al dejar el tema atrás. Otro elefante rosa en mi vida de ahora en más.

—En cierta manera, sí. —respondió con culpa tildando su voz—Era un estúpido, ahora lo sé. —recorrió su cabello con la mano cuatro veces antes de apoyarse sobre el marco de la ventana cruzado de brazos.

—Yo estaba demasiado triste como para odiarte de alguna forma—reconocí recordando aquellos días en los que solo prefería ocultarme en el baño de niñas toda la jornada, antes que compartir espacio con Edward y Tanya, y sus besos húmedos. Fueron días de mierda, no extrañaba para nada esa época de mi vida.

—Siento que tuvieras que pasar todo eso por el engaño de Tanya y por mi desconfianza—me miró directo a los ojos, apretando la mandíbula— Nunca me imaginé que me querías de esa forma; aun me cuesta creerlo—dijo haciendo que frunciera el ceño, ¿No fui evidente? Me pregunté ¿Él solía ser tan despistado? Es decir, podía recordar un montón de veces en las que me puse en evidencia, sin mencionar las cortas y pulsantes indirectas de Emmett sobre lo que sentía por él a cada momento.

Por un segundo, quise reírme de la ironía.

—Pues créelo y si le preguntas a Emmett, sabrás que fui bastante obvia —dije rodando los ojos. Por la cara de Edward pasó una ráfaga de molestia casi imperceptible cuando mencioné a su primo— ¿Qué sucede?

Edward se encogió de hombros tomándome como ingenua, y se dedicó a mirar alrededor de mi cuarto como si lo repara por primera vez—Tu habitación está completamente diferente ahora—encogí los hombros, cuando deje atrás mi niñez, lo hice empezando con la decoración de mi cuarto; me dediqué un largo tiempo a renovar cada cosa — No sabía que te gustaba Tokio Hotel. —me dijo cuándo su mirada extraviada se trabó en el cd. Estaba completamente segura que estaba pensando en algo más de lo que aparentaba. Quizás en Emmett. ¿Tenían ellos problemas serios?

Hice una mueca y miré el cd olvidado de aquella banda sobre mi escritorio—En realidad solo me agrada la letra de Monsoon, no me gusta mucho la banda en sí.

—¿Entonces por qué compraste el cd? —inquirió confundido.

Negué de un lado a otro—Mike me lo prestó hace meses y no se lo he devuelto.

Juro que escuché la mandíbula de Edward cerrarse con un chasquido, lo miré asombrada por su reacción pero no me atreví a decir ni a preguntar nada al respecto; sentí que lo mejor era quedarme callada aunque no supe a ciencia cierta por qué.

—Umm— pronunció apretando los labios mientras destrozaba dicho objeto con la mirada. ¿En qué estaba pensando Edward? ¿No le gustaba la banda o simplemente no le gustaba Mike?

Mejor no le menciono a Seth, pensé viendo el mal humor que se cargó cuando mencioné a Emmett y a Mike.

Parpadeé y me mordí el labio. Edward volvió la mirada sobre mí y de inmediato su semblante cambió a uno más dulce, como si la molestia nunca hubiese pasado sobre su rostro.

—Aun conservas esa mala costumbre—me reprendió más no pareció realmente molesto. Elevé una ceja sin captar lo que dijo y él sonrió al pararse junto a la cama; encorvándose sobre mí liberó el labio torturado por mis dientes, en un gesto tan íntimo que temblé por el solo contacto de su dedo índice sobre mi piel; suspiré debido a la fugaz sensación, provocando una sonrisa orgullosa en Edward.

—Es… lo hago sin pensar—susurré naufragada en el verde selva de sus ojos, al comprender a que se refería. Por años traté de quitarme aquella maña de morderme el labio, sin embargo no había logrado librarme de eso.

—Lo sé, y me encanta que lo hagas todavía—dijo envolviéndome con su tono de voz cargado de seducción. Peligro. La advertencia resonó fuerte.

Volví a retener mi labio inferior entre los dientes sin darme cuenta de lo que hacía. Tener a Edward tan cerca y hablándome de esa forma era demasiado para mi bienestar mental. Apreté las piernas sintiendo que el calor cedía desde el centro de mi pecho hasta posarse en mis bragas aniquiladas ¿Qué es lo que estaba haciéndome? Estoy jodida, estoy jodida, estoy tan jodida, pensé como una sentenciada a muerte, repitiendo el veredicto mil veces.

¿Qué me haces Edward? Le pregunté con los ojos, sin la necesidad de pronunciar palabra alguna.

El raudo galope de mi corazón solo hizo un aumento en sus pulsaciones al notar el deseo oscuro en su mirada y sin dejar de consumirme ni un segundo, saco su lengua para pasarla sobre los labios besables de los que era acreedor.

Contuve la respiración. Pero el daño ya estaba hecho y repercutía en cada onza de mi cuerpo.

Calor, solo era calor.

—¿Por… por qué? —dije, en un intento por desviar mis ojos de sus codiciables labios . ¡Que tremendo desafío era esto! Pero con todo mi esfuerzo en ello y con ocho maldiciones internas después, pude serpentear la mirada de sus labios a sus ojos.

Edward suspiró —Porque así es como sé, cuan nerviosa te hago sentir. —respondió con voz sedosa.

Oh, Dios.

Él. No. Dijo. Eso.

¡Dijo que lo intentaría!

Miles de burbujas reventaron en mis bragas, flamas ardientes se volcaron por mi rostro, pecho y entre mis muslos obligándome a retorcerme un poco, para mi completa indignación, delante de él.

Lo peor de todo era que… ¿Él me conocía tan bien? Carajo, soy una perdedora en un juego que nunca antes había sido de mi gusto jugar. No tenía ni la más remota idea de lo que sucedía, y Edward estaba tomando ventaja sobre un terreno desconocido para mí, como lo era eso de coquetear.

Concéntrate, de inmediato

¿Pero en que estoy pensando? ¿Me preocupaba que el tomara delantera en algo que no me simpatizaba en lo absoluto y menos con él? Eso no era lo importante aquí Isabella Swan, lo importante es que él lo estaba haciendo de nuevo, estaba atropellándome con sus palabras, con su manera de envolverme en el deseo.

Antes de saber lo que se proponía, Edward volcó sus tonificados brazos a cada lado de mi cuerpo obligándome a inclinarme hacia atrás al tiempo que él bajaba su rostro con decisión. De no haber retrocedido, lo más seguro era que nuestros labios hubiesen impactado juntos en ese mismo instante. Lo mire fijo y aun en medio de todo el torbellino de sentimientos, tuve claro que nada estaba escrito cuando se trataba de Edward— Idiota, bobo, incumplido, cojonudo, atractivo, hermoso, perfecto hijo de…. Su madre amorosa—Cullen.

La impulsividad, lo definía a la perfección.

¿Por qué me sorprendía?

Me dejo sin aliento la cercanía que compartíamos, su tono de voz, la espesa oscuridad reflejada en aquellas ventanas que eran sus ojos, toda me trastorno en una masa de palpitaciones.

—Mierda, es más difícil de lo que pensé que sería—dijo resoplando en mi cara, usando un tono colmado de ansiedad y preocupación. Arrugué el ceño tratando de descifrar sus palabras y arrugué la cobija entre las manos.

Entonces el gritó de Big Swan nos hizo saltar, atrapados—¡Isabella, recuerda que debemos ir a hacer la compra! —Edward y yo nos miramos mientras Charlie refunfuñaba la orden desde el primer piso, totalmente inmóviles a la espera de que el otro hiciera algo; sin embargo fue Edward quien terminó por reducir la pequeña distancia entre nuestros labios.

—Así me tenga que quemar en el puto infierno. —susurró antes de posar su ardiente piel, sobre la mía.

Contuve la respiración al sentir sus labios tremendamente cálidos contra los míos, moldeándose en uno solo. Dulce Jesús. Un lengüetazo de calor corrió de una terminación a otra por toda mi cara, mientras la vigorosa electricidad se dispersó en cada pequeña zona, provocando que los dedos de mis pies se encogieron en respuesta a tan placentera caricia; y mientras yo, con los ojos bien abiertos, siendo bombardeada por las sublimes sensaciones en mi cuerpo, lo vi a él con los ojos cerrados manteniendo una expresión de tortuoso placer en su rostro. Gemí al verlo de esa forma tan voluble y empujé mis labios contra los suyos, dejándome llevar por su beso, dulce, casto y carente de segundas intenciones. Pero también siendo traicionada por mí misma.

Edward se separó de mí alejándose de mis labios, caminando de forma lenta hacia atrás. Se pasó una mano por la cara, como si quisiera centrarse bien antes de hablar y luego poso su vista en la mía.

—No me voy a disculpar. —advirtió y repasó sus labios tentadores con la lengua. Tragué pesado al ver esa imagen erótica, que de seguro, quedaría tatuada en mi lóbulo frontal de por vida.

Me toqué los míos con dedos temblorosos, a pesar de haber durado menos de diez segundos y que no hubiese sido más que un beso superficial; la sensación crepitaba todavía con bastante carga por mis arterias; y también rezumando entre nosotros.

—No esperaba que lo hicieras—un beso, un solo beso y yo me sentí perdida en la vorágine de la contrariedad. Yo ya no lo amaba, no sentía por él más que atracción física, y sin embargo ese beso… ese beso entre abrió una puerta que pensé, se hallaba sellada de por vida.

—¡Isabella! —me llamó, escuchándose cada vez más impaciente. Tomé una gran bocanada de aire y me dirigí a la puerta con las piernas debilitadas. Sentía el corazón en la boca, mientras avanzaba.

—Será mejor que te vayas. —dije mirándolo sobre mi hombro. Edward tenía aprisionaba su nariz entre los dedos índice y pulgar, al devolverme la mirada. El matiz oscuro aún permanecía allí.

Me sentía fatal, perdida y muy consternada por un simple beso. ¿Por qué me tuvo que besar?

¿Por qué tuve que devolverlo?

—¡En un segundo bajo Big Swan! —grité para aplacar el genio, que justo ahora lo debía tener por los cielos. Abrí la puerta y le hice un gesto para que siguiera.

Edward resopló y salió de mi habitación no sin antes echarme una mirada.

—¿Qué es lo que tanto hacían? —inquirió papá cuando llegamos a la sala, movió su bigote de un lado a otro en un claro indicio de su mal genio a punto de estallar; por lo que me apresuré en contestar antes de que se desatara la tercera guerra mundial.

—Poniéndonos al día papá. —dije con un suspiro de adolescente rebelde, para desviar su atención.

Nos miró uno al otro, inspeccionándonos y buscando algún indicio de mentira tras mi declaración. Solo yo puedo tener la mala fortuna de tener un papá policía.

Pero la perfecta cara de poker de Edward fue lo bastante convincente para Big Swan, luego de unos segundos.

Gruñó un—Se nos hace tarde. —y se fue escaleras arriba, a buscar quien sabe que cosa. No me pasó desapercibido el hecho de que Big Swan no le había regalado una sola palabra a Edward, por lo menos directamente. Eso me avergonzó tremendamente.

Iba a morderme el labio, pero me detuve apenas recordé lo sucedido en mi cuarto. Me sonrojé toda y Edward observó mi cara en completo silencio. Arrugué el ceño, pero en el fondo me dije, no quieres saber lo que está pensando.

—Nos vemos—se despidió, en tono firme. Asentí incómoda, y esperé su dulce beso en la mejilla, que siempre me daba en estas circunstancias, no obstante lo único que recibí de su parte fue el sonido de la puerta principal al cerrarse. Parpadeé sorprendida a la vez que el frío escarbaba en mi abdomen de la preocupación. Me debatí entre correr a mi habitación para hundirme en la soledad; o salir tras él, para preguntarle qué demonios le sucedía.

¿Pero no se suponía que la indignada era yo?

—¿Estas lista Bella? —Charlie analizó mi semblante; mientras cogía las llaves de la patrulla de la mesita en la entrada de la sala.

Asentí, y dejé escapar un suspiro.

¿Estaba molesto conmigo?

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—…Y pensar que todavía no se anima a besarme ¡Dios! ¿Será porque es demasiado tímido o demasiado respetuoso? —Jessica suspiró emocionada, mientras parloteaba sobre lo sucedido durante su quinta cita con Ben Cheney.

—Tímido—respondió Ángela automáticamente.

—Tal vez las dos. —dije solo por decir. Mi ánimo se hallaba por el suelo desde el sábado, y una conversación sobre atracción y conquista no me ayudaba en nada.

Justo ahora me sentía como el jodido Grinch de los enamorados.

—¿Se puede saber que mierda les sucede? —se paró frente a nosotras, mirándonos ceñuda. Alcé la mirada abatida, que hasta ese punto había estado semi sembrada en la moqueta, para ver a mi amiga realmente molesta delante de mí.

¿Qué me pasaba? , me mordí la mejilla sintiendo que iba a explotar como una dinamita.

¡Más bien que era lo que no me pasaba, querrás decir!

Edward me pasaba.

Su confesión me pasaba, que me robara mi primer beso me pasaba, que se alejara de nuevo me pasaba.

¡Estaba a un pelo de estallar en cólera, sufrimiento y decepción! Solo un botón más y me tendrían vuelta una hormonal de porquería que no solía ser. ¡Y eso sería decir mucho!

Habían pasado seis días ¡seis interminables días desde el sábado, seis condenados días en los que Edward no se me acercó ni a cien metros de distancia!

Las charlas amigables se habían esfumado junto con su pretencioso trasero; y no hacía más que ignorarme durante la clase de gimnasia. Cuando lo buscaba con la mirada y nuestros ojos se encontraban por milagro de Dios, él se limitaba a hacer un gesto frío y cerrado antes de volver a lo que hacía, ¡Como si yo valiera menos que un traste inservible!

Edward simplemente volvió a las sombras del pasado, a ser nada más que un recuerdo.

Un terrible deja vú. Multiplicado por dos.

Apreté los labios y negué sintiendo cada músculo de mi cuello en tensión, no quería hablar con nadie sobre esto, me encontraba dolida, resentida hasta los cojones y no deseaba achacar a nadie todo esto que me ahogaba. Además, hablarlo solo significaba un enfrentamiento, peleas y discusiones que terminarían por empeorarlo todo. Jessica no vacilaría ni un segundo en plantarle lio a Edward por lo que me estaba haciendo.

—De ti lo entiendo—siseó mirando a Ángela—Esa rata asquerosa de Eric y su bimbo repulsiva también me tienen hastiada— volcó su mirada azulada en mí y entrecerró los ojos con astucia, —Pero tú… ¿Por qué traes esa cara? Toda la semana has estado con un humor de perros ¡Y no me digas que es por el estúpido chisme en el que te metieron! Porque sé que no es por eso. —dijo amenazante y achicando los ojos esperando a que le confesara la verdad.

—Por favor Jess, ahora no es buen momento—intercedió Ángela por mí, con justa razón ya que estábamos en medio del atestado pasillo de la escuela y ya varias personas se habían quedado mirándonos al obstruir el paso hacia la cafetería.

Ella gruñó y me miró fijo antes de cogernos de los brazos a Ángela y a mí y llevarnos a la cafetería.

—No puede ser que me oculten cosas—reprochó mientras avanzábamos. —¡A mí que las quiero tanto!

Me mordí la lengua —para evitar mi maniatado labio— y me dejé llevar por Jessica todo el camino a nuestra mesa con un gramo más de culpa encima mío. En cuanto llegamos, Seth desengancho mi brazo de la sujeción de Jessica y me abrazó, elevándome del suelo.

—Belly ¿Me puedes regalar un almuerzo? —se rio mostrando toda una fila de dientes blancos y me hizo dar un par de varias vueltas haciéndome reír un poco, antes de dejarme en una silla—¿Si? Tengo mucha hambre hoy— me suplicó con su carita hecha pucheros. Sonreí y me obligué a no lanzarle un cuando no. Saqué de mi mochila unos billetes y se los di para que fuera a comprarse lo que quisiera.

—Me compras el mío también—asintió con vehemencia, me besó la frente y se fue corriendo al servicio de comidas hecho todo felicidad y dejándome a merced de Jessica otra vez.

—Mal acostumbrado si lo tienes—me recriminó Jess sentándose frente a mí.

—Déjalo en paz.

Ella rodó los ojos—¿Me piensas contar lo que te pasa?

Ángela carraspeó a mi lado derecho—No la instigues más Jessica.

Atesoraba el hecho de que Ángela quisiera interponerse entre las indagaciones de Jessica y de mí, pero en estos momentos, sabía que tenía que ceder lo suficiente, darle algo de información para que me dejara en paz. De lo contrario, se la viviría presionándome todo el tiempo y no tenía idea hasta donde podía soportar sin explotar.

—Está todo bien Ángela—le dije para que se tranquilizara. Dejé ir un suspiro al girar hacia Jess—Edward estuvo en mi casa el sábado…hablamos sobre varias cosas y bueno, una cosa llevó a la siguiente y… él me confesó que yo le gustaba.

Jessica abrió la boca sorprendida mientras Ángela intentó reprimir un jadeo, fallando en el proceso—¿Y? ¿Qué paso? ¿Qué le dijiste? —me preguntó sin respirar.

Me di el lujo de morderme el labio esta vez, ya que no lo había hecho desde que Edward me beso, y bajé la mirada.

—Lo rechacé.

Escuché como las dos tomaron aire profundamente, mirándome en total silencio. Pasé las manos por mi cabello inquieta y avergonzada esperé a que dijeran algo.

—¿Cómo que lo rechazaste?

Levanté la mirada a Jessica solo para encontrármela viéndome como si me hubiese salido otra cabeza de un ojo.

—Sí, le dije que no sentía lo mismo. —expliqué, mirando a las dos.

—Pero tú si sientes cosas por él—fruncí el ceño y me removí en el asiento, se escuchó como si se tratara de una acusación.

—No es cierto. —respondí con cuidado— Lo que siento por él no va más allá de la amistad. —la obviedad haciéndose presente en mi tono de voz hizo que Jessica negara.

—Debes estar bastante ciega como para no darte cuenta que mueres por él.

¿Ciega? No quería a Edward de esa manera. Ella era la equivocada.

—Oh Bella, estas completamente ciega. —terminó de decir como si lo lamentara de verdad.

La observé como si hubiese perdido la razón, era una locura lo que afirmaba, yo no sentía nada más por Edward que amistad. Que fuese perfecto era otra cosa distinta, que su beso me hubiese puesto de cabeza tampoco tenía relación… ¡Cualquiera podía sentirse aturdida, si alguien tan hermoso como Edward te besaba!

Es que él era perfecto. ¿Cómo no temblar ante su mirada o ante su toque?

Seth apareció cargando las dos bandejas de comida consigo. Tomó asiento y nos echó una mirada despistada.

—¿Por qué se quedan calladas?

—Cosas de chicas nada más. —respondió Ángela, su semblante contrariado por la conversación anterior lo hizo dudar, pero a pesar de ello no entró a cuestionar más.

Cogió una bandeja y empezó a comer—Por cierto, Bree Tanner de cuarto año nos invitó a una fiesta este sábado en su casa—se encogió de hombros y le acertó otro mordisco a su hamburguesa y continuó—¿Quieren ir?

Jessica empezó a criticar sus modales asquerosos en la mesa; dejando estancada de momento la conversación de antes, liberándome así de pensamientos a los que no me apetecía llegar. Así que dando un suspiro de alivio empecé a comer, o a picar, algo de mi hamburguesa.

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—¡Han pasado solo dos horas desde que llegamos, así que mejor relájate y deja de compórtate como una anciana amargada!.

Me ahorré las ganas de gritar una objeción de vuelta y deje caer mi trasero nuevamente sobre el mueble de cuero negro. No deseaba estar un minuto más aquí.

La canción "work" de Iggy sonaba todavía peor a todo volumen, sin dudas una jodida falta a la civilización, de verdad. Trasladé mi vista por la estancia improvisada para la fiesta; el lugar se encontraba oscuro a excepción de una luz roja que revoloteaba alrededor de todos creando formas geométricas sobre lo que alcanzaba, mientras una docena de parejas se encontraban bailando en el centro de la pista, demasiado pegados incitados por la música.

Por la gran ventana del fondo, se podía apreciar el jardín trasero de la casa, que también se hallaba repleta de adolescentes haciendo el tonto entre bebidas y peleas amigables. Tomé un trago de mi cerveza enlatada, resignándome a soportar lo que restaba de la noche.

Había aceptado venir, solo porque me percaté que el tema "Bree Tanner", tenía cierta profundidad.

Seth estaba loco por la chica, incluso si lo negaba frente a nosotros, era evidente que tenía una clara fascinación hacia la pequeña y linda jovencita de cabello negro.

¿Cómo negarme?

Y Jessica insistió tanto el viernes además….no era como si tuviese opción para decir que no. Así que aquí estábamos, Jessica, Ángela y yo sentadas con cervezas en mano, viendo a los demás disfrutar de la animada noche. Seth se había perdido desde el momento en el que llegamos, de seguro para encontrar a la anfitriona de la noche; Mike por su parte tomó un rumbo diferente alejándose de mí —cosa que ya se estaba haciendo costumbre— mientras nosotras decidimos que queríamos probar la cerveza de la hielera.

Aunque había tratado de retomar mi vida, la tranquila vida que tenía antes de ese maldito Whatss** , me fue imposible hacerme de la vista gorda e ignorar todo lo sucedido en las últimas semanas.

Debido a ese mensaje Edward entró cual torbellino a mi vida, desajustando las banditas y los clavos que mantenían intacta mi tranquilidad en su lugar; desvió el sendero que seguía, para lanzarme de nuevo a las oscuras aguas llenas de inseguridad que ahora atravesaba.

Y tenía el suficiente descaro como para dejarme a la deriva, después de todo lo sucedido aquel sábado.

¿Qué era lo que se suponía debía hacer?

¿Y si lo buscaba el lunes para hablar con él? Apreté la lata helada entre las manos; Edward estaba comportándose frío, irascible conmigo y me atemorizaba que rechazara cualquier intento mío para arreglar las cosas. No sabía qué hacer. Pero su distancia me estaba afectando…

Las siguientes horas fueron más llevaderas gracias a las seis latas de cerveza que ingerí. Estaba un poco mareada para cuando dieron las doce de la noche, pero todavía muy consciente de lo que sucedía alrededor. La música no mejoró demasiado con el paso del tiempo, y Big Sean estaba probándome que cualquiera con una boca sucia, buenos contactos y gran cinismo, podía volverse un rapero famoso hoy en día. Sin embargo todos los que bailaban no pensaban lo mismo.

Rodeé los ojos.

De repente una figura descomunal y familiar entró en mi campo de visión haciendo que mis nervios se retorcieran en tensión a pesar del alcohol. Emmett caminó hacía la mesa de bocadillos ubicada en la esquina más oscura de la sala, pasando justo al frente de Ángela y de mí, cogió algunas cosas y volvió a desaparecer entre la gente.

¿Habrá venido solo? Me encontré preguntándome mientras lo buscaba de nuevo con la mirada, pero fue imposible localizarlo entre tanto personal.

¿Lo quería saber? ¿Deseaba saber si Edward también había venido?

—¡Voy a buscar un baño! —me avisó Ángela antes de ponerse en pie. Jessica había dicho lo mismo, y dos horas después, todavía no volvía. Así que ahora completamente a la deriva y sola, agarre la lata de cerveza para pegarla a mi boca hasta acabarla.

Al cabo de los minutos, me empecé a sentir como una estúpida perdedora, pensando en la presencia de Edward en la fiesta y sin nadie que me hiciera compañía al menos para disimular mi apatía.

Agarré otra lata de cerveza y con cuidado dejé atrás la sala mediante un pasillo alterno que daba al patio. Necesitaba coger algo de aire puro. Y la noche carente de estrellas en el cielo tempestuoso de Forks, me dio la gran bienvenida; el frío viento era soportable y reconfortante en mi rostro después de estarme cinco horas en aquella caldera repleta de gente.

El jardín trasero era inmenso, como lo era en todas las residencias que bordeaban el bosque. Habían varios vasos en el césped, conocidos de la escuela tirados sobre el seguramente noqueados de tanto beber, la pequeña barbacoa se encontraba encendida supliendo el papel de una pequeña fogata, tres parejas metiéndose mano y un montón de suciedad tirada por doquier que alguien tendría que levantar el día de mañana… de hoy más tarde.

Pasando un gran trago de cerveza por la garganta, empecé a caminar sin rumbo fijo entorno a la casa de Bree. La voz de Pink se escuchaba con gran fuerza desde adentro. Tarareé la letra de get the party stared gustosa y algo ridícula, llena de felicidad por el cambio de música; a la vez que seguía la ruta de mis pasos algo torpes.

—Eres un hermoso hijo de puta—me detuve en seco, al escuchar una apagada voz hablando en tono meloso. Parpadeé buscando de donde podía provenir aquello, así que curiosa, caminé un poco más y me encontré con una ventana semi abierta, en el lateral de la casa. Me dije que no era de mi incumbencia, lo que sea que estuvieran haciendo —que era bastante obvio— a juzgar por los jadeos entrecortados; no debería importarme lo que hacían.

Di un par de zancadas para alejarme.

Pero entonces un gemido enardecido lleno el vació de la noche erizándome entera. Ummm, no podía ser posible.

Volví sobre mis pasos antes de reflexionar sobre lo que hacía y con la creciente sensación de que debía volver tronando en mis oídos. Me puse de puntillas apoyándome en el marco y miré.

La sangre se fue de mi cara, el instinto no me falló esta vez; era Edward el dueño de aquel sonido fogoso. Y no estaba solo.

Contuve el aire.

Él estaba con las piernas abiertas mientras una rubia arrodillada en el piso, follaba su polla deprisa, gustosa de tenerlo entre sus labios pintorreteados de rojo. Tragué saliva, estática sin poder moverme.

Los sonidos de succión y humedad salían por montones, mientras ella le hacía una mamada a Edward.

Desvié la vista al culpable de mis problemas; no tenía ninguna camiseta puesta y sus pantalones apenas desabrochados colgaban sin gracia sobre sus rodillas, mientras que con su mano sostenía el cabello rubio de la desconocida sujetándolo con fuerza, de esa forma enseñándole el ritmo que deseaba de ella.

—Abre más la jodida boca—siseó Edward, embistiendo erráticamente contra la boca de ella como todo un semental buscando llegar. —No lo voy a repetir. — le reprendió con un fuerte jalón de cabello, obligándola a hacer lo que pedía. Tres segundos luego, jadeó complacido por la obediencia de su acompañante, gimiendo de forma estrangulada.

Algo cálido y abundante se escurrió por mis bragas al contemplarlo: los músculos de su abdomen y sus brazos tensionados, y la vigorosa forma al usarla para su propio placer fue una imagen que escalaría a la cima como la más sexy y oscura dentro de mi alma por mucho tiempo.

Estaba enrollada en un llameante remolino de sentimientos encontrados, que se dividían entre encontrarme asqueada y dolida; o caliente y a la espera del desenlace de aquel acto, solo para mi disfrute visual. Me mordí el labio al ver el deleite en cada milímetro de su rostro; los ojos cerrados, la boca fruncida y el ceño profundamente acentuado. Por un momento pensé en la posibilidad de que fuese yo, quien le imprimiera tanto gozo a su cuerpo.

Pero que estúpida eres Bella. Tú no te sientes atraída de esa forma ¿Recuerdas?

—No te atrevas a alejarte ahora—gruño de forma gutural a la rubia que ahora tenía las manos sobre sus poderosas caderas, arañando su piel. Ella intentó negar, pero Edward la embistió más profundo.

Los dos gimieron de manera tortuosa, alta, y extendidamente como un par de animales; encandilándome todavía más, Edward maldijo y sujeto el cabello de la rubia con las dos manos para mantenerla en su lugar.

—¿Te divierte la vista? — llevé mis manos a la boca y salté de la impresión ahogando un grito. Miré a la persona que me había sorprendido viendo aquella escena retorcida y reconocí a Tanya Denali aún en la semi oscuridad, portando en su cara una sonrisa austera.

Una gota de sudor resbaló por mi cien. Estaba acalorada, aturdida y con una sensación increíblemente húmeda en mis bragas y ahora para colmo, había sido atrapada por la última persona a la que deseaba ver.

Carraspeé, intentando encontrar la voz.

—¿Me estabas espiando? —fue lo primero que se me ocurrió decir.

Ella rió, de forma sarcástica.

—¿En verdad me haces esa pregunta, cuando eras tú la que no dejaba de mirar como Edward se cogía a Lauren?

¿Lauren?

Miré de nuevo hacía la ventana, entornando los ojos. Lauren le estaba haciendo un trabajo oral a Edward, y yo simplemente la puteé por dentro con todas mis fuerzas; sin tener claras las razones de mi disgusto.

Apreté las manos, furiosa con ellos y aún más conmigo misma—Fue un accidente, pasaba por aquí y los vi. ¿Qué te importa de todas formas lo que yo haga?

Chasqueó la lengua, pero su sonrisa de porquería no desapareció al acercarse más a mí—¿Tanto te ha trastornado lo que viste allí? — dijo evadiendo mi pregunta —Te entiendo, Edward es una bestia caliente cuando se trata de sexo… lo sabré yo…—afiló su mirada azul, y elevó un poco la barbilla.

Ella deseaba joderme, que era evidente lo que pretendía.

Sin embargo yo no le iba a seguir su juego.

—Piérdete Tanya. —farfullé, volviendo a caminar.

—Eres demasiado ingenua Bella Swan. —me dijo al alcanzarme, me hice de oídos sordos y ni siquiera la miré. Di otro par de zancadas y llegué al jardín delantero donde el desastre y el desorden todavía seguían en pie a pesar de los borrachos tendidos en la acera. —Eso que viste, es lo que Edward quiere de todas las mujeres. Sexo duro.

Tomé aire bastante profundo para después encararla —Ya deja de seguirme Tanya, ¿No ves que no me interesa en lo más mínimo lo que tengas para decirme?

Me crucé de brazos, desesperada por quitármela de encima.

—¿Así? ¿Tampoco te interesa saber con quién estuvo Edward el sábado pasado, después de irse de tu casa? ¿Um? —puso sus manos en la delineada cintura de avispa, de manera retadora y con un matiz orgulloso en los ojos.

Pensé en sus palabras un momento, relacionando lo que dijo; cuando comprendí a donde iba la cosa, todo lo que vi fue rojo, candela y furia incontenible. Él no podía haber hecho eso. No después de haberme dicho que le gustaba, no después de besarme….La fría incertidumbre haciendo eco en cada parte de mi mente, solo hizo aumentar mi creciente ira.

—Sí, perdedora; fue con la única mujer que podía contenerlo—movió su cabellera dorada a un lado e inclinó el rostro en un gesto prepotente. Me quedé sin aliento abriendo bien grandes los ojos— Por supuesto que vino a mí, Edward sabe que solo yo puedo hacerlo sentir mejor.

Jadeé, el aire me faltó alrededor de diez segundos.

La marga realidad cayó sobre mi cabeza como litros de agua helada; . ¿Por qué tenía que ir con ella?¿Por qué no pudo ir con otra? ¿Qué tenía esa perra, para que Edward la eligiera siempre? ¿No le importaba su infidelidad o el hecho de que ella estuviese con alguien más? Y más terrible aún ¿Por qué nunca sería lo suficientemente buena para él? apreté la mandíbula con toda la ira, decepción, concentrándose a niveles erráticos dentro de mí.

—¿Qué dices ahora, Bella?

Me concentré de nuevo en ella, que aun permanecía igual; deslumbrante, amenazadora y orgullosa de sí misma, a la espera de mi caída.

La ilusión y la esperanza se derrumbaron dentro de mí con una fuerte sacudida, nuevamente. Los sentimientos que golpeaban brutalmente dentro de mi corazón no hacían más que profundizar la herida sangrante, una herida reabierta por el imbécil que seguramente estaba follándose a la más perra de la escuela.

Sonreí tristemente al percatarme de lo ciega que estuve con relación a todo, tenía demasiado fé en Edward, en mí; en lo fuerte que pretendía ser… sin embargo no era para nada de esa forma.

Porque Edward me volvió a decepcionar.

Porque yo aún lo quería.

Porque todavía era una extensión de aquella niña destrozada, y no la persona fuerte y madura que me había hecho creer, que era.

—¿Por qué te sonríes? —me preguntó usando un tono caprichoso.

Y esta arpía, cualquiera… que había metido sus garras tan dentro de Edward; la odiaba, la detestaba y quería que sufriera por dañar a ese niño inocente con su veneno.

No iba a permitir que se aprovechara otra vez de mí. La última ocasión que lo hizo, yo no estaba en condiciones para retarla, pero ahora… ahora al menos tenía valentía y amor propio. Así que la miré con toda la repugnancia que sentí.

—Me sonrío porque eres una perra patética, ¿No te das cuenta que solo eres un objeto más para él? algo que es reemplazado tan fácilmente por Lauren, otra perra de la escuela…—su cara se fue desajustando poco a poco hasta convertirse en una mueca frustrada; ella quizás esperaba lágrimas corriendo por mi rostro, pero no fue así para sorpresa de las dos—Deberías quererte un poco más.

Me volví y empecé a caminar de forma lenta hacía la salida del jardín. Tanya me gritó algunas cosas a mis espaldas, pero yo me hallaba tan turbada, agotada, por el acúmulo de sucesos, sentimientos, culpas que no comprendí ni la mitad de sus insultos. En mi mente solo estaba la idea de ir a casa, tirarme en mi cama e imaginarme que nada de esto había sucedido en realidad.

Media hora después tras deambular con mi extraviada cabeza por las calles de Forks, por fin me tumbé boca arriba en mi cama. Cerré los ojos sin inmutarme por la incomodidad que me producía la tela de mis jeans y permití que la oscuridad me envolviera, suave y delicadamente como un manto de seda. Esa madrugada no lloré, me obligué a soportar el dolor, la desesperanza, la traición… sin derramar una sola lágrima. El vacío empezó a succionarme junto con todos mis pesares.

.

.

.

.

Observé la luz parpadeando en mi celular, indicando que tenía otro mensaje sin leer. Abrí la aplicación y suspiré al ver el mensaje de Jessica.

¿Por qué no quieres hablar conmigo?

—El problema no es contigo Jess; simplemente no deseo hablar.

Pero…

—No, por favor.

Silencié el aparato para no volver a escuchar el sonido molesto y lo lancé dentro de mi mochila esperando nunca encontrarlo de nuevo. Lo que menos necesitaba era que me obligaran a hablar sobre lo sucedido ese sábado en casa de Bree. Sin embargo Jessica no quería rendirse.

Suspiré y me entretuve viendo las fórmulas matemáticas que el profesor McCallister intentaba hacernos entender.

Las cosas habían cambiado un poco desde ese día, ya casi dos semana atrás.

Era consciente de mi culpabilidad, y que mis amigos estuviesen sobre preocupados por mí; en cierto nivel, yo también estaba desconcertada por la actitud que había tomado con respecto a lo que había pasado. La cosa era que había decidido que todo me valía mierda de aquí en adelante; si Edward se acostaba con todo el pueblo, era su maldito problema, si Tanya quería tener sexo con Edward de nuevo pues que lo hiciera, si Lauren estaba dispuesta a ser la asquerosa amante de Edward, podía irse al infierno con su pila de enfermedades de transmisión sexual… y yo me limitaría a verlos en la distancia sin reaccionar, como una espectadora sin vida.

Ya que de hecho, así me sentía.

Me había adentrado en un estado pasivo-agresivo como una bomba de hule es inflada sin ninguna clase de freno, pero que en algún instante va a estallar en millones de pedazos. No había mejor manera de explicarme. Solo era cuestión de tiempo para que me rompiera. Cuando el dolor se volviera insostenible y la farsa se viniera abajo, por fin podría desahogarme.

No era sorpresa que mis amigos intentaran ayudarme viéndome así de esa manera tan poco yo.

Quité un mechón de mi cabello con fastidio y me puse en pie en cuanto sonó el timbre para el cambio de clases. El profesor se despidió con una gran sonrisa, luciendo aliviado de que se acabara la clase. Seth entró al aula justo cuando yo salía y me saludó con una gran sonrisa.

—¿Cómo estuvo tu clase? —me preguntó con una sonrisa alegre mientras me rodeaba con el brazo.

Me encogí de hombros—Igual.

Seth me había estado llevando a mis clases la última semana, acompañándome a la siguiente y dejándome en la puerta de los salones. Yo no comenté sobre eso. Pero era obvio que quería vigilarme, lo que me decía que el nivel de preocupación que sentía por mí, estaba bastante alto.

Mi vació interno era evidente para todos. Pensé molesta conmigo misma. Estás comportándote como una tremenda egoísta, dejando a los que se preocupen por ti, afuera. Apreté los labios y dejé de pensar en la culpa al menos unos minutos mientras Seth me relataba sobre su clase de biología.

Asentí un par de veces y sonreí cuando era debido, en ningún momento opiné sobre lo que decía.

—Voy un momento al baño Seth, si quieres puedes adelantarte a tu siguiente clase—

Mi amigo frunció el ceño pero un momento después asintió. —Todo va a mejorar. —me dijo dándome un beso en la frente —Tú eres la persona más fuerte que conozco Belly.

Parpadeé mirándolo atenta, ¿Él sabía algo? Me pregunté inquieta, no deseaba que nadie se enterara de lo sucedido con Edward. Me moriría de la vergüenza. Tal vez Jess le había comentado algo, un comentario suelto sobre Edward y su declaración. Suspiré de mal humor, tendría que decirle que parara de hablar de mis cosas, por muy preocupada que este, no le daba derecho de divulgar ciertas cosas.

Ellos solo te quieren ayudar. Me recordé, bajando mi paranoia.

Seth me sonrió cálidamente y se alejó por el pasillo lleno de gente.

Me adentré en el cuarto de baño más cercano, y di un suspiro al encontrarlo desierto. Me sentí libre de ocuparlo por bastante tiempo, incluso de encerrarme en un cubículo por dos horas de creerlo necesario.

Me apoyé en el lavabo mirando mi reflejo en el espejo. ¿Cuántas horas había dormido la última semana? Quizás diez horas o menos, de tanto pensar en todo y en nada a la vez, el sueño se me escapaba con facilidad. Tenía unas enormes ojeras moradas bordeando mis ojos, y la palidez de mi piel parecía haberse transformado en un tono más ceniciento, enfermo.

No podía seguir de esta forma, me regañé abriendo el grifo del agua para lavarme la cara con agua fría.

—Al fin te encuentro sola.

Escuché la voz de Edward a mis espaldas, alcé la mirada y lo miré a travez del espejo. Me sorprendió que mi corazón no latiera más deprisa y que mi respiración siguiera su curso normal al detallarlo.

—¿Qué haces aquí? —pregunté sin expresión.

Edward me miró fijamente, analizándome con sus ojos verdes—Necesitamos hablar.

Negué.

—Tú y yo no necesitamos hablar sobre nada.

Él apretó los labios y se recargó sobre la puerta de un cubículo. Se cruzó de brazos y me miró como si no entendiera mis palabras. Me giré para verlo de frente, ¿Dónde estaban esos sentimientos que me llenaban tan solo con oír su voz? ¿Qué me pasaba que no percibía las mariposas en mi estómago?

—Tanya me dijo que….

Alcé una mano diciéndole que se guardara cualquier comentario de esa zorra. Edward cuadró los hombros y me miró algo atemorizado.

—No me interesa saber nada de Tanya, ni de ti ¿Esta claro?

—¿No quieres saber nada de mí? —inquirió fríamente —No te creo.

Tragué pesado, y me dispuse a irme pero Edward se interpuso en la salida. —Vamos a hablar lo quieras o no, Bella.

Agarré bastante aire, conteniendo mi creciente mal humor—¿De qué quieres hablar? —le pregunté sin perder mi tono reservado—¿De lo que paso el sábado que nos besamos? O de cómo te acostaste con Tanya más tarde ese día. ¿Dime?

Él abrió los ojos sorprendido, como si lo hubiese golpeado con una fuerte bofetada en el rostro. Abrió la boca pero enseguida la cerró, pero en ningún momento apartó la vista de mis ojos, tampoco lo negó.

Nos miramos unos segundos en silencio.

Dolía demasiado saberlo, constatarlo al fin.

—Entiendo. —dije más para mí misma. La esperanza era un sentimiento jodido ¿No? Solo hasta que es apagada por completo, no puedes aceptar algo como real; yo no había aceptado del todo lo que Tanya me había dicho en la fiesta de Bree… por eso me sentía así, vacía, a la espera, teniendo una pizca dentro de mí que se negaba a ser extinguida. Porque esperaba que Edward me dijera que no era verdad aquello… sin embargo ahora, todo se había esfumado por completo.

Era real, él fue con ella, se acostó con ella.

—Bella yo…

—No es necesario. —dije con la voz entrecortada —De verdad.

Me armé con el poco valor que tenía y lo empujé fuera de mi camino; él no opuso resistencia alguna. Salí del baño y eche a andar a la salida de la escuela sin mirar atrás.

La bomba de hule al fin había estallado. Pensé absolutamente desgarrada por dentro.

Ahora sí, ya podía llorar.


Hola lindas! Ahora si me pueden odiar :(

Bueno que tal? Edward la ha metido hasta el trasero en esta.

Le confieso que… después de escribir este capi, me detuve por tres semanas porque quedé semi devastada. ESTO ME EMPUJO AL LADO OSCURO. Hasta ahorita estoy escribiendo las últimas hojas del 5to. :( ¡Estoy atrasada!

Bueno el capi está sin Beteo (Demasiado horrible) mi doc preferida ha esta superocupada y no me ha podido colaborar. Estoy tratando de resolverlo.

Les agradezco a todas (os?) por sus mensajes de aliento, aprecio cada mensaje muaxxxx besos

Les agradezco también a las niñas que no tienen cuenta, pero que igual me dejaron unos lindos mensajes:

Mahely: Gracias por leerme preciosa, bienvenida a la historia. En realidad no pensaba meterle nada de drama a esto… pero ya vez, soy una masoquista de mierda.

Paz: Hola linda :) pues que te pareció? No fue una patada, pero fue peor ¡Mira que los hombres son una porquería cuando no obtienen lo que desean!

Maria: jajajajajajajajaja ¡Me vas a querer matar! (o no?) Le atinaste en casi todo y entiendo tu punto de vista; pero también tienes que comprender que en la vida no todo se trata de venganza y que gracias al dolor que Bella sintió, aprendió algunas cosas que la volvieron sumamente fuerte… "aunque a veces no lo parezca" pero lo importante aquí es poder reconciliarte con el pasado, sabiendo que los haz superado lo suficiente como para aceptarlo tal cual pasó. Y no se la voy a poner fácil a Edward. Muajajajajajaja . Besos.

Nos leemos pronto:

MarieLiz