Los personajes son de Stephenie Meyer. Solo la trama es de mi autoría.

Summary: Cuando el rumor de un triángulo amoroso estalla en el pequeño pueblo de Forks, lo que menos se imaginó Bella era que ella también se encontraba incluida en aquel embrollo. —Dime que mi ex novia y mi ex amiga no están compartiendo la misma polla. ¡Dímelo! —rugió colérico provocando una ola de miedo en cada entraña de mi cuerpo, sus ojos verdes me atravesaron cual guillotinas afiladas esperando una respuesta; y, sin embargo, no pude defenderme, porque eso sería aún peor.

Estoy huérfana, así que aquí va, sin beteo :(


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And now you're back
You don't get to get me back.

Cristina Perri

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Perception.

By

MarieelizabethCS


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Circunstancias II

Bajo el atardecer nublado de Forks, el frío empezaba a molestarme a pesar del grueso saco que me protegía. Apreté los ojos y me encogí sobre la banquilla de mármol abrazándome las piernas, en la que estábamos sentadas. Mi estado era deplorable y aunque me había desahogado un poco, eso en nada había ayudado con la lacerante sensación de ser destrozada.

Yo Isabella Swan estaba terriblemente enamorada de Edward—idiota—Cullen; y ya no lo podía negar un segundo más, por más que me encantara la idea de bloquearlo. Lo había aceptado al fin, con todo lo que eso significaba, lo bueno lo absurdamente malo y lo peor. Era un asco que después de tantos años, todavía estuviese enamorada de él

Por eso dolía tanto en mi corazón, por eso no podía volver a verlo sin pensar en lo que hizo con Tanya. No estoy siendo objetiva, me reclamé; durante años me hice a la firme idea de que lo había superado, de que ya no me gustaba de esa manera; que estúpida, cerrada, inmadura fui al engañarme de esa forma por tanto tiempo.

Traicionada.

Entumecida.

Aplastada.

Bum, Bum, Bum… golpe tras golpe sin descanso. Uno más fuerte que el anterior.

Tomé una gran respiración, pero me ahogué con los hipidos que no paraban de salir.

¡No tenía por qué sentirme así! Él y yo no éramos nada, no teníamos nada es más ¡Yo lo rechacé aquel día en mi habitación! Entonces, ¿Por qué me tenía que sentir de esa manera, como si Edward me hubiese dado una estocada venenosa por la espalda? No tenía el menor sentido.

—No vi venir esto. —me dijo con voz estrangulada.

Levanté la mirada para verla a los ojos, ella lograba inquietarme con su profunda y triste mirada azulada. Era tan poco ella verla en ese estado. Negué con la cabeza y permití que varias gotas saladas se resbalen por mi rostro sin vergüenza. La estaba afectando con mi comportamiento.

—Estoy exagerando todo, lo sé. —dije haciendo ademanes frenéticos y nerviosos con las manos—Siento como si me hubiese traicionado otra vez ¡Y no es así! Él… Dios—me callé y me quedé mirando el cigarrillo que se consumía entre mis dedos.

Jessica pasó una mano por mi cabello y me rodeó los hombros con su brazo acogiéndome con su consuelo—Él volvió a caer en sus garras… pero Bella —me susurró —Hay demasiada historia entre ustedes, muchas cosas que deberían conversar y aclarar.

Asentí y me desahogue sobre su hombro, sollozando y gimiendo de frustración, de pesar; la sola imagen de ellos dos juntos, me atizaba a latigazos en la cabeza y me hacía sentir enferma; solté otro gemido.

Me agarré de la blusa de mi amiga y deje exteriorizar el agobio interno que tuve atascado en la garganta durante semanas. Jessica me acunó entre sus brazos dejándome llorar sin decir nada.

Tanya siempre ganaba, siempre…

—Pe-pero ahora—le respondí luego de un rato, entre hipidos. —N-no quier-ro verlo. —Sí quieres verlo, lo amas a pesar de todo. Soy una masoquista.

Jessica retiró el cabello pegado a mi rostro debido a las lágrimas y me hizo verla. —Tranquila Bella.

Los ojos los tenía cargados y me ardían de tanto llorar, pero eso no impidió que volviera a llorar sobre el hombro de Jessica durante una hora más.

Jessica me había interceptado a la salida de la escuela, cansada de negarme a hablar con ella, me había ido a buscar. En cuanto me vio, maldijo y me agarró en un abrazo fraternal que terminó por derrumbarme completamente. Fue justo en ese momento en el que me deje ir en llanto, adolorida, aniquilada.

Me arrastró a fuera y sin importarnos nada las pocas miradas que se fijaron en mí, nos encaminamos al pequeño parque de Forks, ubicado a seis cuadras de la escuela. Ella me abrazó todo el tiempo que caminamos hacia el lugar, en medio de un silencio roto solo por mis sollozos y jadeos entrecortados. Jessica me cuidó en todo momento, tragué pesado, me sentí culpable al no comentarle esto desde el principio.

—Gracias Jessica—dije más calmada, pero haciendo un gran esfuerzo por hablar—L-o siento por haber sido tan cerrada esta semana y …

—No tienes que decir nada. Te entiendo. —Me acomodó el cabello a un lado y sacó un pañuelo de su bolsa—Toma.

Me lo ofreció y yo le regalé una tímida sonrisa. Debía lucir horrible con todo el gimoteo anterior. Me limpié sin prisas y al terminar le di una profunda calada a mi desatendido cigarrillo. —No sé qué va mal conmigo—apreté los labios y Jessica me miró atenta—Es decir… es todo muy confuso. Hasta hace algunas horas yo juraba no sentirme atraída por Edward; sin embargo ahora, todo explotó en mi cara y solo puedo ver caos, dolor; es que… es que él estuvo con Tanya el mismo día que me confesó sus sentimientos y luego… yo lo vi con Lauren en casa de Bree ¡Y mierda, de solo recordarlo me provoca ganas de vomitar! me siento asfixiada, inútil, idiota. Yo no soy así Jess, me estoy perdiendo… y tengo miedo.

Para cuando terminé mi verborrea, Jessica me estaba ofreciendo otro pañuelo. Las lágrimas otra vez descendían por mis mejillas raudamente, sin control.

—No eres nada de lo que acabas de decir Bella. Te encuentras lastimada por Edward, es normal que sientas que todo es oscuro ahora, sin embargo, quiero que sepas que los chicos y yo te estamos apoyando en esto; no te vamos a dejar sola nunca y claramente tampoco vamos a permitir que te pierdas en medio de esto—dijo con una pequeña sonrisa tranquilizadora apareciendo en sus labios —Si es necesario le digo a Seth que le rompa las piernas a Edward—negué con la cabeza y suspiré.

—Te lo agradezco tanto Jess. —ella me jaló de nuevo y me sostuvo mientras yo continuaba desasiéndome en llanto.

No supe que fue del tiempo mientras volcaba toda mi decepción y tristeza sobre el hombro de mi amiga. Tenía tanto en lo que pensar, demasiado que digerir y analizar sobre Edward, sobre Tanya, sobre Lauren; pero sobre todo sobre mi misma, ahora que sabía lo poco que en realidad me conocía, sin mencionar mi baja autoestima y la gran desconfianza que sentía hacia Edward; quizás por eso me había protegido de él, al rechazarlo y también al ignorar los fuertes sentimientos que poseía aún. Tal vez por eso me había encerrado en mí misma… para no volver a sufrir.

Cerré los ojos, tomé aire por la boca y me deje navegar en el inmenso vacío dentro mío, el cual amenazaba con absorberme en su incalculable inmensidad.

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—Te dije que no nos siguieras ¡Lárgate ahora! lo último que ella necesita es que vengas con tus pendejadas.

Abrí los ojos lentamente, parpadeé y lo siguiente que sentí fue un terrible ardor en mi garganta. Me incorporé tallándome los ojos irritados —Y de seguro inflamados de tanto llorar.

¿Qué había pasado?

Tragué con dificultad y entonces al fin miré el lugar donde me encontraba. La confusión me golpeó al ver que me hallaba en el interior de un auto, uno en el que jamás había estado antes. Estaba todo oscuro y apenas pude ver algo que no fuera la brillante tapicería de los asientos. ¿Cuándo me quedé dormida?

¿De quién era este auto?

Miré por la ventana tintada, y logré ver a Seth al lado de Emmett, en la carretera. Me pasé una mano por la cara y entorné los ojos. ¿Qué estaba sucediendo?

Abrí la puerta del auto y me bajé dando un gran salto. Por lo menos cincuenta centímetros de altura, con respecto al pavimento. Tuve suerte al no doblarme el tobillo, otra vez.

Al bajar vi a Jessica hablando por teléfono, parada a un lado de la calle. Se veía exhausta e incómoda mientras sostenía el celular contra su oído.

—Necesito verla y tú ni nadie va impedírmelo; así que mejor apártate de mí maldito camino Emmett. —contuve el aliento al escuchar la fría amenaza de Edward. Mi corazón empezó a acelerarse y mis manos a sudar de los nervios.

Mordí mi labio y cincuenta segundos después volví a respirar, por mera obligación.

¿Cómo era que estaban todos aquí? me pregunté mirando la gran espalda de Emmett contraerse.

—Escucha Edward, tienes que dejarla en paz por su bien—Seth dijo en un tono más calmado e igual de firme—Ella ahora mismo no se encuentra bien, necesita tiempo para sanar y tú no la vas ayudar con eso.

Emmett gruñó como un poseído.

—La volviste a destrozar, pedazo de inservible. ¡Te lo dije el otro día! Te advertí que mantuvieras tu trasero fuera de su camino ¿Y qué fue lo que hiciste? La volviste a joder.

Todos se quedaron en silencio unos segundos.

Y yo me sentí estancada en medio de una batalla feroz, de la que no podía escapar, pero en la que tampoco me podía defender.

—Ya sé que la dañé, pero yo—se interrumpió y al fin pude verlo, Edward caminó unos pasos en dirección a Emmett. Se veía más pálido que antes y tenía el rostro desencajado, sin embargo todavía se veía devastadoramente guapo y perfecto. Me dolió ver la expresión triste en su rostro, sin embargo, intenté escucharlo sin sentirme afectada por su apariencia descompuesta—Necesito pedirle perdón.

Pidió en un hilo de voz, inseguro y escuchándose perdido.

Cerré los ojos.

No puedes afectarme no de esta manera. Edward había sido un reverendo cabrón al acostarse con Tanya unas horas después de que nos besáramos—ese beso tan inocente y dulce que jamás podría olvidar— sin pensárselo dos veces… sin embargo era más consciente de que yo lo había empujado a buscar lo que sea que deseaba de mí en Tanya, cuando lo rechacé de tajo.

Si yo hubiese pensado mejor las cosas… agité la cabeza de un lado a otro.

No era mi culpa, el que Edward se sintiera más seguro con esa perra y que regresara a ella al sentirse rechazado. No podía controlar las reacciones de él.

Pero sí que era culpable al juzgarlo, por algo de lo que no tenía derecho a juzgar.

Edward era libre de hacer lo que quisiera, lo que deseara y si su deseo era meterse en la cama con Tanya, con Lauren o con cualquier docena de mujeres… estaba en todo su derecho de hacerlo. Mi persona no representaba nada en esa ecuación. Por más que me destruyera sus acciones, era tan simple como eso.

Así que encendida por mis recientes conjeturas, fui en dirección de ellos con paso firme.

—¿Bella que estas haciendo? —me preguntó Jessica al verme. Emmett y Seth volvieron sus miradas a mí y puede ver el desconcierto, el pesar y el remordimiento pasar por sus rostros, como una poderosa ráfaga. Debía lucir como una indigente sin hogar.

Jessica se apresuró a mi lado y me tomó del brazo, deteniéndome. Mis ojos se encontraron con los apesadumbrados de Edward, y todo estuvo acabado en mi pecho en ese mismo segundo. Él se veía… roto.

—Mejor regresa al auto ahora mismo. —me pidió Jessica, entrando en pánico.

—No tienes por qué exponerte a esto Bella—me dijo Seth suavemente, con cariño—Fue suficiente.

Pero yo tenía la mirada trabada en la de Edward; esa sensación no se iría nunca, pensé estremeciéndome con el inmenso sentimiento palpitando en cada una de mis entrañas. Cuando nuestros ojos se conectaban, tenía la sensación de pertenencia, fluyendo por cada gota de sangre en mi, ahora lo sabía. Por eso siempre me abrumaba cuando me veía a los ojos. Sentía que pertenecíamos juntos, como dos almas solitarias regresando al punto de partida.

Aquel reconocimiento me golpeó como si un millón de elefantes me cayeran encima.

Lo observé meter las manos en sus bolsillos, y quedarme mirando con un brillo opaco en su mirada y una mueca rígida en los labios.

—Lo siento Bella, él nos ha seguido sin que me diera cuenta y…—el comentario cargado de Emmett me hizo mirarlo. Fruncí el ceño. —Mierda, jamás voy a poder protegerte como debería; no puedo hacer una sola cosa bien por ti. —terminó de decirme con ira y mirándome abatido.

—No tienes que pedirme disculpas por nada Emm. Aprecio cada cosa que has hecho por mi bienestar, incluso cuando yo no lo merecía. —dije con sinceridad, al recordar la manera en que lo alejé, a él y Alice, sin sentir remordimiento, de mi vida.

Emmett me regaló una pequeña sonrisa incompleta.

—Vámonos Bella—Jessica me jaló del brazo y me hizo retroceder tres pasos, antes de que yo plantara bien mis pies.

—No Jessica, creo… que lo mejor es aclararlo todo. —mi amiga abrió los ojos hasta sus límites, sin creer lo que le dije. Pero me soltó tras un momento de escrutinio profundo, dejándome ir.

Se cuadró los hombros y volvió la mirada a Edward, asesinándolo con los ojos.

—Big Swan piensa que vamos de camino a tu casa, no te demores. —me dijo antes de dar media vuelta y subirse en el monstruoso jeep de Emmett.

Seth y Emmett también se giraron, luego de lanzarme una mirada de "estaremos aquí mismo por si acaso" me sorprendió que los dos estuviesen tan sincronizados, aunque siempre había pensado en las similitudes que tenían los dos; les tenía un cariño similar.

Cuando quedamos solos, di un pesado paso hacía Edward al tiempo que tragaba saliva compulsivamente.

Me detuve a una distancia prudente de al menos dos metros. Aún con su semblante decaído, era perfecto, hermoso y atrapante.

Tomé aire, ¿Por dónde empezar? Me pregunté.

Después de un momento, decidí que lo mejor era empezar donde habíamos quedado en la escuela, antes de dejarlo—¿Qué era lo que me ibas a decir antes? en la escuela. —dije en voz baja y a pasiva. Mientras por dentro, me tomaba todo de mí, bloquear la imagen que venía de Tanya y Edward juntos, teniendo sexo. Me sentí estrangulada al fallar.

Edward dio un paso hacia mí, con el rostro lleno de sufrimiento. De inmediato retrocedí por instinto, abrazándome a mí misma; insegura.

—No. —dije.

Se detuvo frunciéndome el ceño, me observó largamente y volvió a su lugar de antes, luciendo en verdad arrepentido.

—Por favor, no te acerques.

Pedí no confiando en mi misma. Estaba frente a él, apenas conteniendo mi corazón destrozado dentro de mi pecho. Tenerlo más cerca sería mi perdición.

Me mordí el labio— a riesgo de cualquier reacción inesperada de su parte— y lo miré esperando a que me dijera al fin lo que tenía para decirme; después de que lo hiciera, podría explicarle todo lo que sentía.

Pasó una mano por su cabello, y miró el parque antes de suspirar—Lo que iba a decirte, me lo dijo Tanya. —apreté la mandíbula de solo escuchar su nombre —Me dijo que estabas en la fiesta de Bree y que me viste con Lauren. —terminó de decir entre dientes, y volviendo sus ojos a mi. —Claramente no me dijo sobre la conversación que tuvieron.

Carraspeé y percibí el sonrojo abrasar mis mejillas—Fue un accidente, en realidad no era mi intención verlos. —tragué pesado y la mirada fija de Edward me erizó la piel—Pero igual lo siento. —más de lo que alguna vez lamentaré algo, ya que verte con otra mujer, siempre será un recuerdo amargo que no se borrara fácilmente.

—No quiero tus disculpas porque no son necesarias—respondió serio—Soy yo el que debo disculparme por lo que hice después… después de irme de tu casa, por alejarme, por buscar en otras lo que realmente deseaba solo de ti. —su ceño se frunció, confiriéndole a su rostro una expresión de ansiedad. Que deseaba solo de mí… ¿Cómo Follar? No, debía referirse a algo más. ¿Qué era lo que deseaba de mí, que quiso encontrar en las demás?

Negué y suspiré —Edward… tú no tienes por qué darme explicaciones, es tu vida; lo puedo entender—temblé por el frío viento que azotó mi cabello con fuerza e hizo que Edward se removiera en su puesto—Aunque me haya hecho daño, tú no me debes absolutamente nada a mí, fui yo la que me dejé envolver por cosas del pasado que no tenía idea que sentía todavía…—tomé aire— Lo que quiero decir es que no tienes por qué sentirte mal, nada es tu culpa de todas formas.

Solo espero que toda esta madurez también me acompañe, incluso cuando deba afrontar el desamor, por segunda vez.

Touche

—Claro que tengo la culpa —me corrigió molesto —Tu y yo…

—Tú y yo no somos nada, Edward. Ese es el punto y justo por eso no me debes nada.

El rotundo silencio envolviéndonos, junto con el frío insoportable por poco me hizo correr de vuelta al auto de Emmett. Pero todo lo que hice fue mirarlo por un largo momento. Edward entornó los ojos, poniéndome más incómoda.

Me aferré a la idea de que todo pasaría y que de alguna forma iba a salir delante de este agujero helado en el me encontraba.

—¿Qué es lo que sientes por mí? —me ladró la pregunta, junto con un gruñido.

Parpadeé al sentir la furia debajo de aquella cuestión. Bipolar, desde tiempos pasados.

—No es el momento para hablar de eso. —le dije, deseando que no insistiera más. La poca valentía que sentí hace un momento se había ido del todo, dejándome sola y a la deriva con un Edward que no parecía querer finalizar la conversación.

—Oh claro que lo es. —me retó, se agarró la nariz con los dedos y empezó a bufar, molesto.

¿Por qué tenía que ser tan prepotente?

¿Tan terco?

¿Tan hermoso y caprichoso?

—Lo que yo siento por ti…—suspiré dándome ánimos para continuar—¿De qué te sirve saberlo?

—Quiero saber. Dímelo. —exigió liberando su nariz del agarre bruto, mientras sus ojos recorrían cada trozo de mi piel, con demasiada intensidad.

Que sentía por él…

¿Qué te amo? ¿Qué te adoro? Que pienso a cada momento en tu sonrisa, que me enamoras cada vez que me miras de esa forma tan intensa, con tus resplandecientes ojos verdes, ¿Qué me encanta la manera en la que me tocas y me miras?, ¿Quieres saber lo mucho que desearía poder ser suficiente para ti? Para, me grité por dentro. El dolor se hizo presente con más fuerza, como una nueva ola de agujas ardientes perforándome. Los ojos se me volvieron a humedecer en menos de nada, para mi total vergüenza.

—Me gustas… mucho. —solté sin tapujos.

Edward abrió los ojos sorprendido y su boca fue por el mismo camino. ¿Era tan increíble? Poco a poco una sonrisa torcida fue apareciendo en sus labios y mi corazón empezó a latir desenfrenado subyugado bajo el encanto que desprendía a borbotones. Él sabía a la perfección lo que una sonrisa de las suyas podía hacerme. Era su arma más letal, que en cualquier otro momento me hubiese hecho lanzarme a sus brazos y su calor sin ningún remordimiento; pero justo ahora lo último que quería era caer en ese pozo obscuro.

Tienes que irte, ya. Me apremié.

—Pero eso ya no tiene la más mínima importancia. —me di vuelta y obligué a mis piernas a caminar hacia el Jeep, con la deslumbrante sonrisa de Edward adherida a mis ojos, tal y como un tatuaje, fue la peor marcha que alguna vez emprendí.

En menos de nada tuve a un Edward airoso obstaculizándome el paso.

—¿Por qué jodidos dices que no tiene importancia? ¡Claro que la tiene! Tú me gustas demasiado Bella. Ya te lo había dicho. —bramó con desespero.

Alcé la mirada plantando mis ojos en los suyos de nuevo.

—¿Es que no lo ves?

—¿Qué cosa? —me preguntó de vuelta.

—¿Crees que después de lo que ha pasado, de tus acciones, de las mías… puedo realmente confiar en ti? —lo miré con los ojos llenos de lágrimas sin derramar—No voy a volver a lo mismo, eso sí que no. —juré permitiendo que varias gotas escaparan de mis ojos, sin fuerzas para contenerlas.

Los ojos de Edward se desenfocaron un momento, viendo a un lado de mi rostro; totalmente consternado debido a lo que le dije. Caminó de nuevo hacía mí y me aparté en seguida todo lo que pude de él.

—¿Mis acciones? ¿Te refieres a lo que pasó con Tanya? —me preguntó en tono lastimado.

—Déjalo ya. —rogué ¿Qué no veía lo mal que nos hacía sentir?

—¡No!

—¡Ya basta! Entiéndeme ¿Quieres?

—¡Es que eso es, a lo que no puedo llegar!

—¿Quieres que te lo deletreé? —grité más fuerte, haciendo que Emmett, Seth y Jess bajaran del auto, listos para atacar a Edward. Les hice una seña con la mano para que aguardaran un momento y nos dejaran hablar —Como yo lo veo, como yo lo percibo, tú siempre correrás a las faldas de ella cada vez que se presente cualquier inconveniente, cada vez que te encuentres en desacuerdo conmigo buscaras lo que necesitas en otra persona y ¡Yo no tengo ninguna intención de volver a ser la victima Edward! Ya lo he sido por demasiado tiempo como para ir al punto de inicio sin razón justificable.

Estaba respirando rápido mientras lo veía hacer gestos airados y bruscos, pero viéndome como si estuviera al pie de un gran misterio sin resolver.

—Déjame intentarlo.

—¿Qué? ¡No! —contradije sin pensarlo un segundo.

—¿Por qué no? Es lo único que te pido, yo te gusto y tú me fascinas, ¿Por qué no podemos estar juntos ahora? —me preguntó adolorido— Quiero una sola oportunidad para demostrarte que no soy ese cretino que todos odian. Que tú odias.

La angustia se veía prensada en su iris, con tanta fuerza que ahogué un gemido.

—Eso no es cierto, yo nunca podría odiarte. —dije con el corazón en la mano, estupefacta. Edward era perfecto en su imperfección y yo lo aceptaba tal y como era. Pero había cosas que estaban destinadas a morir antes de iniciar, y esta era una de ellas. Por muy poco de acuerdo que estuviera.

Sus ojos brillaron esperanzados de vuelta sobre los míos, pero su expresión de cautela no se dispersó en nada.

Suspiró.

—Lo sé.

Me limpié las lágrimas con el dorso de las manos; él se veía tan mal, incluso como yo misma me sentía por dentro, y no era justo para ninguno de los dos que nos hiciéramos daño de esta forma. Era hora de parar la discusión antes que saliéramos más lastimados—Se está haciendo demasiado tarde y no quiero tener problemas con mi padre. —le recordé, para cortar la conversación de una vez.

Edward abrió la boca, más un segundo después la cerro con un chasquido—Aún tenemos cosas que conversar—le dije, sabiendo su descontento—Pero ahora no es el lugar ni el momento para ello.

Edward apretó los labios y pateó una piedra imaginaria en el pavimento enviándola lejos. Colocó las manos sobre su cabeza y tiró de su cabello con firmeza, viéndose fuera de si mismo y a punto de estallar de cólera. La tonta congoja en mi pecho no hizo más que aumentar a niveles tenebrosos, de solo verlo así.

—Edward por favor…

Él alojó su mirada en la mía, sus ojos brillando llenos de autodestrucción, estuvieron a punto de hacerme colapsar también, oh no. Esto era demasiado, yo no podía soportar tanta presión, con mi dolor despuntando por cada célula de mi cuerpo y el sufrimiento palpable de Edward me iba a volar los sesos. Gimoteé y un sollozo abandonó mi garganta; yo no podía permanecer un segundo más aquí.

Cerré los ojos para no mirarlo más, no lo deseaba ver en ese estado otra vez en mi jodida vida. Era la experiencia más infernal, agotadora y terrible por la que había pasado…

Enfoqué toda la atención lejos de él y empecé a caminar, sintiendo que me caía con cada paso inestable que deba. Ya no más, ya no más… la sensación de ser tirada a su magnetismo me atajo, intentando hacerme desistir, jalándome hacia el dueño de aquella incomparable mirada; a pesar de ello, logré pasar de largo a un lado de él.

No me detuve. Ni siquiera cuando alzo una mano hacía mí, como si me suplicara. Las lágrimas se rindieron al dolor y nada las pudo detener mientras recorrían mi rostro en gruesos caminos. No esta vez. No puedo.

Subí al Jeep con dificultad, ayudándome del fuerte agarre de Seth quien me abrió la puerta—Shh Bella, todo va ir bien. Te lo prometo. —me recargué sobre el hombro de mi amigo y lloré largamente, gimiendo como si me doliera cada parte de mí. Con un suave sonido al ser encendido, Emmett nos alejó del lugar, lejos de Edward y su pesar.

—¿Por qué tuvo que pasar así? —me lamenté desconsolada, mientras Seth me sostenía contra en un fuerte abrazo. Jessica se acercó y me acarició el cabello, en silencio.

—Oh Bells—Emmett golpeó el volante con los puños apretados.

—Calma princesa, estamos aquí. —me arrulló Seth, balanceándome un poco.

—Lo amo, a pesar de todo… —susurré con un quejido ahogado. Cerré los ojos —Tanto que duele.

—Te prometo que todo ira mejor. —sentenció Seth, con la voz cargada de sentimiento.

Asentí sin ganas dejándome derrotar por el llanto, incliné la cabeza contra el pecho de mi amigo y me quedé de esa forma hasta que mi lamento consiguió desvanecerme en un sueño superficial, saturado de imágenes de Edward y mías, de gritos y amenazas no dichas; de sueños rotos y punzadas incesables en la garganta.

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Un par de suaves golpes en la puerta, me hicieron remover entre las cobijas. Abrí los ojos con pereza y observé el techo de mi cuarto, como si fuera alguna cosa extraña que no reconocía.

¿Cómo llegué a mi habitación? Y peor aún ¿Quién me había cambiado a la ropa de dormir?

—Bella se te hace tarde para llegar a la escuela—la voz tensa de Charlie me hizo mirar a la puerta.

Arrugué el ceño y entonces las imágenes del día anterior se estrellaron contra mi cerebro en una secuencia demasiado vivida. Edward. La amargura me invadió de pies a cabeza al recordar. Jadeé y me volví a enterrar bajo las cobijas deseando olvidar el terrible día de ayer con un solo plumazo mágico.

Pero no podía, por más que ardiera en ganas de sacarme aquello de la mente, simplemente era imposible. Edward estaba presente, sus palabras, lo que hizo, lo que me pidió, sus ojos derrotados cuando me negué a tomar su mano y la completa agonía que me mostró a través de sus ojos.

Jadeé por aire, ¡Por qué no pudo pasar de otra forma! Yo hubiese recibido sus sentimientos como una bendición hace cuatro años… quien sabe, quizás si Tanya ni Lauren se hubiesen metido al medio…yo… yo le había dicho que sí al final; que lo amaba, que lo deseaba en mi vida, que necesitaba tenerlo conmigo, que también deseaba intentarlo.

Pero después de todo….

La realidad era una totalmente distinta.

Porque él se fue con Tanya, después de hacerme saber sobre sus sentimientos.

Porque decidió que un coño recorrido, era mejor que enfrentarme.

—¿Bella? —apreté los ojos con fuerza, escuchar a Charlie llamándome con ese tono de voz producía un nudo en mi estómago.

—S-si papá, en un minuto bajo. —le contesté, pero no me moví ni un centímetro. Escuché un "esta bien" y luego sus pasos se alejaron de mi puerta, dejándome en paz.

Expulsé un suspiro, arremolinando mi cobertor entre las piernas; no quería volver a la realidad. No quería salir de aquí, deseaba quedarme sola con mi miseria.

Todo lo demás se podía podrir.

Pero cuarenta minutos después, estando de pie frente al espejo semi empañado del baño y viéndome a los ojos enrojecidos, tuve que aceptar que lo bueno siempre duraba poco y que por lo tanto debía asumirlo con valentía, si quería tener mi vida de vuelta. Pasé las manos por mi cabello mojado por la ducha a la vez que observaba mi cara enferma y cenicienta, junto con las increíbles ojeras abultadas bajos mis ojos, el amoratado tono en mis párpados, mi nariz tan enrojecida como una cereza y mi cabello desordenado; todo haciendo un combo digno de admirar.

Me veía… acabada.

Corrección.

Me sentía acabada.

La cabeza me empezó a pulsar, cuando intenté reconocer a la persona que por años pensé, había sido. Fuerte, valiente, sensata, prudente. Pero la imagen, con la que me enfrentaba cara a cara era la de una mujer rota, incapaz y decaída, para nada lo que buscaba. Y eso era lo más doloroso de todo; estaba perdiendo lo que era, como consecuencia de todo lo ocurrido.

Soy débil después de todo.

Hice una mueca de hastío y cogí la toalla para terminar de secarme el cabello.

Dejé mi habitación vestida con lo primero que vi: jeans flojos, camiseta negra, saco vino tinto y un par de tennis sucios.

No tenía cabeza para verificar la ropa. Estaba demasiado ocupada recogiendo los trozos perdidos de mi alma como para notar si me veía mal con esa ropa.

Charlie ya se había ido para cuando llegué al primer piso en busca de mi mochila y algunos apuntes; me alivió saber que no tendría que darle explicaciones sobre nada… por ahora. Cogiendo algunos libros me percaté de que no tenía la menor idea si tenía tarea o algo para hoy, ya que había faltado gran parte del día anterior, sin embargo no me alarmó demasiado aquello.

Arrastré mis pies por la acera cinco minutos después, el silencio y el encapotado cielo de Forks haciéndome compañía durante todo el recorrido, me permitió respirar algo de paz.

Estaba por caer una gran tormenta, incluso se podía sentir la humedad en el aire. Apresure el paso, faltaban alrededor de veinte minutos para que empezaran las clases, era tiempo suficiente para llegar.

Demonios, no había cogido nada para comer.

¿Cuándo había sido la última vez que comí algo que no fuera una manzana o una barra de cereal? ¿Dos días? Me encogí de hombros agarrando con fuerza mi mochila, no es como si tuviese apetito, de todas formas.

¿Qué iba a suceder ahora? permití que la pregunta ingresar a mi mente, a pesar de haberme mantenido en blanco hasta este momento. Estaba claro que incluso siendo solo amigos me lograba lastimar… ¿Entonces que debía hacer? ¿Pretender que nada había pasado? ¿Recoger los retazos de mi corazón y dar por hecho de que nunca podría confiar en alguien de nuevo?

Suspiré resignada, quizá estaba sobre dimensionado todo. Es decir había pasado por un terrible infierno hace pocas horas, Edward había hecho algo terrible al ir con Tanya, yo lo había vuelto a rechazar y lo dejé tirado en la carretera con sus palabras de pesadumbre; pero a pesar de todo eso no era el fin del mundo. No lo era. Asentí dándome la razón, tenía una vida por delante, dentro de muy poco acabaría la escuela y luego de la graduación podría irme a cualquier gran ciudad donde estudiar literatura. Sí, definitivamente eso sonaba bien. El tiempo retiraría cualquier sombra de mi pasado, saldría adelante, olvidaría este sufrimiento. Mordí mi labio y tragué con dificultad, al fin todo estaría en su lugar al fin, y yo podré seguir mi camino, lo dejaría a él aquí con todos los malos recuerdos y yo podría…

¡Ouch! Por todo lo sagrado. ¡Mi pie!

Me tropecé con un tanque de basura mal puesto en medio del camino y por poco me caigo de bruces al piso, refunfuñé una maldición; por distraída me pasaba todo esto ¡Dios!,

Dejé de hacer berrinche y me concentré en mirar al frente.

No fue algo muy acertado de mi parte.

Si hubiese podido agarrar mi corazón en una mano, esconderlo y resguardarlo en un lugar seguro lejos de allí; lo hubiese hecho. Pero el asunto era que no podía y por eso mismo el dolor empezó a tomar fuerza otra vez al ver a Edward en la entrada de la escuela, viéndome fijamente, con sus ojos verdes sin brillo y con una mueca de aflicción en su rostro hermoso.

Cada fibra de mi cuerpo tembló cuando nuestros ojos impactaron sincronizados. Dolor, amargura, desolación ¡No, no! Aparté la mirada de los suyos y me mordí el labio inferior, era demasiado y enfermo…; Edward y su mirada me iban a matar, me iban a destrozar.

—Nomeolvides. —murmuró con voz rota, ahogué un grito al verlo tan cerca de repente. ¿En qué momento lo había hecho? Llevé una mano a mi boca y la otra a mi corazón en un intento por protegerme de todo él, de su mirada, de su olor, de su hermosura… y de sus acciones.

Me tendió un ramo de hermosas flores azules con un color amarillo muy vivo en el centro de ellas; me miró suplicante, entonces comprendí que me había quedado parada como una idiota por demasiado tiempo solo intercambiando la mirada entre él y el ramo de flores.

Con las manos temblorosas, tomé el ramo de flores teniendo extremo cuidado de no rozar nuestros dedos por accidente—Es una promesa.

¿Qué? ¿Qué? ¿Qué no lo olvide? Eso sería imposible, la verdad.

¿Y de cuál promesa hablaba?

—Yo no te…—parpadeé al ver como Edward se alejaba, entrando al parqueadero de la escuela, luciendo desgarbado y sin mirar atrás.

Volví la mirada al grueso ramo de flores, de particular combinación de colores no teniendo idea si me apetecía conservarlas o simplemente regalarlas a alguien más. Lo último que necesitaba era un recordatorio físico de él, además de todo lo que contenía ya en mi cabeza, esto en verdad sobraba.

Con un suspiro me dirigí a la escuela también. Al llevar aquel colorido regalo entre los brazos, quise pensar que era mi premio de consolación, y no un mensaje ulterior por parte de Edward. No, él sabía lo que sentía. Arrastre mis pasos abatida, conteniendo las ganas de volver a mi casa y hundirme en mi propia mierda.

Edward dijo que lo quería intentar.

Cerré mi mente a aquello, subí un montón de ladrillos hasta el cielo y ahogué cualquier intento de esperanza dentro de mí antes de que se hiciera real.

Todo estaba seco, desintegrado, muerto a mi alrededor.

Caminé directo al edificio principal mirando de vez en cuando los alrededores, casi que al espera de ver a Edward agobiándome desde la distancia, sin embargo no había rastro de él por ninguna parte. Eso era tranquilizador y desesperante en partes iguales, pues no sabía cuándo iba a volver a aparecer; deseaba estar preparada para cuando eso sucediese.

Apreté el ramo de flores contra el pecho y me dirigí a mi casillero, tal vez si lo empujaba lo suficiente, podría dejarlo allí todo el día.

—¡Bella! —escuché la voz afectada de Ángela llamándome, me gire y la vi venir desde el otro extremo del pasillo; me abrazo con fuerza, empujándome hacía los casilleros; sin importarle el gran ramo haciendo obstáculo entre nosotras—Oh amiga, Jess me contó todo ¡Lo siento! He estado tan sumergida en mis propias cosas y tú siempre has estado allí para mí ¡Y mira cómo te pago! Ni siquiera pude comprenderte todo este tiempo y ayer… ayer ¡Lo siento! —

Me dejé abrazar sin hacer oposición; no tenía idea de lo que dijo pero igual agradecí que se preocupara por mí.

—Está todo bien, entiendo—ella se separó de mí y me miró avergonzada mientras se acomodaba las gafas.

—Deberías detestarme ¡Tú me has salvado el trasero más veces de las que puedo recordar! Y ahora que tú nos necesitabas a todos contigo, yo no estuve. —negué con la cabeza pero ella estaba encerrada en su pleito —Fui la única que no estuve, lo siento.

En realidad no esperaba que ninguno estuviese conmigo en ese horrible momento; pero Jess, Seth y Emmett estuvieron allí, ayudándome y protegiéndome de Edward. Suspiré, no sabía que habría sucedido conmigo de no estar ellos allí conmigo.

—No quería que ninguno de ustedes se enterara sobre esto—ella me frunció el ceño—Jessica me siguió ayer, cuando todo se puso realmente malo y después Seth y Emmett llegaron de improviso; aún no sé cómo…—dije reflexionando. ¿Cómo es que Emmett terminó ayer en el parque? No lo sabía pero lo iba a averiguar. —Tú no tenías modo de saber lo que pasaba.

Ella hizo un tierno mohín con la boca y de nuevo me abrazó, —Tiendo a ser muy despistada y tú habías estado extraña… pero quise darte espacio porque sé que te desagrada cuando te presionan ¡Pero ya no más! La próxima vez voy a acorralarte para que me digas todo lo que te pasa. Lo juro.

Casi, solo casi me reí, pero me encontraba tan entumecida, fría y lastimada que ni si quiera pude fingir para mi amiga una sonrisa creíble. Y eso era muy penoso.

—¿Ok? —dije indecisa de alguna forma también lamentando que ya nadie respetara mis silencios. ¿Pero de eso no es que se trata tener amigos? ¿Tener a alguien que te escuche? En las buenas, en las malas y las peores.

Ella asintió con fuerza.

—Hola Belly—Seth me abrazó entre sus fuertes brazos y yo me deje hacer. Se sentía bien tenerlo cerca, él poseía algo que me calmaba por más alterada que me sintiese. Oh mi lindo amigo, siempre recogiendo los pedazos sin chistar. Con esta era la segunda vez que me ayudaba a salir del agujero, y él ni siquiera lo sabía; apartándome un poco me estudió a mí y al ramo de flores entre mis brazos—¿Quién…? Ummm—me miró con una ceja alzada y yo miré a otro lado.

Suspiré y observé a Jessica venir de la mano de Mike, ella estaba hablándole sobre algo, intranquila. En cuanto me vio abrió bien grande los ojos y corrió hasta nosotros, dejando a Mike solo.

—Bella… pensé que no vendrías hoy a la escuela—me dijo preocupada, antes de abrazarme como si acunara un pequeño bebe indefenso. Rodé los ojos pero no dije nada, solo me quieren cuidar, me recordé. Tantos abrazos ya me estaban empezando a poner ansiosa. No porque no los necesitara, sino porque empezaba a sentir mi propia angustia y preocupación, de nuevo incrustándose en mis venas. —Ayer debí decirle a tu papá que no te sentías bien.

Se separó de mi un rato después, y los tres me quedaron mirando largamente.

—¿Qué fue lo que paso ayer? —pregunté.

Seth y Jess se miraron entre sí y Ángela miró con atención las flores que sostenía.

—Después… umm después de que te dormiste, Emmett nos acercó a tu casa—respondió Jess luego de un momento—Big Swan estaba furioso, pero le dijimos que estabas cansada y que no habías regresado antes porque tuvimos que hacer un proyecto para biología y que… bueno te dormiste de regreso—

Ella movió sus ojos de forma extraña y Seth apretó las manos. Los observé con atención, esperando a que continuaran hablando. Sin embargo sus caras evasivas lo dijeron todo—¿Qué es lo que no me están diciendo?

Jess negó y Seth retrocedió un paso hacia atrás—Eh, de aquí no se va nadie hasta que no me digan. No tienen por qué ocultarme cosas, no es como si me fuese a pulverizar—me mordí el labio, si bien era cierto que estaba pasando por un momento horrible; no me gustaba que me trataran como una tarada. Entonces una idea paso por mi cabeza— ¿Paso algo con E..Edward? —inquirí angustiada, ¿Sucedió algo más? ¿Nos siguió y Big Swan le había hecho algo?

—No, ese idio… él no tiene nada que ver.

—¿Y entonces?

—Escucha sé que te vas a volver loca con esto pero—Seth suspiró, me miró con disgusto y se rasco la cien—Big Swan le dijo a Emmett que se mantuviera lejos. Y que le dijera a Edward que le volaría la cabeza si se atrevía a lastimarte, otra vez.

Apreté los labios, ¡Charlie era hombre muerto! ¿Cómo se atrevía decirle eso al dulce Emmett cuando solo trataba de ayudarme? ¿Y volarle la cabeza a Edward? ¿En serio? Ummm pero ese hombre se la vería conmigo, él no tenía ningún derecho a hacer eso. Miré a mis amigos que todavía se veían tensos.

—Puede que Emmett le haya contestado que le ayudaría con lo de Edward de ser necesario…

Me concentré en respirar profundo. No me quería imaginar a ese par juntos y menos en contra de Edward.

—Ya.

Seth se encogió de hombros—Tú eras la que quería saber.

Rodeé los ojos y me di la vuelta para abrir mi casillero, saqué alguna cosas de el e intente meter el ramo de flores pero por más que empujé no lo logre ¡Era demasiado grande!

—¿Quién te dio esas flores?

—No lo quieres saber.

Jessica bufó, y me quito las flores de las manos —Se hace así— dobló los tallos, prácticamente rompiéndolas a la mitad y cerró con demasiada fuerza el casillero; ahogue un jadeo de la impresión más no me quejé.

—Listo ahora si podemos ir a clases. —dijo poniéndome un brazo sobre los hombros, Ángela y Seth nos siguieron. Iba a ser un largo día de mierda, lo único bueno es que mis locos amigos estarían conmigo en todo momento.

.

.

.

Apreté las manos acoplando cualquier cantidad de paciencia aún presente en mi interior y aparté la sombría pulsación que daba mi corazón. No me lo estaba haciendo nada fácil, al contrario, esto era masoquismo, crueldad y una completa locura en su más retorcida condición.

—Ya estuvo bien Edward, esta mañana te dije que no las quería. —parpadeé para evitar que las lágrimas hicieran su aparición de nuevo; y volqué todas mis energías en mirarlo de mala forma aunque lo único que deseaba era salir corriendo.

—Pensamiento rosa. —murmuró, volviéndome a tender otro pesado ramo de flores exóticas.

Eran las dos de la tarde, las clases recién habían terminado e iba de camino a los casilleros para encontrarme con los chicos; entre todos habíamos decido ir a lo de Seth para conocer a su primo que llegaba de vacaciones. Sonaba genial conocerlo al fin después de tanto escuchar sobre él.

Pero Edward se apareció delante de mí con su rostro desencajado y con las manos apretadas en el grueso ramo de flores como si se estuviese aferrando a un salva vidas. Se plantó entre mi casillero y yo, dejándome cero escapatoria.

—¡No las quiero! —le grité exasperada.

Él bajó la mirada, y mi corazón se estremeció al notarlo tan perdido, ansioso y vulnerable. Tan poco él. Por mi culpa. Hay mi Dios, ¿Qué es lo que quieres de mí? Ya bastante había soportado las dos últimas semanas como para que él lo hiciera más difícil.

Con este, eran siete ramos de flores los que me obsequiaba. ¡Siete! Uno cada condenada mañana sin falta. Y ya no quería más, mi habitación estaba repleta, ni que decir de la sala ¡Parecía cementerio con tanta flor! Pero lo peor de todo no era eso, lo peor era que cada vez que le aceptaba un ramo de flores, Edward se veía un poco más triste y desolado que antes, como si le lastimara el hecho de que las aceptara ¿Cómo podía entenderlo? Mal si lo hacía, peor sino, entonces ¿Qué era lo que deseaba de mi? No tenía cómo saber.

Nomeolvides, prímula rosa, aro amarillo, lirio de los valles, dalia rosa, narciso amarillo y pensamiento rosa. Al principio no sabía que significaba lo que me murmuraba al entregarme las flores… pero ahora sabía que se trataba del nombre de cada una de ellas; aún no comprendía que tramaba diciéndomelo, con su actitud cerrada y nostálgica, y tampoco tenía deseos de averiguarlo.

—Pensamiento rosa. —volvió a murmurar. Gruñí y él alzo la vista hacía mí.

—No tienes por qué hacer esto. —dije exhalando el aire que contenía sin percatarme.

Él sonrió con tristeza y de nuevo, volvió a tenderme el ramo de flores—Es lo único que me queda.

Arrugué el ceño, era la primera vez en días que me decía una frase completa, que no fuera referente a las flores.

—No voy a seguir torturándote. —susurré mirando sus pronunciadas ojeras, verlo era como ver una sombra envejecida delante de mí. Su cabello despeinado estaba peor que nunca, ojos hundidos y ojeras prominentes como si no hubiese dormido en días, labios resecos y duros haciendo una mueca mal dibujada; bajé la mirada por su vestimenta solo para encontrarme con una camiseta color plomo arrugada, unos jeans negros que lucían sucios y unos tennis viejos.

¿Dónde estaba mi Edward perfecto?

No es tu problema, no lo es. Para de mirarlo así.

—Me lo merezco. —sentenció con amargura.

Guardamos silencio, mirándonos a los ojos por un largo momento.

—Acéptalas, son las últimas que te regalo. —¿Las últimas? Me mordí el labio. El soltó un jadeó y me sonrojé al percatarme de lo que hacía. Liberé el labio y lo miré apenada. Solo yo puedo ponerme en la línea de fuego, sin siquiera pensarlo.

Edward sujetó el ramo de flores con todavía más fuerza, mientras me miraba.

Lo hice sin querer. Traté de decirle con la mirada.

—¿Qué es lo que en verdad quieres? —pregunté cambiando el peso de una pierna a la otra. Me abracé al mirar el la opacidad de sus ojos, deteriorados y tristes. Estaba cansada de su juego, de sus tretas, de no tener tiempo ni espacio para sanar, ¡Yo necesitaba que se alejara! Que se diese por vencido y me dejara curar en paz; pero en vez de eso, él venía con todo ese aspecto destrozado, aniquilado cargando esas flores todos los días para mi…

Negué con la cabeza y una chica nos quedó viendo con interés. Oh, genial, empezábamos a llamar la atención.

Edward apretó los labios, abrió la boca pero dudo antes de responderme—Ya tú lo sabes.

Fruncí el ceño.

Me pasé las manos por la cara, miré a otro lado que no fuese él en un intento por escapar. —Y ya tú sabes cuál es mi respuesta ¿No?

—Solo agarra las malditas flores y te juro que no te molestaré de nuevo. —me gruñó, a la vez que se acercaba a mí con determinación. Retrocedí y entonces él se adelantó presionando las flores contra mi pecho. Lo sostuve al fin, obligada, y nuestros dedos se rozaron con un chispoteo de electricidad. Fruncí el ceño mirando nuestras manos, la respiración se me atascó.

Subí lentamente los ojos, a los verdes de Edward y vi la misma impresión que sentí, reflejada en los suyos.

No me había imaginado aquel cosquilleo, entonces.

El frío embravecido en mi sangre remitió totalmente bajo nuestro roce, enviando señales pesadas a todo lugar, sin excepción. Me sonrojé completa, de pies a cabeza, deseando que Edward no notara mis pezones erguidos ¿Cómo podía ser que un solo toque, me afectara de esta manera tan voraz?

Sus ojos adquirieron un tono oscuro, como la densa noche mientras me miraba. Apretó la mandíbula con tanta fuerza que sus músculos faciales resaltaron confiriéndole a su rostro aprensión y deseo, mucho deseo. Tragué pesado y aplasté las flores contra mi pecho para evitar que notara mi estado lamentable.

—Si tan solo tú…

—Necesito que tomes distancia, Edward. —lo interrumpí con voz temblorosa, antes de que empezara otra vez. Tenía que acabar con esto, por el bien de los dos. Sus ojos se apagaron de nuevo, como si lo hubiese aplastado con esas cuatro palabras.

Se alejó un paso, con la cabeza agacha.

—Lo intenté, al menos. —dijo como si cargara una gran cruz en la espalda. Tomé una gran inspiración, más no dije nada. Maldije en mi interior cuando sofoqué un sollozo, no deseaba que me viera decaída de nuevo.

—¿Se puede saber que haces aquí? —la estruendosa voz de Emmett nos hizo virar. Él lucía como un toro enfurecido mientras se acercaba empujando a cualquiera que se opusiera en su camino. Rosalie venía tras él con cara amarga. —¿No te dije que te mantuvieras lejos?

Edward lo miró, como quien mira una cucaracha repulsiva. Fruncí el ceño, aunque aliviada de que nos interrumpieran.

—Tú no me das órdenes. —respondió al fin Edward, metiendo sus manos dentro de los bolsillos del pantalón. Oh, no era bueno, Edward no poseía demasiada paciencia.

Abrí la boca con la intención de decirle a Emmett que no tenía por qué hacer esto, pero él se me adelantó.

—Claro que sí—lo amenazó poniéndose a su altura. Resopló y cuadró los hombros—Rosalie, lleva a Bella afuera.

¿Qué?

¿Qué pretendía hacer Emmett? Miré a los tres, alternativamente. Emmett con su actitud airosa, Edward matándolo con la mirada y Rosalie viéndome con hastío. ¿Por qué tenían que meterse al medio? ¡Yo podía manejarlo!

—Emmett no es necesario, yo sé protegerme sola. —dije poniendo una mano en su gran hombro, para llamar su atención. La tensión era palpable en su músculo. Edward miró donde puse mi mano, rabioso.

—Rosalie—murmuró Emmett sin dejar de mirar a Edward un segundo, de manera amenazante. Rosalie alzó una ceja devolviéndole la mirada aburrida, y gracias a Dios no se movió ni un centímetro porque no pensaba dejar a esos dos solos para que se cagaran a golpes.

Justo en ese momento, vi todo como si pasara en cámara lenta. Emmett gritó una maldición antes de empujar a Edward, tomándolo por sorpresa. Lo siguiente que sucedió me terminó de aniquilar el corazón. Ellos se estaban golpeando, lanzándose puños y patadas en medio del pasillo, como si quisieran demostrar un punto que en parte no entendía. Di un paso para… no sé en realidad pero tenía que detener esto ya, antes de que se lastimaran más. Edward le propinó a Emmett un fuerte golpe en el abdomen, y yo grité de la impresión. Rosalie me cogió del codo, deteniéndome; me miró con sus enormes ojos azules y negó con la cabeza, sin demostrar ninguna emoción más que fastidio.

—Te lo advertí imbécil ¡Si te veía de nuevo con ella yo…!

—¡No es tu puto asunto! — Emmett se abalanzó contra Edward con más fuerza y le asestó un gancho en la mandíbula. Contuve la respiración, al ver como Edward caía al piso, sangrando por un corte en su labio inferior debido al fuerte golpe. Me solté del agarre de la rubia y fui hasta él. No más, ellos no debían pelear y menos debido a mi culpa.

—¡Ya basta! —grité, arrodillándome al lado de Edward—No quiero que se peleen más, por favor.

Emmett me miró con el ceño fruncido, luego de unos segundos asintió con reticencia, dando un paso hacia atrás, respirando de forma agitada. Escuché a Edward gemir y retiré la mirada de su primo, para observarlo mientras se sentaba. Él tenía un hilo de sangre manchando su cuadrada mandíbula pero no le pareció importar demasiado cuando se pasó la mano con brusquedad, y así retirar la sangre.

—¿Ya han terminado con el espectáculo? —los cuatro alzamos la mirada, encontrándonos de frente al rector Larry, quien nos miraba retador. El rector estaba de brazos cruzados y su cabeza calva brillaba debido al sudor. Oh-oh. Había además un montón de gente rodeándonos, observándonos divertidos. ¿Cómo no los noté antes?

—Señorita Hale, señorita Swan, señores Cullen: a mi oficina ¡Ahora!

Solo… genial.


Hola preciosas! Gracias por seguirme en esta locura, muaxxx ;) gracias también por leerme y por tenerme paciencia a mí y a las fallas ortográficas :(

Bueno, en fin ¿Qué les pareció? Personalmente, quiero matar a Edward. Este capi y el anterior me han dejado tan agotada, no solo porque son largos (más de lo que suelo escribir) sino porque tienen demasiadas emociones encontradas, porque entiendo a Bella, pero también entiendo a Edward y es terrible tomar un lado o el otro. "Suspiro de incomprensión" Bueno… debido a esto, me tuve que tomar un tiempo para desligarme así que…. Ummm estoy soloenlatercerahojadelsiguientecapi ¡Me quiero morír!

Ummmm…

Saludo especial para las chicas a las que no pude devolverles el mensaje:

Paz: Hola muñeca, gracias por el mensaje :) . A ninguna le gustaría ver a quien te gusta con otra, es terrible; sin embargo para ese momento la confusión todavía dominaba a Bella, ella sabía que sentía algo, pero no tanto como para sentirse ofendida de algún modo… ya luego cuando se da cuenta de las cosas, es que empieza a sentirse mal al respecto… pero ¿Ella tenía el derecho de sentirse mal? … yo estando en sus zapatos, me sentiría muy mal; pero al mismo tiempo tendría que lidiar con el hecho de que no éramos nada, en lo absoluto… entonces… ¿Quién tiene la razón? Es muy complicado y doloroso por los sentimientos involucrados. Bueno en el sexto…. Se viene algo. Me van a querer matar, pero que puedo decir…. Edward también tiene sus tácticas ;) Besos.

Michelle: Gracias por dejarme un mensaje muaxxxx :* . Bueno, apartando el hecho de que Edward es un cabrón, él es la perfección masculina para Bella, en todos los sentidos. Entonces ver una faceta de él tan desinhibida, poderosa fue un gran descubrimiento para ella. Yo la comprendo "alzo las cejas como pervertida" ummm ;) lo odio por lo que hizo, pero Bella es la que posee la última palabra aquí. así que ya veremos como resulta todo. Besos.

Mirgru: Gracias por tus palabras muaxxxx, besos.