Quiero ser escritora
30º
Apostar es arriesgar
Parecía que hoy iba a comenzar como un día normal para la familia Young, excepto por ese minúsculo detalle en que Dashi llevaría a su pequeño hijo a la escuela, el papel que solía su abuelo cumplir de lunes a viernes. Entre tanto aguardaba a su padre, Omi jugaba con Dojo. El chico instruía a su mascota la disciplina, la única forma en que le prestara su atención era a través de la comida: Trinchaba un trozo de tocino con un palillo, lo subía y bajaba a la vez que el animal movía su cuerpo. Por cada pirueta, partía un pedazo y se lo tiraba, le gustaba admirar como lo mordía en el vacío. Wuya planchaba un lote de camisas a regañadientes y estampando un sello violento en todas, luego de acabar una la metía dentro de un canastillo. Desarrolló un tic nervioso en el ojo, cuando Omi reía la mujer contraía un músculo o ponía los ojos en blanco. Dashi recogió la camiseta tendida en su silla.
—¿Está todo listo para irnos, 儿1? —preguntó amorosamente el padre. Omi le sonrió.
—¿Qué no vas a decirle nada? —intervino Wuya enojada— tu hijo se la pasa derrochando los alimentos que traigo a casa dándosela de comer a ese animal. ¡Deberías hacer algo o al menos dame más dinero para ir a comprar! —reclamó la esposa. Dashi apretó la mandíbula y miró a su niño, la sonrisa se había borrado de su carita de ángel. Dojo se arrimó más hacia su dueño.
—Espérame afuera —él no quería irse, advertía el tono en su voz y sabía que se avecinaban problemas. No obstante, no estaba con ánimos para contradecir a su padre así que se agachó a acariciar la cabeza de Dojo, cogió un asa de su bolso y cerró la puerta, pero no se fue. El esposo se volteó a su interlocutora quien daba golpecitos a la palma de su mano, él suspiró y sacó su billetera del bolsillo de atrás, le estiró unos billetes y ella se los arrebato, comenzó a contar— estas semanas me han sobrecargado de trabajo ahora que renunció un empleado a la compañía, las horas extras ya no me cubren todos los gastos. Aquí tienes.
—¡¿Es todo lo que me das?! ¡¿por esta miseria te desapareces fines de semana?! —rezongó sacudiendo el dinero delante de su nariz— ¡qué porquería, para eso no vuelvas a pisar esta casa, Dashi! No, no señor, a mí no me engañas, tú ganas más que esta cochinada, pero no lo dices porque se lo regalas a tu otra mujercita, ¿no es así? ¡Pero ya te descubrí!
—¡Una mujer, ¿cómo crees?! El trabajo mata todas mis fuerzas, yo llego muy cansado, no tengo tiempo para ir tras una aventura. Todo lo que digo es en serio, ¡allá tú si no me crees! ¡Debo atender asuntos importantes con mi hijo que está sufriendo por todo lo que nosotros hacemos!
—¡A buena hora reconoces que es tu hijo! ¡Ese es otro cabo suelto que tienes que atar!
—¡Ya basta de guerrear sin razón, ¿qué conseguirás con eso?! ¡Y todavía me pregunto por qué me casé contigo! ¡Estoy harto, Wuya, HARTO!
Soltó un bufido y azotó la puerta. La esposa hizo un ademán de desdén, tomó otra camiseta del cesto. Era más pequeña, colorida y con dibujos. Ni siquiera la planchó, la arrojó de mala gana como un trapo viejo. Omi respingó cuando su padre cruzó la salida. El hombre esforzó una sonrisa para no preocupar a su hijo, inclinó la cabeza y juntos subieron al auto. El niño había tenido que soportar discusiones peores desde su alcoba, a reglón seguido se escapaba por la ventana para no tener que oírlas. El corazón de Dashi dio un vuelco, no era ni capaz de mirar los ojos de su hijo sin ignorar esa sensación. Se sentía culpable de que Omi tuviera problemas, no tanto las notas bajas (se contentó cuando le enseñó ese examen, de inmediato lo llevó a celebrar en una pizzería más cercana y, acto seguido, ellos y Dojo fueron a pasar tiempo juntos en el parque) si no las diablura en contra de sus compañeros y los vecinos de la parroquia y el conjunto de apartamentos donde residía su padre. Esas escenas de rebeldía son consecuencia de una incontrovertible falta de atención. Desde la muerte de la madre de Omi todo es más complicado. Cuánto hacía falta.
—父亲2 —susurró el pequeño, el Sr. Young giró la cabeza por un momento— ¿crees que te será posible faltar al trabajo para verme en el torneo? Todos me han confirmado, faltas tú.
—¿Todos, hijo?
—Sí, mis amigos, el abuelo, Kim y hasta Raimundo, ¿si lo conoces, verdad? Te he contado de él, vive al frente de la niñera, empero no sería lo mismo si no vas también. Es el domingo; aunque, bueno, deberías saberlo, tienes el folleto todavía.
—¡Ah sí lo recuerdo! —dijo sonriente el padre—. Conseguiré que me firmen un permiso en el trabajo, es fin de semana imagino que no habrá inconvenientes si falto un día (además de que es mucho más importante apoyar a mi hijo que lavar cientos de camisas), si no me falla la memoria cae el ocho de noviembre, ¿no? —Omi asintió—, ya se acerca tu cumpleaños. Sabes, el año pasado no pudimos planificar nada: te sentías mal y tuve que salir de emergencia por mi trabajo, pero no dejaremos que se repita, he conversado con tu abuelo y podremos montar una fiesta, invitaremos a todos tus compañeros de clases; habrá pastel, gaseosas, gorros, globos, juegos interactivos...
—¿Para qué? Ningún niño se queda en su casa a festejar la navidad. Admítelo, nací el peor día del año.
—¡Oh Omi! ¿Vas a ser pesimista ahora? ¡Escúchame bien, te prometo que este diciembre será inolvidable! ¿sí?
En el 25 de diciembre de 2002 nace el autor de todas las diabluras cometidas en esta novela ¿pueden creerlo? Una noche de invierno, muy fría por cierto, viene al mundo este pequeño pedacito de felicidad a la familia Young. Omi nunca ha querido confesar esto a nadie, pero su cumpleaños es la fecha más nostálgica para él. No porque coincida con el aniversario de la muerte de su madre, eso sería horrible y monótono (repetir el guión de otras historias), si no porque todo el mundo sale de vacaciones y no hay muchas oportunidades de servir otra ceremonia, ¿por Dios, quién iba acordarse del cumpleaños de ese pitufo amarillo con ojitos de alcancía cuando es navidad? Omi exhaló aire, insatisfecho, y puso una mueca. Frente de la escuela, Omi se desabrochó el cinturón de seguridad y bajó del coche, se despidió de su padre:
—到那时父亲! —exclamó Omi. Dashi no había cerrado la puerta cuando pitó el claxon.
—等待,回到这里,给我一个吻!—ordenó el padre. Omi se giró sobre sus talones igual que un cachorro lastimo y arrugó el ceño con vergüenza. Miró a ambos lados por si alguien estaba espiando y se acercó, besó su mejilla— 我爱你 —sonrió Dashi complacido, sacudió su cabeza. Omi tenía las orejas rojas y se le notaba por el color de su piel.
—我也3 —gimió él desviando la vista sonrojado.
—Bueno, ya no lo distraigo más, ¡vaya a clase, mi niño!
Él sonrió de medio lado, sacudió la mano despidiéndose y esperó que el camión se perdiera de vista. Poco después, ingresó a la escuela. Encontró a sus dos mejores amigos reunidos en el patio, sentados en un banquillo jugando a la videoconsola. Se acercó por atrás a Tiny y lo mismo hizo con Jermaine, estaban compitiendo. No era Goo Zombies si no disputaban una partida de futbol. Ambos estaban tan concentrados que la llegada del niño pasó inadvertida. Se llevaron un buen susto cuando Omi se inclinó a respirar en el cuello de uno y gritarle al oído. Interrumpiendo el juego de Tiny, Jermaine tomó la oportunidad que estaba esperando y metió gol. Emocionado, cayó de rodillas al suelo y extendió los brazos, triunfante. El otro se agachó a recoger el videojuego que saltó de sus manitas, la limpió arrastrando la orilla de su suéter por la superficie y chasqueó la lengua. Omi se arrimó echándose a reír.
—Bien hecho Omi, ojalá estés feliz: Estropeaste mi victoria.
—¡Sí, ¿quién está de nuevo arriba en la tabla de puntuaciones?! ¡¿quién?! ¡Deletréalo! ¡Ah, dímelo ya! —Tiny puso los ojos en blanco. Él se aclaró la garganta redirigiéndose a éste—. Recibí tu mensaje, no te contesté porque era muy de noche, ¿el nuevo plan surtió efecto?
—Al parecer sí, pero aun Kim y Raimundo están juntos y desde aquel regaño no he podido hurtar en su computadora.
—¡Hurgar, te lo he dicho un millón de veces! —replicó Tiny cansinamente.
—¡Bueno, como sea! El punto es que vuelvo a estar en cero, necesito ideas frescas, apenas he tenido un minuto en el día para sentarme y pensar que voy hacer ahora, esta semana nos inflaron de tareas... ¡no es justo, ya estamos terminando el año escolar!
—¡Eres un completo egoísta, chino! Todo porque no quieres compartir a tu niñera con el tal Raimundo, ¿qué no te da vergüenza? Interferir entre dos personas que se quieren y no saben todavía eso, ¡es muy feo! Si en verdad quisieras un poquito así a Kim no le harías nada, ella no tiene culpa de ser tan bonita para los hombres.
—¿Ahora te convertiste en el defensor de los derechos de los enamorados? Mi vida se echó a perder porque mi padre decidió a casarse por segunda vez ¿qué debo hacer entonces? ¿no hacer nada y esperar que suceda para que ella me abandone igual que hizo él? ¡En absoluto! Además, me lo agradecerán más tarde, ¡si escucharas! Mi padre no deja de repetirse día tras otro que está muy arrepentido de haberse casado —Megan y sus amigas paseaban bastante cerca de los muchachos, casi todas excepto la primera se agarraban del brazo, cuchicheaban entre ellas acerca de ropa y maquillaje— las mujeres SÓLO traen problemas a los hombres.
—¡Ya tú me dirás, INSENSIBLE! —chilló Megan sacándole la lengua. Omi le devolvió el gesto.
—¡Odiosa, niña caprichosa! —masculló entre dientes. Molesta, subió la barbilla y volteó la mirada, se marchó junto a sus amigas, al parecer la única que escuchó (o protestó) fue ella. Omi sacudió la cabeza mecánicamente. Jermaine se puso de pie y se integró al resto de sus amigos.
—¿Qué sucede? ¿problemas de pareja entre tú y Megan, compañero?
—Jer, debe ser que tu cerebro lo pediste por AMAZON porque nunca termina de llegar. No lo sé, sólo digo, es la conclusión que me he permitido a través de los años —se quejó Omi.
Ya era tarde cuando Jermaine mordió la idea. El timbre sonó, los estudiantes debían formar al frente de sus profesoras y dirigirse a sus aulas. Jermaine y Tiny se colocaron sus bolsos, pero Omi no movió un dedo.
—¿Estás sordo o qué? ¿no oíste que ya el timbre sonó?
—Lo he oído, pero no pienso ir...
—¡¿Vas a matar clases?! Tú no puedes, si un maestro o la directora te ve ¡te van a reportar con tus padres, por no decir que mandarte a la dirección es suficiente! ¡y ahí si estarás frito, hermano! ¡Ningún jurado te librará de condena!
—Amigos míos, tranquilos, olvidan que soy un aprendiz de Guerrero Shaolin. Me entrenan para camuflarme en las sombras. ¡Nadie me encontrará! ¡Me tengo que ir, ya es hora!
Omi salió corriendo justo cuando la maestra mencionó los nombres de Jermaine y Tiny. No existe alumno tan temerario (por lo menos hablemos sólo de la primaria) para jubilarse y no temer ser capturado. Sus amigos no se atreverían. Su fama de travieso le privilegió de saber cuáles eran los escondites más seguros y hasta ahora nadie lo había descubierto. Pero Omi no iba a ocultarse si no a salir. El portero había cerrado con llave la puerta principal, no mas ¿quién dijo que esa era la única salida? Para un muchacho tan creativo y diestro como Omi eso no es obstáculo, en el muro que hay en el patio podría encaramarse (poniendo bocabajo la papelera) y trepar al techo de la casa al lado, deslizarse hacia abajo y saltar. Valía la pena arriesgarse para reencontrarse con Chase: Su único y verdadero hermano mayor. Jermaine, Tiny y Kim lo habían visto en ocasiones distintas. Se supone que no debieron haber pasado nunca, pero fue inevitable. Desde hace mes y medio los hermanos han estado visitándose a hurtadillas en el parque y a las afueras del colegio. A Omi le hubiera encantado tener estas charlas más a menudo en la sala de su casa o presentarlo con sus amigos o a Kim, pero él insistió que era mejor guarecerse por el momento. Chase silbó detrás del árbol. Omi caminó hasta donde provenía ese sonido.
—¡Chase!
—Chissss... baja la voz, alguien podría reconocerte —siseó, volteó a ambos lados— ¿nadie te siguió?
—¡Ay, ¿cómo crees?! ¡No, yo soy muy cuidadoso! Hace tiempo que no conversamos, ¡Kim nos pilló la otra vez!...
A Omi le gustaba contar a su hermano sus increíbles anécdotas y detallar sus hazañas (léase travesuras). En una noche hace no mucho, un mes después de la muerte de su madre, Chase huyó de su casa y atrás de él le siguió su hermano menor. Por supuesto, Chase advirtió que alguien estaba pisándole los talones, lanzó una amenaza y Omi salió. El pequeño le suplicó que se quedara. Él hincó las rodillas y con voz mullida aclaró que no podía permanecer allí ni un minuto más, no podía trazar ninguna de sus aspiraciones si continuaba estancado en el viejo lugar de siempre y desperdiciando tiempo valioso, era indispensable. Omi preguntó si podía ir con él, pero una vez más reiteró que este era un viaje que debía hacer solo. Dado el momento en que ya estuviera estable volverían a reunirse, sin embargo, siempre, aunque él lo ignorara, estaría protegiéndolo. Al niño le desagradaba la nueva compañía que consiguió su hermano, eran contemporáneos a Chase, pero tenían una mirada extraña sin mencionar la ausencia de desdoro. Lo que fuera que sean, amigos, cómplices o esclavos, parecían gatitos apiñados a su alrededor. Chase estaba consciente de los talentos de su hermano para meter a otros en graves problemas. En este largo período en que se separaron, Omi había cambiado muchísimo. Ya no era aquel frágil jovencito de siete añitos. Bajo la sombra del sol, ambos practicaban movimientos de artes marciales, es decir, Omi atacaba y Chase repelía.
—... ¡Fascinante! ¿pero cómo lo hiciste?
—¿El qué? ¿Atrancar el ascensor? ¡Cosa fácil! A veces funciones y a veces no, el truco está en presionar todos los botones al mismo tiempo y muy rápido mientras oprimes el de parar.
—Ingenioso... —afirmó Chase interesado. Omi se desenvolvía fácilmente en cada escenario para planear sus bromas, la que más llamó su atención fue cómo se las apañó para meterse en un ducto de ventilación para espiar el apartamento de un vecino— y dime, ¿cómo está el viejo últimamente? —preguntó refiriéndose a su padre.
—Continúa esforzándose, la verdad estos días han sobresaturado —dijo Omi lentamente— de trabajo a papá y apenas tiene tiempo para sentarse conmigo, sin embargo, él me dio su palabra de que vendría al torneo, ¡cómo me gustaría que tú también vinieras! Estarían todas las personas que más quiero en un mismo banquillo gritando mi nombre. Además tú me has enseñado tantas técnicas... —él asestó un golpe, Chase rechazó su mano. Metió el brazo por debajo y dos dedos tocaron su pecho, deteniéndolo.
—Me encantaría, pero no puedo aparecer entre tanta gente, lo habíamos acordado ¿verdad? —Omi frunció los labios asintiendo—. Estoy completamente seguro que podrás vencer tus rivales sin mi ayuda, sólo recuerda que vence aquel guerrero que tenga voluntad más fuerte, no el que lo sea. Y te has vuelto más flexible con nuestro padre desde un tiempo hacia acá, ¿es esa Kimiko quien te ha metido ideas extrañas? —apretó su mano contra el lado derecho sintiendo a través de la tela de algodón los latidos. Omi agachó la cabeza y él pellizcó su nariz, el niño retrocedió— ¿qué hay de la vieja? ¿todavía te sigue fastidiando?
—¡Oh sí! —gruñó presionando el puente de su nariz—. Cuando antes papá estaba, ella no solía recriminarme, pero por alguna razón no es así y está insoportable, ¡me molesta oír su voz en las mañanas!
—No estás obligado hacerlo, te he dicho un montón de veces que puedes olvidar esa gente y venirte conmigo cuando quieras. Estarás mucho mejor, Omi, créeme.
—¡Lo sé! Traté fugarme una vez, pero sabes qué sucedió, fue un error haber ido directo a la casa de Kim. Ella me retrasó a propósito y no es que me haya ablandado una mujer, si no que estoy tratando de abrir más mi mente, tú me entiendes, "madurar" —suspiró haciendo comillas al aire— aparte, ¿qué cambiaría si me quedo allá o voy contigo? Seguiré yendo a la escuela, viviendo dentro de una choza y masticando las sobras...
—No es necesario, tú podrías ser uno de nosotros. Desde temporadas pasadas hemos estado buscando a alguien lo suficientemente competente y escurridizo para reclutar, de lo que he visto tienes potencial para ser un enano...
—¡Oye! ¡que no soy pequeño, soy compacto!
—Como quieras, piénsalo. No me digas ahora si no la próxima vez que nos veamos.
Sacó del interior de su camisa un colgante con forma de diente cónico, similar a un colmillo de dragón en las tiras cómicas. Era liviano y estaba perfectamente tallado. Con un poco más de entrenamiento, algún día, cuando Omi se convierta en un adulto sería capaz de provocar su derrota. Una preciosa habilidad innata debía aprovecharse en su beneficio, y apresurarse antes que el pequeño despertara a la realidad. Chase era un hombre de pocas palabras, él lo dejaba hablar. Le gustaba escuchar sus odiseas y la manera cómo conseguía siempre salirse con la suya. Numerosas veces lo ha animado para que se uniera a él. También se producía en el contrario, Omi le había propuesto reintegrar su puesto en la familia. Chase sabía que nunca podía volver. Y Omi sentía desconfianza acerca de la mala junta de Chase, es por esa razón que vacilaba en aceptar su oferta. Si bien, fraguó irse con él cuando quiso escapar por primera vez. Para él, su hermano era un modelo, lo admiraba, respetaba y todavía guardaba esperanzas. Encerró en un puño el medallón y lo puso en el bolsillo de su pantalón mientras regresaba.
No había sido coincidencia que Raimundo haya decidido visitar a Jack después que dejara a Kim. Como no conocía dónde vivía pensó hacer una parada en su trabajo. No debería haber desocupado las oficinas tan temprano. A la hora rigor Jack disimuló sorpresa cuando ambos se miraron vis a vis. Hace una semana tuvo un encontronazo similar con el delegado Guan. Sentado con los tacones entrecruzados sobre el escritorio, estaba dictando una carta cuando escuchó a Raimundo y su segundo asistente forcejear, impidiendo el paso de éste. A no ser que tuviera cita pendiente, él no podía entrevistarse con el presidente. Jack sacó del bolsillo del pecho un pañuelo bordado, enjuagó el sudor de su frente y salió sin guardar el pañuelo. Le ordenó a su empleado ir por café para ambos. Raimundo le hizo el favor de devolverle la mirada con el mismo desdén que mutuamente se trataban.
—Te preguntarás por qué, pero sabía que vendrías. Llegas un poco tarde. Soy muy popular últimamente, creo que tendré que inaugurar un buzón para atender estos molestos reclamos.
—¿Cómo dices?
—Pensándolo bien, me alivia que hayas decidido venir por tu voluntad, ¡me has quitado un peso encima! Iba a verte en tu cuchitril, pero ya que estás aquí prescindo esa necesidad.
—Vayamos directamente al grano, Spicer, sin rodeos; no tengo ninguna prueba, pero estoy seguro que fuiste tú quien saboteó ayer la ida al estadio de futbol, lo sabías porque estuviste ahí cuando hablé con Kim, Omi te habría contado que pensábamos ir ese día. Contrataste a ese ladrón, y para asegurarte que yo no interviniera me apartaste de Kim con su ayuda, por eso me encerraste en el ascensor. Ni te esfuerces en negarlo porque no surtirá.
—¡Oh no lo haré! —contrito al demudado aspecto de Raimundo, Jack repitió— rebuscado, pero todo lo que dices es cierto: Fue una estrategia para aparentar ser un héroe y sacarte del camino, me estorbabas. ¡Eso sí! No respondo por los actos de Omi, tendrás que discutir eso con él, aunque si te quedaste atorado en el ascensor tienes que admitir que fue muy original —se echó a reír, rascándose la cabeza. Raimundo lo miró hito a hito— debo recordar que lo tengo que felicitar. Le ordené que te retrasara como sea, pero nunca imaginé... me gustaría averiguar si hay cámaras en los ascensores, pondría una y otra vez ese vídeo en mi pantalla plasma ¡a que te asustaste un montón!
—¿Lo admites entonces? ¿así nada más?
—Así nada más, lo admito. Ahora yo te pregunto a ti: Me tienes atrapado con las manos en la masa, ¿qué vas hacer? —inquirió con voz meliflua— ¿denunciarme? ¿con qué objetivo si se puede saber? Ella no te cree porque la has tratado muy mal, tengo entendido. En cambio a este personaje delante de tus ojos no ha cuestionado nunca su falta de probidad. Además de que yo no hice nada malo: Hice lo que cualquier hombre haría por conquistar el corazón de una mujer y en el amor todo se vale. Tú estás como muy grandecito como para que yo te venga a explicar las tonterías que uno hace enamorado, ¿o no? Si fueras Omi, lo entendería. Yo no tengo nada que perder, al contrario tú sí —los labios comenzaron a temblarle. Jack le sonrió con ironía—. He sido demasiado paciente contigo, Pedrosa, te advertí de mil formas que si te daba la gana de asomar tu narizota la próxima vez ¡te la cortaba! —Jack puso en frente de sus ojos unas enormes tijeras. Raimundo parpadeó y acto reflejo, dio un respingo. Jack soltó una risotada aguda— ¡ah, ¿viste?! ¡Esta vez te asustaste! —más risas. El hombre consideró la posibilidad de que Jack se haya tomado ese día sus medicinas—, pero bueno, como sé que no lo vas a hacer te quería proponer una tregua: ¿Qué tal si competimos en una carrera? ¡De automovilismo obviamente! El ganador se queda con Kimiko y el perdedor se va... —extendió la mano, pero luego se apartó— ¡a no ser que tú me despejes la autopista! Si sabes de lo que te hablo, ¡aj, ¿a quién engaño?! Kimiko no te interesa, por supuesto, ¿por qué alguien como tú perdería su tiempo con ella? Si es tan... ¿frívola?
Jack se limpió la cera de los oídos con el pañuelo y lo dobló por la mitad. Posteriormente lo miró con deliciosa suspicacia y malicia. Los ojos verdes titilaron amedrentados. Inefable, él permaneció mudo. Su rostro se tornó duro y lo poseyó un sentimiento de coraje. Su corazón latió mil veces en tan solo un segundo. Había punzado una fibra sensible. El hombre quería que supiera que hasta ahora él tenía casi el terreno ganado y que la situación estaba bajo su total control. Con el entrecejo fruncido y una postura aplomada, sintió crecer la impotencia dentro de él y asió su brazo. La dureza de su mano lo hizo sobrecogerse.
—¡NO TE ATREVAS A DECIRME QUE NO ME IMPORTA O LA PRÓXIMA VEZ TE HARÉ TRAGAR ESE PAÑITO QUE TIENES! —advirtió en un tono de voz áspero.
Esas palabras lo sobresaltaron, no todo el tiempo había sido dueño de sí como pensaba Kim y el resto de las personas, hubo una época en que era irracional, admitió abiertamente que había sido él quien enumeró todas esas cosas sobre ella, pero poco a poco fue descubriendo que subestimó a Kim en un principio y que en realidad también podía ser la autora de cosas asombrosas, no nada más producir dolores de cabeza, había sido testigo de casi todas. Y no hay que olvidar que fueron esas cosas que perpetraron su corazón despacio. Sí, ella es torpe e igualmente prejuiciosa, orgullosa, irreflexiva e ingenua. La típica niña superficial y rica. Quizás no es la más lista ni tampoco es un poco parecida a la mujer de sus sueños. Pero era graciosa, autosuficiente, gentil, determinada, impredecible, autosuficiente. Nunca acababan las sorpresas. A su lado ningún día era aburrido. A pesar de su mala suerte, se las arreglaba sola. Era una chica independiente y sin miedo a tomar riesgos, podía enfrentarlo un millón de veces y jamás dejarse humillar. ¿En una palabra? Única, sin precedentes. Todo eso lo había visto.
—¡De acuerdo, de acuerdo, suéltame! —Jack lo empujó para liberarse.
—Acepto tu duelo. Preséntate cuándo quieras, estaré listo para destrozarte a cualquier hora y te advierto que, como nunca antes, me esforzaré.
—Y yo también, Pedrosa. Será un placer trapear el asfalto con tu culo, mi amigo. —escupió con frialdad el pelirrojo cuando estaba a punto de cruzar la puerta.
—Eso lo veremos —rió socarrón Raimundo antes de azotar la puerta.
Kim no sospechó que Omi se jubiló de clases. Sus amigos lo encubrieron. Y corrió con la suerte de que ningún maestro saliera a esa hora, en líneas generales se quedaban en el salón de profesores corrigiendo deberes de sus alumnos o terminando alguna tarea encargada por la subdirección. Pero eso no lo liberó que descubriera su pequeño secreto. Había sido un día fuerte en la universidad. Kim estaba exhausta, quería arrojarse en su mullido sillón y dormir hasta el día siguiente, lástima que el dinero no crece en las macetas y debía responder ante sus responsabilidades como niñera. Otra de las razones por las que ese día no se sentía bien era los frecuentes estornudos. La chica no estaba de humor para contraer un resfriado justo ahora con tanto por hacer pendiente. Con los ojos humedecidos no se fijó en lo que se puso encima, con lo que mejor le sentaba la ropa ajustada que la holgada. Ellos se reencontraron casualmente con Clay a pie del edificio, éste iba de salida y apenas reparó que venían cerca se quedó sosteniendo la puerta mientras cruzaba. Kim no resistió a la tentación de preguntar por el dichoso ascensor.
—¡Oh buenos días Kim y pequeño compañero!
—¡¿Cuántas veces tengo que decirlo?! Que no soy pequeño, soy compacto.
—¡Clay, qué alegría volvernos a ver! Llevamos un largo tiempo sin saludarnos.
—Tienes razón. Entre salvar el semestre, complacer a Kei, matar horas extras en el trabajo y atender las responsabilidades en casa te he descuidado, lo siento mucho, de veras extraño nuestras agradables pláticas. Tendremos que fijar una reunión lo más pronto posible, ¿estás de acuerdo?
—Totalmente ¡claro que sí! Aunque no toda la culpa la tienes tú. La universidad, mi novela y sobrevivir a dos empleos es difícil, tú tienes bastante mérito, no es fácil mantener felices a Keiko y a tu padre al mismo tiempo, ¡sin ofender! —hubo una pausa y una risa de él.
—No me ofende, sé muy bien quiénes conviven conmigo en casa, pero te aseguro que Kei jamás me supone cargas. Para mí es un placer. De hecho, voy por ella ahora mismo...
—¡Les deseo buena suerte en su cita! —exclamó sonriente, Clay pisó un pie afuera cuando Kim soltó la pregunta—. ¡Ah por cierto! Antes que te vayas, ¿si supieron lo que pasó con el elevador finalmente?
—Se creía que había sido producto de un cortocircuito, pero no fue eso al parecer, hasta yo estuve presente cuando revisamos la caja de fusibles. Todavía no sabemos qué ocurrió y mi padre no tiene muchas ganas de averiguar el cómo, piensa convocar esta semana una sesión extraordinaria con los propietarios para que entre todos paguemos a una compañía, ya te enterarás...
—Comprendo... ¡vámonos Omi! —suspiró decepcionada. Hizo un amago hacia él. El chico los había estado oyendo silenciosamente, contuvo el aliento hasta el final y volvió a respirar aliviado, siquiera evitarían contratar a un equipo especializado en mini huellitas dactilares. Esta vez fue Clay quien habló:
—¡Kim! No he sabido cómo abordar esta pregunta, pero siempre he tenido la incertidumbre ¿tú y Raimundo están saliendo? —Clay se puso colorado, no más que Kim. Boquiabierta y con las manos heladas, le miró. Sin que ninguno supiera, Omi arrugó el ceño.
—¡¿Nosotros?! ¡¿salir juntos?! ¡Por Dios, Clay ¿quién te ha metido esa idea?! ¡Para nada! Si fuera así, ¿no crees que te lo hubiera dicho? —replicó con la voz temblorosa.
—Es verdad —contestó con voz apagada, declinando la primera pregunta—, es que Keiko dijo algo que... ¡No! Raimundo comentó... es decir, no importa, me dejé llevar. Entonces no es nada oficial, como me lo tenía previsto. Lamento si te asusté. ¡Estamos en contacto Kim!
Kim vaciló, constriñendo el rostro en una mueca. Clay se marchó dando traspiés. Raimundo mencionó las últimas veces que saldría con Kimiko y Keiko advirtió que su amiga lo estaba sobreprotegiendo un poco demasiado. Siendo realista, veía ese sueño muy de lejos. Lástima porque se había entusiasmado. Kim sintió que así lo había percibido de esa forma, y que el pequeño Guerrero Shaolin se vio abrumado al involucrarse en esa pregunta. Un mes atrás él confesó que no le gustaba verla sufrir; pese de su amistad con el idiota, ganaba preferencia por antigüedad. A lo mejor si se lo preguntaba directamente, Omi lo negaría y añadiría que una noticia igual lo pondría feliz, pero en el fondo sabemos que se opondría con ferocidad a esa relación. Esperó subir al apartamento y cambiar de tema a cercén antes que comentara la actitud anormal de Clay y las cucarachas invadiera su cabeza. Mientras cerraba la puerta, Kim estornudó. Las llaves brincaron de sus manos. Omi las tomó por ella y se las devolvió.
—Oye, ¿te sientes bien? Tienes los párpados caídos y tu voz suena medio rara.
—Seguro te lo estás inventando, Omi, yo me siento muy bien. Sólo estornudé, alguien debe estar hablando mal de mí —por una vez estaba mejor creer en las supersticiones bobas que la aparición de gérmenes.
—Mi nariz me dice que no —el pequeño rodó los ojos cuando ella volvió a estornudas.
—Creo que será mejor para los dos si no te me acercas demasiado, por si acaso.
—¡Ah por mí ni te preocupes! —se encogió de hombros—; yo sé cuidarme solito, tú eres la que debes de tomar precauciones, ¿por qué no te recuestas en el sofá un ratito y descansas?
—Parece que alguien está aprendiendo palabras nuevas, muy amable, pero tampoco es para tanto. Ni siquiera sabes qué es gripe.
—¡Claro que sí lo sé! —movió afirmativamente la cabeza varias veces con aire de soberbia sapiencia humana y se trasladó hasta los libros, cogió el diccionario de uno de los estantes y leyó en voz alta—: "enfermedad contagiosa estacional de origen vírico, que produce fiebre y síntomas catarrales".
—No vale si lees un libro.
—¡Pues tú tienes la culpa de todo! —resopló el niño—. Me preguntaste qué era la gripe, en ningún momento si me especificaste si debía ser una definición extraída del diccionario o si yo debía elaborar una propia con mis palabras, ¡duh! ¡Sé especifica la próxima vez, Kim de mi corazón! Ahora no te muevas, evidentemente por el día de hoy voy a tener que hacerme cargo de la cocina.
—¿Y desde cuándo tú aprendiste a cocinar?
—De siempre, soy un chef grumete.
—Querrás decir gourmet.
—Lo dije a propósito para ver si estabas prestándome atención.
Ese Omi no iba a parar nunca. Cuando saltó de la mesita de la lámpara que usó para ser más alto y alcanzar los libros del armario, el medallón rebotó de su bolsillo. Kim ladeó la cabeza y se lanzó a recogerlo primero que Omi. Lo sostuvo en su mano y le dio la vuelta. El chico apretó la mandíbula y abrió los ojos desmesuradamente. La sangre zumbaba sus oídos. Los pulmones aplastaban su corazón y los intestinos a su estómago. Ella leyó el epitafio detrás y se extrañó de volver a ver ese nombre: Hui Li. Como una flecha, le arrebató de los dedos el colgante y guardó otra vez.
—¿Hui Li? ¿De nuevo?
—¡Se refiere a mí! —balbució—. Sí... me daba pena tener que decírtelo y por eso disimulé la primera vez, pero soy yo. Cuando mi mamá quedó embarazada, un médico torpe le dijo que sería niña. Estuvieron a punto de registrarme con ese nombre, de no ser porque su niña bonita tenía salchicha y papas. Muchas de las cosas que tenía de recién nacido al principio eran color rosa, después revendieron todo. Mi padre y mi abuelo me llaman así a veces para fastidiar y en otras cuando están muy, muy enojados conmigo. Disculpa, estoy avergonzado que lo descubrieras, intento que nadie más se entere ¡porque ni siquiera mis amigos saben!
—¡Eh! No tienes por qué abochornarte delante de mí, sé lo que se siente. Por ejemplo, odio mi nombre (en un mundo dominando por los occidentales las personas o lo mal pronuncian o lo escriben fatal), es por esa razón que prefiero Kim: Más corto y lindo. Existen personas con nombres peores que los nuestros, puedes creerme...
—¡Pues el mío tampoco es muy artístico que digamos! ¡Omi, pfffff! —soltó un bufido— ¿a quién puede asustar eso? En cambio, hay otros nombres geniales como Long que significa Dragón. Aunque no tengo de qué quejarme, en otra cultura Omi quiere decir agua y todo el mundo sabe que el agua es poderosa, ¡sin ella somos nada!
Ambos soltaron una risotada. Eso sí, Omi tuvo que suspender la cocina. Podía ser un genio montando trampas, preparando planes súper complicados e ingeniando bromas pesadísimas pero si se trata de mezclar unos simples ingredientes era un auténtico desastre. Intentó freír un omelet (según Omi, parecía que agarró lo que encontró y lo revolvió todo), tuvieron que apagarlo a mitad, se elevó una cortina de humo que olía como muerto. Pasaron media hora raspando los restos del omelet del sartén y luego, fue a parar a la basura. Kim no halló nada incoherente que le hiciera sospechar que Omi mintiera, sin embargo, trepidaba que fuera la historia completa. Omi podía estar reservándose los detalles importantes. Aquel hombre lo llamó por su nombre femenino, eso quiere decir que se lo habría contado ¿un extraño antes que ella? Le inspiraba mala espina que desarrollara una intimidad con apenas un conocido. Bueno, Raimundo también era un desconocido, pero Kim sabía quién era él. Una idea vaga al menos. Omi debía aprender a no ser tan inocente. Es un niño. No obstante, es una medida de seguridad primordial. Lo que no contaba ella, es que Omi sí conocía a este en particular.
Posterior de haber sido víctima de un asalto, te daba un poco de miedo salir reiteradamente a la calle. Si bien, nunca esa palabra saldría de sus labios, estaba agradecida que Raimundo la acompañara. Él había sugerido llegar hasta la delegación en cualquier otro medio que no fuera su auto. Tampoco era cruel. El suceso todavía era muy reciente. Kim se había burlado de sus teorías, no merecía la pena que hiciera alusión de su conversación con Jack. Un error que quizás pagaría pronto. Intentó comportarse a la altura de un caballero, sin embargo, sus sobreesfuerzos sostenían la impresión que fuera una burla. Le cedió el paso cuando los dos montaron en el ómnibus. Ella eligió los últimos asientos y él se dejó caer a su lado. A Kim siempre le gustaba el que estaba junto a la ventana, le daba algo en qué pensar mientras se movían a través del pavimento.
—No tienes por qué fingir cortesía conmigo —reprochó— vamos a la jefatura así que actúa natural.
—Te recuerdo que yo no soy una persona normal —observó él escandalizado—. Soy un ser extraordinario.
—Si lo miras desde ese punto... —se interrumpió al encogerse de hombros— eres fuera de lo usual.
—¡Oye, basta de indirectas! —hizo una pausa. Kim respiró profundamente y a los mínimos instantes añadió Raimundo susurrando en su oído bajito, la chica sintió sus labios carnosos rozar el lóbulo de su oreja y su corazón acelerado saltó a su garganta—: si sientes temor no hay razones para que seamos tímidos, puedes venir a mis brazos y refugiarte. Te mantendré a salvo, pero si quieres mis servicios de seguridad tendrás que pagarme, ¿has visto a cuánto han fijado los guardaespaldas sus honorarios? ¡O sea qué caro!
—Defensa personal, futbol, automovilismo, redactor ¿existe una cosa que no puedas hacer? ¡Eres una especie de superhombre, porque encima de todo se te da bien! Hasta a mí me da envidia —moló los dientes.
—¿Mi currículum te dejó impresionada, verdad? —se echó a reír. Kim le lanzó una mirada asesina y se limitó a seguir hablando—. Bueno, está bien, son cosas que he ido adquiriendo con el paso de los años. De mecánica y cocina nada más aprendí lo básico para subsistir sin ayuda, soy un amateur a duras penas, en mi primera casa no teníamos dinero para llamar todo el tiempo a un experto, tú entenderás supongo, pero realmente nunca podría reparar un equipo electrodoméstico u hornear un pastel como mi madre. En el pueblo donde yo crecí había una playa, por ende, es factible que nos instruyeran a nadar desde temprano y alguna vez fui un niño, sabes que el futbol es un deporte popular. El automovilismo... toda persona que haya obtenido su licencia sabe siquiera conducir, es algo que me apasiona. Escribir nos los enseña primaria y se sobreentiende todavía más si elegí una carrera como el periodismo. Si estás interesada en mis debilidades: No sé coser ni un botón, canto horrible, mis dibujos son los clásicos muñecos de palito y por alguna razón, no consigo agradar a las personas, es una habilidad que poca gente posee, así como tú. La mayoría se inclina a pensar antes de conocerme que soy prepotente y cruel. Sin embargo, no sé un comino de defensa personal, confieso que eso lo dije solamente para impresionarte.
—¿Te estás quedando sin ideas ya, eh Raimundo? —sonrió triunfante—. Se nota que desde que me conociste tus estándares han subido unos puntos. Te advierto que no funcionará, sé kickboxing ¿por qué iba a interesarme que tú supieras?
—¿Por qué no iba hacerlo? ¡Mírate! Logré arrancarte una sonrisa. Durante el transcurso del viaje estabas seria y si con eso fui recompensado, anotaré que debo hacerlo más seguido.
Kim apretó los labios y desvió la mirada violentamente. Raimundo esbozó una sonrisita, se reacomodó y tamborileó el piso con el pie. No tuvieron complicaciones en encontrar la gran oficina de Guan, en recepción les dieron las respuestas. Cuando el delegado los vio arribar juntos, se le ocurrió por alguna causa que ambos eran novios, aunque no se agarraran de las manos ni intercambiaban gestos cariñosos, los separaba un metro de distancia. Tenían cerca de la misma edad y era un joven bien parecido, las hormonas juegan con las mentes de los chicos y los hace pensar sólo en novios (¡¿y por qué no?! Los adultos también). En adición Guan estaba medio atolondrado y preocupado. Las personas que visitan la delegación no las trae motivos alegres. De inmediato los recibió con los brazos extendidos y mientras atendía a Kim en privado, le indicó a Raimundo que se sentara:
—Puedes decirle a tu novio que está en la libertad de tomar asiento, aquí no comemos a la gente.
—Este... Guan, Raimundo no es mi novio...
—¿Ah no? Bueno, dile a tu amigo que se siente, esto puede tardar.
El delegado observó que los había envuelto en una situación comprometedora y que quizá ella no estaba deseosa de rendir explicaciones, por omitir que también replicaría a la última afirmación. En efecto, las mejillas rosas de Kim perdieron de sopetón el color, quedándose pálidas, sin sangre. Raimundo entreabrió los labios y dibujó una sonrisa pequeña en su cara. Kim no se atrevió a mirarlo, o peor, creyó que esto debió haberlo divertido perversamente. El delegado desencajó la mandíbula, incómodo, la rodeó con un brazo y arrastró. El hombre se tendió sobre la silla y sus ojos permanecieron fijos en ellos.
—Lo siento —masculló entre dientes.
—Descuida, está sucediendo muy frecuente... —murmuró con voz queda. En serio había un poco de razón en sus palabras: Su hermana y Clay igualmente lo pensaron de aquel modo. Imprevistamente, Kim se quedó sin aliento cuando sus ojos se clavaron en el afiche detrás del escritorio del delegado. Colgada estaba la foto de un hombre al que ella había visto una vez. La despegó de la pared y contempló.
—Si te acuerdas de la historia que te conté acerca de una pandilla que anda por ahí ¿no? Él es uno de los integrantes, por medio de nuestros artistas hicimos un retrato hablado y luego lo pudimos identificar con el nombre de Chase Young.
¿Young? ¿acaso ese no era el apellido de Omi?
Pie de páginas. Traducciones (aunque creo que por las acciones de los protagonistas supongo que ningún lector tuvo problemas, las traigo de todos modos):
1—¿Estás listo para irnos, (er) hijo?
2—(Fùqīn)Papá —susurró el pequeño...
3—(Dào nà shí fùqīn) ¡Hasta luego papá!
4—(Děngdài, huí dào zhèlǐ, gěi wǒ yīgè wěn!) ¡Espera, vuelve aquí y dame un beso! (Wǒ ài nǐ) Te quiero
5—(Wǒ yě) Yo también.
A/N: ¡Regresé con un nuevo capítulo! ¡¿Pero qué tenemos aquí?! ¡Troll, Chase Young es un criminal! (qué novedad) y él y su banda están interesados en que el travieso Omi se integre con ellos. Quizás se extrañen porque Chase apareció tan tarde. Bueno, en la serie original apareció en la segunda temporada así que no es raro. Quítenme esa cara de sorpresa que no estoy hablando de algo del otro mundo, en la actualidad esto existe por desgracia (por citar un caso real, el homicidio de Mónica Spear, todos, excepto un muchacho que tiene dieciocho, son menores de edad). De hecho, ya ha habido algunas veces en que hablamos de un niño asesino. Esto fue lo más sutil para Omi. Yo intenté apegarme al librero original, de que Chase estaba inconforme con la vida que llevaba en el lado Xiaolin y se unió a las filas del mal para obtener más poder. En la vida real esto fue lo más parecido para representar, no necesariamente ser criado en un barrio pobre te etiqueta como honrado, hay excepciones que deciden tomar medidas fáciles que resultan licenciosas. En la secuela, cuando Omi esté más grandecito, habrá mayor libertad para enterarnos los detalles. Como sea, la aparición de Chase es parte de una clave para comprender el pasado del pequeño.
En la serie como tal, varios headcannons (teorías de fans para explicar hechos que no se aclararon) sugieren que Chase y Omi podrían ser padre e hijo, ustedes saben que yo apoyo totalmente esta teoría, otros que afirman que Dashi podría ser antepasado del niño por su gran parecido físico. Los que vimos a Xiaolin Chronicles sabemos que Chase le confesó a Omi que ellos son familia, y se tenía pensado seguir descubriendo más de su pasado en la segunda temporada. Yo, por lo general, ponía a uno de los dos como padre de Omi. Aquí decidí emparentar a los tres (total, Dashi es requete viejo y Chase podría servir como hermano y era además un discípulo de Dashi en la época de antaño, hay fans que lo prefieren creer de esa manera, falta que se descubra que Guan es un tío perdido de Omi). Lo recorté hasta aquí porque en otro capítulo se explicará mejor este raro fenómeno. En fin, Chase quiere reclutar a Omi a una vida delictiva y él quiere que su hermano vuelva a casa, ¿parecido o no? Ustedes juzguen. Habrá que ver cuando se entere Omi de la profesión de su hermanito...
Pregunto: ¿Vamos bien hasta aquí? Quiero saber si no se han enredado. He visto que hay tramas que son lineales, los personajes persiguen a un mismo objetivo pese de que tienen sus vidas propias, no se salen de allí, y no requiere un esfuerzo del lector para entender lo que pasa (ejemplos, mi historia Contrarreloj y por decir una famosa, está las novelas de Harry Potter) y existen otras tramas que contienen sub-tramas, hay uno en general que abarca todo, pero los objetivos de los protagonistas cambian según los giros que da el argumento (ejemplos, Quiero ser escritora donde el trasfondo es ver si Kim logra o no una vida autónoma y demuestra a su padre, y en cierta manera a ella misma, que puede vivir como cualquier mujer promedio ¿cómo? Escribiendo su novela, pero la historia no se centra solamente en Kim escribiendo su novela ¿verdad qué no? Y por citar una novela famosa, Orgullo y prejuicio, la trama nos enseña a una familia dentro de la sociedad hipócrita londinense ubicada entre los siglos XVIII y XIX, a una madre desesperada por casar a sus cinco hijas, esta es la historia de Lizzy, la segunda hija del matrimonio, y Darcy, un opulento hombre con fama de soberbio).
¿Alguien notó que el trío que integra Omi es variado? No es por sonar chocante, pero casi siempre en las películas y series vemos que "la raza llama a la raza". Estos amigos son muy diferentes entre sí: Un afroamericano, un caucásico y un asiático y aún así los tres son unidos. La última vez que vi algo así fue en Brazt, ¡en serio! Ríanse si quieren, pero lo hice inconscientemente. Otra de las cosas que llamó la atención y merece ser recordada es que aquí estaba la segunda parte de la comitiva que se armó desde el anterior capítulo: Clay, Omi y el delegado Guan. Sabemos que Omi no está de acuerdo. Pero las sorpresas eran Clay y Guan, aunque tal vez ni tan sorpresas, ustedes dirán. ¡Una apuesta! El título hace hincapié a la apuesta entre Jack y Raimundo, ¡¿cómo se les ocurre a esos dos apostar a Kim como si fuera un trozo de carne?! ¿qué creen que pase? Lo sabremos pronto.
Bueno, las notas de autor se me hicieron largas, pero sentía que debía hablar esto con vosotros. ¡Yo estoy súper feliz! Cada vez son más los lectores huéspedes que deciden romper el silencio y hablar conmigo. En solo un martes recibí TRES comentarios, es suficiente ánimo para querer seguir escribiendo. Ya acabé el capítulo treinta y cuatro, voy por el treinta y cinco. Pero bueno, ustedes cuénteme que les pareció este capítulo, qué se esperan venir, que más llamó su atención o cualquier cosa que quieran resaltar. Todos los comentarios serán muy bien apreciados. Listo, me retiro hasta el próximo martes. ¡Cuídense malvaviscos asados! ¡nos vemos!
Mensaje para Isabel: ¡Hola! :) Cuando vi tu nombre y comencé a leer tu comentario, en serio me emocioné, creo que no nos habíamos visto antes, pero ¡¿qué importa?! Es maravilloso conocer cada día más a mis lectores. Dijiste "fics", o sea, en plural, así que has leído más de una de mis historias locas —yo misma lo admito desde Arcade of Fire los fics contenían un argumento "cuerdo"—. Pues es un alivio que pienses así de los personajes, en un universo alternativo es un reto mantener las personalidades iguales.
En eso tienes razón, siempre trato de dar lo mejor y por lo general, hacer un capítulo me lleva una semana completa si es que no tengo inspiración e inconvenientes. ¡Vaya! Eres la primera en notar el vocabulario y la ortografía y felicitarme por ello aquí; yo, de veras, soy incapaz de continuar leyendo una historia que tenga errores ortográficos —máximo, reescribo una palabra que no es— pero hasta las falta de tildes me molesta enormemente y siempre que si vas a hacer algo, tienes que hacerlo bien. Para hacer una mamarrachada y que los lectores usen colirio para los ojos, es mejor que no haga un comino. Antes, cuando estaba más pequeña, lo único que se me dificultaba eran las tildes, ahora me he corregido. El vocabulario, me ayudo bastante con los sinónimos ya que no quiero repetir más palabras, el más común es el "pero". Si bien, para existen "no obstante", "sin embargo", "pese", "empero"...
En cuanto a Kimiko y Raimundo, alucino que te refieres específicamente a este fic por lo de "periodista". La relación de ellos es complicada, hasta para mí es difícil definirla en una palabra. Es como "aléjate, pero acércate", ni siquiera la canción de Katy Perry "Hot N' Cold" es tan enredada. Estoy segura que ellos podrían ser buenos amigos si no son tan testarudos ambos. Bueno, ¿para qué ocultarlo? Sí, se ha venido enamorado de ella a medida que la va conociendo, lo que pasa es que demasiado terco como para admitir que le gusta una mujer tan frívola. Entonces estás queriendo decir que eres de la comitiva "Rai y Kim que se queden juntos", se lo diré a Guan, a Clay, a Tomoko y a la autora, de quien soy muy amiga *eres una payasita, Alice*. Muchas gracias por las palabras de aliento, leer y ¡comentar! ¡Disfruta de la lectura! ¡Espero que nos leamos pronto! ;)
Mensaje para MexicanChurros: ¡Ni hao! Disculpa aceptada pero claro que te extrañé. Me pregunté por qué no comentaste la semana pasada, ¡me puse triste! :( Aquí está la continuación del anterior capítulo, ojalá te haya gustado tanto como a mí o quizá más. ¡Oh gracias, qué linda! Me halagas mucho que me digas eso, me pone rosada. Sí, voy a seguir escribiendo. Gracias por las bonitas palabras, leer y comentar esta oportunidad —no te preocupes por no hacerlo, tampoco estás obligada— ¡hasta entonces, cuídate!
