Quiero ser escritora
28º
La vida sigue
El viernes lloviznó, lo cual era apropiado, a mi estado de ánimo necesitaban que le hicieran justicia. Pero no me quedé mucho tiempo merodeando en la universidad si no que me fui de compras (no es lo que ustedes están pensando, fui al supermercado), faltaban unas cosas en el refrigerador y mi tocador, además que estaba quedándome sin tampones. En esta semana va a llegar la mega roja y yo no tengo cómo recibirla, ¿se imaginan la embarazosa situación que se suscitaría si, de pronto, estoy en la calle y ¡ka-boom?! ¡¿dónde dejamos entonces a la pobre Kim?! Conseguí dos paquetes por el precio de uno de mi marca preferida. Esa es otra cosa que podría sumar a la lista de cosas que no me gusta: El salario de un mes se esfuma en un carrito. Ahora entiendo las cadenas de insultos, la enciclopedia de las maldiciones y de las groserías de papá. Yo creí que exageraba (para su información tampoco es que tengo la cabeza metida en un hoyo como una avestruz porque no ignoro el acontecer nacional y si tuviera que dar mi opinión de cómo va la economía del país tendría que elaborar una tesis y comprar cinco cajas de pizza y dos botellas de agua multiuso, teniendo en cuenta que eso es asqueroso, sólo que pensaba que no nos afectaba tanto; bueno, ustedes saben que mi padre, mi hermana y yo no somos igual al promedio, ¡sí, somos medio ricos! Ya lo dije), pero veo que me equivoqué.
Ya que saqué el tema de mi familia, les comento que al parecer a Tomoko le han iluminado los espíritus de la buena dicha y ¡por fin! Vamos a hacer cosas de chicas este fin de semana. Me invitó a relajarnos un sauna. Me exhortó que el domingo no llevara conmigo el celular ni objetos electrónicos porque ese día nos entregaríamos a la naturaleza. Yo espero que esté hablando de dientes para afuera y no me lleve por una incursión en el bosque o algo así. Mi hermana maneja conceptos diferentes a los míos. Por otro lado, creo que lo necesitaba pues que todo en estas dos semanas ha sido un estrés y demasiada información que mi cerebro debió procesar muy rápido: Ayudar a dos amigos en problemas, la confesión de Raimundo, el idiota me roba dos besos, la advertencia de la charlatana, el regreso de Guan, la venganza de Omi y Ashley calva. Abro un paréntesis aquí: Creo que jamás, JAMÁS, ¿lo leen? Voy a provocar a Omi ni aunque quisiera suicidarme por la vía rápida porque todavía tengo muy dentro de mi cabeza la imagen de la nariz respingada calva, cagada (¡era lo que parecía! El huevo encima estaba podrido) y ungida de helado. Sólo comprender que hubiera terminado así, me genera un enorme alivio que la bolita de queso me haya tomado cariño y a la vez yo siento culpa por lo que sucedió. Él quiso protegerme, a su manera retorcida. No estuvo bien lo que hizo y se lo advertí, pero no tuve corazón para enfadarme.
Lo recuerdo como si fue justo ayer. Yo estaba en medio de una lucha de emociones; sentía más que alegría, satisfacción, Ashley fue cruel y déspota, ver cómo le dieron su merecido y la humillaron frente a un gran número de personas era confortante, pero a la par se ahuecó en mi pecho desasosiego y la compasión. Creo que era suficiente escarmiento con quitarle la peluca delante del idiota y, de esta modo, contemplara la hipocresía de su chica perfecta. ¡Yo ya sé que no le iba a decir más idiota, pero estoy acostumbrada! Sobre todo porque en mi celular está registrada así. Pudiera insertar una carita de tristeza en este espacio, pero no es un mensaje de texto si no una novela. Por suerte cuando salí del supermercado, yo estaba preparada y saqué mi paraguas rosa súper chic. A Omi no le gustará esto, preveo la escena, por eso compré sus galletas de chispas de chocolate (¡sí puedo sobornar a niños con galletas si se trata de salvar mis tímpanos! Ustedes lo harían) al punto que no pueda hablar mientras mastica.
Bueno, llegué a la escuela. Omi estaba refugiándose en el aguacero bajo el techo hablando. No eran ni Jermaine ni Tiny. O Megan o el otro chico de grandes anteojos verdes. Si no era un muchacho bien parecido, le calculo unos veinte años aproximadamente, el cabello negro y largo, la piel blanca. No lo conozco y sé que no es estudiante, pero es bastante joven para ser el padre de una criaturita (si bien este asunto del embarazo precoz ha ido de Guatemala a Guatepeor). Creo que Omi no tendrá un inconveniente si le digo que me lo presente pues que a fin de cuentas soy niñera ¿no? Tengo derecho a saber. Me acerqué y bajé el paraguas.
—Perdonen que interrumpe tan amena plática, caballeros, ¿pero no les importará que yo me una, cierto? —ahora que estoy más cerca pude ver mejor al extraño. Mandíbula fuertemente asentada, alto, cejas espesas, ojos avellanas brillantes y su mirada penetrante con intensidad hipnótica que me dejó sin aliento.
—¡Oh Kim, claro que no...! Mira, ella es Kim, mi niñera, de quien te hablaba ¿ya ves que si es de carne y hueso?
—Lo veo y no lo creo, tienes mucha suerte Hu Li. Un placer en conocerla, Srta. Tohomiko —estreché su mano grande y áspera. Estaba fría como tocar las escamas de Dojo. Y cuando me la devolvió, la metí en el bolsillo de mi abrigo.
—Y usted también, ¿a quién debo el honor?
—A Chase. Bueno pequeño, ya me debo retirar. Hablamos después, espero encontrarla más a menudo señorita.
—¡Adiós! —sus ojos avellanas angulosos e inexpresivos voltearon a verme por última vez y se fue. Omi lo despidió con un ademán mientras que yo estaba petrificada, en trance.
—¡Tierra llamando a Kim! ¡toc, toc! ¡Tierra llamando a Kim! ¿queda algún terrícola? —yo sacudí mi cabeza. El niño se encaramó a la valla que nos separa del huerto escolar y me dio golpecitos en la cabeza.
—¡Oh Omi!
—Me estabas preocupando, de repente te quedaste así —Omi abrió la boca y entrecerró los ojos, le pellizqué para que volviera en sí—. ¡Pensé que te había perdido para siempre!
—Pues corroboraste que no fue así —él puso una mueca ante la palabra "corroboraste"—. ¿Quién era exactamente el muchacho que te acompañaba hace un rato? ¿lo conoces?
—Lo conocí hoy. Creo que vino a recoger una niña de tercer año, como una prima, yo no sé más que tú, no le pregunté. Él sólo se paró a mi lado y yo le hablé, se habían ido Jermaine y Tiny y me sentí solo.
—Omi, no me gusta que converses con extraños a media calle...
—¡Por favor, mujer! ¡¿Qué iba pasarme?! No llegó en moto ni auto, vino caminando igual que tú. Además aquí hay muchas personas, si quería secuestrarme cualquiera pudo evitarlo. Tú también eras una extraña cuando mi abuelo me llevó contigo y aún así te hablé...
—¡OMI!
—Tienes que admitirlo, Kim, ¿te parece una persona normal aquella que manda al rincón a los libros "que se portan mal"?
—¡Pero no son todos los libros! Nada más los de mi escritor favorito... —me sobrecogí.
—Estás obsesionada con ese tipo, en serio, ¡me asustas! Como sea, no tenía oportunidad de acabar conmigo pues que soy un valiente aprendiz de Monje Guerrero de Shaolin. Mis ancestros diezmaron a cientos de enemigos. Yo tengo el honor de continuar la tradición, es decir, que nadie puede lastimarme ni todos los que estén bajo mi protección ¡porque saben que los estoy esperando con un golpe mortal! ¡Mis instintos de tigre me advierten de cualquier amenaza! ¡AY YA!
—¡Está bien, está bien, tigre! Pero no ataques mi bolsa de compras que ahí te tengo algo —el niño bajó los puños y relajó su posición en guardia, volviendo a ser niño—. Y quizá otra cosa más en el apartamento.
—¡¿Compraste algo para mí?! ¡¿qué es?! ¡¿qué es?! —preguntó dando saltitos.
—Mira en la bolsa, ¡ESA NO! —yo tenía dos. Pero Omi como siempre desobedece, revisó la que no era. Sacó un frasco de pepinillos conservados en un frasco de vidrio.
—Las rodajas de pepinillo frío son buenas para los ojos, —expliqué alzando los hombros—. Despiertas como diosa a la mañana siguiente.
—¡Y también son muy buenas para el estómago! —dijo él moviendo la mano a través de su panza. Las volvió a meter y sacó mi paquete de tampones, pero se lo quité.
—¿Te importa? Es para emergencias femeninas.
—Yo a veces me pregunto cómo funciona esas cositas.
—No puedes entenderlo: Eres un hombrecito —le dije. Omi frunció los labios. Guardé mis tampones y yo saqué las galletas.
—¡Hablo en serio! —replicó enojado.
—Quizá te lo diga cuando tengas cuarenta y estés viejo y panzón.
—¡Ay Kim! ¡No es gracioso! —gimió con los sesos hirviendo en tanto destapó el paquete.
Yo me eché a reír: La curiosidad de los pequeños es extraordinaria. Omi caminó junto a mí. Con las manos en la galleta, no se fijó ni del paraguas. La llovizna fue apaciguándose poco a poco. Por otra sorpresa me refiero a que finalmente pude restaurar el CD que Omi me dio. Lo vi completo para comprobar que no había fallas y todo salió perfecto. El vídeo muestra su cumpleaños número siete al lado de sus padres, unos trozos en el que salen compartiendo en la fiesta y cuando sopla las velitas en el pastel, que es cuando culmina. No sé que pueda pasar en esa casa ni cuando su madrastra volverá a tener esos ataques de celos, pero por si acaso saqué una copia. Como un CD es tan delicado y no me pertenecía, decidí no traerlo.
¡Casi se me olvidaba! Pero ayer Omi presentó la prueba por la que estuvo estudiando desde semana y media y los resultados se entregaron hoy (¡no es justo! Yo tenía que esperar una década, los míos nunca son inmediatamente). El niño no había querido desplegar la hoja de papel, la dobló y metió rápido en su mochila, dijo que si había sacado una buena nota que era mejor que nadie se enterara. Aun me sigue pareciendo que es una actitud infantil, pero no comenté nada. Omi ha demostrado a todo el mundo que es muy inteligente y creativo al montar esas travesuras que caen tanto niños como adultos, nadie le puede quitar eso. Yo me senté en el comedor mientras iba a buscar su examen. Ojeó las páginas de dos cuadernos y nada. Colgó el bolso bocabajo y lo vació.
—Después tienes que recoger eso —él se agachó y recogió una hoja de papel mal doblada. Me la entregó, yo la extendí con cuidado.
—Bien, ¿cuánto? —preguntó impaciente.
—Nueve.
—¡¿Nueve?! —gritó decepcionado— ¡se supone que sacaría diez! ¡A ver dame!
El examen estaba estructurado en opción múltiple, completación y desarrollo. Omi contestó claro y conciso las preguntas que le hicieron. Le fue muy excelente en matemáticas, ningún error porque los cálculos eran correctos (Omi parecía una calculadora). Ciencias e historia las escribió a su manera (imagino que la profesora habría pasado un arduo trabajo tratando de descifrar estos jeroglíficos minúsculos). En donde se cayó fue en lengua, no tuvo ningún reparo en la teoría si no en la práctica, la ortografía y la redacción descuidada descontaron el dichoso punto. Omi se mordió el labio inferior y devolvió la hoja con la cabeza gacha. Y les confieso que en ese momento me dio una ternura que se me olvidaron sus travesuras, lo quería abrazar.
—Ay Omi, un nueve no está tan mal. Te esforzaste y diste lo mejor que pudiste...
—¡Pero no fue suficiente! Nunca había estado tan cerca de un diez como ahora y era lo que necesitaba para que me aprobara el permiso.
—Yo creo que si te lo van a dar, en cuanto tu padre vea esta nota estará muy orgulloso de ti y lo digo en serio.
—Lo dudo, tanto mi abuelo y él fueron muy claros. ¡Me van a dar matarile porque pensarán que no estudié!
—A mí me parece que estás siendo un poco demasiado duro contigo mismo. Él entenderá.
—¡Y yo que había practicado un golpe mortal para usarlo en el torneo! ¡en vano!
—Oye Omi, te estás comportando tan dramático como una mujer —crucé los brazos.
Omi se tragó sus quejas y sólo arrugó la cara. No soporté verlo así, este era el momento que esperaba para entregarle el CD. Hasta que no sugerí ponerlo en el televisor, el niño no logró reanimarse. Pese que no obtuvo el anhelado diez, el nueve compensaba el resto de las notas regulares que ha venido trayendo. Sólo tenía que superar noviembre y en diciembre saldría de vacaciones. ¡Uf cada vez menos para que Omi entrara a la secundaria! No iba a necesitar una niñera, a los adolescentes les dan la confianza suficiente para cuidarse solos pero jamás es sinónimo de independencia. Espero que me visite... ¡¿pero qué actitud es esa Kim?! Aún no cumple los trece y estás despidiéndote. No, no, no, mi máxima preocupación por ahora es ¡¿cómo decoraré mi casa para navidad?! Tengo unos adornos, pero para decorar un árbol necesito más que esa cajita ¡y también es importante conseguir el bendito árbol! Tendrá que ser pequeño, no puedo costearme uno grande.
Omi recuperó su alegría de siempre en seguida de acabarse la película. También le comenté la invitación al estadio de futbol que me propuso el idiota. Se emocionó mucho y comenzó a ilusionarse con encontrar a alguien famoso, pensaba en llevar su balón, pero se desplomó de su nube. Aterrándose que no podría ir por la calificación del examen. Sólo se tranquilizó cuando le prometí que estaría allí cuando le diera la noticia a su abuelo, ya que hasta ahí era mi límite. Hombres, apréndanse esto bien: Nunca subestimen el valor de los zapatos de una mujer ni menos a su instinto. Es cierto, no es charlatanería. Tenía razón cuando dije que el Sr. Fung no reprocharía a su nieto por un nueve. Antes de irse, sacó la prueba de su bolsillo y se lo mostró. Bajó la cabeza, avergonzado.
—Lo siento mucho, abuelo, yo fracasé... —el hombre sostuvo las dos hojas engrapadas con sus manos marchitas por la edad y leyó por encima, luego soltó una risita entre dientes.
—Nunca aprendemos nada con las victorias, pero sí de las derrotas. Nadie dijo que iba a ser fácil. Pero yo, particularmente, estoy muy satisfecho con tu resultado, joven aprendiz, y te aconsejo que tú debes estar con el tuyo...
—¿Y toda esta cháchara es para decirme que no importa que haya perdido? —recapituló.
—Más o menos tienes razón, hay veces en que la misma lección es la propia jornada y con esto quiero decir que has superado el desafío y manteniendo mi palabra, por mí puedes ir al torneo, estoy seguro que tu padre pensará lo mismo y estará muy contento si le enseñas esto —el anciano dio unos toquecitos al papel y lo devolvió—. Adelántate, yo te alcanzo —Omi se fue corriendo a pedir el ascensor para ambos mientras el Sr. Fung se me acercaba— con absoluta franqueza esperaba un diez, conociendo la tenacidad y "la ambición" de mi nieto, podía obtenerlo sin esfuerzo. Admito que este nueve me sorprendió y a la vez me llenó de calma, su exceso de confianza y petulancia es más peligroso para él que cualquiera, muchas gracias por ayudarlo, Kim. Mis deseos para ti sean la dicha y la prosperidad en este fin de semana —me reverenció y se fue alejando, cuando se detuvo—. ¡Oh! Y... ya conversé con Dashi, está de acuerdo con llevar a Omi al estadio, sólo di cuando y allí estará.
—¡Muy bien! Estaremos en contacto.
¡Uf! ¡Estas costumbres occidentales de estrechar la mano del otro! En oriente es una simple reverencia en señal de respeto, aunque el chico que estaba con Omi tampoco era occidental y me respondió el saludo. Era muy extraño, ¿debí avisarle al Sr. Fung? Omi dijo que era la primera vez que lo veía y lo más evidente es que fuera la última, pero ¿por qué se refirió a Omi como Hu Li? No pregunté, mi memoria no actúa como me hubiese gustado. Da igual, me encogí de hombros y cerré la puerta. El resto del día estuvo integrado por mí, mi novela y Keira Knightley. Prometí que haría mis deberes mañana muy puntual (yo detesto que me obliguen a trabajar el fin de semana, se supone que consagro esos dos días para ser egoísta y olvidarme de los demás, así que por eso intento de matar horas extras en la universidad y en la madrugada para terminar, pero si a veces no quedaba otra salida sacrifico eso y es una entera lástima que no pueda hacer lo mismo con la persona que yo amo, es algo que yo no entenderé de las personas que son egoístas y vanidosas enteramente), asistiría a ese taller con el profesor Hannibal como si nada pasara y si me sobraba tiempo seguiría escribiendo mi novela. Déjenme contarles en un recuento rápido que sucedió las próximas doce horas antes de un encuentro imprevisto.
Cerca de las ocho yo encendí la televisión y miré la programación, descubrí que en un canal estaban dando la adaptación de Orgullo & Prejuicio del 2005 y me puse a verla. Ya he visto esa película como once veces, la alquilé una vez para una pijamada, asimismo creo que he visto casi todas las versiones que han sacado y me falta una. En adición, cabe acotar que ya leí el libro unas dieciséis veces. Me desparramé en el sofá y para sustituir las palomitas y el refresco, comí galletas y bebí agua mineral. No importa cuántas veces mire para mí siempre me parece que es la primera vez, pero hablando en serio ¿hace cuánto la vi por última vez? U olvidé grandes rasgos de la obra o estaba apreciándolo todo desde otra perspectiva.
Sí, contemplen, primero están Wickham y Darcy. Ambos están indirectamente relacionados entre sí, pero son agua y aceite. Wickham es un pobre soldado encantador que complace a Lizzy a deleite de ella (y al resto de las damas de la sociedad) y porque, en parte, aunque no lo dijera tan abierto, sintió una ligera atracción por sus atenciones. Mientras que Darcy es un hombre acaudalado, orgulloso y antipático que sólo despierta animadversiones en las personas que le rodean, excepto en su ingenuo amigo y su familia igualmente adinerada, o eso es lo que aparenta a inicios de la novela. Desde el comienzo, Darcy empieza a gustarle Lizzy e intenta conquistarla, pero ella lo detesta y lo rechaza, además que la acritud de éste tampoco ayuda mucho. Uno podría pensar que Lizzy está siendo un poco injusta con él, sin embargo, desconoce sus sentimientos y creo que hasta yo no soportaría a un hombre que se cree que está muy por encima de todos y estaría lejos de ser amable. Este razonamiento me desconcierta, Darcy siempre ha sido mi héroe romántico favorito, pero por unos instantes lo veía como un grandísimo patán. Un idiota. Su primera declaración me embragó de náuseas porque no lo sentí hablando desde el corazón si no de la prepotencia y obligación, pese de las bonitas palabras no quita su tono amargo de tener que admitir que ama a una pueblerina. Como si le avergonzara. A mí nunca me había pasado eso, recuerdo que cuando lo leí/vi yo me conmovía de tanta pasión.
A medida que sus intenciones se esclarecen conforme avanza la historia y acompañamos a la protagonista también los sentimientos por Darcy van cambiando y la bestia se transforma en un príncipe azul. ¿Pero y Wickham? El muchacho simpático, bienhablado y adorado por todos, en realidad es una tapadera de su verdadera personalidad: Manipulador, mentiroso y codicioso. Lizzy había cometido un error al escoger entre los dos pero estuvo a tiempo para desatenderse de uno y mirar a otro, ¿pero y si no fuera tan sencillo? Lizzy tenía otra razón que justificaba la volubilidad de sus actos: No era rica, a Wickham no le interesaba por esa razón y fue lo que la hizo recapacitar (o salvarla), pero ¿qué pasaría si lo fuera? ¿Wickham, aprovechándose de la inocencia de la joven, la cortejaría? ¿ella caería y se harían novios? ¿o lo descubriría? ¿y Darcy lo impediría? Porque antes de esa carta, ella era una víctima de un hombre corrupto y calumniador.
Claro que sí, ella no era mujer para el hijo de perra de Wickham, era de Darcy. Desde que se vieron en ese baile sus destinos estaban entrelazados. En la película omiten mucho de la participación de Wickham, aunque quizá estoy dándole demasiada importancia. Como sea, a algunas le parecen que la escena más romántica de la historia sea el casi beso entre Darcy y Lizzy, en el libro nunca hubo contacto físico entre ellos ni siquiera un beso, pero a mí me pareció que el director adquirió de una manera proyectar lo que todos los fans hubiéramos querido que ocurriese sin violar el contenido de la obra al recrear esa escena en que chocan sus frentes, ella sostiene sus manos, cierran los ojos y el sol sale. En mi opinión, la escena más romántica es el baile entre Darcy y Lizzy, la música de fondo incita el romance, pero ellos están sumergidos en un estado de tensión que los aparta del resto del mundo. Entonces desaparecen todas las personas y sólo queda el salón del baile, la música y ellos. Otro de los detalles que me gustaron de esta adaptación es el juego de las manos, parece insignificante, empero si observas fijamente cuentan una historia. Además que es educativo, en la vida real y el presente no pasa desapercibido las sorpresas que pueden darnos nuestros movimientos corporales.
En fin, olvidé las injurias cometidas contra Darcy y volví a caer enamorada en esa segunda declaración de amor eterno a Lizzy. La película terminó y apagué en cuanto salió el reparto luego apagué y miré el reloj. Me quedaba hora y media para escribir y eso hice. Llevé las galletas y los vasos a la cocina, decidí que los lavaría mañana. Encendí mi laptop, me hundí en el sillón y la acomodé en mis piernas cruzadas. Una de las cosas que en verdad sacan ese monstruo que hay en mí es que me interrumpan entre tanto estoy inspirada. En seguida para retomar el hilo es difícil y me sulfuro. Y nadie quiere verme enojada. Escribí dos capítulos. El renegado Dragón del Viento ha ascendido al rango de Aprendiz Xiaolin y el Dragón del Agua sufre un complejo con su cuerpo. Posteriormente viene la caza de Dojo. Y esto de los temores que me platicaron Tiny y Jermaine me ha dado una idea. Quizá un episodio en que los monjes aprendan a enfrentarse a sus temores. Puede que hasta sea divertido, crearé un Shen Gong Wu capaz de mirar los miedos más profundos de tu oponente. Guan va a tener una aparición especial en mi historia, respetando su uniforme de policía y habilidades, será un monje guerrero… de esos de los que tanto Omi habla. Con esto, al escribir los capítulos y anotar las ideas, decidí ir a la cama.
Aquella noche soñé con Orgullo & Prejuicio, pero Keira Knightley no era Lizzy. Era yo. Y el Sr. Darcy era... pffff, el idiota. Los mismos trajes, el mismo ambiente, la misma música y era la representación del baile en Netherfield. No lo hubiera creído si no fuera un sueño. Él dijo que no bailaba. Al menos fue eso y no la declaración de amor. Desperté en mitad de la pesadilla, porque si Darcy hubiese sido Matthew MacFadyen (no es precisamente mi estilo en hombres, pero el papel le quedaba como anillo al dedo, aunque le faltara más arrogancia y menos dulzura... igual que el idiota, ejem, no fue muy apropiado que compartiera ese dato con ustedes…) a lo mejor querría llegar hasta el final. La mente de un escritor suele hacer travesuras a uno mismo. Viendo el lado positivo al asunto me dio una excusa para ponerme seria y adelantar tarea. Cuando fui a la cocina y no hice estragos en el desayuno. Finiquité que sería un día aburrido. El tiempo iba dándome la razón. Todo transcurrió muy tranquilo en el gimnasio: El idiota no mandó luces verdes.
Repetí la misma rutina anterior, apenas conozco el nombre de esas máquinas y sin Tomoko supervisando no iba a ponerme creativa ahora. En casa, ya más fresca y cómoda me instalé a continuar con mi proyecto literario media hora y otra media hora actualizando mi estado en Facelook y chequeando las últimas notificaciones en las comunidades de fans que sigo. Abrir una pestaña en internet para exclusivos fines de entretenimiento es a lo que yo llamo recompensas divinas. A propósito dejé para el final el sitio web de mi Príncipe de Versalles pero de todos modos no ha habido mucha actividad, aunque había un mensaje en mi buzón. Tenía tres días y era de ¡oh-mi-DIOS! ¡TKenny! ¡¿No será un fan con un nombre similar?! Decidí abrirlo.
TKenny: Hola, ¿cómo estás? Espero te encuentres bien. ¿Cómo te está yendo con tu libro?
¡Le contestaré!... O quizás mejor no... tiene tres días, ¡pero si no lo hago voy a quedar como una grosera! Debo hacerlo... ¡no, no, no! A lo mejor tiene otros compromisos importantes, gastar su tiempo en mí es absurdo, pero él lo escribió recientemente y, por ende, espera que le responda.
TheGivenchyGirl:Hola, estoy muy bien. Gracias por preguntar. He progresado bastante con el libro. Casi voy a la mitad. Decidí estructurarlo en tres partes, pero eso es todo. Yo preferiría no arruinar la sorpresa, ¿y qué tal vas con el tuyo?
Ya había oprimido el botón de enviar y no hay manera de eliminarlo. Sólo está la opción de denunciar los mensajes o abrir un nuevo tema, cosa que no iba hacer. ¡Ay, ¿en qué diablos pensaba cuando le hice esa pregunta?! ¡Especulará que soy una entrometida! Quiero seguir hablando con él, empero no así. Una voz dentro de mi cabeza me consoló diciendo que lo único que puede decirme es que no puede y aun mejor, ignorarme. Sí, eso sería mejor, entre tanto puedo irme a hacerme un ovillo en un rincón y llorar. Mientras reflexionaba sobre mi tontería del día y pasaba el tiempo golpeándome el pecho, mi príncipe de Versalles tuvo la gentileza de contestarme. ¡Guau, eso fue deprisa!
TKenny: No tan bien como el tuyo. Lo he terminado pero la novela contiene grandes fallas y necesita que las corrija antes de mandarlo a la editorial.
TheGivenchyGirl: ¿Grandes fallas? No creo que sean tan graves, viniendo de un veterano escritor, seguro lo resolverás.
TKenny: Te agradezco el comentario. Eres muy amable. Pero hasta los grandes escritores no están exentos de poder equivocarse, soy tan humano como el resto.
TheGivenchyGirl: Lamento si te ofendí en alguna parte.
TKenny: No te preocupes que no lo hiciste. A menudo la gente, sin darse cuenta, montan a sus héroes en pedestales y alaban como dioses. Me consideraría indigno de cualquier trato especial, a fin de cuentas la fama no nos hace más que unos de los otros.
TheGivenchyGirl:Tienes mucha razón en eso.
TKenny: ¿Te puedo pedir una opinión? Es para mi novela y la apreciaría. Imaginemos que una persona utilizó a otra sin que ésta lo supiera. Sin embargo, ahora reconoce que este ha cometido una injusticia y que en realidad estima a esta persona, si continuaba terminaría por dañarla, así sólo lo supiera el primer sujeto, no podría perdonarse. Entonces en virtud de los hechos siguientes, desea subsanarse ya que todas las personas merecen una segunda oportunidad.
¡Cielos esto me desorientó totalmente! ¡Él le gustaría saber mi opinión! Díganme si quieren inocente, pero creí que buscaba un consejo amoroso, ¡qué tonta! Él es un admirable escritor de novelas románticas ¿por qué iba a necesitar la ayuda de una novata? Tampoco es que mi experiencia en romances sea la mejor. Luego de leer por segunda vez el enunciado. Escribí mi respuesta, siendo lo más sincera posible:
TheGivenchyGirl: Por supuesto, aún si es muy tarde todos debemos obrar por lo correcto. El error sólo existe si no lo admitimos. De lo contrario si se deja pasar, dejará heridas que quizá nunca cicatricen. Pero hay algo que todavía no termino de encajar, ¿quiere cambiar porque vio el daño que podría perpetrar o porque desarrolló sentimientos por la persona? Como dijiste que la estimaba, se me ocurrió.
TKenny:Bueno, al principio pensaba que no surgirían inconvenientes, no obstante, apenas la estaba conociendo y a raíz de eso, preludiaron los sentimientos. Me agrada que pienses así, no eres una persona que guarda rencor.
TheGivenchyGirl:Me parece que vivimos una sola vez y amargarnos por eso... Sabe, uno elige como sentirse y yo prefiero ser linda con los demás y dar abrazos. Pero ya en serio yo espero no haber interrumpido nada importante.
TKenny: Para nada. Únicamente me encuentro disfrutando de una deliciosa taza de café y admirando una fuente de tres sirenas. En definitivo, hablar contigo resulta más apacible.
Su cumplido se ensombreció bajo una fuente de tres sirenas, ¡¿no había un lugar así al que he ido antes?! ¡Claro, el cafetín en el que me llevó el idiota! ¡en otras palabras, quiere decir que mi Príncipe de Versalles está más cerca de mí de lo que parece! ¡Qué emoción, vive en la misma ciudad que yo! ¡¿Será que si me adelanto podré ver su rostro?! ¡Conocerlo! Para no dejar plantado al pobre hombre, le retribuí su halago y dejé que él escogiera el próximo tema de conversación, de esta manera me daría oportunidad para arreglarme y salir. Seguir mi corazonada. Decidí llevar su libro también (para efectos prácticos le pediría su autógrafo y podría pasar de incógnito). Ya voy por los últimos tres capítulos y confieso que no me he atrevido a leerlos porque cada vez que termino una novela siento un vacío que nada más lo llenaba aquella historia que conmovió tantos de mis tiernos sentimientos.
En el cafetín, compré el café más barato (olvidé recargar mi cartera), salí a sentarme en una de las mesitas al aire libre. No sé a quién se le ocurrió la brillante idea de colocar sombrillas por mesa, pero cuando lo descubra y vea le daré mis felicitaciones personalmente. Con este calor hasta me hice una cola de caballo. Debido a la hora no estaba muy concurrido pero yo era la única mujer en ese grupo. Habían tres hombres de la edad media, un adolescente que escuchaba música y otro que se tapaba la vista con un libro (me consta que es un hombre ya que esas manos son muy grandes y fuertes para pertenecer a una mujer). El adolescente está descartado de lleno. Con libro en mano, ¿existe algo mejor qué distraerte? Si es buen lector, tendrá el celular apagado en el cinturón. Me incliné por los tres. Dos compartían juntos una mesa, además de una completa descortesía atender el celular e ignorar a la otra persona, no los tenían afuera. Y el otro tampoco. Quizá ya se fue. Entre mi apartamento y el cafetín hay un espacio de treinta minutos, tiempo suficiente para que desocupara y pagara. O también puede que haya otra sucursal en algún lugar del que yo no sepa, ¿incluirá la fuente? ¡Ay, es tan confuso! Para no desperdiciar el café ni el viaje. Saqué mi libro y me puse a leer.
Soy una lectora empedernida, si me gusta devoro las palabras a la velocidad de la luz y me arrepiento de haberlo hecho. El final me arrancó lágrimas y yo no traje pañuelo. Mi corazón se encogió y se hizo un nudo en mi estómago. ¡La protagonista muere! ¡y con un hijo de él! ¡¿cómo es posible tanta crueldad?! ¿qué hice para merecer este final desgarrador? ¿cómo es que no va a haber continuación? Bueno, sé que contra la leucemia las probabilidades están cerca de cero ¡pero aún así! Su nombre era Esperanza, ¡¿no se supone que debía dárnosla?! ¡¿no le era suficiente matarla a ella, encima tenía que matar al hijo?! ¡¿por qué al menos no esperó a que éste/ésta naciera y luego la mataba?! ¡Aparte a última hora el médico dijo que estaba embarazada! ¡Estúpidos resultados que no salieron antes! ¡Estúpida Esperanza que te fuiste para morir sola, ¿no era qué amabas a ese nombre con todo tu corazón?! ¡¿Y vienes a decir que no quiere que sufra de tu muerte cuando él estaba como loco buscándote?! ¡Tú lo abandonaste! ¡Maldito libro TE VAS AL RINCÓN! No paro de llorar y creo que estoy asustando a los clientes.
Alguien haló la silla en frente de mí y se sentó. Era Raimundo. Enjuagué las gotas de agua salinas en mi rostro con mechones de mi pelo y tensé los labios. Él dejó sobre la superficie el libro que estaba leyendo y me dedicó el resto de su atención.
—¿Raimundo?
—Te vi llorando desde mi otra mesa y vine.
—¿Querías saber por qué lloraba? —pregunté todavía con la voz temblorosa. Él sacudió la cabeza.
—No me entrometeré si no quieres, yo vine en son de paz y a consolarte en la medida de lo posible.
Recordé la otra vez que me brindó apoyo, estaba en las escaleras llorando porque yo había finalizado de discutir con mi padre y me sentía mal. Cuando él vino y preguntó cuál era el motivo de mi angustia, aunque no le interesaba oír toda la historia, me escuchó y estuvo de mi parte, a pesar de cómo es. Yo le enseñé el libro, golpeé la dura contraportada. Su mirada se derramó desde mis ojos hasta mis labios y siguió en el libro con lenta cautela como si no quisiera quitar sus ojos en mí. ¡Qué absurdo pensamiento!
—Llegué al final y no me gustó.
—¿Llorabas por un libro? —sus cejas despegaron al cielo.
—Te doy permiso para que te burles todo lo que quieras. No me importa.
—No lo haré —replicó serio—. Los finales no tienen por qué ser siempre felices, a veces la realidad necesita un poco de fantasía y la fantasía un poco de realidad. Nosotros deseamos que las cosas fluyan bien, pero también debemos aprender a prepararnos para cuando no. —si bien sus intenciones no tenían nada que ver con animarme, en el tono que imprimió a sus palabras era suave y reflexivo como queriendo buscar una justificación. Sin embargo eso no fue lo que llamó mi atención.
—Jamás dije que fue un final triste, ¿cómo lo sabes? —torcí una mueca, apoyé los codos en la mesa y la mejilla en mi mano. Por su cara cruzó un atisbo de incredulidad y me lanzó una mirada insondable— ¿es que acaso lo has leído?
—No lo he leído, pero indiscutiblemente uno lloraría de tristeza si estuviera disgustado con un final. Si hubiera acabado bien tu expresión correspondería a una de ensueño. —contestó. No insistí porque sus cartas fueron buenas y convincentes. Otra razón es que dijo muy atrás que estaba desilusionado con estos nuevos romances y no los leía.
—¿Por qué los escritores hacen eso? ¿matar a nuestros personajes favoritos? —inquirí aún molesta.
—¡Oh! Hay de sobra buenos motivos. Uno: Captar la atención de los lectores. Dos: Era un elemento imprescindible dentro de la trama, pues que la muerte es de esos acontecimientos en que la novela toma otro rumbo. Y tres: Enseñarnos algo. Las dos primeras nociones son egoístas porque nunca serán el último recurso y la tercera es representativa. Sea cuál sea el porqué, sacrificio, lucha o hasta sabiduría, nos atribuye que la vida sigue.
—No sería capaz de matar a ningún personaje —dispuse cruzando los brazos bajo el pecho y poniéndome a hacer pucheros como niña chiquita.
—Eso no lo sabrás si no lo intentas. —comentó encogiéndose de hombros.
—¿Tú nunca has llorado por un personaje? Como... ¿qué estás leyendo? —he leído muchos libros, pensé que si había repasado el suyo podría sugerir un ejemplo. Lo volteé para ver la portada, como tenía marcador no se perdería la página. Pero aquella novela estaba fuera de mi jurisdicción: Justine o Los infortunios de la virtud— es un libro fuerte, ¿no te parece? —él se echó a reír mientras arrastraba consigo el libro.
—Ninguna de esas noveluchas actuales que han sacado superarán a esta. Nunca. Casi todas y las que no son de este género describen la historia de un hombre que cambia por el amor de una mujer, pero este escritor decidió ser realista y mostrar el mundo tal cual es, y por eso lo criticaron. A la gente no le gusta que le digan las verdades en su cara ni antes ni ahora.
—No me digas que estás de adecuado con estas prácticas. —gruñí.
—Ni aunque las mujeres más hermosas del mundo me lo imploraran de rodillas. Un golpe nunca sería un accesorio en el rostro de una mujer. Creo que yo no estaré nunca de acuerdo con la violencia, a no ser que sea en defensa propia, pero tendrían que agredirme entonces. A mí se me hace complicado extasiarme a través de los golpes ni dejaría por nada que me hicieran sentir basura, es mejor las caricias íntimas y los besos ardientes. Pero son novelas y películas como esas que las mujeres de hoy en día tienen su juicio nublado y se vuelven sumisas, que creen poder cambiar a abusivos y psicópatas.
—¡Pero no somos todas! —me defendí, en cierto grado tenía razón, pero no pude evitarme sentir incluida en ese grupo—. Tú te refieres a las mujeres ignorantes, el conocimiento está y tú decides si lo usas o para bien o para mal.
—Lo has dicho en una palabra: "Ignorancia", mientras no haya familias que enseñen a sus hijos e hijas a solucionar sus problemas sin violencia y a tener carácter, seguiremos criando ignorantes. Y una gran mayoría habla por sí sola en el cual un grupo considerable murió en espera de ese cambio. Ni siquiera tú puedes contradecirme a mí o a las estadísticas, es tan serio y tan actual como el calentamiento global. Por otra parte, princesa, no te recomendaría este libro. Contiene descripciones demasiado fuertes y me preocupo por tu inocencia, aun no estás preparada.
—¡Ja! ¡Como si fuera verdad! —solté un bufido estirando el cuello.
—Es verdad —asintió con un aire de suspicacia y picardía— ¿te sorprende que este hombre guapo piense en ti?
—¿Es que tú piensas en mí? —yo arqueé una ceja, echándome hacia adelante. Él imitó mi gesto.
—Si tú supieras las veces en que pienso en ti me demandarías por acoso mental —sonríe él guiándome un ojo.
Permanecí helada en mi asiento. Menos mal, porque si estuviera parada probablemente me hubiera caído. Los colores subieron a mi rostro y mi corazón galopó dentro de mí. Sorbí mi café y tragué duro, el calor abrasó mi garganta. Hundiéndome en mi sentimiento. El idiota se quedó allí mirándome. Y yo a él. La temperatura estaba tan alta que él prescindió de su chaqueta. Como estaba acostumbrada a verlo abrigado demoré en reparar esa pequeña falta. Usaba unos jeans y una camiseta negra de mangas fruncidas, lo suficientemente cortas para fijarme en el tatuaje que creí ver la otra vez que amanecí en su apartamento. Había acertado con lo que llegué a ver: Era un par de alas en su brazo. Decidí cambiar de tema.
—¿Qué significa tu tatuaje? —indagué a quemarropa curiosa, ladeando la cabeza. Algunos se mandan a grabar algo en su piel es para querer decir algo y otros para pavonearse. Sé que yo nunca podría tatuarme nada, le tengo un terror tremendo a las agujas. Primero me aferro al techo antes que alguien clave un objeto extraño en mi brazo. Lo sé, lo sé, no sirvo para el sadomasoquismo.
—¿Esto? —esbozó una sonrisa bochornosa mientras movía el brazo—. Lleva conmigo siete años y es una de las pocas cosas que me han dejado satisfecho, todavía no está establecido un significado especial para las alas de ángel, depende de lo que simbolice para la persona. El mío tiene tres, todas entrelazadas a mi vida: Protección, fuerza y libertad. Quiero ser lo suficientemente fuerte para proteger a quienes estén mi alcance, no sólo a mi familia, si no aquellos que me necesiten. Mientras respire no perderé a nadie. Pero también quiero ser yo mismo, volar a lo alto, sin ataduras. ¿Cursi, no?
—No —sacudí la cabeza. El hermano mayor de una familia de siete pequeños, desarrollaría un instinto protector y su instintiva rebeldía, es muy Raimundo, no esperaba menos— ¿por qué decidiste hacértelo en el brazo? Las personas que se tatúan alas prefieren en la espalda.
—¿Has intentado verte la espalda sin ayuda de un espejo? Yo quería un lugar en donde lo pudiera valorar mejor. Así si no quedaba bien… (aunque lo dudo, no voy a sitios de calidad barata) le metía su puntapié al tipo.
Yo sonreí, bebí lo que quedaba del café y me puse de pie.
—¿Te vas a tu casa?
—Sí —la persona que quería ver se había ido, terminé mi libro. ¿Qué iba hacer? Raimundo también se levantó.
—Te acompañaré, debo escribir unos artículos para el periódico. Y bueno, tú ya sabes, que el trabajo es prioridad.
Boté el plástico en la papelera con el signo del reciclaje y caminamos juntos. Yo abrazada a mi libro. Él guardó el suyo (era edición de bolsillo). Lo miré a hurtadillas, pero en cuanto él me devolvió la mirada, desvié la mía. Raimundo metió sus manos en los bolsillos. Nuestras sombras en la pared me dieron la impresión de que él se estaba apegando más hacia mí.
—¿Por qué no fuiste al gimnasio esta mañana?
—Necesitaba despedirme de Abril y llevarla a la parada del bus.
—¿Abril? ¿una de tus chicas?
—No, es la enfermera que trabaja para mi familia. Se encarga de atender a Sagrario cuando mi mamá se ausenta y nadie más puede, era la chica con quien me viste en este cafetín, Omi lo sabía ¿no te lo dijo?
—No —mi voz sonó demasiada ronca hasta para mí— ¡ay mis estrellas! ¡Casi lo olvido! El Sr. Fung conversó conmigo, dijo que Omi podría ir, que sólo fijáramos el día y listo. Se me ocurrió que podríamos ir el miércoles, así no interfiere con el entrenamiento de él ni será un día en que estén comenzando o culminando, ¿te parece?
—Me agrada tu manera de pensar, lo dejaremos para el miércoles —Raimundo me rodeó y se puso en frente de mí—, a propósito de nuestra charla sobre el sadomasoquismo, es bueno saber que tú no seas una mujer sumisa. A partir de aquí vas sola, hasta entonces —el idiota acercó su rostro y yo retrocedí, pero fue más rápido, enredó sus piernas en mí y tropecé. Mi culo amortiguó la caída, aparte de eso estaba bien. Bueno, no tanto, mi tacón se ha roto. En el suelo, desarmada, presionó sus labios en mi garganta. Su aliento caliente se desembocaba por el cuello y se alejó, yo puse los ojos desorbitados—. ¿Quieres presumirme tus ojos? Sé que son azules. Me gusta ese color, no más que el verde (que es mi color favorito), pero es muy lindo.
—¡¿Vas a quedarte allí mirando o piensas ayudarme?! —gruñí.
—Me la pones difícil, aunque por una parte sería muy divertido dejarte atrás. No intentaría hacerte enojar, sería una completa descortesía, ¿no crees?... —el idiota se dio la vuelta y se agachó.
—¿Qué estás haciendo?
—Súbete a mi espalda; es tu único pasaporte o puedes aprender a caminar con el tacón roto, princesa, tú eliges.
—¡Eres un cerdo extorsionista! —escupí.
—Está bien, si esa es tu decisión...
—¡ESPERA NO ME DEJES AQUÍ SOLA!
Después que rodeara mis brazos alrededor de su torso, apretándolo contra mí, mis piernas abrazaran sus caderas en tanto sus manos me sujetaban, aplastara con mi cabeza su espalda y cerrara los ojos, nos fuimos desplazando. ¿Me creerán si les digo que a pesar de todo, me gustó el paseo? Desde luego que no, es menos extraño que hacer gárgaras con bicarbonato. En un día había hecho una tesina de mi libro favorito y de paso, gratis, sin créditos extras, consigo encararme a la espalda del idiota. Tampoco olvido que me coqueteó. Al principio tenía miedo porque creí que sería otra de sus bromas e iba a soltarme en cuanto tuviese la oportunidad, pero no lo hizo y de una manera extraña me sentía segura. ¡Qué extraño lo de Omi! De seguro se le debió haber pasado. Entre la ida el cementerio y estudiando para el examen ocurrió casi al unísono, él tenía acumuladas bastante cosas en su cabecita…
A/N: Hemos llegado al final del capítulo de esta semana. Antes de pasar a mis usuales notas de autor de siempre, quiero comentarles que pienso aprovechar que estoy en un período extenso de vacaciones para dedicarme a trabajar en un proyecto personal que tengo (tengo mis sueños de ser escritora), no obstante, no pienso abandonar el fandom así como así. Simultáneamente voy a estar escribiendo una nueva novela, menos larga que esta, por supuesto, pero que será continuación de este fic. No es la historia de Kim y Raimundo (esta se termina aquí y punto) si no el personaje de Omi será quien tome la batuta. Los detalles para luego. Entonces termino esto y voy a la mano con estas dos obras, es que no me parece empezar algo y dejar esta a medias. Como en diciembre aseguro que esté lista y posiblemente cuando lean esto sea diciembre. He adelantado capítulos de sobra, sólo subiré en épocas especiales (navidad y año nuevo) como regalo pero del resto será como siempre actualizada en los martes pues que cuando entre en la universidad y no pueda escribir nada, al menos tienen algo que leer de mí. Ese es mi plan. El tiempo de Dios es perfecto y mientras viva seguiré escribiendo para gustos de unos y disgusto de otros.
Una opinión que me gustaría compartir con ustedes. No me ha pasado aquí, gracias al cielo bendito, pero sí en el otro sitio en el que dije que estoy y quiero expresarlo. Para mis lectores/escritores, un consejo: No es buen escritor quien no acepte la diferencia de opiniones. Uno tiene que tener una idea fija en la cabeza: A todo el mundo no le va a gustar nuestro trabajo. ¡Ojo! Pero no quiere decir que nuestra novela sea mala ya que es mentira. Las críticas constructivas son siempre a favor de la ortografía, gramática y la estructura interna. Refiriéndose al contenido puede que sean consejos (lo tomas o lo dejas), pero hasta ahí. Soy de las personas que comenta hasta el más mínimo detalle y suelo ser explicativa: Me gustó por esto, esto y esto ó no me gustó por esto, esto y esto.
Eso no es una crítica destructiva ni mucho menos el lector pretende desanimarte si no quiere decirte que tomó su tiempo para leer tu obra y, por infortunio de la vida, no le gustó. No fue grosero, su comentario estuvo limpio de malas intenciones. A los buenos comentarios hay que agradecerlos, aceptarlo y punto. No obligar a nadie a punta de pistola a cambiar de opinión. ¡¿Malo?! Malo es que esa persona escribe un pocotón de incoherencias y para colmo te insulta con palabrotas. A mí me han dicho cosas por ese estilo: Que no me gustó, que pudo ser mejor y yo reconozco que fui grosera con ellos en aquel entonces, ahora ya no porque esta actitud me parece infantil y con esta clase de recibimientos menos pretendo retomar ese error gravísimo que cometí, que ya pedí disculpas por cierto...
Además señores, si uno se pone cómica con un lector, éste no querrá saber más de uno ni de saludo. A mí me trataron mal en dos novelas, tanto las mismas escritoras como a gente idiota que se entromete y solamente porque dije que no me gustó el desempeño de la protagonista, empero que su novela me parecía muy buena. Ellas le hicieron más caso a lo negativo y me agredieron. Consecuencia: No las leí más nunca ni terminé sus novelas por muy buenas que parezca. Y mi castigo fue ese también. Como escritor uno tiene que cuidar una imagen. Entonces les dejo esto de reflexión: La tolerancia se está perdiendo. Ojalá mis palabras sirvan de algo. Así que saben si les gusta o no mi obra ¡díganlo! Están en su derecho. Yo las apreciaré por igual.
Este capítulo y el que viene serán de transición, aunque muy buenos. Ese análisis de Orgullo y prejuicio, la conversación entre Raimundo y Kim (ella cree que no, pero sí vio a su escritor favorito). ¡Uhm! ¡Chase apareció al mismo tiempo que Guan! ¿ahora cómo lo veremos? Matarile rile ron ¡ping pong! El capítulo treinta se acerca y a partir de entonces una sorpresa en cada capítulo. Por cierto, quería decirles que la encuesta que dije que iba a subir ¡ya lo hice! Así que los usuarios pueden dejar sus votos. Está en mi perfil. Para quienes son anónimos y quieren participar, les repito la pregunta:
¿Cuál de mis novelas Raikim es tu favorita?
El cazador de la ciudad
Arcade of Fire
Cosmic Love
Como Bonnie & Clyde
Hurricane
Contrarreloj
Quiero ser escritora
Pueden votar por un máximo de tres. ¡Así que los espero! Mientras tanto, me pueden hacer llegar sus comentarios, sus problemas, sus dudas existenciales, sus sugerencias, sus críticas, ¡excepto sus facturas! ¡Cuídense! ¡Se les quiere y se les respeta!
Mensaje para MexicanChurros: ¡Hola! Cuando Omi se junta con sus amigos se desata un huracán. Uhm, yo no quería que Ashley fuera tan odiada, pero ya veo que todos los enemigos de Kim son los enemigos del público, ¡ay! Pues sí, fue lo que se destacó más en ese capítulo. Sí en ciertas historias ponen a Jack de acosador, le queda bien el papel déjame decirte. ¡Oh vaya! ¡Son dos! ¡Ya me estoy asustando! No sabré con quien estoy hablando a partir de ahora... y yo soy un poco paranoica, pero no loquilla. Creo que el episodio de hoy contestó tu pregunta. Chase va apareciendo poco a poco. Aquí no va a haber tanta participación de su parte, sólo lo esencial, ya que los antagonistas son Omi y Jack. ¡Bueno, nos vemos MexicanChurros 1 y 2! ¡Cuídense las dos!
